XIV- Cadena de preocupaciones

Había sido una semana terrible en Baticul.

Los disturbios en las calles no habían parado ni un solo día. Grupos de ciudadanos pidiendo la renuncia de Luke y Natalia se mezclaban con otros que respaldaban a los príncipes, y sorprendentemente ambos "bandos" estaban bastante igualados en cuanto a número de voces. Luke no esperaba que recibiesen tanto apoyo por parte del pueblo, pero una vez que la gente empezó a echarse a las calles no hubo forma de parar ni a unos ni a otros.

"Hacer las cosas tan bien que no tengas que preocuparte por que duden de tus capacidades ni tu autoridad". En eso había dicho Asch una vez que consistía gobernar, y eso había intentado Luke por todos los medios. Natalia y él habían cuidado de Kimlasca-Lanvaldear lo mejor que habían podido, habían dado trabajo y techo a la gente y conseguido un lugar para las réplicas supervivientes a la Torre de Rem. Parecía que ahora empezaban a recoger los frutos de su trabajo: una buena parte de la población los apreciaba lo suficiente como para dejar de lado sus desviaciones y defenderlos ante los demás ciudadanos. Era reconfortante, pero al mismo tiempo, preocupante. Si no se resolvía pronto el conflicto podría estallar una verdadera guerra civil.

El Consejo se tomó toda la semana que les había otorgado Ingobert para decidir quién de los dos príncipes seguiría siendo heredero al trono cuando se divorciasen. A Luke la incertidumbre empezaba a ponerle de los nervios, porque ni siquiera era capaz de adivinar quién de los dos tenía más probabilidades. Después de todo, ni Natalia ni él eran técnicamente herederos legítimos: él era una réplica y la princesa era adoptada. Lo que sí tenía claro era que quien más merecía el título era la joven rubia.

Natalia se había pasado toda su vida preparándose para reinar. Tenía mucha más experiencia y capacidad de liderazgo que él, y le gustaba ocuparse de los asuntos de la corte. A Luke no le disgustaba, pero sabía que no estaba hecho para eso. Ni siquiera sentía que estuviese preparado para asumir el mando del ducado cuando le llegase el momento.

Cuando el Consejo finalmente alcanzó un acuerdo, volvieron a reunirse en el salón del trono. Esta vez Natalia y Luke no tomaron asiento en los tronos que había en la tarima, sino que se quedaron en un lateral de ésta. Al pie de los escalones, el duque Fabre se adelantó como portavoz de todos los demás consejeros y tomó la palabra:

-Majestad, el Consejo por fin ha tomado una decisión. Tras considerarlo durante una semana, hemos decidido que lo mejor será que vuestra hija siga ostentando el título de princesa de Kimlasca-Lanvaldear. En cuanto a Luke, seguirá en la línea sucesoria, pero por detrás de la princesa Natalia y de mi esposa Suzzane- anunció. Luke relajó los hombros y soltó un suspiro de alivio. Menos mal, por fin algo que salía del todo bien.

-Me parece una decisión acertada. Sea así- asintió Ingobert-. Formalizaremos el divorcio tan pronto como sea posible.

-Una cosa más, Majestad. Y con esto me dirijo a vos no como representante del Consejo, sino como padre- intervino el duque. Luke lo miró, intrigado-. Ahora que su matrimonio va a ser anulado, me gustaría que mi hijo volviese a residir en nuestra casa.

-Por supuesto, no veo inconveniente en ello. Tampoco tiene mucho sentido que siga viviendo en palacio ahora- concedió Ingobert. Luke sonrió para sí. Teniendo en cuenta las escasas veces que había dormido en la misma habitación que Natalia, nunca había tenido mucho sentido que viviese allí, salvo tal vez para que la princesa tuviese más fácil despertarle a horas intempestivas.

La susodicha heredera al trono acababa de dar un paso al frente, con una mano en el pecho y la otra apretada en un puño a su costado.

-Me gustaría dar las gracias al Consejo por otorgarme esta oportunidad- dijo solemnemente-. Os prometo que no defraudaré la confianza que depositáis en mí.

