Advertencia:Cualquier parecido que veas en ésta historia con otras ajenas a mi persona, es la simple señal de que lo que te estás fumando no es nada bueno, o que necesitas urgentemente comprarte una vida.

Disclaimer: Odio decirlo, pero "Axis Powers Hetalia" como obra maestra no me pertenece, sino a Hidekazu Himaruya. No es mi intención lucrar con su creación, sino hacer de ésta historia una actividad de mero entretenimiento para quien se interese en leerla.

Disclaimer 2: No mencioné que éste fic contendrá canciones. Ups.
"Hijo de Hombre" pertenece a la película "Tarzán", de Disney. Basdo en la novela del escritor estadounidense Edgar Rice Borroughs, y dirigida por Chris Buck y Kevin Lima, el clásico de 1999 cuenta con la destacada participación especial de Phil Collins, quien compuso e interpretó las canciones en varios idiomas a los que el filme fue doblado (ientras que el resto de la banda sonora estuvo a cargo de Mark Mancina).


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Guest: Nyo!Rusia no está entre los planes principales de la trama. Pero nombrarla dentro de la historia de alguno de los personajes con su respectivo y no menos relevante rol, es una opción que puedo considerar para capítulos futuros :D


XXXVIII

Una vez satisfechos los apetitos, el pequeño Peter salió corriendo de la casa en donde vivía con Amber y Nathaniel, llevando a Kyle consigo, guiándolo por un sendero que se adentraba en el bosque.

— ¡Esto va a ser divertido! — celebró Kyle en un aullido de emoción, corriendo tras su hermanito — ¡¿Y si trepamos los árboles y nos movemos por allí, como los monos?!

— ¡¿Eso se puede, Kyle?!

— ¡Por supuesto, Peter! ¡Yo te enseñaré! — dijo, tomando en brazos al menos, y brincando hacia las ramas bajas para comenzar a escalar hasta las copas de los macizos árboles. Luego, depositó al menor en una gruesa rama que fue capaz de soportar el peso de ambos — ¡Sígueme!

Usando el impulso de sus saltos, la fuerza de sus brazos y las ramas que pendían en todas las direcciones, el australiano enseñó a su fraterno cómo desplazarse veloz y seguramente, y llenos de energía, siguieron adentrándose en la arboleda en la dirección sugerida por Peter.

— ¡Esto es tan divertido! — rió el menor.

— ¡Nunca es tarde para aprender cosas nuevas que te hagan crecer como persona sin dejar de lado la entretención!

En la fuerza está el poder
En el sabio está el saber
Con el tiempo todo llegará.

En el día que hoy comienza
Mil respuestas buscarás
Subirás a la montaña
La cima alcanzarás.

Hijo de hombre, busca y ve
Que tu alma libre esté
Orgulloso un día estarás
Hijo de hombre
Un hombre un día serás.

Una vez que la arboleda llegó a su fin, restaba, según las indicaciones de Peter, atravesar un río que interceptaba en la continuidad del camino hacia quién sabía dónde ambos estaban corriendo.

— Dame un segundo, Kyle. Debo buscar por dónde está el puente de rocas que hace un tiempo improvisé…

Para su sorpresa, el australiano brincó hacia el río, y se sumergió. Luego, comenzó a flotar, asomando la cabeza y nadando a contracorriente. Aparentemente, sus pies no tocaban el fondo. Peter se asustó mucho.

— ¡Salta, muchacho! — invitó el australiano. El menor se sobresaltó.

— ¡P-pero…!

— ¡No vas a ahogarte! — interrumpió, nadando hacia la orilla — Cruzaremos a nado. Yo te sujetaré muy bien… ¡Vamos, Peter! Confía en mí.

Peter dubitó. Flexionó ambas rodillas varias veces, hasta que al fin, se decidió a dar el salto de confianza. Uno de los fornidos brazos de Kyle se enroscó en torno a él, mientras el otro, fuerte como nadie hubiese imaginado, los impulsó a lo ancho del río en un acelerado nado que luchaba porque la corriente no los arrastrara muy lejos de su destino. Peter comenzó a ayudar, pataleando en dirección a la orilla contraria.

— ¡Oye, qué bien lo haces! — alabó el mayor.

— ¡Je, he aprendido admirando al mejor!

No hay nadie que te guíe
Ni una mano que te den
Más con fe y entendimiento
En un hombre te convertirás.

Hijo de hombre, busca y ve
Que tu alma libre esté
Orgulloso un día estarás
Hijo de hombre
Un hombre un día serás.

