¡Hola!
Hemos llegado al final de la historia. Parece imposible, después de más de un año, un parón de seis meses, 38 capítulos y 85.000 palabras. La verdad es que estoy muy emocionada y satisfecha con el resultado. Ha sido genial poder contar esta versión (personal) de la historia, usando a estos personajes tan fantásticos y a los que quiero tanto, pero añadiendo detalles de cosecha propia (y también teorías varias que encontraba por ahí) mientras esperaba con ansia la llegada del capítulo IX de la saga.
Antes de que leáis el desenlace, quería comentaros algunas cositas:
-Habrá un epílogo, que espero tener para el lunes o, sino, a lo largo de la semana que viene. Stay tuned.
-Este último capítulo está contado mitad desde la perspectiva de Ben, mitad desde la perspectiva de Rey. Creo que queda bastante claro, pero por si alguna necesitaba una explicación :D
-En el capítulo anterior, cuando Rey y Finn se encuentran, se me olvidó hacer un inciso en el corte de pelo de Rey, así que lo he arreglado. Por si queréis leerlo
Y eso es todo.
Solo me queda daros las gracias de corazón si habéis leído hasta aquí y desear que hayáis tenido una buena lectura. Me encantaría saber qué os ha parecido el fic, así que estaré encantada de recibir comentarios.
Un abrazo, ¡y que la Fuerza os acompañe!
38. Un camino a la luz
El Halcón hizo un giro brusco y, tras ello, inició un descenso en picado que los dejó clavado en las sillas. O eso es lo que imaginó Ben, a juzgar por el movimiento continuo de la nave y las fuerzas a que les tenía sometidos.
—¿Qué ocurre? —le preguntó a Rose Tico.
La mujer estaba inmersa en las comunicaciones exteriores y en la estrategia, pendiente de todo lo que ocurría en el exterior.
—Hemos encontrado la nave de Hux.
Ante aquella respuesta, Ben sintió la urgencia de levantarse y dirigirse hacia la cabina para comprobar con sus propios ojos lo que le habían dicho. Pero no llegó a hacerlo, porque justo en ese instante Finn entró en la bodega principal.
—Preparaos, vamos a aterrizar —dijo el joven rebelde. Luego se acercó hasta el baúl en que guardaban las armas y preguntó—: ¿Alguien necesita un bláster?
Momentos después, el Halcón había tomado tierra.
La compuerta principal les esperaba abierta y pronto Rey y Chewbacca se les unieron. El antiguo caballero apenas tuvo oportunidad de prestarle atención al wookie, pero, aun así, su presencia no le pasó desapercibida. Una mezcla de nostalgia y vergüenza lo cruzó por dentro al recordar sus días de infancia, pero también la muerte de Han y el disparo que recibió ese día, cuya cicatriz aún cubría parte de su abdomen.
Ignoró esos sentimientos y se obligó a centrarse: había cosas mucho más importantes de la que ocuparse en ese momento.
Un suelo rocoso cubierto de lo que parecía musgo de color rosa se extendía hasta alcanzar la base de una cordillera que se alzaba a poca distancia, y a medio camino entre las montañas y el Halcón estaba la nave de Hux.
Ben dio un paso al frente para ser el primero en salir de la nave, pero la mano de Rey lo tomó del antebrazo y lo retuvo.
Se volvió hacia ella.
—No podemos matarle —dijo la chica.
Él no respondió, pero endureció el gesto.
—Su muerte no hará que esto termine —añadió ella.
—Pero será una buena manera de empezar.
—No, Ben. Tenemos que llevarlo hasta el Senado para que lo juzguen. Si no lo hacemos, alguien ocupará su sitio y esto nunca terminará.
—¿Senado? ¿Qué senado? —repuso él, con tono despectivo.
—¡Ben! —insistió ella.
Pero, presa de una súbita rabia, se zafó del agarre de Rey y empezó a caminar en dirección al enemigo, mientras dejaba que el odio creciera con cada nuevo paso que daba.
Aunque no llegó muy lejos.
El ruido profundo y desgarrador de unos motores de aeronave partieron el silencio por la mitad. Una de las naves que acompañaba a la de Hux descendió sobre ellos y pasó en vuelo rasante por la llanura, abriendo fuego. Los cañonazos láser se hundieron en la roca, estallando en nubes de polvo, piedra y musgo, y abrieron sobre ella enormes cráteres como cicatrices.
