Abrí los ojos cansada, llevándome las manos a la cabeza a consecuencia del dolor que tenía, ¿Qué había pasado? En serio, no recordaba nada, absolutamente nada de lo que hubiese sucedido.
- Hey, ¿cómo estás?- preguntó mi hermana acercándose.
- Me duele la cabeza, ¿qué pasó?- la pregunté de vuelta confundida al darme cuenta de que estaba en el DEO.
- Que la próxima vez que decidas intoxicarte con azúcar lo vas a hacer aquí- respondió- ¿No recuerdas nada?
Negué con la cabeza, ¿debería hacerlo?, estaba empezando a preocuparme al respecto de lo que estaba sucediendo.
Mi hermana sonrió, mientras negaba con la cabeza, acariciando mi pelo.
- ¿Cómo está la peque?- preguntó Alex entrando en la sala- ¿Sigues teniendo dos añitos?- se rió confundiéndome, haciendo que la mirase extrañada- Por cierto, tu papi está esperando fuera para que le digamos que estás bien- comentó, haciendo que la mirase interrogante, pues en ese momento si que me había perdido.
- ¿Papi?- cuestioné.
- Mon-el- respondió mi hermana ante mi sorpresa- No me mires así, es la verdad, no te separabas de él- comentó.
- ¿Por...por qué?- pregunté sin saber cómo reaccionar.
Ambas se encogieron de hombros, haciendo que las mirase a ambas fijamente, tratando de introducirme en sus pensamientos, pero era obvio que no lo sabían.
Suspiré, bastante sorprendida por que me hubiese apegado a él, ¿no tenía más personas para ello? ¿Qué hizo para conseguirlo?
- Anda, deberíamos de irnos a casa- comentó Kara dándome la mano para que me incorporase, pero tras el mareo que me invadió, perdí el equilibrio- Kaelah, hey- me sujetó para evitar que cayese contra el suelo- ¿Te encuentras bien?
- No, me duele la cabeza y...- cerré los ojos tratando de detener el mareo.
Terminé por bajarme de la camilla sin saber por qué lo hacía, sintiendo como se me revolvía el estómago, terminando por vomitar lo poco que me quedase en él.
- Kaelah, shh, ya está- susurró mi hermana agarrándome en el momento que iba a caerme- Sí, nos vamos a ir a casa, ¿vale?- me miró.
Asentí poco confiada, pues sabía de la forma que pretendía que llegásemos a casa, pero la verdad es que no estaba en muy buenas condiciones como para volar.
- Kara, yo...- traté de hablar, agarrándome a ella en el momento que mis rodillas volvían a doblarse.
- Ya lo sé, te voy a llevar yo- comunicó apartando el pelo que caía sobre mi cara.
Suspiré, no estaba muy segura de si iba a salir bien, sin embargo, no se lo negué, deseando llegar a casa, volver a dormirme.
- Si sucede algo, volver- pidió Alex antes de acariciar mi cara- Recupérate, peque- me sonrió.
Efectivamente el vuelo no fue el mejor de mi vida, pues en el momento que me dejó en el salón, vomité en el suelo, mareada, alarmando a mi hermana, quien me llevó hasta el baño para obligarme a darme una ducha, antes de llevarme a la cama y acostarme.
- Intenta descansar, ¿vale?- sonrió acariciando mi pelo.- Te quiero- besó mi frente.
- Yo también te quiero- susurré de vuelta acurrucándome para dormir.
Abrí los ojos confundida por lo rayos de sol que daban sobre mi cara, pero sobre todo, confundida al escuchar los pensamientos de Mon-el tan cerca. Sin embargo, todo recobró el sentido en el momento le vi sentado en frente mía, sonriéndome.
- ¿Qué haces aquí?- le pregunté tratando de despejarme.
- Tu hermana me ha pedido que te vigilase durante un rato- respondió- La próxima vez creo que no voy a hacer tratos contigo, mucho menos si hay dulces de por medio- comentó- Me asustaste- dijo sonriéndome.
- Pero ¿tienes que meterte en mi habitación para vigilarme?- le pregunté tratando de incorporarme.
- Sí, es necesario, ¿cómo pretendes que te vigile desde fuera?- cuestionó curioso.
Me encogí de hombros levantándome, por lo menos intentándolo, pues perdí el equilibrio siendo sujetada por él, quien me recostó de nuevo en la cama ante mi confusión.
