Bueno, aquí el capítulo, les informo que es muy probable que quede otro o quizás dos. Pero ya está por acabar; si los consuela, tengo preparado hacer un oneshot basado en esta historia y un lindo poema de Emilie Autumn. Saludos y buenas vibras. Aidan.

Abro los ojos y miro la hora en mi celular, son las siete de la mañana y afuera el sol brilla con ganas, hago un sonido de descontento, sé que hay mucho por ver, pero no logro encontrar las fuerzas para levantarme de la cama; podría dormir todo el día y ver algo en la televisión, algunos canales están en inglés con subtítulos en francés; pero si he venido a París no es para estar metida en la habitación del hotel.

Tengo que encontrar las ganas para poner un pie fuera del colchón y luego el otro, darme una ducha, desayunar algo ligero en el restaurante y luego echar a andar.

Apenas me siento –con la espalda encorvada y la cabeza gacha- me dan ganas de llorar, creo que no fue buena idea haber venido a París, tomar este viaje que estaba pensado para compartir con Marley en un signo de nuestro compromiso y amor. Pero es evidente que en esa relación la única que tuvo ambos, fui yo.

Paso de la tristeza al coraje; me he preguntado tantas veces cómo pudo hacerme eso, cómo pudo destrozarme del modo en el que lo hizo si mis intenciones con ella siempre fueron las mejores, si le había entregado como a nadie todo lo que yo era.

Es verdad que dudé en el compromiso, que algo dentro de mí me decía que quizás no era la correcta, pero eso no quiere decir que no la hubiera amado. Y sí, lo digo en tiempo pasado porque ahora, en estos momentos dudo mucho que lo que siento por ella sea parecido a aquello.

De cierto modo estoy agradecida de que se hubiera terminado; existen momentos en ciertas relaciones donde, por mucho que se quiera a la persona, llega esa pregunta que yace en el fondo de tu mente y de repente sale a flote para llenarte de duda: ¿Es la persona con la que quiero pasar el resto de mis días?

Sabía que algo estaba pasando, sólo no sabía qué era en realidad ni con quién. Creo que de todas las formas posibles de romperme, de herirme… esa era la peor.

Con furia me limpio el par de lagrimas que han rodado por mis mejillas; no es justo que llore, ni por ella ni por mí, no puedo pasar el resto de mi estancia sintiéndome mal por algo que ha hecho ella, yo di todo lo que estaba en mis manos, no fui perfecta, pero me esforcé como nunca. Si esto se fue al carajo fue porque a Marley no le interesó y si no lo hizo, entonces no tiene caso que me aferre a una persona que no valora lo que realmente importa: yo. Yo importo sobre todas las cosas y personas. Y yo debo importarme, yo soy mi prioridad.

Así pues, diciéndome que merezco algo mejor, me levanto y camino al baño, dándome el lujo de llenar la tina y descansar ahí hasta que se me arruguen los dedos. Voy a mimarme, voy a decirme que nada de lo sucedido ha sido mi culpa; soy joven, talentosa y si bien no la mujer más hermosa, he tenido el privilegio de tener a dos o tres… quizás más personas babeando por mí, me he dado el lujo de escoger con quién estar y con quién no.

No soy la mujer fea y sin sabor que me creí cuando la encontré con Becca; Becca, la chica rubia de ojos de color verde, de labios lindos y piel tersa, nariz promedio. Es probable que su belleza sea mucho más atractiva que la mía, que sea el tipo de muchas mujeres y de muchos hombres. Pero, siempre he tenido la idea de que la belleza es relativa y habrá quien me pueda escoger por encima de ella, quien me vea mucho más linda y atractiva.

Evidentemente mi ex no está dentro de esa lista y ni modo.

Lo que pesa son los planes no cumplidos, lo que atormenta siempre y a todos, es aquello que no fue ni será. Sufrimos mucho por cosas que jamás van a pasar, esa es la maldición del ser humano y se requiere de mucho lavado mental para hacerse de valor y apreciar el presente en lugar de llorar por el pasado y sufrir o temer por el futuro.

Cuando reviso el celular tengo dos llamadas perdidas de Marley, me late rápido el corazón y siento la urgencia de llamarla; siempre siento esta urgencia de llamarla de vuelta cuando su nombre deja de aparecer en mi pantalla y me muestra 'llamada perdida'. Tengo el impulso estúpido de marcarle y decirle que puede que tenga las ganas de darle una segunda oportunidad.

Pero, también siempre, después de esa urgencia me viene el valor y el amor propio y me digo que quien necesita una segunda oportunidad soy yo, para reencontrarse consigo y disfrutarse. Así que vuelvo a ignorar el celular y voy hacia el clóset para sacarme la ropa que usaré para mi caminata del día de hoy.

He marcado en mi itinerario visitar el Louvre, me dedicaré a eso en específico, ya que las filas son enormes y es casi seguro que tarde horas en poder entrar y otras tantas en pasearme por su sin fin de corredores llenos de arte.

Hace buen clima y aspiro profundamente el aire que me hace tanto bien. De pronto me sentía atrapada y asfixiada en la habitación. Camino pues, deteniéndome para comprarme un panecillo y luego siguiendo sin detenerme hasta estar ya en la fila kilométrica que hay para entrar al museo.

