Holaa!
Siento la tardanza con este capítulo. Estoy de vacaciones y me cuesta pillar Wifi para poder contestaros y actualizar. Pero.. aquí estoy y espero que este capítulo también os guste! ;)

GRACIAS por seguir leyendo y comentando! =D


CAPÍTULO 38

Ella jugueteó nerviosa con el colgante de su madre entre sus manos mientras que él permaneció con la vista fija al frente, observando el campo en el que se encontraban. Habían aparcado el coche en la entrada y ninguno se había atrevido a moverse. Kate alzó la cabeza para mirar de lado al escritor y se mordió el labio al verle tan concentrado en lo que sus ojos veían. Sabía de sobra que su mente estaba recordando aquel día, en el funeral de Montgomery, cuando no pudo evitar que una bala le diera a ella en el pecho. Despacio, con cuidado de no sobresaltarlo al sacarle de sus pensamientos, colocó una mano sobre su rodilla, acariciándole la pierna tiernamente.

"Rick…". Susurró con ternura. "¿Me acompañas?". Preguntó con timidez, notando un ligero rubor instalarse en sus mejillas.

Castle giró la cabeza hacia ella y se mordió el labio imitando ese gesto tan de ella que últimamente no podía evitar copiar. "Kate…". Susurró él también. "Esto es algo tuyo y de tu madre…". Habló con calma intentando que no sonara demasiado brusca su declinación. "Ve tú. Yo te estaré esperando aquí". Acarició su mano entrelazando sus dedos con amor.

Beckett cerró los ojos controlando las lágrimas que querían escaparse de sus ojos y negó ligeramente. "No puedo hacerlo…". Confesó. "No sin ti". Se aferró a su mano con cierta fuerza. "No…" .Tragó saliva y continuó. "No he vuelto desde entonces… no me atrevo, me tiembla todo cuando me bajo del coche y… tengo que volver a subirme corriendo". Siguió abriéndose a él. "Pero necesito ir. Hoy lo necesito Rick, por favor". Abrió nuevamente los ojos, mirándole con el dolor y pánico que no le dejaban avanzar.

Rick se quedó boquiabierto ante su confesión. No se imaginaba aquello. Suponía que ella había vuelto a visitar a su madre en alguna ocasión. Pero por lo visto no se había atrevido. Lo había intentado y no había podido. Respiró hondo manteniendo sus propias lágrimas bajo control y se pegó todo lo que pudo a ella para abrazarla con fuerza. "Vale, está bien. Tranquila". Besó su pelo dulcemente. "Iré contigo". Dejó suaves caricias sobre su pelo, aprovechando para frotar con cariño su espalda y darle el ánimo que necesitaba en ese momento. "Vamos a hacerlo poco a poco, ¿vale?". Susurró con cariño besando, esta vez, su frente.

Kate asintió despacio, sintiéndose un poco mejor al haber soltado esa bomba que llevaba con ella cada día a cuestas. Castle se separó despacio de ella y con el mismo ritmo abrió la puerta del copiloto y se bajó del coche. Rodeó el vehículo hasta llegar a la puerta de ella y, con suavidad, la abrió ofreciéndole su mano para ayudarla a bajarse. Pese a que los ojos de la detective estaban anegados de lágrimas y su cuerpo temblaba ligeramente, se sonrieron momentáneamente cuando sus miradas se encontraron.

Se aferró a la mano su compañero con tanta fuerza que por un momento pensó que se la iba a romper. Cuando pisó el suelo, aflojó un poco el agarre tras recibir una sonrisa por parte de él. Cogió aire despacio, echándolo de la misma manera, como le había enseñado el doctor Burke que tenía que hacer cuando notaba que un ataque de ansiedad se le avecinaba.

"¿Bien?". Preguntó con paciencia, rodeando su menudo cuerpo con el brazo por detrás de su espalda.

"Uhum". Asintió pegándose a él y empezando los dos a caminar despacio hacia la tumba en la que descansaba Johanna Beckett.

Durante el trayecto, se pararon un par de veces para coger aire y fuerzas. Rick no la soltó en ningún momento; al contrario, la fue pegando más a él, animándola con gestos y palabras.