Un murmullo de asentimiento recorrió a los miembros del Consejo. Tras aquello, la reunión no tardó en disolverse.

La mudanza de vuelta a la mansión Fabre no tardó demasiado en llevarse a cabo. Luke tampoco tenía muchas cosas en palacio, y en menos de dos días estuvo instalado de nuevo en su viejo dormitorio. Lo encontró tan ordenado que ni siquiera parecía suyo y sonrió al recordar que la última persona que había estado durmiendo allí era Asch. Teniendo en cuenta sus costumbres de soldado, no era raro que todo siguiese en su sitio.

"A ver cuánto dura así" se dijo, paseándose por la habitación hasta llegar al armario. Lo abrió y se puso a ojear sus trajes distraídamente, sonriendo ampliamente al toparse con uno en concreto. Era uno de los regalos que le había hecho Peony años atrás, el que llevaba como parte de arriba lo que claramente había sido en su momento la capa de Asch... aunque con algunas modificaciones. Por ejemplo, que por delante estaba completamente abierta, dejándole a la vista todos y cada uno de los marcados músculos del torso. Por detalles como aquel a veces Luke dudaba sobre los intereses del Emperador de Malkuth.

Llevado por un impulso repentino, se quitó la casaca de vizconde y se puso la especie de gabardina negra sin mangas con bordados rojos. Se apartó el flequillo hacia atrás y se miró en el espejo que había en la puerta del armario, probando a poner cara de enfado, pero al ver lo mucho que se parecía a Asch le entró la risa. Se dejó caer de nuevo el flequillo sobre la cara y observó su reflejo unos momentos.

Las puntas del largo cabello escarlata empezaban a aclararse a naranja una vez más. No se lo había dicho, pero también se había dado cuenta de que a Asch se le estaban oscureciendo las suyas poco a poco. Salvo por aquel pequeño detalle y por las cicatrices de su contraparte, eran más parecidos que nunca. Los ojos de Luke ya no tenían el brillo de inocencia de un niño, y la frialdad y la ira contenida en los de Asch se habían ido derritiendo. Los dos habían cambiado tanto...

Acarició la lisa superficie del espejo. Echaba de menos a su original, en la última semana apenas había tenido tiempo de escribirle y tampoco le había llegado ninguna carta suya. Y las noches se le hacían demasiado largas y frías sin su cálido cuerpo al lado en la cama o sus mordiscos para despertarle de madrugada, además de que el no saber aún nada de él desde que se marchase le tenía bastante preocupado.

-¿Asch?

Se giró de golpe al escuchar una voz conocida detrás de él. Suzzane estaba en el umbral de la puerta, mirándole no sin cierta extrañeza. Había recuperado suficiente vigor como para pasear por la casa, pero todavía seguía bastante pálida y delgada.

-Hijo equivocado, madre- sonrió Luke. Suzzane soltó una pequeña carcajada.

-Ya me extrañaba a mí- suspiró-. Con esa capa y desde detrás te confundí con él por un instante, Luke, discúlpame.

-No pasa nada, madre. ¿Qué tal te encuentras hoy?

-Muy bien, gracias, hijo. Por cierto, tienes visita- anunció, haciéndose a un lado y descubriendo al rubio que aguardaba detrás de ella.

-¡Guy!- saludó Luke, acercándose rápidamente-. ¿Qué haces tú por aquí?

-Pues verás, esa es una cuestión graciosa- respondió Guy, rascándose la nuca y enrollándose en un dedo la pequeña coletilla rubia que se había dejado crecer. Tenía las botas y los bajos de los pantalones empapados-. He estado probando las últimas mejoras que le hemos hecho a la Ragnarok, y me dio por ver hasta dónde podía llegar con ella. Y... Bueno, digamos que he hecho un descubrimiento en su mecanismo. Si le quitas el blindaje a la carrocería inferior, gana ligereza y velocidad, pero también es vulnerable al agua. Así que, en resumen... adivina a quién le ha dado por meterse en el pantano de Inista y casi no sale.

Luke estalló en carcajadas. Lo único que había entendido es que la Ragnarok había dejado tirado a Guy en el pantano de Inista.

