Cap33: adivinanzas

Buenas! Como cada lunes, más Kitsune no Kibo para el cuerpo. Hoy he terminado el 35 (vuestro 37) debido a que la Semana Santa me ha quitado mucho tiempo, pero no os preocupeis, creo que podré seguir con este ritmo. Lo único que temo es que se me ocurra una buena idea y solo pueda meterla en un capítulo ya publicado XD si eso os avisaré, no os preocupéis.

Y voy a empezar a poner unos pequeños detalles en esta descripción, pistas del capítulo, una portada por llamarlo de alguna manera. Que vuestra imaginación haga el resto. Portada de hoy: máscara de Usagi cubierta de sangre en primer plano sobre fondo negro.

hoy tenemos a Chikara, más NaruSaku, una descripción general de cómo va la guerra y... Hanabi. La pequeña genio hyuuga hoy dará un paso adelante muy importante. No os adelanto más, vamos con los reviews:

Kitsunaro64: hola buenas! Ya sabia yo que lo había cortado en el momento perfecto XD y me alegra que te haya gustado, siempre tenía él temor de que alguien me acusase de ir demasiado rápido en la reconciliacion de estos dos, pero no dejan de estar enamorados el uno del otro, las cosas irán más rápidas que con otras mujeres. Básicamente, lo difícil de una relación, los inicios, ya los tienen. De momento iré paso a paso con ellos, ya sabes que me gusta ser metódico, de momento Naruto tiene antes que lidiar con cierto sentimiento, hoy verás cuál. Disfruta del capitulo, un saludo!

In: Saludos! Pues si, yo también tenía ganas de hacer esa pelea. Esos sentimientos encontrados, esa rabia contenida de Sakura, meter tb esa habilidad de Naruto para sorprenderla, ya sea para bien o para mal... (xk seamos sinceros, ¿alguien se esperaba ese orioke? XD y lo de Kurama era una reacción lógica: quiere que Naruto deje de sufrir, y del cielo le ha caído la ojijade, no va a hacer nada que pueda espantarla. Sin contar que, aunque no lo admita, el biju tiene un enorme respeto a esa clase de mujeres, mujeres como mito, kushina o Sakura, capaces de atravesarle con cadenas, dar puñetazos tan cargaros que destruyen edificios... a Kurama tb le gustan las chicas con carácter.

Lo de la cabaña... fue un momento difícil, no te lo negaré. Se trataba de mostrar un ataque de celos con una base de verdad, pero que a su vez fuese exagerado al no conocer toda la historia, y luego reducirlo a lo realmente importante: "Naruto, ¿me has dejado de amar alguna vez?" Llevo preparando esto mucho tiempo, al igual que hice con el narushion, y me alegra que os gustase esa reacción. Si lo piensas, en el fondo Naruto la ha salvado la vida: si hubiese accedido a llevarla con el, en esa cabaña madre se habría encontrado a la haruno. Que realmente la habría secuestrado para Chikara, pero eso nadie lo sabe. Naruto quiso cortar el enlace, alejarse y dejarla volar, pero Sakura tenía otros planes. En el fondo, a,vos se han comportado como son, por eso me encanta como ha quedado al final. El lemmon fue algo más vivo de lo que estoy acostumbrado a escribir, un "hurt/comfort" en toda regla, y hoy habrá más de esa dinámica "discutimos, nos queremos".

Lo de Sasuke... a ver, son dos temas que quería tratar. Por un lado, la injusticia con el clan uchiha. ¿Me está diciendo, señor kishimoto, que todo un clan salvo dos niños, decenas de personas con sus formas de pensar, se pusieron deacuerdo para dar el golpe, incluida la madre de Itachi? No, no lo creo. Lo más lógico es que hubiese una élite golpista, y una resistencia, y que alguien decidiese que no merecía la pena salvar a esa resistencia. Y ese alguien, claramente, NO fue Itachi. Y esto lo enlazo con ese instinto vengador de Sasuke, es su prueba definitiva, el momento en el que se verá si sigue siendo un niño mimado o si ya ha madurado y es capaz de ver las cosas con perspectiva. Ya se verá...

y los hyuuga... otra gran injusticia de la serie. A ver, lo de que sea normal... lo sería si no te hubieses olvidado de cierto acto de Naruto justo antes de irse... concretamente cierto sello que les puso. Obviamente, hinata piensa como tú, que es lo lógico, pero Hanabi se huele algo, algo que verás hoy en directo...

y si, esa pesadilla justo cuando ella vuelve... y justo cuando alguien no está... os estoy dejando pequeñas y sutiles pistas, muchos ya se lo olerán. Pero hoy verás un discurso de Sakura que te va a gustar, me da a mí... ;) (si, sakura es mi pj femenino favorito tb, únicamente le rivaliza Hanabi en esta obra, y xk su evolucion me ha gustado mucho)

y no te disculpes, yo encantado de contestar reviews extensas :D en todo caso tendré que daros las gracias yo a vosotros por leer esta obra XD un saludo y espero que disfrutes de lo de hoy, nos leemos luego!

Gera118: hola! Si me vistes por otras obras de mi perfil, lo que echabas de menos era KnK, a mí no me engañas xD lo sabía, y por ser tu te revelaré que ahora te toca esperar el capítulo 38 (vuestro futuro 41), guiño guiño :P un saludo y disfruta!

Rizu Uzumaki: Saludos! a ver, es normal que tengas interrupciones, me quedan capítulos largos siempre. Podía haber dividido la obra perfectamente en más de cien capítulos cortos, pero a la larga me gusta que cada capítulo aporte algo, hasta los de transición, y para ello debo meterles contenido.

Y me alegra que te gustase esa pelea, a mí me encanto escribirla. Imagínate ese prado verde con esos lobos negros demoniacos de ojos rojos, y en medio a Shion brillando en una luz plateada y acabando con todos. Es más, si pudiese ponerle una portada a ese capítulo, sería la imagen de Shion envuelta en luz con su lanza atacando a la loba de seis colas cubierta de In'ton. No hay manera de describir lo que mi mente se imagina con eso de manera completa xD.

Y muchos misterios que se irán resolviendo, hoy por lo pronto tenemos un poco más de Chikara y el fin de la subtrama hyuuga. Disfrútalo, nos leemos luego, un saludo!


-Aaaaaaaaaa- Personaje hablando

-Aaaaaaaaaa- personaje pensando

-Aaaaaaaaaa- Invocacion/Bijuu/inner sakura hablando

-Aaaaaaaaaa- Invocacion/Bijuu/inner sakura pensando

Renuncia de derechos: esta obra se hace sin animo de lucro, y obviamente Naruto y sus personajes pertecen a kishimoto. Yo solo escribo esta historia. NO AUTORIZO EL PLAGIO DE LA MISMA.


-El viento, la naturaleza elemental más difícil de ver entre las cinco principales.- expuso el veterano ninja con un tono solemne, mientras apuntaba en una pizarra un esquema de su lección.- y es difícil de ver porque es la más salvaje de todas, y a la vez la más fuerte: el viento se encuentra en cualquier parte, incluso debajo del agua envuelto en burbujas; se extiende por toda la tierra sin que nadie pueda contenerlo, ni montañas ni pozos profundos se libran de él; destruye la roca, extingue y aviva el fuego a voluntad, determina la dirección del agua y corta hasta el mismísimo rayo. Y no sólo es el más fuerte, también es el único elemento capaz de combinarse a la perfección con el resto, a pesar de que en este ámbito nos movemos en la teoría en la mayor parte de los casos. Hay reportes de ninjas que lo mezclaron con el Doton y ahora dominan la arena, otros que lo hicieron con el fuego y crearon una llama tan potente como el sol… pero no vamos a centrarnos en esos elementos secundarios. El viento es el más fuerte, a mi juicio, por una simple razón: el viento es aire, y el aire lo es todo, incluso la vida. A tu alrededor hay mucho más que oxígeno: hay nitrógeno, hay helio, hay azufre… tú solo olfatea y verás. Respira hondo todo ese aire de alrededor, imbuye de chakra lo que quieras usar y haz los sellos y tendrás una técnica de viento. El viento es débil contra el fuego únicamente porque sus usuarios, al no haber comprendido su elemento, usan lo más abundante de su entorno para sus técnicas, el oxígeno, que es lo que alimenta el fuego. Pero… ¿y si usases nitrógeno a la vez que oxígeno? El fuego ardería eternamente sin atravesarlo, y tendrías el dominio total de la técnica del enemigo que se creía en ventaja. Incluso iré más allá… ¿Y si retiras el oxígeno de los pulmones de tu oponente? O los llenas de azufre o alguna sustancia venenosa… matarías a tu oponente sin tan siquiera…- el shinobi se dio la vuelta, mirando a su joven aprendiz, para comprobar la atención que le estaba prestando… estaba dibujando zorros en una maldita hoja…- ¡Gaki! ¿Quieres hacerme caso? ¿O no te hace falta saber lo que pone aquí?

-La respuesta es doce…- contestó despreocupadamente el aprendiz, un joven niño rubio de ojos azules, de apenas seis años de edad, mientras continuaba dibujando.

-¡Si ni siquiera estamos en matemáticas maldito mocoso!

-Joder, entiéndeme, solo tengo seis años de edad… esto se estudia a los quince o dieciséis…

-Esa lengua… como tu madre te oiga te mata… ¿Quién coño te habrá enseñado a hablar como un jodido maleante, joder?- se preguntó con desesperación el ninja mayor, para luego decidir cambiar de táctica.- hagamos una cosa… si memorizas lo que he apuntado en la pizarra, te hago una adivinanza de esas que tanto te gustan…- El niño reaccionó con una gran sonrisa a esa oferta. Le encantaban las adivinanzas. Miró la pizarra con atención un minuto, para después dirigirse a su maestro.

-Terminé, dime el acertijo.

-¿En serio? ¿Qué pone en la tercera línea, cuarta palabra?- preguntó el shinobi con una sonrisa, mientras tapaba lo apuntado.

-Nitrógeno, en referencia a que no se consume con el katon y por lo tanto elimina la debilidad del futon si sustituye el oxigeno del proyectil, extinguiendo el fuego al instante.- expuso de forma mecánica el rubio, mientras la sonrisa del anciano se ampliaba aún más. Su gaki siempre le sorprendía, y más cuando empleaba su memoria eidetica- y ahora dime la adivinanza. Y que no sea la de "oro parece, plata no es…" por favor.

-Veo que me lo quieres poner difícil…- bromeó el veterano shinobi, para posar sus dedos en su barbilla mientras pensaba. Tras unos segundos, decidió hablar.- Si llega el primero, solo lo recuerdas. Si llega el segundo, muere de inmediato. Y si llega el tercero, tienes que esperarlo. ¿Quiénes son estos tres hermanos?

-…- El niño pensó con detenimiento ese nuevo reto, intentando descubrir la solución. Pero se le resistía, y eso le frustraba. A pesar de que era considerado un niño muy inteligente para su edad, todavía necesitaba más rodaje.- ¿no tendrá nada que ver con ese accidente de las aguas termales de la semana pasada no? Kaa chan me ha dicho que si vuelves a "confundirte de baño" te colgará de los pulgares en la puerta de la aldea.

-¡Ya te dije que la culpa fue de la señalización! De toda la vida los vestuarios de las mujeres están a la izquierda…- se excusó el anciano con indignación, pero el ligero hilillo de sangre de su nariz le delató por completo.- y no, no tiene nada que ver.

-Pues no lo sé…

-El pasado, el presente y el futuro, mocoso.- resolvió con una pose de superioridad el anciano, mientras el rubio se daba con la mano en la frente por no haber caído en algo tan simple- todavía te falta mucho para estar a mi altura, jovencito, a la altura del espectacular, asombroso, impresionante….- el maestro detuvo su discurso triunfal con pose ensayada que tanto le gustaba hacer cuando vio al ojiazul distraído, meditabundo.- no me digas que te has enfadado por no saberlo…

-No sensei… es porque lo del futuro me ha recordado que mañana empieza la academia…

-Ya lo hablamos gaki…- suspiró el veterano guerrero.- no podrás ir a la academia el primer año, hasta que terminemos de sellar… eso… esa cosa es peligrosa, está hecha de puro chakra in'ton, es muy peligroso para los niños que te rodeen si decide liberarse. Por eso tus padres y yo nos turnamos para estar aquí continuamente, por si ella decide volver a salir, si estuvieses en la academia no podríamos hacerlo. Aunque no te voy a negar que me lo estoy pasando muy bien contigo, te estoy pillando cariño… eres como un pequeño asistente.-explicó el shinobi, pero al verlo todavía decaído decidió situarse a la altura.- ¿sabes chiquillo? El pasado y el futuro son un coñazo, te atan. Por eso vivo en el presente, todo es más… divertido. No pienses en lo que dejas atrás, o en lo que te espera, piensa en el aquí y el ahora. ¿Sabes? Quizás tú seas el niño de la profecía, ¿y me ves determinar tu vida en base a eso, imponerte una vida de sacrificios en pos de un bien mayor y abandonándote a tu suerte para que te hagas fuerte? Vivo el presente, y el presente dice que eres un niño que no se merece tener esa carga.

-¿Qué profecía?- preguntó con curiosidad el joven rubio.

-Una que se predijo cuando tenía doce años…

-Hala, eso debió de haber sido hace trillones de años…

-Maldito mocoso, ¿Qué edad te crees que tengo?- preguntó el shinobi apretando el puño con furia.

-No sé, tienes el pelo blanco, y kaa chan te llama "viejo verde"…

-En fin… Volviendo a esa profecía, supuestamente entrenaré a un ninja magnífico, uno que salvará el mundo… y lo destruirá.

-¿Salvarlo y destruirlo? ¿No serán dos ninja?- preguntó con curiosidad el ojiazul

-Eso mismo pensé yo… nunca he creído en el destino ni profecías, eso se lo dejaría a una versión más ingenua de mi. Creo en el presente, por eso estoy aquí. A eso me refiero con todo esto.

-Entiendo… sensei… ¿cree que yo podría ser el niño de esa profecía?

-No sé.- Contestó con una sonora carcajada el anciano mientras le revolvía el pelo a su alumno.- quizás si, ¿quieres salvar el mundo o destruirlo?

