Descargo de responsabilidad: Harry Potter y todos los personajes son propiedad intelectual de J.K. Rowling.

El guardaespaldas

Capítulo 36 – El Elegido

¡Neville! ¿No puedes ir más rápido? la voz de Harry sonaba muy frustrada. Snape ya les llevaba varios minutos de ventaja y Voldemort algunos más. ¡Voldemort podría escapar!

Pero Neville estaba prácticamente cayéndose. Y finalmente se detuvo por completo, Harry gruñó de angustia.

─ ¡Perdón! Neville tenía las manos apoyadas en las rodillas, estaba sin aliento. Parecía completamente exhausto, el sudor le corría a mares por la cara. Sigan sin mí, los alcanzaré, cuando recupere el aire. ─

─ ¿Sigan sin mí? ─ repitió Ron. ─ Pues no se puede, TÚ tienes que seguir. ─

─ ¿Cómo te puedes haber dejado estar así? ¡Tan fuera de forma! ¡Se supone que eres El Elegido! ─ lo recriminó Draco furioso.

Interiormente Harry no podría haber estado más de acuerdo. Si correr durante dos minutos lo dejaba prácticamente filtrado ¿cómo iba a sobrevivir un segundo en un duelo contra uno de los magos más poderosos del mundo? Pero sabía que la confianza que Neville tenía en sí mismo era ínfima habitualmente, no convenía empeorar aun más las cosas. Sacudió la cabeza en dirección a Draco, advirtiéndoselo.

─ Es preciso que vengas con nosotros. ─ dijo Hermione.

─ No he subido tantas escaleras desde que dejé la escuela. ─ admitió Neville con vergüenza.

─ ¡Voldemort se va a escapar…! ─ empezó a decir Draco, pero Hermione lo interrumpió.

─ No puede escapar. No hay salida de la Torre de Astronomía. ─

─ Podría escapar cuando llegue arriba. ─ dijo Draco.

─ ¿Cómo? No tiene escoba. ─ dijo Ron.

─ Puede convocar o conjurar una. A estas alturas es incluso posible que ya pueda volar por su cuenta. ¡Merlín, para qué si no, es uno de los magos más poderosos! ─ replicó Draco.

Mientras sus amigos discutían Harry pensaba qué podían hacer. Neville seguía jadeando. Obligarlo a seguir subiendo las escaleras era imposible, se desmayaría. Bueno, a grandes males, grandes remedios, pensó Harry. ─ ¡Levicorpus! ─ Había emitido el hechizo sin pronunciarlo.

Neville flotó en el aire. ─ ¡Me agarró! ─ Neville agitaba los brazos y chillaba desesperado. ─ ¡El Que No Debe Nombrarse me capturó! ─

─ ¡Tranquilo, Neville! Fui yo. ─ dijo Harry. ─ Te llevaré flotando escaleras arriba para que puedas recuperar el aliento. ─

─ Bien pensado. ─ dijo Draco y le dio un beso.

A Neville se le desorbitaron los ojos pero dejó instantáneamente de contorsionarse. ─ Ustedes dos…están… ¿son pareja! ─

─ ¡Y que lo digas, Neville! ─ dijo Ron y se tapó la cara con la mano. ─ ¡Ni te imaginas lo que me ha tocado ver! ¡Las COSAS que estaban haciendo! ─

─ ¡Te lo tienes merecido por irrumpir en habitaciones ajenas sin golpear! ─ dijo Draco.

─ Demasiada información. ─ dijo Neville ruborizándose.

─ ¡Mis palabras exactas! ─ dijo Ron.

─ ¡Ya cállense y corramos! ─ dijo Harry y partió arrastrando a Neville flotando detrás de él. ─ Todos tengan las varitas preparadas y traten de no hacer ruido, Voldemort podría estar escondido en cualquier rincón. ─

Siguieron subiendo, las escaleras nunca habían parecido tan intimidantes… y tan largas.

─ No sé si seré capaz de enfrentar a Ya Sabes Quién, Harry. ─ susurró Neville angustiado. Había recuperado el aliento pero estaba más blanco que un fantasma.

─ ¡Shhh! No te preocupes, nosotros lo distraeremos para que te sea más fácil. ─ Pero Harry estaba muy inquieto, Voldemort podía aparecer detrás de cualquier recodo… ¡en cualquier momento podían tropezarse con el cadáver de Severus!

