39. Pociones y estrellas
La clase de pociones un lunes por la mañana no era exactamente la mejor forma de empezar la semana para la mayoría de los alumnos. Aunque el profesor Slughorn, ya al borde de la jubilación, era amable y no solía quitar puntos a menudo, lo cierto es que las clases eran soporíferas, con pocas experiencias prácticas. Albus, en su pupitre, se encontraba taciturno pensando en todo lo acontecido la tarde anterior. Con los brazos cruzados sobre el pupitre y la barbilla sobre ellos, cavilaba con la mirada perdida en el infinito. Ni si quiera se dio cuenta de la entrada de los Gryffindor , ni de la mirada lastimera que le lanzó Silver al pasar junto a él, tan perdido como estaba en sus propios pensamientos. Leeds, sentado en el pupitre de enfrente, agitó una mano por delante de su cara.
-Tierra llamando a Albus.- le dijo. Él alzó la vista sin moverse de la postura.- ¿Qué te pasa?
-Nada importante.- dijo de una forma demasiado cortante. Su compañero alzó una ceja y se volvió hacia delante sin decir nada más. Albus consultó el reloj de la sala, preocupado: Jeremy no solía llegar tarde nunca, pero faltaban dos minutos para comenzar la clase y aún no había aparecido. Se volvió ligeramente hacia el pupitre de al lado, vacío ¿Habría tenido problemas? No le había visto desde hacía dos días. Aún se preocupó más cuando el profesor Slughorn hizo su aparición en la clase, cerrando la puerta tras de sí, y eso ya era más que un motivo suficiente: ningún alumno llegaba tarde a las clases de Pociones, ya que Slughorn era muy insistente con la puntualidad.
-Buenos días.- saludó.- Bien, el último día estuvimos viendo las pociones que modifican nuestra capacidad de conciencia ¿ Alguien puede darme algún ejemplo?
Una mano se alzó en el aire.
-¿Weasley?
-La amortentia, señor.
-Fantástico, diez puntos para Griffyndor.- la pelirroja sonrió con suficiencia.- Bien, aunque la poción de Amortentia ha sido muy utilizada por magos que sufrían de…
En ese momento, la puerta de la clase se abrió bruscamente y un despeinado Jeremy, con libros bajo el brazo, y perdiendo hojas de pergamino por el camino, apareció en la puerta. Su aspecto era bastante cómico: Jeremy era muy pulcro en su apariencia, jamás dejaba que nadie lo viese despeinado, o mal vestido. Albus se sobresaltó de su asiento al ver la apariencia de su amigo, y le miró con sorpresa.
-Buenos días, señor.- saludó el joven con una media sonrisa.
-Nott, llega diez minutos tarde.- contestó el profesor frunciendo levemente el entrecejo. Jeremy no era exactamente su alumno preferido.
-Lo sé , señor. En Slytherin tenemos un reloj.
-¿Y acaso está roto?- preguntó SLughorn alzando una ceja.- ¿O es que después de seis meses todavía no se ha aprendido el horario de clases?
-Lo siento, me he despertado tarde, anoche estuve repasando el último tema de pociones.- dijo sonriendo de forma angelical.
-¿El último tema de pociones es como llamas a los chicos con los que compartes dormitorio, Nott?- Preguntó Avery maliciosamente. Jeremy se volvió hacia él sonriente.
-Cariño, dijimos que eso quedaba entre tú y yo.- el resto de la clase estalló en carcajadas, ante un ruborizado Avery.
-Ya está bien. Siéntese Nott, sin hacer ningún comentario por el camino,si puede ser, por favor.
Sí, señor.- dijo Jeremy yendo apresuradamente hasta su pupitre. Slughorn siguió explicando a la par que Albus se volvió ligeramente hacia su compañero.
-Dichosos los ojos que te ven.- le dijo en voz baja.- ¿Dónde te has metido todo el fin de semana?
