Okay, no pude contenerme y aquí está. Recién salido del horno. Es... lo que todas estábamos esperando. En serio, muchas gracias por haberme esperado tanto tiempo y por seguir aquí. Se los agradezco de todo corazón (:
Disclaimer: El mundo de Harry Potter pertenece a JK Rowling y la historia original a Luckei1.
Capítulo 35: Bajo la luz de las estrellas.
Bajo la luz de las estrellas te conozco
Tan encantadora como un sueño vuelto realidad
Mi vida había estado vacía, mi vida hacía sido una mentira
Y sabrá ella, quien realmente soy?
Al menos ella me conoce
Smashing Pumpkins, Mellon Collie and the Infinite Sadness.
Draco no podía dormir. Primero, no estaba acostumbrado al horario de la zona, y su cuerpo seguía pensando que eran las cinco de la tarde, en lugar de la medianoche. Segundo, su mente seguía pensando en Hermione. Vio una y otra vez todo lo que pasó ese día, intentando encontrar una razón por la que ella podría perdonarlo. Pero había sido cautelosa, y cerrada. No… podía encontrar nada. Nada malo, pero tampoco bueno.
Decidió darse un chapuzón en el agua para aclarar su mente. Se quitó la camisa y los pantalones, y se puso unos shorts para nadar. Entonces salió por la ventana y corrió velozmente hacia el agua, sumergiéndose de inmediato. El agua fría lo hizo sentirse vigoroso.
Cuando salió a la superficie, continuó nadando contra la corriente tanto como su fuerza se lo permitió. Cuando sus adoloridos brazos se negaron a seguir haciéndolo, Draco rodó en su espalda y flotó, mirando a las estrellas. Intentó no pensar en los eventos del día, pero fue imposible.
Cuando el agua fría se volvió dolorosa para su cuerpo, Draco conjuró a su escoba, esperando que no despertara a nadie. Se subió a ella cuando llegó y después voló tranquilamente, justo arriba de la superficie del agua y rato después la transformó en un bote. Entonces se quedó recostado ahí, mirando a las estrellas, dejando que sus dedos rozaran el agua.
Hermione había estado… muy tranquila, durante todo el día. Incluso aunque ella le había asegurado que no lo iba a hechizar, él aún esperaba algo, como ella había dicho. Había… algo más que decir, lo sabía. Aunque sólo deseaba saber que era. Pero las cosas estaban en el control de ella, por decirlo así. Draco le había dado todo; la verdad, su verdad, sus padres. Y ella tenía que saber cómo se sentía él sobre ella, aunque en este punto no quería considerar ni una posibilidad. Hermione necesitaba tiempo para lidiar con todo primero; y después podrían pensar en lo otro.
Sólo… que Draco no estaba seguro sobre lo que quería. Claro, él la amaba, y quería que ella lo amara, pero además de eso, no tenía idea de lo que estaba haciendo. La idea de una relación… Se estremeció ante el pensamiento al tiempo que una fría brisa corría a su alrededor. Ahora que su vida, su futuro, estaba abierto para él; ahora que podía ser y hacer lo que quisiera, estaba forzado a pensar en Hermione de una manera completamente diferente. Ella no era la mujer que él quería querer; ella no era con quien había trabajado con una espantosa meta en común. Ni siquiera era la mujer con la que dormir cada noche. Ella era una mujer. Y le daba miedo.
Porque ahora… ¿podría ser el hombre que ella necesitaba? No tenía ni la menor idea. ¿Siquiera quería ella eso?
Se preguntó sobre lo que Hermione pudo haber hablado con sus padres. Esperaba que la hubieran hecho sentir mejor.
Finalmente, Draco se sintió cansado. Suspiró y salió del bote para meterse al agua. Entonces regresó el bote a su estado original y lentamente voló hacia la isla. Ya ni siquiera estaba pensando, o prestándole atención a las cosas a su alrededor, en parte porque no esperaba que pasara algo.
Al tiempo que se acercaba a la playa, se sorprendió de ver una figura sentada a la orilla del agua, con los pies apenas tocando el agua. Aceleró su vuelo y cuando llegó a la arena, desmontó la escoba y caminó hacia la figura.
Hermione no había podido dormir tampoco, cuando vio salir la escoba de Draco. Hermione sabía que Draco también debía de estar despierto, y encontrando que necesitaba verlo, se levantó de su silla y salió a esperarlo.