Habían subido ya cinco tramos de escaleras. Draco se puso a la altura de Harry. ─ ¿Mantenerlo distraído? ¿A Voldemort? ¿y cómo lo vamos a hacer? ¿nos ponemos a enseñarle puntos de tejido? ¿lo invitamos a jugar una partida de bolitas? ¡Nos va a matar ni bien nos vea! ─

─ Tenemos que darle a Neville una oportunidad, Draco. Él es el único que puede ser El Elegido, tenemos que ayudarlo. ─ Harry se dirigió entonces a Neville, que seguía suspendido en el aire. ─ Te necesitamos, Neville… no, el mundo entero te necesita… basta con que lo apuntes con la varita y digas Avada Kedavra… es todo lo que tienes que hacer. ─ Harry trataba de que la voz sonara convincente. ─ Nosotros lo mantendremos ocupado para que te sea más fácil… pero tú tienes que matarlo… para que se cumpla la profecía. ─

─ Maldita profecía, Harry. ─ dijo Draco. ─ Si sobrevivimos, le voy a decir de todo a Trelawney. ¿No podía haber profetizado algo más fácil, que Voldemort se suicidara o que se cayera de alguna torre del sexto piso? ─

Todos rieron nerviosos pero Harry se llevó el índice a los labios pidiendo silencio.

Naturalmente, Draco siguió hablando, pero ahora en voz más baja. ─ Severus está allá arriba, ¿quizá convendría dejar que él se ocupe de mantenerlo ocupado? ─

Cuando iban por el penúltimo tramo de escaleras, se hizo evidente que Draco tenía razón, se oyeron dos voces que venían de lo alto de la torre. Sin hacer ruido, Harry bajó a Neville y lo posó sobre el suelo.

─ ¡Destruiste a Harry Potter! ─ se oyó la voz aguda y furiosa de Voldemort.

─ Ud. quería al chico muerto, mi señor. ¿Qué importa quien lo matara? En verdad debería Ud. recompensarme. ─ la voz de Snape eran la calma y el sosiego hechos sonido.

─ ¡Te recompensaré como te lo mereces! ¡Desobedecer mis órdenes es una falta capital! ─

─ ¿Quiere Ud. decir que me va a matar? ─ la voz de Snape sonaba ahora… ¿aburrida? ─ Y bueno, si no hay más remedio… ─

Ahora se escuchó la risa aguda de Voldemort. ─ Es casi una lástima. Tú no eres tan inútil como todos los demás, Severus. Ellos ya han sufrido el destino que se merecían. ─

─ ¿Significa entonces que los abandona, a sus mortífagos? ¿Su única familia? ─

─ Fueron vencidos por un hatajo de elfos, de engendros. Es lo que se merecen. ─ dijo Voldemort con desdén. ─ Pero tu muerte me será útil, Severus. Tenía planeado transfigurar una de estas piedras en una escoba, pero transfigurar un humano en una escoba es mucho más fácil. Te matará, es cierto, ¿pero acaso no mereces ser castigado? ─

Los cuatro subían ahora el último tramo de escaleras. La varita de Neville se sacudía incontrolablemente.

─ Si esos son sus deseos, mi señor. ─ dijo Snape sarcástico.

¡No, que no mate a Severus!, pensó Harry. Se le vino a la memoria la insensata muerte de Cedric. Apretó el paso pero las escaleras parecían interminables… Tenía que salvar a Severus. Tenía que…

Llegó justo para ver a Voldemort, de pie en el parapeto almenado a punto de escapar volando. Rápido como una serpiente, Voldemort alzó la varita y disparó un hechizo:

¡Virgacreo!

Harry había llegado demasiado tarde.

Un chorro amarillo brotó de la varita de Voldemort, pero Snape lo esquivó con un grácil movimiento felino, el hechizo terminó estrellándose contra una de las piedras del muro y la hizo estallar. Snape ya había levantado su varita y desarmó a Voldemort con un hechizo no pronunciado.

El haber perdido su varita en manos de su sirviente más fiel desconcertó por completo a Voldemort. La pantera que había acechado sigilosamente durante tanto tiempo finalmente saltaba sobre su presa.

Los ojos rojos se habían cerrado hasta transformarse en ranuras. ─ ¡Devuélvemela, Severus, ya! ─

─ No. ─ dijo Snape suavemente.

Voldemort mostró los dientes y estaba punto de fustigar severamente a su mortífago infiel cuando divisó a los cuatro y a Neville en el marco de la puerta. Los cinco lo apuntaban con sus varitas y sin los encantamientos cosméticos era evidente que no estaban muertos sino muy vivos.

─ Perdiste, Voldemort. ─ dijo Harry con regocijo y alivio. Le sonrió a Snape.

Totalmente anonadado al ver al chico predestinado, el único con el poder de destruirlo, o así lo creía él, Voldemort dio un involuntario paso atrás, tambaleó en el borde del parapeto y tuvo que contorsionarse para recuperar el equilibrio y no caer. El horror y el descreimiento se le dibujaban en la cara.

Snape, por el contrario, parecía muy compuesto. Sostuvo y examinó con atención la varita de Voldemort. ─ Tejo, con pluma de fénix. Una varita de madera ponzoñosa, con poderes de muerte y de resurrección. La varita elige al mago. Me pregunto si esta varita habrá sospechado su destino final. ─

─ ¿Cuál destino? ─ preguntó Harry.

─ ¡Éste! ─ tomó la varita con ambas manos y la bajó con violencia quebrándola contra su rodilla. Brotó una llama rojo dorada y se escuchó la fantasmagórica y sobrecogedora música de la canción del fénix. Instantes después la luz y el sonido se desvanecieron. De la varita sólo quedaban dos trozos de palo huecos.

