XXXVII.

Drakkengate.

Lo primero que notó Katarina al entrar en Drakkengate fue los soldados que vigilaban las calles, estaban atentos, sus ojos se movían entre la gente escaneando los rostros de cada hombre, mujer y niño que veían. Por eso, Katarina tuvo mucho cuidado de pasar lo más desapercibida posible. Por eso, había teñido su distintiva cabellera de negro, cubierto su cicatriz con un parche, enlistado en un mercante y cambiado su nombre. De momento, el plan le funcionaba ya que podía moverse con absoluta libertad.

Era su segundo viaje a ese puerto, mientras descargaba la mercancía de la nave estudiaba los patrones de los vigías, sus rutas de vigilancia, el tipo de gente a la cual prestaban mayor atención, los momentos en que parecían no estar vigilando y, en general, cada pequeño cambio en su comportamiento que pudiera darle una ventaja cuando hiciera su jugada. Algo que todavía se veía bastante lejano, pues no tenía la más remota idea dónde podía estar escondido Jericho. Sin embargo, sospechaba que el fuerte en la parte sur de la ciudad podía ser un buen lugar para esconderse, así que había estado dando paseos por esa zona de la ciudad en sus ratos libres entre viaje y viaje. Aunque en las dos semanas que llevaba allí, pero su suerte estaba por cambiar.

-Oye Voss! Ven aquí.

Katarina giró su ojo bueno y lo fijó en el carguero al mando, luego arrastró las piernas hasta él con la desidia propia de un marinero que ha estado trabajando bajo el sol toda la mañana. Y, como era lógico, uso también el lenguaje que había aprendido de los otros marineros.

-¿Que mierda quiere, jefe?.

-Hay que entregar una caja, pero Reinor se metió en alguna pelea con una prostituta y tiene la cara como la mierda. Así que, llévalas tú.

Siguiendo su papel a la perfección, Katarina, o Lilian Voss como se hacía llamar en ese momento, siguió al tipo y se acercó a la caja que debía llevar, luego atendió instrucciones y se encaminó al lugar indicado. Estaba haciendo un calor infernal esa mañana, demasiado para tener que caminar en medio de toda esa gente y bajo el bello sol de mediodía. Sin embargo, aprovechó para estudiar también la zona sur, a la cual no le prestó mayor atención, ya que solo había casas viejas, comercios y talleres. Buscó entre los domicilios hasta que divisó un par de guardias en una vieja casa, se acercó e hizo el ademán de entregarles a ellos la mercancía, pero uno de ellos le informó que debía dejarla en la puerta pequeña del cobertizo, esa era la bodega y, que además, debía esperar que el encargado recibiera la orden.

Katarina puso mala cara peor obedeció, retrocedió un par de metros, se metió por el callejón y entró por la puerta pequeña dónde un soldado afilaba su espada sentado en un pequeño banquito. El soldado levantó la vista, y la saludó con un gesto de su cabeza. Luego regresó a su labor.

La asesina esperó cinco largos minutos hasta que finalmente una segunda puerta se abrió y un soldado con un bigotito ridículo se acercó a ella.

-Ah, el pedido. Perfecto. ¿Y Reinor?

-Yo que sé.

-Vaya, que mal humor. ¿Son todos los marineros iguales?. Reinor también tiene un genio del infierno, pero bueno quizá es todo ese sol…

Katarina rodó los ojos y se cruzó de brazos mientras el sujeto se agachaba y cortaba la cuerda de la caja para poder inspeccionar su contenido. Al ver como el hombre sacaba la primera botella, su rostro se desencajo y no pudo evitar agacharse a su lado tomando una ella también, su sorpresa fue tan genuina que el soldado rió.

-¿Has tomado de este vino? – comentó en tono jocoso.

-Y una mierda voy a tomar esto, me costaría el otro ojo. ¿Quién carajo puede pagarlo en esta pocilga?

-Al jefe le gusta. Dice que es el mejor vino de todo Noxus. En fin, todo en orden.

El soldado sacó una pequeña bolsa de dinero y se la entregó a Katarina, quien salió al inclemente sol con una perspectiva nueva sobre su trabajo en esa ciudad. Al parecer, había equivocado sus suposiciones sobre el paradero de Swain. Tendría que prestar más atención a esa zona, pero sin que pareciera sospechoso.