—¡A cubierto! —gritó Ben.
Y seguidamente empujó a Rey contra el musgo, lanzándose sobre ella para cubrirla con su propio cuerpo.
Desde el suelo, observó el cielo y vio que un ala X de la resistencia recorría la estela de la nave de la Primera Orden. Había abierto fuego contra ella para ahuyentarla. Lo consiguió y la nave enemiga retomó el camino hacia las nubes de Apoptiona, en busca de protección contra la lluvia de disparos que le caía.
—Maldita sea —se quejó Rey, bajo su cuerpo—. Tenemos que regresar al Halcón y esperar a que Ooman se deshaga de ellos.
—No. Es lo que quieren. Si esperamos, Hux escapará. Tenemos que llegar hasta él cuanto antes.
Ella torció el gesto y por un momento pareció que volvería a contradecirlo. Pero, en vez de eso, asintió.
—Muy bien, caballero. A por ellos, entonces. —Y antes de levantarse de un salto, se volvió hacia sus compañeros, que se habían atrincherado en la puerta principal del Halcón—. ¡Quedaos ahí! ¡Y cubridnos!
—¿Estás loca? —oyó que le respondía Finn—. ¡Os van a matar!
Ni Rey ni él le hicieron caso.
Echaron a correr en dirección al vehículo humeante que tenían en frente. Algunos disparos esporádicos les llovían del cielo, porque la nave enemiga intentaba alcanzarlos otra vez. Pero el ala X no se lo ponía fácil. Su fuego también caía de nuevo y dificultaba el ataque enemigo. Así, Ben y a Rey podían sortear los disparos con mayor facilidad. Además, la Fuerza los guiaba y el vínculo que los conectaba hacía que ambos fueran mucho más conscientes del otro, de manera que sus movimientos entre el fuego enemigo se convirtieron una auténtica danza sincronizada.
Al llegar a la nave de Hux, los recibió un escuadrón de soldados de asalto. Ben activó su sable y se lanzó contra ellos sin dudar. Junto a él, Rey había hecho lo mismo con su vara.
Arremetió contra un grupo de cinco y la hoja roja hirió un par de armaduras. Uno de los soldados intentó cogerlo a traición, pero él se volvió al instante, con el brazo extendido, y lo hizo salir despedido gracias a la Fuerza.
Los que estaban más apartados disparaban sus blásters y convirtían el campo de batalla en una lluvia de láser y polvo. Pero nada podían hacer contra él, que detenía cada uno de esos disparos blandiendo su sable a velocidad de vértigo.
El mismo sable segó tres vidas más y, después, su puño derribó a otros tantos.
Rey por su parte hacía buena gala de lo que había aprendido en los últimos días. Sus movimientos ágiles y precisos la tenían saltando entre enemigos, como si fuera un animal en plena cacería. No fallaba, tampoco perdonaba. Las hojas luminosas de su vara la protegían y al mismo tiempo acababan con un enemigo tras otro.
Aunque numeroso, el grupo no era rival para ellos, y pronto los hombres y mujeres uniformados de blanco se vieron reducidos.
—¿Dónde está Hux? —le preguntó Ben a uno de ellos, que había desarmado y ahora agarraba por el cuello, alzándolo ante él
—¡En…En la nave! —gimoteó el otro, antes de que él lo lanzara contra el suelo.
Sin pensárselo dos veces, el antiguo caballero se dirigió hacia el vehículo, ahora desierto.
La nave no era muy grande ni tampoco muy compleja. Una bodega de carga cúbica, con bancos a lado y lado, formaba su estructura principal, y al fondo de la misma se encontraba la cabina de control. Hux estaba solo en medio de la sala, con un bláster en la mano. Lo apuntaba.
Ni siquiera lanzó una advertencia antes de abrir fuego.
Ben fue más rápido. congeló el disparo en el aire y usó la Fuerza para atraer el bláster hacia él. Cuando lo tuvo en la mano lo lanzó fuera de la nave, lejos, para que el otro no pudiera recuperarlo. Entonces, empezó a caminar hacia Hux, con el sable refulgiendo a su lado.