Cuando los hermanos llegaron a la ribera opuesta del curso de agua, reanudaron su carrera por el camino que Peter le indicaba a su fraterno. La brisa y el sol se encargaron de hacer que las prendas, completamente empapadas, secaran rápidamente.

— ¡Eso ha sido fantástico!

— ¡¿Qué haremos ahora, hombrecito?!

— ¡Yo digo que corramos como si la vida se nos fuese en ello! Llegaremos a una enorme roca con un agujero en su base, esa es nuestra meta. Allí hay unos árboles muy altos que podemos escalar, y desde su copa, ver toda Nueva Zelanda.

— ¡Espléndido! ¡Vamos!

A pocos metros de ellos, los demás miembros de la familia, sumados a la expedición bárbara, seguían de cerca a Kyle y Peter.

— ¿Por qué se han ensañado tanto con seguirlos? — preguntó desconfiado Nathaniel, quien llevaba de la mano a Amber, a la vez que Gansükh les empujaba desde las espaldas, haciendo que apresuraran el paso.

— Porque Kyle es un elemento clave de nuestra agrupación— respondió Sadiq — No podemos perderlo de vista en ningún momento.

— ¡Andando, Peter! ¡Cuando lleguemos a nuestro destino te enseñaré todo lo que sé de lucha libre contra bestias! Al final del día podrías ser capaz incluso de derrotar a un cocodrilo.

Aprende a enseñar
Enseñando aprenderás
Tu vida está con quien tu
Amas más

Hoy todo en lo que sueñas
En tu imaginación
Aquí está ese momento
Realiza tu ilusión

El resto del trayecto se hizo mucho más corto que el primero. El camino estaba principalmente constituido por una larga planicie bañada por el sol y acariciada por la brisa, que de cuando en cuando levantaba vastas nubes de polvo que giraba en torno a los caminantes. Cuando la gran roca indicada por el menor estuvo a la vista, las zancadas de los dos consanguíneos se hicieron mucho más largas y presurosas, y sin la necesidad de intercambiar palabras, se pactó una carrera que, por poco, el más pequeño consiguió ganar.

— ¡Hey, qué veloz eres, Peter!

— ¡Tú estuviste a punto de ganarme, Kyle!

— Estoy teniendo un día maravilloso contigo.

— Y yo… hermano.

Hijo de hombre, busca y ve
Que tu alma libre esté
Orgulloso un día estarás
Hijo de hombre
Un hombre un día serás.

Hombre es
Hombre es
Un hombre has logrado ser.


Seguir el paso de los hermanos fue difícil, considerando el número de soldados que componían la hueste, sumados a los todavía desconfiados Amber y Nathaniel, que insistían en devolverse.

Dieron con el par de aventureros cuando ya habían pasado, quizás, dos horas de finalizada su carrera. Ambos lucían fatigados por los juegos, por trepar árboles y luchar entre ellos, sin embargo, no parecían tener intenciones de detenerse en mucho tiempo. La gran roca con el agujero servía de vez en cuando como punto de encuentro para descansar entre grandes bocanadas de aire y jadeos, para después continuar divirtiéndose.

— ¡Oh, Kyle! Hasta que por fin te hemos encontrado— saludó el turco — Verás… estamos muy felices de que te hayas reunido con tu familia, y no queremos ser aguafiestas ni parecer insensibles, pero…

— No es esto lo que teníamos en mente cuando te dejamos venir con nosotros— interrumpió Gansükh con un dejo de pesadez.

— ¿Eh? ¿Entonces…?

— Eres nuestra carne de cañón.

— ¡Oh! Ya veo— el australiano no se veía afectado por la frialdad de sus compañeros. Se puso de pie junto al confundido Peter — ¿Necesitan ayuda otra vez?

— Para explorar la isla.

— Hum… será más complicado, dado que no conozco este sitio, a diferencia de Australia. Pero ¡Daré mi mejor esfuerzo!

— ¡Qué bien! Porque necesitamos de tus servicios, PERO YA— presionó Sadiq.

— ¡Oigan, oigan! ¿Por qué tanta impaciencia? ¡¿No ven que Kyle está pasando un hermoso momento con la familia que hace años creyó muerta?! — intervino Nathaniel, encarando a los bandidos con gesto ofendido — ¡Ustedes sí que son desalmados!

— ¡Estamos en una carrera contra el tiempo! ¡No sabemos cuánto más nos tomará dar con nuestro objetivo, pero mientras más rápido lo hagamos será mejor para todos! ¡Luego de esto podrás disfrutar de tu hermano cuanto quieras y nosotros nos iremos para continuar con nuestra misión…!

