Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es Edward's Eternal, yo sólo traduzco.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of S. Meyer and the author is Edward's Eternal, I just translate.


Gracias a Isa por revisar y corregir este capítulo.


Capítulo 38

Algunos años después…

Me desperté, el sonido de risas ahogadas me sacó de mi sueño. Bella estaba acurrucada contra mí y la acerqué más, su calidez se presionaba en mi pecho; familiar y bien recibida. Por unos tranquilos momentos me quedé así, disfrutando de tenerla cerca, hasta que el sonido de más risas me sacó de nuestra cama y me hizo acercarme a la ventana; conocía muy bien el sonido de esas risas.

Miré el reloj, no me sorprendió la temprana hora. Era el día antes de Nochebuena y sabía que todos estaban emocionados por nuestro día anual de ir a Toronto, comer dim sum e ir de compras. Lo habíamos hecho cada año desde que Bella y yo nos conocimos y era una tradición que todos esperábamos con ansias. Nuestros niños estaban muy acostumbrados a usar palillos chinos, aunque Bella todavía batallaba. A mí me encantaba alimentarla con los míos, y ella me había dicho que lo encontraba muy sexy. Cualquier cosa que hiciera que Bella me dijera sexy era algo bueno en mi mundo.

Por supuesto, le haríamos una visita al hermoso árbol Swarovski para verlo, y yo, como siempre, me desaparecería y compraría un adorno. Las ramas de nuestro árbol brillaban con los muchos adornos de cristal que le había comprado a Bella cada año como recordatorio de nuestro día.

A todos les encantaba este día, sin duda alguna los niños más pequeños se habían despertado y Jake y Em se los llevaron afuera para darnos la rara oportunidad de dormir hasta tarde. Especialmente a Bella; con sus horarios, mi esposa usualmente se despertaba temprano y estaba todo el día de un lado a otro. Ahora sólo trabajaba medio tiempo, le encantaba estar aquí cuando los niños llegaban a casa de la escuela. Entre dar clases y los trabajos de renovación que yo hacía, también me gustaba tenerla más en casa, ella era genial con la contabilidad, programar mi tiempo y mantenerme organizado.

Apartando la cortina, miré y sonreí al captar la imagen de todos mis hijos en el hielo, una vez más preguntándome cómo es que los años habían pasado tan rápidamente.

Yo todavía entrenaba, Jake y Em me ayudaban cuando sus horarios se los permitían. Les encantaba trabajar con niños tanto como a mí. Todavía jugaban, pero sólo para hacer ejercicio y divertirse.

Jake y Emmett ahora tenían dieciséis. Ambos altos y en la etapa entre ser un hombre y un niño; torpes con sus cuerpos cambiantes, muchas veces atrapados entre sentirse como niños mientras lidiaban con nuevos sentimientos y emociones que a veces los dejaban actuando como idiotas. Pero seguían siendo buenos chicos y se mantenían fuera de problemas; les iba bien en la escuela, tenían trabajos de medio tiempo y eran respetuosos. Bella y yo nos considerábamos afortunados de tener hijos adolescentes tan maravillosos y bien portados.

Jake todavía visitaba a William en ocasiones, pero veía más seguido a su medio hermano Seth; había construido una fuerte relación con él. Él adoraba a Jake e idolatraba a su hermano mayor, era un huésped frecuente en nuestro hogar. Jake nos dijo a Bella y a mí que sentía que era su responsabilidad asegurarse de que su medio hermano tuviera un sentido de lo que era una familia aparte de sus distantes padres. Seguimos su generoso ejemplo e hicimos de Seth un miembro bienvenido de nuestra extendida familia.

Jake había decidido a muy temprana edad que iba a ser doctor, igual que su abuelo, y ellos dos eran extremadamente cercanos. Pasaba su tiempo libre estudiando en sus sitios favoritos de conocimiento médico; mi papá y su tío Jazz, el favorito. Los seguía alrededor del hospital, se ofrecía de voluntario cuando podía y exploraba el cerebro de mi papá en cada oportunidad que tenía cuando estaban juntos.

A mi papá le encantaba.

Emmett, por otro lado, tenía cero interés en la medicina. Le encantaba trabajar con sus manos, él y yo habíamos pasado muchas horas en diferentes tipos de proyectos de renovación. No le importaba si era una casa o un carro. Le encantaba deshacerlos y reconstruirlos. Su vista para los detalles era asombrosa, y yo no tenía duda de que, cualquiera que fuera la dirección que tomara, terminaría siendo exitoso. Mi hijo estable tenía la misma novia de la que se había enamorado hace seis años. Rosalie Hale se mudó a la ciudad cuando Em tenía diez años. Él llegó a casa ese día y le anunció muy seriamente a Bella que había "encontrado a la niña con la que se iba a casar", y no había mirado atrás desde entonces. Rosy era una visita permanente en nuestra casa, adorada por todos, especialmente por Bella, y yo no tenía duda de que un día la llamaría hija. Jake, contrario a eso, tenía cero tiempo para chicas ahora, estaba demasiado ocupado absorbiendo todo su amado conocimiento médico. Yo estaba bien con eso; un hijo ya en la angustia de las hormonas adolescentes con una novia era suficiente.