—No, por favor, Ren —suplicó el general, mientras trataba de alejarse de él—. ¡Hablemos! Todo esto ha sido un gran malentendido. Podemos llegar a un acuerdo. Sigues siendo nuestro Líder Supremo, ¡el ejército estará siempre a tu servicio!
La puerta que separaba la bodega de la cabina le marcó el límite del camino y el general tragó duro cuando su espalda tocó el metal. Ya no le quedaba donde huir. Frente a él, Ben levantó el sable láser y dirigió la punta de la hoja de luz a su barbilla.
—¡Por favor! ¡Por favor!
Pero, por mucho que insistiera, no parecía que esas súplicas fueran a tener ningún efecto en el hombre que tenía delante y que, a juzgar por el brillo que cubría sus ojos, había perdido toda cordura, ávido de sed de venganza.
Sin embargo, cuando todo parecía sentenciado, una voz a sus espaldas lo hizo volver a la realidad:
—Ben, no lo hagas.
Ben no se volvió, pero sintió la presencia de Rey detrás de él.
Le espada le temblaba en la mano. Una parte de él sabía que ella tenía razón: matar a Hux no serviría de nada, ni para la Galaxia, ni para él. La mejor opción era dejar que los políticos se encargaran, si es que aquello era posible. Un juicio a Hux sería una buena manera para empezar a restaurar el Senado.
Pero era demasiado el dolor que bullía en su pecho. Todas las afrentas de Hux, que habían culminado en la muerte de Leia, volvían una y otra vez a su mente; todo el desprecio y la humillación que le había mostrado el general durante los últimos seis años, que no había hecho que aumentar desde la muerte de Snoke. Por no hablar de que había estado a punto de matarlos a Rey y él. No podía dejarlo vivir. La rabia quemaba demasiado.
Apretó el sable contra la mejilla de Hux, dibujando en ella una quemadura, mientras el otro gritaba de dolor y se retorcía, y la bodega de la nave se llenaba de olor a carne quemada.
Y entonces se detuvo.
Porque alguien había pronunciado su nombre y no había sido Rey.
«Ben».
Volvió la mirada y la vio, junto a él.
No parecía la misma que había visto en Coruscant, hacía poco más de un mes. Ni tampoco la que recordaba de su infancia o su adolescencia, siempre atareada con la política. Era mucho más joven, quizás incluso más de lo que Rey era ahora. Iba vestida de blanco y llevaba el pelo recogido en unos moños circulares a lado y lado de la cabeza. Su mano, que desprendía un resplandor azul, sobrenatural, se había posado con cuidado sobre la empuñadura. No pudo sentirla en el plano físico, pero sí lo hizo en la Fuerza.
—¿Madre? —preguntó, dubitativo.
La chica junto a él sonrió y asintió.
Pero no era la única presencia que acababa de materializarse. A su derecha, otra figura resplandeciente le saludó con un gesto de cabeza y puso también su mano incorpórea en la empuñadura. A él sí que lo reconoció enseguida, porque no era muy distinto de aquel que había conocido quince años atrás.
—Luke.
—Te dije que volveríamos a vernos.
—Sabes que matarlo no servirá de nada —dijo el joven fantasma de Leia—. Como no sirvió con tu padre. Negar el pasado, huir de él, no es la solución.
—Lo único que queda es aceptarlo —añadió Luke.
Al principio, Ben se resistió. Pero después sintió como la rabia y la angustia lo abandonaban, como si fueran nieve derritiéndose al sol. La mano de Rey, ahora sobre su hombro, se unió a las de los dos Skywalker, y de algún modo lo ayudó a completar el proceso.
La hoja roja chisporroteó y, tras un momento de duda, desapareció cuando él mismo desconectó la empuñadura.
—No deberías haber hecho eso.
La voz lo sobresaltó.
Hux había conseguido una nueva arma y el cañón de un bláster lo apuntaba.
Pero las emociones que acababa de vivir lo habían dejado tan aturdido que fue incapaz de reaccionar a tiempo. En lo único que pudo pensar fue en proteger a Rey. Así que movió su cuerpo para interponerlo entre el de Hux y ella y se preparó para recibir un disparo mortal.
Y cuando el ruido agudo y veloz del láser cruzó la bodega cerró los ojos, pensando que todo había terminado.
Pero no fue así.
Seguía vivo.
Volvió a abrir los ojos y vio el cuerpo de Hux en el suelo.