— ¿Qué dices, Kyle? — preguntó Gansükh.

— Yo digo que está bien. Además la orientación no será un problema ¡Tenemos con nosotros a un completo conocedor de esta área que podría ayudarnos! ¿No es así, Peter? — rió, dando palmaditas en la cabeza del niño empapada en sudor. El menor asintió enérgicamente con la cabeza, a lo que el australiano correspondió dando un suave golpe con el puño en el brazo de su hermano — ¡Esa es la actitud!

— ¡Whoa…!

El cansancio de Peter, sumado al empujón que resultó de la afectuosa demostración de Kyle, hizo que las piernas del pequeño tiritaran y cedieran al impulso de desplazar su cuerpo fatigado en la dirección de la fuerza, hacia la roca de la cual intentó afirmarse. Más aún, el agujero en su base atrajo al pequeño como un potente imán en donde una de sus extremidades fue a dar, seguida por la segunda a causa del resbalón. El resto lo hizo la inercia.

En menos de un segundo, Peter había desaparecido por el agujero en la base de la roca, y su grito se alejó hasta que se hizo casi inaudible.

— ¡PETER!

— ¡Auch…! ¡Estoy bien! — escucharon gemir al niño, para su alivio — ¡Vaya que está oscuro aquí…!

— ¡Kyle…! ¡¿Qué has hecho?!

— ¡Fu-fue un accidente…! P-pero voy yo mismo y lo saco — se excusó apenado el joven. Comenzó a descender cuidadosamente, aferrándose de los bordes de tierra — ¡Aguanta, Peter! ¡Voy por ti!

— ¡Hey, qué cosas tan bonitas hay aquí! — celebró el pequeño. No había asomo alguno de miedo o dolor en su voz.

— ¡No vayas a tocar nada hasta que Kyle vaya y te saque de ahí! — ordenó Nathaniel, pálido de miedo.

— ¡Cuánto oro! — gritó emocionado el pequeño — ¡Con esto podría comprar todos los juguetes que quisiera!

— ¡¿ORO?! — exclamaron los soldados de la tropa bárbara al unísono, y tras compartir una mirada estupefacta, su abalanzaron hacia la abertura en la base de la piedra, haciendo que Kyle cayera, y seguidamente, todos y cada uno de los miembros de la hueste.

— ¡¿QUÉ DEMONIOS ESTÁN HACIENDO, BOLA DE PATANES…?!— gritó Sadiq al borde de un ataque de ira.

— ¡Si Peter tendrá juguetes, yo compraré caramelos! ¡Yo también quiero ir! — dijo Amber, antes de soltarse de la mano del neozelandés y brincar al agujero ante la infartada mirada de Nathaniel.

— ¡AMBER…!

— Descuida, Kyle vendrá con ella también— consoló Gansükh. Sin embargo, Nathaniel también saltó, desapareciendo de la vista de los capitanes del ejército saqueador.

— Oficialmente, todo el mundo se ha vuelto loco… ¿Gansükh?

— ¡Nosotros también bajaremos!

— ¡¿Qué te dio a ti ahora?! ¡Oye…!— el mongol tomó fuertemente la muñeca de su compañero, y de improviso, se precipitó por la abertura, arrastrando al espadachín consigo — ¡Voy a caer de cabeza, subnormal! ¡Moriré al final del camino…!

— ¡Yahoo~!

La caída fue larga y llena de golpes. Impactaron contra piedras que asomaban de las paredes de tierra, ramas que rasguñaron sus ropas y la piel descubierta, y contra las mismas paredes antes de darse de lleno contra el suelo. Gansükh cayó primero, boca abajo, y sobre él Sadiq, que dicho y hecho, aterrizó primero con la cabeza, luego de lleno con la espalda.

— ¡Es la última vez que me arrastras contigo a un agujero en la tierra, salvaje!

— ¡Ah, cuánto pesas!

— ¿Dónde estamos?

Los comandantes se pusieron de pie, y sacudieron sus ropas. Luego, admiraron a su alrededor.

Todo se hallaba iluminado por un potente fulgor blancuzco, reflejado en todas y cada una de las piezas de oro, plata, joyas y piedras preciosas que los rodeaban amontonados en colosales y desordenados cúmulos, esparcidos por doquier en lo que parecía ser una caverna subterránea.

La caverna que Gansükh había observado en la visión provista por Pato.

