Salvando a Draco Malfoy
de Dayspring
beta LatexoHPo
Capítulo 37. Los Problemas Nunca Viajan Solos
Draco iba a mitad de camino a su habitación cuando se dio cuenta de lo que había sucedido… había huido de Harry. Nunca había huido de Harry antes. Nunca. Ni siquiera cuando había sido la cosa más inteligente por hacer. Pero nunca había visto a Harry de esa manera. Este Harry… debía ser el que asustaba tanto a Voldemort. Qué asombroso para su lado, pero…. No podía permitir que Harry, ni siquiera este Harry lo intimidara y le quitara a su bebé. El bebé era todo lo que le quedaba, la única persona que quizá algún día lo amaría aunque no fuera perfecto. Suspiró. ¿A quién estaba engañando? Probablemente su hijo lo odiaría antes de cumplir los cinco años.
—Oye Draco, ¿Potter te encontró? Le dije que estabas donde Snape debido a tu… problema.
Crabbe se detuvo frente a él. Crabbe, que al parecer le dijo a Harry dónde estaba. Crabbe, el que había arruinado su vida.
—¡Sí! ¡Me encontró, idiota! Y ahora, por tu culpa, me va a quitar a mi bebé.
—¿Qué?
Draco respiró profundamente. Quedarse ahí parado discutiendo con Crabbe era inútil. Tenía que… ¿tenía que hacer qué? ¿Marcharse? ¿A dónde? No tenía… sonrió. Madre Arelia. Iría al reino elfíco. Probablemente estarían felices de mantener a un mago lejos de su hijo. La venganza siempre es mejor fría. Dulce, dulce venganza.
—¿Draco?
—Aléjate de mi vista, Crabbe.
Draco casi corrió a su habitación, comenzó a empacar y luego se dio cuenta de que no podría encoger su equipaje sin una varita. Mierda. Bueno, no era como si tuviera planeado quedarse para siempre. Sólo lo suficiente para que Potter se calmara y que quizá lo extrañara un poco. Así que agarró el diario que Harry le había regalado, una jarra de salsa picante (ya que no sabía si los elfos comían salsa picante), y su libro de hechizos elfícos. Listo, ya había empacado.
A mitad de camino fuera del castillo recordó su promesa a Dumbledore sobre notificarle cuando hiciera una visita al reino elfíco. No le importaba romper ese trato, pero el viejo podría pensar que había sido secuestrado o algo así. Además, Harry lo consideraba un confiable consejero. No le haría daño estar en lado bueno del profesor. Con un suspiro se dirigió a la lechucería, luego volvió a recorrer el camino de salida hacia la libertad tras las puertas.
oooo
Harry murmuró un hechizo de sanación y movió su varita hacia su mano. Al menos no era su mano dominante la que había golpeado repetidamente contra la pared de la mazmorra. Y el dolor le dio una excusa para las lágrimas que podía sentir secándose en su cara.
Fui un estúpido, decidió. Creyendo en Draco. Creyendo en el amor. Creyendo que en realidad estaba en control de parte de su destino. Claro, siempre había sabido que era un plan, pero pensó que él y Draco habían sido las víctimas. Los había puesto en igualdad. Los había hecho un equipo de "nosotros" contra "ellos". Ahora no eran un equipo… sólo el idiota "Niño Que Vivió" y su enemigo, Malfoy. Creyó que todo había cambiado y no era así. Podrían estar de vuelta en primer año. Y si no fuera lo suficientemente malo, Malfoy había involucrado a un inocente en su guerra. Un bebé que no había hecho nada más que existir. Otro niño Potter no deseado.
¡No! ¡Ese niño era deseado, maldición! Harry lo quería, e iba a criarlo y a enseñarle cómo atar sus cordones, a volar en una escoba y… y nada de eso sucedería porque no sabía si estaría vivo para cuando su hijo fuera lo suficientemente grande para aprender nada de eso.
—¡Jódete, Draco!— gritó— ¡Que tu maldita alma se vaya al infierno! ¡Tú, Voldemort y tu maldito padre!