Voldemort dejó escapar un bestial alarido de agonía. Tendió los brazos suplicantes hacia la varita quebrada y se hundió hincándose de rodillas sollozando. La cara blanco tiza con un rictus de horror y de espanto semejaba la de un payaso aberrante. Ahora, finalmente, demasiado tarde, se daba cuenta de que Snape era su enemigo.

Draco lanzó una exclamación y se levantó la manga. A la vista de Harry, la Marca Oscura se evaporó en una voluta negra, por un instante la calavera atravesada por la serpiente flameó en el aire y luego se desvaneció por completo. La piel del antebrazo de Draco quedó pálida y limpia, prístina de nuevo.

─ Tu magia está acabada, Tom. ─ declaró Snape y disipó los restos de su propia marca con un movimiento distraído de la mano. Su varita vibró y los trozos de la varita de Voldemort se disolvieron en polvo.

Voldemort se encogió y empezó a hamacarse sollozando su infortunio.

─ Dumbledore es mi verdadero guía. Me pasé años conspirando secretamente contra ti y tú ni siquiera lo sospechaste. ─ dijo Snape desdeñoso. ─ Y hablando de Dumbledore, le hubiera gustado ver esto, a Lily también. ¡Expecto patronum!

Las figuras plateadas de Dumbledore y Lily explotaron haciéndose visibles y Voldemort se puso de pie y se echó hacia atrás tratando de poner la mayor distancia posible entre él y el espíritu guardián. El patronus Lily posó la mano sobre el hombro de Harry, Harry sintió que el corazón le brincaba de alegría. Miró fijo a Voldemort, sabía que el amor que brillaba en sus ojos era veneno para su enemigo.

─ Dulce es la venganza. ─ la voz de Snape sonó como si canturreara. ─ Hete ahí parado en el mismo lugar en el que mi amigo, el más grande mago, Albus Dumbledore, estaba parado cuando me vi forzado a matarlo. ¡Por tu culpa! ─

─ ¡Morirás como Dumbledore! ¡Te mataré, Severus! ¡Los mataré a todos! ─ aulló Voldemort. ─ como en una bestia acorralada, el terror había mutado en rabia.

─ ¿No me digas? Entonces ¿qué esperas para un Avada Kedavra sin varita, Tom? ¿qué esperas? Anda, lanza ALGÚN hechizo sin varita, CUALQUIERA. ─ dijo Snape con desprecio. Esperó pero Voldemort no se movió. ─ Sé hasta dónde llegan tus capacidades, y si creyera que tienes siquiera la menor posibilidad de resultar peligroso sin tu varita, ya estarías muerto. Sé también el nombre que menos te gusta que te llamen, Tom. ─

Voldemort quedaba tan ridículo con esa ira impotente que los cinco se echaron a reír. Esta vez, pensó Harry, los comentarios sarcásticos y crueles de Snape no van dirigidos a mí sino a alguien que se los merece.

─ El nombre de mi despreciable padre muggle es tu única arma, traidor. ─ dijo Voldemort. ─ Ese amante de los muggles, Dumbledore, maldita sea su memoria, llegó a vivir ciento cincuenta años. Yo viviré por siempre. Mátame y dentro de unos años regresaré, más poderoso que nunca, y los mataré a todos. Yo soy INMORTAL. ─

─ Sólo tengo una palabra para responder a eso, Tom. ─ dijo Snape. ─ Horcruxes. ─

Voldemort se paralizó.

─ Destruidos. ¡Los seis! ─ continuó Snape. ─ Sólo tenías seis, Tom. Puedo leerlo en tu mente. Sin varita no puedes usar Oclumancia. ─

Voldemort desvió los ojos, pero ya era demasiado tarde.

Mostrando orgullo, Harry habló en voz alta. ─ Draco capturó la serpiente, Dumbledore destruyó el anillo, yo destruí el diario. Pero fue Severus el que hizo la mayor parte del trabajo. ─

─ Fui yo el que destruyó los horcruxes en la serpiente, en el relicario de Slytherin, en la copa de Hufflepuff y el de la cicatriz de Harry. ─ dijo Snape.

A medida que iban mencionando cada uno, Voldemort se estremecía como si acusara golpes. Al final, estaba temblando de espanto. ─ ¡Soy mortal! ¡Y el Elegido está aquí! ─ Clavó los ojos en Harry.

Neville, muy nervioso, levantó una mano.

Pero fue Snape el que habló. ─ Harry Potter no es El Elegido, viejo imbécil. Y tampoco Neville Longbottom. ¡YO SOY El Elegido! ─

Todas las miradas se volvieron hacia él.