- ¿Y pretendías que me quedase fuera?- preguntó burlón- Eres un peligro- apuntó revolviendo mi pelo.
- No, no lo soy- se lo negué- No necesito que estés aquí, pendiente de mí, estoy bien- afirmé.
- ¿Segura?- arqueó una ceja- Tu hermana dice que no has dormido en toda la noche- comunicó consiguiendo extrañarme.
-¿Cómo?- pregunté confusa- ¿Qué se supone que he hecho? No me acuerdo- dije empezando a asustarme.
Empezó a reírse ante mi confusión, haciendo que le interrogase con la mirada, sin fuerzas como para buscar entre sus pensamientos, sobre todo, teniendo en cuenta que el dolor de cabeza se incrementaba.
- Que inocente eres- sonrió a la vez que volvía a revolver mi pelo.
- Para ya- me quejé empezando a enfadarme.
Abrió la boca como si fuese a responderme, sin embargo, se vio interrumpido por la aparición de mi hermana en la habitación, quien se arrodilló delante mía, situando situando su mano en mi mejilla.
- ¿Estas mejor?- preguntó observándome, recibiendo una afirmación por mi parte- Va a venir la tía Astra hasta que pueda volver yo, ¿vale?- volví a asentir- Bien, te quiero- susurró besando mi frente antes de girarse hacia Mon-el- Deja de adorarla y vamos- le dijo.
No pasó mucho tiempo desde que se marcharon hasta que llegó mi tía, entrando en mi habitación para asegurarse de que estaba bien.
- ¿Segura de que no quieres ir al salón?- asentí segura con mi decisión, pues mi cabeza continuaba doliendo y estaba segura de que si trataba de levantarme iba a marearme- Está bien- suspiró sentándose en el borde de la cama, observándome.- Solo recuerdo que te pusieses mala una vez, eras pequeña, tenías dos.., sí, dos años y medio o cosa así, y tenías tanta fiebre, pasamos miedo- explicó.
" La llamada de su hermana la había preocupado, pues no era muy normal el estado en el que se encontraba la pequeña, la verdad, es que no sabían cómo tratar aquella fiebre que llevaba un par de días acosándola, que había conseguido sumirla en la inconsciencia hacia apenas un par de minutos.
Llegó a la habitación que le había sido indicada, encontrándose con su hermana sentada en el borde de la cama en la que yacía el cuerpo inconsciente de su sobrina, por lo que se acercó a ambas preocupada, tratando de sonreír hacia su hermana, sin conseguirlo.
- ¿Qué han dicho los médicos?- preguntó.
- No saben que es, así que no pueden tratarlo, lo único que pueden hacer es intentar bajarla la fiebre- la explicó- Pero..., es tan pequeña, sólo tiene dos años- comentó empezando a llorar.
- Va a ponerse bien- intentó asegurar observando a la niña.
Acarició su mejilla, apartando la mano al darse cuenta de que estaba ardiendo, preocupándose aún más por el estado de la pequeña.
- ¿Puedes quedarte con ella? Tengo que ir a buscar a Zor-el- la pidió su hermana recibiendo una afirmación por su parte, por lo que ocupó su lugar.
Acarició el pelo de la niña, fijándose en la palidez que mostraba, en que parecía poco probable que fuesen a ser capaz de sacarla de esa inconsciencia.
- Peque, tienes que volver- susurró agarrando su mano- De verdad que tienes que hacerlo, por favor- suplicó sintiendo como la niña cerraba su mano sobre la suya con fuerza, tal vez demasiado- Hey, Kaelah, sé que me estás oyendo- sonrió a la vez que los ojos de la pequeña luchaban por abrirse- Eso es, peque- acarició su mejilla en el momento exacto que sus ojos se abrieron- Hey...
- ¿Mami? Quiero a mami- pidió empezando a llorar.
- Shh, ahora viene, ha ido a buscar a papi- la explicó.
- Vale- susurró ella aún entre lágrimas intentando incorporarse, estirando los brazos hacia ella para que la cogiese.
Hizo caso a su petición, cogiéndola, abrazándola con fuerza a la vez que la pequeña apoyaba la cabeza en su hombro.
- La cabeza..., duele- se quejó.
