Fairy tail y sus personajes no me pertenecen.

Advertencia! +18


Sin caer en el Amor


"Que la persona que te hace llorar de risa hasta que duela, sea la misma que te hace gritar en la cama hasta quedarte afónica."


Veintiséis

Un mes después…

—Aun no entiendo que es lo que hace ella aquí…

—Ya te lo dije, es mi pareja.

—Creí que te tomabas muy en serio tu trabajo.

Brandish se cruzó de brazos haciendo resaltar sus grandes pechos y me miró fijamente, como si quisiera fulminarme y eliminarme de la tierra.

—Vas a decirme, Gray, que tú estás aquí por el trabajo ¿verdad? ¡Oh no espera! No es trabajo, es aquella mocosa que te abandonó en Japón, ¿cierto?

—No es tema tuyo.

—Tampoco es tema tuyo lo que hace mi pareja aquí, no va a interferir en cosas de la empresa puedes quedarte tranquilo con eso.

Di una última mirada a la rubia, ella ni siquiera me miraba, es como si yo no estuviera ahí. Bueno, genial, tampoco quería soportar a Brandish todo el tiempo. Habíamos aprendido a llevarnos bien, éramos un buen equipo pero su humor a veces me sacaba completamente de quicio. ¡La maldita estaba loca!

La habitación de hotel era tan grande, diablos, no creía merecerme todo eso. Era como en las películas, y la vista, ¡dios santo! La vista. Siendo casi hora del almuerzo y todo lo que implicaba el maldito cambio de horario dejé la maleta sobre la cama para ordenarla después de comer. Al cliente lo veríamos recién al día siguiente asi que el primer día era de relajación y… Momento de investigación pero más tarde, más tarde.

Dimaria, la pareja de mi compañera, golpeó mi puerta para avisarme que bajarían a comer. Era genial el menú del restaurant, imposible que no se me hiciera agua la boca. Entre los tres pedimos gran cantidad de comida, es que … Las mujeres, por raro que sonora, comían mucho. No hablamos de trabajo, el ambiente era demasiado bueno, no dejaba de sorprenderme cada vez que veía como Brandish trataba a su novia, como si quisiera satisfacerla hasta en el mínimo detalle. Era algo hermoso el amor e increíble en como cambiaba a las personas.

Después del almuerzo volví a la habitación, mi maleta seguía sobre la cama y tenía que acomodar todo, así que me tome mi tiempo en acomodar cada prenda. Estaba en ello cuando mi móvil sonó.

—Erza, ¿qué tal?

—Todo muy bien por aquí, Gray. ¿Qué tal tu vuelo? —Erza sonaba alegre. Seguramente sus temas sentimentales andaban muy bien.

—Bien, no se ha caído. —Dije en chiste y reí. A Scarlet no le pareció gracioso.

—Tus bromas de mal gusto me caen tan mal… ¿Cuánto tiempo te quedaras?

—Por ahora es solo una semana si los negocios salen todo bien. —Resumí, detalles sin importancia no iban al caso en esa llamada.

—Saldrá todo bien. ¿Ya has conseguido saber dónde está ella?

—No, no aún. —Hice silencio. — ¿Debería llamarla? —Dudé.

—Sería lo mejor. No te vuelvas loco…

—Ella no se ha comunicado conmigo en todo este tiempo…—Murmuré con tono amargo. El saber que Juvia se podría estar olvidando de mí era una clase de karma que me pesaba día a día.

—Es común que sientas miedo, en su momento lastimaste mucho a la muchacha. —Escuche un suspiro del otro lado de la línea. —Pero Juvia te amaba y supongo que aún lo hace, el amor verdadero no desaparece de un día al otro, es más, a veces nunca lo hace. Siempre se mantiene el recuerdo de cuánto amamos a alguien. El amor es cosa de todos los días, Gray. Es demostrar todos los días cuanto amamos a esa persona, cuanto la queremos en nuestras vidas. Tu estas ahí para demostrarlo, ¿no es así? No falles.

—No lo haré. —Sonreí. Erza siempre dice lo que necesito oír.

—Sé feliz.

Me deje caer en la cama cuando tuve todo en orden, mi cabeza dolía y mi cuerpo pedía a gritos descansar. Los viajes eran tan agotadores… Por más que intentara disfrutarlo mi mente en seguida me recordaba que aquello era por trabajo, y a la mierda, mi felicidad se iba por un caño.

