Con el permiso de ustedes, volveré a robarme un pequeño espacio para una respuesta a un review de "Él me Eligió". sakura-chan05: Eso me encantó, muchísimas gracias; y también por supuesto que te haya gustado el fic, jijiji. Gracias por tus comentarios.

Disclaimer: Inu Yasha pertenece a Rumiko Takahashi

"EL CASTIGO"

Por C. Weller chan

Capítulo 37

Los Inconformes

- …¿les parece buena idea que antes de dejarlas, vayamos a dar un paseo? -

Incrédulos, impotentes, trabados y con la furia atorada en la garganta, los castigados observaron cerrarse la puerta del local a la vez que el tañido de la campanilla se dejaba escuchar. Desde el momento en que esos dos tipos entraran en el café, Inu Yasha se sintió molesto, sobre todo después de que el tal Hojo anunciara que deseaba comprobar si era Kagome la que estaba vestida como mesera. ¡Maldito!

Ahora, no conforme con haber flirteado con ella todo ese rato, ¡ese imbécil y su amigo se habían llevado a las chicas a dar un paseo!, según alcanzaron a escuchar antes de que la puerta del local se cerrara.

- Todo es tu culpa Miroku – comentó Inu Yasha entre dientes, molestísimo, saliéndole la frase del alma. Con el ceño fruncido, el ojidorado menor volteó su mirada a su derecha, encontrando al de ojos violetas justo a su lado, cuya mirada estaba asesinando a la puerta y un ceño aún más pronunciado que el suyo. Con un movimiento rígido, Miroku giró su cabeza hacia el menor de los Taisho y siseó:

- ¡No seas estúpido, ese par desde el principio quería una conquista! ¡Y mi tierna Sango, como es tan inocente, no se dio cuenta! – Inu Yasha podía jurar que las orejas de su amigo comenzarían a echar humo. – Además, ¿qué es esa bobería de "una chica no debería andar sola a estas horas de la noche, y menos una belleza como tú"? ¡Son las ocho de la noche, por favor! ¿Qué esperaba ese tonto, que un asaltacunas les saliera al paso? – continuó Miroku con burla, bastante enfadado y haciendo movimientos exagerados con los brazos.

- ¿Le va a pasar algo a Kagome? – preguntó Shippo con voz temblorosa y mirada llena de miedo, enseguida de escuchar las palabras melodramáticas de su medio hermano mayor.

- Mi hermana va a estar bien, ¿verdad Naraku? – le cuestionó Kohaku preocupado a su hermano, que al igual que Sesshomaru, había perdido toda compostura y su mirada prometía un asesinato limpio y rápido.

En un impulso, Inu Yasha comenzó a andar hacia la puerta, indicando:

- Voy a alcanzarlos – antes de tocar el picaporte, la voz controlada de Sesshomaru lo detuvo:

- ¿Y si Kagome se enoja? – las palabras de su hermano hicieron a Inu Yasha quedarse estático. Era verdad. El tal Hojo era vecino de la familia Higurashi, un amigo de Kagome desde la infancia y al parecer, ella lo estimaba bastante por la manera como había reaccionado cuando ese mentecato entró al café. La pelinegra no les perdonaría que lo trataran con desconfianza, como un bandido.

Además lo quisieran o no, era un cliente.

Bajando la cabeza derrotado, Inu Yasha maldijo entre dientes.


Luego que el joven Hojo la dejara en las escaleras que estaban casi en la entrada de su casa, Kagome se dirigió contenta hacia la puerta. El pequeño paseo y la conversación con su vecino habían estado muy entretenidos, así que su humor se encontraba bastante alegre, aunado a que traía en su brazo el nuevo uniforme de mesera para mostrárselo a su mamá, que de seguro estaría encantada al verlo.

Cuando le faltaban unos pasos para llegar a la entrada, la puerta se abrió dejando salir una multitud de pequeños conocidos. Mirándolos salir uno a uno, Kagome observó que los niños y niñas eran los párvulos admiradores de Sota, a quienes de vez en cuando les daba lecciones de fútbol soccer o jugaban un partidito amistoso.