Gracias a Dios por Bella, su sabiduría, consejos y paciencia. Ella lo manejaba mejor de lo que yo pudiera haber esperado; lo escuchaba y le ofrecía sus tranquilos consejos que Emmett siempre parecía estar abierto a recibir.

Con una sonrisa miré a mi Katy patinar por el hielo, sus piernas la llevaban rápidamente. Como había esperado, había heredado mi coordinación, pero el resto de ella era pura Bella. Pequeña y compacta con una fiera determinación cuando se trataba de todo lo que hacía. Era terca, emocional, divertida y leal. Adoraba a sus hermanos mayores y ellos a ella. Los tenía envueltos en su dedo desde el día en que nació. Amaba verlas a ella y a Bella juntas; tan parecidas en tantas maneras que hacía que me doliera el corazón de tanto amor. Todavía amaba ver sus ojos iluminarse cuando me veía y escuchar su voz susurrar "Te amo, mi papi favorito".

Su cabello se había oscurecido a lo largo de los años y le caía por la espalda en largas ondas de rizos que volaban detrás de ella al patinar, saltando y girando por el hielo. Nada de patines de hockey para mi niña. Amaba el patinaje artístico y era muy buena en ello. Vivía para sus lecciones y me encantaba verla moverse por el hielo, era natural ahí.

Más risas hicieron que mis ojos se movieran al centro del hielo donde estaban los mellizos. Nuestras pequeñas sorpresas. Charlotte Esme y Garrett Carlisle nos habían atrapado con la guardia baja cuando ella apareció de repente detrás de él en el ultrasonido en una de las citas de Bella. Ella había estado llevando diferente ese embarazo, estuvo llena y redonda casi de inmediato, pero el primer ultrasonido había mostrado sólo un bebé. Fue después cuando descubrimos que era porque uno estaba escondido, y habían dos bebés, no uno. Había habido muchas lágrimas y alegría ese día al escuchar los fuertes y estables latidos de nuestros bebés juntos por primera vez.

Ahora, al acercarse a los seis, eran dos fuerzas que debían tenerse en cuenta y ambos iban muy adelantados en la curva del crecimiento y desarrollo en cada aspecto de sus vidas. Charley, como le gustaba ser llamada, era una niña ruda por completo. Siempre en problemas, su ropa rota y sucia, su brillante y salvaje cabello rojo siempre era un desastre, su pequeño cuerpo constantemente en movimiento; ella era, sin duda alguna, la instigadora de cualquier plan que estuviera pasando en cualquier momento. Y la causa, estaba seguro, del acelerado gris en mi cabello.

Su hermano Garrett era su polo opuesto. Charley había empezado a llamarlo GC cuando tenía como cuatro años, y luego de un rato todos los demás lo empezaron a hacer. Alto para su edad, callado y estudioso, él cuidaba a Charley como un águila. Mi tranquilo hijo preferiría tener su cara enterrada en un libro que estar en alguna gran aventura, pero si Charley iba, él iría con ella para asegurarse de que estuviera bien.

Mi grupo de cinco estaban teniendo un desequilibrado juego de hockey; Katy sólo jugaba a medias porque prefería patinar y girar, en realidad no le importaba el juego que estaba siendo jugado a su alrededor.

Así que eran Jake y Charley contra Em y Garrett. Lo cual era divertidísimo de ver, ya que Garrett estaba más preocupado de asegurarse que Charley no se lastimaba, mientras que ella estaba determinada en tirar a Em sobre su trasero y corría alrededor como si estuviera siendo perseguida por el mismísimo demonio, dejando a Jake y Garrett para hacer las anotaciones. Ella y Em cabriolaban y jugaban, Katy giraba y saltaba, Jake se reía y Garrett se tiraba del cabello. Difícilmente un juego en absoluto, pero la simple alegría de estar juntos lo hacía la cosa más fascinante del mundo para mí.

Mi familia.

Ellos eran la razón por la que me despertaba cada día con una sonrisa en la cara, ansioso por saludar al día. Su amor y risas me sostenían sin importar nada. Los amaba profundamente a todos; especialmente a su madre.

Girándome, miré a Bella, y me sorprendí al ver sus ojos abiertos, mirándome.

—Hola. —Le sonreí—. ¿Cuánto llevas despierta?

Levantó las cobijas en una silenciosa invitación.