Al regresar al barco, los demás marineros comían en cubierta, otros había ido a los restaurantes del puerto y su jefe la esperaba con el brazo estirado para recolectar la paga. Katarina le entregó la bolsa haciendo mala cara, luego fue a comer lo que encontró por allí cerca y siguió descargando y cargando mercancía diligentemente. Al caer la noche, el barco estuvo listo para zarpar y la asesina se quedó fuera observando como las luces de Drakkengate se perdían en el horizonte. Regresaría en una semana, y contrario a lo que le había pasado hasta ese momento, no le pareció interminable. Pues la pelirroja dedicó todo su tiempo a revisar en secreto todas las cajas que subían a la embarcación, finalmente toda su paciencia dio fruto cuando encontró una llena del vino que producía su familia. Sonrió a sabiendas de que había encontrado la forma de acercarse a su presa.

Por eso, el día que desembarcaron en Drakkengate se aseguró de que Reinor recibiera una paliza y se mantuvo cerca de la cubierta para que su jefe no tuviera problemas en encontrarla.

-Voss.

-¿Qué? Ya bajé las malditas cajas…

-Ya lo sé, ya lo sé. Le volvieron a partir la cara a Reinor. Honestamente, no sé porque mantengo ese bueno para nada en este barco. Ya sabes que hacer.

Katarina fingió estar molesta, cargó la caja de mala gana y se fue dando zancadas. Tomó una ruta un tanto diferente a la vez anterior, como no llevaba mucho tiempo allí no resultaría extraño que pudiera perderse un poco. No obstante, su verdadero objetivo era obtener más información del terreno. Era posible que le resultaré difícil escapar, no tanto por el gran número de soldados sino por lo atentos que estaban. Un contraste abismal comparados con los que había visto en el Bastión. A medida que formulaba una ruta de escape, Katarina entendió que no sería posible partir por mar, por lo que lo mejor sería un caballo o un huargo, lo que pudiera conseguir primero. Dio una vuelta más antes de tomar la calle correcta, y cuando entró en la sala el mismo soldado de la primera vez la esperaba.

-¿De nuevo? – preguntó con una sonrisa.

-Yo solo hago las malditas entregas, como si no tuviera suficiente con todo lo demás…

-Todos tenemos cosas que hacer, aquí siempre hay trabajo. Montar guardia en la ciudad, entrenar, hacer los recambios en las afueras – contestó el soldado revisando el contenido de la caja-. Pero en Noxus no se le huye al trabajo, se lo hace.

-¿Qué carajo ha hecho Noxus por mí, lanzarme a la calle cuando ya no pude seguir luchando?.

-¿Jonia? – preguntó el sujeto estirándole el dinero -. También estuve allí, fue un desastre. Nada es lo mismo desde entonces.

Katarina arrugó la cara, aceptó el dinero y se quedó observando como el sujeto levantaba la caja y entraba arrastrando una pierna. Aunque le llamaba la atención el soldado, y empezaba asentir pena de tener que matarlo en caso que se interpusiera en su camino, su verdadero objetivo fue darle un vistazo rápido al corredor que se extendía más allá de la puerta.

Nuevamente regresó al barco y siguió trabajando. Esa noche, en lugar de irse a dormir, Katarina recorrió bajo el manto de la noche la zona dónde sospechaba se quedaba Jericho. Los soldados que prestaban vigilancia nocturna confirmaron sus sospechas, así que se acercó tanto como pudo a la casona y esperó que la suerte estuviera de su lado una vez más. Pero esa noche, no tuvo buena fortuna. Regresó a la siguiente aprovechando que una tormenta no los dejó partir al día siguiente y, esta vez, ocurrió justo lo que necesitaba. Vio como un sujeto alto, de cabello plateado y con un caminar bastante autoritario entró en la vieja casona, sin duda se trataba de Jericho. La asesina sonrió, habiendo localizado a su presa, solo restaba el momento oportuno para atacar.

A la mañana siguiente zarpó a Bloodcliff y tuvo que esperar una semana más.

La tercera entrega fue mucho más interesante que las otras dos, el soldado parecía llevar prisa y no fue tan hablador como las veces anteriores. Katarina encontró el comportamiento sospechoso.