-Haciendo el trabajo que los demás no hacéis.- dijo Jeremy también con un susurro.- Mientras todos os lo pasabais genial en la fiesta, yo he seguido investigando el asuntillo de la pulsera de los Malfoy.
-En eso de " pasarlo genial en la fiesta" te equivocas.- dijo Albus con un suspiro. Jeremy lo miró interrogante.- Luego te lo cuento.
-Nott, Potter.- les llamó Slughorn.- ¿Han oido lo que acabo de decir?
-Eh…
-Pónganse por parejas. Vamos a trabajar en la Poción Ojo de Lobo.
-Claro, señor.- dijo Jeremy apartando sus libros y tomando rápidamente los ingredientes. Luego se volvió hacia Albus.- Espero que tú sepas de qué está hablando.
-Es una poción para ver en la oscuridad.- dijo Albus agitando la cabeza. Tomó los ingredientes que Jeremy colocaba en la mesa.- Tú los cortas y yo los mezclo. Eres un peligro removiendo calderos.
Jeremy comenzó a cortar una raíz de roble, mientras Albus preparaba el caldero y lo ponía a la temperatura correcta.
-Tenía razón respecto a los objetos de las logias.- empezó Jeremy.-he leído todos y cada uno de los libros especializados en asociaciones de magos, y en todos ellos, se habla de un objeto mágico de valor, que siempre tiene alguna función dentro de las reuniones de las logias.- explicó mientras troceaba la raíz. Albus escuchaba en silencio.- Sabía que la serpiente de plata no era un simple objeto de decoración.
-Genial.- dijo Albus tomando los trozos de raíz y echándolos en el caldero.- Abre el murciélago, exprime la sangre y déjala en ese cazo.
-No he encontrado nada acerca de pulseras plateadas en forma de serpiente.- seguía Jeremy a la par que sujetaba el pequeño murciélago para abrirlo.- Pero ahora sabemos que es un objeto mágico, que tiene alguna función dentro de la logia.
-Sí, pero ¿cúal?- preguntó su amigo.
-Es lo que todavía no sé.- dijo Jeremy.- Pero sé que estoy cerca… No puede ser un horrocrux, he investigado sobre ellos y por las señas que habéis dado de esa pulsera no se corresponde a un objeto susceptible de serlo… Es otra cosa, pero ¿qué?
Albus miró de reojo a su amigo mientras tomaba la sangre de murciélago del cazo con un cuenta gotas. En su opinión, Jeremy se estaba tomando demasiado en serio el asunto de la pulsera: Lo importante era averiguar quién estaba detrás de esas máscaras, y gracias a Dylan ya sabían que era Scorpius quién lo dirigía ¿Qué más daba cómo lo hiciese? Sin embargo, el hecho de que Jeremy investigase ese asunto de la pulsera podía acercarles a la forma en la que se reunían, o el ritual en el que pensaban sorprenderlos.
-Tiene que ser algo relacionado con los hijos de muggles, un detector de sangre pura o algo así… Me cuadra en el tipo de regalo que Draco Malfoy les haría a sus hijos.
-Puede ser…- convino Jeremy , con las manos apoyadas sobre la mesa.- Pero ese tipo de objetos mágicos habrían sido detectados en Hogwarts.
-EL señor Malfoy es un gran mago Jeremy, estoy seguro de que sabrá la manera de introducir eso aquí sin que sea detectado. Ya lo hizo con un armario. Y a la vista está: sus hijos tienen esa pulsera sobre sus muñecas sin que McGonagall haya hecho nada para impedirlo.
-Por eso mismo no me cuadra.- dijo Jeremy señalándole con la navaja con la que debía cortar la crin de unicornio.- Draco Malfoy no expondría a sus hijos de esa manera. Es un mago oscuro, y un ser despreciable, pero sé que Scorpius y Vega son su mundo. Les protege demasiado, sobre todo a Vega. No les daría un objeto que podría ponerlos en peligro, o que les supusiera la expulsión de Hogwarts.