— ¡Mira todo esto, caníbal! — exclamó Sadiq, preso de la emoción — ¡Mira todo esto…! ¡¿No es maravilloso?! ¡Oh, si tan sólo pudiese llenar unos veinte sacos de estas preciosuras, sería más rico que el propio sultán e incluso podría dar de comer a treinta familias por diez años…!

— Eh… ¿Sadiq?

— ¡Debo haber caído en el País de las Maravillas del que tanto hablan en mis tierras! Subterráneo y lleno de cosas que no caben ni en los sueños ¡Esto es un paraíso! ¡Debo llenarme los bolsillos ya!

Su compañero estaba fuera de sí.

— ¡Sadiq…! ¡Oye, sécate la baba…!

El turco, al igual que la gran mayoría de los soldados de la hueste oriundos del Medio Oriente, brincó sobre los cúmulos de oro y joyas. Los soldados comenzaron a arrojárselo entre ellos, a hacer siluetas de ángeles y sumergirse entre las preciadas piezas, como si se tratara de un grupo de infantes jugando en la nieve.

Los de procedencia mongola, en cambio, permanecían estupefactos, y sólo unos pocos mostraban cierto asomo de emoción.

Ciertamente su reacción hubiese sido la misma si hubiesen dado con una bodega repleta de comida. Especialmente si fuera de carne.

¡Oh, pero bueno! Cada quien con sus gustos…

Por su parte, Gansükh estaba emocionado. Recordaba a la perfección la visión del interior de la caverna subterránea de aquel ensueño que había tenido cuando Pato el pez tocó su dedo, así que en caso de ser ese el susodicho lugar, solo quedaba buscar el origen del resplandor blanco que iluminaba todo el lugar. Daría con la siguiente pieza de la llave en menos de lo que hubiese esperado…

— ¡Gansükh! ¡Ya encontré a mi hermanito, sano y salvo! — dijo Kyle, acercándose al arquero con Peter en sus brazos. El niño, a su vez, sostenía en sus manos lo que parecía ser una vieja aceitera sucia.

— Encontré esto. Me parece que sirve para poner miel sobre los hotcakes.

El mongol la tomó entre sus manos, y estas se engrasaron al instante… ¡Quizás hace cuanto tiempo estaba allí, y bajo qué condiciones! Además olía bastante mal. Como a cuerpo sucio.

— ¿Te diviertes, salvaje? — preguntó el turco, ya más tranquilizado, acercándose — ¿Qué es eso? ¡Oh, ya veo! Hallaste algo demasiado valioso ¡Pero no voy a dejar que te lo quedes tú solo…!

Inmediatamente, arrebató la supuesta aceitera de las manos de su compañero. La miró de cerca, pero no distinguió ninguna incrustación de piedras preciosas, y la verdad, para ser de oro parecía una pieza en bastante mal estado. Quizás porque estaba muy sucia. Sadiq sopló sobre la superficie de la aceitera, y con ayuda de la manga de su ropa quitó algo de la espesa capa de mugre que la cubría. El brillo del oro apareció, llenando de satisfacción al comandante bárbaro.

— ¡Eh, esto sí que reluce! La frotaré un poco más a ver si tiene alguna inscripción que me permita venderla a un alto precio en una casa de empeños…

— Yo por esa vieja aceitera te doy apenas unas monedas de bronce, y me estoy arriesgando…

— ¡Vamos! Seguramente le perteneció a algún rey o ladrón famoso, o tal vez tenga alguna joya den-…! ¡WAH…!

— ¡Kyle, está pasando algo muy raro…!— exclamó Peter, después de que la lámpara diera un violento brinco en las manos del turco, y de su abertura delantera comenzara a emanar un denso vapor azulado que fue describiendo círculos en torno al cuarteto reunido en medio de los montones de oro y joyas, envolviéndolos en un espiras que a medida que iba ascendiendo, y recibiendo más del vapor proveniente de la pieza de oro sucia, iba tomando una inmensa forma humana de piel azul, amplia caja torácica, una cabecita desproporcionalmente pequeña hundida entre dos fuertes hombros que ramificaban en musculosos brazos adornados por grilletes de oro en las muñecas. Era una visión inquietante y cómica a la vez.

— ¡¿Q-Q-QUÉ ES ESO…?!— preguntó Sadiq.

— ¡Magia! — respondió Gansükh con cierto dejo de emoción — No veía algo así desde que dejé de vivir con mi hermana.

— ¡Soldados, alisten sus armas! ¡Esto podría ser peligroso!

El batallón completo se puso en guardia. Nathaniel y Amber se acercaron, impactados con la figura ya casi completamente nítida del hombre desproporcionado y azul.