─ ¿Quién destruyó la mayoría de los horcruxes? ¿Quién estuvo a tu lado, salvando a tus víctimas, y te espió sin que lo detectaras? ¿Quién te engañó para que vinieras a Hogwarts donde los elfos, que siguen siendo fieles a Dumbledore y a mí, dieron cuenta de tus mortífagos? ¿Quién te va a subyugar ahora? ─

─ ¿Subyugar? ─ la voz de Voldemort era un susurro.

─ Sí, subyugar. Ésa es la palabra de la profecía. La profecía que escuché entera pero de la que sólo te informé la mitad. Ahora la conocerás completa. ─

─ Severus, estás enseñando otra vez. ─ señaló Harry. Estaba muy intrigado ¿Sería Snape realmente El Elegido?

Snape miró a Harry con un esbozo de sonrisa. ─ ¿Y por qué iba a dejar de lado un hábito de toda la vida, por el zoquete parado en el parapeto? ─

─ No creo que sea una buena idea decirle la profecía completa. ─ dijo Hermione.

─ ¿Por qué no? Si Severus lo subyuga inmediatamente después, ¿qué importancia tiene? ─ dijo Harry con una amplia sonrisa.

─ Dígasela. Yo también quiero saberla. ─ dijo Neville.

Snape recitó: ─ Aquel con el poder para subyugar al Señor Oscuro se aproxima… nacido a aquellos que lo enfrentaron tres veces… nacido en el ocaso del séptimo mes… y el Señor Oscuro lo habrá marcado como su igual, pero él tendrá poder que el Señor Oscuro no conoce… y el uno ha de morir por la mano del otro… porque el uno no puede vivir en tanto perviva el otro… ─

─ Pe… pero. Tú no puedes ser El Elegido, Severus. Naciste en enero, no en julio. ─ balbuceó Voldemort.

─ ¿Durante cuánto tiempo has sabido eso? ─ preguntó Snape amenazador.

Voldemort se encogió aun más. ─ ¡Quince años! ─ la voz le había salido como un chillidito.

─ ¡Quince años! ¡Has sabido la fecha de mi nacimiento durante quince años! ─ la voz de Snape había ido en un crescendo de rabia burlona. ─ ¿Y nunca se te ocurrió hacerme un regalo de cumpleaños! ─

Los cinco rompieron en carcajadas.

─ El nacimiento se refiere a mi nuevo nacimiento. ─ continuó Snape cuando las risas se hubieron aplacado. ─ Cuando la mitad de la profecía, Tom, te puso en persecución de los Potter y de los Longbottoms, a fines de julio, supe que había llegado el momento de ir a Dumbledore. Ese día cambié las creencias y las lealtades de mi antigua vida. Obtuve una nueva vida: un nuevo trabajo, nuevos amigos, entré a formar parte de la Orden del Fénix y mi patronus cambió. ─ Miró con cariño a las figuras plateadas. ─ ¡Nací de nuevo, les nací a Lily Potter y a Albus Dumbledore, quienes te habían enfrentado en tres oportunidades, Tom! ─

Los ojos de Neville se abrieron muy grandes. ─ Mi mamá y mi papá enfrentaron a Voldemort tres veces. ─ Pronunció el nombre del mago subyugado en su presencia y sin ningún problema. ─ ¿Fue por eso que pensaste que yo era El Elegido, Harry? ─

─ Sí, Neville. Siento que te hayamos hecho cansar tanto inútilmente. ─

Draco rió con ganas.

─ L..lo ha…habrá mar…marcado como su igual. ─ tartamudeó Voldemort, apuntando un dedo tembloroso a la frente de Harry.

─ Te llamaría imbécil de nuevo, Tom ─ dijo Snape. ─ Pero incluso Dumbledore cometió ese error. El horcrux en la frente de Harry no era la marca de la que hablaba la profecía. Pero no puedo mostrarte la Marca, ahora. Fue la que me diste para marcarme como tu igual, tu familia, Tom. Aunque tú de vida familiar feliz sabes aún menos que mi despiadado padre muggle. ─ Se levantó la manga y mostró la ahora piel lisa de su antebrazo.

Voldemort gimió.

─ ¿Y poder que el Señor Oscuro no conoce? ─ preguntó Neville fascinado.

─ Ustedes cuatro respondan eso. Sorpréndame con su perspicacia ─ dijo Snape dirigiéndose al cuarteto.

Harry sonrió, sintiendo otra vez como si estuviera de vuelta en el colegio. Para su mayor diversión, Hermione levantó la mano.

─ Ciento diez elfos domésticos. ─ dijo vehemente parándose en puntas de pie.

─ Baja esa mano, niña. ─ dijo Snape irritado. ─ Sí, anticipo que habrá grandes cambios respecto del estatus de los elfos domésticos, después de las proezas de esta noche. ─

Hermione sonrió ampliamente.

─ ¿Reflejos rápidos? ─ sugirió Ron.

─ El poder de la Oclumancia. ─ dijo Draco, que había estado a punto de levantar la mano también, aunque por suerte pudo contenerse a tiempo y salvó su dignidad.

