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Regresar a su casa el domingo por la tarde después de ir al servicio religioso con Albert y la tía la tranquilizo pero, al recordar que el próximo fin de semana tendría que ir con toda la familia a Lakewood provocaba que su malestar regresara, disfrutaría esos días de libertad. El lunes por la mañana comenzaba a extrañar su trabajo en el hospital se aburría y llego a sentirse inútil. Pensó en escaparse para ayudar al Doctor Martin, pero ese día no seria, la señora Cornwell la había invitado a comer en el Hotel, Albert le mando un recado para informarle que llegaría temprano estaba cansado y quería dormir toda la tarde aunque ella no lo admitiera también lo estaba. Por la mañana después de la partida de Albert tocaron a la puerta, no esperaba a nadie, en su interior esperaba que fuera Annie dijera lo que dijera aun la extrañaba y deseaba tan siquiera poder verla por un momento.
-Señora Candy. –Dorothy la saco de sus pensamientos–. La busca la señora Cornwell y el joven Archie. – la noticia la alegro y los recibió con una sonrisa.
– Disculpa que hayamos venido sin avisar Candy.
–Jamas estaría enojada por ello después de las horas que pase esto es para mí como vacaciones. –La mama de Archie la interrumpió–. Si y aun falta otro fin de semana por ello hay que salir a comprarte todo lo que te haría falta. Me sentí tan orgullosa de escuchar los halagos que dijeron de ti y de tu lindo vestido y quiero que se repita. –Aunque no lo quisiera aceptar había adoptado a Candy como la hija que nunca tuvo y eso en lugar de hacer sentir mal a Archie pensando que su madre había olvidado a Stear lo tranquilizaba, había visto como se derrumbo en el velorio y creyó que nunca la volvería a ver sonreír. La verdad no comprendía el por que le gustaba tanto a Annie salir de compras con su madre pero con tal de hacer quedar bien a Albert.
En Nueva York Terry observaba las fotografías del periódico y aunque le dolía comprendió que tal vez ella nunca fue suya, que el dejarla ir sin una venganza estúpida sería lo mejor, mejor que lo recordara como un pasado irrealizable que el causante de su llanto. No estaba seguro si la dejaría de amar, pero si el mejor recuerdo de su vida. Termino de tomar su café y tiro el periódico en el primer bote de basura que encontró guardando en su memoria el primer y único beso que le dio.
La señora Britter al leer las notas de sociales no podía comprender como se había segado y escrito esa carta a Candy, desperdicio una oportunidad de una posible reconciliación de su hija con Archie, mientras Annie lloraba al ver las fotografías de Lucy con el que antes era su novio. Odio a Candy se veía tan hermosa.
–Tienes que volver a ser amiga de Candy, no podemos permitir que no te cases con Archie, los negocios de tu padre no pueden continuar sin los negocios de los Andrew.
–Archie nunca me ha querido madre, si fue mi novio este tiempo fue por que Candy casi lo obligo y después de esa carta que mandaste no creo que quiera volver a hablarme.
–Claro, pero la ventaja es que la escribí yo y le puedes decir que tu no sabias nada. Habla con ella, hay que producir un encuentro casual. Mandare a nuestra ama de llaves para que averigüe entre los demás sirvientes de las casas vecinas si saben donde vive y cuáles son sus horarios.
–Aunque las palabras de su madre estaban cargadas de verdad o estaba segura de querer hacerlo.
Albert se encontraba sin hacer nada en su oficina y no comprendía el desasosiego que tenia Candy últimamente. Al ser de la misma naturaleza que él comprendía que al estar todo el dia en su casa la ponía de mal genio y no entendía como no le había pedido regresar a trabajar con el Doctor Martin. Pensaba como recompensarla y darle una actividad que le gustara.