Se me pasa medio día dentro y cuando salgo me doy cuenta del hambre que tengo; busco un restaurante que me apetezca por su aspecto y por su olor y doy con uno a unas cuatro cuadras, tiene las paredes pintadas de color aguamarina con molduras de madera oscura. Distingo varios olores, pasta, papas y carne de cerdo. Es pequeño, tiene cuatro cubículos en la pared izquierda y en la derecha -y en el centro- seis mesas para cuatro. Al fondo hay una barra para ensaladas y postres.

Hace frío dentro, el aire acondicionado está bastante alto y siento que se me eriza la piel, me dan ganas de abrazarme y sobarme para entrar en calor.

El mesero me pregunta en inglés atropellado si espero a alguien más y le niego con la cabeza. Me lleva hacia la tercera mesa de cuatro sillas y me pone la servilleta sobre las piernas, me entrega la carta y se marcha después de decirme que en unos minutos vuelve para tomar mi orden.

No es un restaurante de comida francesa, puedo incluso encontrar pastas servidas estilo italiano y cremas de hongos y mariscos. Decido que me apetecen los ravioles rellenos de camarón y como plato fuerte una tilapia con verduras al vapor y una porción de espárragos.

Cuando toma mi orden me llena la copa más grande de agua y no es sino hasta entonces que veo la sed que tengo; sin embargo espero, le digo lo qué me apetece y me señala que soy libre de servirme al gusto la ensalada y el postre. Cuando se retira por fin me acabo media copa de agua y voy hacia el frente para prepararme algo.

Como sin prisa, disfrutando cada bocado, pensando en esto y aquello, preguntándome a dónde ir después de aquí; hay tanto por ver y por hacer que no me va a alcanzar el tiempo, los días se me irán volando y querré regresar una y mil veces para saciarme de las calles de París, de la magia que me ofrece cada uno de sus rincones.

Hay algo familiar en esta ciudad; desde que salí a caminar, algo me llena de nostalgia y contento, no sé qué es, pero es como si hubiera estado ya aquí aunque nunca en la vida había venido. Hay lugares que me llenan de algo que no sé describir, como si pudiera atinar incluso antes de entrar, lo que habrá dentro.

Siempre he creído que mi sexto sentido es elevado, muy por encima del promedio, pero esto rebasa mi comprensión. Lo extraño, no, lo más extraño de todo el asunto es que, siento que no lo hice sola, y que alguien muy especial estuvo siempre a mi lado. A veces se me presenta como en premonición, como en flashback más bien, pero no tiene rostro, sin embargo la paz que me transmite es casi real, de pronto siento que fuera como un fantasma que se esconde detrás de mí, no puedo verle, pero siento un calor raro, una energía.

Como si estuviera entre dos tiempos. Quizás haya estado aquí en otra vida con alguien muy especial, una hermana o una mejor amiga, pero, por todo lo que siento cuando me vienen estos déjà vu's es más bien que creo que era ambas y también mi amor y mi amante.

Ojalá la encuentre algún día, me digo de vez en cuando, sobre todo cuando es más fuerte todo lo que siento; a veces una vez por día, otras veces hasta cinco o seis. Y, lo más curioso es que me ha pasado desde que llegué, como si estuviera topándome con energías residuales aquí y allá.

He caminado tanto, me siento cansada ahora que el día está por terminarse, el sol se oculta rápidamente en el horizonte y me dan ganas de sentarme a las afueras de un cafecito para descansar y leer una hora o quizás un poco más. Buscaré alguno que quede cerca del río y me relajaré.

Pero paso por afuera de un teatro y siento eso de lo que acabo de hablar, una especia de imán que me lleva hacia adentro; a esta hora no hay función y está abierto sólo hasta el vestíbulo y la taquilla, tiene alfombra color rojo y las paredes tienen un hermoso tapiz color mostaza, pareciera que no hemos cambiado de siglo, es más, pareciera que seguimos en la Belle Epoque; me emociona estar aquí adentro, hay algo en mi interior que reconozco como contento, sin embargo no sé por qué ni a qué se debe. En las paredes hay varias fotografías, todas acomodadas cuidadosamente y debajo de ellas, una nota con el nombre del artista, no puede faltar Edith Piaf, ni Marlene Dietrich, Charles Trenet, ¡ah! Billy Holliday.

Camino una por una viendo rostros y nombres, voy hacia la otra pared, hay una chica rubia que no me deja pasar así que hago por ver por encima de su hombro… me quedo petrificada y creo que suelto un suspiro de sorpresa o digo algo porque ella voltea a verme y se hace a un lado pero yo no puedo quitar los ojos de la fotografía, es…

… es como si estuviera yo ahí, sólo que con otra ropa, con el cabello menos largo, sin teñir, no leo ni siquiera el nombre, estoy impresionada, es como un espejo, tengo que tocarla, me cubro la boca y tengo los ojos como platos, el corazón me late fuertemente. No, no hay palabras para describir lo que siento.

-¿Barbra?- Alguien dice mi nombre y volteo, aún más sorprendida de que esta mujer que tengo enfrente, de profundos ojos verdes y cabello desaliñado sepa mi nombre.
-¿Te conozco?- Es lo que puedo decir, porque sé que la conozco aunque estoy segura que nunca en la vida la había visto.

Pero ¿Por qué siento que la conozco? ¿Por qué tengo esta necesidad de acercarme a ella y tocarle el rostro?

-No…- Me contesta apenas, como si la voz se le escapara.
-Me llamaste por mi nombre-.
-Ella, es Barbra- Me apunta con el dedo índice hacia la fotografía y volteo a ver la etiqueta con su nombre. Rachel Barbra Berry.