-Depende… hay cosas que no deben de salvarse… como el hambre, las guerras, o la gente que tira el ramen…

-Correcto. ¿Sabes? Nunca dejes que esos que os llaman cobardes a ti y a tus padres decidan por ti. Hay que ser muy valiente para enfrentarte a eso que llevas dentro. Quizás llegarás a ser un gran ninja hijo… y si llegas ahí, no dudes en acordarte de tu maestro impresionante.- finalizó con una gran risa.- y lo de la academia… míralo por el lado bueno: no tienes deberes y puedes acompañarme en mis aventuras. Si tu madre nos deja salir algún día de aquí…

-Lo sé… pero… yo quería jugar con otros niños allí, conocer gente…

-Ya podrás mocoso, y podrás hablar un poco con las otras chicas. Eso es la clave, tienes que aprender a hablar con ellas ahora, a seducirlas, te ahorrará muchísimo trabajo de mayor y te abrirá muchas pier… puertas, puertas… jejejeje. Verás, la clave está en la caída de ojos, tú te pones delante de la chica y…

-Maldito pervertido, ¡deja de meterle ideas malsanas al niño en la cabeza!- gritó con furia una mujer pelirroja, prácticamente derribando la puerta del cuarto de un puñetazo, mientras maestro y aprendiz miraban con terror el espectáculo. Habían despertado a la bestia… por tercera vez esa semana…

Chikara abrió los ojos tras recordar esa conversación, sonriendo con ironía. Todavía recordaba cómo había muerto su sensei… la muerte que más le dolía… la sangre que jamás se lavaría de sus manos. Esa profecía había acertado al cien por cien: tras descubrir toda la verdad gracias a esa bruja de ojos violetas, hizo lo que tuvo que hacer y se cobró su venganza en sangre. Había matado enemigos poderosos y civiles indefensos, lo que fuese necesario, y había impuesto un régimen del terror y poder de tal entidad que incluso en su ausencia seguían todos obedeciéndole. Había, literalmente, destruido el infecto mundo para volverlo a reconstruir, salvándolo. Y todos esos actos habían acabado desembocando en desidia, en una extraña sensación de vacío. Tenía varias esposas, como rey que era tenía ese derecho y lo había usado. Había asegurado su descendencia y con ello el renacer de su clan. Había vivido el presente, y asegurado el futuro sin descuidarlo además. Y aún así, solo pensaba en lo que le habían arrebatado, en el pasado. No podía vivir sin ello, era superior a sus fuerzas, le habían arrebatado a su amada pelirrosada y su posición de poder tras su derrota frente a Naruto. Realmente, usaba el nombre de Chikara como recordatorio, como insulto, ¿Cómo llamarte "poder" si perdiste en un combate contra alguien más poderoso? Era ridículo, una bofetada en su orgullo herido.

Pero hoy iba a terminar, hoy iba a comenzar a recuperar lo que era suyo, empezando por el poder. Iría a buscar a Naruto, y le arrancaría el corazón. Y cuando acabase, encontraría a Sakura, y se la llevaría de vuelta con él, a su lado. Su aspecto denotaba que se estaba preparando para la batalla, vestido únicamente con ese pantalón anbu holgado de color negro que siempre llevaba y sus botas militares, y acompañado de madre, que tenía el aspecto de una mujer pelirroja de ojos de un violeta profundo vestida con kimono beige y se afanaba en ayudarle con su ritual. Como las costumbres del clan de su rival exigían, costumbres que el iba a respetar siempre, para retar a un rey uzumaki debía de vestirse de forma ritual. Debía de llevar una ofrenda en hueso, en sangre y en ceniza. La mujer deslizaba sus manos por el cuerpo musculado de Chikara, esparciendo la ceniza recogida de los restos de su hogar en una fina capa sobre su piel, dandole un color grisáceo uniforme. La sangre la llevaba sobre sus párpados, deslizándose como si fuesen lágrimas por sus mejillas, y formando extraños kanji en su torso desnudo, kanji que describían cada acontecimiento doloroso de su vida… pérdida de seres queridos… muerte de inocentes… poder. Y el hueso, los huesos de los enemigos que destruyó para asegurarse el trono, los llevaba en su cabeza, en forma de corona. La corona de un rey, porque él lo era. Y otro le había retado.

Naruto uzumaki, rey de uzushiogakure… Chikara rió con muchas ganas cuando recibió ese mensaje. Ese chico comenzaba a aprender. Le había retado a un combate, y Chikara tenía claro que era una trampa. Pero le daba igual, llevaba reservando sus ases en la manga desde el principio, y contra Naruto los mostraría. Y le mataría, lo tenía claro. A su espalda, en la oscuridad del cuarto, algo se empezó a mover, comenzando a formarse una figura. Cualquier otro no lo habría visto, pero ningún otro tenía sus ojos. Miró a madre con una sonrisa maniaca en el rostro, viendo que también había percibido esa presencia a juzgar por su mirada sedienta de sangre, y justo cuando empezó a tomar forma humanoide actuaron. El pelinegro acumuló una bola de in'ton en su mano izquierda, que rodeada de espirales de color púrpura salió despedida hasta impactar contra el misterioso intruso, mientras madre aspiraba y lanzaba una potente llamarada de color negro. Ambas técnicas impactaron en su objetivo, generando una gigantesca explosión que destrozó la mitad del piso de la torre del tsuchikage, borrando de la existencia todo lo que se interpuso en su camino… salvo esa figura, que envuelta en luz se encontraba rodeada de una intensa aura de color plateado que la protegía de todo daño.

-Solo un tipo de ser sobreviviría a un impacto de lleno de esos dos ataques…- expuso madre, relamiéndose los labios con interés mientras la luz comenzaba a bajar de intensidad, revelando dos intensos ojos violetas.

-Solo una diosa…- corrigió Chikara con una media sonrisa, mientras ante él se mostraba la imagen de una bellísima mujer de cabello plateado y cuerpo curvilíneo, vestida con un suave vestido de tela azul turquesa.- y una particularmente bella además…- añadió, comenzando a rondar a la fémina como un depredador mientras esta le miraba con severidad, pero sin apartar en ningún momento sus ojos de los suyos. Aunque por dentro estuviese turbada… era muy incómodo mirar ese rostro, con esa expresión cruel, esos ojos en la oscuridad con un brillo amarillo similar al de un depredador….-… déjame adivinar quién eres, que me encantan estos juegos… no has aparecido entre llamas a voz en grito… así que descartamos a amateratsu… y no me estás siguiendo el juego nada, sólo me miras con ese, adorable si me permites añadir, mohín de enfado, así que Tsukuyomi queda descartada también… es un placer conocerte… hikari, diosa del tiempo y del destino, reina de todas las eras en general y de ninguna en especial.

-Chikara…- respondió con desdén la diosa, aunque por dentro se hallase sorprendida, ¿Cómo sabía tanto de los dioses ese ningen? Eso sin contar que verle, sin máscara y así vestido, la dejaba intranquila, sobre todo cuando recordaba a su Naruto kun… ese guerrero aparentaba una fortaleza invencible, era una puñetera aberración del mundo shinobi.- sabes por qué he venido ¿no?

-No lo sé, ¿para darme un beso a lo mejor?- contestó socarronamente el pelinegro, sin dejar de rondar a la diosa como un lobo haría como un cordero lechal, mientras madre la miraba con enojo ante esa posibilidad.- Siempre he querido un beso de una diosa…

-No te olvides de con quién estás hablando ningen… podría destruirte de un sólo golpe…- amenazó la peliplateada con severidad.

-¿Eso no sería intervenir directamente? Tengo entendido que tu padre ha prohibido eso, ¿no?- intervino madre, mientras Chikara sonreía con suficiencia.

-Quizás me salga rentable el castigo si os mato a ambos.- desafió la ojivioleta, tensándose ambos contendientes ante esa posibilidad.- así que te lo diré por las buenas: no vayas a por Naruto uzumaki.

-Waw.- exclamó con sorpresa el pelinegro.- ¿has decidido intervenir en nuestro mundo sólo por él?

-Es normal sochi… huele a él… y muchísimo. No sé porque me da que Naruto te ha ganado en esto del amor definitivamente…- repuso la loba, obteniendo una mirada severa de la diosa.

-Cada vez me cae mejor… enamorar a una diosa… bien, digamos que me planteo tu oferta, ¿Qué saco yo en claro? De momento solo hay una cosa que me interese de ti…

-Ningen…- le interrumpió la diosa, llevando al cabo su plan. Sabía de la debilidad del pelinegro, había investigado su pasado, y la iba a usar.- te haré una pregunta. Si la contestas correctamente, te mostraré una parte de tu futuro. Si la fallas, renunciarás a tu plan. No haré esta oferta dos veces.- Chikara paró de rondar a la diosa, arqueando sus cejas. ¿En serio le estaba desafiando a un acertijo? Con lo que le gustaba eso… no podía resistirse, sobre todo cuando la imagen de su antiguo sensei vino a su mente. ¿Qué tenía que perder? Meterse con una diosa nunca es buena idea, le convenía llevarse bien con ella. Y si fallaba… iría igualmente a por él, que demonios. Como si tuviese el más mínimo miedo.- "El que lo inventó, no lo quería. El que lo compró, no lo usa. El que lo usa, no lo sabe."

-…- Chikara meditó la respuesta, y su afilada mente dio pronto con la solución. Por algo su mentor le había enseñado a usar la cabeza antes de usar las artes ninja.- Hikari chan, tengo que admitir que es la amenaza más elegante que he recibido en mi vida. La respuesta es el ataúd. Concretamente el que me darás si voy a por Naruto ¿no?- comentó con un tono divertido el pelinegro, para reírse ante el gesto de la diosa, que apretó ligeramente el labio inferior.- es una lástima que desee esta batalla más que mi propia seguridad, si no te habría dicho que de acuerdo.

-Has acertado ningen, así que déjame mostrarte un fragmento del futuro. Algo que solo pasará si esperas a que él venga a ti.- Chikara volvió a arquear las cejas, para después recibir en su mente una imagen nítida. Concretamente, eran dos espectros de unos diez pisos de altura enfrentándose en un combate a muerte, uno naranja con forma de zorro con una inmensa guadaña, rodeado de una armadura de samurai morada con fragmentos en diamante y con unas extrañas marcas azul turquesa por todo el cuerpo, el otro un inmenso lobo negro con kanjis arcanos de color rojo por su pelaje y una katana envuelta en llamas negras. La imagen se disolvió de golpe, dejando al pelinegro aturdido, para luego reír este de forma maniaca.

-Eres bastante lista… si acierto, me muestras algo que me hará hacer lo que tú quieres… si fallo, me harás directamente hacer lo que tú quieres… por algo eres la diosa del destino… dices que, si espero, tendré eso, y lo tendré pronto, ¿no?- preguntó con excitación el pelinegro, obteniendo un asentimiento serio de la diosa.- y no tienes nada que ganar mintiéndome, sabiendo lo que puedo hacer si me aburro… así que mi cacería tendrá que esperar. Lo que me has mostrado es exactamente lo que quiero…- la diosa iba a irse, cuando Chikara llamó su atención por última vez.- lo haces porque le amas, ¿verdad? No le encuentro otra razón para arriesgarte así, está claro que esto incumple las normas de tu padre.

-… si. Y sé quién eres, y lo que has hecho, Chikara… si vas a él, le matarás sin miramientos, y no tendrá oportunidad. Sé cada as que te guardas en la manga... Y tú no tendrás esa batalla si ocurre eso. Ahora, ambos tenéis una oportunidad de lograr lo que queréis, así de fácil. Porque después de esa batalla, volverás a encontrarte con Sakura y estaréis juntos. Tienes mi palabra. Y yo ya estoy condenada por salvarle antes, así que me da igual mostrártelo y no gano nada engañándote…- Chikara asintió ante esa revelación, adoptando una expresión seria en muestra de respeto hacia la ojivioleta.

-Has sido sincera conmigo, podrías haberme soltado un rollo sobre un plan divino y chorradas así y no lo has hecho, eso me agrada… eres muy diferente a quien me trajo aquí, incluso has aparecido con un aspecto normal, por eso hemos tenido esta conversación realmente… no pude verle bien, pero rezumaba soberbia por cada poro, y debía de ser un dios viendo su poder y su forma de vestir. Deberíais de hacer algo con ese complejo de inferioridad que tenéis, que os obliga a disfrazaros como payasos en cada aparición… aunque esa capa negra y roída y esa máscara dorada lisa que tapaba su cara no me permitiese ver mucho más que mi propio reflejo, estaba claro que era un disfraz ridículo…- declaró Chikara, obteniendo en respuesta una expresión de puro terror de la diosa, una que extrañó tanto al pelinegro como a madre. Eso era un dios… ¿teniendo miedo? Con un tono nervioso, la peliplateada hizo una pregunta.

-Ese ser… ¿podía andar?

-No.- contestó todavía con duda el pelinegro, extrañado. ¿Había dicho algo raro?- se arrastraba como una serpiente, y su voz era muy grave y firme, pero tenía un toque… de locura… y para que yo lo diga... Vino a mi y me ofreció todo lo que quería, yo sólo tenía que andar por un camino hasta encontrarme con quien pudiese herirme. Y hasta aquí hemos llegado.

Hikari tragó grueso, comenzando a encajar más piezas. Debía de investigar de inmediato, así que se fue sin despedirse, para mayor confusión de Chikara. Si sus sospechas eran ciertas, tenían un gravísimo problema. Mientras, el pelinegro miró al lugar donde antes había estado la diosa, y luego miro a madre, que parecía tan confundida como el. Fuese como fuese, parece que tendría que cambiar sus planes. Ahora era imperioso que Naruto viniese a él. ¿Pero cómo? Y solo un nombre se cruzó en su mente.

-Parece que vamos a tener que recurrir a esa sabandija madre…- declaró el pelinegro, mientras la pelirroja asentía.- joder, horas y horas de ritual a la mierda…- se quejó, mirándose el cuerpo totalmente decorado.

-No tiene porqué…- contestó la demonio, mientras acariciaba con deseo el cuerpo del pelinegro.- No te imaginas lo que me pone verte vestido para luchar…

-…- Chikara se lo pensó ligeramente, pero una mirada a la voluptuosa pelirroja, que se mordía el carnoso labio inferior, le acabó de convencer.- que demonios… mi sensei lo decía bien claro: antes de cada gran batalla, hay que beber, comer y follar… ponte de rodillas.- ordenó con autoridad Chikara mientras madre le miraba con pura lujuria con esos ojos violetas y obedecía.

-Como ordene… Chikara sama.


Naruto se sentó en la fría arena de la playa, reposando su cuerpo con dejadez. Tenía sentimientos encontrados con respecto a ese lugar: por un lado, le recordaba a ella, a Shion. Esa arena tenía el mismo color que su cabello… recordaba las veces que, durante la primavera, fueron a pasear por la orilla del mar, pocos meses antes del ataque que se llevó la vida de la sacerdotisa. Recordaba cómo se reía, pero algunos detalles comenzaban a borrarse… algunas frases que ella le dijo, el tacto de la fémina acariciando su rostro mientras le leía un libro… no lo recordaba de forma total, lo cual le aterraba. Se descubrió repitiéndose en voz alta cada detalle de ese día, por nimio que fuera. Y mientras, ese sentimiento de alegría al recordar a Shion se mezclaba con tristeza por no tenerla ya con él. El sueño que había tenido el día anterior le había revuelto esa fría calma que había conseguido imponer en su duelo, esa tregua consigo mismo que había alcanzado para centrarse en su objetivo: acabar con Chikara para asegurarse de que su hija no sufriese el mismo destino que su madre. Cada segundo que preparaba su trampa era un segundo donde la marea de su desgracia le daba un respiro. No era estúpido, sabía que Kurama tenía razón y le faltaba información sobre el pelinegro. Pero su trampa también había sido creada acorde a tal circunstancia: ningún ninjutsu conocido, ni tan siquiera del aborrecible in'ton, serviría. Se había asegurado de ello junto a Kurama. Solo tenía que esperar.