Cuando estuvieron frente a la lápida, contuvieron el aliento durante unos segundos. Unas flores blancas, muy frescas descansaban al pie de la misma. "Mi padre ha estado aquí". Susurró observando las flores preferidas de su madre. Rick sonrió con nostalgia, imaginándose a un destrozado Jim Beckett acercarse a la tumba de su mujer para depositarlas. Suspiraron a la vez, lo que les hizo acurrucarse más el uno en el otro.

El escritor se posicionó detrás de ella y envolvió su cuerpo entre sus brazos. Besó su mejilla dulcemente. "Ve, acércate más a ella. Yo estoy aquí, contigo, detrás de ti, cubriéndote". Acarició su cintura suavemente.

"No". Pidió ella llevando rápidamente las manos hasta las de él, que descansaban sobre su abdomen. "No me sueltes, por favor". Le pidió compungida.

"Cariño… esto es algo muy íntimo. Vuestro, y de nadie más. No quiero interferir, no hoy". Intentó que razonara. No es que no quisiera quedarse ahí, ni protegerla. Pero sabía que a ella siempre le había gustado guardar su vida privada para ella sola y no quería que cambiara aquello, no hasta ese punto.

"Yo quiero que estés. Quiero presentártela". Murmuró con las mejillas bañadas de lágrimas. "Ahora mi vida privada eres tú". Se aferró más a su cuerpo y cogió aire lentamente, temblando ligeramente.

"Está bien". Le sonrió asomando la cabeza por su lado derecho para besar la comisura de sus labios. "Aquí me quedo". Apoyó la cabeza sobre su hombro, pegándola más a él.

"Gracias…" Sonrió mínimamente con la vista fija en las letras que componían el nombre de su madre. Permanecieron unos minutos en silencio, abrazados, hasta que la inspectora se decidió a empezar. "Hola mamá…". Susurró dejando escapar más lágrimas. "Te echo mucho de menos. No sabes cuánto. Y sé que papá también lo hace. Pero estamos bien, los dos lo estamos. Nos ha costado, nos cuesta, pero lo estamos consiguiendo". Sonrió mínimamente al sentir cómo Castle la abrazaba más fuerte. "Sé que tú querrías vernos felices y, estamos en ello, mamá. Yo lo estoy intentando y sé que papá será feliz cuando yo lo sea. Y voy por muy buen camino, te lo prometo". Se giró para mirar a Rick a los ojos y lo que vio en ellos no hizo más que emocionarla. La mirada del escritor demostraba el orgullo y el amor que sentía por ella. "¿Sabes quién me está ayudando a ello?". Preguntó sin dejar de mirarle a él. "Ese escritor del que tanto te gustaban sus libros. Esos libros que te pasabas horas y horas leyendo y que siempre que terminabas uno, te daba mucha pena porque no tendrías otro que te llegara tanto hasta que él publicara el siguiente. Ese escritor al que yo empecé a leer gracias a ti y al que me enganché a través de sus libros. ¿Te acuerdas el que te enseñé que había conseguido que me firmara para ti?". Preguntó sin esperar respuesta. Sonrió al imaginarse a su madre con ojos expectantes a que continuara y no se entretuvo más. "Pues ese mismo día me firmo uno a mí también, aunque él no se acuerde. Y me hizo tan feliz por un momento…". Susurró sonriendo al notar al escritor estremecerse detrás de ella. "Hoy, ese escritor, es mucho más que eso en mi vida. Es mi amigo, mi compañero y el hombre del que estoy locamente enamorada. Mamá, te presento a Richard Castle". Volvió a girar la cabeza para mirarle y descubrió que sus mejillas también estaban bañadas de lágrimas. "Él me está devolviendo la felicidad, mamá. Y gracias a él también, conseguí llegar a saber la verdad de por qué acabaron con tu vida". Sonrió con tristeza. "Te echo tantísimo de menos… Me encantaría que pudierais conoceros, os encantaría, os caeríais genial". Apretó las manos de Rick entre las suyas. "Te quiero muchísimo. Y… siento no haber podido venir en todos estos meses… No podía, era superior a mí. Pero ahora siento que empiezo a tener fuerzas para ello… Gracias a él". Se mordió el labio momentáneamente. "Y, a partir de ahora, vendré más a menudo, lo prometo". Soltó despacio el agarre del escritor, temblando ligeramente, para agacharse frente a la lápida de su madre. Acarició las letras de su nombre y se besó las puntas de los dedos para después volver a posarlas sobre la piedra. "Te quiero, mamá. Siempre".

