La nave de Mayba aterrizó en el muelle de carga de la base de Talon Karrde, donde una mujer mayor de pelo cano con tintes rojizos los esperaba, junto con media docena de hombres armados.

Mara Jade era la encargada actual de las negociaciones de su esposo. Se habían casado un par de años después de la batalla de Yavin, cuando ella aun era su ayudante y segunda al mando.

Mayba descendió de la nave, acercándose a la mujer. Se saludaron de forma cordial y la morena le pidió un momento a solas.

-Mara, hay algo que quiero decirte -Dijo Mayba en un susurro.

-Dime de que se trata -Preguntó la mujer con tranquilidad.

-Primero me gustaría saber si hay alguna guardia de la Orden, aparte de mi por supuesto -La morena miraba a todos lados.

-No, no ha venido nadie, solo me avisaron que tú vendrías por el nuevo cargamento de ysalamirs -Mara la miró con duda- Mira morena, sabemos que no vienes sola, las lecturas de calor nos dicen que viene alguien contigo. Si traes a alguien que nos pueda poner en peligro o sabotear nuestro trato de neutralidad con la Orden, te sugiero que tomes tu nave y salgas muy rápido de aquí. Si voy a sufrir el asedio de tu gente, que sea al menos porque yo decidí disparar primero.

-No te ofusques Mara, creo que ya sabes lo principal, vengo con alguien a quien le debo mucho y que creo también conoces -Mayba tomó aliento- Solo necesito esas bestias y a un par de sus depredadores naturales y me iré tan rápido, que apenas notaras mi presencia.

- ¿Quién es? -Preguntó Mara empezando a hartarse.

-Ben Solo.

- ¿Ben Solo? -Mara la miró con sorpresa- Te acabo de decir que no quiero que me eches a la Orden encima ¿Y tú me traes a Ben Solo?

-Sé perfectamente los problemas que te puede traer esto, solo te pido tomar lo que necesito… Necesitamos rescatar a su mujer y a sus hijos…

- ¿Mujer e hijos? Muchacha, tendrás que contarme esa historia completa.

-Mejor que te la cuente él -Mayba le señaló la nave- Vamos, habla con él y decídelo.

Mara titubeó un momento. A pesar de que conoció a Ben de pequeño e incluso le agarró cariño, eran demasiados los problemas que brindarle ayuda podría representar. Sabía que era buscado por traición y que la recompensa era elevada. Sin embargo, Talon, su esposo, le debía mucho a los Skywalker. Especialmente a Leia y por supuesto a Han Solo.

Asintió de mala gana, les avisó a sus guardias y subió a la nave de Mayba, quedándose esta última abajo. Allí estaba Ben, mucho mayor de lo que Mara recordaba.

-Como has crecido pequeño Ben -Dijo en forma de saludo.

-Mara, yo… -Intentó hablar.

-Sin disculpas Benny, solo dime que es lo que sucede y por que debo arriesgar el pellejo por ayudarte.

-Supongo que ya sabes de mi traición a la Orden.

-Por supuesto, ahora, cuéntame el resto -Dijo Mara sentándose frente a él poniendo su blaster en la mesa.

-Hux ha secuestrado a mi mujer, que está embarazada de gemelos y necesito rescatarla.

-Vaya, que buen resumen -Rio Mara- Directo al grano. ¿Así que te has casado? ¿No elegiste el celibato Jedi como tu tío Luke?

-No era electivo, era obligatorio y si no estás muy enterada, tuvimos nuestras diferencias -Dijo Ben en una mueca molesta.

-Si destruir su Academia fue una diferencia… -Mara alzó una ceja- ¿Qué necesitas?

-Primero, recoger algunas criaturas -Dijo Ben mirándola fijo- Lo segundo ver a Talon.

-Te puedo ayudar en lo primero, lo segundo será difícil, mi esposo está de viaje.

- ¿Esposo? -Ben se sorprendió.

-Si, nos casamos un par de años después de que te fuiste a la Academia con el amargado de tu tío -Mara parecía sumergida en recuerdos no del todo agradables.

-Felicidades -Dijo Ben intentando ser cortés- También necesito algo de ti "Mano del Emperador"

La pelirroja se quedó fría, no había sido llamada así desde la muerte del Emperador en la segunda estrella de la muerte. Siempre creyó que su identidad murió con él.

- ¿Cómo sabes eso Ben? -Preguntó Mara tomando el blaster y poniéndose de pie- ¿Fue Snoke quien te lo dijo? ¿Alguien más lo sabe?

-Fue tío Luke o lo que pude obtener de su cabeza en un entrenamiento para realizar bloqueos mentales… Pensaba mucho en ti parece…

Mara se sonrojó y un leve brillo desconocido se reflejó en sus ojos. Ben la observó, a simple vista pareció turbada por la confesión y tal vez, para el ojo mas profundo, algo de nostalgia.

- ¿Qué podrías necesitar de mi y mi pasado? -Preguntó sacudiendo la cabeza.

-Tengo mis sospechas de que tienes algunas claves maestras, creadas por el Emperador en persona… Códigos que no han sido cambiados porque nadie lo sabe.

-No tendrías como pagar esa información -Sonrió Mara despectivamente y dando la vuelta para irse.

-Tengo una información que has querido desde siempre.

-No creo que tengas algo que me pueda interesar -Mara respondió, sin darle interés mientras caminaba de un lado a otro.

-Se donde está la bóveda secreta del emperador -Ben habló con tranquilidad.

Mara se detuvo en seco, contuvo el aliento y miró a Ben fijamente, como tratando de adivinar si mentía. Ben la miraba fijo, como dándole a entender su sinceridad.