Cielos, ¿qué haría ahora? Nadie sabía la verdad, y era seguro que no tenía ganas de contarles a Ron y a Hermione. Ya podía ver la lástima en sus ojos. Y podía escuchar la mierda de Ron sobre hacer sacrificios por el bebé. Pero, maldición, estaba cansado de sacrificarse. Ya había perdido a sus padres, a Sirius… ¿Acaso alguien más para variar no podía perderlo todo?
Draco lo hizo, susurró su conciencia.
Sí, pero lo merecía.
¿Por qué no quería servir a Voldemort?
¡Porque me uso!
Así que todo es sobre ti.
Él lo hizo sobre mí.
¿Y lo llamaste bastardo egoísta que sólo piensa en sí mismo? Eres igual.
No lo vuelvas un héroe trágico.
No, ese serías tú… El Niño Que Vivió.
¡Cierra la maldita boca!
Tú cierra la maldita boca. Soy tú, ¿recuerdas?
Harry iba a golpear la pared de nuevo, pero al último minuto vio el brazalete en su muñeca. Lo observó por un rato, luego se apoyó contra la pared luchando contra su rabia y su conciencia. Tenía todo el derecho de estar enojado, de estar herido. Pero, para bien o para mal (¿y cuán irónico era eso?), estaba vinculado con Draco. Sin importar lo que le hubiera gritado a Draco, sabía que era un vínculo verdadero. Podía sentir la magia. Había confiado en ella para encontrar a Draco y no había sido falsa. Era real y… la Magia no mentía.
Se deslizó hacia abajo y se sentó con la espalda contra la fría pared. Era un buen lío en el que Draco los había metido a ambos. Golpear paredes no resolvería nada. Pegarle a Draco tampoco resolvería nada. Llorar y gritar por su jodida vida tampoco resolvería nada. Él y Draco –porque sí, haría que el bastardo trabajara con él— eran los únicos que podían resolver esto. Tenían que hacerlo, por el bien del bebé… ¡diablos!, por el bien de todos. Podía verse echando a perder el hechizo para acabar con Voldemort por estar demasiado caliente para pensar apropiadamente.
Y si estaba pensando en sexo, entonces quizá lo peor ya había pasado. Quizá podría enfrentarse a Draco sin querer matarlo. Pero era hora de cenar. ¿Podría encarar a Draco rodeado de todos? ¿No sería mejor ir a la cocina en busca de un sándwich para llevar a su habitación? De esa manera podría confrontar a Draco en privado. Con el estómago lleno. Con Draco ya habiendo consumido su ración diaria de salsa picante. Sí, eso funcionaría.
Con su plan en mente, Harry se levantó y fue en busca de la entrada a las cocinas. Pensó que sería mejor ir al Gran Comedor, desde dónde se ubicaría mejor, pero antes debía pasar por fuera del cuartel de la Milicia. Se sorprendió de ver a Crabbe fuera del dormitorio de los magos. Nunca había visto a alguno de los antiguos guardaespaldas de Draco perderse una comida o dejarla antes de terminar. Ya que no estaba con ánimo de hablar, agachó la cabeza y dijo un rápido saludo sin detenerse.
Crabbe sin embargo tenía otras ideas. Al pasar Harry a lado del fuerte mago, éste lo tomó del cuello de su túnica. Con un "Esto es por Draco", Harry sintió el dolor explotar en un costado de su rostro.
Incluso cuando Harry iba cayendo, sacó su varita. Hizo una mueca cuando su codo chocó contra el duro suelo de piedra, pero mantuvo a su enemigo a la vista.
—¿Qué diablos pasa contigo, Crabbe?
—Draco dijo que ibas a quitarle a su bebé.
—¡¿Qué?!
Harry giró la cabeza y notó que todos habían salido del comedor y estaban parados en el pasillo que su cuerpo tendido bloqueaba. Todos menos Draco, que probablemente estaba en sus habitaciones incendiando todas sus cosas. Genial, esto era genial.
—Draco y yo, nosotros… tuvimos una pelea— balbuceó—. Quizá… dije algo así.
—Pero no era en serio, ¿cierto?— presionó Hermione.
—Yo…
—Te enteraste, ¿no es así?— dijo Pansy de manera neutra— Es por eso que lo amenazaste con quitarle al bebé.
¿Draco le había dicho a los malditos Slytherin? La rabia que había luchado por contener explotó. Todos se agacharon cuando las esferas que contenían las velas explotaron por todo el pasillo.