─ Amor. ─ dijo Harry. ─ Y no me hagas esa cara, Severus. El amor de mi madre y el de Dumbledore es lo que cambió tu vida. Pero creo que los cuatro tenemos razón. Y que tú además tienes otros poderes que no hemos mencionado ─ sonrió. ─ ¿Cuántos puntos nos vas a dar? ─

─ Harry, ¿recuerdas esa conversación que tuvimos sobre madurez? ─ los ojos de Snape centellaban.

─ Sí.

─ Cambié de opinión. Te sigue faltando por completo. ─

Harry le sacó la lengua. ─ Hay una última cosa que no entiendo. Tú todavía no habías nacido, o renacido, cuando oíste la profecía. ¿Entonces por qué no le contaste toda la profecía a Vold… a Tom aquí? ─

─ Porque yo ya sospechaba que era El Elegido. ─

─ ¿Y por qué lo sospechabas? ─

─ ¿Has oído alguna vez a la profesora Trelawney cuando pronuncia una de sus profecías reales? ─

─ Sí, esa voz tan extraña que… ─

─ Entonces entenderás cómo supe que era El Elegido. Imagínate esa voz diciendo "El Elegido se aproxima, marcado como su igual por el Señor Oscuro" ¡y TÚ estás aproximándote a la puerta y la Marca Oscura está ardiendo en tu brazo! ─

─ Eres verdaderamente El Elegido. ─ dijo Harry. No cabía en sí de gozo. ¡Era libre!

─ ¿Va Ud. a subyugar a Voldemort ahora, profesor Snape? ─ preguntó Neville.

─ ¿Subyugar al último descendiente de Salazar Slytherin? Severus, fuiste el Jefe de la Casa de Slytherin, ¿cómo puedes justificar tal traición? ¿Cómo puedes justificar fraternizar con sangresucias que Slytherin mismo habría matado? ─ dijo Voldemort con desprecio. Estaba sudando a mares.

Snape pareció muy exasperado. ─ Evidentemente no has leído "Hogwarts: una historia" ─

─ Y no es el único. ─ murmuró Hermione mirando de soslayo con ojos entrecerrados a Ron y Harry.

─ Salazar Slytherin era un renombrado sangre pura y fanático antimuggle, pero esas tendencias eran comunes hace mil años. ─ ¡Los muggles nos estaban asesinando por entonces! Slytherin perdió a casi todos sus parientes y a muchos alumnos. Fue por eso que él, Ravenclaw, Hufflepuff y Gryffindor crearon un lugar apartado y seguro, llamado Hogwarts, al margen de la sociedad muggle, donde pudieran enseñar magia sin sentirse amenazados. ─

─ ¿Sin sentirse amenazados? ¡Slytherin puso un basilisco en la escuela! ─ dijo Harry con tono de burla.

─ Sí, pero eso fue después de haber estado enseñando durante cincuenta años. Y yo sé muy bien lo que se siente, las cosas que hay que aguantarles, a veces también tengo ganas de poner alguna criatura feroz que dé cuenta de ellos. ─

Harry iba a protestar. Pero Snape se le adelantó y continuó. ─ Ahora en serio. Slytherin tenía ciento cincuenta años cuando la escuela se fundó. Los magos poderosos suelen empezar a sufrir demencia senil a esa edad. Hace mil años la vida de los magos era más dura de lo que podríamos imaginar. Los alumnos nacidos de muggles que volvían a sus casas en las vacaciones eran capturados y se los torturaba para que revelaran nombres de otros magos. A la edad de doscientos, ya con la senilidad muy avanzada Slytherin decidió que los nacidos de muggles no eran confiables por naturaleza. ¡Incluso sabiendo que se trataba de chicos de doce años y que los padres los torturaban para obtener la información! Pero ésa no había sido la forma en que Slytherin siempre había pensado, los otros no hubieran formado un grupo con él para fundar la escuela si él desde un principio hubiera tenido como objetivo matar a una cuarta parte del alumnado. ─

─ Creo que una de las razones por las que Dumbledore me obligó a matarlo fue para no terminar algún día como Slytherin. En una oportunidad vi el boggart de Dumbledore. Se veía a sí mismo senil, demente y malvado. Se imaginaba matado a los mismos alumnos por los que habría muerto estando cuerdo y nadie tenía el poder suficiente para detenerlo. ─ Snape quedó unos instantes callado con la mirada perdida, el patronus Dumbledore le apoyó una mano sobre el hombro.

─ ¿Y ésa fue la razón por la que Gryffindor lo expulsó? ─

Snape se sacudió como si saliera de un trance. ─ No fue Gryffindor el que lo expulsó, la hazaña fue de otro Slytherin, su alumno preferido y más poderoso… Perseus Evans. ─

Harry tuvo un sobresalto.