- Ahora se lo decimos a los médicos- trató se sonreírla mientras acariciaba su pelo- Eres una luchadora y siempre vas a serlo- aseguró besando su frente"
- Puede que eso fuese el origen de tus poderes- comentó.
- Puede, cada vez que he tenido fiebre se han descontrolado, menos ahora- sonreí.
- Deberías descansar- dijo acariciando mi pelo- Te adoro- besó mi frente.
Este día estaba siendo mucho mejor que el anterior, sin embargo, llegaba tarde a casa, era consciente de ello, pues me había entretenido bastante con Jean, por lo que mi hermana me había llamado en repetidas ocasiones para que fuese a casa, así que no me había quedado otra opción.
Abrí la puerta, sorprendiéndome al ver a Mon-el sentado en el sillón, quien me sonrió.
- Kara, ¿podemos hablar un momento?- la pregunté.
- ¿Qué te pasa? ¿Dónde estabas?- preguntó de golpe.
- Estaba con Jean, ¿Qué hace aquí?- cuestioné señalándole.
- Oh..., le han echado de CatCo y quiero tenerle más vigilado, se va a quedar una temporada aquí, un par de días- explicó.
- ¿Cómo? ¿Aquí, con nosotras?- arqueé una ceja.
- Sí, aquí, contigo y conmigo- sonrió- Así que, pórtate bien- pidió.
Suspiré resignada, asintiendo, dirigiéndome a mi habitación con la intención de encerrarme allí y no salir hasta la noche, hecho que conseguí, pues que no fui reclamada por mi hermana hasta que llegó Alex con la cena, por lo que corrí al salón sentándome en el suelo al lado de la mesa de café.
- ¿No tenías más sitios?- se rió Alex- Te ha faltado tiempo para tirarte al suelo- comentó aún entre risas.
La sonreí a modo de respuesta a la vez que mi hermana se sentaba detrás mía también riéndose por la situación.
- El cansancio la afecta- se rió mi hermana acariciando mi pelo.
Pasé toda la cena en el suelo, acomodándome al lado de Alex cuando pusieron la peli, apoyando mi cabeza sobre su hombro, tal y como hacía siempre, sintiendo como mis ojos empezaban a cerrarse.
- Se va a dormir en tres, dos, uno...- susurró observando como los ojos de sus hermana se cerraban definitivamente.
- ¿Sabéis cuando se duerme?- preguntó Mon-el curioso.
- Siempre apoya la cabeza en el hombro de Alex, a partir de ahí, un par de minutos- explicó hacia él.
Sonrió hacia su hermana, quien abrazó a la menor asegurándose de que estaba completamente dormida, pero era obvio que lo estaba.
Se levantó para acercarse, para coger a su hermana y acostarla, sin embargo, se vio retenida por Mon-el, quien se levantó también acercándose a ellas.
- Hey, la cojo yo- comunicó.
- Sabes que puedo con ella, ¿verdad?- le miró.
El chico asintió aún ofreciéndose para cogerla, por lo que no pudo continuar negándoselo, permitiendo que la cogiera en brazos antes de guiarle a la habitación de la joven.
Su hermana se recolocó en la cama, moviendo los brazos en busca del peluche, observando como su gesto cambiaba cada segundo que no lo encontraba, iba a ponerse a llorar.
-Shh, hey, está aquí- susurró entregándoselo, consiguiendo que la joven enterrase la cara en él.- Te adoro, buenas noches, Kaelah- besó su frente, girándose hacia Mon-el, quien sonreía levemente observando la escena.
- Eres buena hermana- comentó mientras salían del cuarto.
- Gracias- sonrió- Kaelah no colabora mucho- comentó entre risas.
- Ya, me lo imagino- respondió- No es fácil tratar con ella, da un poco de miedo, no se sabe como va a reaccionar- comentó- Pero.., es buena chica- aseguró.
- ¿Cómo?- arqueó una ceja interrogándole con la mirada.
- Nada- susurró.
- ¿Cómo que nada?- se alteró- Mon-el, tiene dieciséis años y..., y tiene novio, no vayas a por ella, te lo advierto- le dijo dejándole sólo en mitad del pasillo, sin importarle la confusión que acababa de crearle, pues no iba a volver a advertírselo, que ni se le ocurriese tocar a su hermana.
Gracias por leer,
Ayrin