Todo esto parece un sueño. Siento un cosquilleo dentro del cuerpo, pero no en un área en particular, es como si mi alma estuviera cargada de electricidad.

-¿En serio no te conozco?- Vuelvo a preguntar cuando mis ojos se posan de nuevo en ella; es tan… tan hermosa. Trago saliva.
-No, pero quizás en otra vida lo hicimos- Entonces todo sucede en automático, compartimos otro puñado de enunciados y siento que voy a perder el conocimiento, siento que voy a desmayarme justo en este instante.

Me toma de la mano y del codo y me lleva consigo hacia una de las bancas, me ofrece agua y bebo mientras me siguen temblando las manos, siento que todo mi cuerpo está siendo invadido por un terremoto.

Tenemos una conversación pequeña y cuando me dice su nombre algo dentro de mí se despierta, pero ¿qué?

Me mira de una forma increíble y apuesto a que yo la veo de la misma forma. Cuando me pregunta a qué me dedico le miento, porque caigo en cuenta que no la conozco y me parece de sospechar la amabilidad y el interés que tiene para conmigo, debí decirle la verdad, decirle que estoy estudiando teatro y canto, pero por precaución no lo hice.

Al instante me siento culpable.

Me derrito con su sonrisa. Con la forma como me mira, con el calor que despide su cuerpo, su voz. ¡Qué voz!

La magia se rompe cuando le suena el celular y atino a que la están esperando, me invita, pero tengo que declinar porque repito, no la conozco y aunque fuera de fiar, no me parece correcto que llegue con una extraña a casa de sus amigas. Nos conocemos de hace cinco minutos, me sería totalmente incómodo.

Así que se lo digo, pero antes de que se vaya, me giro a mi mochila y saco pluma y papel, entregándole en él mi número de celular. Hubiera sido mejor sacar el mío y preguntar por el suyo, pero, por curioso que parezca, aún me gusta mandar cartas por servicio postal y dar las cosas escritas.

Lo toma con esperanza y la sonrisa se le hace más amplia, me sonríe con los labios, pero me sonríe mucho más con la mirada, y ahí siento que la conozco de toda la vida, como que desde tiempos remotos me ha sonreído así.

Se despide de mí y la veo marcharse con la promesa de que me llamará. Le creo, le creo tanto que me asusta el modo en el que puedo contarte todo de ella y sin embargo no saber nada en absoluto.

Me quedo sentada otro tanto, esperando que deje de temblarme el cuerpo, que mi corazón se regularice y mi mente haga sentido.

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Estoy nerviosa, me siento como una chiquilla, una adolescente que va a tener su primera cita.

El día está caluroso, pero no me importa y me visto de negro, sé de buenas fuentes que mi atractivo se realza cuando me visto de ese color. Y lo que quiero es impresionarla, no me pregunten porqué de pronto quiero esforzarme por ella cuando vine a vivir un duelo; creo que ni siquiera yo tengo la respuesta, sólo sé que hay algo en ella que me emociona como nunca, que me motiva.

Cuando me acerco al lugar en el que quedamos de vernos se me acelera el pulso, trae unos jeans con una playera gris sin mangas y unas botas negras más unos lentes de sol que la hacen ver irresistible; trago saliva, no puedo creer la belleza de esta mujer, de Quinn. Quinn, he repetido su nombre miles de veces desde ayer.

Cuando por fin me acerco a ella lo único que puedo decirle es 'hola', no me salen bien las palabras y me extraña que tenga la necesidad, el impulso de abrazarla fuerte y aspirar profundo su perfume.

-Hola- Me dice de vuelta; me mira como me miraba ayer, sólo que un poco distinto, como si ella misma quisiera abrazarme fuerte. La veo suspirar, poner rígidos sus brazos a los costados. Sonrío, me gusta tanto.
-Insisto en que hay algo extrañamente familiar en ti- Entrecierro los ojos, y ella se pone roja.
-Tal vez tengo una cara muy común- Me burlo, qué cosa más absurda, su rostro no es común, su rostro es el de una diosa.
-Jamás, eres la chica más bonita que he visto- Se ruboriza mucho más y no puedo sentir más que otra oleada de ternura, una mujer, ruborizada ante mis cumplidos, pocas veces me ha pasado, menos una mujer tan hermosa como Quinn.
-En eso coincidimos- Sonrío pero agacho la cabeza y me muerdo el labio, pasándome el cabello tras la oreja. También sabe cómo ruborizarme e inhibirme con tres palabras.

Echamos a andar después de otro par de cumplidos, lo hacemos sin rumbo fijo pues ambas acordamos que nos detendremos en los lugares que nos llamen la atención, en eso se parece a mí, así he estado paseando desde que llegué, caminando de aquí para allá y poniendo especial atención a aquellos lugares que me llamen el ojo.

Entonces pasamos por un puente lleno de candados, siento que hubiera estado aquí antes, así como ahora yo voy delante y ella me sigue, con los brazos a la espalda, mirándome tiernamente. Otro déjà vu.

Hay miles de ellos, sellados con la promesa de amor eterno, y entonces me ensombrezco; el amor eterno es una promesa falsa, un sueño, de esos que se esfuman con el viento, el amor eterno es la idea más romántica y por ello absurda. Nada es para siempre.

Me detengo a verlos, sólo para ridiculizarlos, para burlarme de ellos aunque mi rostro esté impasible, por dentro incluso quiero que ninguno de ellos siga enamorado, no los quiero juntos. Pero me pregunto cuántos de ellos sí lo están.

