¡Hola!

Un capítulo más de la extensa vida de estos vampiros y magos atrapados en un castillo.

Muchas gracias a todas por vuestros comentarios acerca del "pequeño" juego que se marcaron en los anteriores tres capítulos, he de reconocer que no esperaba que os gustase tanto la apuesta que habían hecho entre magos y vampiros. Resultó que la ganadora por goleada fue una vampira, pero hay que decir que fue una de las expertas en seducción de la pandilla, difícilmente podían competir con Julia. Ahora vamos a ver cómo llevan la vida en el castillo, ya sin juegos y sin diversiones, con la rutina absoluta de las clases y otros entretenimientos.

También gracias por haber recibido tan bien los cambios de narrador con Ennoia, evidentemente en este capítulo volvemos a tener a Draco para relatarnos las distintas situaciones que tienen lugar, pero creo que resultó interesante el meternos un poco en la mente de la antigua. Supongo que fue agradable ver un punto de vista diferente al habitual, como si viésemos a los personajes con otra luz. Muy pronto tendré que recurrir a otro narrador, pero no quiero deciros nada más…

Os dejo con la lectura… pero antes: NO OS OLVIDÉIS DE MANTENER ALEJADOS LOS LÍQUIDOS DEL ORDENADOR. (Por si acaso)


Ya llevábamos un mes de clases y las cosas parecían estar calmándose un poco, aunque no dejábamos de ser un grupo de lo más variopinto cada vez que nos juntábamos. Tampoco es que las sorpresas terminasen del todo y algunos empezamos a ser acosados por Lucian y su afán por hacer el castillo un poco más seguro para los estudiantes. Después del desastre que había sido el juego de la seducción, habíamos terminado por superar buena parte de las consecuencias que atrajeron todas nuestras acciones.


- ¿Jules? – Me acerqué un día tras la clase de pociones. – Por favor, dime que dejaste de meterte con Snape después de lo de la apuesta. – Le dije por lo bajo.
- Si quieres te lo digo…- dedicándome una sonrisa inocente que no cuadraba con su carácter. –Pero entonces te estaría mintiendo. – Guiñándome un ojo.
- ¡Me lo temía! – Me lamenté. - ¿Podrías intentar que no se notase tanto? Vas a terminar por traumatizar a todo el alumnado de por vida.
- No sé por qué lo dices. –
Me miró extrañada. – Severus ha resultado ser un agradable compañero de laboratorio. Muy imaginativo…
- ¡No me digas nada más, por favor!
– Rogué. – No necesito ese tipo de imágenes mentales, gracias.


Ennoia parecía una niña feliz cada vez que estaba con Zacharias, todos nos alegramos de que hubiese encontrado a alguien con quien pasar el rato. Aunque se podía ver que aquella relación era muy similar a la que mantenían Lameth y Lavender. Los cuatro formaban dos parejas perfectamente bien avenidas y tranquilas. Los vampiros ayudaban a sus amantes a superar el curso estudiando con ellos y proporcionándoles nuevos campos de aprendizaje. Tampoco llamaban tanto la atención como al principio. Parecía que todos hubiesen aceptado, sobre todo los Hufflepuff, que estuviesen juntos. Un momento bastante divertido fue cuando Zach vino a uno de nuestros paseos a caballo y Ennoia se convirtió en un fantástico lipizano para él, se quedó fascinado observándola y no se atrevía a montar sobre ella. Al final Tony lo aupó para que todos pudiésemos salir de una vez de los establos.


- ¿Qué tal lo llevas, Zach? – Le pregunté un viernes en el que llegó antes que Ennoia para tomar el té.
- Pues más o menos. Sigo sin comprender del todo algunas cosas y alguno de mis compañeros no me habla desde que estoy con Ennoia. – Respondió un poco incómodo.
- Tranquilo, pronto las aguas volverán a su cauce y seguro que todo queda olvidado. – Le dije para que no se preocupase.
- ¿Por qué te comportas tan bien conmigo, Draco? – Preguntó con curiosidad. – Antes eras un capullo arrogante y no me habrías dirigido la palabra ni aunque tu vida dependiese de ello. – Me reí por el recuerdo que todos tenían de mí.
- Una buena razón para querer mostrarte mi apoyo es que, como pareja de Ennoia, formas parte de esta cosa tan rara que nosotros llamamos familia. También ayuda el que, desde que estoy con Hermione, procuro dejar a ese "capullo arrogante" lo más alejado posible.
- Supongo que me lo merezco por bocazas.
– Negó con la cabeza. – Aunque tendría que haber imaginado que dirías eso.
- ¿Por qué?
– Pregunté curioso.
- Bueno, antes de que perteneciese a esta "familia", como la llamáis todos, era parte de ese grupo de gente que era incapaz de entender qué demonios ocurría contigo y con todo lo que pasaba a tu alrededor. – Interpretó correctamente mi expresión de curiosidad y continuó. – Al principio del curso se notaba que habías cambiado mucho, todos lo atribuimos al famoso "incidente" con el dragón. ¿Es cierto eso o sólo fue una tapadera para explicar el que no comieses con los demás o que te hubiesen trasladado a otra habitación de la que nadie sabía nada? – Preguntó.
- Es cierto, también es la principal razón por la que hoy esté aquí con un hermoso par de colmillos y un corazón que no volverá a latir. – Respondí con seriedad. – Mi cuerpo quedó completamente carbonizado y, lo único que terminó por salvar mi vida fue el perderla definitivamente.
- ¡Vaya! –
Exclamó asombrado. – Pues resulta que después de portarte de esa manera tan rara, empiezas a salir con Granger. A ver, aunque fuésemos Hufflepuff, sabíamos que entre vosotros siempre había existido una especie de guerra de insultos, por eso de la diferencia de clases y todo eso. Pero es que, además, aparece Isabel. Una tía despampanante de la que nadie sabe nada y que, de la noche a la mañana, se convierte en la sombra de Hermione sin que nadie nos explique un carajo. En aquel momento nadie sabía que era bruja y de todos modos asistía a clase con ella, comía con ella, estaba a todas horas y en todas partes con Hermione. Luego, tú desapareces durante una temporada y vuelves sin que siquiera te suelten una regañina por haber faltado a clase o te quiten puntos. Eso no lo entendía nadie y muchos siguen dándole vueltas. Pero es que la cosa no termina ahí. Nos enteramos de que te has mudado de alguna manera a la torre de Gryffindor sin que McGonagall te mire mal o te protesten por ello, eso te aseguro que causó un aluvión de comentarios acerca de si estabas en una especie de programa de protección de testigos, o algo así, por haber revelado información de mortífagos. – Lo miré asombrado por la curiosa hipótesis. – ¡No entendíamos nada y sólo podíamos suponer cosas! – Pero siguió explicándome cómo los demás veían todo lo que ocurría a nuestro alrededor. – Tras el baile de Halloween, muchos empezaron a intentar averiguar quién demonios era Lucian y qué hacía continuamente por el colegio, porque era otra persona de la que no sabíamos nada, que había empezado a pasearse por el castillo como si nada y, no quedaba ninguna duda, tenía relación contigo. Para colmo está lo de la estación de tren y todo lo que vino después. – Su rostro se ensombreció ligeramente al llegar a ese punto. – En la estación te aseguro que provocasteis que los rumores corriesen como la espuma acerca de las identidades de tanta gente desconocida. Te ahorraré los comentarios, sólo decirte que los chicos nos moríamos de ganas por preguntarle a Harry cómo demonios se las había arreglado para tener a cuatro bellezas peleándose por él de esa manera. Muchos apostaron por filtros amorosos antes de que les recordásemos que las pociones no eran el fuerte de Harry, aunque no faltaron los que dijeron que Hermione había hecho de Celestina y las había obligado a beber las pociones. – Me sonreí ante la idea de que Harry necesitase filtros amorosos, teniendo en cuenta que sólo necesitaba litros de poción reconstituyente cada mañana. – Lo del asalto al tren, nos conmocionó a todos… Cuando empezaron a aparecer aquellos tipos con colmillos enormes que destrozaban todo a su paso, tío, eso no esperábamos verlo en nuestra vida. El compartimento en el que estaba con mis compañeros se convirtió en un caos cuando uno de ellos arrancó la puerta, pero entonces apareció Isabel con dos espadas enormes y lo cortó en cachitos como si fuese de mantequilla, luego aparecieron Neville y Luna y nos sacaron de allí a toda prisa para llevarnos con los demás a otra zona más segura. De camino vimos las bolas de fuego que lanzabas sin necesidad de varita alguna, cómo te movías por el pasillo dándoles órdenes a todos de que se agachasen y entonces, va uno de esos tipos y te lanza a un compartimento. Te dimos por muerto, de verdad, nos dimos cuenta de que habías intentado salvarnos y que eso te había costado la vida. Pero entonces apareces con el puño ensangrentado, una sonrisa diabólica en tu cara y… esos colmillazos idénticos a los de aquellos sádicos. Pensamos que te habías unido a ellos, pero no, seguiste peleando como un loco para salvarnos a todos. – Me miraba con una mezcla de asombro y gratitud mientras me lo explicaba. – Cuando ya estuvimos a salvo en el castillo, muchos empezaron a poneros de vuelta y media a ti y a Isabel pero, después de haberos visto en acción y de haber comprobado el reducido número de bajas que habíamos sufrido, teniendo en cuenta lo brutales que habían sido los otros vampiros, reconozco que no pude hacer otra cosa que dar gracias a Merlín porque hubieseis estado en ese tren. Luego empezaron las hipótesis más descabelladas acerca de porqué te habías convertido en vampiro, unos decían que había sido cosa de Voldemort, otros que si era un pacto con el diablo que había hecho tu padre… - No pude soportarlo más, rompí a reír al escuchar aquello.
- Discúlpame, Zach, pero podría decirse que eso último fue demasiado acertado. – Le miré durante unos segundos. – Quieres decir que, para no variar, medio colegio me tiene miedo y la otra mitad sigue chismorreando de mi vida como antes, ¿no? – Sonriendo.
- Sí, supongo que será lo habitual para ti, pero… - hundiéndose en el nuevo sofá de Ennoia, más amplio y más cómodo. – Yo no estoy nada acostumbrado a ser el centro de atención. – Murmuró.
- No te preocupes, Ennoia no dejará que nadie se meta contigo. – Arrellanándome en la chaise longe. – Y, como te dije antes, ahora formas parte de la familia, no me imagino a nadie tan loco como para meterse con alguno de vosotros en estos momentos.


Ginebra y Lavender, dada su nueva condición de ghoules, tuvieron que ampliar sus conocimientos. Dominique y Laurent se ofrecieron encantados para ayudarles a controlar su nueva fuerza y Ginebra comenzó a internarse en el complicado mundo de las finanzas de Lucian. Incluso fue la encargada de tomar nota de todas las indicaciones de remodelación del ala que me había sido asignada en la fortaleza de mi sire, por supuesto recibí algunas recomendaciones por su parte en temas de decoración.

- Draco, Laurent me pidió que te diese estos planos y que tomase nota de todo lo que quieres modificar. – Me dijo Ginebra una tarde, Hermione y yo estábamos tranquilos en la sala común, ella estudiaba y yo leía un libro. Ginebra se sentó a mi lado con un bloc de notas y un lápiz. – Me dijo que esa sería tu casa a partir de ahora, ¿es eso cierto? – Preguntó ávida de curiosidad examinando los planos por encima de mi hombro.
- Sí, Lucian me ha asignado un ala del castillo para mí. – Respondí ausente mientras revisaba los planos.