— ¡Nathaniel, mira! ¡Es un genio como el del cuento que nos leíste a Peter y a mí!

— ¡A-Amber! Los genios no existen, son personajes imaginarios— repuso el jovenzuelo, negándose a creer que aquella figura frente a ellos pudiese en serio ser uno de esos pillos hechiceros de lámpara típicos de los cuentos del Medio Oriente.

— ¿Un genio, dices, pequeña? ¡Yo dejé de creer en ellos cuando me cansé de frotar las lámparas de mi casa sin que ninguno se dignara a salir! — secundó el turco. Sin embargo, la idea de un genio que, como en los cuentos, fuese a estar dispuesto a concederles tres deseos, podría ser la respuesta a todos sus problemas. Inclusive ¡Podrían desistir de continuar con esa loca aventura! Él y Gansükh formularían sus peticiones a la criatura, y ya no sería necesario seguir buscando las piezas de la Llave Sagrada.

¡En buen momento venía a aparecer uno de esos famosos personajes de los cuentos de su infancia!

Cuando por fin el genio hubo llegado a su estado de formación final, se presentó ante los soldados y el cuarteto de hermanos como un simpático personaje, que inclinándose ante ellos con gesto bonachón, les dijo esbozando una gran sonrisa.

— ¡Gracias por librarme de esa prisión en la que llevo encerrado más de quinientos años!

— ¿Más de quinientos? Ugh, se nota por cómo huele que desde la fecha no toma un baño…— comentó Amber.

— Soy el Genio de la Lámpara Mágica. Y por haberme sacado de esa minúscula jaula de oro e incrustaciones preciosas, mis magníficos poderes están al servicio de su voluntad.

— ¡Oh, qué bien! — celebró el espadachín, adelantándose hacia el hechicero.

— Pero han de saber, señores míos, que estoy limitado por mi naturaleza a sólo poder concederles tres deseos en total… ¡Ni uno más, y tampoco es válido desear más deseos!

Varios bufidos y abucheos reinaron entre los presentes.

— Y no sólo eso ¡Hay ciertos deseos que no puedo conceder! Por ejemplo: matar a alguien ¡Es moralmente inaceptable! — explicó la criatura — Segundo: tampoco puedo hacer que una persona se enamore de otra ¡Intervenir en los sentimientos de una persona está fuera de mis capacidades! Y por último: No puedo traer a nadie de vuelta a la vida si es que esta ya lo ha abandonado…

— Oh, bueno… tampoco es tan malo— sostuvo el mongol con tono de conformidad.

— Pero todo lo demás que puedan desear, exceptuando esas tres condiciones, está al alcance de mis poderes… ¡Ustedes ordenen, y yo cumpliré sus demandas! Pero una vez que hayan agotado los tres deseos, yo volveré a mi lámpara para no volver a salir hasta que alguien más la frote…

— ¡Es nuestra oportunidad! — dijo Sadiq en tono confidencial — Piénsalo, caníbal: pide tu deseo, y yo el mío. Luego le pedimos que todos salgamos de aquí ¡Y podremos volver a nuestros hogares sin tener que continuar la búsqueda de más piezas de la Llave!

— ¡Eres un genio, Sadiq…!

No contaron, sin embargo, con que había toda una tropa de soldados hambrientos y deseosos de hacer escuchar sus súplicas.

— ¡Daría mis cojones porque esto no fuera un sueño! — exclamó uno.

— ¡Les quedan dos deseos! — avisó el genio.

— ¡¿QUÉ…?!— gritaron a coro todos los demás.

— ¡He-hey…! ¡No quise decir eso!

— Escójanlos con cuidado, señores.

— Bueno…— los comandantes bárbaros compartieron una mirada nerviosa. En eso, uno de los soldados intervino nuevamente, pues había avistado la pieza de la Llave Sagrada en la cima de uno de los cúmulos de tesoros.

— ¡Oh, entonces deseo que tengamos esa pieza blanca de ahí en nuestras manos!

El susodicho fragmento de la reliquia mágica fue tocado por una proyección de vapor azul que salió de la mano del genio, lo envolvió y lo atrajo hasta depositarlo suavemente en las manos del hombre ante la mirada horrorizada y furiosa del resto de la hueste.

— ¡Les queda tan solo un deseo! — avisó pícaramente el genio.

— ¡¿QUÉ ACABAS DE HACER, ANIMAL?! — rugió Sadiq.

— ¡A-ay…! ¡Ha sido un deseo inteligente! ¿O no?