Draco se sentó junto a ella, unos cuantos pies de distancia entre ellos, con su piel pálida brillando a la luz de la luna. No dijo nada, y se preguntó si ella en verdad lo quería ahí o si quería que se fuera. Después de unos minutos, decidió irse, pero entonces ella habló.
–Hey.
–Hola. –respondió.
–No podía dormir.
–Yo tampoco.
–Vi tu escoba salir de la casa.
–Espero no te haya despertado.
Hermione sacudió la cabeza.
–Estaba despierta.
–Bien.
Se sentaron en un cómodo silencio, con la luna acogiéndolos.
–No puedo creer lo hermoso que es aquí de noche. –dijo Hermione, mirando al cielo despejado. –Las estrellas son como diamantes, y la luna es tan hermosa y se refleja perfectamente en el agua. –se recostó en la playa, mirando mejor el cielo. –Creo que si viviera aquí, dormiría en el día para poder estar despierta toda la noche.
Draco vaciló, pero se recostó también, mirando de nuevo a las estrellas. El corazón de Draco se sentía pesado. Estaba desesperado por decir las cosas correctamente, perfectamente. Pero nada parecía adecuado.
–¿Draco?
–¿Hmm?
–Gracias.
Se giró para mirarla. Se veía más hermosa que nunca, con el cabello rodeándole la cara. Estaba sonriendo dulcemente, pero también vio una lágrima descender por su mejilla y caer en la arena.
–¿Por qué?
–Por no matarlos.
Draco miró de nuevo al cielo. No había nada que pudiera decir; nada era suficiente.
Se quedaron recostados uno junto al otro, mirando las estrellas. Después de tal vez quince minutos, durante los cuales intentó pensar en algo que decir y falló miserablemente, Draco miró de nuevo a Hermione. Sus ojos estaban cerrados y parecía como si estuviera dormida.
Comenzó a ponerse de pie, pero Hermione rápidamente movió su mano y tomó la suya.
–Espera, no te vayas. –dijo suavemente. Draco se recostó de nuevo junto a ella, y notó que aún sostenía su mano.
–¿Y dónde están tus estrellas? –preguntó.
–Granger, sé que soy rico, pero en realidad no poseo ninguna estrella. –dijo, jugando.
–Oh, calla. –dijo, sonriendo. –Ya sabes a lo que me refiero. Draco; el dragón. Es una constelación. –Frunció el ceño. –¿Crees que podamos verla aquí? Aunque ahora que lo pienso… ni siquiera sé dónde estamos.
–Estamos en el océano pacífico. No hay nada alrededor en varios cientos de kilómetros.
–¿Entonces podemos verla?
–No estoy seguro. –dijo, mirando al cielo como si esperaba que apareciera sola.
–Entonces tendremos que buscarla. –dijo Hermione. Entrelazó sus dedos con los de él, enviando chispas por todo su cuerpo y haciendo que entrara en un frenesí. Era un toque pequeño e inocente, y sin embargo eso fue suficiente para hacerlo sentir el hombre más afortunado del mundo.
–Está bien. –logró decir. Después de unos minutos de silencio, durante los cuales sus nervios se incrementaron, se giró para mirarla. –¿Hermione?
–¿Sí? –dijo, encontrando su mirada.
–¿Estás bien? Es decir, ¿verdaderamente bien?
Hermione le sonrió cálidamente.
–Sí, Draco, lo estoy. –alejó la mirada. –Es decir, hoy fue un día de locos. Intenté adivinar cuales eran tus secretos. Ni siquiera me puse a espiar o cosas así, pero pensaba mucho en ellos. Nunca, ni un millón de años, imaginé que esto… era lo que escondías de mí. Mis padres están vivos. No los mataste. Y está la noticia de que tuve un acosador por dos años…
–¡NO era un acosador!
–… y ahora estoy acostada en una isla privada en la madrugada viendo las estrellas. –Contigo, añadió para sí misma. –Estoy bastante bien.
–No era un acosador.
Hermione rió. Era un sonido tan melodioso, lleno de alegría y vida; hizo sonreír a Draco.
–Tienes algunos atributos de acosador.
Draco frunció el ceño.
–¿Los acosadores siguen a sus blancos para asegurarse de que estén a salvo? No.