—¿Te enteraste de qué?— preguntó Ron desesperado— ¿Qué diablos averiguaste que te hizo perder el control de esta manera, amigo?
—Se enteró de que Draco se embarazó a propósito— respondió Pansy y le tomó a Harry un segundo realizar que Draco no había confiado completamente en ellos. No les había dicho sobre la violación—. Lo hizo para salvarnos, Potter. Si no puedes comprender eso…
—¿Por qué debería?— interrumpió Hermione— ¡Atrapar a alguien con un bebé es vil!
Pansy la fulminó con la mirada.
—Sólo una sangresucia como tú pensaría eso. Embarazos cuidadosamente planificados han salvado muchas sociedades de años y años de guerras y devastación. Lee entre líneas tu precioso libro La Historia de Hogwarts, Granger, y ve la verdad tras todas esas alianzas fortuitas y pactos. Alguien –un Slytherin sin duda— vio necesidad y tomó acción. Mientras que tus malditos muggles peleaban en su Guerra de los Cien Años. Eso fue bastante inteligente de su parte, ¿no es así?
—Oh, ¿y una puta Slytherin la habría detenido levantándose la falda o en el caso de Draco, bajándose los pantalones?— inquirió Hermione mordazmente.
—Sí, Draco se bajó los pantalones y cada uno de ustedes debería estarle besando el trasero porque lo hizo. Todos ustedes son unos malditos inútiles cuando tiene que ver con planificación, y si creen que pueden encargarse de la armada del Señor Oscuro sólo con sensatez y sinceridad, entonces no merecen ganar— respondió Pansy con un resoplido de desdén.
—¡Cállense la boca todos ustedes!— exigió Harry. Ya tenía suficiente— Esto es entre Draco y yo. Nosotros…
—No, Potter, estás equivocado— dijo Blaise con calma—. Nunca ha sido sólo tú y Draco. Todo lo que ustedes dos han hecho siempre ha abarcado más que a ustedes personalmente. Ustedes dividieron las Casas de Hogwarts mucho más que la simple historia. Donde quiera que ustedes dos estén hay drama, conflicto y elección de bandos. Aún así, con un solo beso taparon la brecha como si nunca hubiera existido. Tú eres un líder, Potter, y la gente te sigue. Draco igual, y si somos honestos aquí, ninguno de nosotros estaría en la milicia si ustedes no nos hubieran guiado. Así que, claro, ve a buscar a Draco. Pelea, discute, coge, lo que sea. Pero tienes que saber que no sólo son tú y Draco.
—Zabini…— comenzó Harry a protestar. Pero el chico tenía razón, ¿cierto? Él y Draco guiaban, y los demás seguían. Todos lo sabían. Todos lo aceptaban. Incluso los estudiantes mayores los habían seguido después de unos años. No había sido Gryffindor contra Slytherin. Había sido Potter contra Malfoy. Los buenos siguiendo a Potter. Los malos siguiendo a Malfoy. O quizá desde la otra perspectiva era los estúpidos siguiendo a Potter y los inteligentes siguiendo a Malfoy. Como fuera, no estaba listo para lidiar con eso—. Zabini— comenzó otra vez—. Yo…— siseó cuando el brazalete quemó en su brazo.
—¿Harry?
—¿Potter?
Los ignoró a todos y se puso de pie de golpe.
—¡Draco!— exclamó antes de echarse a correr por el pasillo a toda velocidad.
oooo
Mientras Draco se apresuraba a través de los terrenos de Hogwarts frunció el ceño ante el cielo oscuro. Genial. Una tormenta de verano era todo lo que necesitaba. Buscó en su bolsillo el libro de hechizos elfícos y maldijo cuando el viento voló las páginas antes de que pudiera encontrar las direcciones de cómo acceder al reino elfíco. Sabía cómo hacerlo en teoría, pero eso no sería muy tranquilizador cuando tuviera que cruzar el portal que esperaba fuera el correcto en unos momentos. Ah, pensó al mirar los diagramas. En su mente cambió la runa izquierda por la de la derecha, quizá debería revisar…
—Draco.
