Ni los personajes ni la historia me perteneces, la historia es de Carolina Andújar y los personajes de Masahi Kishimoto yo solo me dedico a hacer la adaptación por entretenimiento.
Al igual que en la anterior historia sabrán que yo siempre me demoraré un poco en actualizar dado que saben que yo no cuento con suficiente tiempo pero en estos momentos estoy haciendo lo posible para poder adelantar lo más que se pueda la adaptación la cual espero que les guste y me acompañen dado que esta historia será aun más larga que nuestra amada Vampyr y por consiguiente me gustaría recibir más apoyo que en nuestra anterior historia y también informarles que 6 Romeos 1 Julieta se encuentra actualmente PAUSADA, con la posibilidad de que no sea actualizada hasta el próximo año ya que la chica con quien elaboraba la historia desapareció de la plataforma. Para más información los invito a que vean el Mensaje importante que dejé en la misma historia y pido perdón por las demoras y molestias causadas a todos mis lectores por si este inconveniente los ha incomodado o molestado.
CAPÍTULO 38: A Capella: La serpiente infernal parte 1.
Era el mismo recorrido que había realizado una noche del verano anterior que había considerado fatídico. Ahora la luna iluminaba la calle helada y todos los árboles habían perdido las hojas. No había brisa ni cielo púrpura. El corazón maligno batía con sigilosa lentitud dentro de la caja y mi pulso se aceleraba, martilleando en mis oídos hasta llegar a hacer casi ensordecerme. No escuchaba mis propios pasos ni mi respiración agitada, que se transformaba en vapor blanco al salir de mi boca. Solo escuchaba dos corazones, el que estaba dentro de mí y el que debía destruir.
Pasé frente a las casas deshabitadas sin siquiera atreverme a mirarlas. No sabía si temblaba a causa del miedo o el frío, pero mis pies me arrastraban hacia la casa de Sai aunque parte de mi voluntad se resistía a coincidir con la decisión que ya había tomado. Sentía, pues, que iba como oveja al matadero, expresión bastante apropiada para ilustrar los planes de Sai y su secta para conmigo. Habría jurado que estaba completamente sola: no había rastros de Sasori o Deidara y, aun si sabía que era parte del plan, me acobardaba.
Me detuve en medio de la calle, exactamente frente a la reja de la casa del dragón y, tras depositar la caja en el suelo y abrirla, busqué son dedos trémulos el frasco con el monograma del árbol de la vida. Allí, acurrucada junto al cofre, retiré la pequeña tapa de plata que protegía las semillas y, cerrando los ojos, ingerí el contenido del frasco que se había transformado en polvo.
Mastiqué como pude, tragando con dificultad. Mentiría si dijera que experimenté una sensación sublime: mi miedo era abismal, tanto así que mi estómago se había contraído como si estuviera a punto de lanzarme a un pozo sin fondo. Con una exhalación entrecortada, sacudí el saco para que la serpiente cayera a mis pies. Su cuerpo, aún elástico, rebotó sobre la piedra y rozó mis botas, sobresaltándome.
Quise echarme a correr pero mis piernas no reaccionaron: no había marcha atrás. Me di alientos diciéndome que estaba donde debía estar y forcé el compartimiento superior del cofre que se había atascado, provocando con la brusquedad del tirón que el pergamino y los frascos rodaran por el suelo. Me apresuré a recogerlos confundiéndolo todo en mi afán. Volvía a inclinarme sobre el cofre, acomodando el pergamino y los frascos en el compartimiento correspondiente. Gracias a la dispersa luz de la luna vi el corazón por primera vez: no solo palpitaba dentro de la madera sino su tejido oscuro y heterogéneo tenía movimientos propios. Un vaho pestífero ascendió hasta mí y me compelió a retroceder sin que con ellos pudiese evitar que impregnara mis cabellos y vestiduras, así como todo el aire alrededor.
Estaba consciente de que no debía detenerme en medio de mi tarea así que, haciendo acopio de valentía, toqué la puerta muerta por primera vez. Temblando de asco, me decidí a enrollarla alrededor del corazón solo para descubrir que el extraño movimiento del último se debía a la gran cantidad de larvas negras y blancas que salían y volvían a entrar en él. Llorando, luché contra mis propias reacciones e introduje la culebra en el cofre, curvándola alrededor del corazón y rozándolo en el intento, más a causa de los espasmos de mi estómago que por la estrechez del espacio.
