La historia es una adaptación del libro Making Faces de Amy Harmon los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. Si tienes la oportunidad te recomiendo que leas el libro original


36. IR A LA UNIVERSIDAD ESTATAL DE PENSILVANIA

Bella estaba melancólica mientras ayudaba a empacar a Emmett. Había estado melancólica durante toda la semana. El trauma de la muerte de Ben y el ataque de Royce había cobrado su precio y ahora con Emmett yéndose, no sabía cómo se iba a sentir al despertar mañana, completamente sola por primera vez en su vida. Emmett la había ayudado a manejar la pérdida de Ben. Pero, ¿quién iba a manejar la de Emmett?

Se atrapó a si misma volviendo a doblar sus camisas, enrollando sus calcetines, jugueteando con las cosas que había puesto en un lugar, poniéndolas sin intención en otro por lo que cuando se daba la vuelta para recuperarlos ya no estaban.

—Lo siento —dijo Bella por décima vez en la última media hora. Se alejó de las maletas abiertas antes de que pudiera hacer más daño y comenzó a hacer la cama de Emmett, simplemente porque no tenía nada mejor que hacer.

—¿Bella?

Bella continuó acariciando, suavizando, y esponjando y no miró a Emmett cuando dijo su nombre.

—Bella. Detente. Déjalo. Tengo que subirme de nuevo en ella en un par de horas —dijo Emmett.

Bella no podía parar. Tenía que seguir haciéndolo, mantenerse ocupada. Irrumpió en el pasillo, buscando la aspiradora para poder poner en orden la habitación de Emmett. Elliott estaba trabajando un turno de la tarde en la panadería, cubriendo a Emmett en su última noche en casa, y la casa estaba en silencio. No le tomó mucho tiempo encontrar la aspiradora y un paño de polvo y Windex también.

Zumbó alrededor de la habitación medio vacía de Emmett, cazando motas de polvo y limpiando todas las superficies disponibles hasta que Emmett suspiró pesadamente y, cerrando su última maleta, se volvió hacia ella con las manos en las caderas.

—Bella.

—¿Sí? —respondió Bella mirando a una sección de la pared donde la pintura parecía sospechosamente delgada. Había fregado demasiado duro.

—Pon el Windex abajo y aléjate lentamente —mandó Emmett. Bella puso sus ojos en blanco, pero se detuvo, temiendo que estuviera haciendo más daño que bien. Dejó el Windex sobre el escritorio de Emmett—. El trapo también —dijo Emmett. Bella dobló el trapo y lo puso junto al Windex. Luego se puso las manos en sus caderas, imitando su postura.

»Las manos en el aire, donde pueda verlas.

Bella puso las manos hacia arriba y luego pegó sus pulgares en sus oídos, meneando sus dedos. Luego cruzó sus ojos, infló sus mejillas, y asomó la lengua. Emmett se echó a reír y la levantó como si tuviera cinco años de edad y la arrojó sobre la cama. La siguió abajo, rodando sobre ella para inmovilizarla parcialmente debajo de él.

—Siempre haciendo caras. —Sonrió, pasando su dedo por el puente de su nariz, por sus labios, y por su barbilla. La sonrisa de Bella se desvaneció cuando su dedo cruzó su boca, y la desesperación que había estado evitando afanosamente cayó sobre ella.

»Espera… ¿cuál es esa cara? —preguntó Emmett en voz baja, mirando las risas desvanecerse de su semblante.

—Estoy tratando muy duro ser valiente —dijo Bella en silencio, cerrando los ojos contra su examen—. Así que esta es mi valiente cara triste.

—Es una cara muy triste. —Emmett suspiró, y sus labios encontraron los de ella y brevemente le acarició la boca antes de alejarse de nuevo. Y vio a la cara triste caer y romper en llanto que se filtraba a través de sus párpados cerrados. Entonces Bella lo empujó, luchando fuera de sus brazos, lanzándose hacia la puerta así no lo haría sentir mal y hacerlo más difícil para que se fuera. Sabía que tenía que irse. Tanto como necesitaba que se quedara.