- ¡Kagome! – fue el grito unánime de los chiquitines al verla. La pelinegra, a quien siempre le había encantado la convivencia con los niños, los saludó feliz:

- ¿Cómo han estado todos? Los he extrañado – los pequeñines, cuyas edades oscilaban entre los seis y los trece años, respondieron a coro:

- ¡También te extrañamos! – por unos minutos, Kagome platicó y rió con la chiquillada, que contentos por verla, se peleaban por llamar su atención. Luego de un rato de charla, la jovencita Higurashi tuvo que decir:

- Lo lamento chicos, ya es tarde y en sus casas los estarán esperando. Deben irse – lamentos y exclamaciones de desencanto de dejaron oír de los pequeños, que con resignación, se despidieron de su amiga y comenzaron a retirarse. Cuando la gran mayoría había llegado a los escalones, Kagome reparó en dos niños de once años cada uno, que se habían quedado a su lado. Fijándose en la cara preocupada de uno de ellos, preguntó intrigada: – Tarohmaru, Suekichi, ¿pasa algo? – mientras el de menor estatura sólo miraba indeciso a su compañero, el niño de cejas pobladas y expresión inquieta, luego de unos segundos de silencio, le pidió a su amiguito:

- Suekichi, ¿podrías adelantarte? – asintiendo tímidamente con la cabeza, el aludido se dirigió hacia las escaleras para alcanzar a sus compañeritos. Tarohmaru, con la cabeza baja, sólo rascaba la tierra del piso con su pie. Kagome, mirando este gesto, se acuclilló frente al niño para quedar a su altura y le preguntó gentil:

- Tarohmaru, ¿qué ocurre? – luego de ligeros titubeos, Tarohmaru preguntó brusco:

- Kagome, Sota se pondrá bien, ¿verdad? – con una sonrisa atenta, la pelinegra respondió:

- Así es Tarohmaru. Con un poco de tiempo, Sota volverá a jugar fútbol con ustedes – dudando otra vez, el niño continuó jugando con su pie. Kagome esperó, paciente.

- Yo… y… yo… este… - para Kagome, era obvio que Tarohmaru deseaba decir algo, pero no encontraba las palabras. Daba la impresión que sentía cierto temor. Pensando que tal vez era miedo por la salud de Sota, la chica trató de calmarlo:

- No te preocupes, antes de que te des cuenta, Sota les volverá a dar lecciones otra vez. Después de todo, ya han pasado algunos meses de su accidente, ¿no es así? – como si hubiera sido tocado por un rayo, el niño casi gritó:

- ¿Su… s-su a-a… accidente? - alarmada por la angustia y la reacción exagerada del niño, Kagome trató de calmarlo, pero Tarohmaru sólo miró hacia un punto indefinido y repitió: - su… accidente – sin entender el origen de la zozobra del pequeño, la jovencita trató de distraerlo:

- Calma Tarohmaru. Mira, quiero que veas algo – intrigado por lo que la pelinegra quería mostrarle, el niño olvidó momentáneamente su preocupación - ¿Qué te parece? Es mi uniforme de mesera – olvidando casi al instante por completo sus temores, Tarohmaru miró embelesado la prenda que Kagome le mostraba – Estoy trabajando en el café que está junto al salón de belleza de la señora Kaede. ¿No te gustaría visitarme ahí algún día? – entusiasmado y sin despegar la vista del uniforme, Tarohmaru preguntó esperanzado:

- ¿Puedo ir? – Kagome asintió sonriendo - ¡Quiero verte con tu uniforme! – luego de varios elogios hacia la chica y la ropa, Tarohmaru, visiblemente tranquilizado, se despidió para alcanzar a sus amiguitos.

Aún preguntándose por la actitud mortificada del niño, Kagome entró a su casa.


- …así que podrás volver pronto cariño. Es una promesa –

- ¿De verdad? – preguntó aún sollozando la pequeña.

