Se comienza a poner bueno esto... perdón por la tardanza, mucho trabajo!

Capitulo 38

En el bus...

—¿tienes amigos en Argentina?— Roger, el operador del bus panamericano intentaba hacer conversación con la morena que llevaba más de dos horas en silencio con la mirada perdida en la ventanilla.

—no— contestó –solo quiero conocer el lugar— su voz no tenia señal alguna de emociones, solo era un sonido hueco salido de su garganta con la respiración.

Roger detuvo el bus de golpe, una pareja de magos le hizo la parada, cargaban una cantidad de valijas enorme, tantas que el musculoso conductor tuvo que ayudarlos a guardarlas en la parte baja del transporte; Mina aprovecho el momento para acomodarse en su cama, cerrar la red de seguridad y fingir que dormía plácidamente.

El autobús freno con violencia haciéndola despertar, amanecía y el frío la hizo cubrirse con la suave manta.

—¡Es hora de desayunar, dos horas!— anunció Roger y la pareja de magos bajaron, ella se tomó su tiempo y cuando entró al pequeño restaurante ya sus compañeros de viaje daban cuenta del jugo y hotcakes.

—¡Te guardé sitio!— llamó el muchacho, Mina sonrió agradecida por la atención y se sentó a su lado, ahora con la luz matutina pudo apreciar mejor los rasgos del chico; de piel morena y cabellos rizados y oscuros, más los ojos eran de un azul claro increíble.

—¡buenos días!— saludo tratando de disimular el que le mirara tan detenidamente —¿Qué me sugieres?— sonrió ampliamente, vio su reflejo en la laminada superficie del servilletero de aluminio, su melena castaña crispada, los labios rojos y turgentes… visualmente no era ella.

—jugo y hotcakes— contestó Roger llevándose a la boca un gran trozo de cake chorreante de maple.

—pues pediré eso— la camarera hizo su anotación y al minuto siguiente le llevo un vaso enorme de jugo de naranja y un plato con tres piezas de cake más grandes que el plato.

—malo para la figura— susurró tomando un bocado pequeño… el desayuno paso en silencio.

Veinte minutos más tarde caminaba por un sendero de gravilla que rodeaba el pequeño restaurante a la orilla de la autopista, el letrero le anunciaba que ya se encontraban en México, pensó haciendo memoria de los archivos robados y si, uno de los grupos se encontraba en ese país, entró al autobús en ese momento solitario y de su chamarra sacó un pergamino en blanco.

—Revelio— susurro y una lista con los nombres de sus victimas apareció, al lado de cada nombre el grupo al que se habían adherido para trabajar y la localidad donde se instalarían.

—Dalia está aquí— susurró revisando la lista, en total cuatro de sus agresores se encontraban realizando su trabajo de investigación en el país.

—¿una amiga?— ¡Demonios! Estaba tan concentrada en la lista que la media elfa no se dio cuenta de la llegada de Roger.

—compañera de estudios— contestó sonriendo tan dulce y linda como pudo –mientras tomo mi año sabatico ella literalmente se quema las pestañas en el desierto—

—podrías visitarla, tendrías cuatro días, cuando esté de vuelta puedo recogerte— Roger exhibió sus blancos y parejos dientes en una sonrisa de conquistador.

—no lo se, por ahora prefiero cumplir con mi itinerario— fingió dudar un poco –aunque… seria lindo darle una sorpresa, somos grandes amigas— le hizo un guiño que hizo sonreir más al muchacho.

—¡animate!— insistió –paso en cuatro días por este mismo lugar.

—¡esta bien!— fingió aceptar de manera espontanea –me has convencido— le despeino amistosa –pero vuelves por mi ¿ok?—

—¿Cómo abandonarte en medio del desierto?— Roger le tomó la mano y ella la retiró de inmediato, nada de conquistas, nada de nada… ella ya tenia dueño.

—entonces aquí me quedo, te veo en cuatro días— y sin más bajo del transporte a las afueras del restaurante, en un segundo el enorme autobús ya había desaparecido, sacó la varita que tomó del dormitorio de su próxima victima –orientame, llevame a Dalia— susurro y la vara señaló hacia el sur poniente.

Un llano arido se abria frente a Wilhemina, dando pasos firmes avanzó casi durante cinco horas seguidas, no sentía sed ni hambre, su ansia de venganza le daba fuerzas, sacaba energía de flaqueza aunque el sol caía a plomo sobre ella.

Casi al anochecer, aparentemente en medio de la nada distinguió a lo lejos luces de un campamento, voces animadas de al menos seis personas jóvenes pasándola en grande; se quitó el collar y los jeans, la chamarra de mezclilla y la playera colocandose únicamente en el rojo y ajustado conjunto de lickra con salpicaduras de sangre de sus víctimas previas, apestaba a muerte, a dolor, a ira; guardó la varita y una sonrisa maléfica brillo en sus delgados labios.

