CAPITULO 36. CENA DE PAZ I
Por fin era sábado, era un poco tarde y los Malfoy seguían en la cama. Hacía rato que se habían despertado pero decidieron quedarse ahí, abrazados, conversando, tanto Hermione como Draco estaban ansiosos por saber que había ocurrido con Blaise y Ginny en la cena con los Weasley.
Cuando faltaba poco para el mediodía, decidieron levantarse, era la primera vez en toda su vida que lo hacían tan tarde, después la castaña preparó un rápido y rico almuerzo para ambos. Era un lindo día y aun tenían mucho tiempo antes de que llegaran los amigos de la castaña a cenar, así que el rubio le propuso a su mujer que salieran a desayunar al jardín. Ahí había una linda mesa blanca de aluminio forjado con sus respectivas sillas para cuatro personas, donde justamente tomaron asiento, uno frente a otro. La mesa era antigua pero se encontraba en buen estado, había sido un obsequio de bodas para los padres de Draco y como es de suponerse, ellos nunca la habían utilizado.
- Es un lindo día ¿no crees amor? – preguntó Draco.
- Si… en casa de mis padres solía salirme a leer al jardín en días como este– comentó la Señora Malfoy sonriente.
- ¿Ah sí? Y ¿cómo son? – curioseó el rubio.
- ¿Los días? – preguntó Herm confundida – Pues… igual que aquí.
- No los días… me refiero a tus padres – aclaró él.
- ¡Ahhh ellos! – suspiró aliviada, por un momento había dudado de la inteligencia de su marido –Son unos padres maravillosos… papá la mayoría de las veces es tranquilo y mamá… ella es algo autoritaria – sonrió.
- ¿Los extrañas mucho? – preguntó tímidamente Draco.
- Pues… si… bueno son mis padres y nos los he visto desde la boda – entristeció un poco.
- ¿Te gustaría visitarlos Jane? – por el tono de su voz mas que una pregunta era una sugerencia.
- ¡Me encantaría! – sonrió emocionada - pero para que valga la pena tendría que ir por lo menos una semana y…
- ¿Y? ¿Cuál es el problema? – preguntó él sin entender.
- Primero, voy a perder muchos días de trabajo y… segundo, en mi estado no me apetece viajar sola – contestó ella y la sonrisa desapareció de su rostro.
- ¿Y quién dice que iras sola?... Te lo dije porque me gustaría acompañarte– aclaró.
- ¿Qué? ¿Estas hablando en serio amor? – Herm no daba crédito a lo que acaba de escuchar.
- Claro que si… son tus padres y bueno… me gustaría conocerlos bien– le expresó.
- No puedo creer lo que me dices amor… ¿recuerdas que son muggles verdad? – indagó para ver si reconsideraba lo que acababa de decir.
- ¡Jaja! – Draco no pudo evitar reír – Claro que lo recuerdo… ¿sabes también que recuerdo? – preguntó con cariño.
- ¿Qué? – preguntó ella sin entender.
- Que te amo – contestó mientras acariciaba su rostro – Tanto que quiero lo mejor para ti.
- ¡Oh Draco! – se sonrojó la castaña –Yo también te amo… eres tan lindo.
- Recuerda que no lo soy… es solo que tu me inspiras– sonrió– tú tienes la culpa de que haga estas cosas.
- Y me alegro de eso – dijo picaronamente mientras se acercaba para besarlo.
- Entonces ¿si quieres ir a casa de tus padres?
- Claro – dijo emocionada.
- Bueno, pues… no se diga más – sonrió Draco – dentro de dos semanas nos vamos – decidió.
- Pero primero tengo que hablar con mi jefe y… - comenzó a estresarse.
- Tranquila… tu encárgate de escribir a tus padres para avisarles del viaje y yo me encargo del Ministerio.
- Está bien – accedió la Hermione.
Permanecieron en el jardín hasta la hora de la comida, Herm dejó a los elfos encargarse de prepararla, ya que ella se encargaría sola de la cena para sus amigos, debido a que, casi forzándolos, había dado el resto de la tarde libre a Tandy y Babsy, lo que suponía un alivio. Últimamente su paciencia no era la misma de antes, se desesperaba con mucha más facilidad y quería preparar la cena sin que los elfos la sacaran de juicio con los comentarios que solían hacer.
- Amor ¿le dijiste a Blaise de la cena? – preguntó Hermione cuando estaban comiendo.