— ¡Pudimos haberla tomado sin hacer uso de un deseo, imbécil! — reprendió otro de los guerreros.

— ¡O pudiste haber deseado que tuviésemos las diez piezas de una sola vez! — añadió otro. El hombre miró con decepción la reliquia en sus manos, un soltó un pesaroso suspiro.

— Lo siento…

— ¿Qué vamos a hacer con el deseo que nos queda? — preguntó Gansükh.

— Yo digo que meditemos antes de pedirlo. Démonos un tiempo— sugirió el turco, acariciando su barbilla en son de profundo pensamiento — Veamos…

— Hey ¿No sería justo que Peter pudiese pedir ese último deseo? ¡Él fue quien descubrió la lámpara mágica después de todo! — dijo Nathaniel.

— ¡Es cierto! — apoyó Amber.

— ¿Eh? ¡No estaría nada mal! Anda, hombrecito— incitó Kyle — Pide tu deseo.

Los bárbaros comenzaron a alzar quejas en contra de la idea.

— ¡¿Qué podría desear un niño?! ¡Seguro va a malgastarlo en una idiotez como pedir juguetes!

— ¡Me niego a aceptar una idea tan peligrosa! ¡Ese deseo debe ser responsablemente ideado por alguna de nuestras brillantes mentes criminales, no un preadolescente!

— ¡Vamos, no sean malos con Peter! — retó la pequeña, a lo que su hermano sonrió con amplitud.

— Además que ustedes ya lo han malgastado en dos deseos bobos. Yo en tanto he tenido mucho más tiempo para pensar.

— ¿Ah, sí? — preguntó Sadiq, cruzando los brazos con gesto desafiante — ¿Y qué se te ha ocurrido, si podemos saberlo?

— ¿Ven la abertura de salida de esta cueva? Está muy alta como para que podamos alcanzarla. Y el tunes es demasiado largo y estrecho como para que todos podamos subir y soportar tanto esfuerzo al trepar por sus paredes. Sería lo más inteligente desear que podamos salir de este lugar en lugar de malgastar tiempo y energías en intentarlo por nuestra cuenta ¿No?

— ¡Eres muy listo, Peter! — halagó el australiano, abrazando al pequeño.

— Ese niño tiene razón ¡Estamos a demasiada distancia del agujero por el cual entramos! — dijo uno de los invasores.

— Sin mencionar que aunque lográramos alcanzarla, tardaríamos demasiado en salir de aquí… ¡Genio, está decidido! Ese último deseo será formulado por este niño— dijo el mongol.

— ¡Pero antes…!

— ¡Genio, deseo que todos los que estamos aquí salgamos de la cueva llena de tesoros y regresemos a la superficie de la Tierra!

— ¡Concedido!

— ¡Espera…!

Antes de poder chistar, la nube de vapor azul envolvió a la agrupación y la disolvió en un polvillo de colores que subió rápidamente por el túnel que los había llevado hasta ese lugar, y luego, se depositó sobre el suelo firme entremezclada con la nube que representaba al genio de la lámpara. Nuevamente se formaron las figuras humanas de todos los afectados por el deseo, y la nube azul descendió por el agujero de vuelta al sitio donde la lámpara había quedado.

— ¡… Iba a decir que nos lleváramos la lámpara mágica con nosotros! — finalizó Sadiq. La agrupación, ya aliviada de encontrarse de vuelta en aquél lugar, cayó en la cuenta de que de haber dejado al turco terminar su frase antes hubiese sido mejor.

— ¡Es cierto…! ¡Qué idiotas somos!

— ¡Y tampoco nos llevamos ningún tesoro de la cueva! — lloró otro de los soldados.

— ¡Debo regresar! ¡Traeré esa lámpara y un saco lleno de esas preciosuras…!— aulló uno de los invasores, que corrió en dirección al agujero dispuesto a saltar, pero fue detenido por Gansükh, que le tomó por el cuello de la ropa y le levantó a unos quince centímetros de que sus pies tocaran el suelo.

— ¡No perdamos más tiempo!

— ¡Agh…! ¡Pero… la lámpara! ¡Y los tesoros… agh!

— ¡Si te dejo bajar a ti, deberé hacerlo con todos los otros! ¡Y ya me estoy cansando de pausar mi cometido por todos estos infortunios y estúpidas ocurrencias que estamos teniendo en un viaje en lo que realmente importa es buscar las diez piezas de esa llave!

— ¡A-a-agh…!