Pero su tensa calma se había ido al traste. Y todo por culpa de esos ojos verdes. Maldita sea, ¿era masoquista sin saberlo? Cualquier persona con dos dedos de frente en su situación, habría puesto continentes de distancia entre él y su amada pelirrosada. No sólo por la seguridad de ella, que ahora peligraba notoriamente, sino por su propia sanidad mental. Le era imposible mantener su máscara fría cuando esa joven le miraba. La quería, la adoraba, derretía ese muro de hielo como el sol… y, fruto de esa debilidad en su defensa, empezaba a cometer errores. No llevaba sufriendo un ataque del Shinju desde hacía meses. Con la muerte reciente de Shion, Naruto apenas había dormido, por lo que el dios árbol no había podido descubrirle débil para atacarlo. Pero eso no podía mantenerlo eternamente, por mucha culpabilidad que sintiese. A base de dar vueltas en la cama, acabaría cayendo, y sabía lo que le mostrarían sus pesadillas. Y le aterraba. Y entonces, había aparecido en su rescate al sol de su vida: su hija Shio. Una noche, mientras la acunaba, el cansancio le venció, y cayó dormido junto a la cuna de la pequeña. Se despertó a las pocas horas, aterrado, pero cayó pronto en lo evidente. No había sufrido ninguna pesadilla. Y ese ángel de ojos violeta le miraba con una inmensa sonrisa desde la cuna. Desde entonces, dormía con ella a su lado cada noche. Esa niña le otorgaba paz… era su único nexo con la cordura. Y le ayudaba a mantener esa tensa calma el tiempo necesario. Solo necesitaba verla para saber que debía de matar a Chikara y asegurar el futuro de su hija, aunque fuese a costa de su vida.

Pero entonces llegó la única mujer cuyo nombre se oía en su corazón tan alto como el de Shion. Y esa tensa calma se veía turbada, turbada como nunca. Por primera vez en meses, había dormido acompañado por alguien que no fuese Shio. Y había coincidido con el primer ataque serio de ese parásito. No sabía por qué había coincidido, a lo mejor fue simple casualidad, aunque algo en él le decía que tenía que ver con romper su rutina. Sakura era capaz de quebrar su pose de frialdad, y eso era un hecho, siempre lo había sido, su habilidad era hacerle sonreír como un tonto siempre. Y esa máscara de hielo que había adoptado le ayudaba a contener y a la vez preservar una terrible sensación: dolor. Ese dolor latente, que se aferraba a su corazón y no dejaba escapar, y que cualquier ser humano racional intentaría alejar de si, pero que Naruto no quería dejar irse por una simple razón: más vale lo malo conocido, que lo bueno por conocer. O en otras palabras, si el dolor desaparecía, lo sustituía otra sensación con la que Naruto no estaba familiarizado: miedo. Y no era solo miedo por su hija y por Sakura, era algo más… miedo a olvidar.

Había perdido a Shion, era indudable, todo por ser un estúpido imprudente y egoísta. Y ahora solo le quedaba la culpa y el dolor como recordatorio de ella, puesto que sus recuerdos empezaban a fallar. La culpa y el dolor eran también algo relacionado con Shion, ¿Cómo iba a recordar cada detalle de Shion si dejaba ir ese dolor? ¿Y si, al liberarse de ese dolor, al acabar con su propia culpa, comenzaba a olvidarla? Se sentía miserable por pensar en otra mujer que no fuese Shion. Ella era muchísimo más de lo que se merecía: cuando estaba perdido, le ayudó a encontrar un rumbo. Cuando el Shinju le atacaba sin piedad, ella le protegió y salvó. Cuando se sintió solo, estuvo con él, y encima fue tan generosa que llegó a amarle tanto como él la amaba a ella. Y, por si no fuese suficiente, le había dado una hija preciosa, la única razón por la que no se había embarcado en un ataque suicida a iwa; y pagado con su vida el estar cerca de él. Naruto no se merecía tan siquiera plantearse el rehacer su vida. Toda su vida se podía resumir en una palabra: derrota. Se había enfrentado a sus demonios, y ahí seguían, carcomiéndole. Se había enfrentado al mundo para cambiarlo, y sus últimos años de vida le habían demostrado que todo seguía igual. Y se había enfrentado a su soledad, y veía que estaba condenado a quedarse solo, aún con una hija. Porque todo el que se acercase a él sufriría, era un hecho.

Su mente en ese momento era un hervidero, una batalla sin cuartel entre su corazón y su mente. Y en su mente, a su culpa, se unía una imagen: la de Sakura muerta a manos de una gigantesca loba. Exactamente igual de la que vio con Shion. Con respecto a Shio, lo tenía claro: si llegaba madre de nuevo, o Chikara, la niña iría de inmediato al monte myoboku, donde ma y pa habían prometido encargarse de ella, y pasado un tiempo ya había acordado con la familia de Tazuna que la niña viviría con ellos y nunca oiría hablar de sus padres. No sería una huérfana, al menos conscientemente. La culpabilidad con respecto a su hija no pasaba del hecho de que algún día recordase algo de estos meses y se sintiese confusa, sobre todo si Chikara resultaba ser demasiado peligroso y exigía el último sacrificio; pero no tenía otra: como les pasó a sus padres, él a lo mejor tendría que sacrificar su vida para destruir al monstruo que amenazaba la existencia de su bebé. Pero con respecto a Sakura, sabía lo que pasaría. No atendería a razones y no huiría. El principal atractivo de su pelirrosada, aquello que la hacía única a ojos del uzumaki, ahora era su principal problema. Si madre volviese, Sakura lucharía contra ella. No dudaba del poder de la haruno, ¿Cómo hacerlo después de la paliza que le había dado el día anterior? Aún le dolían hasta las pestañas… pero sabía perfectamente cómo finalizaría esa batalla. Con la ojijade muerta. Lo más prudente era alejarse…

Pero entonces su corazón contraatacaba con dos armas infalibles: para empezar, aquello que le había recriminado la pelirrosada en la intimidad del dormitorio. Sakura había sido tajante, "no vuelvas a decidir por mí". Y lo que se planteaba ahora era, en resumen, eso, volver a decidir por ella. Y eso sin tener en cuenta algo obvio: la carne es débil, y la del corazón aún más. ¿Separarse de una mujer que le hacía feliz? Ya se estaba volviendo todo un veterano en estas batallas, y lo afrontaba con estoicismo, pero no dejaba de ser algo muy difícil… pero entonces, cuando parecía imponerse su mente sobre su corazón, y el rubio se preparaba para asimilar que tendría que expulsar a Sakura, aunque fuese diciéndola lo que no era verdad, su corazón volvía a luchar con el otro arma infalible. "Prométeme que serás feliz. Que cuando veas algo que te gusta de verdad, no lo dejarás escapar". La promesa que le hizo a la otra mitad de su corazón, Shion, y que reafirmó en su despedida en el nehan. Y ese, precisamente ese momento, desequilibraba la balanza y le impedía volverse un autómata. Expulsar a Sakura, renunciar al amor, si que sería traicionar a la ojivioleta. No podía incumplir esa promesa, pero tenía un miedo atroz a perder a alguien más, a la otra mitad de su corazón. Porque su corazón tenía dos mitades: una de ojos violeta, otra de ojos jade. ¿Qué hacer? ¿Por qué era todo tan complicado? Un Naruto sin esa carga optaría por la senda del poder, de la venganza. Se arrancaría el corazón y se convertiría en un monstruo capaz de destruir el mundo entero. No habría escollo que le impidiese lograr su venganza, enemigo que pudiese interponerse. Pero Naruto ahora no podía hacerlo… no tras esa promesa.

Agradecía que Sakura hubiese quedado tan agotada que no se hubiese despertado cuando el rubio se escabulló esa mañana rumbo a la playa. Naruto necesitaba pensar, estar solo, ver las cosas con perspectiva. Y, ante todo, desahogarse. Miró cada ola de la orilla, como rompía y daba paso a la siguiente… cada ola que rompe solo lo hacía para tomar carrerilla y volver al ataque, y tomar un pedazo más de playa bajo su llegada. ¿Y si él debía de ser como esas olas, y volver a luchar a pesar de haberse roto? Pero también veía las rocas de la orilla, como inútilmente trataban de resistir los envites de un mar que las acabaría triturando hasta convertirlas en polvo. ¿Y si él era una de esas rocas, y estaba únicamente resistiendo lo inevitable? Demasiadas preguntas… menos mal que había dejado a Kurama custodiando a Shio, si no todo sería más difícil con ese zorro de sabiduría milenaria recriminándole su confusión. Estaba claro que se encontraba en un punto muerto: no podía dejarlo todo salir por miedo, no podía cerrarse por completo por amor. Notando su ira crecer y las lágrimas agolparse en sus ojos, el rubio decidió desahogarse de manera rápida lo justo para seguir su plan, y gritó. Gritó al mar con todas sus fuerzas, y lo volvió a hacer. Y luego otra, hasta que le falló la voz. Menos mal que allí no había nadie… si no pensarían que estaba loco.

Pero si que había alguien. Sakura se había tomado muy en serio la petición de Kurama, y había decidido abordar al rubio para saber la verdad sobre todo. Pero para ello, antes necesitaba información, información que sabía que el ojiazul no le daría. No le hacía falta su modo sennin para ver un claro síndrome de estrés postraumático en Naruto, con todos y cada uno de sus síntomas: pesadillas, arranques de ira, sentimientos de soledad, confusión y tristeza… había visto muchísimos en el hospital tras la guerra. Y, junto a Tsunade, los había tratado, y era un requisito esencial para su tratamiento que la víctima decidiera abrirse y hablar de ello. Con cualquier otro paciente, Sakura no habría llegado tan lejos como para espiarle, pero no así con Naruto. Sakura había estado siempre para curar cada herida abierta que sufría el uzumaki, era su rutina: él, como buen baka imprudente, acababa herido; y ella, como buena terca que era, le acababa curando. Sakura podía ver heridas en Sasuke, kakashi, Tsunade… las curaría, no cabía duda, pero no le dolerían ni la mitad de las que veía en Naruto. Porque las de Naruto las sufría ella también. Y nada en el mundo le impediría curarle esas heridas, incluso aunque tuviese que sostener su corazón en la mano y obligarlo a latir. Es más, ya lo había hecho.

Por eso aguantaba ahora con su modo sennin activado, y sentía ese dolor, ese miedo, esa ira que el uzumaki estaba experimentando. Una lagrima cayó por su mejilla, y a esa la siguieron decenas. Fuese lo que fuese lo que le había pasado a Naruto, esa sensación de dolor era inmensa, y al haberse conectado Sakura a él con su modo sennin, ella también lo experimentaba. Y lo peor de todo: no le estaba dando salida, como le había revelado un angustiado Kurama. Lo retenía dentro, y cuando la presión era insoportable, como le pasaba ahora, dejaba salir lo justo para poder seguir adelante hasta que volviese a verse asediado por el dolor. Y así jamás sería feliz, jamás pasaría página de lo que fuese que le hubiese pasado y se hundiría en ese trastorno de estrés postraumático el resto de su vida. No, debía de darle salida. Y ella le iba a ayudar. Sabía que sería difícil, el ojiazul y la pelirrosada eran tal para cual en cabezonería y testarudez. Pero también era cierto otra cosa: jamás, ni en el pasado, ni en el futuro, Naruto había sufrido una herida que Sakura no hubiese reparado. Le curaría, como siempre había hecho. Porque él siempre salía herido, y ella le curaba, así funcionaban como equipo. Y como pareja, si era necesario.


El continente ninja volvía a estar en llamas. Parecía una constante en la historia de la humanidad que los propios hombres, a veces guiados por la codicia, otras por el odio, otras por el fanatismo, se embarcasen en cruzadas eternas, monstruos que se alimentaban de sangre de inocentes y lágrimas de huérfanos. Es más, el propio Shinju era el resultado de esas guerras: una deidad cruel, cruel por surgir del dolor y de la ira. Un monstruo deseoso por acabar de consumir a una humanidad que consideraba enferma, manchada de manera total por el legado del diabólico Jashin. Y ahora, esa deidad, tras liberarse del control al que la sometió kaguya, extendía sus pérfidas raíces por el mundo entero. Su venenosa savia infectaba a hombres, mujeres y niños, atrayéndolos bajo su yugo con un falso mundo de ensueño. Sus agentes, o esclavos más bien puesto que el dios árbol no entendía otro tipo de relación, se iban sumergiendo cada vez más en su influjo, y cometían los crímenes más antiguos del mundo de la manera más moderna. Tras las guerras primigenias, la era de la guerra de clanes, las tres guerras mundiales shinobi, la gran guerra y todas las barbaridades intermedias, la humanidad volvía a estar en conflicto. Solo que esta vez era contra un dios, y no contra otro ser humano. La guerra del árbol blanco.

Y lo peor de todo era que la humanidad no presentaba un frente unido. Ni ante la faz del horror habían conseguido solventar sus diferencias. Porque era una constante en el mundo shinobi mirarse el ombligo únicamente, no ver el bosque tras los árboles. El gran consejo gokage, un faro de esperanza surgido del horror de la gran guerra, un primer paso hacia un mundo ninja unido y en paz, había caído exactamente en los mismos errores de siempre. Y tanto en la paz como en la guerra. En la época de paz, la esperanza creada con el nacimiento de la alianza pronto reveló algo terrible: solo unos pocos privilegiados tendrían acceso a esa paz. Las naciones menores, aquellas que no tenían nada que aportar a las cinco grandes naciones, y que irónicamente eran las que más necesitaban acceder a esa alianza, se vieron pronto excluidas, y exprimidas con aranceles y tasas comerciales desorbitadas que las mantuvieron en un estado de pobreza inducido. Nadie era tan estúpido como para no ver la razón: el mundo shinobi se alimentaba del conflicto, y para que haya conflicto se necesitan ricos y pobres. Y las cinco grandes no iban a ser los pobres de esa historia. Solo permitieron la entrada a las naciones fronterizas más poderosas, como oto o kusa, y solo tras pagar ellos el tributo correspondiente.

Y durante la guerra esto no había mejorado: el gran Shikamaru nara, dentro de su gran estrategia que había creado la sombra de Shikamaru, se había olvidado de algo muy importante, cortar la materia prima de la secta del dios árbol. Había dispuesto un sistema defensivo diseñado para proteger el este y sur de iwa, un sistema que había salvado a cientos de miles de civiles de esos países, pero… ¿y el oeste de iwa? ¿Y todas esas naciones menores que no tenían medios para defenderse por culpa de la propia alianza? Esos países, excluidos de las tácticas shinobi, de la protección del único ejército que podía combatir a la secta del dios árbol y salvarlos, se habían convertido en los caldos de cultivo de los sectarios. Los ejércitos del dios árbol invadieron cada país indefenso, llevándose a cada pobre desgraciado que encontraron para suministrarle el veneno del Shinju y emplearlo en la guerra. El consejo gokage no entendió una cosa: con su conducta pasiva con respecto al resto del mundo, se lo había puesto en contra. Por eso la secta les superaba en una proporción de diez a uno. Y por eso ese número iba en aumento a medida de que esos fanáticos descubrían más ciudadanos indefensos a los que "reclutar". Porque todo hombre, mujer o niño capturado por la secta perdía al poco tiempo su humanidad y ganaba un gran poder.