-¿Te imaginas cuántos de ellos seguirán juntos?- Estoy curiosa de su respuesta, ella me dará una pauta para saber si Quinn es una romántica.
-Probablemente ninguno- Asiento, no sé si lo ha dicho porque lo quiere tanto como yo o sólo está bromeando.
-Sí, creo que tienes razón- Se acerca a mí lentamente, pero se detiene a buenos centímetros de mí, aspiro profundo, quiero que esté cerca, que su hombro choque con el mío, la quiero tan cerca de mí.
-En realidad era una broma- La escucho decir; toma uno, roza los nombres con la yema de su dedo pulgar y lo observa.
-Pero hay algo de cierto…- Volteo a verla directamente, estoy ensombrecida -¿Crees que el amor sea eterno?-.
-Creo que el amor se renueva- Lo pienso por unos segundos y suelto un 'Hum'; sí, el amor puede renovarse si ambas partes están dispuestas y trabajan por ello, pero también creo que un amor que se renueva diez veces sólo esconde las fracturas, la estructura ya está dañada, no hay amor que aguante tanto, no sé si creerle, no sé si sirva renovar el amor.

Noto decepción en su mirada mientras me escudriña, no quise sonar tan amargada, pero habrá que entender que no es para menos por todo lo que me ha pasado en los últimos meses.

Caminamos por otro rato y nos sentamos afuera de un cafecito, en unas sillas de mimbre que igual que el teatro, parece que nos transportaran a otra época. Se enciende el segundo o tercer cigarrillo del día y seguimos conversando.

-¿Sabes?- Comienzo a decirle y me pone atención, yo sigo viendo el menú -¿No tuviste una especie de Déja Vu ahora que pasamos por los candados?-.
-Sí- Entonces dejo el menú y volteo a verla, sabía su respuesta incluso antes de que me la dijera.
-Fue como si… como si ya lo hubiera vivido, y tengo la impresión de que fue contigo. Suena loco, pensarás que soy una demente, pero… creo que en alguna otra vida caminé por ahí contigo-. Confieso por fin, esperando que se ría de mí, me mire extraño y luego busque una excusa para largarse de ahí.
-Es muy probable que así haya sido; me gusta que creas en otras vidas- Me relajo en cuanto lo dice y me siento más que contenta
-¿Por qué?- Pregunto. Necesito saberlo.
-Porque yo también lo creo; creo firmemente que las personas nos reencontramos una y otra vez-. ¿Dónde has estado toda mi vida? Me pregunto.
-¿Qué habremos sido en nuestra vida pasada?- Digo por mera curiosidad y ella parece contenta de que lo haya hecho.

Me dice que yo debí de ser una actriz y cantante y por bromear le pregunto que si pudiera ser que hubiera sido como la mujer de la fotografía. Ella lo asegura, lo asegura con tanto fervor que también se lo creo, es más, me dice que pudiera ser su reencarnación, y, por lo que he sentido anoche, estoy casi segura de que así fue.

Me gusta mucho que las dos creamos en la reencarnación.

Hablamos otro tanto, me cuenta que tiene franquicias de restaurantes y deja entrevisto que no se lleva bien con su padre; y entonces es momento de que yo le cuente la verdad, de que le diga a lo que realmente me dedico y, cuando lo hago le brillan los ojos y sonríe, pareciera que le he dado la mejor de las noticas.

Luego entonces confesamos lo nerviosas que estábamos antes de encontrarnos; sí, la verdad es que moría de nervios, sentía que las piernas no me respondían, que la boca se me hacía amarga. Creo que incluso estuve a punto de cancelar, sólo porque no sabía qué hacer ni qué decir, me sentía intimidada incluso estando en la soledad de mi habitación. Pero algo dentro de mí me decía que era obligatorio verla, que era casi necesario para la supervivencia de mi alma. Que Quinn es una de esas oportunidades que no se presentan dos veces en la vida y tienes que aprovecharlas en el instante.

No podía dejarla ir, no quería de hecho. Y heme aquí, conversando de reencarnaciones y dándonos cumplidos, sonrojándonos. De verdad ¿Dónde ha estado toda mi vida?

Pero ¿Cómo saber si es a quien esperas? ¿Cómo saber que no lo confundes con simple química?

-¿Cómo sabes quién es el amor de tu vida?- También tengo curiosidad por saber qué va a responder a esto.

Hasta ahora todo lo que ha dicho ha sido correcto, como si leyera mi mente, como si fuera una sola con la mía; no, es más bien como si me conociera, como si atinara a todo lo que creo porque me conoce como la palma de su mano.

-Reconocer al amor de tu vida es… mágico, lo sabes a la primera, cuando la ves, porque con verla lo sientes; no sabes nada de ella y sin embargo lo sabes todo, no puedes quitarle los ojos de encima y si corres con la suerte de estar casi a su lado, puedes sentir cómo la energía fluye entre las dos, sus almas son magnetos atrayéndose irremediablemente. No sé, sólo así, lo sabes y punto- Guardo silencio, apenas y recuerdo cómo parpadear. Quinn es peligrosa, puedo enamorarme de ella, eso si no es que ya lo estoy un poco. Pero…
-¿Cómo sabes que no es mera atracción, una química cerebral haciendo de las suyas y nublándote el juicio?- Digo.
-No me gusta pensar en eso, creo el cosmos te pone a la persona correcta en el momento correcto y ya. Te da una patada y te despierta ¿Nunca has sentido eso? ¿Que al ver a alguien, en ese preciso momento simplemente te sientes como te has sentido nunca? Confiada, cómoda, entendida, protegida… sostenida; completa, así, simplemente, completa- No digo nada, la miro fijamente ¿Es posible que ella sea esa persona que el cosmos me ha puesto en el momento correcto en el lugar correcto, tal y como dice? ¿Tendría tanta suerte de haberla encontrado ahora que pierdo la fe en el amor?

