Nota de Autor: A aquellos que odien todo esto de Voldemort siendo una criatura no les van a gustar los próximos capítulos. Solo un aviso. En los próximos capítulos su 'otro yo' será importante, después volverá a ser un segundo plano. Tengo la intención de que próximamente la historia se enfoque en la escena política y en la relación de Izar con el Señor Oscuro (y en la guerra)


Capítulo 6

El grito que salió de su boca fue tan inesperado que no pudo silenciarlo cuando el mocoso atravesó sus escudos mentales. Cygnus se llevó una mano a la boca mientras Regulus volaba hacia el Velo.

El horror de Izar no duró mucho.

Cygnus respiró con dificultad cuando el cuerpo del hombre cambió de dirección a último momento, volando hacia una de las escalinatas de piedra. Quien haya salvado al idiota no pareció importarle su aterrizaje pues Regulus cayó con brusquedad. Atento, Cygnus estudió sus alrededores. El traidor de la sangre no había detenido a su hermano, tampoco la Sangresucia. Entonces ¿quién lo había salvado?

Alzó la vista y escrutó en la oscuridad. Usó la habilidad de su descendiente como sensible a la magia y finalmente puso sentir la magia tentadora que provenía de las sombras. Parecía estar en todos y ningún lado, casi como el hombre estuviera caminando por el borde de la sala.

Cygnus echó la cabeza hacia atrás y rió.

Esto era impagable. ¿El Señor Oscuro salvando a un inútil sirviente? ¿Un Señor Oscuro defendiendo a un hombre que ni siquiera podía contra un simple empujón mágico?

Era simplemente… "Clásico," dijo divertido. "Esto es simplemente clásico," abrió los brazos. Los ojos sobre él eran una deliciosa fuente de entretenimiento. Continuó bajando por las bancas de piedra y hacia el centro de la habitación.

Ansioso vio a Regulus ponerse de pié y apuntarlo con su varita. De hecho, tanto Sirius como la Sangre sucia lo amenazaban con sus varitas, pero como tontos no lo atacaban. Se detuvo mientras esperaba a que el Señor Oscuro se mostrase y lo detuviera en su camino al Velo. Pero el sucio mestizo no aparecía. ¡Ni siquiera el Señor Oscuro lo atacaría con su varita!

Rió mirando a Regulus. El hombre tenía la mandíbula tensa y mantenía su varita apuntada firme.

"No puedes detenerme," susurró Cygnus jubiloso. "Sabes que no puedes detenerme."

Dio un paso hacia adelante y, para su sorpresa, Regulus también. El hombre parecía desquiciado mientras se acercaba, sus ojos dilatados por la furia. "No cuentes con eso, Cygnus. No dudaré en dañar a Izar para detenerte."

"Cuan noble," comentó Cygnus. "Me impresiona que finalmente te hayas dado cuenta de que tu hijo esta siendo poseído. Dime ¿qué te hizo darte cuenta? ¿fue el Señor Oscuro? ¿El hombre que siempre estuvo allí cuando heredó su…linaje? ¿O fue el tapiz de la familia Black? De cualquier manera, es bastante insultante ¿no lo crees?" Cygnus se encogió de hombros y dejó de mirar el rostro enrojecido de Regulus. "Tengo curiosidad por saber qué planeas hacer para extraerme del cuerpo de tu hijo. Me temo que la Legemerancia no funcionará."

Regulus parecía querer mantener su rostro inexpresivo ante la confesión, pero su preocupación ganó al final. Tensó los labios y alzó la mirada por sobre la cabeza de Cygnus y hacia la entrada a la Cámara. Cygnus volteó con rapidez tratando de ver al Señor Oscuro, pero sólo pudo ver sombras. Se volvió hacia Regulus riendo. "No, me temo que ni siquiera un maestro de la Legemerancia puede ayudarte."

Luego miró a la Sangresucia. Sus ojos verdes lo estudiaban con frialdad de una manera que no asociaba con una bruja del lado de la Luz. Tenía una expresión casi presumida, como si no estuviera preocupada por su valioso hijo. Pero tal vez esperaba con ansia la destrucción de Izar. Por lo que las memorias de su descendiente le habían dicho, esta mujer no era parte de su vida. Sólo alguien que lo abandonó en un orfanato Muggle.