Pero, en esta oscuridad, hubo algunos que resistieron. En el noroeste de iwa, el país del demonio se convirtió en un baluarte, en un refugio contra la secta del dios árbol. Su población, apenas repuesta del ataque del demonio kyofu, que a punto estuvo de matar a cada ciudadano del país si no hubiese sido por la intervención de la legendaria sacerdotisa de ojos violeta y del invencible Kitsune no Kibo, había demostrado que quería ser digna de esos dos grandes héroes. Incluso entre ellos se oían canciones sobre una historia de amor entre sus dos ídolos, una historia que motivaba a cada hombre a dar lo mejor de sí e inflaba el corazón de cada mujer. "El gran zorro de la esperanza se arrancó la mitad de su corazón y se lo dio al ángel de alas plateadas, para que cada vez que estuviesen separados, ella pudiese verlo latir y así supiese que estaba bien" le leían a sus hijos antes de irse a dormir, una historia que, irónicamente, tenía mucho de verdad. Pero volviendo a la guerra del árbol blanco, como se la conocía, esa población totalmente inspirada presentó una batalla feroz contra la secta. E incluso la derrotó, siendo la primera nación en hacerlo. Al parecer, las raíces del dios árbol no pudieron arraigar en esa tierra, como si su entorno fuese tóxico para ellas, dificultando las labores de la orden del Shinju, y privándoles de interés a los ojos del temido Chikara, que decidió emplear sus recursos en otros objetivos más rentables. Y, hoy día, el país del demonio acogía exiliados de forma continua, siendo un refugio para los indefensos.

Otro país que demostró una fortaleza inmensa fue el país de los acantilados. E, irónicamente, también estaba inspirado por Kitsune no Kibo. Era de sobra conocido que ese lugar fue el de la primera misión del escuadrón Kibo. Un país que, antes de la llegada del zorro legendario, no tenía espíritu y se encontraba de rodillas, en harapos y sin esperanza. Y que, tras el paso del gran héroe, había renacido como un baluarte de tenacidad frente a los sectarios del dios árbol. Liderados por su joven y bella daimyo, que se rumoreaba que, a pesar de haber contraído nupcias recientemente, había jurado amor eterno al gran Kitsune no Kibo tras ser rescatada por este de las garras de un malvado demonio de diez cabezas, la población se había refugiado en las cuevas del norte del país y en el mar, y aplicado una guerra de guerrillas que estaba causando estragos en las filas de los fanáticos. E, irónicamente, exactamente en la misma situación se encontraba el país de los vegetales y del colmillo: unos países ayudados por el escuadrón kibo que ahora honraban la figura del héroe desaparecido luchando contra los invasores. El Kitsune les había traído esperanza, y ahora ellos luchaban a la espera de que el gran héroe apareciese de nuevo para liderarlos en la reconquista.

Al oeste, un caso curioso ocurría, y esta vez estaba relacionado con la figura de otro ninja, la figura del gran héroe de guerra Uzumaki Naruto. Irónico, si se tenía en cuenta que Kitsune no kibo y Naruto uzumaki eran la misma persona. En la pequeña aldea ninja de la estrella, los shinobi de la bandana con la estrella combatían al enemigo de forma disciplinada, habiéndole pagar cada metro de avance y apoyándose en su alianza con el vecino país de las nieves para plantear una guerra con sus familias y civiles a salvo. Su hoshikage, la gran hokuto, había conocido al héroe cuando no eran más que unos niños, y el rubio se había convertido en una continua fuente de inspiración para ella. Y, como para ella, para el resto de sus tropas. Si Naruto uzumaki pudo reforzar en solitario todo un frente de guerra, ¿Por qué no ellos? En su vecino país de las nieves, su resoluta daimyo, la célebre Koyuki, no se había olvidado de su adorado Naruto. Incluso se rumoreaba que lo amaba en secreto, cosa sorprendente si se tenía en cuenta que no lo veía desde hacía ocho años prácticamente. La líder, previendo el avance de la secta, había forjado un hábil pacto con la aldea de la estrella, suministrándoles tecnología punta y acogiendo a sus refugiados a cambio de que ellos contuviesen al enemigo en su territorio. Los ninjas de la estrella, equipados con armaduras de chakra, habían demostrado ser una pesadilla para las fuerzas sectarias. Y, cuando algún escuadrón enemigo logró traspasar sus defensas y llegar al país de las nieves, este hizo honor a su nombre: apagó los generadores de calor y sumergió su territorio en un invierno para el que el enemigo no estaba preparado. Y el frío se encargó de matar cada raíz del Shinju… sin piedad.

En tetsu, la situación era difícil, pero no imposible. No al menos para la disciplinada mente del samurai y su código de honor. Haciendo honor a las virtudes del bushido, que obedecían como un mantra, el país del hierro había acogido a los refugiados de su vecino país de las sombras, actualmente ocupado por completo por la diabólica secta; reforzado su ejército y defensas, y aprovechado su clima frío y lo escarpado del terreno para organizar una defensa efectiva. No había un país en todo el continente con más castillos que el país del hierro, y la secta del dios árbol, aún ganando sus batallas, se había encontrado con un baluarte tras otro que les obligaban a invertir meses en su asedio. Y, para empeorar las cosas, los samurai contaban con otra arma terriblemente efectiva contra la secta: el seppupu. Un asedio a un castillo samurai nunca salía rentable en materia de rehenes capturados para el dios árbol, básicamente porque, cuando los fanáticos tomaban la última torre de la fortaleza, en esta solo encontraban cadáveres. Puede que el gran mifune estuviese muerto, pero cada samurai había jurado vengar esa afrenta y hacérselo pagar al Shinju, y se estaban esmerando en ello.

Pero, a pesar de estos faros de esperanza en el continente, lo cierto es que el resto del mundo estaba conquistado o prácticamente tomado, y que las naciones externas a la alianza solo aguantaban realmente por una razón: la secta del dios árbol se había concentrado en un enemigo mucho más apetecible, las grandes naciones del este. Solo tendría que decidir mover ese inmenso ejército que acampaba en la tomada iwa hacía el oeste y conquistaría cada una de esas naciones sin esfuerzo. Pero, inexplicablemente, su mundialmente temido líder, el misterioso Chikara, el demonio de pelo negro y asesino de kages, no había movido ficha desde hacía medio año. Si no fuese por los brutales pulsos de chakra que se detectaban de vez en cuando en la torre del tsuchikage, pulsos que llegaban a cada extremo del continente, podría pensarse incluso que estaba muerto. Pero, aún sin Chikara actuando, lo cierto es que el mundo libre estaba a un paso de caer. O a uno de salvarse, si el gran Naruto uzumaki, Kitsune no Kibo, decidía unirse a la guerra y exterminar a cada malnacido de esa secta. Y los más conscientes de ello, irónicamente, eran los ninjas de oto.

Otogakure no sato, la aldea oculta del sonido, capital ninja del país de los campos de arroz, era la gran incógnita de esta guerra si se obviaba al gran héroe del mundo y al gran villano del mundo. Su otokage, Aoki kagawa, había decidido traicionar a la alianza gokage y ocuparse únicamente de sus asuntos, cerrando fronteras y manteniendo a un ejército de miles de shinobi únicamente custodiando caminos y acantonados en espera de un ataque de la alianza o de la secta. Una táctica egoísta que no había sido bien recibida por la mayoría de los altos mandos de ese país. No sólo porque muchos de ellos tenían amigos o familia fuera del país, seres queridos que se habían visto capturados en el fuego cruzado y que no podían acceder al seguro país de los campos de arroz por tener sus fronteras cerradas. Y tampoco era únicamente por los continuos atentamos que sufrían de los infiltrados de la secta, que aparecían como cucarachas en los principales núcleos de población y mataban cuanto podían. No, la principal razón era la perspectiva de futuro: todos ellos sabían que, si no habían caído en las garras de la secta ya, era porque esta estaba demasiado ocupada con la alianza. Pero… ¿Qué pasaría una vez la alianza cayera?. La táctica de su otokage era un suicidio, y ninguno quería caer sin luchar, eso lo tenían claro.

Pero a un kage se le debe obediencia, por lo que ninguno se había opuesto a la orden de su señor, al menos abiertamente. Incluso después del desastre bélico que resultó el intento de captura de Nanabi, que se saldó con más de dos centenares de buenos jounin muertos y medio millar heridos, Aoki kagawa no veía peligrar su autoridad. Aún uniéndose a la alianza, su enemigo era más poderoso, no había una alternativa real entre morir como cobardes o hacerlo luchando. Y, por muy honorable que sonase, todos preferían una alternativa victoriosa. Y, cuando todo parecía que se mantendría así eternamente, ocurrió lo inesperado. Una marea de ninjas comenzó a atacar las defensas de iwa, exterminando cerca de una decena de campamentos antes de caer hasta el último hombre . Cualquiera pensaría que eso no cambiaba nada, sobre todo teniendo en cuenta que el dios árbol repuso esas defensas en horas, pero esa no era toda la información: en esa marea de ninjas solo se veían cabelleras rubias, máscaras anbu de un Kitsune y un poder primigenio que muchos reconocieron enseguida como el del gran kiuby. Naruto uzumaki, o Kitsune no Kibo, estaba vivo. Y se unía a la guerra. No sabían por qué no se había presentado liderando a konoha, ni les importaba en la aldea del sonido. Naruto uzumaki era respetado en ese país tanto como en el resto del continente. En la aldea del sonido se valoraba de verdad el poder.

Y, entre todos los que se alegraron por el regreso del gran Naruto uzumaki, hubo una persona que destacó. Sasame Fuuma, líder del clan más poderoso de la aldea del sonido, capitana anbu del primer escuadrón, e íntima amiga del ninja legendario. Su corazón latió desbocado cuando supo de Naruto tras años desaparecido, y en ese mismo instante tomó una decisión determinante, y no sólo para su aldea, sino para el resto del mundo. "Si los que queremos ayudar no hacemos nada, el mundo no cambiará jamás" recordaba de la última vez que lo vio, en boca de su querido ojiazul. Ahora, la pelinaranja se encontraba atravesando los pasillos de la Torre del otokage, vestida con su traje anbu, y escoltada por dos individuos con máscaras y trajes anbu. Uno era increíblemente alto, y no sólo por estar cerca de una bajita Sasame. Debía de superar los dos metros, y su musculatura estaba extraordinariamente desarrollada, fruto no sólo del entrenamiento sino de una constitución privilegiada. Taeko Kumazuka, capitán del segundo escuadrón anbu y líder del clan del oso, un clan con rasgos animalizados cercanos a los grandes mamíferos que poblaban los bosques del país, famosos por su mimetismo animal y su fortaleza física. Al otro, el capitán del tercero, un individuo de pelo gris y constitución endeble, con una flauta metálica en su mano como única arma. Goshira Otoeieno, del clan más característico y célebre de oto después del fuuma, un clan especialista en el genjutsu mediante ondas sonoras. Con esa escolta, Sasame entró sin invitación en la oficina de Aoki, que se encontraba en ese momento disfrutando de compañía femenina entre botellas de alcohol.

-Otokage sama…- llamó la atención del dirigente la pelinaranja, sobresaltándose el dirigente mientras una fémina de cabello verde claro y vestida con una diminuta ropa interior se levantaba de sus rodillas con vergüenza.

-Maldita sea Tora (tigre).- se quejó el castaño, mientras se reponía en su silla con un gesto de enfado.- Espero que nos estén atacando y ya estén a las puertas de la aldea, si no me enfadaré bastante.

-Me preguntaba si ha estudiado la propuesta que le hicieron llegar ayer desde el cuartel general.

-¿Qué propuesta?- preguntó con más enojo el caprichoso líder. ¿Por un asunto de papeleo le habían distraído de su… hobby?

-La de unirnos a la guerra del lado de la alianza y movilizarnos para apoyar a Naruto uzumaki.- expuso con tranquilidad la capitana anbu, mientras el otokage fruncía el ceño.

-No la había leído, pero la respuesta es no.

-Sabe que no podemos optar por esta táctica defensiva eternamente, tenemos que ayudar ahora antes de que la secta mueva su ejército y Chikara decida venir a destruirnos.- dijo con un tono de reproche la fuuma, palideciendo el otokage en cuanto oyó la mención de ese psicópata. Todavía recordaba lo cerca que estuvo de morir ese día, esa era la principal razón de su táctica: necesitaba estar rodeado de ninjas por si ese malnacido volvía a acabar lo empezado.

-Me da igual, no es problema nuestro. Quiero a todos mis ninja cerca de su kage por si ese monstruo vuelve a aparecer. Y tenga cuidado con sugerir colaborar con un traidor, Tora…

-¿o que?- desafío la anbu, tensándose inmediatamente el kage ante esa insolencia.

-O será acusada de traición y sentenciada a muerte.

-Entonces, entiendo que no piensa cambiar de táctica y movilizar al ejército, ¿no?- preguntó con cansancio la kunoichi, obteniendo una mirada de pura ira del otokage muy reveladora. Sasame tenía suerte de llevar su máscara puesta, si no el dirigente habría visto su gesto de asco. Aoki kagawa, un hombre tan cobarde y tan rencoroso como para condenar a un país entero solo por un capricho… un país o el mundo entero, quién sabe.- Bien, entonces no me deja más remedio. Aoki kagawa, nidaime de Otogakure, por la autoridad que me confiere mi puesto como primera capitana anbu, le relevo de su puesto y asumo el mando.- declaró la joven, desencajándose la mandíbula del dirigente de la impresión.

-¿Cómo? ¿Te has vuelto completamente loca Tora?- preguntó el dirigente, obteniendo el silencio de la Fuuma y tornándose su confusión en ira. ¿Cómo se atrevía? Lo pagaría de inmediato.- ¡Anbu!- gritó, apareciendo al instante cinco shinobi con sus máscaras de porcelana tras los tres visitantes.- Sasame Fuuma, quedas relevada de tu puesto y acusada de traición. Serás feliz si decido matarte y no darte a las tropas para que se diviertan contigo. Anbu, detenedla.- ordenó el castaño. Pero los anbu no se movieron de su sitio.- ¡Anbu! ¿No me habéis oído? Detenedla ahora.- su orden volvió a ser ignorada.- ¿Qué cojones os pasa? ¿Voy a tener que hacerlo yo?- preguntó el líder, mientras se levantaba de su silla, dispuesto a ajusticiar a la pelinaranja. Pero, en cuanto dio un paso, sintió el frío acero de un arma en su cuello. Los dos acompañantes de la fémina estaban a su espalda, con las armas desenvainadas.

-tus anbu son mis anbu realmente, Aoki kagawa. Es lo que tiene desentenderse de tus tropas, que otro ocupa tu lugar. Pórtate bien de la que vas a prisión.- ordenó con autoridad la Fuuma. La joven estaba harta de las tonterías de su dirigente, y había decidido acabar con su plan, de ahí su primera petición mucho más diplomática; o su reinado, ese mismo día.

-Maldita niñata, apenas tienes diecinueve años, ¿te crees que puedes gobernar un puto país? El pueblo se levantará para liberarme, soy su otokage.- ladró un furioso Aoki, de la que le inmovilizaba el gigantesco Taeko.