- De verdad – dándole un beso en la frente a su querida hijita, Toga Taisho se levantó de la cama, arropándola con las mantas, para salir de la amplia y hermosamente adornada recámara apagando la luz tras de sí. Eran pasadas las nueve de la noche, pero Lin se había empeñado en esperarlo a que regresara de trabajar para pedirle, llorosa y con ansiedad, acompañar a Sango otra vez para visitar a sus hermanos en el café.

Toga había preferido suspender las visitas de Lin momentáneamente, puesto que ahora Sango iba al café a trabajar. Tal vez sería muy pesado para la jovencita cuidar de la niña mientras atendía a las clientes, además de que conociendo a su hijita, ella querría permanecer ahí hasta que Sango se retirara al final del día.

Pero Lin no había estado de acuerdo en no ir. Ahora que pudo volver a ver a sus hermanos, luego de algunos meses de no poder hacerlo, no estaba dispuesta a separarse de ellos otra vez. Así que estaba más que decidida a convencerlo de que le permitiera visitar de nueva cuenta esa casa para visitarlos, al igual que a su querido Kohaku y a la hermosa señorita, Kagome.

Bajando la gran y elegante escalera de su mansión, Toga se dirigió hacia su despacho, donde su esposa Izayoi lo esperaba con el servicio del café listo. Dándole un fugaz beso en los labios como agradecimiento, el señor Taisho se arremangó la fina camisa para sentarse frente a su escritorio y revisar los documentos que había traído consigo desde su oficina.

- Toga… - el aludido alzó la mirada con sorpresa. Pensando que su esposa había abandonado la habitación como siempre hacía, mirarla de pie frente al escritorio lo había descolocado.

- ¿Qué ocurre, querida? – al momento de hacer la pregunta, Toga supo que algo ni iba a ir bien. Su mujer tenía un semblante serio, áspero… y decidido.

- ¿Sabes? Últimamente me he reunido con bastante frecuencia con las chicas… - Toga miró a su esposa con una ceja alzada, interrogante:

- ¿Chicas? – al ver como al rostro de Izayoi se sumaba la molestia, pensó que tal vez hubiera sido mejor no haber cuestionado.

- Sí, las chicas. Midoriko y Kagura –

- ¡Ah! Te refieres a las esposas de Mushin y Onigumo – comentó Toga, tratando de disimular una sonrisita socarrona.

- Sí, ellas. Nuestras reuniones sociales se han incrementado desde que los muchachos están castigados y nos hemos dado cuenta de algo… - la mirada de Izayoi era más penetrante que la Totosai. Sintiendo un escalofrío por todo el cuerpo, fingiendo una calma que no sentía y un presentimiento funesto, Toga preguntó:

- ¿De qué, cielo? –

- Hemos estado separadas de los muchachos por muchos meses ya. No los hemos visto desde hace tiempo y las únicas referencias que tenemos de ellos son las que ustedes, nuestros maridos, nos comentan… - Toga, tratando de disimular la inquietud que comenzaba a agobiarlo, se llevó la taza de café a la boca mientras respondía:

- Pero siempre que me entero de cualquier situación, eres la primera en saberlo, querida – Toga bebió medio contenido de la taza de dos tragos. Hasta ahora, sus socios y él habían logrado guardar perfectamente de sus mujeres el secreto de las cámaras ocultas que habían instalado en la casa donde se llevaba a cabo el castigo, para estar al tanto de todas y cada una de las tonterías que sus hijos cometían. Si sus esposas se enteraban a estas alturas, los matarían por no habérselos comentado antes. Sin embargo, la voz firme y tajante de Izayoi lo obligó a ponerle toda su atención.

- No es suficiente, Toga – la señora Taisho se cruzó de brazos, y enfatizando su gesto decidido, continuó: - Sango y Lin han ido a esa casa varias veces, inclusive ella ya está trabajando con los chicos. Ahora Lin desea regresar a visitarlos otra vez – el señor Taisho se obligó a poner cara de negociación. Sabía que si no era extremadamente cuidadoso en ese momento, Izayoi lo arrinconaría antes de que se percatara de lo que estaba sucediendo.