No lo sé, así que contesto cualquier cosa que al parecer ni yo creo, pero que suena tan convincente que se recarga por completo en su respaldo y me pregunta si siempre he pensado así. Es obvio que no y se lo digo, y comprende que lo que sucede es que tengo el corazón herido.

Sí, es por eso que creo que el amor hasta cierto punto es una pérdida de tiempo y de esfuerzo, pero luego al verla, al tenerla frente a mí con sus ojos sobre los míos, algo muy en el fondo de mi ser me dice que no es verdad lo que digo y que con ella podría vivir hasta el final de los tiempos.

No sé bien de dónde viene ese mensaje, pero lo hago a un lado porque no hace sentido. Así que mejor cambiamos de tema.

Luego entonces una mujer se nos acerca y nos habla de una estancia lejos de la ciudad visitando una campiña y sus viñedos. Quinn se nota entusiasmada en cuanto mira la estructura; me maravilla tanto cómo con cada cosa que ve o escucha se le ilumina la cara, como que experimentara cada cosa por primera vez. Es tan extraordinaria que sigo sorprendida de que esté soltera y más aún, de que esté compartiendo su tiempo conmigo.

No me da tiempo de nada cuando reserva una habitación para mí y cierra el trato, luego me dice que yo también voy pero le respondo que no quiero incomodar a sus amigas. Sin embargo ella pasa por alto mis palabras y tenemos otra conversación en la que le digo lo poco popular que fui cuando era más joven.

Me contesta más cosas y me deja sorprendida con la forma como se expresa, me deja sin palabras, me gusta tanto cómo lo dice que podría escucharla todos los días y por horas.

-¿Dónde estuviste todos estos años?- Ahora lo digo en voz alta, pero he cambiado' toda mi vida', por 'todos estos años' para quitarle impacto. Ella parece palidecer, pero no sé por qué.
-¿Cómo?-.
-Nadie me lo ha dicho tan directo- Todo me lo ha dicho tan directo y acertado que de verdad me deja sin aliento, parece que ha vivido cientos de vidas, que lleva consigo la madurez de un alma vieja.
-Lo que sucede es que mucho tiempo yo misma estuve encaprichada con el pasado, aferrada a él como si fuera mi único tesoro, como si mis recuerdos fueran lo que me mantenían viva, cuando en realidad, vivir en el pasado hace que no vivas en absoluto; me aferré tanto a él que perdí grandes cosas, o eso creo- Hablando del pasado; recuerdo lo que pensé temprano en el día, no vivimos el presente por estar tristes del pasado y temerosos del futuro.
-No es tan fácil dejarlos ir, borrar los planes- Digo, porque eso es lo que más me pesa, los planes no cumplidos.
-¿Sabes cuál es la maravilla de esto?- Me pregunta, y en realidad no sé qué es el 'esto' al que se refiere
-No, dime-.
-Que cada día tenemos la oportunidad de conocer gente que hará de nuestro presente y nuestro futuro algo mucho más placentero que la nostalgia del pasado; de hecho, la nostalgia no tiene nada de placentero, tiene mucho de tristeza-.

Wow; trago saliva y bajo la mirada de nuevo, siento que se me va a escapar la emoción por los ojos, necesito beber algo porque de pronto se me secó la boca, así que me acabo mi copa de vino y me rasco la cabeza a modo de acto reflejo.

-¿Dije algo malo?- Pregunta, le falla la voz, siente que ha matado el momento cuando en realidad lo que siento es que ha venido para sacarme de donde estoy, creo que ella es mi persona correcta del momento correcto. Creo.
-Al contrario, tienes razón- Me sonríe -¿Sabes qué?-.
-Dime-.
-Iré contigo a la campiña, empezaré con aquello de dejar ir las cosas que no me hacen bien; me he encontrado contigo por una razón, presiento que es una muy buena razón. Las circunstancias como nos hemos conocido fueron extrañas, pero por alguna razón sé que fueron las mejores, como debían de pasar- Su sonrisa se hace tan amplia y me hincha el pecho de calor.

El día está por terminar, no puedo creer las horas que he pasado a su lado y cómo se han pasado como segundos, no he sentido el tiempo.

Me asombra cómo me trata, cómo me habla, el entusiasmo que tiene cuando va caminando a mi lado, que me habla de su vida en Nueva York y me hace parte de su futuro incluso si yo no le he dicho aún que sí, lo da todo por sentado, tan segura de todo que incluso me siento segura yo y por un instante vislumbro mi vida con ella, es como… como si fuera mi persona y estoy apenas reconociéndolo.

Que mi mente apenas capta lo que mi alma reconoció desde ayer, en el momento en el que cruzamos miradas.