Tanto él como Rey se volvieron hacia la puerta de la nave, sin entender lo que había ocurrido. Y, para su sorpresa, descubrieron que Finn estaba allí, arma en mano.
—Siento llegar tarde —dijo el joven rebelde—. Me he entretenido un poco ahí fuera.
—¿Está muerto? —quiso saber Rey.
—No, que va. Solo lo he aturdido. Ya sabes, para que no diera más el coñazo con sus tonterías.
Ben miró alrededor: los fantasmas de Luke y Leia ya no estaban. Pero la voz de Rey lo devolvió al presente.
—¿Estás bien? —fue lo primero que le preguntó.
—Sí. —Y después miró a Finn—. Gracias a él.
El joven rebelde se encogió de hombros.
—Te debía una.
._._._._._.
Con Hux enmanillado en la bodega de carga del Halcón, la nave inició el ascenso hacia el espacio.
La noticia pronto se esparciría por toda la Galaxia y tenía que preveer los siguientes movimientos y ver cómo reaccionarían los mundos ante lo ocurrido. La Primera Orden no había desaparecido del todo. Parte de su flota todavía estaba desperdigada por los planetas bajo su mando y también en aquellos que todavía luchaban para defenderse de la organización. Pero su estructura militar había sufrido un revés muy importante, que la había dejado al borde de la muerte: en una sola batalla habían caído el Líder Supremo, el general del ejército y buena parte de los almirantes y los altos cargos.
—Nos reuniremos con el resto de la flota rebelde en Arado y así podremos entregarles a Hux —le explicó Rey, después de haberse puesto en contacto con Poe Dameron y de haber acordado los pasos que debían seguir a continuación.
—¿Sabes cómo ha quedado la base?
—Parece que inutilizada. Ha habido bastantes bajas y también han hecho muchos prisioneros. Algunos soldados han desertado. —Después añadió, como si supiese perfectamente a lo que él se refería cuando había lanzado aquella pregunta—: No han encontrado a tus caballeros, así que supongo que se habrán ido.
Ben asintió. No podía decir que les echaría de menos, pero esperaba que fueran donde fuesen encontraran una vida mejor de la que habían tenido hasta entonces. Después hizo amago de regresar a su asiento. Aún quedaban unas cuantas horas de viaje y Rey tenía que volver a la cabina, junto a Chewbacca. Por no mencionar que Yang Sook querría conocer esas novedades, que quizás también la ayudasen a replantearse su futuro.
Pero la propuesta que Rey le hizo truncó sus planes:
—¿Por qué no vas a hacerle compañía a Chewie un rato?
Se puso tenso.
—No sé si es buena idea.
—Lo es. Confía en mí.
—Me disparó, Rey.
—Y tú mataste a su mejor amigo, ¿recuerdas? Delante de sus ojos.
Ben apretó la mandíbula. Pero la mano de Rey agarrando la suya le hizo relajar el gesto.
—No te lo digo para hacerte daño, sino para que te pongas en su piel. Pero no te preocupes, todo estará bien —le aseguró ella. Y después le besó en los labios, atrayendo su rostro hacia ella y obligándolo a inclinarse un poco—. Estaré aquí cuando termines.
Él asintió una última vez. Tras ello, recorrió el pasillo hasta la cabina.
El wookie parecía ocupado en los controles cuando se sentó a su lado, en la silla del copiloto. Se sentía torpe, casi como un niño. Había dejado esa sensación atrás hacía mucho tiempo, pero ahora regresaba, como si siempre hubiese estado ahí, escondida, esperando el momento.
—Hola, Chewie —dijo, intentando parecer seguro de sí mismo, aunque en realidad estaba completamente perdido.
Chewbacca lo miró de rejo y después volvió la mirada al frente, a los controles y al túnel de luz que se abría frente a ellos y que debía conducirlos a Arado a través del hiperespacio.
Sin embargo, después de un tiempo, graznó. Y también gruñó. Y más tarde emitió unos sonidos guturales.
—Sí, me acuerdo —respondió él—. Yo me sentaba ahí, en tu regazo. Y mi padre decía «¡será un gran piloto!».