–Pero no pude evitar notar las similitudes. Es decir, rentaste un departamento frente al mío. Es totalmente acosador. –dijo, y Draco pudo escuchar la risa en su voz.
Draco no dijo nada, pero continuó frunciendo el ceño, intentando pensar en qué decir.
–Okay, tal vez no eras un acosador. Eras más como un ángel guardián.
–Difícilmente un ángel. Probablemente es la cosa más alejada de mí. Un demonio guardián tal vez.
–No seas tan dramático. Sólo digamos que eras un guardián.
–Está bien. –se quedaron en silencio por unos momentos. –Tenía miedo de que me odiaras.
Hermione rió de nuevo.
–No es una posibilidad.
–¿Entonces me perdonas?
–Draco, te perdoné por haberlos matado; claro que te perdono por no haberlo hecho. Hay, sin embargo, el punto de haberme hecho por pasar por todo ese dolor, pero en serio… –dejó de hablar y alejó la mirada. Entonces tomó un gran respiro y lo volvió a mirar. Hablando con firmeza. –Pero en serio, ¿qué es la vida sin el dolor? Tú también me has dado la alegría más grande del mundo al habérmelos regresado, así que todo se equilibra. La vida lo vale.
Draco rió ante sus palabras y ante la verdad que representaban.
El estómago de Hermione se removía. Estaba a punto de preguntarle lo que tanto había deseado desde que la guerra terminó. Sabía que esos dos besos podían no significar nada, y que Draco Malfoy era tan complicado y misterioso que tal vez nunca podría pasar por sus murallas.
Intentó decirlo casualmente.
–¿Entonces, ahora qué?
–¿De qué hablas? –dijo, no entendiendo la pregunta.
–¿Qué pasa ahora? ¿Con nosotros?
La garganta de Draco se secó, como si hubiera intentado tragar un puño de arena. Sintió que la mano de Hermione se movía, insegura de qué hacer. Nosotros. Una palabra tan pequeña. Y aterrorizante.
–Uhm, nunca había pensado antes en "nosotros".
–Tienes casi 22, Malfoy. ¿Ya es tiempo, no crees? –El corazón de Hermione casi se le salía del pecho; apenas podía escuchar su propia voz. Sonaba tan tranquila, pero en realidad estaba llena de ansiedad.
Draco no podía pensar correctamente. Esta era la última conversación que se imaginaba tener con ella después de todo lo que la hizo pasar.
–Di algo. –dijo Hermione.
–Soy un desastre.
–Lo sé. –dijo ella con una sonrisa.
–Gracias. –dijo, cerrando fuertemente los ojos.
–No me importa, sabes.
–Pero en verdad estoy arruinado. Más que ninguna otra persona que conoces.
–Tal vez. ¿Pero quién no lo está? De alguna forma, tal vez. Nadie está completamente junto.
Se detuvo para pensar.
–Todos tienen algo, tienes razón. Pero… sabes, tengo muchos problemas. De confianza, y emociones, y distorsionados puntos de vista sobre cómo deberían ser las cosas. No soy una buena persona, Hermione, y tú mereces alguien que lo sea.
–¿Por qué no eres una buena persona? –preguntó, recargándose en un codo y mirándolo.
–¿En verdad tengo que darte una lista? –ella no dijo nada, sólo lo miró expectante. Cerró los ojos fuertemente y suspiró. –Okay, aquí va. Crecí odiando todo lo que no fuera sangre pura. Yo…
–No lo sabes.
–No, pero no soy exactamente amigable con los sangre sucia.
–Eres agradable conmigo.
–A veces. –dijo sonriendo.
–Por favor, continua.
–Okay, te traté mal a ti, a Harry y a Ron, durante seis años en la escuela.
–Eso está en el pasado. Harry y yo lo hemos superado, y Ron está comenzando a hacerlo. Él estará bien contigo así como Harry y yo en cuanto te conozca más.
Su corazón se contrajo ante la idea de que la gente lo quisiera en sus vidas. No era algo que hubiera anticipado cuando comenzó todo esto. Sólo quería salir de la sentencia de muerte que se había aceptado y salir adelante con su vida. Ahora tenía gente (¿amigos?) que lo querían con ellos.
–Me uní a los mortífagos a los 16.
–Bueno, eso fue bastante estúpido.
Draco rió.