-Pues yo creo que ese tío haría lo que fuera para honrar la memoria del "Señor Oscuro".- comentó Albus irónicamente.- Mi padre me ha contado muchas cosas de cuando eran alumnos de Hogwarts, Draco Malfoy siempre se ha movido entre dos tierras. Nunca se ha sabido a cuál era realmente leal.
Jeremy lo observó unos minutos sin decir nada.
-No lo creo.- dijo.- EL señor Malfoy podía ser muchas cosas, pero finalmente , como se sabe, fue incapaz de acabar con la vida de Dumbledore. Para mi eso si es lealtad.- explicó. Albus agitaba negativamente la cabeza mientras removía la poción.- Es verdad: lo es, Albus. A mi me preocupa más ese Drake…- miró hacia la izquierda, donde Dylan estaba concentrado en su caldero mientras Bere a su lado repasaba un pergamino con los ingredientes.- Ya sé que ahora es la estrella, pero no me he fiado nunca de el, no me fio , y no me fiaré. No nos cuenta toda la verdad sobre la logia.
-Merlín, Jeremy.- dijo Albus poniendo los ojos en blanco.- ¿Qué diablos te pasa con Dylan? Te lo he dicho muchas veces ya, se está jugando el tipo por nosotros. Para mi ha demostrado con creces el bando en el que está.
-¿Eres capaz de decir eso después de lo que le hizo a Silver?- preguntó Jeremy incrédulo. Al parecer ya se había enterado de lo del plan de Dylan. Albus se encogió de hombros.
-Ella estuvo de acuerdo, asi que…. No estaba realmente en riesgo. Es libre de decidir.- A Jeremy no se le escapó el tono neutro de su amigo. Miró hacia donde estaba Silver, con la mirada perdida hacia ellos, mientras Rosie cortaba concienzudamente los ingredientes y los echaba en el caldero.- ¿Ha pasado algo?
Albus suspiró.
-Pues…
-Muy bien, chicos, el tiempo ha finalizado. Etiquetad vuestras pociones con vuestros nombres y dejádmelas sobre mi escritorio.- les indicó Slughron. Albus y Jeremy terminaron de remover el caldero, echaron un poco en un tarro de cristal y salieron tras dejarlo sobre el escritorio del profesor.
-¿Y bien?- preguntó Jeremy cuando ya estaban en el pasillo.- ¿Me vas a contar por qué Silver y tú os comportais como desconocidos o no?
-Hemos discutido.- explicó Albus mirando de reojo cómo Silver y Rosie se alejaban hacia su Sala Común.- Por lo de la fiesta y todo ese rollo del plan a mis espaldas.
-Pero… ¿Lo habéis dejado ?- preguntó Jeremy. Albus se disponía a responder cuando una voz femenina les interrumpió.
-¿Podemos hablar un momento?
Albus y Jeremy se volvieron para descubrir allí a Vega Malfoy. Jeremy miró con sorpresa a Albus, sabía que Vega y él no habían hablado jamás. Albus empezó a notar cómo las miradas de los Slytherins de alrededor se fijaban en ellos: Tanto Albus como Vega eran muy conocidos en Hogwarts, y todos sabían que, aparentemente, no se movían por los mismos ambientes. Tomó a Vega del antebrazo y la llevó hacia la esquina donde confluían dos pasillos, para estar alejados de las miradas curiosas.
-¿Estás loca?- le dijo Albus.- ¿Cómo se te ocurre venir a hablar conmigo en mitad de un pasillo? Tu hermano podría habernos visto.
-Tampoco tiene nada de raro. Mi hermano y tú sois amigos, yo soy la hermana de tu amigo. Podía haber venido a darte un recado de Scorpius.
Tal y como ella lo presentaba parecía muy sencillo.
-Lo que tú digas.- dijo él. Era imposible discutir- ¿De qué quieres hablar?
-De lo que pasó el sábado por la noche.- susurró ella.