—Lo suficiente para saber que quiero que regreses a la cama por unos minutos.

Sonriendo, me deslicé debajo de la calidez, jalándola contra mí, riéndome ante su pequeño jadeo cuando mi piel fría se encontró con la suya.

—Tú lo pediste —murmuré contra su cuello.

—¿Cuánto llevas viéndolos?

—Casi diez minutos.

—¿Por qué están despiertos tan temprano? —gimió.

Me reí al presionar un gentil beso en su piel.

—Porque mañana es Nochebuena, y sin importar qué tan grandes sean, o pretendan serlo, todos están emocionados.

Bufó.

—¿Igual que tú?

La jalé con fuerza contra mí, sonriendo ante su estremecimiento.

—Calla, mujer. Estás igual de emocionada. —Le sonreí, y estudié su cara por un momento—. Y cansada. ¿Por qué te ves tan casada, Bella? —fruncí el ceño—. ¿Estás bien?

—Estoy bien, Edward.

Levanté su barbilla, viéndola de verdad. Se veía exhausta, y pensándolo bien, había estado durmiendo mucho últimamente.

—Quizá deberías ir al doctor después de las festividades.

Sacudió la cabeza.

—En realidad fui ayer.

Me aparté alarmado.

—No me lo dijiste. Bella, ¿qué está pasando?

Sonrió y estiró la mano, acarició mi cara a modo de consuelo.

—Todo está bien, Edward. Estoy bien. En serio.

—¿Entonces por qué fuiste al doctor?

Sonriendo, metió la mano debajo de la almohada y me dio un pedazo de papel doblado. Frunciendo el ceño, encendí la luz y lo desdoblé.

—¿Por qué me enseñas el ultrasonido de uno de los niños?

Alzó la ceja.

—¿Debería darte café e intentarlo de nuevo?

Miré de nuevo el papel, abrí los ojos como platos cuando vi la fecha. Me senté, mirándola.

Bella

Sonrió.

—Tus anotadores están de nuevo en juego.

Sacudí la cabeza.

—Pero lo intentamos una y otra vez…

—Lo sé. Creo que quizá fue el fin de semana que pasamos lejos cuando tus padres se quedaron aquí…

Sonreí, recordando nuestro fin de semana apartados. No salimos de la habitación. En absoluto.

—Fue un buen fin de semana.

Bella se rio entre dientes. Luego de los gemelos, le había rogado a Bella que ya no tomara las píldoras anticonceptivas. Había investigado sobre ellas y no me gustaban los efectos secundarios del uso prolongado. Comencé a usar condones, pero no nos gustaban a ninguno de los dos, y cuando quisimos un hijo más, estuve feliz por dejar de usarlos. Pero por alguna razón, no éramos capaces de concebir. Los exámenes mostraban que no había nada malo con ninguno de nosotros, y eventualmente decidimos dejar de intentar. Teníamos una casa llena de niños a quienes amar y nos teníamos el uno al otro. Había pasado tanto tiempo, los dos habíamos dejado de pensar en eso, más que contentos con las bendiciones que ya teníamos.

Pero ahora…

—¿Te parece bien esto, cariño?

Asintió.

—Estaba un poco sorprendida, pero feliz.

La jalé contra mí.

—Yo también, Bella.

—Tendrás tu alineación titular, Edward. —Sonrió contra mi cuello.

Me reí entre dientes.

—Con bastante diferencia de edad entre ellos. —La miré—. ¿Está todo bien, estás tú bien?

Asintió.

—Estoy cansada, como siempre, pero bien. La doctora dice que todo está bien. Me vigilará más de cerca ya que estoy más grande ahora, pero dice que estoy bien.

Risas llegaron desde el pasillo.

—Van a alterarse…

Bella se rio entre dientes.

—Podremos decirles luego de las festividades, Edward.

—Espero poder guardar el secreto tanto tiempo.

—¿Estás feliz? —susurró, había un trazo de preocupación en su voz—. Sé que ya nos habíamos rendido y ha pasado bastante tiempo desde que tuvimos a un bebé en la casa. —Tragó—. Va a ser un cambio grande para todos…

Envolví mi mano en su cabello, llevando su cara a la mía y besándola profundamente, sonriendo ante su suave suspiro. Amaba el hecho de que todavía suspiraba cuando la besaba.

—No podría estar más feliz, Bella —murmuré contra sus labios—. Todos nos ajustaremos y ayudaremos. Es lo que hacemos en esta familia.

Sonrió, sus ojos brillaban.

—Amo a nuestra familia.

Acuné su suave mejilla.

—Justo como le dije a Jake hace tantos años, Bella. No amamos menos a nadie al crecer, sólo los amamos más. Y yo te amo, esposa mía. Más ahora que la primera vez, más que la semana pasada y más que ayer. —Bajé mi mano a la suave curva de su abdomen—. Y amaré a este bebé, nuestro bebé, igual de fuerte.