–Así es. Pero prueba que no soy una buena persona.
–No, prueba que a los 16, eras estúpido.
–Intenté matar a Dumbledore, y casi mate a Ron y a Katie Bell en el proceso.
–No tuviste éxito.
Draco se sentó de nuevo, con los brazos alrededor de sus piernas.
–Quice salirme esa noche. Dumbledore me ofreció una salida. La iba a tomar, pero llegaron los mortífagos que había dejado entrar.
–¿Ves? Incluso entonces querías algo mejor para ti.
–Pero no la tomé. Pude haber dejado a Snape, haber ido a cualquier otro lugar, pero no lo hice. Fui directo a él. –Draco se detuvo. Su garganta repentinamente cerrada. Eso era lo que aún lo molestaba en sus sueños, incluso después de todos los monstruos que ya había vencido. –Y… y después me hizo matar a Severus, justo frente a todos. Por haber hecho mi trabajo.
Tomó un respiro, sintiendo como sus energías se renovaban de nuevo. Nunca les había dicho a los Granger sobre Snape.
–Sí… si no lo hubiera hecho, me hubiera matado, y no podía dejar a mi madre sola con mi padre. Severus… él sólo se quedó ahí y me miró. Él no podía hablar, pero creo que intentó entrar en mi cabeza. Él… él dijo…
Hermione tomó su mano, acariciando su palma.
–Me dijo que estaba bien. Y entonces… lo miré a los ojos y... e hice lo que me dijeron. –Su voz se quebró y se detuvo, parpadeando furiosamente y apretando los dientes para evitar que las emociones lo invadieran.
Hermione estaba en silencio. Draco nunca había compartido nada de esto con ella. Nunca habían hablado del pasado, lo que le había pasado; cómo había comenzado el camino de la muerte.
–Así que él fue el primero. Severus Snape. Mi maestro favorito, la única persona que en verdad admiraba. Sé que él no era tu persona favorita, y admito que fue bastante malo contigo, pero él cuidaba de mí, y me hablaba como una persona y me daba consejos, como un padre. Mi padre nunca se molestó en hacerlo. –dijo amargamente. –Snape en verdad intentó alejarme de esa vida, pero era joven y testarudo y no quería que me dijera lo que no quería escuchar.
Hermione miró las manos de ambos, aún unidas. Corrió sus dedos sobre los de él y le dio un suave apretón.
Draco la miró.
–¿Necesito continuar?
–Eso está en el pasado. –le recordó suavemente. –Aunque no quiero minimizar su significado en tu vida. ¿Pero qué hay de los últimos dos años? ¡Planeaste la muerte de Voldemort! Hiciste algo maravilloso para el mundo entero.
–Sólo porque no maté de nuevo después de fingir la muerte de tus padres no quiere decir que no tenía que hacer cosas horribles. Aún le servía fielmente, sin darle nunca ni una razón para dudar de mí.
–Okay. –dijo ella, determinada a que viera todo desde su punto de vista. –Pero tenías que hacer esas cosas, tenías que mantener la ilusión de que trabajabas completamente para Voldemort.
Draco la miró intensamente.
–Estás inventando excusas.
–No. Hiciste lo que tenías que hacer. Mira donde estamos ahora, ¡lo que has logrado! Durante los últimos ocho meses he visto que eres una buena persona.
–Hice cosas buenas. –dijo, sintiendo como su frustración se incrementaba de que ella simplemente no lo dejara así. Además, era difícil mantener una lista de sus innumerables pecados. De todas las personas, ella menos que nadie debería escuchar lo que había hecho. Él quería protegerla del mundo, de todas las cosas malas. Él mismo incluido. –Tal vez podrías llamarlo así, pero mi corazón sigue siendo negro. Todo lo que hice fue por razones egoístas, para mejorar mi vida al final. No por el bien de todos.
Hermione sintió el peso de todo lo que él había hecho descansar en sus hombros. Era tan pesado; sentía como si estuviera en el fondo del océano y que todo el peso del agua le apretara los pulmones. Eso era con lo que él vivía diariamente. Hermione quería tomar su dolor y desaparecerlo, para mostrarle lo maravillosa que podía ser la vida.
–¿Qué hay de todas las cosas que hiciste por mí? Mantenerme a salvo, cuidarme.
–Ya te lo dije. Egoísta.