-El pueblo no hará nada, Kagawa san. Ni tan siquiera el consejo lo hará. Llevas toda la guerra dedicándote a follar, beber y esconderte. Y, mientras, ellos han estado sufriendo. Están hartos. Seré una niñata, pero no soy estúpida: cuento con el apoyo de los principales escuadrones anbu, y de los clanes principales. Ahora mismo té están deteniendo los capitanes de tu segundo y tercer escuadrón anbu. La población no se levantará en armas por ti, básicamente porque podría sentarme en tu silla hasta el fin de la guerra sin hacer nada y sería mejor dirigente que tú.- explicó con serenidad la fuuma de la que se quitaba su máscara y revelaba un gesto de puro asco hacía su dirigente, que se encontraba rojo de ira.- llevaros a esta vergüenza de kage…

Los cinco anbu procedieron a llevarse al prisionero de forma profesional, mientras esté maldecía y gritaba amenazas e improperios a la Fuuma y la dama de compañía que hasta hace nada le estaba atendiendo salía corriendo de allí, aterrada. Cuando el anterior kage de oto hubo salido del despacho, Sasame se dirigió en silencio hasta el asiento del líder de la aldea, y se posó en él con pesadez. Lo había hecho, había dado el paso. Y, vistas las miradas de orgullo de sus dos acompañantes que pudo apreciar a través de sus máscaras, lo había hecho bien. Sasame Fuuma, a pesar de ser una persona agradable con sus seres queridos, era fría como el hielo a la hora de cumplir con su deber. La muerte de su primo Arashi la había enseñado que, llegado el momento, había que ser valiente y mancharse las manos. Y su gran amigo, Naruto uzumaki, que no debía de rendirse nunca al luchar por lo correcto. Su primo y Naruto uzumaki eran sus mayores inspiraciones en la vida, si hacía esto era por ellos. Si ella no ayudaba al mundo cuando la necesitaba… ¿Cómo lograría cambiar algo? Sabía que ahora le esperaban numerosas reuniones del consejo, decisiones difíciles… pero la suerte estaba echada.

-Fuuma sama.- la llamó la atención el Otoeieno.- ¿Ahora que?

-Lo primero, esta es la lista de los principales apoyos de Aoki en el poder.- declaró con seriedad la pelinaranja, mientras ofrecía un papel con varios nombres apuntados al anbu.- la mayoría son civiles que se han hecho de oro con el contrabando, aprovechándose de las decisiones de Aoki… y seguramente sobornándolo… quiero que tú y tu escuadrón los detengáis a todos y decomiséis sus bienes. Hacedlo de manera discreta.

-Hai.- exclamó el anbu, desapareciendo en un sunshin. Sasame comenzó a redactar en otro papel su siguiente orden como otokage en funciones, para luego pasárselo al gigantesco shinobi y revisar el resto de cajones del escritorio del otokage.

-Taeko kun, necesito que envíes un mensaje a cada una estas personas. Son el nuevo líder samurai; Hokuto, la Hoshikage; Koyuki, daimyo del país de las nieves; Ren, la suma sacerdotisa del país del demonio; y los daimyos de los paises del colmillo, de los acantilados y de los vegetales.

-Hai, Sasame chan… usaré mis cuervos para asegurarme que llegue sin problemas. ¿Qué les dirás?- preguntó el Kumazuka con orgullo. Admiraba a la joven pelinaranja, y eso que era más mayor que ella. Pero Sasame era puro talento y tenacidad, todo lo que él podría desear de una mujer. Por algo ella era la capitana del primer escuadrón, y ahora otokage de facto con solo diecinueve años.

-Solamente la verdad… Uzumaki Naruto, también conocido como Kitsune no Kibo, está vivo y luchando contra el dios árbol… y necesita ayuda.- finalizó, para luego detenerse a mirar un documento que había sacado del tercer cajón.- Y es irónico cómo podremos ayudarte Naruto kun…- pensó con una fina sonrisa.


-Futon: reppusho (viento: palma violenta de viento).- exclamó Naruto, lanzando una potente corriente de viento hacia Sakura, que rodó hacía un lado para esquivarlo mientras realizaba sus sellos.

-Suiton, suigadan (agua: colmillo de agua).- contestó la pelirrosada, impactando con su proyectil de refilón en el pecho del uzumaki, que cayó con un corte superficial al suelo.

Una preocupada Sakura se apresuró a atenderlo, asustada por haber acertado ese golpe. Aunque se esperase algo así. Nada más volver el uzumaki de la playa, y fingiendo ignorancia la haruno sobre su ausencia, la kunoichi había insistido en volver a entrenar tras un desayuno ligero, y a pesar de que ambos estaban todavía cansados de la pelea del día anterior. La razón, más que mantenerse en forma, era otra: examinar al rubio bajo tensión y ablandarle para una futura pregunta. Con respecto a su primera razón, Naruto repetía muchas veces que los grandes shinobi, con solo chocar los puños, sabían exactamente lo que pensaba el otro, y Sakura compartía plenamente tal afirmación. Naruto y ella entrenaban juntos regularmente desde la época gennin, salvando esos dos años de ausencia del rubio para viajar con el sabio pervertido. Conocían los movimientos del otro, su forma de pensar (aunque ese toque impredecible de Naruto a veces sorprendiese incluso a la ojijade) y, por encima de todo, cuando su compañero de equipo estaba descentrado. Porque la haruno, sin recurrir a su modo sennin, lo había notado: saltos con menos chakra del que solía usar, rasengan menos potentes, tácticas más conservadoras… la haruno, vestida con su traje jounin, llegó hasta el uzumaki, intentando centrarse en no ruborizarse… el sudor recorriendo su torso desnudo y musculado, con esa herida abierta, le daba un toque salvaje muy atractivo.

-Casi me matas Sakura chan… Otra vez.- reprochó con un tono de broma el uzumaki, como si esa herida del torso ni le doliese.

-Deja de hacerte el machote, que esa herida te tiene que estar doliendo…- le regañó la kunoichi mientras aplicaba su chakra verdoso sobre la herida hasta cerrarla. Incluso vio en directo como la cicatriz desaparecía, eliminada por el inmenso poder del chakra del kiuby que recorría su sistema. Impresionante, algún día tendría que hacer un estudio pormenorizado de esa habilidad… si se pudiese sintetizar, sería una herramienta muy útil en la cirugía de campaña.- nunca me acostumbraré a ver cómo Kurama te cura…

-Si te soy sincero, más que el chakra de Kurama, es por mis genes… descubrí tras la guerra que pertenezco a una casta especializada de mi clan, la casta del guerrero… al parecer, Karín averiguó que en mi organismo existe un sistema de regeneración e inmunológico mucho más potente de lo normal…- explicó el rubio con un mohín de confusión.- Nee chan te lo podría explicar mejor, yo es que no entiendo de esos términos… cuando me habláis de plaquetas en mi sangre me imagino unas planchas de acero por ahí pululando…- la haruno rió ante ese comentario.- Bueno, me da que has vuelto a ganar… ¿qué te apetece para comer?- preguntó el ojiazul despreocupadamente de la que se levantaba del suelo tras ser atendido por Sakura, pero esta le paró los pies cuando se dirigía de vuelta a casa.

-Realmente… querría otra pelea más, Naruto.- reveló la pelirrosada con seriedad. No era tonta, sabía lo que había pasado ahí, y no iba a dejar al uzumaki escaparse tan fácilmente.

-¿otra más? Si me has vuelto a pasar por encima… mejor comemos y hablamos luego de que vas a hacer cuando vuelvas a konoha…

-Naruto, de momento no está en mis planes volver a konoha, no sin ti al menos.- repuso con serenidad la haruno, mientras el uzumaki se tensaba.

-Ya te lo dije antes, no pienso volver. Tengo cosas más importantes que hacer.

-Naruto, nada es más importante que esto. No te lo quería decir porque te noto… diferente… pero es necesario que vuelvas. Konoha te necesita para combatir al Shinju, tu chakra natural puede curar a miles de personas.- reveló la haruno, obteniendo una mirada severa de Naruto.

-¿Así que tu promesa personal no lo es tanto, no?- recriminó el uzumaki. Quizás aquí tendría la oportunidad de alejar a Sakura y ponerla a salvo, quizás ofendiéndola…

-No pongas en mi boca palabras que yo no he dicho. Si estoy aquí es por ti y por mi. Prometí que en cruzaría el maldito océano si fuese necesario para estar contigo, y lo he cumplido. Solo te expongo la situación, pero no dudes de que, con o sin ella, te quiero y quiero estar contigo.- contestó una ofendida Sakura. Parecía que el rubio podría conseguir su objetivo, solo tenía que seguir esta conversación por estos fueros. Pero ese "te quiero" le hizo recular.

-… siento haberlo dicho así, Sakura chan…- se disculpó el rubio, asintiendo Sakura con serenidad.- pero, sea lo que sea lo que necesitéis y el número de personas enfermas, aquí tengo dos cosas mucho más importantes que hacer, así que mi respuesta sigue siendo no.- sentenció, sorprendiendo a la haruno. Naruto uzumaki… ¿rechazando el ayudar al prójimo? Era imposible.

-No te reconozco, ¿se puede saber que te pasa? ¿Qué puede ser más importante que salvar a miles de personas?- gritó una enfadada Sakura, mientras empujaba levemente al rubio, como si intentase que se despertase de una vez y entrase en razón.

-Son mis asuntos Sakura, y te puedo asegurar que son mucho más importantes que lo que sea que necesite konoha.- repuso Naruto al desafío de la haruno. Pero ni al omitir el chan pudo frenar el avance de la ojijade.

-¿Ah si, tus asuntos? Te diré porqué quiero otra pelea más. ¿Te crees que soy estúpida? Si has recibido esa herida es porque te has estado reservando. Eso sin contar que tus golpes han sido caóticos en algunos puntos, como si tuvieses algo mejor que hacer y quisieses terminar con esto rápido. Hay algo que no me estás contando, y lo quiero saber de una puta vez.

-No me estoy reservando.

-¿Te crees que no puedo percibir esa inmensa piscina de chakra natural que llevas sin tocar desde ayer? Incluso en nuestra pelea reservaste una buena parte, prefiriendo recibir una buena paliza a defenderte usándola. Te lo diré bien claro… eres un mentiroso terrible, Naruto.- finalizó la kunoichi.

Esa última frase tuvo un efecto devastador en Naruto. Era la frase que usaba Shion con él… Cualquier persona con malicia podría sospechar de ese movimiento, pero en realidad, la haruno no había empleado esa frase de manera perversa, es más, seguramente ni sabía que esa coletilla era muy común en la otra gran mujer en la vida de Naruto uzumaki. Era una simple coincidencia, pero aún así el efecto no era menos doloroso. A la mente de Naruto acudió la voz de Shion recitándola con una suave sonrisa por cualquier tontería que hiciese el uzumaki, una voz que le revolvió el pecho… para mal. Adoptando su pose estoica, esa que empleaba ya demasiado a menudo desde hacía seis meses, miró a Sakura, que, aún dentro de su furia, no pudo evitar sorprenderse por el cambio radical en la mirada del ojiazul. Era como si le hubiese insultado gravemente, pero ella no había dicho nada serio que supiese. En el interior del rubio, Kurama se sobresaltó e intentó calmar a su jinchuriki.

-Cachorro, respira hondo y no digas ninguna estupidez…

-Tengamos la fiesta en paz, que no estoy de humor…- intentó calmar los ánimos el rubio, haciendo caso a su amigo inmortal.

-Deberíamos de dejarlo para luego, esa reacción me preocupa…- medió su inner con la ojijade.

-No Naruto, no lo voy a dejar pasar. Lo he notado desde que estoy aquí: hay algo que no me cuentas, algo que te duele mucho…- continuó su asedio la pelirrosada. Sabía que era vital para la recuperación del rubio que descargase ese peso, fuese el que fuese, y hablase de ello. Normalmente, otra persona seria más paciente y esperaría hasta que la situación fuese propicia, pero, ni las circunstancias, ni la personalidad de la haruno invitaban a ese sistema. Realmente, no presionaba por la gente enferma, ni por curiosidad morbosa. Presionaba al uzumaki porque quería que confiase en ella, quería curarlo de verdad. Era el amor de su vida, y no soportaba verlo sufrir. Quería, no, necesitaba curarlo. Pero el rubio no se dejaba curar.

-Sakura, no sigas…- contestó el ojiazul, deseando acabar ya con esa conversación. Se estaba tensando demasiado, incluso omitía el chan del nombre de su amada, y eso no era bueno.

-Naruto, ¿por qué no me lo cuentas? ¿Es que no confías en mí? No solo te amo, quiero ayudarte… por favor…- intentó ablandarlo Sakura. Pero, por primera vez en toda su vida, Naruto resistió un ruego de la pelirrosada, aunque fuese a duras penas.

-No es asunto de nadie, no es una cuestión de confianza, es que simplemente no le incumbe a nadie más que a mí.

-Genio vivo, mente lenta, Sakura… déjalo estar...- rogó inner Sakura, notando como la ojijade se dejaba llevar por una ansiedad que la nublaba el juicio.

-…- la haruno, a pesar de que su inner y su propia razón le aconsejaban prudencia y dejarlo para otro rato, decidió dar un paso más en su asalto.- Tiene que ver con Shion, ¿verdad?- Naruto apretó inconscientemente la mandíbula y los puños en respuesta.- Tienes que dejarlo salir nar…

-Cachorro, ¡respira y piensa!- bramó el Kitsune, sintiendo la ira crecer dentro de Naruto.

-¡Maldita sea Sakura! ¡Te he dicho que no quiero hablar de ello! Y si no puedes vivir sin saberlo, mejor vuélvete a la puta konoha y diles que estoy muerto, porque no pienso volver.- gritó Naruto con furia a la pelirrosada, que se quedó congelada.

Era la primera vez en toda su vida desde que se conocieron, con tan solo cinco años, en la que Naruto gritaba a Sakura. Y, siendo sinceros, ninguno estaba preparado para ello. Sakura se quedó estática, observándolo, con lagrimas agolpándose en los ojos. Lagrimas no sólo de dolor por el trato de Naruto, sino también de frustración, de rabia. Quizás se había excedido ella presionándolo, pero eso no justificaba en absoluto ese grito. Ahora no sólo estaba más lejos de solucionar el problema, sino que también había vivido un momento que jamás habría querido vivir. Se dio la vuelta para irse a la casa, y así no verle. No significaba que fuese a rendirse en su tarea, la haruno era el ser más obcecado del mundo, pero tampoco tenía ganas de verle en ese momento. Mientras tanto, Naruto se quedó mirando a su diosa de ojos jade llorando por su culpa, y por dentro sintió como si se le rompiese el corazón. No debía de haberla gritado, pero se sintió entre la espada y la pared, y la ira le cegó hasta darle esa contestación. Por supuesto, Naruto jamás habría llegado más lejos, pero eso no reducía su culpabilidad.

La haruno se dio la vuelta, y entonces su mente comenzó a enfocarlo desde otra perspectiva, trabajando a marchas forzadas. Quizás esto fuese lo mejor. Naruto sentía en su interior un terror primigenio, y era tener que enterrar a Sakura junto a Shion. Que, un buen día, cuando el rubio se separase de ella un segundo, cuando se durmiese un minuto de más, cuando ella saliese de su vigilancia por cualquier coincidencia, apareciese esa loba de diez colas y la matase. O ese enmascarado y se la llevase. Con Shio no tenía ese temor, no por falta de amor, sino porque, al ser una niña, podría controlarla perfectamente y ponerla a salvo. Esa niña llevaba encima más sellos de teletransporte que sus kunai de tres puntas, y un biju de escolta incluso, si quisiese ahora mismo podría llevarla al monte myoboku sin mover un músculo. Pero con Sakura no podía hacer eso, la ojijade elegiría luchar llegado el caso. Naruto ya había salido más muerto que vivo de la pérdida de Shion… no podría soportar perder también a Sakura. Quizás, ahora que se iba, solo debía de no hacer nada, y sufrir en silencio su abandono. Mejor que verla muerta. Pero en ese momento se cruzó en su mente sus últimas promesas a sus dos amores. No elegir por Sakura. No dejes escapar lo que te haga feliz… y Sakura le hacía feliz. A pesar de su situación, hacía tiempo que no se sentía a gusto con nadie…. No podía dejarla ir. Ni podía ni quería. La sostuvo del antebrazo con suavidad, pero con firmeza, y la haruno se giró hacia el con esos jades llorosos, esperando a que dijese algo.