Como todas las secciones de la fortaleza, tenía una planta rectangular y algunas divisiones ya estaban hechas, pero sabía que era libre de tirar o levantar tabiques a mi elección. Tenía cinco plantas para decorar a mi antojo, una de ellas estaba conectada con todas las demás y el resto eran completamente independientes, disponiendo sólo de accesos controlados a las torres y los pasadizos.

- No tengo aún muy claro cómo quiero decorarla toda, pero creo que podría empezar con la sala de recibo, que es lo único común a todos. – Las dos chicas me miraron intrigadas, Hermione había terminado ya su ensayo de Transformaciones y observaba curiosa los planos. Señalé una amplia sala de la tercera planta. – Había pensado en paneles de madera hasta media altura en las paredes, el resto pintarlo al fresco con algún motivo sencillo, nada demasiado recargado. Suelo de madera también. – Revisé pensativo los planos y busqué un pergamino cerca para empezar a dibujar la distribución de los muebles. – Una alfombra lo suficientemente grande para cubrir toda la zona de estar, una mesa de centro de caoba con sobre de cristal. – Ubiqué varios módulos alrededor de la mesa. – Los sofás me gustaría que fuesen parecidos al que tienen Tony y Julia, se ve que son cómodos y me imagino que, al principio, recibiremos bastantes visitas. La iluminación quiero que sea indirecta, incluso podría estar oculta por las molduras del techo…
- No sabía que ibas a tener tu propia casa.
– Comentó Hermione recostada contra mi hombro para ver mis dibujos.
- Lo siento, cariño, ocurrieron otras cosas y no me acordé de comentártelo. – Girándome para besarla. - ¿Quieres añadir algo? – Me miró intrigada. – También será tu casa cuando vengas a vivir con nosotros.
- ¿Por qué te interesa tanto esa sala para ser lo primero en decorar?
– Preguntó de inmediato.
- En la fortaleza hay distintas secciones para los miembros de la familia, cada uno la ha adaptado a sus gustos. Nadie entra sin permiso expreso a las dependencias privadas, pero Lucian les ha exigido que tengan al menos una sala en la que puedan recibir visitas sin que se vulnere esa privacidad. – Expliqué. – Me imagino que, mientras nos estemos adaptando a la vida en la fortaleza, recibirás muchas visitas de todos ellos. Puedo incluso adivinar que estas reuniones de los viernes tendrán lugar en esta habitación por una buena temporada. – Me sonreí. – Por eso creo que es lo primero que debo cuidar.
- No parece que la estés personalizando mucho, ¿no crees?
– Comentó Ginebra al otro lado. – Me está recordando a la sala de espera de un despacho de abogados. – La miré con curiosidad ante ese comentario. – Dom me llevó el otro día a visitar al abogado de Lucian para firmar unos papeles y esa sala de espera se parecía mucho a la que estás describiendo.
- ¿Cómo son las de los demás, Draco? –
Preguntó Hermione, sorprendentemente interesada en el proyecto.
- La de Isabel tiene otomanas, alfombras persas, caligrafías en las paredes, zócalo de mosaicos, celosías. Tiene un gusto mozárabe muy marcado. – Me sonreí. – La de Lucian está cubierta de tapices, suelo de madera, muebles estilo Luis XV, es una mezcla entre medieval y renacentista. Lameth y Ennoia se fueron a lo más sencillo de todo, las paredes son los muros originales, el suelo es de mármol pulido y los sofás son cómodos y modernos, no tienen muchos muebles ni tampoco se han desvivido por decorarlas, son austeras pero agradables. Las de César y Cálebros parecen tricliniums romanos, con camillas, sillas de tijera estilo romano, mosaicos en el suelo, frescos costumbristas en las paredes, esculturas y bustos clásicos, algún mueble sencillo, no pueden dejar de ser romanos hasta la médula. Nunca fui a la de Haquim porque no estaba durante mis últimas visitas. La de Tony y Julia está decorada en blanco y negro con un estilo oriental. Los sofás son blancos y los muebles todos son de ébano, también tienen caligrafías en las paredes y son los únicos que tienen plantas. – Las dos me escuchaban intentando hacerse una idea de cada sala.
- ¿Por qué no pones algunas plantas también? – Pidió Hermione. – Seguro que alegrarán un poco la estancia, ¿no crees?
- ¿Quieres decorarla tú?
– Le propuse sinceramente. – No soy un fanático de la decoración y seguro que tú tienes mejores ideas que yo.
- Por ahora me gusta lo que has propuesto.
– Rodeando mi brazo con los suyos. – Aunque Ginny lo vea como una sala de espera, a mí me parece que es cálida.
- Estoy abierto a sugerencias, cariño. Recuerda que también será tu casa.
– Acariciando su mejilla dulcemente. – Quiero que te encuentres cómoda en ella. – Me dedicó una sonrisa llena de felicidad y besó mis labios fugazmente.
- ¿Qué ideas tienes para el resto de los muebles? – Preguntó.
- Había pensado en un armario no muy recargado aquí, para usarlo como mueble bar. – Señalando un punto en el plano.
- ¿Crees que podríamos tener un equipo de música? – Pidió tímidamente.
- Hermione. – Dejé los planos y me concentré en ella. – No hace falta que pidas permiso para decorarlo a tu gusto, ya te he dicho que ese será nuestro hogar. Tendremos los muebles y electrodomésticos que quieras, pintaremos las paredes con los colores que más te gusten, usaremos los materiales que prefieras. ¿De acuerdo? – Zambulléndome en sus ojos de oro líquido. – Quiero que ese pedazo de fortaleza sea tu hogar, cariño. – Besando sus labios lentamente.
- Ehem. – Carraspeó Ginebra para hacerse notar. – Si os parece bien, tomo notas cuando ya lo tengáis decidido, ¿vale? – Dejando el bloc para irse al sofá en el que su hermano estaba peleándose con sus deberes.


Blaise cada vez pasaba más tiempo con Daphne y muchas veces se les veía a los dos estudiando juntos en la sala común o se encerraban durante horas en el dormitorio de ella para dedicarse a practicar todos los consejos de belleza que mi amigo le estaba dando. También se acercó a mí para hablar acerca de lo distante que encontraba a Isabel y lo bien que se sentía cada vez que estaba con Daphne.

- ¡Es como volver a los viejos tiempos, Draco! - Estábamos dando un paseo a caballo con Daphne y Lara, ellas iban delante hablando entretenidas. – Creo que no me había dado cuenta hasta ahora de lo mucho que echaba de menos el hablar con otros Slytherin. – Aunque se apresuró a explicarse. – No me malinterpretes, estoy muy bien con Isabel y me gusta hablar con ella, pero con Daphne es distinto. Ayer estuvimos toda la tarde estudiando Encantamientos juntos y… ¡Deberías de ver algunos movimientos de varita que sabe hacer!
- Blaise, no tienes que fingir conmigo. –
Le dije. - ¿Qué es lo que ronda tu mente? – Pregunté directamente mientras hacia que Rayo Negro fuese aún más despacio.
- No quiero que parezca que soy un quejica ni nada por el estilo, Draco… - Comenzó. - ¿Sabes si le pasa algo a Isabel?
- Que yo sepa no le ocurre nada.
– Respondí sinceramente.
- Es que… seguimos igual que al principio, duermo con ella, hacemos el amor pero… es como si no estuviese realmente allí, conmigo. – Me miró ligeramente preocupado.
- Puede que sea la presión que Lucian está metiéndole para asegurar el castillo. Es lo más parecido a una pesadilla para cualquier estratega.
- Sí, quizás sea eso
. – Murmuró poco convencido.


Harry le confesó a Lara que disponía de un mapa encantado de Hogwarts que le permitía ver los pasadizos y a todos los que se movían por el castillo. Encargó a Dom que hiciese una copia fiel del mismo para empezar a modificar algunos puntos flacos de la defensa. Resultó que no estaba tan completo cuando Tony le reveló veinte salas ocultas y cinco pasadizos más. A partir de entonces todos los vampiros nos vimos envueltos en el proyecto de Luc, sobre todo aquellos que disponíamos de magia.

Isabel fue la encargada de fortalecer la muralla todo lo posible, alzándola varios metros más. También tuvo que remodelar la entrada, cambiando la endeble verja por una puerta doble con rastrillo. Lameth tuvo que buscar el modo de reducir la vulnerabilidad de las torres ante un posible ataque con proyectiles. Los Gryffindor no daban crédito cuando se encontraron al atlante sentado en medio de su sala común durante dos días, convenciendo a cada ladrillo de que no se desprendiese del conjunto y rodeando la torre con un encantamiento de impermeabilidad. Julia recibió el encargo de cegar todos los pasadizos que llevaban al exterior. Entre ella y yo, creamos una sala adyacente a mi cámara en la que cupiesen todos los alumnos del castillo, era un bunker de seguridad que no se vería afectado si el resto del castillo cayese. Estuvimos trabajando en ello durante dos semanas para hacerlo habitable, calculando respiraderos, baños, dormitorios, comedores. Un Hogwarts subterráneo a escala reducida.

El único que no participó en las modificaciones fue Anthony. Ninguno de nosotros protestó porque todos veíamos las pupilas con forma de reloj de arena de sus ojos, sólo tenían ese aspecto cuando usaba su disciplina de temporis, pero ahora parecía que estuviesen así a perpetuidad. Se le veía nervioso y desaparecía continuamente de nuestra vista. Hacía cosas extrañas, como besar a Lara cuando le encargó a Isabel el cuidado de las murallas. Hermione tenía sus hipótesis y, aunque ella y el druida se llevaban bien y seguían teniendo conversaciones extensas acerca de la historia, tanto vampírica como humana, me pidió que lo abordase para preguntarle qué le pasaba.


- ¿Puedo hablar contigo, Tony? – Le pregunté un día que me lo encontré sentado en las escaleras de entrada al castillo. Dio un respingo cuando le hablé, pero asintió con la cabeza y volvió a su pose relajada. - ¿Qué te ocurre? Pareces cansado.
- Llevo un año peleando con estas dos…
- murmuró – Me van a volver más loco de lo que estoy.
- Lo siento, pero no comprendo a qué te refieres.
– Reconocí mi desconcierto.
- Supongo que tú y H podríais serme de ayuda. – Exhalando un suspiro derrotado. De inmediato todo lo que estaba a nuestro alrededor se detuvo y sentí esa sensación de vacío en mi interior que me decía que había detenido el tiempo. – Así me aseguro que nadie pueda oírnos. – Explicó. - ¿Sabes quién es AJ? – Asentí con la cabeza aunque no podía borrar la mueca de desconcierto que sabía tenía en mi rostro. – Bien, pues resulta que está en Hogwarts. El caso es que aún no se ha activado, cosa que sabemos a ciencia cierta porque los muros del castillo siguen en pie y no hay un enorme agujero en ninguna pared. – Seguía sin comprender del todo qué quería decir con eso. – Por la cara de alelado que tienes, deduzco que no sabes de qué te estoy hablando, ¿verdad? – Me sonreí y negué con la cabeza. – Resulta que nuestra querida Assamita no ha unido su alma a una persona cualquiera, sino que lo ha hecho a uno de los magos más poderosos de todos los tiempos. El principal inconveniente es que, no me preguntes cómo demonios se las apaña, pero en cada reencarnación es otro maldito mago. – Recostó la espalda contra el muro y me miró con las pupilas de reloj de arena, resultaba extraño verle así. – Y ahora viene el problema con el que me estoy enfrentando, cada vez que AJ se activa, además de recordar cerca de dos mil años de vidas pasadas, también recupera absolutamente todo el poder mágico que ha ido acumulando en cada una de ellas. Si AJ se activase ahora, en medio del colegio, el castillo desaparecería en medio de un hongo atómico de magia pura. – Lo miré atónito, no era capaz de imaginar que algo así pudiese ocurrir. – A medida que llega el momento en que su edad es la apropiada, Isabel me pide que lleve a AJ a un lugar apartado para activarse, el caso es que, en esta ocasión no se ha dado cuenta aún de su presencia. Por lo menos no de manera consciente. – Siguió explicándome. – Resulta que AJ iba en el tren, gracias a los subnormales del Sabbat su vida se puso en peligro, por lo que estuvieron a un tris de activarse en medio de la batalla. Y te aseguro que no iba a ser nada bonito. De inmediato le dije a Luc que teníamos que venir al castillo para apoyaros a ti y a Isabel, pero en realidad lo que quería era impedir que nuestro querido AJ destruyese todo el colegio. Bien, el mayor problema es, que como casi se han activado, de una manera totalmente inconsciente, se intuyen y se buscan. – Cerró los ojos y pareció buscar un modo de relajarse. – Creo que llevamos cerca de un mes en el castillo, pero yo llevo un año separándolas.