Se puso de pie y rápidamente fue envuelta por los brazos de Castle, que la apretaron contra él. "Gracias". Le susurró completamente conmovido por lo que acababa de escuchar y de vivir.

Se giró entre sus brazos y apoyó la cabeza contra su hombro, llorando silenciosamente. No pudo articular palabra. Se aferró contra su cuerpo, dejando que las lágrimas se derramaran lentamente.

Rick le acarició la espalda suavemente, de arriba abajo. Besó su cabeza tiernamente. "Te amo…". Pronunció conmovido y la vio levantar la cabeza con sorpresa e infinito amor marcados en su mirada. Él le sonrió y le acarició la mejilla dulcemente.

"Repítelo". Pidió con la voz gangosa por el llanto. Se limpió las lágrimas con el dorso de la mano, mirándole expectante.

"Te amo, Kate. Como nunca he amado, ni amaré a nadie". Agarró su cara con las manos, besándola tiernamente.

"Y yo a ti Rick. Yo también te amo". Se agarró a su espalda devolviéndole el beso con lentitud y agradecimiento.

Se dieron la mano, sumidos en un profundo silencio, para nada incómodo, durante el que volvieron al coche, despacio, con una pequeña sonrisa dibujada en sus rostros bañados aún de lágrimas.

Volvieron a comisaría después de que se les pasara a los dos los rastros de haber estado llorando y de que Beckett se volviera a maquillar para disimular mejor las lágrimas. Pudieron terminar de cerrar el caso que tenían entre manos y por la tarde se despidieron de sus compañeros poniendo rumbo a casa de la detective.

"¿Pasta al pesto?". Preguntó el escritor cuando hubieron sacado todas las cosas de la nevera para empezar a preparar la cena.

"Uhum". Asintió ella con una pequeña sonrisa. Desde que habían vuelto del cementerio estaba más sumida en sus pensamientos. Pero es que habían sido demasiadas emociones juntas. "A mi padre le encanta".

"Bien". Sonrió empezando a ponerse manos a la obra.

Esa noche, como nueva tradición de la familia Beckett, padre e hija iban a cenar juntos, por primera vez en aquel día desde que falleciera Johanna. Kate había llamado a su padre el día anterior preguntándole si le apetecía cenar con ella y el abogado, entre sorprendido y encantado, aceptó casi sin pensárselo. Les vendría bien a los dos.

Cocinaron juntos escuchando algo de música y cuando la pasta y la salsa estaban ya casi en su punto y empezaba a ser la hora de que Jim llegara, Castle se acercó a Becket por detrás, abrazándola con cariño. "Voy a ir marchándome". Le informó besando su cuello suavemente.

"Ummm…". Murmuró ella pegándose más a él. Se quedó en silencio, sintiendo las caricias y los besos que él le dejaba.

"Prométeme que vas a estar bien". Pidió él girándola entre sus brazos para mirarla a los ojos.

"Lo intentaré". Besó fugazmente sus labios con ternura. "Sólo me pondré un poco más nostálgica y mañana se me habrá pasado". Prometió.

"Si necesitas algo, llámame". Acarició su mejilla suavemente.

"Lo haré". Le sonrió para tranquilizarle. Correspondió al tierno beso que él le dejó y antes de que se separara de ella, le agarró la mano con dulzura. "Gracias. Por todo lo de hoy, por lo de todos los días". Agradeció con emoción.

Rick negó ligeramente con una pequeña sonrisa. "No, Kate. Gracias a ti. Lo que has hecho hoy… me ha llegado, mucho…". Le recolocó un mechón de pelo pasándoselo por detrás de la oreja.