-Lo… lo siento mucho, Sakura chan…- se disculpó el uzumaki de inmediato, mientras sus ojos se inundaban de lágrimas también.- No debí gritarte… te juro que no lo volveré a hacer nunca más… - la joven tragó con fuerza, relajando su postura y secándose cómo pudo las lágrimas.- No dudes de que confió en ti Sakura chan… tú y Kurama sois las únicas personas en las que confío plenamente ahora… es sólo… es sólo que no estoy preparado… por favor… entiéndeme, no estoy preparado para contarlo… a nadie…

Sakura se quedó observándole, enternecida. Veía en esos ojos un auténtico arrepentimiento, además de algo que la hacía latir el corazón con fuerza: una total y absoluta necesidad de ella. Como si la ojijade fuese oxígeno para el rubio. Nunca entendería como había conseguido esa importancia en la vida de Naruto, estaba segura de que nadie podría mirarla con la intensidad que la miraba ahora Naruto uzumaki. La hipnotizaba, la evadía de todo. Podría perdonarle cualquier cosa si le dirigía esa mirada después. Y más sabiendo que al ojiazul siempre le dolería hacerla daño tanto como a ella misma. Se acercó a un acongojado Naruto, y con ternura limpió sus lágrimas con sus pulgares. El uzumaki cerró los ojos, y ella besó sus labios con suavidad, un beso que significaba muchísimo. Y sobre todo, "yo tampoco puedo vivir sin ti". Cuando se separó, ese baka seguía con los ojos llorosos, mirándola fijamente, y la haruno decidió dejárselo claro. Acarició el dorso de la mano derecha de Naruto con ternura, mientras el uzumaki la miraba confuso.

-¿Sabes? Aunque Kurama haya eliminado cada cicatriz de tu cuerpo, yo recuerdo cada una… tengo una memoria excelente, y te puedo asegurar que me las he estudiado como si fuesen un mapa… el mapa de todo lo que has hecho en tu vida por mi…- declaró la joven, para besar después el dorso de la mano de Naruto con devoción.- en este sitio te clavaste un kunai para sellar con sangre tu juramento de no huir jamás. Me acuerdo de que en esa época yo era una niñata estúpida que te consideraba un estorbo y solo quería la atención de Sasuke… pero aún así, cuando te vi herirte, me asusté… me asusté de verdad, tanto que quise volver a la aldea para asegurarme de que alguien con conocimientos de medicina te tratase correctamente. Era curioso, puede que inconscientemente no fuese tan imbécil y si apreciase lo que eras…

-Sa… Sakura chan…

-Luego está esta de aquí…- continuó la joven mientras acariciaba el lado derecho de la frente del uzumaki, justo donde nacía el cabello, ignorando el intento de hablar del ojiazul.- esta no vi cómo te la hacían… estaba inconsciente, fijada a un árbol por la arena de gaara. Solo supe de ella gracias a lo que me contó Sasuke. Un demonio de arena me había capturado, y cualquiera hubiese tomado a Sasuke y huido… pero tú no lo hiciste… y repetiste una y otra vez que me salvarías… hasta vencer con solo doce años al mismísimo Shukaku, el biju de una cola.- Sakura dio un marcado beso en el lugar donde debería de estar esa cicatriz, para luego sonreír tiernamente al rubio, y deslizar sus dedos por el hombro derecho del ojiazul.- Esta me dolió como si la hubiese sufrido yo directamente… porque yo fui tan estúpida como para hacerte prometer lo imposible… No sé qué pasó allí, nunca me lo habéis querido contar, pero no dejo de ser estudiante de tsunade Senju… esa herida con la que volviste tras buscar a Sasuke solo podía causarla una técnica de rayo, y ninguno de los cuatro del sonido tenía esa naturaleza de chakra… - Naruto se dispuso a hablar, pero Sakura volvió a cortarle con una sonrisa.- no hace falta que lo expliques, lo único que me importa es que estás vivo. Y que volviste conmigo. No habría soportado perderte…- declaró, procediendo a besar el hombro derecho del ojiazul con la misma devoción que en el resto de cicatrices.

-Sakura chan, en serio, no tienes que agradecerme nada…

-¿Qué no tengo?- respondió una emocionada Sakura, mientras rodeaba a Naruto.- aquí en la espalda tendrías una que ocuparía la mitad de tu columna… Arashi Fuuma lanzó su cuchilla hacía mi, yo me quedé paralizada… y tú interpusiste tu cuerpo para evitar que sufriese daño.- reconoció, acariciando la musculado espalda del rubio, para luego acabar de rodearlo y acariciar su torso.- y esas quemaduras que sufriste cuando luchaste con cuatro colas contra Orochimaru… nunca he pasado tanto miedo, y no era por mi propia seguridad, era por la tuya… creí… creí que te perdía… - la haruno beso los labios del ojiazul con pasión, pasión motivada por ansiedad, por rememorar esos terribles momentos. Esa pasión que solo le provocaba Naruto uzumaki, el único hombre que nunca se rindió en conquistar su corazón, el dueño absoluto del amor de Sakura por derecho de conquista. - ¿que no tengo que agradecértelo? ¿Y qué me dices de la que tendrías en tu mejilla derecha por el corte del kunai de Sasuke? Él iba a degollarme porque no fui capaz de ejecutarlo… me agarró del cuello, yo no daba crédito, ni aún en ese momento era capaz de ver la realidad… y apareciste tú, y me salvaste de nuevo. Podré vivir mil vidas, y nunca te lo agradeceré lo suficiente. Cada una de estas cicatrices es un recordatorio de la suerte que tengo. De lo que es capaz de hacer mi propio caballero de cuento… no puedo evitar que te las hagas, eres un baka y lo serás siempre… creo que es parte de tu atractivo.- bromeó Sakura entre lágrimas, mientras Naruto sonreía completamente emocionado por ese discurso de la pelirrosada. Sakura, a pesar de ser muy sentimental, no era muy dada a expresar sus sentimientos de esa manera. La vergüenza solía vencerla, y la impedía expresar lo que sentía. Pero ahora estaba dejándose llevaba expresando todo lo que llevaba dentro.- pero puedo curarte cada vez que salgas herido, para que no sufras jamás. Y te curaré tanto aquí.- dijo, acariciando la piel de su cuello.- como aquí.- finalizó, acariciando las sienes de la cabeza del uzumaki.

Naruto solo pudo sonreír y acariciar esas manos, esa piel tan suave… esas manos que le habían curado mil veces, que le habían incluso traído de la muerte a base de tomar su corazón y obligarlo a latir. Sakura hablaba de todo lo que había hecho él por ella, pero… ¿y lo que había hecho ella por él? Naruto siempre daba lo mejor de sí si estaba la haruno cerca… como si esos ojos verdes le diesen el poder de varias colas. Naruto no sería ni la mitad de fuerte de lo que era sin Sakura Haruno. La pelirrosada volvió a besarlo, dejándose abrazar por esos fuertes brazos, embriagándose por ese olor a roble que emitía su amado rubio. Y luego, cuando les faltó el oxígeno, la fémina se dejó apartar un mechón de cabello con una sonrisa inmensa mientras el ojiazul volvía a memorizar esas pequeñas pecas que presentaba su querida ojijade en sus pómulos y nariz.

-Sé que te es difícil, te entiendo.- sentenció la mujer, feliz y segura en los brazos del rubio.- no te volveré a presionar para que me lo digas. Solo te quiero pedir una cosa: cuando estés preparado, recuerda esto… esa cicatriz tuya, también la quiero curar.

No necesitó un asentimiento del uzumaki. Este simplemente la elevó en sus brazos y la llevó de camino al hogar del rubio. Porque después de esa discusión y ese discurso, Naruto no podía estar ni un segundo más sin demostrar su devoción por su ojijade…


Hanabi atravesó con rapidez los pesadillas de la mansión familiar, acompañada de su hermana mayor. Las hermanas hyuuga, tras descubrir esas extrañas protestas traspapeladas y relacionarlas con la muerte "natural" de kuoko hyuuga, habían procedido a investigar, y cada una a su modo. Hinata, prevaliéndose de la mayor confianza que sentían en ella los miembros de la rama secundaria, se había entrevistado con los principales líderes de la misma, buscando información, o el origen de tales protestas. Al parecer, algunos miembros de la rama secundaria habían desaparecido. Era extraño, porque no había relación cercana entre ellos más allá de su apellido: todos eran gente sin familia, ya fuese debido a la guerra o a que simplemente eran personas solitarias; y con una edad avanzada. Lo más lógico sería pensar en que se hubiesen fugado del recinto, dado su poco arraigo con el resto del clan, pero los líderes con los que se había entrevistado la ojiperla no estaban muy convencidos… ¿Por qué iban a fugarse ahora? Era cierto que tenían razones basándose en el tiránico pasado de la rama principal, pero ahora que el consejo hyuuga estaba tomando medidas para acabar con la división en ramas, no tenía sentido el fugarse del recinto. Eso sin contar algo muy notorio: los hyuuga eran extremadamente leales a su clan. Nadie se fugaría sin una buena razón.

Por su parte, la castaña menor había procedido a investigar sobre tal problema de un modo mucho más sibilino. Las hyuuga eran como el sol y luna: mientras una creía firmemente en la bondad del ser humano y actuaba en consecuencia yendo de cara, a hablar sobre los problemas; Hanabi era profundamente desconfiada, y tenía muy arraigada la idea de que, para llegar a la raíz de un problema, primero debes de atender a lo objetivo, los datos y documentos, aquello que no te podía engañar, y luego dejar para el final las conversaciones con personas, que si podían engañarte. Investigó la muerte de Kuoko hyuuga, acudió a su historial médico y al informe de la autopsia. El primero ya la hizo sospechar: ni una sola afección hasta su muerte, una salud de hierro que no relevaba indicios de esa repentina muerte por paro cardíaco; pero la segunda ya hizo que saltasen todas sus alarmas. No había informe de la autopsia. "Traspapelado", al parecer. Los miembros de la rama secundaria que lo custodiaban insistieron una y otra vez en que se habrían traspapelado, que todo era un caos por el cambio de liderazgo, y que realmente no era importante, ¿Qué podría importar la autopsia de una muerte natural diagnosticada? Y aquí es donde Hanabi tomó la decisión de que la estaban ocultando algo, no por el mensaje, sino por su origen: miembros de la rama secundaria que ella sabía cercanos al consejo de ancianos hyuuga. Y a esas sospechas se unió el que, misteriosamente, hubiese reportes de sus compañeros anbu de salidas nocturnas no autorizadas por su hermana de miembros de la rama principal fuera del recinto hyuuga…

Cuando ambas hermanas se juntaron con lo que habían recopilado, llegaron a la conclusión de que necesitaban información de primera mano sobre ese problema, que parecía envolver al consejo de ancianos, puesto que ellos eran los principales sospechosos. Y a la ojiperla mayor se le ocurrió lo obvio, para disgusto de Hanabi: preguntar a su padre. Hiashi hyuuga, aunque ya no dirigiese de facto el clan, seguía al tanto de todo, y conocía bien a los miembros de la rama principal. Si hubiese pasado algo con ellos, él lo sabría seguramente, o como mínimo tendría alguna idea de que ocurría gracias a su experiencia. Hanabi no quería recurrir a el realmente por razones personales, no porque no lo aconsejase la lógica. La castaña, a diferencia de su hermana, no tenía un corazón tan grande como para perdonar años de maltrato paterno, por mucho propósito de enmienda que supuestamente hubiese adoptado Hiashi. Supuestamente porque esa pose de buena persona arrepentida adoptada de forma repentina no la engañaba, y la incitaba a pensar que únicamente lo hacía por congraciarse con sus futuras herederas y conservar el poder en su círculo cercano. Aunque eso no explicaba la designación de hinata como heredera en lugar de ella misma… Ambas hermanas encontraron al patriarca hyuuga en su cuarto, meditando en un sencillo kimono beige, y con una extraña banda rodeando su frente. Parecía en paz, y por momentos Hanabi dudaba de su decisión de odiarlo. Pero luego recordaba el pasado y llegaba a la conclusión de que no era posible el perdón.

-Tou chan…- intervino Hinata mientras Hanabi examinaba en tensión a su padre. Hiashi abrió los ojos y las miró a ambas, para luego hacer algo que puso los pelos de punta a la ojiperla menor. Sonreír. Nunca había visto a su padre sonreír, y por eso la dejó tan impactada ahora. Hinata seguramente habría tenido la misma reacción la primera vez, pero solía verse a menudo con Hiashi, así que ya solo disfrutaba de esas sonrisas tan únicas. Era curioso: Hiashi tenía una sonrisa sincera, serena y muy agradable.

-Hinata, bienvenida…- contestó, dandole un beso a su hija mayor en la mejilla, para luego dirigirle una mirada de felicidad a Hanabi, que miraba en tensión todo desde la entrada.- Hanabi, me alegra que tú también hayas venido.

-Hyuuga sama.- contestó con sequedad la ojiperla menor, buscando marcar distancias. Y volvió a sorprenderse cuando su padre mostró un cierto atisbo de tristeza al recibir ese trato tan frío. Padre e hija menor se quedaron mirándose en tensión unos segundos, hasta que Hinata decidió intervenir.

-Tou chan, veníamos a pedirte ayuda con un asunto del clan…

-¿Ayuda? ¿Alguien te está poniendo difícil la dirección hija mía?- preguntó con interés el ojiperla mayor.

-No no, todos se están portando muy amablemente, hasta los ancianos de la rama principal.- comentó con inocencia la hyuuga mayor, pero entonces Hanabi se fijó en un gesto muy sutil de su padre, el apretar los labios una fracción de segundo. Era un gesto que hacía a menudo cuando la anbu fallaba un paso en su entrenamiento.- Verás, tiene que ver con cierto problema burocrático.- Hinata procedió a explicar el problema a Hiashi, que atendió a todo con serenidad. Se expusieron los datos, los puntos de vista, las pruebas… todo mientras Hiashi miraba todo con una mueca que, ahora si, Hanabi reconocía a la perfección. Una mueca que confirmó definitivamente todo lo que sospechaba.-… Y ese es el problema. Hanabi cree que hay una malvada conspiración detrás de todo, pero yo no veo que se podría lograr actuando así ni a quién favorecería eso, es ridículo.- finalizó hinata, mientras Hiashi dibujaba una sonrisa menos natural de lo normal y procedía a hablar.

-Tienes razón hinata, es un simple asunto burocrático. A mí también me ocurrió eso en mis primeros meses de liderazgo en el clan, cuando mi padre me legó el mando. Esos documentos acaban apareciendo, y el problema olvidándose.

-¿Y qué me dices de Kuoko… padre?- inquirió Hanabi, buscando arrinconar al hyuuga mayor. Pero Hiashi se mantuvo sereno en todo momento, haciendo gala de su legendaria cara de póker.

-Kuoko era una persona solitaria, a veces los accidentes ocurren. Una persona puede morir de un infarto sin antecedentes previos en su salud Hanabi. Pero veo claro lo que hay que hacer… Hinata, creo que debes de volver a reunirte con los líderes de la rama secundaria y explicarles que todo es un malentendido, para tranquilizarles. Además… he hablado con el consejo de ancianos, ya estamos todos listos para el traspaso oficial del mando del clan.- anunció su padre con una gran sonrisa, mientras hinata y Hanabi abrían sus ojos con sorpresa.