Chewbacca se volvió entonces hacia él y le preguntó abiertamente por lo que había hecho. No se ahorró ningún reproche, ni endulzó de ninguna manera posible su rudo lenguaje. Pero tampoco se puso innecesariamente agresivo. Constató un hecho y pidió explicaciones sobre el mismo.
Ben escuchó en silencio y cuando el otro terminó, dijo:
—Me equivoqué. Pensé que hacerlo me ayudaría, que era lo que necesitaba para acallar el dolor. Pero solo lo empeoró todo.
Un gruñido lastimero.
—Lo sé. Y comprendo que no puedas entenderlo. Pero, aun así, soy yo el que tendrá que vivir con ello toda su vida. Y aunque le pidiese perdón, no creo que sirviese de mucho.
El wookie negó con la cabeza. Le explicó que se equivocaba, que Han le perdonaba. Que siempre lo había hecho y que había ido a la Starkiller a pesar de saber lo que allí ocurriría. Y para Ben, que escuchaba con atención al ser que había sido parte de su familia durante su infancia, descubrir esa verdad fue lo más doloroso que le trajo esa conversación, pero también lo que le trajo más alivio.
._._._._._.
El Halcón aterrizó en las inmediaciones de la base de la resistencia, como solía hacer siempre.
Sin embargo, cuando Finn, Rose, Chewbacca y BB-8 se preparaban para bajar y llevar el prisionero hasta la celda, Rey los detuvo.
—Chicos, nosotros no vamos a volver a la base. De hecho, partiremos en cuanto bajéis.
Los cuatro la miraron, aunque ninguno dijo nada. De hecho, ya se lo imaginaban. Rey ya había abandonado la resistencia antes. Y aunque muchas cosas habían cambiado después de esa batalla, no lo habían hecho las suficientes.
Aun así, ella sintió la necesidad de explicarse:
—Sabéis que para muchos Ben sigue siendo Kylo Ren. Algunos, como vosotros, podrían cambiar de parecer con el tiempo, si les mostrásemos que ha dejado la Primera Orden atrás. Pero otros no podrán perdonarle jamás. Y no pienso quedarme aquí y ver cómo le juzgan como a Hux, después de todo lo que ha hecho por la Galaxia.
Se hizo un silencio denso.
—Así pues, ¿te vas? —preguntó Finn, con gesto abatido—. ¿Definitivamente?
—Sí.
—¿Y no hay manera de que podamos arreglar esto? Puedo hablar con Poe. Sé que es muy terco, pero al final se dará cuenta de que lo suyo con Ben es algo personal. Y no pararé hasta que lo logre.
—Y sé que conseguirás convencerlo —respondió ella con una sonrisa—. Pero no será ahora, ni en los próximos días.
—Entonces iré contigo. Los cuatro lo haremos —añadió, mientras paseaba la mirada por Chewbacca, Rose y BB-8.
Pero ella hizo que no.
—No, Finn. Tu lugar está aquí, con la resistencia. El lugar de todos vosotros está aquí.
»Leia solía decirme que mi función para con la nueva resistencia era la de infundir valor a los nuevos reclutas y mostrarles el camino. Pero esa no ha sido nunca mi tarea, sino la tuya. Tú eres el que tiene el don de cambiar las cosas, Finn. Te cambiaste a ti mismo y dejaste la Primera Orden, me cambiaste a mí y me hiciste abandonar Jakku. Y sé que harás cambiar a Poe y le devolverás el juicio.
»Pero también sé que es algo que te llevará mucho tiempo. Ahora mismo, la Galaxia no está preparada para aceptar a Ben. Hay muchas cosas que tienen que cambiar, todavía. Y por eso lo mejor que podemos hacer es mantenernos al margen. Al menos durante un tiempo. Esto no es un adiós. Es solo un hasta pronto. Además, sabes que siempre me tendrás cerca. Los cuatro me tendréis cerca cuando me necesitáis.
Las lágrimas acumuladas en sus ojos empezaron a derramarse cuando Finn la abrazó. Y se hicieron más intensas cuando a ese abrazo se sumaron Rose, Chewbacca y BB-8, que también rodó para recostar la cabeza semicilíndrica junto a su pierna.
—Cuidad del resto. Y luchad para que la Galaxia vuelva a ser un lugar bueno para todos. La lucha ha terminado, pero ahora empieza la tarea más dura y también las más bonita: reconstruir todo lo que se ha perdido.