- Si, seguimos platicando después de que te fuiste – le contó el rubio – Le dije que vendrían Ginny, Potter y Lovegood… es obvio que la sabandija no vendrá - comentó.
- Ron – lo corrigió la castaña – Independientemente de que se comporte como idiota… es mi amigo.
- Esta bien… Ron – repitió él de mala gana – Dudo que se atreva a pisar esta casa… además, después de lo que sucedió en casa de la pelirroja la ultima vez, temó por tu salud cuando él esta cerca – admitió seriamente.
- Pero no fue solo su culpa – le recordó.
- Él comenzó a ofendernos… no lo iba a permitir – dijo con enfado.
- Si, te entiendo…– reconoció ella – Es que Ron es un testarudo... yo pensé que ya había superado lo nuestro y después con lo de Ginny… – recordó con resentimiento.
- ¡Pobre Blaise! Vaya cuñado que se carga – dijo pensativo – Agradezco que seas hija única.
- Si me pongo en el lugar de Ginny… yo también – rió divertida.
Cuando terminaron de comer cada uno tomó un camino diferente, la castaña hacia su recamara y posteriormente a la cocina, lista para comenzar a cocinar. Draco primero a la cava que se encontraba en el sótano, a pesar de que no le caían del todo bien los amigos de Herm quería ser un buen anfitrión, en cuanto eligió uno de los mejores vinos de su colección, se dirigió a su recamara para ducharse…
Eran casi las 7:00 pm cuando el rubio entró en la cocina, se quedó recargado en el marco de la puerta un momento, no pudo evitar sonreír al ver a su esposa. Herm iba de un lado para otro, cortando algunos ingredientes, moviendo cucharones por aquí, por allá y de vez en cuando asomándose al horno para ver como iba la cocción del pastel de elote. Al ver a su mujer despeinada, estresada, y bufando un poco acalorada, a Draco se le vino a la mente una de las tantas clases de pociones con Snape, le divertía recordar a la matada Hermione de Hogwarts así que soltó una sonora carcajada atrayendo la mirada atónita de la castaña.
- ¿Qué es lo que te causa tanta risa? – preguntó Herm enfadada.
- No te enojes amor… es solo que al verte recordé nuestras magistrales clases de pociones – contestó aun divertido.
- Mmm… ¿podrías dejar de burlarte de mí y ayudarme con la cena? – refunfuñó sabiendo a que se refería.
-¿Tengo que usar delantal? – se burló - además acabo de bañarme… voy a ensuciarme – murmuró.
- ¿Lo harás o no? Si no sal en este momento de la cocina – dijo furiosa, había escuchado perfectamente a Draco y lo fulminaba con la mirada.
- Tranquila Jane… solo estoy jugando – caminó hacia ella – no te molestes conmigo, claro que te voy a ayudar – la tomó de la cintura (n/a bueno, de donde se supone que estaba su cintura) y la atrajo hacia él.
- ¿De verdad? – preguntó más calmada por cercanía del rubio, mientras este le besaba la frente cariñosamente.
- Si… ¿qué quieres que haga corazón? – le acarició la mejilla.
- Primero, quiero que mantengas ese cucharon en movimiento – dijo señalando una olla en la lumbre – y segundo… que saques el pastel del horno en 5 minutos – le ordenó y se separó bruscamente de Draco para continuar con lo que estaba haciendo.
- Ok – dijo él no muy entusiasmado, sacó su varita para seguir las órdenes de su esposa.
- ¿Qué haces? No pensarás hacerlo con magia… - lo miró con los ojos entrecerrados.
- ¿Por qué no? – inquirió despreocupado.
- Si quisiera hacerlo con magia… ya hubiera sacado mi varita – le recordó.
- No pretenderás que lo haga al estilo mug… - no terminó la frase.
- ¿Muggle? –preguntó ofendida – De verdad que no te entiendo Draco…
- Por favor… te suplico que no me mal interpretes – imploró – entiende apenas me estoy acostumbrando a esto.
- ¿Y así pretendes que visitemos a mis padres? – preguntó la aludida.
- Si… bueno no… quiero decir… – buscaba las palabras para evitar que se molestara – quiero conocerlos y tratarlos… estoy dispuesto a dejar mi varita aquí si me lo pides – admitió sinceramente.