-Eso pasa por salir con esa máquina del demonio. Anda, entra, no te quedes ahí en la puerta- sonrió, sentándose en la cama. Guy asintió y pasó al interior de la habitación. En algún momento Suzzane se había ido, así que cerró la puerta tras de sí y se apoyó en el armario, ojeando el interior.

-¿Qué, estabas haciendo memoria?- le dijo a Luke con una sonrisa. El pelirrojo no pudo evitar responder con otra.

-Algo así.

-Siempre me gustó cómo te quedaba ese traje en concreto.

-Claro que te gusta, pillín, aparte del bañador es con el que más enseño.

Guy soltó una carcajada y sacudió la cabeza. La sonrisa de Luke se amplió, parecía que hubiese pasado una vida desde la última vez que viese a su amigo.

-He oído que Natalia y tú os divorciáis- comentó entonces el rubio. La sonrisa del pelirrojo flaqueó.

-¿Qué más has oído?

-Pues hasta Sheridan han llegado rumores de que Natalia está liada con otra mujer, pero no sé si creérmelo.

-Espera, ¿tú no lo sabías?

-¿El qué?

-Lo de Natalia y...- Luke se mordió la lengua. Si Guy no lo sabía, tal vez no convenía decírselo-. Da igual. El caso es que es verdad, por eso nos vamos a divorciar. Bueno, por eso y porque le solté a todo el Consejo que yo también...- volvió a morderse la lengua y miró a Guy con algo de remordimiento, pero éste sacudió una mano en el aire para quitarle importancia.

-Lo tuyo con Asch sí que lo sabía, si es eso lo que no quieres decirme- dijo. A Luke casi se le cayó la mandíbula al suelo.

-Lo sabías.

-Antes que tú, listillo. ¿Por qué te crees que le regalé una Ragnarok? Sabía que no se resistiría a probarla contigo- sonrió Guy, cruzándose de brazos y alzando la barbilla con orgullo-. Si te la regalaba a ti, seguro que no te habrías atrevido a sacarle todo el potencial que tiene, tanto para correr por campo abierto como para citas.

-Eres un cabrón, Guy.

-Sí, sí, pero dime, ¿a que te lo pasabas bien abrazado a esos prietos abdominales suyos, eh, pillín?

La cara de Luke se puso a juego con su cabello en apenas milésimas de segundo.

-¡O-Oye! ¿Y tú cómo sabes cómo son sus abdominales, si siempre va tapado hasta el cuello?- intentó contraatacar.

-Por favor, sois idénticos, no pueden ser muy distintos de los tuyos. Y esos sí que me los conozco bien, ¡je!

Luke no sabía qué tono de rojo era más intenso ya, el de su cara o el de su pelo. Subió los pies a la cama y se abrazó las rodillas, enterrando su vergüenza entre ellas.

-Déjame en paz, no es justo- protestó. Guy soltó una carcajada y se sentó a su lado, dándole unas palmaditas en la espalda. Tras unos momentos de silencio, el rubio volvió a tomar la palabra:

-¿Qué tal le va a Asch, a todo esto? Llevo sin saber nada de él desde la última carta que me escribió diciendo que la Ragnarok funcionaba perfectamente, y eso fue hace meses.

Luke sacó la cabeza de entre las rodillas, pero no dejó de abrazárselas. Apoyó la barbilla en ellas y frunció el ceño levemente.

-Hace algo más de una semana que no tengo noticias de él- admitió-. Volvió a Daath poco después de que Natalia y yo admitiésemos en público nuestras... aventuras. Ha debido de estar bastante ocupado, porque no he recibido aún ninguna carta suya.

-Hm, eso es raro.

-Ya. Normalmente siempre saca tiempo para escribirme, y dijo que esperaba noticias sobre en qué quedaba lo de Natalia y yo. Ayer volví a escribirle, pero nada, no contesta.

Guy frunció el ceño también.