"Y a mí…". Sonrió mordiéndose el labio. "Me ha venido muy bien hacerlo. Y sin ti no habría podido". Acarició sus labios con el dedo índice.

"Siempre, Kate. Siempre". Besó sus dedos y después sus labios, tiernamente, durante unos segundos.

"Toma". Dijo cogiendo un libro de la estantería que él reconoció como uno de sus primeros libros.

"¿Mi libro?". Preguntó él sorprendido.

"El que me firmaste hace años. Quiero que leas la dedicatoria que me pusiste y así entenderás lo feliz que me hiciste durante unos días, pese al mal momento que yo estaba pasando". Explicó ofreciéndoselo.

"Gracias". Lo tomó entre sus manos.

Kate simplemente le sonrió con ternura.

Se despidieron de nuevo en la puerta quedando la detective sola en casa para poner la mesa para ella y su padre. Veinte minutos después, el timbre sonó y Kate se apresuró a abrir la puerta encontrándose a su padre con un ramo de flores blancas iguales a las que había en la tumba de su madre.

"Papá…". Susurró conmovida por aquel detalle. "¿Y esto?".

"Sé que a ti también te gustaban y… ¿por qué no iba a traértelas?". Sonrió con cariño a su hija.

"Gracias…". Se mordió el labio para no empezar a llorar tan rápido, pero no pudo evitar que un par de lágrimas se deslizaran por su mejilla. Le cogió el ramo de flores, lo colocó en un jarrón con agua y se abrazó con fuerza a él. "Gracias, papá".

"De nada, hija". Besó su pelo con ternura.

"¿Tienes hambre?". Preguntó después de separarse del abrazo.

"Sí, y más oliendo lo que has preparado. ¿Es pasta al pesto?". Preguntó con sorpresa.

"Uhum". Corroboró asintiendo con una pequeña sonrisa.

Se sentaron a la mesa y empezaron a degustar la cena hablando de cosas de sus trabajos al principio y después recordando a Johanna y comentando lo que ambos la echaban de menos.

"Hija, esto está delicioso. Te felicito". Dijo llevándose el último tenedor a la boca.

"Gracias. He tenido ayuda para cocinarlo". Confesó sonrojándose un poco.

Jim alzó la cabeza para mirarla, sin sorpresa, lo que le hizo sospechar a Beckett que él tenía muy claro de quién estaba hablando. "Supongo que esa misa persona es la que te está ayudando a cambiar poco a poco y… a hacerte feliz". Aseguró casi más que preguntar.

"Sí…". Confesó mordiéndose el labio.

"¿Castle?". Preguntó a sabiendas de que así sería.

Cogió aire y agarró una de las manos de su padre por encima de la mesa. "Sí, papá. Estamos juntos".

Jim sonrió a su hija con sinceridad. "Me alegro muchísimo, cariño. Te hacía mucha falta alguien como él en tu vida".

"No. Simplemente me hacía falta él. No alguien como él". Confesó mordiéndose el labio.

"¡Wow! Eso es toda una declaración de amor por parte de mi hija. Sí que te está cambiando ese hombre". Bromeó consiguiendo sacarle una bonita sonrisa.

"No sabes cuánto, papá". Se sonrojó ligeramente.

"Me alegro, mucho. Es un buen hombre". Apretó la mano de su hija con cariño.

"Sí que lo es…".

Kate le fue contando un poco cómo había empezado todo entre ellos en los últimos meses y cómo él le estaba ayudando no a olvidar a su madre pero sí a ir pasando página poco a poco, con los recuerdos de ella siempre presentes.

Al final de la noche, se despidieron con un sentido abrazo y un "gracias" por parte de ambos.

Después de recoger todo y antes de acostarse, llamó a Castle para darle las buenas noches y contarle lo bien que le había venido ese rato charlando con su padre. También le dijo que él ya sabía lo que había entre ellos y que se había alegrado mucho, a lo que el escritor respiró aliviado.


Y... hasta aquí por hoy! :) Espero que os haya gustado tanto como a mí escribirlo!

Me contáis, por favor!

Hasta el siguiente!