-Vega…- empezó Albus.- Te lo dije, fue un error y una locura. Haz como yo y olvídate de esa noche. Es lo mejor para los dos.
-Eso es mentira.- dijo ella cruzándose de brazos.- Vamos, Albus. Sé como me miras. Sé cómo me mirabas ese dia. No niegues lo que hay, eso sólo hará volverlo más fuerte.
Albus se quedó mirándola en silencio, sin argumentos para rebatirle. Su cabeza le decía que no, que no podía aceptarlo, que tenía que pensar en la opción más sencilla. Pero su corazón decía otra cosa.
-Ahora no puedo hablar, Vega.- dijo finalmente, mirando nervioso el pasillo, por el que de vez en cuando transitaba algún alumno.- Pueden oírnos.
-Entonces ¿Cuándo?
-Esta noche.- dijo él. Pensó en algún lugar que no fuera la Sala de Slytherin, donde Scorpius podía descubrirles, ni las zonas más transitadas del castillo.- En la puerta de la Torre de Astronomía.
-Allí estaré.- dijo ella, y sin más echó a andar con paso seguro hacia el otro extremo del pasillo. Albus se apoyó en el muro de piedra, mientras pensaba qué argumentos le iba a dar a Vega para no estar con ella. Ni él mismo era capaz de creerlos.
Cuando Albus dejó la Sala Común a medianoche, se cubrió con la capa de invisibilidad y avanzó a pasos seguros hacia la Torre de AStronomia. No había decidido qué iba a decirle a Vega, ni él mismo lo sabia: a ratos le gustaría dejarse llevar por lo que sentía, a ratos deseaba pararlo con todas sus fuerzas: Ella reunía todo lo que debería evitar en el mundo mágico: Era una Malfoy, su hermano regentaba una logia que atacaba a los hijos de muggles, sus familias siempre se habían odiado. Pero lo que estaba claro era que había que pasar página, aunque no sabía si para cerrar un capítulo o empezar uno nuevo. Tal vez ambas cosas. Apresuró sus pasos hasta llegar a la puerta de la Torre: no había nadie. Se quedó en la puerta , a la espera. Vega no tardó en aparecer: Albus la vió acercarse por el mismo pasillo por el que él había venido, envuelta en una capa del uniforme negra, su cabello rubio recogido atrás,, su rostro aún más pálido entre la oscuridad. Ella llegó a la puerta y Albus se deshizo de la capa invisible. Vega ahogó un grito.
-Me has asustado
-No era mi intención.- dijo él.
-¿A dónde vamos?- preguntó Vega, mirando a su alrededor.- No es que sea el lugar más escondido del mundo.
-No es el lugar más escondido del mundo, pero si mejor que nuestra Sala Común.- dijo Albus mirando hacia la puerta que daba acceso a la Torre.
-¿Cómo vamos a entrar?No creo que se abra con un Alohomora
-Con esto.- dijo Albus pasando una mano detrás de su nuca, donde ella llevaba recogido el cabello con una horquilla negra. Él se la quitó en un ademán suave, y el pelo de Vega cayó como una cascada de oro sobre sus hombros. Albus introdujo la pequeña horquilla en la cerradura, tal y como Silver había hecho meses atrás, y sintió una punzada de culpabilidad, a la par que nostalgia. No olvidaría esa noche en la que Silver le descubrió el cielo, y se sentía un traidor yendo allí con otra chica. Alargó un brazo para que Vega pasara.
-Las damas primero.
-No soy una dama.- dijo ella con suficiencia mientras subía por las escalinatas de piedra. Albus cerró la puerta tras de sí y la siguió. El Aula de Astronomía a esas horas de la noche era bastante lúgubre, con los cojines y sillones esparcidos por el suelo en medio de la oscuridad, los viejos armarios de madera que se quejaban con débiles crujidos y el tul que colgaba de las ventanas, hondeando levemente con la brisa. Vega alzó su varita y en un instante una multitud de velas a su alrededor se encendieron, permitiendo poder verse las caras.