-¿Quieres que me pase por Daath a darle un tirón de orejas? En cuanto arregle la Ragnarok, podría estar allí en un día- propuso. Luke se mordió el labio y lo consideró durante unos momentos. Tenía un mal presentimiento respecto a Asch, una ligera angustia que le rondaba cada vez que pensaba en él. Podía ser algo importante o nada más que una mala pasada de su imaginación, pero sólo había una forma de comprobarlo.

-Lo que me gustaría es que me acompañases hasta allí- confesó-. Quiero comprobar yo mismo si va todo bien, y si no te importa...

-¿Cómo va a importarme, hombre? Hace mucho que no te hago de niñera, de vez en cuando está bien retomar las viejas costumbres- sonrió Guy. Luke le devolvió la sonrisa tímidamente. No sabía si su amigo había pasado página del todo con lo suyo. Parecía que sí, después de todo había pasado ya más de un año, pero... nunca se sabía.

-Gracias, Guy.

-Ni las des. Bueno, será mejor que baje a por la Ragnarok, cuanto antes la arregle mejor. ¿Sabes? Estoy pensando en volver a ponerle el blindaje inferior, creo que aunque sume peso puede alcanzar la suficiente velocidad como para no romper la tensión superficial del agua y que podamos atrochar por mar. Aunque tendría que medir también el combustible, claro, porque como nos quedemos con el depósito vacío en mitad del océano, puede ser un problema bastante serio...

Luke se rascó la cabeza y asintió vagamente sin abrir la boca, disimulando el hecho de que se había perdido en cuanto su amigo rubio había empezado a soltar tecnicismos.

El viaje a Daath en el Albiore del día siguiente transcurrió rápido para Luke, entretenido como estaba en ponerse al día con Guy sobre cómo le trataba la vida.

Habían dejado de escribirse durante un tiempo, ya que Guy no dejaba de ir y venir de Sheridan a Belkend, de Belkend a Gran Chokmah y vuelta a empezar, y así no había quien mantuviese el contacto. La ciudad de los artesanos y la de las máquinas fónicas estaban colaborando en un nuevo proyecto, algo relacionado con un sistema de comunicación sin cables que Luke no terminó de entender pero que sonaba la mar de prometedor. La idea, que permitiría en el futuro comunicaciones más rápidas y fiables que las palomas mensajeras, había sido de Guy, y el joven rubio estaba orgullosísimo de ser él quien dirigía el proyecto. Además tenía sus responsabilidades en la corte de Malkuth, pues Peony se las había arreglado para meterle en el Concilio y ahora se había empeñado en casarle con alguna aristócrata de por allí para que sentara la cabeza. Esto, naturalmente, a Guy no le hacía ninguna gracia, ya que seguía sin ser capaz de acercarse al sexo opuesto salvo que a alguien le fuera la vida en ello.

-Desde que se casó con la Emperatriz, Su Majestad se ha empeñado en que todos los demás nos casemos también- suspiraba el joven Gardios-. Y claro, como soy el último de mi casa, está poniendo especial interés en que encuentre mujer para que mi apellido no se pierda. Y yo ya no puedo más, Luke, te juro que esto me supera.

Luke se había reído con sus palabras y le había dado unas cuantas palmaditas en el hombro a modo de consuelo, y a partir de entonces se dedicaron a compadecerse de Jade por tener que aguantar a Peony como cuñado, y de Peony por haberse casado con la hermana de Jade.

Llegaron ya entrada la noche a la capital de la Orden de Lorelei, pero estando tan cerca de su destino, la inquietud volvió a apoderarse de Luke, que insistió en que fuesen a la Catedral aunque corriesen el riesgo de que los echaran. Después de todo, Asch normalmente se quedaba despierto hasta tarde, y habían visto su Ragnarok en el hangar del aeropuerto así que debía de estar en la ciudad.

Al llegar a la sede de los Caballeros del Oráculo, sin embargo, se encontraron con que los guardias les impedían el paso a los niveles inferiores, donde se encontraban las habitaciones de los oficiales. De nada sirvió decir que eran dos nobles y que Asch era familia de Luke, lo único que consiguieron fue la siguiente respuesta:

-Se está llevando a cabo una investigación interna y no se permite la entrada a nadie.