Me senté de golpe, ¡debía haber algo en el hotel que pudiera hacer! No podía quedarme encerrado en la habitación viendo la televisión. Puse la notebook sobre mis piernas y abrí la página del hotel. ¡Bingo! Había una piscina cubierta. Eso era bueno. Y hasta una sala de entretenimientos… Y shows en la noche. Genial… No sabia de estas cosas. Maldita Brandish. Ella quería que me quedara encerrado en la habitación.

Quería ir a la piscina, ¿lo malo? No tenía bañador. Dejó la notebook a un lado y llamé a recepción, iba a averiguar en todo caso si los vendían, y para mi suerte, sí, si lo hacían.

Mis ojos se abrieron con sorpresa y una sonrisa traviesa se dibujó en mi rostro cuando llame al ascensor y del mismo bajó mi compañera con su pareja envueltas en batas de baño.

—¿Vienen de la piscina?

Brandish pareció contenta de verme, cosa que no pase por alto.

—Así es. ¿Adivina qué? —Dijo, colgándose de mi cuello, logrando mojar mi camisa con el pelo verde. Dimaria inexpresiva como siempre ni siquiera hizo un gesto con el accionar de su novia.

—¿Qué?

—Me acabo de cruzar con el hijo del cliente y su novia.

—¿En serio? —Alcé una ceja. —¿Están en el hotel?

—Así es. Demasiada casualidad, ¿no crees? A nuestro favor, obvio. Estaba en la piscina pero ya se iba así que no creo que te lo cruces o algo. Lástima… O mejor.

—Sí, la verdad que si.

—Es muy simpático, al parecer es él con quien tendremos la reunión mañana, hasta ahora hemos hablado con un tercero. Bueno, yo, ya que tú… —Dijo mirándome de arriba abajo. Carraspeé sintiéndome ofendido. — Bueno, en fin, le dije que el hijo del jefe también estaba aquí. Arreglé una cena para todos. Nuestro contrato está hecho.

—¿Una cena? No puedo, tenía planes para esta noche.

La cara de Brandish cambió totalmente, me asusté cuando me agarro de la camisa con fuerza. —Mira cretino, me importa un pepino, vas a ir a cenar, vas a sonreír toda la noche y de ser necesario te harás amigo de ese niñito rico para que podamos cerrar el trato. ¿Entendido?

—Sí señora… —Tragué saliva. Bien, yo tenía carácter pero ella, ella se iba al demonio.

—Perfecto…—Me soltó. —Amor, ¿vamos? Necesito un masaje, me tensé por un momento… —Le comentó a la rubia con una voz muy melosa.

Subí al ascensor antes que esa loca volviera a agarrarme. Bueno, supongo que podía esperar un día más para tratar de localizar a Juvia. Un día más… Solo un día más.

Saludé con un gesto amable a la chica de recepción, noté en seguida el tono de sus mejillas y sus movimientos torpes cuando me atendió. Hubiera sido un ligue fácil, demasiado fácil pero… Hace tiempo que había dejado de mirar a otras mujeres.

Como me sentía un poco perdido le pedí si podía guiarme hasta la piscina, con mucha amabilidad lo hizo, me comentó que los cambiadores eran mixtos así que por favor tuviera cuidado. Claro, claro. De todas formas no había mucha gente… Le agradecí, tomé una bata y camine hasta uno de los pasillos donde estaban los cambiadores, escuché dos voces. Gente… Me metí en el primer cambiador que encontré.

—Te esperaré en la habitación. —No me sorprendí de escuchar a alguien japonés en el hotel. De hecho, había muchos.

Una voz femenina comenzó a cantar junto con el sonido de la ducha, era una voz tan dulce y familiar. Seguramente mi cabeza me estaba jugando una mala pasada. Solía hacerlo…

Procedí a quitarme la ropa, colgué la camisa y doblé los pantalones para dejarlos allí. Estaba por salir con el bañador y la bata cuando un golpe fuerte resonó en todo el lugar. Me apresuré a caminar hasta las duchas.

— ¿Te caíste? ¿Estás bien?

— ¡S-sí! —Respondió una voz quebrada.

— ¿Quieres qué te ayude? —Pregunté con temor a seguir avanzando entre las duchas y empeorar las cosas. — ¿Estas vestida? Puedo llamar a alguien si…

— ¡No, p-por favor no!

Esa voz…

Tomando valor de vaya a saber dónde di un paso adelante.

— ¿Te lastimaste? Puedo ayudarte.

—Su pie. —Dijo muy bajito. Mi corazón se detuvo un instante. Mi mente se puso en blanco y mi cuerpo completo comenzó a temblar. Esa voz… Su voz.