-…te va a encantar la casa de campo que me ha heredado mi abuelo; cuando estés de vuelta por Nueva York será menester que vayas, no te vas a arrepentir, la playa por lo general es de agua fría y yo no me meto mucho por eso razón y porque temo a los lugares donde no veo el fondo, incluso meterme a donde el agua es cristalina me da pánico, pero estoy segura que encontrarás bastante mágico el lugar- Le brindo una ricilla.
-Suenas muy convencida ¿Sabes? Nunca me había tocado conocer a alguien que fuera así conmigo- Es verdad, nunca, ni Marley.
-¿Así cómo?- Pregunta.
-Tan amable, tan convencida de que me quiere en su vida-.
-Me inspiras algo que no sé describirte- Contengo el aire y mis oídos no creen lo que escuchan –Me siento cómoda contigo-.

Me detengo, necesito verla al rostro, directamente, necesito perderme en sus ojos, incluso creo que quiero besarla, tengo que hacerlo antes de que se acabe la noche y cada una se vaya por su lado. Sí, es probable que Quinn sea mi persona.

-Quizás tú y yo somos de esas almas que deben encontrarse una y otra vez-No sé describir lo que me dicen sus ojos cuando se lo digo, pero en definitiva es una mirada que no le he visto.
-No tengas duda de que lo somos, es más…- Guarda silencio y yo no atino por qué lo ha hecho.
-¿Qué pasa?- Pregunto. Levanta el dedo índice, indicándome que escuche.
-Esa música- Me dice; tiene la mirada perdida, identificando las notas, como si en segundos se fuera a echar a flotar hacia ellas.
-Parece de cabaret- Reconozco las melodías, parecen conocidas, pero no lo son; sin embargo me gustan, quizás yo misma flote del mismo modo hacia donde proviene la música –Es… suena bien-.
-¡Los conozco!- Lo dice como una chiquilla entusiasmada –Ven- Me toma de la mano y me lleva consigo a la otra acera.

Cuando llegamos al otro extremo hace por soltar mi mano, pero yo me detengo ahí, no quiero que me suelte, me siento tan sostenida que podría quedarme colgada de su mano toda la noche.

Conoce la música y la canta una vez que estamos adentro.

Pasamos el mejor de los momentos del día, ella canta y las dos bailamos, bebemos cerveza y brindamos. Hay algo familiar también en esto, en estar rodeada de gente que grita y ríe, que chifla, en la atmósfera que huele a cigarro y a vino, al perfume de las meseras y de las personas que pasan de aquí para allá, incluso en el humor propio de cada individuo.

Hay algo de cómodo en su compañía, contenta que se mueve de aquí para allá en su asiento, y de pronto, no estoy aquí sino en otro bar, en uno más amplio y con otra gente. Es como un flash, como un recuerdo que no existe, y no sé si lo he imaginado porque me viene de otra vida o porque ya estoy borracha.

Lo cierto es que no me esfuerzo mucho en encontrarle una explicación, estoy disfrutando cada canción, cada sonrisa que Quinn me brinda, cada palabra que me da.

Cuando salimos de ahí estoy más que borracha y un pie se me cruza con el otro y casi caigo pero Quinn me sostiene y nos echamos a reír. El aire es frío y temo que eso me suba la borrachera, a lo lejos veo un relámpago y apuesto porque lloverá, el aire huele ya a tierra mojada. Aspiro fuerte, es uno de mis olores favoritos.

Y entonces sin avisar y con otro trueno, la lluvia cae bruscamente sobre nosotras.

Cuando expreso en voz alta que quizás eso me ponga aún más borracha, ofrece que vayamos en taxi al hotel, pero tomar un taxi supondría menos tiempo a su lado y aún no estoy lista para despedirme de ella. Así que le digo que no, que prefiero caminar.

Le confieso que me han nombrado Barbra por Barbra Streisand y ella me dice que Barbra Streisand se llama así por Rachel Barbra Berry, me da ternura su admiración por esa mujer que bien puede ser mi gemela, o como dijo entonces Quinn, mi yo del pasado.

Así que bromeo y le digo que ya conoció a su reencarnación y que necesito que me haga un club de fans. Dice que será la presidenta y yo me echo a reír.

El tiempo a su lado es tan ameno y me gusta mucho ir de su brazo.

La lluvia ha parado considerablemente cuando llegamos a mi hotel, pero insisto, no quiero que se vaya; ambas estamos escurriendo, nuestra ropa está empapada, así que es el pretexto perfecto para persuadirla de que se quede otro momento conmigo.

Ambas estamos más despiertas y sé que estoy tomando esta decisión sin alcohol de por medio.

-¿Quieres… subir?- Pregunto tímidamente, no quiero que piense mal, aunque en realidad sí debería de hacerlo -Estás… podrías darte un baño, llevaremos la ropa a la lavadora y secadora… prometo que no es un truco para yo secuestrarte y venderte- Bromeo como hemos bromeado, ninguna de las dos tiene intenciones de vender a la otra a un tratante ruso.

Observa el hotel, de arriba abajo. La veo dudosa y creo que me he excedido con mi invitación, en seguida me maldigo y pierdo la confianza.

-No te preocupes, entiendo si no…- Me interrumpe.
-Sí quiero- Responde –Te sigo-.

Estoy tan nerviosa, mi corazón está como loco; pasamos al botones con un 'Bonsoir' y subimos a mi piso.

La habitación huele como a todas las habitaciones de hotel, la cama está hecha y todo está en orden y limpio. Entro yo primero y ella me sigue de cerca, me detengo en seco y me giro a verla.