Luke y Guy tuvieron que dormir en la posada e intentarlo de nuevo por la mañana. Esta vez probaron suerte con Anise, a quien encontraron en el despacho adyacente a la habitación que una vez había ocupado Ion. Cuando los recibió, lo hizo con su habitual buen humor y con un abrazo (a Luke solamente, claro), pero al pelirrojo no le costó ver la tensión que había detrás de su fachada.

-Anise, sé que seguro que está muy ocupado, pero... ¿te importaría llamar a Asch? Hemos venido a visitarle- pidió Luke. Los hombros de la Maestra Fónica se hundieron.

-Luke, no es un buen momento.

-Ya, ya me imagino, es que no responde a mis cartas desde hace ya más de una semana y me tiene preocupado. Por favor, sólo será un momento y luego nos iremos- insistió el más joven de los Fabre. Anise le rehuyó la mirada.

-Me temo que no puedo hacer eso, Luke, de verdad. Lo siento.

Luke cruzó una mirada preocupada con Guy. La inquietud crecía a pasos agigantados dentro de su pecho.

-Anise, ¿ha pasado algo?- intervino el conde Gardios, frunciendo el ceño. Anise suspiró y jugueteó con sus pulgares, rindiéndose.

-Se supone que no debería deciros nada, así que mantened la boca cerrada sobre esto- murmuró-. Estamos teniendo dos investigaciones internas simultáneas en la Orden y el sótano de los oficiales está cerrado, nadie puede entrar ni salir de ahí. Ni siquiera permitimos el intercambio de cartas con el exterior.

-¿Pero por qué? ¿Qué demonios está pasando?- insistió Guy. Anise los miró, muy seria.

-Hace unos meses, alguien liberó a los presos que teníamos pendientes de interrogar por los altercados en mi nombramiento- explicó-. Tear estaba llevando una investigación interna al respecto, pero ahora tenemos otra más también. Veréis, hace una semana, Asch volvió de Baticul. Él y Shion también estaban haciendo sus propias indagaciones, pero no me dijeron sobre qué porque era un asunto privado que no tenía nada que ver con la Orden de Lorelei. Lo primero que hizo Asch al llegar fue ir a ver a Shion para comprobar qué tal le había ido en su ausencia, y no hemos sabido nada de él desde entonces.

Luke palideció y tuvo que apoyarse en Guy para seguir en pie, porque las rodillas de repente se le habían vuelto de gelatina. Pero Anise no había terminado:

-Asch estaba revisando unos discos fónicos en uno de los sótanos más inferiores. Al ver que ni él ni Shion aparecían en dos días, Tear bajó a ver si se encontraban bien. Se encontró a Shion medio muerto en el suelo y sangre por todos lados, pero ni rastro de Asch. Excepto- añadió, sacando un objeto alargado de debajo del escritorio- por dos cosas. Una era ésta.

Luke cayó al suelo de rodillas, horrorizado. El objeto que Anise acababa de sacar era Maestro, la fiel espada de Asch. Y estaba cubierta de sangre reseca, tanto en la hoja como en la empuñadura.

-¿Cuál era la otra?- preguntó Guy, aferrándole el hombro a su amigo para intentar que no se desmoronase del todo.

-La otra era una marca en el suelo, debajo de donde encontramos a Shion. Sospechamos que alguno de los dos, o él o Asch, pudo haberla grabado, tal vez intentando darnos una pista de quién era el agresor, pero sólo le dio tiempo a escribir una letra. Creemos que era una N. Todavía estamos esperando a que la Serpiente Dorada despierte para interrogarle, cuando Tear lo encontró ya casi ni respiraba.

Luke apretó los puños y dejó que el flequillo le ocultase la cara en sombras. Un General Celestial fuera de combate, una letra grabada en el suelo y la espada ensangrentada del Errante, eso era todo lo que tenían para averiguar quién se había llevado a su contraparte. Porque una cosa estaba clara: no se había ido por su propio pie. Alguien se había llevado a Asch por la fuerza.

Y en cuanto Luke averiguase quién, iba a hacerle pagar por ello.