Wicked always win
Zelena
Desde que me enteré de lo que mi madre le había hecho a Emma, y con las revelaciones que Ruby me hiciera sobre todo, me estaba siendo difícil mantener el foco en la empresa que veía sus asuntos acumularse. Y sin contar el hecho de que soy madre. No podía dejar de recordar cuando Belle y yo nos preparábamos para ese gran paso. Desde mi preparación para la extracción de los óvulos que iban a ser fecundados, hasta finalmente la inseminación; y después las miles de pruebas de embarazo dando positivo. Mi exultante conmemoración duró hasta que Belle cambió repentinamente y tras romper mi corazón en mil pedazos con la noticia de que se había deshecho de la mayor felicidad que el mundo podría darme. Y ahora, me enteraba que todo el dolor por que el pasé fue culpa de mi madre. Solo Dios sabe la repugnancia que siento hacia esa que se hace llamar mi madre. Querría que Graham hallara el sitio donde se escondía Cora para que pagara por cada miserable minuto que nos ha hecho pasar.
Alguien llamó a la puerta y enseguida accedí a que pasara.
David entró susurrando un «con permiso»
—¿Habéis conseguido algo?— pregunté
—No, aún no— respondió —Quería hablar contigo de algo, para ser sincero.
Hice una señal para que se sentara.
—¿Ha sucedido algo?
—No, nada ha pasado. Conversé con mi esposa, así como con la madre de Ruby, sobre la seguridad de nuestras hijas. Y hemos llegado al acuerdo de que solo nos sentiremos más seguros si pagamos a alguien para que las vigile.
Afirmé con la cabeza.
—¿Como un guardaespaldas?— David dijo que sí —También estoy de acuerdo.
—Genial. El problema viene ahora, la mejor empresa que trabaja con esto pertenece a Dorothy Reeves.
Fruncí el ceño.
—¿Y? ¿Cuál es el problema? ¿Nos os lleváis bien con esa mujer?
David resopló.
—Bueno, es que ella es la ex de Ruby, pensé que habría algún problema contigo.
Me sorprendí ante la noticia.
Ruby nunca me ha hablado de ella.
No es que tenga que hablarme, pero, no sé, podría haber comentado algo.
—Ningún problema, David. En realidad, si esa tal Reeves quiere hacer ella misma el trabajo, puede ser la guardaespaldas de Emma, ¿no?
Él contuvo la risa.
Yo había negado y afirmado al mismo tiempo que aquello era un problema.
Balanceé la cabeza y resoplé.
—Disculpa, mi mente está hecha un lío.
Me dio una tímida sonrisa y se levantó.
—Te entiendo. Dorothy está esperando afuera, creí mejor que la conocieras antes.
—Le puedes pedir que entre, por favor. Y te agradezco que hayas venido a hablar conmigo, David.
David sonrió de nuevo y salió de mi despacho.
No voy a sentir celos, ¿verdad?
Nunca sentiste celos, Zelena, déjate de tonterías, pensé.
Sentí un frío en el estómago cuando llamó a la puerta y la abrió.
Apareció una mujer bastante atractiva. Alta y en forma, muy en forma, diría yo. Incluso afirmaría que sus brazos eran más definidos que los de Emma. Vestía unos jeans descoloridos y bien ceñidos, una camiseta blanca y un chaleco también vaquero por encima; sus cabellos castaños estaban recogidos en una trenza apretada que realzaba su rostro cuadrado bien esculpido y con ojos claros seductores, al igual que unos labios carnosos bastante atrayentes.
¡Qué mierda!
¿Cómo no sentir celos ante esto?
—Un placer en conocerla, Srta. Mills— dijo ella sonriendo radiante y extendiendo su mano para saludarme.
Repetí el gesto siendo educada.
—El placer es mío, Srta. Reeves. Siéntese.
Ella observó el portarretrato con mi foto con Ruby, y se sentó esbozando una sonrisa que me irritó, pero me contuve.
—David ya me ha contado todo lo que preciso saber, no se preocupe— señaló la foto —Belle imagen.
Continué estudiándola con la mirada.
—Estoy feliz de que Ruby haya encontrado a alguien que busque los mismos propósitos que ella, porque solo así puede salir bien una relación.
—¿Propósitos? ¿Qué propósitos?
Dorothy frunció el ceño.
—No se lo ha contado, ¿eh? No cambiarías nunca, Loba.
Estaba consiguiendo sacarme de mis casillas.
—¿Qué propósitos?— repetí
—¿Usted quiere tener hijos?
—¿Quién no quiere?
Contuvo una sonrisa.
—Ruby. Fue por eso que acabamos, yo quería casarme y tener hijos, pero ella dijo que no soportaba la idea de tener un niño y mucho menos cuidar de uno— Dorothy se puso en pie —Bueno, volviendo al asunto que me ha traído aquí, trabajaré con tres personas de mi confianza, uno se quedará conmigo al lado de Swan, y los otros dos con Ruby. Los mantendré informados de cualquier eventualidad. Hasta pronto, Srta. Mills.