-No está mal.- dijo la joven, aún con la varita en la mano.- No tengo nada contra la oscuridad, pero prefiero mirar a los ojos cuando soy sincera.
-¿Lo eres muy a menudo?- preguntó Albus, escéptico.
-Sí, con la gente que me importa.- respondió ella. Ambos se quedaron en silencio unos segundos, sin saber qué decirse. Vega volvió a hablar.- He dejado a Avery.
-Vaya…- dijo Albus sin saber si debía mostrar alegría, tristeza o todo a la vez.- No sé qué decirte.
-Le he dejado por ti.- susurró ella. Albus la miró arqueando una ceja. Ella sonrió tristemente.- Creo que no sabes lo que eso significa para mi.
-Explícamelo.- pidió Albus.
-Sentémonos primero.- dijo ella haciendo una seña con el brazo hacia unos cojines junto a la ventana. Albus se sentó en silencio, y Vega lo hizo frente a él.- No sé si sabes cómo van las cosas dentro de una familia ancestral de sangres puras. Sé que tú también eres de sangre pura, pero lo de mi familia es… distinto. Durante daños se le ha dado muchísima importancia a la pureza de sangre.- Albus hizo un gesto de desagrado.- Es lo que se espera dentro de las familias ancestrales. Mis padres siempre han tratado de trazarme un camino: desde pequeña, sabía que no iba a tomar mis propias decisiones. Mi destino estaba escrito antes de nacer.
Hizo una pausa y miró brevemente a Albus, que la escuchaba con atención.
-En Dumstrang nunca me he preocupado demasiado sobre esto.- dijo ella encogiéndose los hombros.- Allí los alumnos pertenecen a casas de probada pureza, mi padre respiraba tranquuilo en ese ambiente. Pero este año, con el cierre del colegio… tuve que entrar en Hogwarts, y mi padre me vigiló más que nunca. El día antes de subir al Expreso de Hogwarts tuvimos una charla, en la que se me recordaba lo que se esperaba de mí como una bruja de sangre pura. Sabía que no podía acercarme a los mestizos, ni a gente que en algún momento de sus vidas tuviera amistades poco…recomendables.
-Como yo.- susurró Albus.
-Sí, reconozco que tu nombre se mencionó.- dijo ella.- Cuando entrastes en el equipo, Scorpius hablaba bastante sobre ti en casa. A mi padre al principio no le gustó, pero tampoco puso objeciones: al fin y al cabo, eres de Slytherin. Aún así, me recordó que una cosa era Scorpius, y otra yo. Cuando te conocí en la fiesta de mi hermano…. No me esperaba tu actitud. Quiero decir, en casa siempre se ha hablado de los Potter. No quiero ofenderte, pero tu padre, según lo que me han contado, es una persona sin mucho carisma, que ha tenido mucha suerte de rodearse de ciertos magos en su etapa de Hogwarts. Su éxito tiene más que ver con acompañarse de las personas adecuadas, que con su capacidad mágica.
Albus frunció el entrecejo.
-Eso no es….
Ella alzó una mano.
-Te digo lo que yo he escuchado toda mi vida. Mi padre y el tuyo nunca se han llevado bien, seguro que el señor Potter tampoco es que tenga piropos para mi padre.- Albus tuvo que reconocer que tenía razón. Ella prosiguió.- El caso es que tenía una imagen de ti totalmente diferente. No me esperaba que fueras tan….
-¿Slytherin?- preguntó Albus con amarga ironía. Ella sonrió.
-Es justamente eso. Tienes más de Slytherin de lo que pensaba. Pero además de eso… sé que suena absurdo, pero tengo una conexión contigo, Albus. No sé explicarlo, te miro a los ojos y podría saber qué te pasa por la cabeza. Sabía que estábamos destinados a conocernos…
-Pero luego empezaste a salir con Avery.- dijo él con resentimiento.- Si tanto te gustaba, ¿Por qué lo hiciste?