–No, no lo creo. Cada noche te asegurabas de que durmiera bien y que no pasara frío, tú hiciste eso por mí. No por ti. –¡Tenía que hacerlo entender!
Draco la miró a los ojos, buscando algo que sabía que estaba ahí, y entonces lo vio; una pequeña luz de esperanza. Esperanza. Podría aplastar su esperanza con una mera palabra si quería. Pero no era así. Ella creía que había algo en él por lo que valía la pena luchar, algo que había estado enterrado y jadeando por ahí desde que tenía uso de razón. Y encontró que no quería decepcionarla. Quería intentarlo y ser esa persona que ella creía que era; como le había prometido antes, él quería vivir por ella. Sabía que sería difícil, como nada en su vida, pero sabía que valdría la pena.
–Tal vez. –fue todo lo que pudo decirle.
–Lo sé.
Si iba a hacer esto, tenía que asegurarse de que ella estuviera segura.
–Hermione, tú mereces a alguien mejor. Alguien que sepa cómo hacerte sentir especial, como si fueras la cosa más importante en su vida.
–Tú me haces sentir especial, Draco. Eres un romántico a tu propia manera, sabes. –le sonrió tímidamente.
Draco alzó una ceja.
–¿Romántico? ¿Estás loca?
–Lo digo en serio.
Sacudió la cabeza.
–No lo creo. Ni siquiera sabría qué es si no fuera por tu tonta película.
Hermione le dio un golpe en el pecho jugando.
–No es tonta.
–Lo es. Magia. Es ridículo.
Hermione rodó los ojos y miró el mar.
–Estoy dañado, Hermione. Sólo lo arruinaré. Estoy seguro de eso.
–Yo también lo haré. –dijo honestamente. –De eso se trata. Tú lo arruinarás, yo lo arruinaré, pero funciona cuando ambos decidimos que queremos arruinarlo juntos.
–¿Por qué… por qué alguien querría hacer algo así?
Hermione lo miró.
–Porque saber que estarán mejor juntos que separados.
Draco sacudió la cabeza.
–Aún no puedo creer que estamos teniendo esta conversación.
–¿Qué más hay? Todo lo demás ya ha sido hablado. Tengo miedo de que vayas a desaparecer, alejarte hacia el atardecer en un caballo negro, o volar hacia el sol. Y dejarme… sin pensarlo dos veces. –no podía mirarlo, su corazón estaba demasiado frágil como para hacerlo.
–Nunca podría dejarte sin pensarlo. –dijo suavemente.
Hermione se sentó completamente, poniendo sus rodillas contra su pecho y sosteniéndolas con sus brazos. Draco extrañaba su mano entre la suya, y vio como sus emociones se reflejaban como llamas en su rostro.
–Pero podrías irte.
–Claro. Es quien soy. –Hermione cerró los ojos fuertemente. –Pero nunca dije que quería, sólo que podría. Lo que no haré. –Se giró hacia ella. –No quiero irme.
Hermione asintió, aún sin mirarlo. Draco suspiró.
–Es sólo que no puedo darte lo que mereces.
–No necesito todo eso. Es decir, no te merezco, ¿has pensado alguna vez en ello?
No, honestamente no lo había hecho, y el pensamiento jamás cruzaría su mente.
–¿Y cómo sabes eso?
–Tú me tratas como nadie lo ha hecho. Tú me enfrentas; no te rindes y me dejas hacer o tener lo que quiero, como Harry y Ron. Eres más inteligente que yo, y me retas. Siempre me pones primero, incluso cuando eso significa que me enoje. Y no te haces para atrás cuando estoy siendo imposible. Y respeto eso.
Draco estaba sorprendido de ella sacó de sus pequeños actos hacia ella. Y de que todo fuera correcto. Tenía ese hábito de pensar en ella antes que en él, pero nunca le dio mucha importancia. Siempre había alguna razón para justificar sus acciones. Como protegerla, o proteger su plan, o a Harry, o a su trabajo, o algo.
–Pero sigues siendo mejor que yo. –insistió.
–No soy perfecta, y jamás lo seré, Draco. Y no espero que tú lo seas.
–Bien, –dijo, sonriendo. –Así no te decepcionarás.
–¿Hay algo más que quieras decirme? –preguntó, sus ojos brillaban. –Aunque no hay nada que puedas decir que me haga cambiar de opinión. O sobre ti.