Se puso en pié y me indicó que le siguiese al interior del colegio. Resultaba extraño ver cómo todos a nuestro alrededor estaban detenidos en medio de lo que estuviesen haciendo. Caminamos entre alumnos que estaban congelados en medio de una carrera, hechizos a medio terminar, juegos suspendidos en el aire. Incluso pasamos por delante de Ennoia y Zach, unidos por un beso interminable. Tony se movía tranquilo en mitad de este mundo paralizado, sorteaba gente y objetos sin detenerse a mirar, por el contrario, yo estaba asombrado del poder tan fabuloso que estaba viendo y reconozco que me entraban ganas de tocar alguna de las cosas que estaban en pleno vuelo. El druida me detuvo cuando iba a tocar la estela de un hechizo por mera curiosidad, me explicó que, aunque todo estuviese detenido para nosotros, conservaba su inercia y sus propiedades, por lo que no era aconsejable que interrumpiese nada. Le seguí por el castillo hasta llegar a la torre de Ravenclaw, en mitad de las escaleras estaban los alumnos de sexto que volvían de una clase.

- Esta es AJ.

Señaló a una hermosa adolescente de ojos negros y cabello oscuro como la brea, tenía el ceño fruncido al mirar hacia el libro que tenía abierto entre sus manos. Recordaba vagamente haberme cruzado con ella al entrar en el comedor. Era un poco más alta que Isabel, con un rostro de ángulos suaves y piel bronceada. Tony murmuró algo y me indicó que le siguiese de nuevo por el castillo. No sabía de qué manera iba a poder ayudarle, yo no podía detener el tiempo como él y dudaba que pudiese hacer algo para impedir que Isabel se acercase a la muchacha.

- El caso es que llevo separándolas durante todo este tiempo a base de detener el tiempo para mover a la pobre niña cada vez que están a punto de encontrarse. – Continuó explicando a medida que volvíamos sobre nuestros pasos hacia las escaleras. – Estoy intentando convencer a Dumbledore para que permita que los desayunos y las cenas tengan lugar en las salas comunes, porque te aseguro que me vuelvo loco cada vez que coinciden en el comedor.
- ¿Cómo podemos ayudarte Hermione y yo?
– Le pregunté directamente, tampoco tengo demasiado interés en que estalle el colegio, bastante tenemos con la posibilidad de que el Sabbat ataque.
- Se me ha ocurrido que podéis entretener a Isabel cada vez que se acerquen los Ravenclaw de sexto a vosotros. – Me dirigió una mirada suplicante. - ¡Ni se te ocurra volver a acercarte a AJ! Eres un vampiro, Isabel no confía todavía en ti y puede que termine considerándote una amenaza. Ahora que sabes quién es AJ, huye de ella como de la peste, ¿de acuerdo? – Asentí con la cabeza. – Bien. – Suspiró un poco más relajado. – Te agradecería que también insistieses con el director en lo que respecta a las comidas, no puedo esperar que todas se hagan en las salas comunes, pero si reduzco las posibilidades de que se encuentren en uno o dos momentos al día, será suficiente como para tener un respiro.
- ¿De verdad llevas un año separándolas? –
Pregunté por mera curiosidad.
- Sí. El peor año de toda mi existencia. Hasta el momento sólo Jules ha podido echarme una mano, aunque Isabel ya empieza a rehuirla. Supongo que no habrá inconveniente si es H quien la distrae, esa mujercita tuya tiene un don con la asesina. – Me sonrió. Desde hacía una temporada se dirigía a Hermione por la inicial. Volvió a sentarse en las escaleras, en el mismo punto en que lo había encontrado antes de que me lo explicase todo. - ¿Crees que podrías explicárselo a tu mujer de tal manera que no se entere Isabel? Puedo detener el tiempo si lo necesitas, una hora más o menos no me importa.
- No creo que haga falta, Tony.
– Dándole palmaditas en el hombro, compadecía al pobre druida y la tarea que le había tocado. – Supongo que puedo llevármela a dar un paseo por el Abismo y allí se lo explico todo. ¿Cómo se llama AJ? Seguro que Hermione la conoce mejor por el nombre.
- Ziva, es de origen israelí. Sus padres son embajadores de ese país en el Ministerio de Magia Británico.


Tras aquella conversación con Tony, cumplí con lo que me había pedido. Llevé a Hermione en una visita por el Abismo para que fuese conociendo a todos los monstruos, también es que me habían pedido que volviese a visitarlos sin estar enfadada. Una vez en la dimensión atemporal de oscuridad eterna, le expliqué todo lo que Tony me había contado acerca de AJ, así como el encargo que nos había hecho.

- Me lo estaba imaginando, ¿sabes? - Reconoció mientras paseábamos por una especie de valle.
- ¿Del mismo modo que adivinaste que Isabel era bruja? – Le pregunté.
- Sí. – Sonriéndose ante mi desconcierto. – Isa siempre fue muy discreta en todo lo referente a usar su magia delante de mí pero, en algunas ocasiones, la encontré haciendo gestos similares a los que tú haces cuando practicas magia sin varita. También el ver lo agotada que estaba después del asalto al tren. Sabía que había algo más aparte de pelearse con tanto vampiro.
- Eres muy observadora, cariño.
– Besando su mano.
- Recuerda que descubrí que eras un vampiro en menos de una semana. – Guiñándome un ojo con picardía.
- Vale, pero era demasiado evidente al principio, ¿no crees? – Reconocí.
- Sí, no es que ocultases muy bien lo incómodo que estabas rodeado de tantos humanos blanditos y frágiles. – Ambos nos reímos de aquellos primeros días que parecían tan lejanos en el tiempo. – Supongo que a partir de ahora vamos a cambiar un poco el recorrido para asistir a clase… - Su mente ya estaba trabajando en posibilidades para evitar que Isabel se encontrase con AJ.
- No pensé que eso de buscar almas fuese tan complicado. – A medida que paseábamos le daba vueltas al momento en que Hermione le entregó su varita a Isabel. – Cariño, ¿cómo te las arreglaste para conseguir la varita apropiada para Isabel? – Le pregunté, pues era algo que siempre me había intrigado.
- Fácil. – Sonriéndose y poniendo esa pose de marisabidilla que tanto me gustaba. – Acudí al único que es capaz de conocer todos los secretos de cada uno de la familia. – La miré sin llegar a comprender a quién se refería. - ¡Tony! – Exclamó unos segundos más tarde. – Es el único que sabe toda la verdad acerca de nuestras vidas, conoce incluso aquellos aspectos más destacados de nuestro futuro. Resulta que, cuando estábamos estudiando en la biblioteca aquel día, me acerqué a la sección prohibida que era donde estaban Tony y Jules. Con un cartelito, que logré escribir sin que Isabel se diese cuenta, le pedí a Tony que detuviese el tiempo, de tal manera que nadie nos pudiese escuchar, mucho menos Isa. No quiso confirmarme si era o no una bruja, porque, ahí donde lo ves, con todo lo sádico y cruel que puede llegar a ser, está comprometido con su tarea y no revela nada a nadie, salvo aquello que sea inevitable o imprescindible. El caso es que se fue al callejón Diagon con Pansy y le dio una descripción exhaustiva a Ollivander de Isabel y Julia para que le diese las varitas más apropiadas para cada una. Cuando volvieron, metió la caja discretamente en mi mochila y estuvo esperando impacientemente hasta que se la di a Isabel para darle las suyas a Julia y Lameth.
- Entonces también tuvo que describirle la vida y milagros de Lameth a Ollivander, ¿no?
– Comenté.
- No, cariño. La varita de Lameth llevaba siendo custodiada por los Ollivander desde que empezaron en el negocio de las varitas. Es su primera varita. Por eso no tuvo ningún tipo de reacción al sacarla de la caja, ya la había tenido hacía más de seis milenios y medio.
- Veo que Tony te cuenta muchas cosas. No tenía ni idea de que os llevaseis tan bien. –
Reconocí.
- Tony se ha portado muy bien conmigo desde que le defendí en Navidades. – Comentó. – Además, le encanta llevarme al pasado para que vea las cosas cómo eran en realidad. – Con una sonrisa. – Supongo que, como ha estado tan ocupado separando a Isabel de AJ, no ha podido continuar con mis clases de Historia. Debe de estar agotado. – Sintiendo lástima por el druida.
- A lo mejor me puedes explicar algo que no logro entender desde que hablé con Tony. Dijo que AJ recordaría dos mil años de vidas pasadas, pero Isabel tiene poco más de seiscientos años. ¿Acaso AJ recordará vidas anteriores incluso a que estuviesen juntos?
- Cariño, Isabel tiene muchos más de seiscientos años. –
Respondió Hermione. La miré sorprendido, no entendía cómo era eso posible. – Durante las Revueltas Anarquistas que dieron lugar a la división entre Sabbat y Camarilla, Isabel fue atacada brutalmente por uno de ellos. Las heridas que sufrió en la cabeza fueron tan graves que le provocaron una amnesia total. – Me dirigió una mirada en la que se veía lo mucho que le dolía saber aquello. – Isabel tiene, exactamente, dos mil seiscientos cincuenta y un años, pero sólo recuerda los últimos seiscientos. AJ sí recordará todas las vidas que han compartido, pero Isa no. No puedo ni imaginar lo doloroso que eso debe de resultar para AJ. – Abrazándome en busca de un calor que no podía darle en mitad del Abismo. – Supongo que no lo sabías porque la propia Isabel lo desconoce, aunque… ¿nunca te diste cuenta de que muchas veces termina las frases con "que yo recuerde"?
- Pensé que era una broma privada entre ellos.
– Respondí. – Supongo que ahora comprendo por qué siempre la presiento cuando se acerca, igual que con Lameth y Ennoia. Es más vieja incluso que mi sire.
- Su sire también lo pasa muy mal, ella no le recuerda en absoluto. –
Añadió. – Tony me dijo que le perseguía cada poco tiempo para que le dijese quién había sido el responsable de que su chiquilla sufriese esas heridas tan severas, pero él no puede decírselo, no hasta que Isabel lo recuerde todo de nuevo.
- Pero los vampiros nos recobramos rápidamente de nuestras heridas con la sangre. Isa ya debería de recordarlo todo…
- Draco, el cerebro es un órgano demasiado complicado como para esperar que se arregle sin dejar algún fallo. Ya es todo un logro que sea capaz de caminar, hablar y usar la magia. Puede que el trauma provocase que esa parte de su memoria no pueda salir a la luz sin el estímulo apropiado. Antes me apenaba por Haquim, pero ahora sé que quien peor lo debe de pasar es AJ.
- ¿Haquim?
– Pregunté sorprendido y deteniendo nuestro paseo. - ¿El sire de Isabel es Haquim?
- Claro. ¿Quién creías que era? ¿Tetmes? –
Riéndose de mi expresión de asombro al escucharle nombrar a uno de los Duat de Alamut. Realmente es aterrador el comprobar cuánto sabe Hermione de cada uno de nosotros. – Además, Isa es descendiente directa en línea materna de Haquim.