-Tú me rechazaste.- dijo ella suavemente, como si fuera obvio.- Soy una Malfoy, Albus. Antes está mi dignidad que mis sentimientos.
Albus calló. Ella lanzó un largo suspiro y continuó su relato.
-De todas formas, Avery nunca me gustó. Intenté seguir los renglones que me habían escrito mi padre y mi hermano… Pero fue en vano. No podía dejar de pensar en ti. Cuando me besaste aquella noche, ya lo vi claro. Tengo que intentar estar contigo, por que no puedo hacer otra cosa. Y ahora puede que me rechaces, puede que me digas que es una locura, un error, pero habrá merecido la pena, aunque suponga poner todo mi mundo patas arriba.
Albus la escuchó en silencio, sin decir nada. Siempre había pensado que intentar algo con Vega era una idea demencial, pero en su interior, sintió envidia de ella, de cómo había mandado todo al diablo y se había arriesgado a confesar sus sentimientos aún sabiendo que podría ser rechazada. Eso fue lo que hizo inclinarse la balanza.
-Eres una prepotente.- Vega le miró con sorpresa.- No me gustan tus maneras de niña de papá, la forma en la que miras por encima del hombro, cuándo me das una respuesta cortante. No me gusta tu familia, ni sus ideas. No me gusta que hayas podido relacionarte con Avery, que es la persona más repugnante de este castillo.- ella le seguía mirando sin saber qué decir.- Y con todo y con eso, no puedo dejar de pensar en ti, desde el momento que te vi en la casa de tus padres.
Sin pensarlo, ella se inclinó sobre él y le besó, abrazándose a sus hombros como si fuera una tabla de salvación. ÉL rodeó su cintura con sus manos, y le devolvió el beso, era imposible no resistirse a ella, para él Vega representaba todos sus deseos, lo prohibido, el lado oscuro que jamás se habría atrevido a explorar, lo que siempre había querido pero con lo que nunca se había atrevido. Estuvieron besándose en la penumbra, rodeados de las velas , que tintineaban como estrellas, testigos silenciosas de ese acuerdo tácito. Vega se apartó suavemente de los labios de Albus para mirarle.
-¿Qué vamos a hacer ahora?
Él la miró sin soltar su cintura.
-Lo he intentado, Vega. De veras que lo intenté. Pero no puedo alejarme de ti, así que sólo me queda estar contigo. Pero una cosa es segura: esta relación podría destruir a mucha gente: Tu hermano, tus padres, los míos, Silver….
-Silver ya no es nadie para ti. - dijo ella con un atisbo de celos en su voz.
-Te equivocas. Vega, ella ha estado ahí antes de conocerte. Ya no siento nada por ella, pero no quisiera hacerle daño.
-Ya…- convino ella. Volvió a mirarle.- ¿Entonces?
-Lo llevaremos en secreto. Escúchame bien, Vega: Nadie puede saber lo nuestro. Quiero que lo pienses bien, por que esta situación no será fácil. No podremos hacer lo que hacen los demás, ni excursiones juntos a Hogsmeade, ni pasear juntos de la mano por los pasillos de Hogwarts, ni contarle a nuestros amigos que estamos juntos.
-Lo soportaré.- dijo ella en voz baja.- Lo que cuenta es que estamos juntos, Albus Potter. Al fin.
Sin decir nada más, Albus acarició su mejilla, mirando esos ojos oscuros que le habían perseguido desde hacía meses. Se inclinó hacia ella y la besó suavemente en los labios, acariciando su nuca , su muñeca enredada entre los cabellos de ella. Ella le correspondió al beso , con ansiedad, con rabia, con ganas. No importaba nada, sólo importaban sus labios unidos, sus ojos cerrados, la piel de él sobre la de ella. Estaban en su propio mundo privado, en el que no cabía nadie más.