–Una cosa. Y he querido decir esto, oficialmente, por un largo tiempo, pero no estaba seguro sobre si era necesario o no. Pero creo que tal vez lo es. Pero para que lo sepas, la sangre ya no es ningún problema para mí. Desde hace mucho tiempo.
–Bien. Ya lo suponía.
Pensó de nuevo.
–¿Qué tal si termino lastimándote? Lo que es bastante seguro que haré. No tengo idea de lo que estoy haciendo, nunca he hecho esto antes, y estoy bastante seguro de que soy horrible en ello.
–Eres un Malfoy. Pensé que ustedes eran buenos en todo lo que hacían.
Draco sonrió y la miró, ella le sonreía. Se acercó y movió un mechón de su cabello detrás de su oreja. Y después otro. Y entonces se dio cuenta de que eran demasiados.
–Soy un caso perdido.
–Sí, y soy un Malfoy. ¿No te molesta eso? ¿Para nada?
–¿Por qué habría de hacerlo? Sé todo lo que has hecho; por lo que has pasado. Al menos, te conozco intelectualmente. Y si quieres compartir más conmigo, entonces está bien; si no, está bien. Aun así quiero ver a dónde nos lleva todo esto.
–A pesar de mí.
–Por ti.
–Pero te lastimaré.
–¡Ya lo has hecho, y muchas veces! Y lo harás de nuevo, así como yo lo haré contigo. Eso es lo que lo hace maravilloso. Porque incluso aunque me lastimes, yo te perdonaré. Y tú me perdonarás cuando yo te lastime. Y saldremos adelante.
No podía pensar en más objeciones; ella había respondido todas y cada una de ellas, haciéndolo sentir feliz y lleno de miedo al mismo tiempo.
–Hermione, yo…
–Draco, no te estoy pidiendo una confesión de amor eterno. Todo lo que quiero saber es si quieres tomar esta oportunidad conmigo. Porque de eso se trata la vida, de tomar oportunidades.
Una juguetona sonrisa atravesó su corazón, después su mente y finalmente su rostro.
–Sí, si quiero. Contigo.
Hermione le sonrió.
–Respuesta correcta, Malfoy.
La miró intensamente, aún inseguro de que ella supiera verdaderamente a lo que se estaba metiendo, pero ella era tan testaruda. Y había escuchado una vez que si no sabes cómo debe de funcionar algo, debes hacer que suceda. Entonces la besó, y cuando ella le respondió, se sintió completo. Era suave, vacilante, tímido; finalmente se estaban conociendo el uno al otro. Y aunque era muy diferente de los otros dos, los cuales habían estado llenos de desesperación, miedo e intenso deseo, aún hizo que sus adentros se movieran en mil direcciones.
Después de unos minutos, ella se alejó, ligeramente sin respiración.
–Pensé que habías quitado el hechizo.
–Y lo hice. –dijo, igualmente sorprendido. –Debe de ser esa magia de la que tanto hablas.
–Debe de ser eso. –dijo, completamente contenta. Draco le dio un beso en la frente y entonces la acercó a él, envolviendo sus brazos alrededor de ella. Hermione recargó su cabeza en su hombro y Draco pensó en jamás dejarla ir.
Suspiró.
–Voy a arruinar esto, sabes.
–Lo sé.
–Entonces… estás de acuerdo con ello.
–Ya pasamos por esto…
–Pero sólo estoy…
Hermione tomó su barbilla entre sus manos.
–No… más… palabras… –dijo, puntualizando cada palabra con un suave beso.
Justo cuando estaban a punto de separarse, Draco la alcanzó y la detuvo. Sostuvo su rostro a unos cuantos centímetros del suyo y la vio a los ojos. Estaban sonrientes y radiantes, y repentinamente se quiso ahogar en ellos. Lentamente, sin dejar de mirarla, la acercó más hasta que pudo sentir su respiración en su rostro y se detuvo. Pudo sentir su respiración en su boca antes de besarla. Era como el amanecer, o como fuegos artificiales, o como un botón floreciendo; era como volar y caer y olvidar que eran dos personas y saber que la vida era mejor de esa manera.
Todo lo que importaba era que ella quería intentar esto con él. Le había prometido una vez con un beso que viviría por ella. Ahora mantendría su promesa.
El Fin.