-Tengo la ubicación exacta -Ben le acercó una tarjeta de datos- Puedes comprobarlo.

- ¿Dónde la obtuviste? -Dijo Mara mirando la tarjeta sin atreverse a tomarla.

-Snoke -Dijo en tono frío.

-Si eso es verdad, no seré la única interesada.

-Pero si la única que tendrá las coordenadas correctas ¿Es un trato? -Sonrió Ben.

Mara se quitó la chaqueta que llevaba encima. Tomó la pistolera que tenía en su manga y sacó una nueva tarjeta que le acercó a Ben.

-Sé que no estás mintiendo y que debes estar muy desesperado para entregarme esos datos -Mara volvió a ponerse su chaqueta- Pensaba morir con esos códigos.

-Lo sé, pensaba morir por esa ubicación -Ben hizo una mueca parecida a una sonrisa.

-Iré por tu amiga, les daré lo que necesitan, quédate aquí… No es que no confíe en mis hombres, pero vales demasiado como para mantener lealtades.

Ben asintió y le dio una sonrisa triste a Mara. Sabía que la lealtad siempre era negociable. Lo había experimentado en carne propia.

Rey despertó por el ruido del androide de servicio que le llevaba el desayuno al dormitorio del Palacio Imperial. Se había quedado dormida llorando por la asquerosa propuesta de Hux. Todavía estaba somnolienta y con los ojos hinchados. Aceptó el desayuno de mala gana que el droide le dejó antes de irse en la mesa de noche. Comió un poco, tratando de obtener energías para el nuevo día que se le presentaba.

No quería pasar tiempo en ese lugar, la oscuridad de su energía la hacía sentir ahogada. Prefería el Penthouse de Ben, al menos allí sentía su presencia y podía oler su aroma. Al menos como recordatorio de su esencia.

Aparte de la pesadumbre de estar en ese lugar, extrañaba a Ben con su alma. No tan solo su cuerpo, si no que su sonrisa, sus conversaciones, los debates llenos de sarcasmo, su toque tierno, su voz. Ahora todo lo que habían vivido se le hacía lejano y doloroso. A pesar de su esperanza de volver a verlo, estaba desanimada. El silencio producido por el bloqueo a la Fuerza, la llenaba de soledad.

A pesar de tener todas las comodidades, no dejaba de ser una simple prisionera. No tenía a sus amigos, ni nadie con quien hablar. Las conversaciones a la hora del baño con Solana, eran prácticamente su único refugio.

No se había cambiado la noche anterior, solo tenía el mismo vestido que Solana le ayudó a elegir. No estaba segura si le sería permitido salir de ese cuarto, así que lo recorrió. Constaba de una enorme y lujosa cama, una mesa de noche a cada lado, un closet que no abrió y un baño con una tina enorme. Había además un ventanal que cubría toda una pared, donde podía ver naves volando de un lado a otro.

No entendió la desigualdad de la galaxia, mientras unos vivían con lujos desbordantes, otros como ella debían sacrificarse a diario, incluso afrontar la muerte para obtener agua y comida para sobrevivir.

Estaba absorta en sus pensamientos, cuando la puerta se abrió. Dos guardias entraron y le informaron que el Líder Supremo la esperaba en el comedor. Rey asintió. Salió de la habitación custodiada por los guardias que le hablaron y dos mas que se reunieron con ellos fuera de la habitación.

Cuando llegó al comedor, Hux bebía caf y miraba holos. Al verla llegar los apagó y le indicó una silla. Rey obedeció.

-Buenos días chatarrera, espero hayas dormido bien -Saludó Hux con desdén.

-Buenos días Líder Supremo -Rey lo dijo sin sarcasmo, como palabras sin sentido- Si, he dormido bien.

- ¿Pensaste en mi propuesta? -Preguntó él alzando una ceja.

-Lo siento, no lo he pensado… En realidad, no me siento bien aquí… ¿Puedo volver a…?

Rey detuvo la pregunta, no estaba segura de como llamar al Penthouse, hogar, prisión, jaula. Cualquier adjetivo que denotara encierro le iba bien, pero aun así era mejor que estar en el Palacio.

- ¿Volver? ¿Adonde? ¿A tu resistencia? -Preguntó Hux con un dejo de burla.

-No, no… adonde he pasado los últimos días, el departamento…

- ¿Por qué? ¿Es que acaso no te gusta el lujo de aquí?

-Necesito pensar mi respuesta -Mintió- Aquí me siento mareada, además, no tengo con quien hablar y menos quien me ayude en caso de algo…

Hux la observó ceñudo. Buscó la mentira, pero Rey estaba pálida y ojerosa, no era solo por el llanto de la noche anterior. Era como si en una noche, su energía se hubiera ido a cero y que eso pasara, arriesgaba la vida de las criaturas. Rendido por la idea de dos crías débiles o dañadas, pensó que lo mejor sería enviarla de vuelta al Penthouse.

-Está bien -Dijo rodando los ojos- Te dejaré ir con la condición de que me des una respuesta clara de aquí a siete días. Después de eso, consideraré que te has negado y no te gustarán las consecuencias.

-Si Líder Supremo -Respondió Rey con tono neutro.

-Vete ahora.

Hux hizo una seña y los guardias se la llevaron. Fuera de palacio se reunieron con un nuevo grupo de guardias, dos de ellos cargando ysalamirs. La subieron a una nave y se la llevaron al centro, donde se encontraba el departamento de Ben.

Una vez estuvo allí, se sintió mejor, el ahogo constante que había tenido en el palacio, desapareció como por arte de la Fuerza. Rey se quedó sentada en la cama, mirando por la ventana, pensando la forma de huir de allí. Al menos esa era su única esperanza.