— ¡Regresa con tus compañeros, y ya arreglaremos cuentas cuando tengamos ese deseo libre de condiciones a nuestra disposición! A diferencia de ese genio de lámpara, la criatura liberada por esa mística pieza es capaz de todo. De TODO.

— ¡Gansükh, vas a matarlo! ¡Ya suéltalo! — reprendió Sadiq. El arquero entonces desenvolvió sus dedos de las ropas del soldado, y estos dejaron de hacer presión contra su garganta. El invasor cayó hincado al suelo, y permaneció allí tosiendo y jadeando hasta recuperar el aliento.

— ¿Tienes la pieza que le pediste al genio? — preguntó el mongol con gravedad al soldado que gastó el segundo deseo. Este asintió enérgica y temerosamente con la cabeza, y cedió la reliquia a su comandante. Inmediatamente la guardó en un compartimiento interno de su ropa junto a la obtenida en Australia — Misión cumplida. Ya no tenemos nada más que hacer aquí.

— ¿Podemos irnos, entonces? — preguntó uno de sus subordinados.

— Y cuanto antes. Mientras antes zarpemos, haciendo antes las respectivas mediciones geográficas, antes podremos dar con el continente asiático. Allá nos dirigíamos cuando salimos de Somalia ¿No?

— Claro.

— Oigan, no necesitan permanecer mucho tiempo más aquí en ese caso— dijo Nathaniel — Sigan en dirección Noroeste desde Nueva Zelanda. Posiblemente den con alguns islas y archipiélagos antes de, finalmente, arribar en Asia. Una trayectoria recta desde el Norte de la Isla los llevará directamente allá.

— ¿Estás seguro?

— Tengo algunos mapas que los sobrevivientes del naufragio logramos rescatar. Calcula la graduación con ellos y tendrás la distancia aproximada que debes recorrer en barco para llegar a Asia.

— ¡Qué maravilla!

— ¿Asia? ¿No es donde viven los dragones más listos y varios de los brujos más poderosos del Viejo Mundo? — preguntó Peter.

— Sí, es allí.

— ¿Podemos ir, Nathaniel? ¿Kyle?

— ¿Dragones? No lo sé, Peter. Jamás me he enfrentado a uno en todos estos años— dijo Kyle, ladeando la cabeza en un gesto dubitativo — Podría ser peligroso.

— Al menos nada allí es venenoso— comentó ácidamente el mongol — Pueden seguirnos si gustan. O bien, quedarte en este lado del mundo con tu familia dependiendo de lo que decidan.

— Pues…


Finalmente, los hermanos llegaron a un acuerdo con los bárbaros.

— ¡Tierra a la vista! ¡Apróntense a desembarcar!

El barco raptado desde África tenía suficiente espacio como para albergar al ejército bárbaro -con sus caballos incluidos- y a los sobrevivientes del naufragio residentes en Nueva Zelanda. Pero los extraviados en altamar no tenían intención alguna de sumarse al cometido de los bárbaros. Una emocionante aventura venía siempre llena de riesgos que no todos estaban en condiciones de enfrentar.

Así que el trato fue que los náufragos, más experimentados en materia de navegación que los invasores, los guiarían hasta Asia. En compensación por esa gran ayuda, una vez que llegaran al primer puerto en el Continente Amarillo los bárbaros les obsequiarían el barco robado para que pudiesen emprender un viaje de vuelta a sus hogares donde tanto se les debía extrañar desde que desaparecieron.

— Bien, muchachos… este es el momento del adiós…— suspiró desganado el australiano — ¡Con mucho gusto los seguiría! Pero…

— Lo entendemos, Kyle— interrumpió el espadachín turco, palmoteando la espalda del joven.

— Les deseo mucha suerte. A ustedes y a su ejército. Ojalá… pronto puedan ver su misión cumplida— añadió el aludido con una sonrisa triste — ¡Los voy a extrañar mucho!

— Y nosotros extrañaremos a nuestra carne de cañón— respondió Sadiq en una risotada — Procura cuidar bien de tu gente, Kyle. No eres una persona normal; estás hecho de otra pasta. Aprovecha tus aptitudes para protegerlos hasta que todos lleguen sanos y salvos a… bueno… donde tengan que ir.

— ¡El Imperio del Sol!

— Sí, eso.

— Pediremos indicaciones en cuanto lleguemos al puerto que hemos avistado en la costa Sur del Imperio Chino— intervino Nathaniel — Y allí será donde les dejaremos.

— ¿No podríamos visitar primero China, y luego irnos a nuestra casa? — preguntó Amber.

— Quizás para otra vez, pequeña.