Todas esas revelaciones que me hicieron Hermione y Tony rondaron en mi mente durante mucho tiempo. Ahora comprendía mucho mejor a Isabel y ya no me metía tanto con ella, sólo cuando tenía que alejarla del camino de los Ravenclaw. Hermione también se entregó por completo a la tarea de mantenerla ocupada y la obligó a ayudarla con todos sus deberes, consiguió que Dumbledore aprobase el que los desayunos y las cenas tuviesen lugar en las salas comunes, con la excusa de que así los alumnos no perdían un tiempo precioso que podían emplear en estudiar. Se las arregló también para que, durante las pocas comidas que tenían lugar en el comedor, Isabel siempre tuviese algo o alguien frente a ella de tal manera que no pudiese mirar a la mesa de Ravenclaw. Convenció a Ginebra para que le diese un horario completo de AJ e hizo lo posible porque Isabel no coincidiese de ningún modo en el pasillo con ella. Pero comprobamos lo que decía Tony, parecía que se buscasen de manera inconsciente, porque muchas veces Isa intentaba ir hacia la torre de Ravenclaw en lugar de a la de Gryffindor, o aparecía Ziva sola en mitad de un corredor en el que no tenía que estar. Pronto compartimos la misma paranoia de Tony y veíamos a Ziva en todas partes.

Tony aprovechaba el tiempo que Isabel empleaba en mejorar las murallas del castillo para impartir las clases de historia de Hermione. Pero se notaba que estaba agotado y no podía controlarlo como era debido. En más de una ocasión volvieron del pasado en un momento incorrecto, en mitad de clase, horas más tarde, una vez casi estuvieron desaparecidos un día entero. Lo que provocó que Isabel se pusiese furiosa por no poder proteger como era debido a Hermione. También provocaba situaciones incómodas para Hermione. En una ocasión entró corriendo a la clase de Encantamientos vestida de egipcia, no se parecía en nada al disfraz de Cleopatra que había llevado Pansy en Halloween. No, Hermione estaba vestida de pies a cabeza como una integrante de la corte de un faraón egipcio. Todos la miraron sorprendidos y desconcertados. Otra vez, apareció con el atavío de una joven romana, no eran los fastos imperiales, sino que era la austera túnica que se llevaba durante la república.

A Lucian casi le da un ataque cuando se la encontró vestida igual que en la época en que él había nacido. Se dedicó a revisar su atuendo de arriba abajo con gesto aprobatorio. Al menos no apareció de esa guisa en clase, sino en una de nuestras reuniones de los viernes. Durante ese lapso de tiempo en que estábamos todos juntos, Tony se permitía el lujo de dormir y descansar en brazos de Julia y Pansy, ambas lo mimaban y le dejaban tranquilo. En una ocasión incluso le pidió un cojín a Isabel, con la tirria que les tiene.

El último de los lapsus de Tony con las clases de Hermione, creí que me daba un ataque o que ella encontraba el método de matarlo. La visión era totalmente onírica. Tanto ella como Julia venían corriendo por los corredores del castillo, sus pies volaban por las losas sin apenas pisarlas, las faldas de seda producían un delicioso murmullo a su paso, el pecho aprisionado por el corpiño subía y bajaba con la respiración de Hermione, las mejillas sonrosadas por el ejercicio. Su melena increíblemente cepillada hasta conseguir que cayese como una cascada por sus hombros, adornada con perlas y con una diadema de seda y pedrería que impedía que nublase su vista, ondeaba a su espalda a causa de la rapidez con la que corría para llegar a tiempo a la clase. Las esperaba en la puerta y la mantenía abierta para que entrasen delante de mí, pero no me perdí la mirada atónita que les dirigió Snape al verlas entrar con ese atuendo. Sólo el escote quedaba al descubierto, pues las faldas del vestido y la bata llegaban hasta el suelo en cuanto las soltaron, las mangas bajaban hasta sus muñecas y colgaban graciosamente hasta ocultar sus manos cuando se relajaron. Creo que dejó de respirar cuando vio que Julia sacaba la varita del valle que formaban sus pechos, con un gesto calculadamente lento.

- Sentimos mucho la tardanza, Severus. – Le dijo la nigromante con su voz aterciopelada. La única de las dos que podía hablar pues Hermione aún intentaba recuperar el resuello a pesar del corpiño. – Mi esposo consideró que sería interesante que Hermione conociese la corte de Enrique VIII. Sé que no es excusa suficiente, pero… - aleteando con sus pestañas y permitiendo que el embriagador perfume que llevaba llenase la mazmorra. – Me gusta tanto esa época. – Suspiró afectadamente.
- Claro… Enrique VIII… comprensible. – Carraspeó. – Vamos a preparar un ungüento que se utiliza en los tratamientos de quemaduras por fuego de Dragón. – Lanzándome una mirada cargada de doble intención. Como si yo hubiese tenido la culpa de que ellas dos apareciesen tarde y con esos vestidos.


Se estaba acercando el día de San Valentín y, en todo el colegio, empezó a respirarse esa atmósfera siempre cargada de feromonas y ansiedad que precedía a esa fecha en particular. Nosotros también empezamos a ponernos un poco nerviosos, no por la fecha en sí, sino porque venía acompañada de la primera visita a Hogsmeade. Cuando Lucian se dio cuenta de que buena parte del alumnado saldría de los terrenos del castillo para dispersarse por todo un pueblo, casi tiene un ataque de ansiedad junto con Tony. Imagino que el pobre druida estaba temiendo las incontables peripecias que tendría que orquestar para que Isabel y AJ no se encontrasen durante la visita.

Mi sire intentó que Dumbledore anulase la visita, pero no obtuvo ningún éxito con el director. Dumbledore consideraba que era necesario que los alumnos hiciesen una vida normal, creía incluso que sería beneficioso para ellos el salir del castillo para relajarse. Tanta relajación era lo que preocupaba a Lucian. Sabía que el Sabbat no necesariamente iba a dejarlo en el ataque al tren y temía que aprovechase ese momento para volver a intentarlo. Sus planes para evitar un desastre comenzaron por hacer que más de sus ghoules viniesen al castillo. Aparte de Dominique y Laurent, en la fortaleza siempre había un contingente de sirvientes que se encargaba de la seguridad y del mantenimiento de la misma. Un destacamento de cincuenta guardias se presentó una semana antes de la visita, organizaron un perímetro de seguridad en torno al pueblo, revisaron los planos en busca de puntos débiles por los que pudiesen atacar.

Los alumnos recibieron la noticia con aprehensión, muchos creían que Lucian intentaba hacerse con el control de Hogwarts con tantos guardias a su servicio, todos ellos armados y preparados para el combate. Comenzaron a circular rumores de que Dumbledore estaba siendo influenciado por tanto vampiro y que los profesores también se estaban dejando controlar. Nada más lejos de la realidad, pues Luc no quería otra cosa que protegerlos con todas estas medidas y los profesores veían que tenía razón en intentar asegurar aquella salida.

Los guardias ocuparon un ala del castillo que había visto épocas mejores, aquellas en las que había muchos más alumnos y profesores viviendo en Hogwarts. Tony pudo relajarse el día en que Isabel y Julia se encargaron de acondicionarlas para ellos. Eliminaron las aulas en desuso y organizaron habitaciones, un comedor y varias salas de descanso para los guardias. Ellos se lo agradecieron trayendo consigo algunos enseres que las vampiras habían solicitado de sus propias dependencias en la fortaleza. No me extrañó en absoluto que Isabel fuese la encargada de organizar la armería, sellándola de tal manera que ningún alumno pudiese acceder a las armas de fuego que se guardarían en ella.

- Lo siento mucho, Luc, pero eso es lo que he oído por los corredores de camino aquí. – Se disculpó Zach. Acababa de contarle la fantasiosa idea que todos compartían de su intento de controlar el castillo.
- ¡Pero si es una soberana estupidez! ¿Para qué quiero yo un castillo ruinoso repleto de magos y con un sistema de seguridad tan deficiente que no se resolvería aunque lo tirase y lo reconstruyese desde la primera piedra? – Se lamentó dejando caer su cabeza sobre el regazo de Ginebra.
- Supongo que creen que quieres crear un ejército de magos vampiros. – Propuso Isabel desde su otomana mientras daba un sorbo a su té.
- ¡Ridículo! – Exclamaron Lara y Luc al unísono.
- Tranquilo, Luc. – Intenté calmarlos. – Es una hipótesis como cualquier otra, no te hagas cruces por lo que digan…
- Perdona, cachorro, pero me parece insultante que siquiera se les pase esa idea por la cabeza. –
Lara se puso en pie, descargando contra mí su frustración. – No necesito un ejército de niñatos para nada. He estado tras los tronos de todos los reyes y reinas de la creación, he guiado sus pasos, adulado sus egos y corrompido sus almas sólo por el placer que eso me aportaba. Durante siglos he creado y destruido imperios con el mero movimiento de mi meñique. – Tomó una fina copa de la mesa repleta de burdeos y se acercó a los ventanales para observar los terrenos. - ¿Ves esto? ¡Pues no existiría si a mí se me hubiese ocurrido susurrar una sola palabra en los oídos de Elizabeth Tudor! En lugar de enorgulleceros de vuestra maravillosa Commonwealth estaríais bailando flamenco o tocando la pandereta para el Rey de España. – Cerró los ojos y pellizcó el puente de la nariz con dos dedos, con un gesto de frustración. – Cuánto echo de menos a Elizabeth… - Murmuró.
- Corría verdadero fuego por sus venas… - continuó Lucian aún aparentemente relajado en el regazo de Ginebra. – Esa mujer revolucionó el mundo, igual que lo hizo Leonor. – Se rió con sorna. - ¡Por la Santa Virgen! – Se levantó furioso. – No seríais nada si no le hubiese tomado aprecio a vuestra maldita isla desde que ella puso un pie en ella. Yo fui quien sostuvo las manos de Ricardo cuando dio sus primeros pasos en esta tierra… desde ese día me comprometí a proteger todo aquello que hubiese pertenecido alguna vez a esa mujer.
- ¡Esos mocosos agita palitos no son más que una pandilla de desagradecidos que no tienen ni idea de lo que estamos haciendo por ellos! –
Lara arrojó la copa al suelo donde se hizo añicos.
- ¿Quieres dejar el melodrama? – Protestó Tony lanzándole un cojín de Isa a la cabeza. - ¡Esta es mi puta isla desde antes de que siquiera te saliesen los dientes de leche y pienso defenderla hasta la extenuación pero no tengo por qué soportarte a ti y a tus ansias de grandeza durante el proceso! – Levantándose más furioso que ellos dos, sus ojos seguían mostrando las pupilas de reloj de arena. – Sé perfectamente lo que significaron todas ellas para ti, Luc, pero no te permitiré que reclames toda la gloria de Britania sobre tu cabeza. ¿O te has olvidado de lo que me costó acabar con la Armada Invencible? ¿Ya no recuerdas todo lo que tuvimos que pasar juntos en Cantón y Hong Kong? ¡Esta es mi tierra y mi madre, no la tuya, sajón de mierda!
- ¿Qué me has llamado?
– Tanto Lucian como Lara se enfrentaron a Tony, lo único que estaba en medio de esos tres cafres era una enclenque mesa.
- Lo has oído perfectamente
- No lo repitas, Tony.
– Pidieron Ennoia y Lameth poniéndose también en pie y frente a sus protegidos. Olían el peligro con estos dos discutiendo. Yo también me situé frente a Hermione para protegerla de lo que fuese que esos tres pudiesen hacer.
- Sí, Tony, repítelo. – Se burló Lara. - Debe de ser la edad o tantos golpes en la batalla, no he oído bien lo que me has dicho.
- A ver…
- Isa se subió a la mesita con las dos espadas desenvainadas. - ¿Cómo os lo explico? Al primero que se mueva, le rebano el pescuezo. ¿Suficientemente claro?
- Apártate.
– Le exigió Luc que ahora parecía estar siendo retenido por los brazos de Lameth, igual que Lara era reducida por Ennoia. – ¡Soltadme que le mato!
- Cierra el pico, amor. –
Julia atrajo a Tony y le obligó a besarla con fuerza, impidiendo que se alejase de ella. – Ya has metido la pata lo suficiente.
- ¡Si estuviesen aquí Cesar o Calebros no serías tan gallito, maldito picto adorador de árboles! –
Siguió protestando Lucian a pesar de estar luchando para librarse de la presa de Lameth.
- Cuando despiertes, me lo agradecerás. – Sin más preámbulos, Lameth le asestó un puñetazo al mismo tiempo que Ennoia hacía otro tanto con Lara, ambos cayeron inconscientes. – Mira que se pone tonto cuando le tocas la fibra sensible. – Se levantó y miró en dirección a Tony y Julia, enlazados aún en un beso interminable. - ¡Idos a una habitación, maldición! – Protestó agotado.