─ ¿Sería caso un antepasado de tu madre, Harry? No lo sé. Fue hace mil años. Podría ser el antepasado de cualquiera de nosotros. ─ Snape fijó la vista en Voldemort, dijo furioso: ─ ¡No oses llamarme traidor! Cumplo con una antigua y honorable tradición de la Casa de Slytherin, ¡liberándola de lunáticos! Slytherin cuando aún estaba cuerdo se habría avergonzado de ti, Tom. ¡Eres el resultado de tanta endogamia que ya estabas loco cuando naciste! ─

─ ¿Va Ud. a subyugarlo ahora? ¿Qué significa subyugar? ─ preguntó Neville.

─ Derrotar, vencer, conquistar. ─ dijo Hermione al instante.

─ ¿No matarlo, entonces? ─ dijo Neville.

La varita de Snape que había estado apuntada hacia Voldemort tembló ligeramente. ─ No necesariamente. ─ dijo muy lentamente.

─ Voldemort ya está subyugado, Severus. ─ dijo Harry. ─ La profecía se ha cumplido no es necesario matarlo. ─ Harry había visto la varita temblar. Dumbledore había tenido que SUPLICAR para que Severus lo matara. Voldemort tenía en este momento las manos juntas implorando clemencia. Snape no podía matar a nadie a sangre fría, ni siquiera a Voldemort.

─ Yo lo haré. ─ dijo Harry. Alzó su varita y apuntó a Voldemort mirándolo directamente a los ojos. Él fue el que asesinó a mis padres, pensó. ─ Avada… ─ pero las palabras se le trabaron en la garganta.

─ ¡Oh, por el amor de Merlín, yo lo haré! ─ dijo Ron. Levantó su varita…

─ Matar no es para nada tan fácil como los inocentes creen. ─ susurró Draco. Había bajado su varita por completo y una profunda angustia le había invadido el rostro. Recuerdos de la muerte de Dumbledore, adivinó Harry, y envolvió a su novio en un abrazo para consolarlo.

De pronto Voldemort empezó a dar alaridos descontrolados. Tenía la cara llena de mocos de murciélago y trataba de espantarlos.

─ ¡No me miren todos así! ─ les dijo Ron a los otros. ─ No pude matarlo. ¡Algo tenía que hacerle! ─

Rodeado por los mocos de murciélago, Voldemort los observaba, aparentemente su confianza retornaba. ─ ¿Ninguno de ustedes tiene el valor suficiente para matarme? ─ Nadie contestó. Echó la cabeza hacia atrás y se echó a reír, casi se traga uno de los mocos.

─ Es una cosa terrible para una persona matar a otra. Eso es algo que tú nunca pudiste entender, Tom, y mira cómo terminaste. ─ dijo Snape. ─ No, Tom, tengo una idea mejor. ─ su cara cobró una expresión maliciosa. ─ El asilo muggle para dementes. ─

Instantáneamente la confianza que Voldemort parecía haber estado recuperando se esfumó, y volvió a encogerse miserablemente.

─ ¿Dumbledore te mostró la memoria de su primer encuentro con Tom, en el asilo de huérfanos? ─ preguntó Harry.

─ Sí. ─ dijo Snape. ─ ¡Qué niño más retorcido y perverso que eras, Tom. ¡Colgando conejitos de las vigas! El niño que tortura animales cuando crece tortura personas. ¿Pero tú empezaste a torturar gente ya a temprana edad, no Tom? ¿Esos dos niños que llevaste a la cueva durante la excursión? ─

─ Yo no tenía intenciones de hacerles daño. Ellos se la buscaron. No me lleves al asilo. ─ gemía como un niño de diez años.

─ ¿Pensaste cuando descubriste que eras un mago que podrías escapar del asilo para siempre, Tom? ─ preguntó Snape. ─ No, te equivocabas, te ha estado esperando todo el tiempo, Tom. Aguardando la oportunidad; sin tu varita no eres más que un viejo loco. Te pondrán una camisa de fuerza y te drogarán hasta dejarte babeando, igual que a todos los otros psicópatas. ─

El horror hizo presa de Voldemort. ─ ¡No me mandes allí, por favor! ─

─ Allí nadie creerá tus historias sobre tu vida anterior. ¿Un mago? ¡Ja! Tus poderes te han abandonado. Pronto tus recuerdos sólo parecerán delirios, Tom. Finalmente, ni tú mismo creerás que alguna vez fuiste un mago. ¡Ni tú creerás que alguna vez fuiste alguien especial! ─

No ser alguien especial fue la gota que desbordó la copa. Aterrado, dio un paso atrás, pero ya no le quedaba lugar firme para retroceder. Perdió el equilibrio y cayó moviendo los brazos cómicamente, como si fueran aspas de molino y lanzando un chillido agudísimo.

Todos corrieron hacia el parapeto y miraron hacia abajo, alcanzaron a verlo en el momento en que se estrellaba contra las piedras del suelo.

En la muerte, Dumbledore había aparecido sereno y mayestático. Voldemort en cambio presentaba otra imagen, completamente distinta. El rostro parecía una grotesca máscara de carnaval, el cuerpo tenía un aspecto absurdo y ridículo. En la muerte mostraba toda su ignominia. El boggart de Voldemort debía de haber tenido el aspecto que él presentaba ahora.