- Querida, los chicos están muy bien, su castigo lo están llevando perfectamente; no es necesario que ninguna de ustedes se mortifique o preocupe por los muchachos. Nosotros hemos estado al pendiente de que nada malo ocurra desde el principio, los sabes bien, ¿o no? – la expresión resuelta de Izayoi se incrementó, si es que eso era posible.

- No es que desconfíe de tu palabra querido, pero toma en cuenta esto: somos sus madres y no hemos estado en contacto con los muchachos desde hace un buen tiempo – Toga sintió como una sensación de fatalidad comenzaba a llenar el ambiente.

Con un poco de temor en la voz, el señor Taisho le preguntó a su esposa:

- Y… ¿qué es lo que sugieres? – con tono firme, la señora Taisho respondió:

- Creo que ya va siendo hora que nosotras también podamos ver a nuestros hijos -


Final del episodio 37

Continuará…


Comentario de la autora: Vamos con los personajes nuevos: Tarohmaru y Suekichi. Ambos niños aparecieron en la batalla contra la falsa deidad del lago. Inu y compañía son contratados por Tarohmaru, el hijo del jefe de la aldea, para impedir que la deidad sacrificara a su amigo de toda la vida, Suekichi, quien había tomado su lugar secretamente para impedir que su joven amo muriera. Mientras Miroku y Sango buscan a la verdadera deidad del lago, Inu, Kagome y Shippo enfrentan al espíritu que había hurtado la Alabarda de Amakoi, perteneciente a la deidad, con la cual usurpó su identidad.


Reviews:

Scarleth Draven: Jijiji. Gracias por tus porras y tu review.

Sweet-Sugar-894: ¡Bienvenida de vuelta! Dentro de poco disfrutaremos de otras escenas de celos más, jejeje. Gracias por tus palabras y tu review.

AllySan: Gracias por tu comentario. Veremos cómo lo manejan nuestras niñas consentidas.

PorLasNubes: Jajajaja. Tómalo por este lado: si los chicos siempre actuaran de forma madura, no podríamos tener situaciones cómicas como éstas. Gracias por tu review.

VERITO: Gracias, muchas gracias por tus palabras.

wiiixx: Pues fíjate que sí la aceptaron, y con paseo y todo, jejejeje. Veremos qué pasa después. Gracias por tu review.

empyreia: ¡Qué bueno que te pareció gracioso! Gracias por tu review.

Taniiah: No un homicidio pero continuaremos con las reacciones posesivas. Gracias por tu review.

knd.03: ¿Y sólo por Hojo? (jejeje X 2)

ziitah-TxE-: Estaré encantada de recibir un review tuyo cuando puedas; la escuela es muy importante, no la descuides. Gracias por tus palabras y tu review.

Cla-chan: Gracias por tu review. Aquí está ya el nuevo episodio.

astridkaoru: ¡No sabes lo que dices mujer! ¡Mi hermano es todo un caso! ¡¡Y eso que es sólo uno y ni novio tengo!! (JAJAJAJAJA X 10) Muchas gracias por tu review.

Mi-x-LuBrE-x-CaLa: Un poquitito, pero ha aumentado la extensión de los capítulos n.n X 2 ¡Qué bueno que te gustó el episodio! Gracias por tu review.

Chii_: Ya verás, tal vez no un club pero si unas cuantas, jejeje. Parece que los celos les han gustado a bastantes personas, jejeje. Muchas gracias por tus comentarios.

LoversxPrincess93: Lo de Sessho no está muy definido aún. También pienso que debieron ser dignas de ver esas caras, jajaja. Muchas gracias por tu review.

Lolichan36: Es bueno tenerte de vuelta, espero que todo esté bien. Muchas gracias por tus felicitaciones y tus palabras, es un aliciente. Gracias por tus besos y saludos también para ti.

Y sin olvidar las y los amables lectoras (os) que leen y no envían review. Gracias por sus visitas y su compañía. Para los que recién regresan a la escuela, mucha suerte y ánimo. Nos leeremos después.

C. Weller chan