Sus ojos se llenaron de emoción y su mano cubrió la mía.

—Te amo, Edward.

Sonreí y la besé.

—Aférrate a ese pensamiento. —Me moví y me bajé, levanté su camiseta y puse mis labios en su estómago—. Hola pequeño. Es papi. Te va a encantar cuando llegues aquí. Apenas puedo esperar para conocerte. Pero por ahora, quédate ahí para que estés a salvo. Mami te cuidará y yo la cuidaré a ella. —Acaricié su piel suavemente—. Aunque hazme un favor, bebé… piensa en rosa, ¿de acuerdo? Necesitamos otra niña.

Bella se rio en su mano.

—¿En serio, Edward?

Me encogí de hombros, dejé otro beso en su estómago y subí de regreso a sus brazos.

—Funcionó con Katy. —Sonreí maliciosamente—. Podría animar otro par de…

Bella me tapó la boca con la mano.

—Ni siquiera lo pienses.

Me reí.

—Bien. Pero animaré el rosa.

—Bien, anima todo lo que quieras, papi.

—Ven aquí —susurré, acercándola—. Mi firme pecho necesita otra de tus caricias antes de que vayamos a enfrentar a nuestra progenie. —Podía escuchar los platos y vasos chocando y supe que Jake y Em estaban encargándose del desayuno, así que todavía estábamos bien; por un rato más al menos.

Suspiró cuando envolví mis brazos a su alrededor, disfrutaba de tenerla cerca y de alegrarme por las noticias que acababa de compartir conmigo.

—Gracias —exhaló.

Besé su cabeza.

—¿Por qué?

—Por amarme, por nuestra familia… por ser el hombre maravilloso que eres, Edward. No sé cómo fui lo suficientemente afortunada para tenerte, pero estoy agradecida de ser tuya.

Sonreí en su cabello. Ella estaba mal, yo era el afortunado por tenerla. Ella era el centro de todo lo que hacía; todo mi mundo se revolvía a su alrededor. Nuestros hijos la adoraban y era una maravillosa madre. No pude haber pedido por una mejor pareja o amiga. Ella era todo para mí y pasaría toda mi vida mostrándole lo mucho que significaba para nosotros.

La besé de nuevo, suavemente, mis labios transmitían la pura adoración que tenía por ella. Con una sonrisa, metí mi mano debajo de mi almohada y saqué una pequeña caja, sonreí al darme cuenta de lo correcto que era este pequeño regalo para ella este año.

—Ya que me diste el mío temprano…

Sus ojos se iluminaron. Siempre intercambiábamos un regalo en privado. Y nunca en el día de Navidad. Bella lo llamaba su "momento mágico" y me encantaba sorprenderla al elegir un momento diferente cada año para darle su regalo. La miré levantar la tapa, sus ojos se agrandaron al ver el anillo que supe que debía tener en el momento en que lo vi. Lo saqué de la caja y se lo puse en la mano derecha.

—Nuestros corazones, Bella. Este anillo representa los corazones que te quieren. Eres muy amada, corazón.

Pasé gentilmente mi pulgar sobre el diamante incrustado, un anillo de oro blanco que estaba hecho con múltiples corazones entrelazados. Representaba muy bien a nuestra familia y tan hermoso como se veía en la caja, era incluso más hermoso ahora que estaba posado en el dedo de Bella.

Lágrimas llenaron sus ojos.

—Edward, es hermoso.

—Igual que tú.

La miré, mi Bella. Mi esposa. Mi hermosa mujer, mejor amiga, amante y mi pareja en todo. El deseo me llenó y sus ojos reflejaron lo mismo. Le guiñé, y alcé la ceja de la forma en que le gustaba, sabiendo lo que eso le provocaba. La cama estaba caliente, ella estaba feliz y yo estaba más que extasiado.

Y la deseaba.

Ahora.

La progenie tendría que esperar un rato más. Afortunadamente, nuestra puerta tenía seguro, porque tenía la sensación de que eso tardaría un rato.

Mi boca flotó sobre la suya.

—Feliz Navidad, mi Bella.

Sus labios se curvaron en una sonrisa.

—Feliz Navidad, Edward.


Ahh, este Edward me enamora hasta en el último momento… :')

Pues bien, hasta aquí llega esta hermosa historia, espero que les haya gustado y la hayan disfrutado tanto como yo. Les aseguro que para mí fue un placer poder traducirla.

Nos falta un capítulo, que más que capítulo es una especie de outtake con EPOV de varios momentos de la historia, ese outtake lo subiré en el transcurso de la semana, no hay fecha exacta.

Gracias por acompañarme con una historia más.

Besos y abrazos,

Fungys