»¡Bella! Detente. —Era la noche en el lago de nuevo, Bella alejándose para que no la viera llorar. Pero fue más rápido que ella, y su mano se disparó, sujetando la puerta cerrada para que no pudiera salir. Luego sus brazos estaban alrededor de ella, tirando de ella contra él, la espalda contra su pecho, mientras bajaba la cabeza y lloraba en sus palmas.

»Calla, nena. Sh —dijo Emmett—. No es para siempre.

—Lo sé —gritó y Emmett la sintió tomar una respiración profunda y soltarla, ganando control sobre sí misma, dejando que sus lágrimas mengüen.

»Quería mostrarte algo —dijo Bella abruptamente, secándose las mejillas rápidamente, tratando de eliminar los residuos de su pena. Luego se volvió hacia él y sus manos se elevaron a la apertura de su camisa y comenzó a deshacer la fila de botones blancos.

La boca de Emmett inmediatamente se secó. Había pensado en este momento en innumerables ocasiones, y sin embargo, con toda la confusión y la pérdida, él y Bella solo habían coqueteado con el borde, como si temieran caerse. Y la privacidad era difícil de conseguir mientras ambos vivían en casa, el tipo de privacidad que quería con Bella, el tipo que necesitaba con ella. Así que la pasión se había refrenado y los besos robados, aunque a Emmett le resultaba más difícil cada día.

Pero solo lo hizo aproximadamente con cinco botones antes de detenerse, deslizando su camisa abierta sobre su pecho izquierdo, justo por encima del encaje de su sostén. Emmett se quedó mirando el nombre impreso en letras muy pequeñas en una fuente simple a través del corazón de Bella. Ben.

Emmett se estiró y tocó la palabra y vio la piel de gallina elevarse sobre su piel cuando sus dedos la rozaron. El tatuaje era nuevo y suavemente bordeado en color rosa, aún sin formar costras. Era tal vez de dos centíemtros de largo, solo un pequeño homenaje a un amigo muy especial.

Bella debió haber estado confundida por su expresión.

—Me sentí como una cabrona al hacerme un tatuaje. Pero no lo hice para ser dura. Solo lo hice porque quería… quería mantenerlo cerca de mí. Y pensé que debería ser la… que lo escriba a través de mi corazón.

—Tienes un tatuaje, un ojo negro, y acabo de ver tu sujetador. Estás consiguiendo ser muy dura, Bella —bromeó Emmett suavemente, aunque el desvanecido ojo negro le hacía hervir la sangre cada vez que la miraba.

»Deberías habérmelo dicho. Habría ido contigo —dijo Emmett mientras sacaba su camiseta gris suave sobre su cabeza, y la mirada de Bella se afiló justo como la suya lo había hecho momentos antes.

»Parece que ambos queríamos sorprender al otro —agregó en voz baja mientras lo miraba. Los nombres estaban espaciados uniformemente en una fila, al igual que las tumbas blancas en la parte superior de la colina conmemorativa. Ben no llegó a ser enterrado con los soldados, pero se quedó con ellos ahora, su nombre tomando una posición al final de la línea.

—¿Qué es esto? —preguntó Bella, sus dedos flotando por encima de una larga fronda verde con hojas delicadas que ahora se envolvía alrededor de los cinco nombres.

—Es un helecho.

—¿Tienes un tatuaje… de un helecho? —El labio inferior del Bella comenzó a temblar de nuevo, y si Emmett no se sintiera tan conmovido por su emoción, se habría reído de su mohín de niñita.

»Pero… es permanente —susurró, horrorizada.

—Sí. Lo es. Igual que ustedes —dijo Emmett lentamente, dejando que las palabras se asentaran en ella. Sus ojos se encontraron, y el dolor, la incredulidad, y la euforia lucharon por el dominio. Estaba claro que quería creerle, pero no estaba seguro de que lo hiciera.