-Si, está todo bien – dijo el soldado haciendo un esfuerzo para cargar la caja.

-Necesitas una mano con eso.

-No – negó el hombre, pero al dar un par de pasos la caja resbaló y amenazó con hacerse trizas -. Demonios. Toma la maldita caja, la pierna me está matando.

Katarina obedeció y siguió al sujeto dentro. Tal como ya sospechaba, había primero un corredor angosto y corto que culminaba en unas escaleras diminutas que comunicaban con el segundo piso a través de una trampilla en el techo, el sujeto subió primero y luego mantuvo el compartimiento abierto para que Katarina pasara. Una vez arriba hizo que lo siguiera por un pasillo hasta el depósito dónde dejo la carga y se dispuso a rehacer el camino de regreso. Ahora Katarina sabía que camino no tomar.

-¡Maldición! – se quejó nuevamente.

-¿Qué?

-La pierna. Me está matando. Bueno, lo que me queda de pierna, a veces cuando se pone húmedo me da comezón, pero luego empieza también a tallarme la madera y el muñón empieza a dolerme infernalmente.

Katarina se rascó la cabeza, miró al sujeto e hizo un ademán de ayudarlo. El soldado tomó su brazo y se acercó a un banco, luego levantó la manga del pantalón y sacó la prótesis.

-Mi mujer dice que nunca he estado más guapo. A veces no sé si me lo dice por amor, o por broma.

Katarina sonrió con el comentario, ahora que tenía alguien especial en su vida podía comprender y simpatizar con ese tipo de conversaciones. De hecho, la asesina había caído en cuenta que los noxianos eran en realidad gente bastante agradable, todos tenían problemas y alegrías. Todos parecían tener alguien en sus vidas que los impulsaba a levantarse cada mañana, y cada uno consagraba su vida al Imperio noxiano sin dudar. Bueno, al menos así era antes de que empezara el declive.

-¿De dónde vienes? – preguntó el soldado -. No tienes cara de llevar mucho tiempo de carguera, digo, no tienes la piel ajada ni quemada como Reinor, o los otros.

-Del norte. Un caserío insignificante. Ni siquiera sé si sigue en pie.

-Ah, bueno, yo vengo del oeste de Kilgrove. Perdí esta pierna en Jonia, pero gané a mi mujer.

-Shurima, no gané nada.

-Bueno. Creo que es hora de seguir, al General no le gusta que tomemos descansos cuando estamos de servició, es estricto con eso.

-¿General? – indagó Katarina siguiendo al sujeto hacía las escaleras.

-El General Swain. Es un buen tipo, no importa lo que digan en el Bastión los perros de Darkwill. Él no nos abandonó a nuestra suerte, nos trajo aquí y nos mantiene trabajando para él y para Noxus, para el que esperamos construir algún día.

Regresó al barco, le pasó la bolsa de dinero a su jefe y luego compro una porción de pescado frito que se comió sentada en el uno de los muelles mientras observaba el mar. En el camino de regreso, Katarina se tomó el tiempo de observar a la gente, el comercio transcurría con normalidad, las gente hablaban, regateaban y compraban sin temor en sus rostros. Si un soldado pasaba cerca, algunos se hacían a un lado para dejarlos pasar, otros incluso les saludaban o les daban una palmadita. Todos sonreían, encontró una sola persona que no pareciera satisfecha con la presencia de los guerreros. De hecho, la misma ciudad estaba cuidad hasta el mínimo detalle, las calles eran transitables, la basura se mantenía a raya y los noxianos caminaban orgullosos con la frente en alto.

Era justo así como Katarina recordaba si hogar, incluso si no había vivido en la capital durante años, tenía en la mente una imagen imborrable de sus mejores años en el Bastión. Siempre al lado de su padre, siempre entrenando para convertirse en la mejor asesina que Noxus hubiera visto en toda su historia, siempre dispuesta a poner sus dagas al servicio del imperio. Y, ahora, ¿Era eso lo que estaba haciendo?. La verdad era que no estaba ya tan segura.

Las palabras de su padre venían a su mente en ese momento como si de un mantra sagrado se tratase "Haz tu trabajo".