-To… tou chan… ¿estás seguro?- preguntó una impactada hinata, mientras Hanabi examinaba de arriba abajo a su padre. Le enviaba señales contradictorias… si tramaba algo, ¿Por qué darle definitivamente el poder a hinata? Eso sería el fin de cualquier control que quisiese ejercer sobre el clan…

-Estoy seguro hija mía.- repuso el hyuuga mayor, para luego darle un beso en la frente a una abrumada hinata, para sorpresa de nuevo de Hanabi. Joder, era una actuación muy real la de su padre, en serio parecía feliz.- Hinata, me recuerdas mucho a tu madre… eres tierna, una buena persona que se preocupa hasta por viejos cascarrabias como yo… estoy orgulloso de ti, y te quiero pedir perdón por verlo tan tarde.- comentó Hiashi, cortando a hinata antes de que hablase.- No hace falta que me excuses. Hinata… es hora de que el clan hyuuga tenga un corazón. Aquí tienes los papeles haciéndolo oficial.- finalizó el hyuuga mayor, mientras le daba un pergamino a la ojiperla mayor.- mi asistente, Hanate hyuuga, te acompañará hasta tu despacho para que lo prepares todo, yo me reuniré con el consejo hyuuga para ultimar los detalles. Ahora ve y no pierdas más el tiempo. Y recuerda que tu padre te quiere y está orgulloso de ti.

Hinata asintió con lágrimas de felicidad en los ojos y abrazó a su padre con fuerza, mientras Hanabi estudiaba cada gesto del patriarca hyuuga. Hiashi cerró los ojos con ese abrazo y aspiró ese perfume de su hija, uno que le recordaba tanto al olor de su difunta esposa, dejándose llevar. Hanabi se mantuvo congelada, y educadamente rechazó acompañar a hinata con la excusa de que tenía asuntos anbu que tratar con su padre, todo con una forzada sonrisa. Una feliz hinata salió del despacho de la mansión de su padre, con una sonrisa imborrable en su rostro. Lo había logrado, había demostrado su valía. Al fin no iba a observar desde una esquina el mundo moverse… ella iba a mover el mundo. Cuando se hubo alejado, Hanabi borró esa sonrisa falsa y miró a su padre, que la dirigió una mirada serena, cargada de cariño para su mayor confusión. La castaña, dudando sobre qué hacer, decidió optar por la táctica favorita de su ejemplo a seguir de cabello rubio: atacar.

-Impresionante actuación… casi me lo he creído.- contestó con un gesto de asco la ojiperla, mientras su padre se apoyaba en la mesa del despacho.

-Veo que sigue siendo difícil engañarte… Hanabi.- contestó con un tono cariñoso el hyuuga, mientras sonreía a su hija.

-Déjate de sonrisas falsas y mentiras y dime lo que quiero saber.- le cortó la hyuuga menor, visiblemente incómoda ante la actitud fraternal de ese maldito maltratador.- ¿Qué estáis tramando tú y el resto de hijos de puta del consejo?

-Hanabi…- comenzó a explicar el hyuuga mayor con un tono formal, mientras la anbu se preparaba para saltar sobre él si hacía alguna cosa rara.- lo cierto es que me imaginaba mientras hablaba que no te engañaría. Tu hermana se parece muchísimo a tu madre… y tú te pareces muchísimo a mi.

-No digas estupideces, yo jamás me convertiré en un puto monstruo como tú.- respondió con ira la ojiperla, dejando salir de su interior todo ese rencor acumulado durante toda su vida.

-Y eso espero hija mía… espero que no cometas mis mismos errores. Pero si que tienes mi forma de pensar sobre el resto de personas, esa voz interior que nos hace… desconfiar. Un libro que leí a tu edad tenía una frase ideal para describirnos… "desconfío de los griegos hasta cuando me traen regalos"… Si, he mentido a tu hermana. La muerte de kuoko no fue accidental y está relacionada con esas protestas pérdidas… eran protestas que denunciaban secuestros, secuestros operados por el consejo de ancianos. El pobre kuoko solo trató de investigarlas, y murió envenenado en cuanto descubrió a los culpables…

-¿Secuestros? No tiene sentido, ¿Por qué se iban a arriesgar esos desgraciados del consejo a eso? Tienen una posición cómoda, familias… es ridículo arriesgarse a eso… y no veo que utilidad puede tener secuestrar a tus propios subalternos...

-Tiene mucho sentido, y para ello déjame que te cuente la verdad de todo… la verdad de mi cambio de actitud. La noche que uzumaki sama se fue de la aldea, antes visitó al consejo, como ya sabrás…- comentó Hiashi, mientras Hanabi escuchaba con atención.- lo que no sabes es lo que hizo en esa visita… nos marcó.

-¿Cómo que… os marcó?- preguntó con suspicacia la fémina.

-Nos encontró en una reunión del consejo… una reunión en la que decidíamos a quien casábamos con tu hermana… realmente la estábamos vendiendo.- dijo con vergüenza el patriarca, mientras Hanabi apretaba los puños con rabia. Si hubiesen intentado tocar a su hermana los habría matado a todos.., aunque lo más probable es que hubiese muerto en el intento.- encolerizó y dispuso un sello maldito sobre cada uno de nosotros, un sello que se alimenta de las malas acciones de su portador y lo convierte en un monstruo.

-Fíjate, que me parece un excelente castigo para vosotros…- comentó con un tono venenoso la ojiperla.

-¿castigo? Hija mía, para mí no fue un castigo, para mí fue una… Epifanía.- declaró con un brillo de felicidad en sus ojos el anciano hyuuga, para sorpresa de la castaña.- cuando uzumaki sama me dispuso el sello, y me advirtió de en lo que me convertiría si seguía con mi forma de ser, al fin, lo pude ver claro. Me avergüenza que haya sido necesaria una medida tan radical, pero soy feliz por haberme dado cuenta al menos del daño que le hacía a todo el mundo… y sobre todo a vosotras dos. Me obsesioné con el poder, con el clan, y me olvidé de que ante todo me debo a mi familia…

-Conmovedor discurso…- intervino Hanabi con una mueca de fingida frialdad, aunque por dentro comenzaba a sentir congoja en el corazón. Y no quería sentir eso, quería odiar a ese hombre, que pagase por cada segundo que la hizo sufrir.- Pero eso no explica por qué aún con ese sello, seguís en las mismas.

-Lo explica porque, lo que es una oportunidad para hacer el bien para unos, puede ser la oportunidad para hacer el mal para otros.- declaró Hiashi con un gesto serio.- Yo lo enfoqué desde el bien, y he sido feliz gracias a ello, pero no puedes cambiar a quien no desea ser cambiado… todo el resto del consejo... Midori, Maru, Utano y Mawasari no lo tomaron como una mano tendida, lo tomaron simplemente como un escollo a saltar… se dedicaron a seguir con la misma vida, pero compensando malas acciones con acciones de caridad fingidas… como si por vestirte con papeles de un libro sagrado te hiciese santo, como si una buena acción compensase una mala en una simple operación matemática… y en su forma de actuar, han enloquecido. Incluso Mawasari sucumbió al sello y se volvió loco, como sabes por cómo murió… -Hanabi reaccionó con sorpresa. Joder, ahora todo encajaba, Maldita sea…- actualmente, los miembros del consejo hyuuga, poseídos por esa bestia interior, se dedican a torturar a gente sin familia ni hogar, gente que saben que no se echará de menos… comenzaron saliendo por las noches a cazar vagabundos y borrachos, y ahora no tienen bastante y han empezado con gente de dentro del clan…

-Maldita sea padre, ¡debemos de denunciarlo ante las autoridades!- exclamó una aterrada Hanabi, pensando en la cantidad de niños indefensos que había en el recinto… presas fáciles para esos monstruos.

-Hija mía… si lo denunciamos y se descubre que nuestro consejo se dedica por las noches a descuartizar en vida a inocentes, el clan no se recuperará jamás… seremos tachados como monstruos en el resto de la aldea, la gente nos repudiará, y tu hermana no podrá reformarlo… tengo una fe inmensa en ella, ahora veo que puede lograrlo, solo tenemos que… limpiarle el camino.

-Explícate…- contestó la ojiperla a su padre. Tenía que admitirlo, Hiashi tenía razón. Ya tenían fama de clan endogámico por sus matrimonios entre primos para conservar la pureza del byakugan; y de esclavistas entre los altos mandos de konoha que conocían el sello del pájaro enjaulado, una práctica tan abyecta que se había ocultado a la población su auténtico significado para evitar que fuesen repudiados por sus propios conciudadanos. Ni su konohamaru kun sabía realmente lo que hacía ese sello, le aterraba a la castaña contárselo y que odiase a su clan… si a todo esto se le añadía ahora torturas gratuitas, el clan podría ser incluso eliminado de konoha y del continente entero… no, debía de quedar en privado.

-Muy simple… debemos de purgar nuestros pecados, y hacerlo sin que nadie lo sepa…

Hiashi avanzaba con paso firme por la sala del consejo. Los guardias de la rama secundaria que custodiaban la entrada, viles siervos sin moral ni conciencia que estaban dispuestos a hacer lo que fuese por un buen sueldo y estar cerca del poder, lo escoltaban rumbo a su destino. Realmente, más que una escolta, era una custodia de un prisionero, todos allí sabían que Hiashi hyuuga ya no era un miembro fiel del consejo. No, era un santurrón que se negaba el placer de una buena cacería, de sentir el dolor ajeno. Una molestia que no habían eliminado todavía debido a que el viejo se cubría muy bien las espaldas, siempre estando acompañado y haciendo imposible el eliminarlo sin que nadie les descubriese. Lo cierto es que tampoco urgía matarle, no evitaba sus fechorías, solo les miraba con reprobación y ya, el viejo era una persona inteligente y fiel al clan que sabía que no podía revelar lo que ocurría en esa mansión. Así que, escondidos en una falsa imagen de bondad y con la seguridad de que la única persona que sabía lo que hacían no había revelado nada, los restantes miembros del consejo se divertían cada noche en un extasis de orgías, asesinatos y otros actos aún más abyectos. De vez en cuando algún estorbo se les cruzaba, como ese molesto miembro de la rama secundaria que husmeó donde no debía, pero no era nada que no pudiesen solventar con un asesinato selectivo. Y ahora, su única molestia persistente había cometido el error de ir allí solo. Y en plena noche. Más carne en el menú.

Hiashi entró a empujones en la sala principal del consejo, y lo que vio puso a prueba su estómago hasta el límite. Al fondo, el último hombre del consejo, ayudado por algunos miembros de la rama secundaria, violaban a una pobre joven, una que, a juzgar por las vestiduras rasgadas de su alrededor, debía de ser una de las prostitutas del barrio rojo de konoha. Una inocente fácil de capturar… en el otro lado de la sala, Midori y Maru se dedicaban a cortar trozos de un pobre desgraciado de la rama secundaria que había muerto ya, trozos que apiñaban en un plato central… como si fuesen a comérselo luego. Hiashi realmente no creía en los monstruos, creía en las malas personas, pero lo que estaba viendo le hacía replanteárselo: esas bestias aparentaban ser humanos normales. Se vestían igual, hablaban igual… pero actuaban como bestias dentro de esa normalidad, cometiendo los actos más viles como si no fuesen nada extraño. El sello de Naruto había desatado a su bestia interior, despertado esa locura que ya llevaban dentro de antes. No eran seres humanos convertidos en monstruos… eran monstruos que habían fingido ser humanos hasta la llegada del ojiazul. El sonido de un líquido cayendo con abundancia al suelo sacó a Hiashi de su reflexión: Utano había cortado el cuello de la pobre mujer al terminar, y ahora los miembros de la rama secundaria que lo ayudaban se llevaban gentilmente el cuerpo a una sala contigua mientras el hyuuga se volvía a vestir. Hiashi apretó los puños… joder, si hubiese llegado antes podría haberla salvado…

-Pero mira que tenemos aquí…- comentó midori con un tono jocoso.- un santurrón… ¿Has venido a unirte a la fiesta, o eres solo carne, Hiashi?

-¿Estás loca? Mira su mirada de odio.- intervino Utano.- está claro que viene como carne en el menú…

-Perfecto.- apuntó maru.- siempre he querido arrancarte esos ojos para mí, Hiashi…

-No tengo nada que hablar con vosotros, solo exigiros que acabéis con esta barbarie.- reclamó el ojiperla cautivo con una pose altiva, lo cual arrancó una carcajada general.

-¿tú? ¿Exigir? ¿De verdad te parece que estás en esa posición, Hiashi kun?

-apelo a vuestro buen juicio. Abandonad esta depravación y comportaros como seres humanos… u os arrepentiréis.- anunció Hiashi, mientras los consejeros se miraban entre ellos.

-Me da que no vamos a hacerte caso… antes de arrancarte la lengua podrás volver a pedirlo, a ver si estamos de mejor humor…- contestó Midori con un gesto perverso, para luego dirigirse a sus esclavos de la rama secundaria.- desnudadlo.- Los hyuuga obedecieron con presteza, despojando a Hiashi de su ropa hasta dejarle en prenda interior. Y, cuando le retiraron también la banda de la cabeza, todos los consejeros adoptaron una expresión sádica en el rostro. Unos kanjis con numerosas líneas envolviéndolos dibujados en la frente, reconocerían ese sello en cualquier lugar. El sello del esclavo, el sello del sirviente… el sello del pájaro enjaulado.- No me lo puedo creer… ¿Hiashi kun, pero cómo puedes ser tan estúpido?- preguntó la matriarca hyuuga con una carcajada.

-No le insultes mujer… seguro que quiere darnos una noche memorable y por eso se ha puesto a si mismo ese sello… es muy considerado…- comentó Maru mientras acariciaba el rostro del hyuuga preso, que apartó la cara con desprecio.- Vamos a darle un poco de color a su vida.

Los hyuuga perversos activaron el sello del pájaro enjaulado con una mueca psicópata en sus rostros. De pronto, Hiashi notó como su frente ardía, y como por cada una de sus venas corría una sensación de quemazón, como si en lugar de sangre tuviese ácido. Iba a gritar, pero las palabras no salían de su boca, y solo pudo caer al suelo en una pose antinatural mientras convulsionaba y su boca expulsaba espumarajos. Su expresión estaba en tensión, con todos los tendones marcados, mientras sus venas se hinchaban hasta reventar en algunos casos y una gran capa de sudor caía por su frente. Y su tormento solo acababa de empezar. Cuando estaba a punto de caer inconsciente y morir, sus torturadores paraban entre carcajadas y volvían a empezar. Incluso sus asistentes de la rama secundaria observaban el espectáculo divertiros: el gran Hiashi hyuuga, al fin probando de su propia medicina. Un suplicio que duró minutos, horas… Hiashi no pudo saberlo, pero le pareció eterno. Y era por eso por lo que se había puesto el sello, para experimentar ese dolor. El mismo dolor que sufrió su hermano, solo que multiplicado por mil debido al sadismo de los consejeros. Era su forma de compensar simbólicamente lo que le hizo a su hermano, aunque ni por asomo sustituiría a la pérdida de su familia. Hiashi sólo esperaba que, donde quiera que estuviese Hizashi, lo mirase con menos enojo. Si fuese así, habría valido la pena cada segundo de sufrimiento. Sin contar que esta maniobra daba tiempo para el plan principal. Tras una agonía inmensa, los consejeros pararon, viendo cómo Hiashi ya estaba más en el otro barrio que en esa sala.