No podría olvidarme de su voz aunque perdiera la memoria. No estaba volviéndome loco, ¿verdad? Era su voz. SU voz.

Mi cuerpo apenas me obedecía. Tomé aire, como si en ese momento me costara respirar, como si todo el aire que pudiera tomar no fuera suficiente.

—Juvia…—Murmuré. Ella no me escuchó. Avancé hasta dar con la ducha de la que aun caía agua. Tan solo una cortina me separaba de verla. Y quería verla. Para eso había viajado, para eso estaba allí. — ¿Estas bien? —Mi voz apenas salió. Extendí mi mano sin poder seguir conteniéndome, corrí la cortina.

Pude ver su espalda, su cabello mojado hasta la cintura, llevaba puesto su traje de baño y se volteó asustada cuando notó que estaba ahí.

Mis labios se sentían secos y las ganas de abrazarla recorrieron todo mi cuerpo.

—¿Gray-sama?

—Juvia…

Mi mano se alzó tocando su mejilla. Primero con duda, con temor. Como si temiera que al llegar no fuera real. Era ella, era real. No era un sueño, no era una pesadilla. Ella cerró los ojos como si disfrutara del contacto tanto como yo. Demonios, la había extrañado tanto. Estaba tan hermosa, más hermosa que nunca.

—Eres tú. —No podía creer que la tuviera frente a mí, que había podido encontrarla tan rápido.

—Gray-sama… —Ella rodeó mi cintura con sus brazos. Se sentía tan bien, tan bien tenerla cerca. —Juvia lo ha extrañado tanto.

Mi mano le levantó el mentón y mis labios buscaron los suyos. Besarla, necesitaba besarla. Fue un beso tan intenso, es como si los dos lucháramos por tener el control, el roce de su lengua y el de su cuerpo mojado junto con el mío.

—Te he extrañado tanto. —Murmuré sobre sus labios con voz ronca mientras mis manos se afirmaban a su cintura, choqué contra ella en una de las paredes de la ducha, el agua tibia caía sobre nosotros pero eso no impedía que siguiera besándola. Mordió mi labio inferior y suspiré lleno de placer sobre su boca, no dejaba de rozar su cuerpo contra el mío, me estaba volviendo loco en ese momento. —Demonios, Juvia.

¿Qué mejor reencuentro podíamos tener?

Desaté el nudo de su sostén dejándolo caer, como había extrañado su piel pálida, mi boca dejó sus labios para bajar por la línea de su cuello enrojeciendo con cada chupetón, su piel era tan delicada. Juvia enredó sus dedos en mi pelo negro y me guio hacia abajo, besé sus clavículas, mordí su hombro y me hizo llegar a sus pechos mientras alzaba su rodilla generando cierto rocé torpe con mi entrepierna. Ahg.

Podía sentir su aroma entre sus pechos y mis manos que estaban en su cintura subieron para apretarlos a gustos, nunca había tocado pechos más suaves y perfectos. Sus pezones endurecieron ante el tacto y disfrute de saborearlos dentro de mi boca. Entonces gimió mi nombre y fue una punzada directa al bulto que tenía entre las piernas.

Ella tiró de mi pelo alejándome de su cuerpo y me sorprendí cuando mordió suavemente mi nuez de Adán, entonces su lengua recorrió mi cuello, sus ojos azules me miraban tan deseosos, con tanto… Amor. Demonios, ella era la única mujer que me hacía sentir tantas cosas.

—Juvia…—Puse mis manos en su trasero y la atraje hacia mí. Sabía que podía sentir cuanto la estaba deseando en ese preciso instante. —Te amo.

Sus labios se curvaron en una sonrisa, es como si ella estuviera necesitando que le dijera eso. —Juvia también lo ama, Gray.

Y yo estaba necesitando que me dijera eso. Que todavía me amaba.

Nuestras últimas prendas tocaron el piso y pude deleitarme con su cuerpo desnudo una vez más.

—Eres tan hermosa… —Murmuré sobre su oído mientras mi mano recorría desde sus pechos hasta su monte de Venus. Mis dedos buscaron su clítoris suavemente y allí se movieron para estimular. —Tan, tan hermosa…—Dije al notar lo mojada que ya estaba. Juvia jadeo, retorciéndose y agarrando con fuerza mis brazos para que sus piernas no le fallaran. —Te deseo tanto, Juvia. —Mi voz salía cada vez más ronca y es que sus piernas cada vez se abrían más y más. —Ven nena, te necesito.