La vi cómo se marchaba con aquellas maneras de «estoy super buena».
¿Por qué Ruby nunca me ha hablado de eso?
Ahora que sabe lo de mi hija, seguro que tiene pena y no me deja por lo que pasó con Belle.
No me tranquilicé hasta que no cogí las llaves del coche y fui tras ella al hospital.
Mi cabeza martilleaba con las palabras de la maldita estirada esa. ¡Vuelve a Oz, idiota! Tenía que dejar de pensar que lo que quería era ponerme contra Ruby, pero, ¿quién descarta la idea de que quiera volver con ella?
Encontré a Mary y Ruby en la sala de espera.
Me quedé observando por algunos minutos cómo mi Loba consolaba a la triste Mary, enjugaba las lágrimas de la mujer y le decía algo que la hizo reír. Ruby era demasiado apasionante para creer en las palabras de la infeliz de Oz.
Como no podía quedarme ahí plantada para siempre, me acerqué lentamente y las dos enseguida me vieron.
—¡Pelirroja! No sabía que ibas a venir. Ven, siéntate con nosotras— mi novia presentaba una sonrisa radiante. ¿Cómo podía ser tan linda?
—Solo he venido para que charlemos un poco. ¿Puede ser?
Ruby frunció el ceño.
—Tía Mary, no tardo— le dio un beso en la mejilla a la mujer y me acompañó.
Fuimos a la cafetería del hospital y le compré algo cuando se quejó de hambre.
Adoraba observar cómo Ruby comía de todo y nunca se ponía mala. O como Regina decía, parecía que ella y Emma tuvieran un agujero negro en lugar de estómago.
Se limpió los labios con la servilleta cuando terminó de devorar la hamburguesa, y tomó un buche de Coca-cola por la cañita.
—¿Y? ¿Es algo sobre tu madre?
Moví la cabeza negando.
—No. En realidad es para hablar del equipo de seguridad que David y tu madre han contratado.
—¿Qué ocurre?
—Han contratado a tu ex, Dorothy Reeves.
Ruby arqueó sorprendida las cejas, tomó otro sorbo de refresco e hizo un gesto con la mano para que continuara.
—La he conocido.
—¿Y? Habla ya, Zelena, desembucha.
La observé, y sin sombra de duda quedó claro que Ruby no sentía ningún interés por la ex, así que una cosa menos de la que preocuparse.
—Me ha dicho la causa de vuestra ruptura, Ruby. Me ha dicho que no quieres tener hijos. ¿Es verdad?
Su mirada se clavó en la mía.
Se acomodó en la silla y se cruzó de brazos.
—Sí, es verdad que la causa de la ruptura fue esa
—Entonces, como sabes, tengo una hija, ¿qué piensas hacer?
—¿Apoyarte?— dijo como si fuera obvio —¿Qué otra cosa pensaría en hacer?
Balanceé los hombros.
—Pensé que podrías estar conmigo por pena, por lo que me sucedió.
—No me puedo creer que hayas pensado eso, Zelena.
Me reprendía con la mirada.
Y la forma en cómo dijo mi nombre me reveló que se estaba poniendo nerviosa.
—Ruby, ponte en mi lugar, todo lo que está pasando y me entero de una cosa como esta por una tercera persona, y no por ti.
—¿Y confiar en lo que siento por ti no es bastante?— no me dejó responder y siguió hablando —Yo nunca sentí nada por Dorothy, solo era sexo y porque era conveniente. ¿Por qué iba a querer tener hijos con alguien a quien no amo?— resopló —Cuando te conocí, todo cambió. No era solo sexo. Era mucho más que eso. Por primera vez en mi vida amaba a alguien. Y la forma en que tratas a tu sobrino, como si fuera tu hijo, me hace desear pasar por eso, en querer tener una familia, porque sé que eres la persona más maravillosa que he conocido y que como madre seguro me harías llorar emocionada por lo que bien que se te da.
—Perdona— murmuré avergonzada. Colocó sus manos a cada lado de mi rostro, y enjugó con sus pulgares las lágrimas que resbalaban —Tú me salvaste de la oscuridad en la que estaba, no tenía que haberte preguntado esto, pero sentí miedo de que estuvieras conmigo porque te sintieras obligada y…
Ruby me interrumpió con un beso casto en los labios.
—Yo también me equivoqué en no contártelo. Pero quiero que quede bien claro, Zelena Mills, contigo tendría todos los hijos que quisieras, y desfilaríamos con ellos y les restregaríamos en la cara a todo el mundo que nuestra felicidad es inquebrantable.
—Te amo, Loba
—Te amo, Zel.