Harry siguió observándolo por unos instantes, ¿se desprendería alguna forma fantasmal del cadáver? ¿se les había quedado olvidado algún horcrux y el mago oscuro volvería a la vida? Pero no vio nada de eso.

Hermione fue la primera que apartó la vista del cadáver. ─ ¿Así que eso implicaba la profecía? "…porque el uno no puede vivir en tanto perviva el otro…". Ud. no tenía que matarlo, sólo subyugarlo. Porque en última instancia, Voldemort terminó matándose por accidente. ─ Hermione respiró hondo y contuvo la respiración, parecía que estaba haciendo esfuerzos para no vomitar.

─ "…y el uno ha de morir por la mano del otro…" ─ dijo Snape que todavía estaba mirando hacia abajo. ─ La mano de Voldemort podría haber sido la de Wormtail. Me aseguré de que los elfos se ocuparan bien de él. Pero igualmente, no creo que hubiera ayudado a su señor, todavía te debe una deuda de vida, Harry, y estaba convencido de que tú eras El Elegido. Pero no estoy diciendo sino tonterías. ─ Apuntó su varita hacia abajo. ─ ¿Será cierto que Voldemort está realmente muerto? ─ ¡Avada Kedavra! ─ El chorro verde descendió veloz y atravesó el cuerpo que yacía abajo, sin siquiera moverlo, y se hundió en suelo.

─ ¿Cuánto más avanza la Maldición Mortal en la roca sólida? Pregunto porque quizá podría significarle una fea sorpresa a alguien en Australia. ─ dijo Harry.

─ Sólo avanza unos pocos centímetros más. ─ dijo Snape. ─ Si no fuera así, esos magos que están en guerra en Medio Oriente ya habrían matado al mundo entero. ─

Neville que seguía mirando el cadáver preguntó: ─ ¿Les parece que Voldemort esta suficientemente subyugado? ─

Harry soltó un muy indigno graznido de risa. No estaba muy seguro de por qué, el comentario de Neville no había sido tan gracioso. Quizá era sólo una forma de aflojar la tensión. Pero todos los otros también se pusieron a reír.

Harry nunca lo había visto a Snape riéndose. La risa de Snape era contagiosa. Era un rugido de regocijo. Y Snape riendo parecía realmente atractivo, Harry comprendía ahora lo que su madre había visto en él. No eres mi padre pero puedes ser mi amigo y mentor, pensó Harry.

─ ¡Voldemort ha sido subyugado! ─ declaró Snape.

─ ¡Completamente subyugado! ─ exclamó Ron. Hermione le dio un beso.

─ He allí a Voldemort subyugado. ─ dijo Draco solemne y luego sonrió cuando Harry lo abrazó desde atrás.

─ Hay que informar al Ministerio. ─ dijo Snape.

─ Me muero de ganas de decirles que tú eres El Elegido. ─ dijo Harry.

Para sorpresa de Harry, Snape lo miró serio. ─ ¿No te importa que te robe la gloria, tu fama? ─

─ ¡NUNCA QUISE SER FAMOSO! ─ gritó Harry.

Snape lo miró incrédulo.

─ Nunca quise. ─ dijo Harry muy calmo. ─ Detestaba que todos me miraran. Detestaba que publicaran mentiras sobre mí o sobre mis amigos en El Profeta, hubiera pagado todos y cada uno de los galeones que tengo para pasar inadvertido, pero fue imposible siempre. ─

─ Me resulta difícil creerlo. ─ dijo Snape escéptico. ─ ¿Estás seguro de que no te importa perder toda la atención que has tenido hasta ahora? Hubiera jurado que te encantaba. ─

─ Siempre ODIÉ la atención y te lo voy a probar. Rita Skeeter está abajo. Voy a ir directamente a ella y le voy a decir que, para variar, se olvide de mí y te dedique toda la atención. ¿Te gustaría eso? ─

Los ojos de Snape se encendieron. ─ ¡Me ENCANTARÍA eso! ─

oOoOoOo

Todos los mortífagos que había sobrevivido estaban amarrados e inconscientes. Los rehenes, ahora liberados, se agrupaban alrededor de la mesa principal. Allí, Scrimgeour hablaba con los elfos domésticos.

─ ¡Orden de Merlín, primera clase! ¡Para cada uno de ustedes! ─

Todos los ciento diez elfos hicieron una reverencia y soltaron risitas.

─ ¡Y ropas! Merecen la libertad. ─ agregó Scrimgeour.

Evidentemente, los elfos no estaban de acuerdo. Miraron a Scrimgeour horrorizados y, todos a una, hicieron chasquear los dedos y desaparecieron.

─ Desagradecidos h… ─ murmuró Scrimgeour. Entonces vio a Snape, Harry, Hermione, Ron, Draco y Neville que entraban por una puerta lateral. Sacó su varita y apuntó a Snape. ─ ¡Mortífago! ─ gritó y algunos de los ex rehenes dieron alaridos.