Tiene los ojos más hermosos que he visto, con el cabello húmedo que se le pega al rostro, ese rostro como de muñeca de porcelana, quiero besarla, estoy a punto de besarla cuando me retracto y me alejo. Creo que es demasiado osado hacerlo, apenas nos conocemos.

Además prometí que podía bañarse y lavaríamos y secaríamos su ropa, así que camino y enciendo la luz del baño, tomo una toalla y hablo porque si no lo hago, siento que correré a sus brazos y le haré el amor.

-Puedes bañarte en lo que pido a servicio a la habitación que venga por tu ropa mojada; hazlo con agua caliente o puedes resfriarte y no queremos que lo que te resta de vacaciones lo pases con gripe- Estoy hablando tanto y tan rápido que me siento ridícula al instante y me avergüenzo.

Entonces no sé por qué me llama Rachel; lo dice tan quedo, como susurrándolo, como si pronunciarlo desatara un hechizo. No digo nada, porque siento que es correcto que me diga Rachel, no hace sentido, pero tampoco me incomoda, no me parece ajeno, hay algo de cálido en la forma como lo dice, como me lo dice a mí.

-No quiero… es decir… quiero- Se aclara la garganta; está tan nerviosa como yo, con el cuerpo rígido, que no sé si es por eso o por el frío de sus ropas húmedas en contacto con su cuerpo –Quiero besarte- Y por dios que no hay cosa que haya querido escuchar tanto este día que eso, que quiere besarme, es más, por mí que haga lo que quiera conmigo.
-Entonces hazlo- Sale necesitado; 'Por favor hazlo y hazlo ya'.

Tenerla tan cerca de mí me eriza la piel, no es el frío que me da cuando me desnuda, es ella, ella tiene ese efecto en mí. Apenas puedo esperar para que me quite todo y me lleve a la cama.

Nunca había sentido este deseo por alguien más, no, ni siquiera por Marley; nunca había sentido la necesidad de que alguien me tocara de este modo. Me besa con duda y luego con deseo, como si me hubiera esperado desde siempre y, honestamente, cuando nuestros labios se encuentran, sé que yo sí la he esperado, en esta y en otras vidas.

Me toca en las zonas correctas y lo hace como si me supiera de memoria, no puedo evitar gemir en su oído, o apretarle la cadera con mis piernas.

Escucharla gemir es mi placer, saber que lo hace por lo que estoy haciéndole; de alguna forma creo que yo también me la sé de memoria, cómo y dónde tocar para llevarla al punto máximo. Nunca me había entendido tan bien en la cama con alguien, pero trasciende, no es sexo, no es mi placer lo que busco; lo que en realidad sucede aquí, en esta cama y entre nosotras es un reconocimiento, ¿de qué? Lo ignoro, pero soy consciente de cada rincón que toco y sé, que ella es del mismo modo de cada parte que toca de mi cuerpo.

Creo que es la primera vez que soy completamente consciente de todo y aun así, llegado el momento, me suelto y me pierdo cuando me hace llegar al orgasmo.

Con la calma que precede al acto, nos quedamos de lado viéndonos fijamente; quiero vivir en sus ojos.

Necesito tocarla, saber que es real, así que le acaricio los vellos del brazo y luego suspiro, sí es real, y está conmigo, desnuda bajo mis sábanas; vuelvo a sentir calor, la quiero de nuevo entre mis piernas.

-¿Quién eres?- Digo tan bajo.
-Alguien común y corriente- Sonrío.
-No creo- Me sonríe de vuelta. Alejo mi mano y antes de que pueda regresarla la toma con la suya y en sincronía enlazamos nuestros dedos. Siento un choque de electricidad, uno grande.
-¿Lo sientes?- Frunce el ceño.
-¿Qué cosa?-. Me pregunta.
-Como si la habitación estuviera llena de electricidad, como que cerca de nosotras hubiera una bobina de Tesla-.
-Probablemente nosotras lo seamos- Juega con mi mano, como si quisiera aprendérmela, observo sus uñas, las líneas, sus dedos delgados.
-Probablemente- Le respondo tranquilamente.

Sí, puede que seamos nosotras.

Los demás días son como un sueño, un sueño lleno de flashbacks de vidas pasadas, en un salón imagino docenas de personas estrechando mi mano y dándome felicitaciones; en cada lugar está la esencia de Quinn. Como si ya hubiera estado ahí con ella.

Hacemos el amor por segunda vez y no puedo estar más contenta de compartir habitación con ella. Se me olvida por qué había venido a Francia, se me olvida que estaba auto compadeciéndome, incluso si a ratos me vuelvo sombría de nuevo, ella me trae a la realidad y me deja sin palabras.

Sus amigas se vuelven las mías casi en seguida; hay algo en Susan que me hace sentir cómoda, como que puedo confiarle casi cualquier cosa y ya le he dicho que es muy probable que me enamore de Quinn. Tiene mucho de lo que busco en alguien.

Santana por otro lado, es esa mujer de carácter fuerte, que impone temor antes de conocerla, como que no quisieras estar en medio de una discusión con ella, pero, al conocerla un poco más, te das cuenta que tiene un corazón tan grande como Susan y está completamente enamorada de ella, quizás sean la única prueba viviente de que el amor para siempre puede existir. Me dan esperanza.

Amo a Danielle y esos dientes de roedor que tiene, me gusta, es atractiva de pies a cabeza y, aunque sé que tuvo algo que ver con Quinn me siento bien a su lado, con sus chistes, su acento, su olor. Es otra de esas personas que creo que me he vuelto a encontrar en esta vida.