-¿Y ya está? ¿Sólo esto ha aguantado? Los esclavos que secuestramos hace una semana aguantaron el doble…- se quejó Maru, mientras se sentaba en una silla con un mohín de disgusto.

-Hiashi era carne blanda, no le exijas mucho…- comentó Utano.- y hablando de carne blanda… hoy tenemos doble ración de carne chicos- añadió animadamente mientras sacaba un cuchillo y se aproximaba al agonizante patriarca del clan.- primero le troceamos a él y luego vamos a por sus niñas… tengo muchas ganas de probar los pechos de la mayor… que queréis, ¿muslo o gemelo?- preguntó, mientras preparaba la pierna de Hiashi.

-Prefiero vuestras cabezas.- declaró una voz desconocida a la espalda de los consejeros.

(Flashback inicia)

-Muy simple… debemos de purgar nuestros pecados, y hacerlo sin que nadie lo sepa… Hanabi, mataremos al consejo del clan esta noche.- declaró con firmeza Hiashi, mientras Hanabi abría los ojos con sorpresa.

-Pa… padre… ¿estás loco? Vale que soy una anbu, pero no son sólo tres hyuuga veteranos y muy poderosos, seguro que tienen guardias…

-Si, concretamente cuatro esclavos dentro y seis patrullando.

-¿Ves? No podremos con todos sin dar la alarma. Necesitamos tiempo, si me das un par de días puedo reunir a mi escuadrón…

-No, será esta noche y quedará entre nosotros Hanabi. Si tu hermana se enterase de lo que acontece en esa mansión, perdería la fe, y el clan perdería a una líder capaz de volverlo próspero y fuerte. Debemos de hacerlo tú y yo.- interrumpió el castaño mayor.- pero no pienses que iremos a una batalla suicida, no… contamos con un arma secreta…- Hiashi se quitó la bandana de su cabeza, mostrando un intrincado sello en su frente, un sello que de inmediato identificó la ojiperla. El sello que llevaba su primo, el sello del pájaro enjaulado…

-Pa… padre… ¿que has hecho?

-Lo necesario hija… - contestó Hiashi, para acercarse a su hija y tomarla suavemente de sus hombros. La primera reacción de la fémina fue apartarse, pero, mirando a los ojos de su padre, algo la empujó a no moverse y escucharle.- Hanabi, sé que no perdonarás con una simple disculpa, pero yo lo haré igualmente… discúlpame por no ser un buen padre para ti… por destruir tu infancia… me merezco el peor de los infiernos por ello. Solo me arrepiento de dos cosas en la vida: de como os he tratado a vosotras dos, y de lo que le hice a mi hermano… le envié a la muerte porque le consideraba peor que yo, a mi propio gemelo, e incluso ignoré sus súplicas y las de su mujer… pero hoy compensaré ambas. Por eso me he puesto este sello, este sello es la trampa perfecta para esos sádicos. Se ensañarán conmigo, se distraerán, y entonces tú tendrás una oportunidad. He visto tus habilidades Hanabi, si les pillas por sorpresa puedes hacerlo. Mientras ellos activan mi sello, tú acabarás con los guardias y los asistentes, y luego caerás sobre los consejeros. Yo te ganaré todo el tiempo que pueda.

-Padre… si haces eso… tú…- comenzó a balbucear una afectada Hanabi, sin ser capaz de decir lo obvio… ese plan sería suicida para Hiashi.

-Lo sé hija, y de buen grado lo acepto. Es el último servicio a mi clan, y una forma de hacer un poco de justicia con la muerte de mi hermano. No me merezco menos que la muerte, y espero sinceramente que, tras esto, algún día puedas perdonarme…- finalizó, dando un beso en la frente a su hija por sorpresa, que no pudo evitar soltar una lágrima.- Te quiero mucho, hija mía. Sé mejor que yo.

(Flashback fin)

Los aterrados consejeros se dieron la vuelta, pero ya era demasiado tarde. Solo pudieron ver una silueta vestida de negro, con una máscara anbu de un conejo y una katana empapada de sangre. Sangre de cada uno de los guardias, que sigilosamente había ejecutado mientras los consejeros estaban distraídos con su padre. Sangre de los asistentes que sacaron el cuerpo degollado de la mujer, y que no vieron venir el acero de la fémina hasta que estuvo en sus gargantas. Y ahora más sangre, la sangre el cuello de Utano, que cayó el suelo con un grito ahogado y las manos en la garganta, intentando contener el río del líquido rojo que ahora se le escapaba. Irónico que hubiese muerto igual que la mujer que acababa de asesinar. Maru y Midori intentaron reaccionar y lanzarse conjuntamente al ataque, pero sólo la primera logró cargar. Cuando midori intentó hacerlo, su pie se vio incapaz de moverse. Bajó la mirada y pudo ver la trémula mano de Hiashi aferrada a su tobillo izquierdo, inmovilizándola lo justo como para que no atacase, mientras la miraba con una sonrisa triunfal. Iba a rematar a ese desgraciado, pero el grito de Maru la alertó.

Entre un gran géiser de sangre, la hyuuga había perdido el brazo izquierdo al fallar su junken, brazo al que siguió su pierna con un nuevo tajo de usagi. Ya sólo quedaba una consejera y unos aterrados asistentes, que murieron por los shuriken de la kunoichi cuando trataron de huir de esa carnicería. Midori se zafó del agarre del moribundo Hiashi, intentando atacar con su junken, pero usagi solo tuvo que girar el tronco ante ese torpe conato de ataque y dirigir su propio golpe con fuerza al codo de la hyuuga anciana, doblándolo en una dirección antinatural. La hyuuga perversa lanzó un grito de dolor al aire, pero este pronto terminó cuando su cabeza se separó de su cuerpo a la orden de la katana de la anbu. Fin de la carnicería para Hanabi, pero no de la misión. Debía de hacer parecer todo esto un trágico accidente, sino se investigaría qué había ocurrido en esa sala y saldrían todas las monstruosidades del consejo hyuuga a la luz. Usagi debía de borrar cada rastro de su tarea, y para eso sólo había una manera: fuego. La hyuuga menor comenzó a distribuir sellos explosivos por la sala: cuando el edificio se convirtiese en un coloso en llamas, solo quedarían restos carbonizados de los muertos, y nadie podría saber lo que había pasado allí.

Cuando hubo acabado de poner los sellos, sin embargo, se detuvo un momento a llorar. No lloraba por lo que había hecho, eso era necesario; ni por matar a los ancianos o los miembros de la rama secundaria que les servían, sinceramente se lo merecían. Lloraba por el único hombre hyuuga inocente de la rama principal que había muerto allí. Hiashi hyuuga reposaba en el suelo, con una pose tranquila, como si estuviese durmiendo. Y en su rostro, esa sonrisa tan… sincera. Una sonrisa que ahora Hanabi reconocía que le hubiese gustado ver más a menudo… le parecía preciosa. Hiashi hyuuga, una persona a la que se propuso odiar tras una vida de vejaciones y maltratos, una persona a la que su propia hija ponía a la altura de monstruos como Orochimaru. Una persona que, con su último acto de voluntad había demostrado a su hija que todos merecen una segunda oportunidad. Incluso se había negado a que su hija sacase su cuerpo de ese lugar: debía de morir ahí para darle más coherencia a la coartada de un incendio que descubrió al consejo reunido. Hiashi hyuuga… todo lo acontecido valía la redención de un hombre perdido pero con la capacidad de hacer el bien al final. Hanabi se agachó y se quitó la careta, dejando que sus lágrimas empapasen el rostro del tranquilo patriarca hyuuga.

-Yo también te quiero… tou chan…- declaró la joven, concediéndose un instante de debilidad para besar la frente de ese hombre que ahora si reconocía como su padre.- Y te perdono por todo…- y en ese momento la castaña recordó una frase que decía su primer capitán en los entierros de alguien inocente.- Si tibi terra levis…


Y fin. Capítulo de transición? Si y no, decídselo a los hyuuga, o a Aoki de otogakure xD Sobre todo, hay mucho contenido psicológico a desarrollar, cómo habéis visto.

El primer acto... mi favorito. Me encanta daros detalles del pasado de Chikara y luego poner como le influyen en su forma de actuar, en serio. Detrás de Chikara hay y habrá un extenso desarrollo, no es un malo de cartón piedra, sin contenido más allá de putear al protagonista. Y hoy habéis visto uno de sus hobbys: las adivinanzas. Hikari fue lista y se aprovechó de ello para evitar que el pelinegro vaya a por Naruto, la diosa ya ha optado por medidas directas viendo cómo está resultando todo. Y menos mal, porque no sé cómo os lo habréis imaginado, pero ese pelinegro cubierto de ceniza y sangre y con esa máscara de hueso es una imagen acojonante. Y ese final... hay alguien capaz de aterrorizar a una diosa y de hacer quedar a Chikara como alguien cuerdo... quién será...

en cuanto al segundo, era necesario para arreglar a Naruto dedicar un acto solamente a describir cómo se siente, un punto de partida por así decirlo. Miedo, tristeza, dolor... Naruto es alguien pasional, y en lo referente a esto tb. Su dilema es obvio: la última vez que fue débil y dejó a su amor vivir con el acabó todo muy mal. Y a eso hay que unir esa sensación de estar sustituyendo a Shion, cosa que no es cierta pero que una persona que se siente culpable por la muerte de su amada ve así. Si fuese por Naruto, se habría embarcado en un viaje suicida a iwa el día de la muerte de Shion para intentar expiar esa culpabilidad. Pero tiene a Shio, es su hija y hará todo lo posible para que no acabe huérfana como el. Y ahora ha llegado Sakura, y todo ese dolor interno se revuelve. Y entran en juego tb esas dos promesas que le hizo a sus dos grandes amores... muchos sentimientos juntos. Para curar una herida, primero debes de detener el sangrado, y todavia Naruto está sangrando emocionalmente.

Pero la pelirrosada es una mujer de armas tomar y no va a dejarle herido mucho más tiempo. Quise representar en el cuarto arco esa ansiedad de Sakura por curarle. Me fijé en la serie que, cuando se trata de medicina, Sakura es como su maestra, profesional y metódica... salvo si está Naruto en la ecuación. La escena de Naruto tras quitarle yamato las cuatro colas, el cabezazo mientras le cura durante la guerra ante la pregunta de Minato (otro momento donde nos vendieron NaruSaku... que les costaba hacerlo con naruhina si lo tenían tan claro y todo el mundo prefería a la ojiperla?), cuando le abre el pecho para hacerle latir el corazón... y solo he nombrado tres de decenas... Sakura no puede mantenerse fría con Naruto cerca. Aquí quise reflejar como Sakura está ansiosa por curarle, como la afecta ese dolor de Naruto. Cierto es que ahí peco de paciencia, y nosotros que sabemos que ha pasado de verdad con el rubio podemos hasta justificar ese grito del rubio, al menos parcialmente, pero ella os recuerdo que, de momento, no lo sabe. Y después... me ha encantado escribir ese discurso, en serio. Era una idea para un oneshot (cien cicatrices se iba a llamar), pero aquí quedaba de fábula. Cada herida la podéis buscar en YouTube incluso. Estas palabras de Sakura han sido el medicamento perfecto para empezar a tratar al rubio, ya lo veréis. Naruto tenía dudas sobre su debía de alejarla, ahora en cambio ha visto que no debe de tenerlas con respecto a la haruno. Básicamente, porque no va a poder alejarla de el jamás, para su alegría.

En cuanto al tercer acto, me di cuenta que la guerra os la he descrito atendiendo únicamente a las grandes naciones orientales, pero... y las occidentales? Esa masa de países indefensos, la fuente del poder de la secta del dios árbol, una granja de futuros esclavos del Shinju. Muchos diréis "Shikamaru es muy listo y debía de haber previsto cómo solucionar eso", yo os respondo que Shikamaru no hace milagros. Shikamaru ha tomado los recursos que tiene y los ha aplicado a defender lo que puede defender, una táctica agresiva para defender las naciones del oeste es insostenible para la alianza gokage. Bastante con dejarlo todo en un punto muerto luchando en enorme inferioridad. Pero podéis ver que ciertas naciones resisten: el país del demonio con su suelo sagrado, el país de las nieves y la aldea de la estrella (los he puesto limítrofes, no sé si no será así, pero en esta obra será así), los paises salvados por el escuadrón Kibo, que movidos por la esperanza no se van a rendir... es mi pequeño homenaje a todos esos pj de relleno olvidados por Kishimoto que, al menos a mi, me parece que encajaban perfectos en el canon. Y en último lugar, Sasame, que ha decidido dar el paso y luchar por hacer lo correcto. Tenía ganas de describir un golpe de estado desde que leí sobre la guardia pretoriana romana, no lo negaré... si, este golpe de estado es un calco de los que se producían al final del imperio romano, para que os hagáis una idea de lo simple que es XD

y el último arco... la culminación de la subtrama de los hyuuga. Este acto va sobre la contrición forzosa y sus efectos. La única manera de redimirte es QUERER redimirte. Naruto, al ponerle al consejo hyuuga el sello de la bestia interior, les dio la oportunidad perfecta para hacerlo, fue un "o comienzas a portarte bien, o te vas a convertir en un jodido animal", y podéis ver las dos posibles reacciones a esa frase en este capítulo: el tomarlo como una oportunidad de cambiar, o como un escollo para tu vida de maldades. Hiashi, como podéis ver, agradece ese sello, tanto que ha decidido expiar cada pecado de su vida y ahora es capaz incluso de sonreír (no le he visto en toda la serie hacerlo). Consideré que una buena forma de expiar su acto con su hermano (que, recuerdo, yo considero que de noble no tuvo una puta mierda... en la serie sólo les faltó decir que Hizashi debería de haberle dado las gracias...) era que muriese por lo mismo que su hermano, y que una forma de expiar su maltrato a sus hijas (considero a Hiashi el principal responsable de que hinata sólo sea capaz de desmayarse y de verse como un útero andante, de ahí que, en esta obra, en cuanto le brinda confianza a su hija mayor esta sufra un cambio tan radical) era que muriese dejándolas un clan limpio para vivir en paz. Redención, con todas sus letras.

En cuanto a los consejeros... quería mostrarlos sadicos, corruptos, que se viese lo que hace la corrupción bestia interior. Por algo es sellado prohibido. La moraleja aquí es que una acción buena no compensa una mala como en una operación matemática, es necesario algo más. Como podéis ver, la imaginación de Hanabi se había quedado corta, y no es para menos, pero, gracias al plan de Hiashi, la veterana anbu ha podido vencer a ese consejo en un ataque por sorpresa. El clan hyuuga puede empezar de nuevo, y todo gracias a que Hanabi ha hecho un Itachi (no se que pensaréis vosotros, pero era la decisión más acertada). Esperemos que Hinata pueda en futuro reparar ese clan sobre los principios de igualdad y respeto, ya se verá. El acto esta basado en una misión del fallout New vegas relacionada con cierto casino que a primera vista parecía ser muy refinado y tranquilo (algo como sociedad del guante blanco se llamaba, creo), por si creéis que eso puede salir de mi mente XD

y paramos por esta semana, la que viene tendremos mucho más, sobre todo en lo referente al NaruSaku. Se titula "Déjalo salir". Se acerca el momento amigos!