Harry se paró delante de Snape. ─ Severus no es un mortífago. ─ anunció. Él es El Elegido, el verdadero. ¡Voldemort acaba de ser subyugado por su mano! ─

Los ex rehenes oyeron el nombre e intercambiaron miradas entre ellos. Era evidente que le creían. Desde que la varita de Voldemort había sido destruida, parecía que su nombre ya no causaba miedo.

─ Dinos qué fue lo que pasó. ─ demandó Scrimgeour. Rita Skeeter jadeaba de entusiasmo apretando su anotador.

Harry les hizo un relato de lo ocurrido esa noche haciendo particular hincapié en el papel importantísimo que Snape había desempeñado. La pluma estenográfica de Rita Skeeter no perdía palabra. ─ ¡Severus Snape no es un mortífago, es un héroe! ─ concluyó Harry.

─ ¡Orden de Merlín, primera clase! ─ rugió Scrimgeour. ─ ¡Y tendremos que crear una nueva condecoración, especial para Ud.! ─

Las mejillas cetrinas de Snape se ruborizaron. Nunca se lo había visto tan feliz. Se mezcló entre los grupos de ex rehenes que trataban de felicitarlo. Harry sonrió. La fama y la fortuna le habían sido siempre esquivas a Snape. Ésta era su noche. Rita Skeeter no se le despegaba de al lado y anotaba todas y cada una de sus palabras.

─ ¡Harry! ─ Fred y George gritaron a coro. Corrieron hacia él y lo abrazaron.

Cuando se pudo soltar del abrazo Harry preguntó: ─ ¿Y ustedes cómo vinieron a parar aquí? ─

─ Pansy Parkinson se apiadó y se encamó con los dos de nosotros. ─ dijo Fred.

─ ¡Mira si se lo iba a perder, con la fortuna que están haciendo estos dos! ─ murmuró Draco muy bajo, sólo Harry lo había escuchado.

─ Por desgracia, después nos volvimos a poner los sombreros, los que disimulan la virginidad. Lo que pasó fue algo espantoso, Harry. Hubo una gran incompatibilidad entre la magia de los sombreros y la falta de virginidad. ¡Ni te imaginas en qué lugares nos brotaron tentáculos! Mamá nos llevó inmediatamente a St. Mungo, allí los mortífagos nos secuestraron. ─ explicó George muy abatido.

─ Vamos a tener que revisar exhaustivamente el diseño de los sombreros para que esto no vuelva a ocurrir. ─

─ ¡Qué terrible! ─ dijo Harry. Ahí se dio cuenta que Ron había sufrido un ataque de risa tal que estaba tirado en el suelo, quizá desmayado. La situación parecía grave, Draco se había agachado junto a Ron y trataba de hacerlo volver a la realidad. ─ Después nos vemos, chicos. ─ se despidió Harry de los mellizos.

Minutos después Draco pudo apartarlo a Harry a un costado. ─ Quiero cogerte hasta que te olvides de cómo te llamas, Harry. ─ Se inclinó para besarlo pero Harry lo detuvo.

─ ¡No delante de Rita Skeeter! Volvamos a los cuarteles… ¡no! Vamos a El caldero que pierde. Ahí tienen camas de cuatro postes. ─

Los ojos de Draco fulguraron: ─ ¡Genial! ─

Se oyó un ¡pop! y Harry tambaleó. Dobby se le había abrazado a las piernas. ─ ¡Harry Potter, señor! El Que No puede Nombrarse ya puede nombrarse. ¡Voldemort! ¡Voldemort! ¡Dobby es un elfo muy feliz ahora, señor! ─

─ ¡Maravilloso, Dobby! ¡Gracias por tu ayuda! ─ dijo Harry tratando de escaparse.

─ Es como había dicho el Sombrero Seleccionador, señor. ¡Todas las Casas son amigas ahora, señor! ─ dijo Dobby bien alto con su voz penetrante. ─ ¡Harry Potter, señor, Ud. y Draco Malfoy estaban siempre peleando, pero ahora están encamándose juntos, señor! ─

Por desgracia, la proclamación de Dobby se produjo en hueco de silencio de las conversaciones, todos los que estaban en el Gran Salón lo oyeron, y todas las cabezas se dieron vuelta para mirar. Harry y Draco se ruborizaron, el papelón no podía haber sido mayor.

─ ¿Encamándose? ─ preguntó Rita Skeeter hecha unas Pascuas. Hasta ese momento había estado entrevistando a Snape, pero ahora venía disparada hacia Harry y Draco, anotador y pluma en ristre.

─ ¡Ay no! ─ gimió Harry, despegándose a Dobby de las piernas.

─ ¿Cuánto hace que te diste cuenta de que eras gay, Harry? ─ preguntó Rita aproximándose.

Harry agarró a Draco de la mano. ─ ¡Elegido! ─ le gritó a Snape. ─ Te dejamos para que manejes las relaciones públicas. ¡Nosotros nos mandamos a mudar! ─

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