Cuando el corazón estuvo aprisionado dentro del grueso pellejo de la cobra, abrí sus fauces con las puntas de los dedos, distrayéndome con sus opacos ojos azules y la gelatinosa lengua bifurcada. Entonces escuché un siseo proveniente del cofre y me pareció que la serpiente se temblaba, como llenándose de un líquido invisible. Metí la cola dentro de la mandíbula abierta y, en un impulso que solo el terror puede explicar, aplasté su cabeza con mis nudillos para obligarla a morderse a sí misma. Una convulsión la recorrió y retiré mis manos, que se habían manchado de un líquido negro que bien podía ser sangre putrefacta o veneno.
Me puse de pie, lanzando una exclamación musa: la serpiente estaba viva. Salté hacia atrás, convencida de que me atacaría, solo para caer en la cuenta de que, al igual que la noche en que Sai había bebido mi sangre por primera vez, estaba rodeada de niebla. Jadeé horrorizada y empuñé la daga de Deidara con mano débil. Nada es peor que no ver lo que se acerca, o al menos eso creía.
- ¡Sai!- grité, no para llamar al monstruo sino para darles un idea de mi ubicación a Deidara y a Sasori- ¿Hasta cuándo vamos a jugar a las escondidas?
Di otro paso atrás, temiendo que la culebra escapase del cofre para morderme. Sin embargo, recordé que Sai podía apoderarse del corazón, así que volví a acercarme.
- ¿Hola?- llamé. Sólo el eco de mi propia voz me contestó. Tomé el cofre y volví a cerrarlo. La serpiente y el corazón produjeron extraños sonidos en su interior. En vista de que Sai no salía a mi encuentro, tendría que ir por él. Entraría por última vez a la casa del dragón.
Me acerqué al portón y lo empujé procurando no hacer ruido pero las bisagras de metal chirriaron con el movimiento. Esta vez tampoco parecía que hubiera nadie en la casa. Temblando, subí los escalones de piedra y giré la perilla de la puerta principal, la cual cedió ante la presión de mi mano. Rogué para que Deidara y Sasori no me perdieran de vista: era imprescindible que supieran dónde estaba en cada momento. Me enfrenté a las tinieblas del interior y cerré la puerta a mis espaldas con delicadeza.
El salón estaba tan oscuro que no podía ver más allá de mis narices, así que me acerqué a tientas a los pesados cortinajes para abrirlos un poco. Bastaría con que la claridad de la luna llena entrara por el cristal de una de las ventanas para darme una idea de la posición de los muebles y no tropezar contra ellos.
Puesto que el cofre me impedía maniobrar con soltura, lo deposité con cuidado en el suelo mientras intentaba descorrer una cortina cuyo punto de apertura no encontraba. Los ventanales eran tan altos y la tela tenía tantos pliegues que me estaba resultando realmente difícil hacerla a un lado. Por otra parte, mis ojos aún no se habituaban a la oscuridad y empecé a sudar profusamente a causa del miedo. Para mi sorpresa, los latidos del corazón contenido en el cofre se hicieron más tenues y, de un momento a otro, imperceptibles. Me incliné con lentitud y palpé la alfombra alrededor con las yemas de los dedos para descubrir con horror que el cofre había desaparecido.
De repente, la madera crujió bajo la alfombra en el otro extremo de la habitación. Presa del pánico, empecé a desplazarme a gatas por el área que creía haber recorrido entre la puerta principal y los ventanales con la esperanza de hallar el cofre pero alcancé la entrada antes de toparme con el artículo perdido. Desesperada, intenté abrir la puerta de nuevo para que la claridad exterior penetrara en la estancia pero la perilla permaneció firme en su lugar; alguien le había echado llave al cerrojo.
Con el fin de recobrar la calma, me dije que quizá la puerta principal se había atascado y Sai aún no sabía que yo estaba allí, pero no podía estar segura de ello. De todos modos, ese era un triste consuelo puesto que Deidara y Sasori ya no podrían entrar al inmueble de la misma forma que yo. Estaba atrapada y había perdido el corazón batiente. Tuve el presentimiento de haber caído en una trampa planeada por Sai con precisión magistral.