En cuanto llegaron al lugar de desembarco, y toda la tripulación bárbara hubo descendido del barco, ambas agrupaciones se despidieron. Los soldados, recibidos por el personal del puerto como indeseables y mugrosos indigentes –seguramente habrían entrado a ese barco como intrusos- que venían a pedir limosnas a sus tierras, se despedían agitando sus manos a la tripulación náufraga que se alejaba hacia el horizonte rumbo a su hogar, luego de haber recibido la grata noticia de que navegando hacia el Este darían con la costa del Norte de América.

— ¡Adiós, chicos!

— ¡Adiós!

— ¡Oh, mira, Nathaniel! ¡Una ballena! ¡¿Puedo pilotear la nave y seguirla?!

— ¿Qué? ¡No, Kyle! ¡Recuerda lo que pasó la última vez que maniobraste un barco!

— ¡Vamos, déjame seguir a la ballena!

— ¡No!

En tierra firme, la agrupación invasora tramaba su nuevo plan.

— Conozco estas tierras como la palma de mi mano.

— ¿Ah, sí? ¿Y eso, Gansükh?

— Años de saqueo me han llevado a recorrer sus caminos, entrar a robar a sus palacios e incluso escalar torres para secuestrar doncellas. Créanme, chicos. Conmigo al mando la faena en Asia terminará en menos de lo que tardan en devorar una vaca entera tras una semana de ayuno.

— Ya lo oyeron— apoyó Sadiq — Mañana mismo, al amanecer, procederemos a continuar con nuestro trabajo aquí.


Notas de la Autora:

Primero que todo, me disculpo por mi larga ausencia en la actualización de este fanfic. Ya saben: hay momentos en que la inspiración te acompaña, y otras veces, simplemente, la muy maldita huye lejos y no vuelve hasta que se le da la gana...
Este capítulo en especial me costó mucho :(

¿Qué tenemos aquí?
¡Los bárbaros han encontrado por fin su tercera pieza de la Llave Sagrada! (Como dice Corona de Lacasitos: ¡Qué eficiencia! O tienen mucha suerte, o realmente saben dónde y cómo buscar, porque a este paso, podrían hasta sacarle ventaja al Cuarteto Maravilla) Ahora por fin se dirigen a Asia, y los hermanos (Kyle, Nathaniel, Peter y Amber) pueden regresar a su casa lejos de los peligros de Australia y la soledad de Nueva Zelanda. Esperemos que durante su trayecto no vaya a pasarle nada al barco en donde van rumbo al Imperio del Sol.
¿Qué aventuras les depararán a nuestros villanos-no-tan-malvados y su tropa de bobos subordinados en las tierras del Emperador Yao? ¿Será este su escenario de encuentro con los protagonistas de la historia? ¿Quién ganará finalmente la carrera hacia su deseo libre de condiciones?
¡Sépanlo en la recta final de este No tan Clásico Cuento de Hadas!

En el próximo capítulo, regresaremos con el Cuarteto Maravilla, que recuerden: llegarán a una ciudad portuaria cerca de Pyongyang. De antemano, les alerto la aparición de un OC.

Gracias a todas las personas que han comentado esta historia, dándome ánimos e ideas para llevarla a cabo: Sorita Uchiha, Horus100, Corona de Lacasitos, GoodLoverBoy, Ginyang98, Guest, Kayra Isis y Dazaru Kimchibun. ¡Sin ustedes, este fic no es nada!

Y para finalizar esta kilométrica nota de autora, la pregunta de esta ocasión dice así:
Si tú hubieses tenido la lámpara mágica en tus manos ¿Qué deseos le hubieses pedido al genio? (¡Son solo tres, y recuerden las condiciones!) Los míos son:
Primero: Una fortuna infinita. Así la aprovecharía para viajar por el mundo con mis seres más queridos. Jamás nos volvería a faltar nada. Y soy generosa, así que donar dinero a instituciones de caridad está entre mis pretensiones :'D
Segundo: Una salud de hierro. Porque ¿Qué sacaría con tener una gran fortuna si no puedo disfrutarla con quienes quiero porque mis problemas de salud no me lo permiten? ¿O si de pronto desarrollo una enfermedad terminal que me deja muy poco tiempo de vida? La salud es un factor que uno no maneja. La suerte, en cambio, es un poco más manipulable.
Tercero: El poder de viajar libremente por el tiempo... ¡¿Se imaginan poder situarse en los momentos históricos más relevantes, divertidos e interesantes y poder develar los grandes misterios de la vida?!

¡Nos estamos leyendo!