Era evidente que los nervios estaban a flor de piel incluso entre nosotros. Todos los magos habían observado aquel intercambio de insultos absolutamente atónitos. No sé si, aparte de Hermione, alguno se habría percatado del peligro en que habían estado sus vidas durante ese breve lapso. Era muy probable que no. No me cabía duda de que tanto Tony como Lucian estaban al borde del colapso o de cometer un genocidio sólo para descargar parte de la frustración que les dominaba.


Pero los esfuerzos de Lucian y sus guardias dieron como resultado una visita a Hogsmeade totalmente tranquila y sin contratiempos. Ninguno de los alumnos pudo quejarse o siquiera darse cuenta de la presencia de toda la seguridad que se desplegó en la pequeña población de magos, sin embargo en todo momento y en cada uno de los establecimientos visitados, hubo al menos uno de los ghoules cuya misión principal era protegerles. Aunque pocos de los Sabbat podían llegar a presentarse a pleno día y arruinar aquella salida de los alumnos, de todos modos podían haber enviado algún ghoul para estudiar la situación.

A pesar de que la salida se suponía que era la que todas las parejitas aprovechaban para desmarcarse de sus amigos y hacer manitas en los distintos rincones del pueblo, nosotros decidimos ir en grupo, como si de esa manera impusiésemos un ejemplo a todos los demás. Fue divertido cuando entramos en el establecimiento de Madame Puddifoot y reunimos varias mesas para tomar el té. La señora no comprendía ese comportamiento tan poco al uso en esa fecha, pero no dijo nada y sólo tomó nota de nuestras consumiciones, probablemente se tranquilizó cuando vio que en realidad todos íbamos con nuestras respectivas parejas.

- ¿No está un poco recargado? – Comentó Isabel cuando un querubín dejó caer confeti sobre su cabeza.
- Créeme, es la decoración habitual en esta fecha. – Se sonrió Blaise. – Se supone que las parejitas hacen manitas y les parece romántico.
- Pues a mí me gusta.
– Comentó Julia recogiendo un puñado de confeti para echarlo sobre la cabeza de Tony. - ¿Qué opinas tú, cariño?
- Reconozco que me está dando unas cuantas ideas divertidas. –
El druida atrajo a su mujer contra él y la besó mientras hacía que una lluvia de confeti cayese sobre el canalillo de su escotado vestido rojo. – Me encantará ayudarte a quitarte cada uno de esos papelillos por la noche. Te aseguro que no quedará uno solo por tu piel cuando termine.
- Lo sé, amorcito. –
Intercambiando una mirada lujuriosa con su marido.

- ¿En tu época se celebraba San Valentín? – Le preguntó Zacharias a Ennoia.
- Me temo que no, en realidad no entiendo muy bien esta fiesta. – Se encogió de hombros y le dio un sorbo a su chocolate caliente. – Pero me parece divertido y una buena excusa para hacer regalos. – Sonriendo y acariciando su muslo bajo la mesa. – Espero que no te importe que no te entregue el tuyo hasta esta noche, Zach.
- En absoluto. – El rostro del chico se iluminó. – El mío también tiene que esperar un poco.
- ¿Me tienes un regalo? –
Lo miró sorprendida. - ¡Zach, no tenías por qué molestarte! Espero que no te sientas obligado a hacerlo sólo porque yo voy a hacerte uno…
- Tranquila, En.
– Tomó su mano y la besó gentilmente. – Es algo que llevo pensando desde hace un tiempo y… - guiñándole un ojo a mi novia. – Con un poco de ayuda de Hermione pude terminarlo a tiempo para la fecha.
- Eres un encanto.
– Y tomó su rostro para besarlo también.

- Yo os tengo una sorpresita para esta noche también. – Les dijo Ginebra a Lucian y Lara. – Harry ha accedido a echarme una manita y hoy volverá al dormitorio de Gryffindor para que podáis disfrutarla por completo.
- ¿Qué se te habrá ocurrido, mi pequeña diablesa?
– Preguntó Lucian con genuina curiosidad.
- Si te lo dijese, dejaría de ser una sorpresa. – Le replicó la pelirroja tomando sus labios para distraerlo.
- Es un detalle que nos indiques este cambio de dormitorio de Harry, porque así podremos dejarle su regalo encima de su cama para que lo vea nada más entrar. – Comentó Lara con un guiño pícaro hacia el joven Gryffindor.
- ¿Me tenéis un regalo? – Se sorprendió el chico. – ¡Vaya! Siento deciros que soy un desastre para estas cosas y no fui capaz de…
- No te disculpes, Harry. No es necesario que nos correspondas, es un placer para nosotros poder hacerte ese obsequio en particular.
– Le interrumpió Lara, puesto que Lucian no podía ya que seguía besando a Ginebra con dedicación.

- ¿Puedo darte ahora mi regalo, Dirk? – Susurró Lavender al oído del atlante.
- No debías haberte molestado, mi dulce florecilla. – Le dijo él abrazando sus hombros con ternura. – Tú dulzura es el único regalo que deseo. – Depositando un suave beso en su mejilla.
- Sólo quería mostrarte lo mucho que te aprecio. – Siguió susurrando mientras seguía con un dedo uno de los tatuajes del atlante, ahora visibles para ella desde que se había convertido en su ghoul. – Toma. – Entregándole un pergamino cerrado con lacre y el sello de Lameth.
- ¡Está en arameo! – Se sorprendió el capadocio cuando lo abrió y comenzó a leer lo que allí ponía. – ¿Me has escrito una poesía en arameo, florecilla? – Le preguntó con una sonrisa que iluminó su rostro.
- Me costó un poco conseguir las rimas, pero quería demostrarte lo mucho que deseo aprender. – Se sonrojó. – Perdóname si la métrica no es la apropiada. – Bajando la vista, azorada y contrita.
- Lavender, pequeña mía. – Alzó su barbilla con delicadeza para obligarla a mirarle. – Es lo más hermoso que nadie ha hecho jamás por mí. Te aseguro que es perfecta. – Besándola tiernamente en los labios.

- Creo que no puedo tomar mi chocolate… - resopló Isabel alejando la taza.
- ¿Te ha caído confeti? Si quieres te pido otro. – Propuso Blaise.
- No, es que creo que mi organismo no puede soportar tanto azúcar de una sentada. – Señalando con un gesto a la concurrencia acaramelada a su alrededor. – A este paso voy a necesitar un chute de insulina. A pesar de ser vampira voy a desarrollar diabetes con tanta parejita glucosada por aquí. – Miró de reojo a Blaise. - ¿Tú no habrás maquinado hacerme un regalo, verdad? – Le preguntó con cierto malestar. – Porque siento decirte que yo no tengo nada preparado como esta pandilla de dulzones.
- Sí que te tengo un regalo. –
Le respondió mi amigo con una sonrisa. – Pero no esperaba nada a cambio. – Reconoció él. – Reconozco que cada día que me permites pasar a tu lado, ya es suficiente para mí.
- ¡No te me pongas romanticón, por favor! –
Se lamentó la Assamita.
- No me pongo romanticón. – Protestó Blaise. – Es la pura verdad. – Con una media sonrisa en sus labios. – Eres una mujer hermosa, flexible y con siglos de experiencia: Eres el sueño de cualquier adolescente heterosexual con un exceso de hormonas. – Reconoció divertido. – Lo que pasa es que quería que tuvieses un recuerdo mío, aparte de las noches que pasamos juntos. Nada más.
- Bueno, si me lo planteas así… aceptaré gustosa tu obsequio y te lo agradeceré en su justa medida. –
Guiñándole un ojo.

- Yo también te tengo un regalito, cariño. – Me dijo Hermione poniendo una cajita de terciopelo en mi mano. – Lo hice con mis manos, gracias a las clases que me ha estado dando Lucian.
- ¿Qué clases? –
Pregunté mientras abría la caja. Dentro estaba un sello de plata rodeado de satén negro, cuando observé el dibujo distinguí el escudo de los Lasombra mezclado con el de Slytherin en un complicado dibujo.
- Me ha enseñado a moldear y trabajar con distintos materiales. – Tomó el sello y lo deslizó en uno de mis dedos. – El dibujo fue un poco complicado, pero creo que he terminado por encontrar una combinación apropiada entre las dos casas más importantes para ti. Tanto la de tu estirpe vampírica como la de tu alineación como mago… - No le permití terminar con la explicación, pues mis labios ya estaban sobre los suyos, acariciándolos con toda la ternura que aquel gesto había despertado en mí. – Deduzco que te ha gustado.
- Amor mío. –
Sonreí. – Sabes que habitualmente se hacen regalos que sólo sirvan para adornar una estantería, ¿verdad? – Ella también se sonrió y al mismo tiempo se sintió intrigada por el rumbo de mi discurso. – Pues yo he querido hacerte un regalo que no vas a utilizar nunca y que adornará una estantería. – Posando un gran paquete en la mesa.
-¿"1001 pociones de amor y sus antídotos"? – Me miró con curiosidad cuando leyó el título del libro.
- Nunca tendrás que usarlo conmigo pues ya te amo con cada fibra de mi ser. – Ahora fue ella la que asió mi nuca y me atrajo hasta sus labios, sellando los míos con un ardiente beso.
- Además las pociones no surten efecto en tu organismo de vampiro. – Su risa agitó su cuerpo de un modo delicioso.
- Eso, además. – Alzándola de su asiento para sentarla en mi regazo y continuar besándola apasionadamente. – Un regalo totalmente inútil y que sólo criará polvo en tu estantería.

Supongo que con tantas muestras de romanticismo, Madame Puddifoot quedó satisfecha de que nos dejásemos llevar por el ambiente que había creado en su establecimiento, a pesar de haber ido en grupo y desorganizado el mobiliario. Aunque dejamos algo asombrados a los otros clientes del lugar, supongo que no entendían que un grupo de magos estuviese tan acaramelado con unos vampiros sanguinarios y con fama de sádicos. Sin embargo, ese tipo de cosas las dejábamos para los Sabbat, ahora Lameth mostraba ser un compañero tierno y dulce con Lavender, Ennoia jugaba con el cabello de Zach y le regalaba sonrisas propias de una adolescente enamorada, Lucian y Lara no cesaban de besar y acariciar a sus respectivos magos, Julia y Tony se dejaban ver como si fuesen una pareja de recién casados, en mis ojos sólo se leía el profundo amor que sentía por Hermione, e incluso Isabel se permitió hacerle unas cuantas carantoñas a Blaise.