Mi respiración se tornó ruidosa, impidiéndome discernir los sonidos de mi entorno: debía comunicar de inmediato mi situación a Sasori y Deidara, quienes seguramente estaban fuera de la propiedad y tan angustiados como yo. Tendría que abrir la ventana e indicarles por medio de señas que estaba encerrada. Dejaría la ventana abierta de modo que ellos pudieran introducirse en el recinto mientras yo buscaba el cofre. Me puse de pie y caminé a ciegas hacia el ventanal pero, cuando palpé la suave tela de la cortina de nuevo y ya me disponía a levantarla, el piso de madera volvió a crujir, esta vez debajo de mis pies. Me quedé muy quieta, temiendo haberme delatado. Escudriñé la habitación con la esperanza de detectar el cofre antes de ser descubierta.
Aún no podía discernir las sombras que me rodeaban, así que me acurruqué lentamente y me escurrí tras la cortina. Procuré que mis movimientos fueran sutiles a pesar de mi nerviosismo y, cuando al fin estuve oculta por el negro cortinaje de terciopelo, me incorporé para alcanzar el alféizar. Mi corazón se detuvo cuando comprendí el verdadero motivo de la oscuridad del salón; las ventanas habían sido tapiadas con adobe en el interior, de modo que desde afuera parecía que los cristales podían abrirse. Deidara no podría entrar a la casa del dragón aunque rompiera los vidrios.
Ahogué una exclamación de horror y me lancé al piso, saliendo de mi escondite y rezando por entre los dientes para que Dios me permitiera recuperar el cofre antes de que Sai lo atisbara. Ahora podía distinguir vagamente los contornos del mobiliario gracias a la diáfana luz que se filtraba a través de la rendija de la puerta que comunicaba al salón con la habitación contigua. No parecía que hubiese nadie allí conmigo pero, aunque me esforzaba, no lograba ver el suelo. ¿Dónde había puesto el cofre?
- ¡Ino!
La voz de Deidara llegó a mí desde la habitación adyacente.
- ¡Deidara!- respondí, dirigiéndome a pasos apresurados hacia la puerta que nos separaba- ¡Estoy aquí!
Lo escuché forcejear con la cerradura.
- ¡Esta puerta también está atascada!- exclamó- ¡Date prisa, Sai se dirige al pórtico y está a punto de entrar!
Tire de la manija con fuerza pero, debido a la torpeza, esta se rompió.
- ¡Socorro!- dije, con lágrimas en los ojos- ¡No encuentro el cofre!
- ¿Qué dices?- preguntó. Percibí la angustia en su voz- ¡Por lo que más quieras, olvida el cofre! ¡El Vampyr te matará!
Tomé la daga que Deidara me había dado y lo incrusté en la cerradura, girándola en mi mano trémula. Entonces, la puerta al fin cedió y mi interlocutor la haló desde el interior.
- Sorpresa.
Sai me esperaba al otro lado de la puerta. Comprendí, horrorizada que había estado hablando con él todo el tiempo. Estaba ataviado con una bata roja que caía hasta el piso y varios rostros familiares me sonreían desde la penumbra tras él: Kawaki encabezaba el grupo que lo acompañaba, alumbrando la estancia con una vela negra. Enmudecí del miedo.
- La sangre contiene la esencia de cada individuo y yo la retengo hasta el fin de los tiempos- dijo Sai, desalojando la daga de la cerradura y reteniéndola en la mano- ¿Olvidaba que el príncipe magyar fue la primera víctima?
A pocos pasos de Sai, Mikoto se erguía orgullosa con el cofre en las manos.
- ¿Buscabas esto?- preguntó, enseñándomelo con sorna- Jamás debiste dejarlo fuera de tu alcance. Los conversos podemos ver claramente en la oscuridad.
Pronto advertí que todos ellos estaban vestidos del mismo modo que su venerable maestro, quien había decidido jugar conmigo como una serpiente con su presa, imitando la voz de Deidara y demorando adrede el momento de revelarse ante mí. Me di la vuelta bruscamente con la intención de echarme a correr, solo par chocar contra Fugaku Sarutobi, quien se detuvo con una sonrisa burlesca.
- ¿A dónde cree que va?- preguntó en mi oído, agarrándome con una fuerza sobrecogedora de la que no habría sido capaz si Sai no lo hubiese transformado también- Es su noche de bodas. Quiero decir, la noche de su boda.
- Ambas cosas son ciertas- dijo Sai a mis espaldas, al tanto que Fugaku continuaba retorciéndome mis manos. Sentí que mis coyunturas cederían en cualquier momento- Asegúrate de que no pueda volver a escapar.