»No soy Ben, Bella. Y no voy a reemplazarlo nunca. Ustedes dos eran inseparables. Eso me preocupa un poco porque vas a tener un agujero del tamaño de Ben en tu vida durante mucho tiempo… tal vez para siempre. Entiendo los agujeros. Este último año me he sentido como uno de esos copos de nieve que solíamos hacer en la escuela. Aquellos en los que doblabas el papel de una manera determinada y luego seguías cortando y cortando hasta que el papel esta triturado. Eso es lo que parezco, un copo de nieve de papel. Y cada hoyo tiene un nombre. Y nadie, ni tú, ni yo, puede llenar los agujeros que alguien ha dejado. Todo lo que podemos hacer es protegernos de caer en los agujeros y nunca salir de nuevo.

»Te necesito, Bella. No voy a mentir. Te necesito. Pero no te necesito de la misma manera que Ben. Te necesito porque me duele cuando estamos separados. Te necesito porque me haces sentir esperanzado. Me haces feliz. Pero no necesito que me afeites o me cepilles el cabello o limpies el sirope de mi nariz. —La cara de Bella se derrumbó ante el recuerdo, antre el recuerdo de Ben y la forma en que había cuidado amorosamente de él.

Bella se cubrió los ojos, cubriendo su angustia, y sus hombros se estremecieron mientras lloraba, incapaz de mantener la emoción a un lado.

—Ben necesitaba eso, Bella. Y le diste lo que necesitaba porque lo amabas. Crees que te necesito. Pero no estás convencida de que te amo. Así que estás tratando de cuidar de mí.

—¿Qué quieres de mí, Emmett? —gritó Bella desde detrás de sus manos. Tiró de sus muñecas, con ganas de ver su cara mientras lo ponía todo en la línea.

—Quiero tu cuerpo. Quiero tu boca. Quiero tu cabello rojo en mis manos. Quiero tu risa y tus muecas. Quiero tu amistad y tus pensamientos inspiradores. Quiero las novelas de Shakespeare y Ember Rose y tus recuerdos de Ben. Y quiero que vengas conmigo cuando me vaya.

Las manos de Bella habían caído de su cara y aunque sus mejillas estaban todavía húmedas con lágrimas, estaba sonriendo, sus dientes hundidos en el labio inferior. Los ojos llenos de lágrimas y la boca sonriente eran una combinación particularmente entrañable, y Emmett se inclinó hacia delante y tiró de su labio inferior libre con sus dientes, mordiendo suavemente, suavemente besando. Pero entonces se apartó de nuevo, decidido al tema en mano.

—Pero la última vez que le rogué a alguien que amaba que viniera conmigo cuando realmente no querían ir, los perdí. —Emmett envolvió un mechón de cabello rojo de Bella alrededor de su dedo, con el ceño fruncido, su boca se volvió en un ceño pensativo.

—¿Quieres que vaya a la universidad contigo? —peguntó Bella.

—Algo así.

—¿Algo así?

—Te amo Bella. Y quiero que te cases conmigo.

—¿En serio? —chilló Bella.

—Sí. No hay nada mejor que Bella Swan.

—¿Nada? —chirrió Bella.

—Nada. —Emmett no pudo evitar reírse de su pequeña cara incrédula—. Y si me aceptas, voy a pasar el resto de mi vida tratando de hacerte feliz, y cuando te canses de mirarme, te prometo que voy a cantar.

Bella rió, un sonido de hipo acuoso.

—¿Sí o no? —dijo Emmett seriamente, tratando de alcanzar su mano, la última pregunta con dos opciones en el aire entre ellos.

—Sí.


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Hola, solo nos queda un capitulo y el epilogo, espero que esten disfrutando la historia. Me pone muy contenta leer sus comentarios.

Nos leemos