Cuando nos separamos en el vestíbulo, una vez de vuelta en el castillo, reconozco que me entró curiosidad por conocer los regalos que cada uno tenía planeado hacerle a sus parejas. Sobre todo tras haber estado hablando de ellos de manera tan intrigante durante el té. Me dije que no pasaba nada por echar un vistazo a través de las sombras y enterarme de los detalles menos comprometidos de lo que ocurriese en sus dormitorios, tampoco es que quisiese entrometerme más de lo debido en su intimidad.

Me sorprendió, por ejemplo, que Ennoia y Zach habían tenido ideas similares en sus regalos. Ella le obsequió con una flamante lechuza parda a la que le había dado unas gotas de su sangre, de esa manera la lechuza viviría por muchos años sin perjuicio de salud alguno, sería más resistente a las inclemencias del tiempo, podría realizar viajes mucho más largos y con mayor rapidez. Zach quedó asombrado cuando ella le relató todas las ventajas que tendría su nueva lechuza y reconoció que le había apenado el que, la vieja lechuza que su familia usaba, ya no pudiese acompañarle al castillo. A su vez, él le tenía un regalo muy curioso para ella, algo sabía por los comentarios que me había echo Hermione al respecto de la ayuda que ella le había prestado, pero de todos modos también quedé maravillado, igual que Ennoia, cuando observé el cuidado que había dedicado para que fuese perfecto para la antigua Gangrel. Le regaló un zoo en miniatura con una gran variedad de animales completamente vivos pero en una escala reducida. No había escatimado ningún detalle, sabía que Hermione le había asistido principalmente en lo que se refería a la distribución y todo lo relacionado con el mundo muggle, pero no esperaba que hubiese sido capaz de recrear con tal precisión un zoo. No le faltaba nada, tenía una zona dedicada a delfines, orcas y pingüinos, otra para grandes felinos, un aviario en el que distintos tipos de aves revoloteaban en las grandes jaulas. Barritaban los elefantes mientras las cebras pacían tranquilas, los chimpancés se columpiaban de rama en rama al mismo tiempo que las hienas se reían en su jaula. Era asombroso.

- Sé que los animales son tu pasión, En. – Le dijo mientras observaba el rostro de la antigua con detenimiento. – Siento que tengan que estar en jaulas, pero no sería buena idea que se escapasen… al ser tan pequeños se podrían…
- No digas nada.
– Ennoia detuvo sus labios con sus dedos, mirándolo directamente a los ojos. – No estropees la magia. – Le pidió en un susurro. – Es perfecto, Zach. De verdad. – Tomó su mano y lo llevó hasta la cama. – Jamás pensé que la magia pudiese ser tan hermosa. Gracias. – Rodeó su cuello para besarlo y fue entonces cuando dejé de observarles.


Seguí a través de la penumbra de las escaleras los movimientos de Lameth y Lavender, el atlante vendó los ojos de la joven con un lazo de seda antes de abrir la puerta de sus dependencias. La guió con cuidado hasta situarla en el centro de su dormitorio y fue entonces cuando deslizó la venda. Lavender pudo entonces comprobar que el atlante había redecorado la estancia en una absoluta dedicatoria para ella. Las paredes estaban cubiertas de enredaderas cargadas de rosas púrpura, el suelo era un manto de lavandas y el techo una réplica de un cielo estrellado en una noche de verano. La zona en la que estaba el estudio tenía una pérgola sembrada de diminutas flores y bajo ella estaba preparada una mesa para ellos dos con una cena que mi olfato me indicó había sido preparada por René. El lecho también estaba cubierto de flores de lavanda y toda la habitación estaba impregnada por su perfume. El atlante había convertido la estancia en un verdadero vergel para la doncella a la que siempre se refería en términos florales.

- Dirk… yo… - Una lágrima se deslizó por su mejilla. – Es tan… - Se atragantó. Lameth acarició su mejilla enjugando la gota con sus dedos. – No merezco…
- Lo mereces, Lavender. –
Depositando un suave beso en sus labios. – Mereces un Edén sólo para ti. A pesar de conocer mi verdadero aspecto no has dejado de ser dulce y tierna conmigo, eres la persona más pura que jamás he conocido. Un paraíso en este mundo terrenal no sería suficiente para poder mostrarte todo mi afecto.
- ¿Cuántas veces tengo que decirte que tus tatuajes no son feos? –
Siguiendo el curso de uno de los que adornaban su brazo con un dedo. – Sigues siendo mi dulce Dirk. – Abrazándose a él con lágrimas en los ojos. – Creo que soy la chica más afortunada del mundo por tener a un vampiro tan tierno como tú.


Me quedé completamente estupefacto al comprobar que en el dormitorio de Jules y Tony no había un despliegue propio de una sala de torturas sino que estaba cubierto de velas que despedían una dulce fragancia a rosas cuando abrieron la puerta. Lo único que desentonaba en la escena romántica, eran los cuatro zombies que estaban situados en las esquinas de la habitación, pero sabía que eran los sirvientes de Julia y que para esos dos ni siquiera existían. En cuanto cerraron la puerta, Anthony tomó a Julia en brazos, con un gesto de su mano empezó a sonar una suave melodía en la estancia.

- Amor mío, esta noche es sólo para nosotros. – Anthony besó a su esposa como si fuese un recién casado.
- Lo sé, vida mía. – Jules rodeó el cuello de su marido. – Echaba tanto de menos una noche tranquila.
- Aunque estemos juntos eternamente no puedo dejar de verte como si fuese la primera vez. –
El techo estaba cubierto de rosas rojas que dejaban caer sus pétalos en una lenta lluvia por toda la habitación.
- Sabes perfectamente que para mí todas las noches a tu lado son una eterna noche de bodas. – Le susurró ella. – En tus brazos siempre me siento como una doncella débil e indefensa.
- Mas jamás permitiré que sufras daño alguno, mi ángel. Sin tu amor no podría existir un segundo en este mundo. Tus ojos cargados de ternura son los luceros que alumbran mi vida.
- Que las estrellas nos acompañen en esta noche sin fin, mi amor. –
Los muros desaparecieron con un mero gesto de su mano para quedar sólo el tálamo en medio de una noche estrellada, aún bajo la lluvia de pétalos que descendían con extrema lentitud.

No quise inmiscuirme más en una escena tan atípica de ese matrimonio. No daba crédito al haber observado un intercambio tan cargado de amor entre ellos dos. Suponía, como la gran mayoría, que en la intimidad de su dormitorio se dejarían llevar por su pasión a las torturas, jamás habría imaginado que el amor entre ellos pudiese llegar a ser algo que los uniese de esa manera. Comprendía ahora que ellos se veían arrastrados por el mismo torbellino de ternura y cariño que yo sentía hacia Hermione. Su secreto estaría a salvo conmigo, no revelaría aquello que mi curiosidad me había llevado a descubrir.


Una escena completamente diferente se desarrollaba en las dependencias de mi sire. Cuando llegaron a la pequeña antesala que dividía los dos dormitorios de Lara y Lucian, Ginebra les pidió que se fuesen a cambiar de ropa y que esperasen diez minutos antes de volver allí. A mi sire no le importó seguir sus instrucciones pues también estaba intrigado por lo que se le hubiese ocurrido a su joven ghoul. En cuanto desaparecieron por las puertas de sus alcobas, Dominique y Laurent entraron en la sala y ayudaron a Ginebra a preparar la sorpresa. Con la varita apartó los sofás contra la pared e hizo aparecer una gran mesa. Se desnudó y con otro movimiento rápido de varita se aseó para estar perfecta para ellos. Subió a la mesa con ayuda de Laurent y se tumbó sobre ella. De inmediato los dos secretarios de mi sire comenzaron a cubrir su cuerpo con la comida que habían llevado en unas bandejas, nuevamente René, nuestro cocinero favorito, era el artífice de los manjares destinados a ser ingeridos aquella noche. En cuanto terminaron, los dos sirvientes se fueron dedicándole un guiño a la joven pelirroja. El rostro de mis sires mostró perfectamente su sorpresa cuando se encontraron con la curiosa sorpresa que Ginebra les había reservado.

- Pensé que os gustaría disfrutar de una cena en mi compañía. – Les comunicó con una sonrisa, sin poder ver sus caras aunque adivinando perfectamente que estaban complacidos por su presente.


Harry se había despedido de nosotros en el segundo piso, pues Hermione y yo pasaríamos la noche en mi cámara, la cual había acondicionado para una noche romántica y relajada. Pero no quise perderme su cara al encontrarse con el obsequio que mis sires le tenían preparado. Cuando entró en la sala común de Gryffindor, muchos le dirigieron miradas llenas de curiosidad, les extrañaba que estuviese precisamente esa noche allí cuando todos sabían que dormía siempre con Lara desde su llegada al castillo. Conociendo su costumbre de no hacer comentarios, no le preguntaron o dijeron nada, sólo lo saludaron con cierta reserva.

Subió las escaleras con rapidez, se notaba que también estaba intrigado por la críptica explicación de Lara durante el té y quería saber qué le estaba esperando en su cama. Al entrar en el dormitorio vio que las cortinas de su cama estaban echadas, saludó a Ronald, Thomas y Finnigan y se dirigió hacia la cama con paso apresurado. Su mandíbula se desencajó al descorrer la cortina y encontrarse con el "regalo" de Lucian y Lara.

Recostada en la cama, como si acabase de despertar de un reparador sueño, estaba Felicia. Su cuerpo estaba rodeado de una delicada cinta de seda que ocultaba a duras penas sus encantos a las miradas asombradas de los compañeros de cuarto de Harry.

- ¡Sorpresa! – Exclamó con su voz cantarina. – Estaba deseando de que llegases, tigre. – Ronroneó mientras se lanzaba a su cuello. - ¡Te he echado tanto de menos! – Hundió sus dedos en el alborotado cabello de Harry mientras le obsequiaba con un ardoroso beso.
- Feli… - Pudo decir apenas el joven Gryffindor.

De inmediato la rodeó con sus brazos y se abandonó a sus labios, completamente ajeno a las expresiones de sus amigos. Pero debió acordarse de su presencia cuando empezaron a carraspear al ver que la chica tiraba de él hacia el lecho y él no hacía nada por impedírselo. Se separó renuentemente de ella y se giró para verles. Finnigan y Thomas estaban boquiabiertos, incluso se estaban sujetando a los postes de su cama para mantenerse de pie. El que había carraspeado era Ronald, que mostraba un rostro tan colorado como su cabello y que tenía la decencia de apartar la vista.

- Puede que queráis ir a otro sitio para seguir… charlando. – Carraspeó de nuevo.
- Sí, lo siento. – Harry se sonrió al darse cuenta de que había estado a punto de hacerle el amor a Felicia en presencia de todos ellos. Le dirigió una mirada cargada de intenciones a los otros dos, que seguían sin ser capaces de reaccionar ante tremenda sorpresa. - ¿Os importaría daros la vuelta un minuto, por favor? – Obedecieron de inmediato. – Gracias. – Volvió a encontrarse con el radiante rostro de Felicia. – Creo que será mejor que vayamos a otro dormitorio menos concurrido, Feli. – La ayudó a levantarse y tragó con fuerza al ver cómo la cinta rodeaba sus pechos y descendía grácilmente hacia sus piernas. Deshizo su cama y sacó la sábana para cubrirla, ella no protestó, sólo le miró intrigada. – No quiero que cojas frío de camino. – Le explicó guiñándole un ojo y señalando con la cabeza a los chicos. – No creo que a Hermione le importe que usemos su dormitorio de prefecta esta noche, ella no la va a usar. – Tomó a Felicia en brazos y se dirigió a la puerta. – Buenas noches, chicos.
- ¡Que tengáis dulces sueños!
– Se despidió ella con una risita cantarina.