- ¡Dios mío!- grité con toda mi capacidad, presionando mi cuerpo contra el de Fugaku con la intención de herirlo con mi crucifijo. No me atreví a pronunciar el nombre de Deidara o el de Sasori quienes eran mi única esperanza, pero necesitaba que me oyeran de algún modo- ¡Sálvame!
- ¡Por Satanás, que alguien le quite el broche a la novia!- aulló Fugaku, alejándose de mí sin soltarme.
Antes de que pudiera parpadear, un jovenzuelo de expresión estupefacta emergió de entre las sombras y se apoderó del crucifijo, arrancándolo de mi cuello con un graznido triunfal. De inmediato reconocí a Chōjūrō, el ocultista adolescente que había ido hasta las montañas de Konohagakure a buscar el cuerpo de Tenten.
- Gracias, Chōjūrō- dijo Sai- Ahora, pon el talismán de la orden alrededor de su cuello. Fugaku, asegúrate de que la novia no pueda usar sus manos.
Chōjūrō volvió a acercarse a mí con el amuleto triangular que Sai había querido obligarme a lucir durante la cena en casa de mis padres. Cuando intentaba colocármelo sacudí la cabeza con furia, golpeando al chico en el puente de la nariz, pero él consiguió ponerme el broche. La nariz de Chōjūrō goteó sangre y los ojos de Mikoto se iluminaron. Dio un paso hacia nosotros.
- Venerable maestro, tenemos hambre- dijo.
- Primero la boda, después el banquete- replicó este.
Conforme la luz de la vela iluminó el salón, advertí que un centenar de figuras encapuchadas se incorporaban del suelo. Todos los iniciados, sin excepción, estaban enfundados en túnicas rojas que, como la de Sai, ostentaba a la altura del vientre la insignia del ojo providencial enmarcado en un triángulo.
Marcello me viró de nuevo hacia la otra habitación, obligándome a encarar a Sai y sin dejarme de sujetarme, esta vez por los codos. No había forma de que Sasori y Deidara mataran a tantos Vampyr. Si se atrevían a entrar a la casa del dragón, perecerían irremediablemente. Debía alertarlos de algún modo.
- Bien, Ino, ahora sabes que no solo puede tocar el piano como la señorita Mikoto- dijo Sai. Su expresión era inescrutable- También puedo hablar como ella o como cualquiera de mis víctimas, sin importar hace cuánto haya bebido su sangre. Aunque no puedo dejar de sentir ira para con usted por haber robado el cadáver del rey, liberando así su cuerpo y permitiendo que su espíritu retornara al cuerpo- continuó- le estoy agradecido por haber recuperado el primer corazón que le ofrendé a la gran serpiente. Es de valor sentimental para mí"
- ¡Lord Āto los matará a todos en cuanto lleve a cabo su cometido!- lloré, dirigiéndome a su séquito maligno para ganar tiempo- ¡Arrancará sus corazones y los ofrendará al demonio como lo hizo con el dueño del corazón que sostiene Mikoto!
- No sea ridícula- replicó él- Kawaki ha sido cofrade desde que vine a Iwagakure la primera vez y solo ha recibido recompensas de mi parte. En ese entonces me presenté como el barón de Āto y no como su heredero. Kawaki ha guardado mi secreto demostrando así su fidelidad y a cambio de su prudencia lo transformé. Desde entonces no ha hecho más que ascender a nuestra orden. Mis nuevos aliados pueden esperar lo mismo si se comportan, especialmente el oven Chōjūrō, a quien prometí convertir esta noche por su gran labor en las montañas de Konohagakure. Recobró el cuerpo de la viuda, cuya sangre se preservó en el hielo. El doctor Gaara extrajo de sus venas justo la cantidad necesaria para el rito que llevaremos a cabo en unos instantes. Ah, Ino, usted será la novia más apetecible gracias al miedo que la embarga.
Todos los Vampyr que se hallaban allí aullaron al unísono al tanto que mis ojos se llenaban de lágrimas de verdadero terror.
- Fue un placer, milord- dijo un hombre de anteojos y cabellera rojiza que adiviné era Gaara. Estaba cerca de mí, en el costado derecho del salón- Es lo menos que podía hacer por usted. Después de todo, usó su influencia para sacarme de la cárcel y limpiar mi expediente. Sé que lo hizo para que lo proveyera con la lista de los contactos más poderosos de la condesa Karin, pero estoy dispuesto a servirlo devotamente por tan excelente favor.