Estuvo orgulloso de sí mismo por no estremecerse. En una parte de su cabeza sabía que con la manera en que iba su día, esto obviamente iba a suceder. Cerró su libro y lo guardó de vuelta en su túnica.
—Hola, Padre. ¿Cómo estás en este hermoso día? ¿Voldemort está aquí contigo? ¡¿Voldemort?!— llamó en voz alta. La aparición del Señor Oscuro sería la guinda de su pastel en este apestoso día.
—¡Draco!— lo reprendió Lucius con dureza—. No te atrevas a decir el nombre de nuestro Lord.
Draco rodó los ojos.
—Un nombre es un nombre, Padre.
—Y una puta es una puta— dijo Lucius mirando el perfil dramáticamente diferente de Draco.
Draco abrió su túnica y acarició su estómago.
—Vas a ser abuelo. ¿No estás encantado?
—Tenía planeado ser el abuelo del próximo Señor Oscuro, no de un mocoso sangresucia.
Bueno, eso atravesó la neblina fatalista de Draco.
—¿Qué?
—Cuando el Señor Oscuro se enteró de tu "unicidad", quería darte el honor de llevar su progenie.
—¿Esperabas que yo… cop—copulara con… eso?— farfulló Draco, absolutamente indignado.
—Copulaste con Potter.
—Al menos es humano.
—El Señor Oscuro es…
—El Señor Oscuro estuvo muerto por diez años; los humanos no vuelven a la vida.
—Es poderoso.
—¡Es un fenómeno! Enfréntate a la verdad, Padre. Le vendiste tu alma a un fenómeno mestizo, y también trataste de venderle a tu hijo. Pero considerando que también eres un fenómeno mestizo…
Lucius palideció, luego sonrió de medio lado.
—Así que descubriste mi secreto, ¿no es así?
Draco bufó.
—¡Secreto mi trasero! ¿Cuál era el plan, Lucius? Tiene que haber una razón por la que querías que aprendiera el lenguaje y la cultura elfíca. ¿Por qué no quisiste que odiara a tu madre al igual que tú?
Lucius se encogió de hombros.
—No había manera de que me fuera con esa perra, pero supuse que si ella quería comenzar una guerra, podría entregarte para apaciguarla.
Cielos, era tan reconfortante saber cuánto le importaba a su padre. Aún así…
—Intenta otra vez, Lucius. Eso es sólo parte de todo, ¿no es así? Veamos, qué valor podría yo… Oh, ya entiendo— dijo, sonriendo al descifrar el plan de Lucius—. Si el Señor Oscuro estaba en riesgo de perder la guerra, planeabas ofrecerme como rehén para que los elfos se unieran al bando de Voldemort, ¿no es así?
—Tu abuela es una elfa real; ella podría terminar esta llamada guerra en un santiamén.
—Mi abuela está muerta.
Lucius lo miró sobresaltado.
—Entonces, ¿cómo sabes…?
—Salve la vida de uno de mis… primos. Mi bisabuela, la Reina Arelia, vino a conocerme. De hecho, voy en camino a su casa ahora. Está seguro de que le daré tus saludos. Ya que soy su Nuevo hijo, Madre de seguro querrá confortarme con la cabeza de la bestia a la que querías entregarme.
Lucius negó con la cabeza.
—Sabes que no puedo dejarte hacer eso.
—Y tú sabes que yo no puedo dejarte hacer esto— dijo Draco con calma, levantando una mano hacia el cielo.
—¿Qué vas a hacer? ¿Ocupar tu cuarto de poder elfíco?— bufó Lucius.
—Déjame darte un pequeño consejo que recibí hace poco: Corre, Lucius.
Lucius levantó la barbilla, testarudo.
—¡Avada Kedavra!— gritó.
—¡Russe tuulo moriloomir!— exclamó Draco dejando caer su mano como si fuera un chuchillo.
oooo
Harry no le prestó atención al trueno y apenas notó la lluvia que lo golpeaba mientras corría por los terrenos hacia la puerta de salida de Hogwarts. A través de la reja de metal podía ver a Draco. Lucius. La varita estirada. La mano levantada. Incluso llegó lo suficientemente cerca para escuchar las maldiciones.
Pero no estuvo tan cerca para ver lo que sucedió cuando el aire frente a él destelló en verde y blanco.