En la sala común de Slytherin, Daphne se levantó rápidamente cuando vio entrar a Blaise con Isabel. En sus manos llevaba un paquete envuelto en celofán rojo. Se acercó a ellos con una sonrisa y se lo ofreció a Blaise.

- Quería tener un detalle contigo por ocuparte de mí en estos días, por ayudarme con tantas cosas, ya sabes. – Su rostro estaba iluminado con la sonrisa, pero también mostraba que las clases de maquillaje de Blaise daban su fruto. Sus ojos lucían una suave sombra que realzaba su mirada, en sus labios se veía un ligero toque de brillo de labios, probablemente llevase algo más de maquillaje, pero había aprendido a que no se notase apenas.
- ¡Muchas gracias, Daph! – Blaise tomó el paquete con ilusión y le dio un abrazo para agradecérselo. – También tengo uno para ti en mi cuarto, si esperas dos minutos te lo traigo.
- No hace falta, Blaise.
Daphne miró a Isabel de reojo. – Puedo esperar a mañana…
- ¡Por mí no te preocupes!
Le aseguró Isabel. – Yo estoy deseando encerrarme en el cuarto y no salir hasta que toda esta locura del San Valentín desaparezca. – Con esto se fue hacia el corredor que la conduciría hasta el cuarto de Blaise, el mismo por el que mi amigo había desaparecido corriendo sin permitir que Daphne siguiese disculpándose.
- Toma. Volvió cinco minutos después con un paquete un poco más grande que el de ella. Ahora los abrimos a la vez.Riéndose. – Estaba tan contento de tener un regalo hoy que me olvidé de abrirlo.
- ¿Isa no te va a hacer ningún regalo?
Le preguntó ella preocupada.
- No, ella no cree en estas cosas. Supongo que mi regalo será tenerla en lencería roja esta noche.– Guiñándole un ojo mientras rompía el papel de su regalo al mismo tiempo que ella. - ¡Varitas de licor! - Exclamó asombrado cuando vio que se había acordado de su chuchería favorita. - ¡Te adoro! Abrazándola nuevamente. Intentó besarla en la mejilla, pero ella giró su rostro al mismo tiempo y terminó besándola en los labios. Al principio, ninguno supo qué hacer, pero luego Blaise tomó su barbilla para besarla con más cuidado. Dejó la caja sobre una mesa cercana y abrazó su cintura para atraerla a él.
- ¡Blaise! –Ella lo apartó de un empujón rápido, sus mejillas estaban acaloradas y sus ojos miraban fijamente al suelo. – Isabel te espera. Yo… me voy a mi habitación. Gracias por tu regalo.– Salió corriendo por el corredor contrario al que Blaise tenía que utilizar para encontrarse con Isa.

Mi amigo se quedó un rato mirando en dirección al corredor que Daphne había usado. Era evidente que por la mente de mi amigo cruzaban cientos de cosas en ese instante, pero no iba a decidir nada sin pensarlo muy detenidamente primero. Tomó la caja de varitas de licor y volvió cabizbajo a su dormitorio. Allí le estaba esperando Isa, como él había adivinado, se había puesto un encantador conjunto de lencería de color rojo. Estaba sentada de rodillas en la cama, llamándolo seductoramente a reunirse con ella.

Blaise dejó la caja de bombones sobre su escritorio. Observó su reflejo en el cristal del cuadro que tenía encima, sabía que no quería realmente estar allí. Pero no iba a hacer nada todavía. Comenzó a deshacer su corbata y abrió un cajón del escritorio. Sacó una caja de madera con los bordes recubiertos de plata, en la tapa estaba un escudo de Slytherin grabado en una placa del mismo metal, se lo entregó a Isabel con una sonrisa.

- Como puedes ver sólo es un detalle para que dentro de unos siglos, sigas acordándote de mí. – Guiñándole un ojo mientras deslizaba la corbata por su cuello, antes de lanzarla contra el galán de noche.
- No tenías que molestarte tanto, Blaise. Le aseguró Isabel mientras abría la caja. ¿Dos dagas nuevas?
- Que siempre mantendrán el filo por mucho que las uses. Aunque me temo que estas no podrás envenenarlas como las otras o se rompería el encantamiento. –
Le explicó sentándose en la cama para quitarse los zapatos.
- Muchas gracias, Blaise. – Isabel se acercó a él y asió sus hombros, comenzando a masajeárselos ligeramente. Deslizó una mano por su pecho y desabrochó algunos botones. - ¿Me dejas que te haga un regalo yo también? – Le susurró al oído.
- Por supuesto, Isa. Aunque pensé que ya estaba viendo mi regalo.– Acariciando sensualmente el muslo más cercano de la vampira.
- Al principio pensé que era lo que deseabas, pero ahora me doy cuenta de que hay algo que te gustará mucho más. Besando su cuello. – Ve con ella, no necesito que te quedes esta noche conmigo.
- Isa, yo…
- No me protestes, Bombón. –
Lo interrumpió. – Quieres estar con ella, quieres pasar la noche a su lado y mucho más. No puedo conseguir que tengas todo lo que desees, pero no tienes que estar aquí a disgusto por mi culpa.
- No estoy a disgusto. –
Bufó él de un modo poco convincente.
- Si te hace feliz, te aseguro que estaré aquí cuando vengas. No me voy a ir a ninguna parte y tampoco me importará ayudarte a sobrellevar la frustración que ella te provoque mientras empieza a aceptar que está enamorada de ti. – Se levantó de la cama y se puso frente a él, le obligó a levantarse igualmente y besó sus labios. – No seas estúpido y ve con ella. Yo aprovecharé para dormir un poco, estoy particularmente cansada.

Mi amigo no se hizo de rogar, la besó cariñosamente en los labios y salió corriendo por la puerta. La asesina se sonrió pícara y se preparó para hacer exactamente lo que le había dicho. Dormir.


Hermione quedó gratamente sorprendida cuando la llevé a mi cámara aquella noche. Me sonreí al ver la decoración que había preparado para ella, pues ahora sabía que muchos habíamos tenido ideas similares aquella noche. Todos deseábamos ofrecer a la persona que ocupaba nuestros pensamientos una noche digna de ensueño.

Las paredes estaban cubiertas de enredaderas cargadas de flores y las velas flotaban a nuestro alrededor ofreciéndonos una iluminación cálida y romántica. El pasillo estaba cubierto por un manto de nenúfares y tras las estatuas caían cascadas hacia el estanque plagado de diminutos jazmines. La fragancia de la flor nocturna llenaba la cámara y el sonido del agua era el fondo perfecto para la suave melodía de piano que sonaba a nuestro alrededor.

Me dirigió una mirada cargada de amor, sabía que era el fiel reflejo de la mía a pesar de que no podía verme en sus ojos por la maldición que acompañaba a mi estirpe. Tomé su mano para besarla con ternura mientras abrazaba su cintura para atraerla contra mi cuerpo y sentirla con cada fibra de mi ser. Lentamente danzamos al ritmo de un suave vals hacia la mesa que nos esperaba al otro lado del pasillo. Yo también había solicitado la asistencia de Dominique para que nuestra cena fuese obra de René. Nada podía empañar aquella noche perfecta para la mujer que amaba.

- ¿Te he dicho ya que te amo? – Susurré junto a su oído a medida que nos acercábamos.
- Esta noche no. – Respondió en un suspiro. Su respiración estaba agitada a pesar de nuestro lento avance, sus ojos entrecerrados y sus labios entreabiertos para mí.
- Permíteme pues que repare mi descuido. – Deteniéndome para admirar el oro que refulgía tras sus pestañas. – Te amo. – Besando al fin sus labios suaves como la seda, dejándome llevar por el maravilloso sonido de su corazón contra mi pecho. – Te amo, Hermione.
- Yo también te amo, Draco.
– Rodeando mi cuello con sus brazos para besarme una vez más.


Respuestas a los reviews….

Capítulo 34:

¡¡Hola, Salesia!!

Pues no, cariño, está visto que mis capítulos son una mala influencia y resultan perniciosos para la salud de los lectores. Al parecer muchos han sufrido problemas con líquidos y me consta una que casi necesitó de la maniobra Heimlich (o como se escriba) al atragantarse con una palomita de maíz. Sigh! Está visto que tendré que ampliar el aviso previo. Aunque estoy empezando a cogerle miedo a tu marido, seguro que me va a coger tirria por tenerte absorta delante de la pantalla durante días.

Las migrañas siguen ahí, ya somos íntimas incluso. Resulta que por ahora sí son de las que necesitan soledad, silencio y oscuridad, pero en cuanto me tomo la combinación de medicamentos que te dije en el mail, consigo hacer una vida un poco normal. Lo malo de todo eso es que mi coordinación desciende un poco y es complicadísimo escribir algo decente, porque las teclas se escurren bajo los dedos y claro, luego el texto es ilegible con tantos avisos rojos del word porque he metido la pata con casi todas las palabras. Por ahora lo de averiguar el tipo de migraña que tengo, va a tener que esperar hasta mayo, que es cuando tengo la cita con el neurólogo. Mientras, estoy intentando eliminar todo lo eliminable de la dieta para intentar evitar aquello que puede llegar a provocar migraña... me voy a quedar como un fideo escapado de una sopera a este paso.

Ya sabía yo que te iba a gustar este capi con tanto Hermi/Draco que había de por medio, jejeje. Me alegra ver que el juego os está resultando divertido, fue una idea sencilla que está ayudando a conocer un poco más a todos los personajes implicados en él, así como descubrir cosas y provocar situaciones entretenidas que, en lo sucesivo, ayudarán a desarrollar algunas historias. En este ya has visto que Harry no ha terminado de tirar la toalla pero tenía mucha razón en temer el método de Draco para mantener alejada a Romilda. Por regla general, todos los que están con un vampiro terminan por enterarse de todo lo que le ocurre a los demás. Es por esa manera de considerarse una familia que tienen los vampis, resulta que se cuentan las cosas, dialogan. Como Harry comparte dormitorio con Lara, es normal que se entere de todos los entresijos de los demás, porque Lara y Luc son unos cotillas de tomo y lomo, más que nada para tener bien controladitos a sus amigos, que no en vano los conocen muy bien y saben que, rodeados de humanos adolescentes, a algunos hay que vigilarlos de cerca. (No sólo por Tony, te recuerdo que Ennoia es un poco asocial y tiene tendencia a meter la pata).

Harry es normal que se haya cabreado con Ron, no en vano está hasta las narices de que su "amigo" se dedique a fastidiar todo lo que toca. Al principio te da un poco de pena el pelirrojo (en los libros oficiales), parece que simplemente es un poco tímido y que le cuesta hacer vida social, luego te das cuenta de que es un trepa y de los peores, porque no se preocupa por ser bueno en nada, sino que espera que se lo den todo hecho. Es por lo que nunca me hizo chiste que lo emparejasen con Hermione, ella siempre ha sido una chica muy trabajadora y responsable, no es justo que la "castiguen" con ese tipo para toda la vida. Ya te dije que no le tengo pillado el punto a Theo, pero prometo que intentaré introducirlo de ahora en adelante, aunque no esperes mucho todavía, aún tengo que buscarle un hueco en las ideas que tengo en mi cabecita. Ideas que probablemente me llevarán a escribir el fic más largo que jamás se me haya ocurrido, porque tengo demasiadas cosas que escribir antes de finalizarlo por completo, por lo que me parece que tendréis historias de vampiros para un buen rato.