Katarina arrugó el papel y lanzó el resto de su comida a la caneca más cercana, luego regresó al barco y terminó de subir la mercancía con un genuino mal humor. Regresó a Bloodcliff y trabajó una semana más hasta que regresó a Drakkengate decidida a que ese fuera su último viaje. En esa ocasión, no movió un solo dedo para asegurarse el viaje hasta el escondite de Jericho, pero una vez allí aprovechó que el soldado la dejó seguir a la parte superior a dejar su cargamento para darle un golpe en la nuca con el mango de su arma y hacerle perder la conciencia. Con cuidado, escondió el cuerpo entre las otras cajas y se aventuró dentro de la casa.

El sitio parecía desolado, temió haber elegido mal su momento y perdido la oportunidad para siempre, pero en el tercer piso, en una habitación pequeña y poco iluminada encontró al General Swain sentado a la mesa con un montón de pergaminos apilados. fue cuidadosa, pero Jericho supo de inmediato que algo no estaba bien, aunque no fue lo suficiente rápido para escapar de Katarina y no tuvo más opción que quedarse muy quieto cuando el afilado acero de la asesina le aprisionó el cuello.

-General Swain. Gusto en verlo.

A pesar de no poder moverse mucho sin arriesgar rebanarse la garganta, Jericho giró un poco la vista y sonrió.

-Ah, Daga Siniestra, es un placer volver a verla después de tantos años.

-Su cabello era negro General – se burló Katarina aflojando un poco el agarre -. Dígame, ¿Hay alguna razón por la cual no debería cortarle el cuello y largarme?

Ahora fue el turno de Jericho para reír. Si Katarina hubiera querido matarlo, ya estuviese desangrándose. Sin embargo, Swain tuvo la suficiente prudencia para responder con cautela e inteligencia.

-Oh, señorita DuCouteau creo que tiene bastantes razones para no matarme. La verdadera pregunta es, ¿Tiene una para hacerlo?.

-La tengo.

-¿Y es buena?

-No. ¿Entonces qué hacemos? – respondió Katarina soltando al hombre y sentándose sobre la mesa.

Jericho giró hacia ella y la observó durante algunos segundos, no se parecía a la muchacha impetuosa y caprichosa que había conocido en Noxtora, siempre al lado de su padre. De hecho, sentada sobre el escritorio y con el cabello teñido de ese color, Katarina se parecía tanto a Victoria que Jericho se transportó treinta años atrás, cuando era joven y estaba perdidamente enamorado de esa mujer.

-Tengo un par de ideas, pero necesito a una conocida mía…

En ese momento se escuchó el eco de pasos ascender por la escalera a toda prisa, segundos más tarde el soldado que Katarina había noqueado aparecía en la habitación armado y dispuesto a dar la vida por su General. No obstante, Jericho lo calmó con tan solo un movimiento de su mano y permaneció tranquilo ante la mirada expectante de su subalterno.

-Viktor. Manda por Riven, la necesito de inmediato.

-Si, mi General pero…

-Está bien, es mi invitada.

De nuevo, el soldado asintió, le dio una mirada llena de resentimiento y curiosidad a Katarina y salió de la habitación a cumplir sus órdenes. Eso hizo que la asesina se sintiera un poquito mal, pero ya entendería el hombre que no fue nada personal sino cuestiones laborales.

-Entonces, no está muerta. Parece que nadie muere en este lugar, quizá la próxima en revivir sea mi madre.

Jericho no contestó. Se limitó a servir un par de copas con vino y ambos aguardaron en silencio la llegada de la legendaria soldado.

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Para mí, Noxus está en un punto muy interesante de su historia. Y me gustó mucho el cambio que hizo Rito en el viejo lore porque me parece que es mucho más dinámico e interesante. Antes los noxianos eran los malos del paseo porque si, ahora, creo que se refleja la mentalidad de un noxiano y, aunque se puede decir que siguen siendo los malos, es más atractivo jugar con la dinámica del pensamiento conquistador y expansionistas que los gobierna. Pero no todo el imperio se ha hecho a fuerza bruta, ya veremos eso un poco más adelante.

Soy taaan creativa para elegir nombres, bueno adiós.

BTW ¿Creen que Kata tenga razón y la próxima en resucitar sea su mamá?

PD: That legendary, strong and sexy warrior…