Estoy contenta de haberme encontrado con ellas, incluso si estoy ahora a punto del llanto en la sala de espera del aeropuerto.

Quinn y yo nos dimos un 'Hasta pronto'; me ha costado algo de trabajo dejarla y por varias razones, ha sido esa persona que debía de encontrarme para darme cuenta de que no pertenezco a Marley, ya no habrá segundas oportunidades.

Seis meses más para que vuelva a ver a Quinn; creo que serán los seis meses más largos de mi vida.

Sonrío, estoy agradecida de haberla encontrado. Luego se me hace un nudo en el estómago, de regreso a Londres deberé enfrentarme a lo inevitable y dar un cierre, vivir el duelo que debo vivir y comenzar nuevas cosas de vuelta a Nueva York.

Buen viaje, apenas puedo esperar para que pasen los seis meses; avísame cuando llegues, Susan y San te mandas saludos. Yo… yo te mando un beso. Q

Sonrío como una idiota y a punto de contestarle me mandan llamar para abordar, creo que le escribiré en cuanto llegue a casa. Suspiro, adiós París, no, este también es un hasta luego, y cuando regrese será con Quinn, lo sé, es algo que simplemente sé.

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El segundo día de estar aquí es nefasto, me doy cuenta que las vacaciones se me han acabado y he regresado a la realidad. En cuanto he llegado le marqué a Owen para contarle de Quinn, hablamos por un par de horas sobre lo que había hecho y cómo la había conocido, el viaje a la campiña y solté uno que otro detalle de nuestros encuentros íntimos.

Sé que está contento por mí, que le agrada la idea de que no vuelva con Marley; está tan ansioso como yo de que vuelva a Nueva York, de que salgamos a divertirnos, a tomar una copa o veinte, le presente a Quinn y sus amigas. Le emociona que el viaje me presentara a una persona que me emocione como para hacer nuevos planes.

Estoy sacando las últimas cosas de la maleta y los souvenirs que compré cuando escucho que tocan a la puerta. No pienso por un solo instante que pueda ser Marley hasta que la abro y la veo parada frente a mí, con otro ramo de flores y la mirada arrepentida.

Siento el corazón desbocado y la garganta seca.

-Hola-.
-¿Qué quieres?- Intento sonar desinteresada, pero creo que no lo he logrado.
-¿Cómo te ha ido en París?- Dejo la puerta abierta para que pase y camino hacia la sala. Con su pregunta me acuerdo de Quinn y sonrío.
-Bien- Al darle la cara nota la sonrisa en mi rostro.
-¿Algo que deba saber?- Me da las flores pero no las tomo, así que opta por dejarlas sobre la mesa de cristal que esta entre el televisor y el sillón.
-Nada en realidad-.

Hay un momento incómodo donde ninguna dice nada. No me atrevo a mirarla a la cara, aunque más que no atreverme, es no querer, en estos momentos la aborrezco.

-Barbra, lo siento; sabes que lo siento. No sé en qué estaba pensando cuando, cuando hice lo que hice, quiero estar contigo, eso lo tengo claro, es sólo que…- Cuando no termina el enunciado levanto por fin la mirada.
-Es sólo que pensaste que no me enteraría, o que sólo sería cosa de una vez; pero sí me enteré y no lo hiciste una vez, sino que te diste el lujo de engañarme por meses-.
-Lo sé lo sé- Se acerca a mí y quiere abrazarme pero me hago a un lado –Este tiempo en el que te fuiste, que estuve lejos de ti, que no atendiste mis llamadas… te amo Barbra, quiero estar contigo por el resto de mi vida- Suspiro.
-Pero yo no- Y estoy convencida de no quererlo, porque en mi mente está alguien más.

Es ella, no hay duda, quiero estar con ella, mi alma lo sabe, entiende que nos pertenecemos desde que éramos una sola energía.

-Yo no quiero estar contigo Marley, lo siento. El viaje me ayudó a entender que tú no eres la persona que me corresponde- Guarda silencio.
-¿cómo?- Pregunta con incredulidad.
-Lo nuestro ya terminó, estoy por empezar una nueva etapa en mi vida, y quiero hacerlo bien. Sin ti, quiero cerrar las heridas, sanar el daño que me hiciste; en seis meses regreso a Nueva York, y quiero usar estos meses para pasarlo conmigo y trabajar en mí- Miro las flores, las levanto y se las doy.

Camino hacia la puerta y la mantengo abierta para que salga.

-Pero tú y yo vamos a casarnos-.
-Íbamos-.
-Por favor- Es entonces cuando hace por llorar, cuando finge que va a derrumbarse si no le doy otra oportunidad.
-No Marley; por favor ya no me busques-.

Está en shock, oportunidad que aprovecho para llevarla hasta el umbral y cerrar la puerta.

La vida está compuesta por ciclos, este ciclo de mi vida ha terminado. La vida también está compuesta por personas que hacen la diferencia, por almas mucho más grandes, por personas que hacen más sentido que otras incluso si sólo las conoces de una semana.

Hay personas que llevan dentro de sí el alma que hace magia con la tuya. Quinn tiene esa alma que crea música y colores con la mía. Y es con ella con quien quiero empezar un nuevo ciclo, reencontrarme con ella una y otra vez, después de miles de vidas.

Puedo esperar, seis meses son los primordiales para arreglar mis cosas y luego ir hacia ella. Es ella, ella es mi persona, de eso no hay duda.