Como has podido comprobar, Ennoia le ha cogido aprecio a Zach, no sólo porque es un amante cómodo, sino porque es discreto y caballeroso. Algo difícil de encontrar en una pandilla de adolescentes salidos e hiperhormonados. También hay que decir que la pobre lo tiene un poco difícil con eso de relacionarse con las personas, es la más antigua de todos los vampiros, a partir de ella ha nacido un clan en toda regla, de los más violentos y salvajes de todos los vampiros, es normal que meta la pata socialmente hablando y se extralimite en algunos momentos. Pero hace lo posible por pasar desapercibida o, al menos, no armar mucho jaleo. Muy probablemente el hacerse responsable de Zach le venga bien para pulir un poco sus maneras sociales.

¡Me has pillado! Sip, tengo pensado que Daphne y Blaise terminen juntos y hasta se conviertan en marido y mujer en un futuro lejano. Blaise tiene muy claro que lo que tiene con Isa no es algo duradero como pueda serlo para el resto, ha sido un acuerdo tácito entre los dos desde un principio. Sólo se dan calor por las noches y se hacen compañía mutua, nada más. Como Draco, todos los demás, están percibiendo el distanciamiento y la mente ausente de la asesina, por eso considera que lo mejor que puede hacer es enviar a Blaise con Daphne, para darle un entretenimiento a mayores de la Assamita. Lo que tengo claro es que Blaise mantendrá el contacto con los vampis, más que nada porque uno de ellos es su amigo de toda la vida y no va a dejar que eso lo cambie. Por eso yo también me imagino a un Blaise maduro, de unos cuarenta, visitando la fortaleza de Aquitania de Lucian para pasar las vacaciones de verano con todos sus amigos. Le acompañarían su esposa y sus hijos, por supuesto. No existiría lugar en el mundo en el que pudiesen estar más a salvo que esa fortaleza, absolutamente inexpugnable ya por ataque humano o vampírico. Y, como protegido de Isabel (aún cuando AJ ya estuviese activa para entonces, seguiría bajo la protección de la Assamita) no tiene nada que temer, ni él ni su familia, de los vampiros que moran esa fortaleza.

La vida de Harry la tengo también planeada hasta el milímetro, igual que la de Ginebra, Lavender y Zach. Te aseguro que no dejo nada para el azar en algunas cosas, soy demasiado maniática y perfeccionista para estas cosas... pero todavía no te digo nada, que si no, sabes tanto como yo y eso no puede ser... pero me parece que me empiezas a conocer muy bien y algunas ya las vas pillando solita. Jejejeje.

Hermi tiene muchos conocimientos en la cabeza y además sabe ordenarlos como es debido, no como Draco que a veces tiene una empanada mental de órdago en su cocorota. Las conversaciones con Tony e Isabel, le han servido para atar muchos cabos que tenía sueltos, sobre todo el saber que Tony la tiene como una más de la familia. Una vez conoce cómo funciona el poder de Temporis de Tony, sabe que si el druida la tiene como una más es porque terminará siéndolo en algún momento. También le ha quedado claro que todos la están entrenando para el día en que se convierta en una de ellos, igual que tiene muy claro que Lucian no va a permitir que ella sea inferior a Draco alejándose una generación de Caín, por lo que será él quien la convierta en vampiro. Todo esto lo tiene muy pero que muy claro y así se lo dice a Draco, quiere estar con él y dará su vida por estarlo, porque tampoco quiere esperar y sufrir durante distintas vidas las limitaciones de una humana, porque quiere formar parte completa de su vida cuanto antes, aunque para ello tenga que renunciar a muchas cosas.

Draco no es perfecto y no atiende tanto como Hermione a las explicaciones de sus familiares. Si escogiese el buscar el alma de Hermione, en lugar de convertirla, ella recordaría todo en cuanto fuese activada, es decir, cuando se encontrasen de nuevo. Sería exactamente la misma, aunque en otro cuerpo. Se lo explicó Tony, Draco no sería capaz de evitar buscarla, en las primeras encarnaciones incluso actuaría como una especie de ángel guardián mientras fuese menor, hasta presentarse y activarla en el momento oportuno. Pero Hermione no se mata a explicarle nada de esto a Draco, porque sabe que de todos modos iba a sufrir, del mismo modo que sufre Isabel cuando tiene que buscar a AJ, aunque cada vez se le hace más fácil el sobrellevar la ausencia de su compañero del alma, no en vano lo pasó muy mal las primeras veces. Aunque Draco estaría más que dispuesto a llevar a cabo ese sacrificio, Hermione no quiere hacerle pasar por ese dolor continuo y acepta convertirse en una más de la familia tal como es en ese momento.

Como te he dicho, Daphne está encantada con el "sustituto" Blaise, a Hanna pronto la juntaré con Susan Bones, por eso de que está loquita por ella desde que empezaron el colegio. Tranquila, que ninguna ha sufrido ningún trauma irreversible y no les guardan ningún rencor ni a Draco ni a Hermi. Con respecto a AJ... ya sabrás más en futuros capítulos. Jijijiji.

Capítulo 35:

Hola de nuevo!

Siento mucho no haber sido capaz de responder a los reviews antes, pero era eso o dejaros sin capítulo y preferí daros obsequiaros con uno, aunque fuese cortito.

Gracias por el consejo para reducir el dolor, pero me temo que no ha funcionado como debiera, sigh! Supongo que es la mala leche acumulada durante años que ahora viene a fastidiarme. El caso es que, cuando peor estoy es cuando trabajo, ahora que tengo vacaciones (sólo una semanita y ya se está acabando) estoy mucho más tiempo tranquila y relajada, por lo que sólo tengo un dolor sordo constante que mantengo a raya con ibuprofeno. Ahora te digo uno para los dolores musculares, como no puedes tener al masajista perpetuo y lo de irse de balneario todos los días es un engorro (suerte con las radiografías y ojalá que no sea un pinzamiento de ningún tipo!), lo que mejor suele ir es calor seco. Mi madre lo que hace es meter en el horno (a baja potencia, ojo!) las toallas, para que estén calentitas y se les quite la humedad, luego las pones en la zona dolorida y suele bajar bastante la sensación de ser la ayudante del fakir o mago de turno. Aunque supongo que ya habrás intentado de todo, mientras no tengas que tomarte algo tan fuerte como lo que me tomo yo, vamos bien.

Menudo par de viejas estamos hechas... Yo me quedo con Lara, Tony y Lameth. Con tantos siglos para estudiar puede que el atlante nos haga un remedio que funcione y todo.

Te recuerdo que Ennoia dice que tiene más de 14.000 añitos a sus espaldas, eso la sitúa en el comienzo de la civilización mesopotámica. En esa época, la esperanza de vida era muy corta, las niñas eran mujeres en el momento en que tenían la primera menstruación, por lo que su historia no desentona tanto y no es tan exagerada. También, por ser tan antigua, es la que menos humana es de todos los vampiros. Estando con Zach está descubriendo una parte de la humanidad que nunca conoció, ser adolescente, estudiar, hacer tonterías, etc. De todos modos, también le hace gracia que todos la infravaloren por su aspecto, cuando es la más mortífera de todos. Tampoco es que sea una niña en apariencia. No es muy alta porque no le dio tiempo a crecer mucho cuando era humana (los embarazos a corta edad provocan que se detenga el proceso de crecimiento), pero para su época era casi alta, mide 1.60m casi, dejémoslo en que su edad aparente está rondando los dieciséis o diecisiete. Por eso no desentona tanto cuando está con Zach.

La relación que tienen es similar a la de Blaise e Isabel, son más compañeros de juegos que una pareja como Lavender y Lameth. En ha cogido cariño a Zach porque se ha comportado como un caballero cuando podía haber sacado provecho de su encuentro para medrar ante sus amigotes y ha preferido callar. También hay que decir que, como muggle que es, le llama la atención todo lo relacionado con los magos. Terminarán llevándose bien porque no van a atosigarse entre sí, simplemente van a compartir cuarto y pasar las noches juntos, ella le ayudará con sus estudios en todo lo que le sea posible y él le enseñará a ser una adolescente y recuperar un poco de la perdida humanidad. En este cap ya podrás ver que se integra muy bien en el grupo.

Sabía yo que la escenita de Harry-Romilda-Draco iba a resultaros divertida, jeje. Con lo loca que está la tipa es normal que Harry le tenga paniquito, igual que con la mala idea que se gasta Draco, es normal que tenga miedo del método que vaya a usar. Siento que no podamos ver cómo Romilda pone la reputación del trío dorado y compañía a la altura del betún, pero más adelante se podrán ver algunas consecuencias de esta escenita.

Lameth es un cacho de pan y le encantaría poder cuidar a Lavender de todo mal, porque ha demostrado ser una compañera agradable y cariñosa. A lo mejor no te acuerdas, pero cuando describí a Lameth en el primer capítulo de Navidades, dije que era muy alto y su cuerpo estaba cubierto de tatuajes. Esos tatuajes no son vistos por ninguno de los magos, del mismo modo que las espadas de Isabel sólo son vistas por los vampiros. Es una disciplina de ocultación llamada Ofuscación, que les permite aparentar un aspecto distinto al que tienen habitualmente, en el momento en que le da su sangre a Lavender para convertirla en su ghoul, ella es capaz de ver a Lameth como realmente es y no como aparenta. Puede que algunos digan que, al haberla convertido en su "esclava", se vea obligada a aceptarlo tal como es, pero por mucha sangre que le dé no afecta del todo a su percepción de la belleza. Lavender sigue encantada con Lameht, sin importarle en absoluto sus tatuajes, todo lo contrario, siente un mayor afecto hacia él porque aprecia el dolor que tuvo que pasar cuando se los hizo.

Ron sigue siendo un caso perdido y no va a cambiar aunque pasen veinte años. Pero puede que más adelante sí que dé alguna muestra de arrepentimiento. Pero muuuuucho más adelante, que no deja de ser Ronnie.

Siento decirte que el ejemplo que pones no es posible pues Lara se toma muy en serio la educación mágica de Harry, al igual que amplía sus conocimientos en muchas cosas más. Por eso, Severus no le va a poder dar puntos de esa manera tan alegre, jejeje. Porque ahora sí que conoce las respuestas a las preguntas de los profesores, mucho mejor que cuando Hermione le ayudaba con los trabajos. ¿Qué mejor acicate para estudiar que la promesa de una noche de pasión si te sabes la lección? De todos modos, Jules no modifica tanto el carácter de Severus, le encanta cuando es un cabrón que tiene amedrentados a sus alumnos. Dejémoslo en que no saca tantos puntos como antes y que a veces sonríe y todo.

Reconozco que antes era de las que creía que Happyplas era una casa bastante anodina y sin interés alguno, pero desde que me leí una historia que es "Hufflepuff existe", la veo con otros ojos.

Bueno, comprendo perfectamente lo de que las teclas se escurran y que las frases pierdan significado una vez escritas, cuando estás bajo los efectos de las drogas, jejeje. Espero que para la próxima las dos estemos mucho mejor y no tengamos tantos achaques o nos vamos a pasar unas fiestas navideñas un poco drogadas. (Pienso comer turrón de chocolate aunque luego tenga que doparme a conciencia, conste).

Besazos enormes y un abrazo suave (con cuidado de no hacerte pupita).

Madie

Y eso es todo por esta vez. Espero que el próximo no tener que tardar mucho en subir el próximo capítulo, eso significaría que me encuentro bien como para sentarme frente al portátil y teclear como una loca sin descanso.

Una vez más os doy las gracias por estar ahí, por darme vuestro apoyo en cada capítulo y por animarme para el siguiente. Aunque he de añadir que os ha salido una aliada en mi propia casa, mi hermana ha empezado a leer la historia y la tengo tan enganchada que me imagino que estará presionándome en cuanto alcance vuestro nivel.

Un besazo enorme para todas (y todos)
Madie.