Me alegra que la novia que va a albergar el espíritu de la viuda sea de su agrado. Sin duda el sufrimiento de su carne despertará su lujuria para garantizar que la mayor proeza científica de la historia se realice en breve. Los profanos que no pertenecen a nuestra orden aún ignoran que la ciencia verdadera yace en este antiguo culto. Además- prosiguió, dirigiéndose a sus cofrades- la novia me ahorró el trabajo de encontrar el elusivo árbol de la vida en el bosque del antiguo monasterio de Ha no jiin. La condesa Karin lo odiaba por ser un símbolo del Cristo enemigo y, careciendo de la astucia y sabiduría sacra que el venerable maestro Sai posee lo tumbó a tierra en cuanto lo vio.
Como milord bien lo sabe, me fue imposible localizar el nuevo retoño para sintetizar su semilla en tan corto tiempo. Sin embargo, como todos los presentes pueden observar, la novia consumió la trituración del fruto que los monjes ya habían preparado y sus efectos comienzan a hacerse palpables. Es toda fertilidad, tanto así que la simiente de la muerte engendrará en ella un varón capaz de derrotar al Dios enemigo.
Las palabras de Gaara me hicieron temblar.
- ¡Su piel brilla!- siseó Mikoto, mirándome con odio y sacudiendo el cofre- ¡Yo también quiero un poco!
- No te atrevas- dijo Sai- Debemos hacerlo de acuerdo con la profecía. Si obedecemos a la serpiente que nos guía, el fruto del árbol terrenal nos dará acceso al verdadero árbol de la vida que está en el paraíso a través de la sangre de la novia y el glorioso unigénito maldito que va a concebir. Así, el Juicio Final no tendrá efecto sobre las potestades infernales. Seremos como dioses.
Sai había revelado el plan de su amo ante todos. Los chillidos de júbilo de los Vampyr fueron tan estrepitosos que tuve la certeza de que Sasori y Deidara los habían escuchado. Al menos se harían una idea de cuán numerosos eran. Intenté liberarme del agarrón de Fugaku sacudiéndome y dándole coces pero él me dominaba por completo.
- Gracias a Lucifer la novia siguió las instrucciones que estaban en el pergamino oculto en el cofre- dijo Sai, sonriendo y enseñando dos colmillos larguísimos entre los cuales se asomó una delgada lengua viperina- Esto demuestra que perfeccioné el arte de conseguir que mis opositores trabajen para mí aun cuando creen seguir los designios de su deidad.
- ¡Jesucristo!- vociferé, sintiendo que me desgarraba por dentro. Los Vampyr cubrieron sus oídos, estremeciéndose.
- Vamos- ordenó Sai- Es hora. Si no nos damos prisa, el plenilunio alcanzará su esplendor.
Nuevamente les agradezco a todas y cada una de esas personas que me comentaron con la intención de que siga haciendo la adaptación del segundo libro, gracias a todos ustedes es que se esta haciendo posible este gran Proyecto el cual está teniendo mismo apoyo en todo su sentido y así poder seguir con él y no dejarlo en algo que pudo haber sido y no fue, por eso a todos los que siguen esta historia les pido un humilde comentario para saber sus opiniones y si desean o no seguir leyendo este proyecto el cual actualmente va cada vez más acercándose a su punto FINAL para que se den a la idea de cuanto nos hace falta.
Nuevamente les quiero recordar a todos los lectores que se pueden sugerir que personaje desean leer hagamos esto un proyecto colaborativo, díganme a quien quieren ver y yo con mucha felicidad lo pongo, pero recuerden que si el personaje ya ha salido en la otra temporada acá no lo hará pero si es uno que apareció momentáneamente puede que si aparezca acá. En pocos palabras los personajes que tuvieron mucha relevancia en Vampyr acá no podrán aparecer dado que ellos podrían volver a mostrarse en otro momento más adelante de la historia
Otra vez gracias a todos por hacer posible este proyecto que requiere de mucho trabajo. Esto es gracias a ustedes y para ustedes. A parte les pido perdón por posibles faltas de ortografía o si pasé por alto algún nombre o detalle argumental, por la falta de tiempo escribo la adaptación tarde en la noche que es cuando peor esta mi vista y concentración, así que me puedo equivocar más, otra vez perdón y gracias por su apoyo no solo en esta, sino en todas las plataformas.