- Está bien… te creeré – sonrió - ¿Vas a ayudarme o no? – preguntó señalando la olla.
El rubio se limitó a asentir con la cabeza, de inmediato se dirigió a la estufa para hacer lo que Herm le había pedido y como se lo había pedido. Después de unos minutos, unos cuantos movimientos más la castaña y de su sonora carcajada a causa de el enérgico quejido y las maldiciones murmuradas por Draco al quemarse con la charola del pastel, la cena estuvo lista.
Hermione dejó todo listo en la cocina, ordenó a la mucama que pusiera la mesa, le indicó como servir cada platillo cuando fuera la hora y a continuación se dirigió a su habitación acompañada del rubio, que no dejaba de frotarse la palma de la mano derecha y se quejaba del ardor mientras subían las escaleras.
Enseguida la castaña tomó una toalla del armario y se metió a la ducha, mientras Draco buscaba un ungüento que aliviara el dolor. Momentos después Herm salió envuelta en la toalla, se dirigió al armario para sacar su ropa, un vestido holgado y corto de color rojo, y comenzó a vestirse rápida pero cuidadosamente. Tuvo que pedirle a su marido que la ayudara con el cierre del vestido, después se calzó unos zapatos a juego y fue hacia el baño por su poción alisadora para el cabello, se peinó y por fin le indicó al rubio que estaba lista.
- Te vez hermosa – la piropeó después de recorrerla de arriba a abajo con la mirada.
- ¡Gracias! – dijo ella guiñándole el ojo.
- Vamos – la tomó de la mano y abrió la puerta para salir de la habitación.
- Draco… - musitó Herm cuando bajaban la escalera – Por favor… compórtate.
- Lo haré - aseguró.
Apenas se sentaron un par de minutos en el sofá de la sala, cuando la mucama les anunció la llegada de dos de sus invitados. Luna y Harry entraron a la Mansión y fueron conducidos por la mucama hacia la sala, saludaron educadamente a Draco y Hermione mientras tomaban asiento. Ambos vestían de forma casual, sorprendentemente la rubia menos excéntrica que de costumbre, Harry aun parecía dubitativo, pero el entusiasmo de Luna por hacer las paces con Malfoy lo aquietaba. Un momento después, mientras los cuatro empezaban a conversar animadamente, la mucama entraba de nuevo para avisarles la llegada de dos invitados más al tiempo que servía las bebidas que le había ordenado el rubio, limonada para las damas y wisky de fuego para los caballeros .
- Hazlos pasar – le ordenó Herm a la sirvienta, que asintió con un movimiento de la cabeza.
Blaise y Ginny llegaron a la habitación tomados de la mano para reunirse con los demás. Harry miró al moreno, tal parecía que no le sorprendía su presencia, debió suponer que estaría ahí por ser el mejor amigo de Draco y ahora novio de la pelirroja, también mejor amiga de Herm. Enseguida Luna se puso de pie para saludar a Blaise, quien parecía aturdido por la efusividad de la rubia, el ojiverde sin duda era el único que se sentía fuera de lugar en esa habitación. Así que, sin levantarse, hizo un gesto con la cabeza en señal de saludo a lo que el moreno respondió de la misma manera, acto seguido, Ginny y su novio saludaron a los Malfoy como normalmente solían hacerlo.
Los recién llegados tomaron asiento en otro sofá y Luna de nuevo a lado del pelinegro, nuevamente el anfitrión llamó a la mucama para ordenarle otro par de bebidas, esta las sirvió enseguida y mientras, una nueva conversación iniciaba. Estando en confianza, tanto Herm como Draco, comenzaron a interrogar divertidos a la pelirroja y Blaise sobre como les había ido en la cena, se les unió la rubia. Cuando comenzaron a relatar la historia el ambiente estaba más tranquilo, Harry parecía más relajado y escuchaba con atención la historia. De vez en cuando la sala se llenaba de carcajadas, todo iba de maravilla, las tres parejas parecían encajar y entenderse muy bien.
Cuando lo creyeron prudente, los Malfoy condujeron a sus invitados hacia el comedor, la mesa se veía impecable. Se acomodaron todos en las sillas de modo que quedaron en parejas y a continuación la mucama sirvió la cena, a juzgar por el olor… la crema de champiñones estaba deliciosa.
- Espero que les guste – comentó la castaña, todos asintieron y sonrieron, ansiosos por probar el exquisito platillo…