—Uhn. Gray… —Ella volteó, se puso de puntitas de pie. Me dio su mejor visión de su hermoso trasero, reprimí el impulso de pasar mi lengua pero en otra ocasión no lo haría. Moví mi miembro cerca de su entrada y la escuche jadear mientras me aguantaba las ganas de entrar de golpe. Fui gentil, como a ella le gustaba, como ambos disfrutábamos, sus paredes apretaban tanto, seguía tan estrecha como recordaba, y la sensación de moverme dentro y la visión de sus pechos sacudiéndose al vaivén de mis caderas. Iba a venirme en seguida si no me concentraba.

Cuando estábamos llegando al climax me abracé a ella por la espalda. El grito que pegó en mi honor salió junto a un ronco gemido mío. Besé su espalda y la ayude a darse vuelta, había sido el mejor orgasmo desde hace mucho tiempo.

—Juvia te ha extrañado muchísimo.

Volvimos a besarnos bajo la ducha.

La volví a ver en el bar minutos más tarde. Vestía un hermoso vestido azul que le quedaba arriba de las rodillas y lucía sus largas piernas cruzadas sentada en la barra. Me acerqué a ella rodeando su cintura con mi brazo y dándole un beso en la mejilla. Juvia sonrojó y le sonreí.

—Hola mi amor.

—Gray…—Me devolvió la sonrisa.

—Supongo nos debemos una charla. ¿Qué haces aquí? En el hotel…Claro.

—Lo que Juvia dijo que haría en Estados Unidos.

— ¿El negocio de tu padre? —Ella asintió. — ¿Y usted?

—Vine a buscarte. —Juvia pareció sorprendida. — Es una historia larga pero te lo resumiré en que Zero tiene mucho que ver.

Miré la hora, no había quedado en una hora en particular con Brandish pero más me valía hacerle caso.

Le pedí birome y un papel al barman, anoté mi móvil y el número de habitación. —Toma, tengo que irme ahora por un asunto importante pero llámame más tarde. Nos veremos. Quiero estar contigo, quiero que sigamos hablando… —Volví a besarla, sus labios eran adictivos. —Te amo. —Beso. —Te amo tanto. —Beso, beso. — ¿Me vas a llamar?

—Sí…—La besé. —Juvia lo llamará.

Fuimos hasta el ascensor y volví a besarla hasta que bajó en el tercer piso. Le guiñé el ojo y ella negó suavemente con la cabeza.

Me baje en el quinto, Brandish y Dimaria estaban vestidas elegantemente paradas en la puerta de mi habitación. Me comí un reproche bastante largo, tuve que cambiarme en menos de diez minutos para dejarlas conforme, no íbamos atrasados con la cena pero ellas querían estar cuanto antes allí.

"Sería descortés llegar tarde" y blablablabla.

Daba igual, demasiado feliz como para pensar en negocios. El crédito al fin y al cabo era de Brandish.

Vaya, hasta había reservado una mesa apartada en el restaurant.

—Te pasaste…—Le murmuré a mi compañera. Ella sonrojó aceptando mi halago.

Nos sentamos a esperar, Dimaria me pegó un codazo cuando comencé a ojear la carta. Bien, bien, iba a esperar a los invitados.

Brandish se rió.

—¿Desde cuándo te dedicas a los negocios, profesor? —Vi a las mujeres que me acompañaban mirar hacia atrás, me giré y mi cara de desprecio apareció enseguida.

—¿Disculpa? ¿Qué demonios haces tu aquí? —No fue hasta después de mi pregunta que noté a Juvia atrás de Lyon con muy mala cara.

—¿Qué te pasa, Gray?! —Me gritó Brandish. —No le hables así.

—Pero si es un estúpido. —Señalé. Me sentía confundido al ver que Brandish miraba con cierta desesperación al albino y a mí. —¿Se conocen?

—Es el hijo del cliente. —Dijo entre dientes mi compañera.

—Encantado. —Respondió Lyon, sonriendo falsamente. —Y ella es mi novia. —Agregó, dándole la mano a Juvia y haciéndose a un costado.

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Continuará.


Buenas!

Espero les haya gustado el capítulo, como siempre quiero agradecer a todos los que leen y siguen mi fic con tanto cariño.

Por cierto, me he creado el Facebook para que estemos en contacto me pueden buscar como "Sugar Scarlet", y eso. Sin más que decir(?) Besos a Lymar y a Lia que no voy a poder responder sus reviews por privado. Gracias por seguir leyendo.

Que terminen excelente la semana.

Sugar.