—¿ya guardaron las muestras?— una de las estudiantes daba vueltas nerviosa entre las tiendas mientras el resto de los chicos bebían y bromeaban en torno a la fogata.

—ven a divertirte— con un claro acento ebrio, Dalia jalaba del brazo a la chica que se zafó y enojada entro a una de las tiendas.

—¡Eres tan aburrida!— Dalia trastabillo y cayó de rodillas a un costado de la tienda riendol tontamente, la vista borrosa por el alcohol le impidió por un segundo identificar la silueta que se encontraba frente a ella, en cuanto distinguió los rojos cabellos intentó levantarse alarmada pero una certera patada en pleno rostro le hizo perder el sentido.

Cuando la universitaria recuperó la conciencia no abrió los ojos de inmediato, se sentía relajada y hasta que intentó mover los brazos se dio cuenta que la imagen previa al demayo no fue una alucinacion alcoholica.

Se encontraba atada a cuatro estacas, de hecho los gemidos apagados a su alrededor le hizo caer en cuenta de que sus seis compañeros de campamento e investigación se encontraban atados de la misma manera; intento hablar más al hacerlo un poco de arena entró a su garganta, tuvo que tragarla pues la boca la tenia amordazada con cinta, abrió los ojos y las estrellas refulgian como unos minutos antes, mientras las miraba al destapar su octava cerveza.

—Dalia hermosa...hola— la cantarina voz de Mina le hizo girar el rostro sobresaltada, sintió el peso de la pelirroja sobre su vientre, la montaba a hocajadas —vaya que el mundo es algo pequeñito ¿no es así?— la muchacha amordazada se dio cuenta de que sus tres compañeros complices se encontraban inconcientes, abrió los ojos aterrada más no se atrevio a gemir o intentar gritar.

—¿tus amigos?— sonrió dulce Wilhemina —ya están empacados y listos... les tengo una hermosa sorpresa...¡van a conocer a papá!— los ojos violetas brillaban con un extraño reflejo causado por la hoguera —y tú vas incluida en el paquete cariño— siseo levantandola con un ligero movimiento de su mano.

Los dos integrantes restantes del equipo se encontraban también atados a cuatro estacas cada uno, la chica que buscaba guardar los implementos de la investigación y el novio de Dalia, que no sabía mucho sobre la relacion de su novia con los hechos acaecidos en la Universidad semanas atrás.

—¿que pasa linda?— sonrió señalando a la pareja que les miraba aterrados —tu amiguita y tu noviecito... hmm son ¡tan lindos!— la fingida voz dulcificada era lo que mas asustaba a Dalia — por cierto querida...te tengo noticias de papá y mamá— Dalia abrió los ojos como platos cuando Mina le enseño la fotografía de "alas muggles" con las cabezas de sus padres en charolas, no pudo reprimir un grito de angustia que le hizo tragar más arena.

—tsh tsh tsh cariño— susurro dulcemente Mina —la arena te va a hacer mucho daño— papi y mami te mandan sus cariños... ¡ha si! Hanna quedo al cuidado del estado... los asilos para huérfanos son tan requeridos ¡es tan facil desaparecer de la memoria de los muggles a los abuelos y parientes cercanos! tendrá una infancia maravillosa... abandonada en un orfanato con antecedentes de madre adicta a las drogas y prostituta y un fántastico historial policiaco... ¡Hanna ha sido una niña realmente mala y rebelde!— sonrió diabólicamente —pero ahora...me apetece jugar con tus amigos— caminando a saltitos juguetones se acercó al novio que no podía quitarle la mirada de encima, le arrancó la mordaza y puso con suavidad sus dedos en los labios del muchacho.

—shhh guapo— susurró —¿sabes por que hago esto?— el novio de Dalia no hablo, la miraba con dureza y odio — hmm creo que tu noviecita no te ha platicado nada de lo que hizo...¿o si?— sonrió de lado —¿sabias que tu novia santa junto con esos tres me sodomizó? oh si... una nena muy mala nuestra querida y preciosa Daly —el joven sonrió incrédulo — ¿no me crees?— se dirigió a Dalia — anda...confiesalo— la prisionera no se movió.

—eres una perra mentirosa— escupio el muchacho — ¿crees que no se todo sobre ti, híbrida de mierda?— Mina sonrió satisfecha — todos sabemos que eres una...— la pelirroja lo silencio con un fuerte puñetazo en la mandíbula.

—¿perra mentirosa?— siseo la pelirroja — cariño...no sabes que tan perra puedo ser...—