Ningún Black debería ser criado por sucios Muggles.

Apartando sus ojos, Cygnus casi ronroneó al ver el Velo. Se estaba cansando—signos de que ahora era mortal y tenía limitaciones. Tendría que comer, dormir y guardar sus energías. Ya podía sentir la fatiga en su cuerpo. Lo atraía el luchar con estos…parientes, pero sabía que lo dejaría considerablemente cansado antes de su verdadera batalla contra el Señor Oscuro.

Tal vez los dejaría con vida para después. Necesitaba algo de entretenimiento en su vida ¿no? Siempre que se encargara del Señor Oscuro hoy, podía encargarse de los dos Blacks y la sangre sucia después. Y ¿quién sabía? Tal vez podrían serle útiles en el futuro.

Cygnus estudió a los tres antes de avanzar. La Sangresucia se movió de su camino, bajando su varita pero no la guardia. No tuvo tiempo para pensar en eso porque se movió para esquivar un maleficio desagradable de su padre. Casi salta de emoción cuando notó la pose y expresión de Regulus. El hombre era serio y completamente capaz de arreglárselas en la batalla. Parecía casi demasiado dispuesto a atacar el cuerpo de su hijo.

Tal vez Cygnus había subestimado al hombre.

"Bien, bien," lo animó Cygnus mientras bloqueaba de manera no verbal un hechizo cortante antes de que le diera en el rostro. "Muy bien."

Sus cumplidos parecían reforzar la reacción de Regulus. El hombre gruñó y cargó. De haber habido espuma en la boca del hombre habría recordado a una bestia salvaje. Los hechizos volando en su dirección salían a impresionante velocidad. Se maravilló por su habilidad pero consiguió esquivar y bloquear el ataque con uno propio. No tenía que verbalizar sus hechizos. Era elemental para él.

Sin embargo había algo que sí necesitaba. Tenía que enfocarse y canalizar el poder que sabía Izar poseía.

Después de todo, sí había una razón para su sensibilidad a la magia. Cygnus lo había preparado para que la magia de Izar fuese lo bastante única para que pudiera tocar el Velo y llevar su espíritu. Como consecuencia, decidió retorcer algo más la magia de su portador para su provecho. Izar era sensible a la magia y por eso, también tenía la habilidad de destruir el núcleo mágico de alguien.

Cygnus había creado esa habilidad con fines egoístas. Quería un cuerpo que tuviera poder, poder inusual. Por suerte Izar no había entendido que su sensibilidad a la magia era la llave a un poder mayor. El chico no sabía nada.

Pero no viviría mucho más.

Se enfocó en la latente magia de Regulus y alzó una mano hacia su descendiente. Con fría determinación, Cygnus se concentró en apretar el núcleo del hombre. Las ondas del aura de Regulus parecían pulsar como un corazón palpitante y Cygnus tenía los ojos para ver dónde podía cortarlo, sofocarlo. Cuando sus dedos se cerraron en torno al núcleo invisible, Cygnus encontró el desencadenador del aura de Regulus y cerró la magia.

El atractivo rostro del hombre se contorsionó por el horror y cayó de rodillas. Su varita cayó al suelo, inútil. Ya no más era un instrumento para su venganza. Cygnus miró la escena absorto y fascinado. Debía ser doloroso, tanto física como emocionalmente, para un mago el perder su magia. Lo dejaba inútil y completamente vulnerable.

Por sólo un momento, Cygnus se apartó para admirar el fruto de su don. En verdad era una vista hermosa. Regulus temblaba de manera incontrolable y el brillo alrededor de su cuerpo comenzó a difundirse, envolviéndolo en la oscuridad. El hombre parecía mayor de lo que era y aparecieron nuevas líneas en su rostro. El brillo de sus ojos también se apagó.

Aunque era una escena conmovedora, también lo divertía. Los magos no podían sentir su propia magia hasta que esta se iba. Estaban tan sincronizados con su núcleo que era una segunda naturaleza para ellos. Su magia era el ritmo de su pulso, la consistencia de su respiración, la gracia de sus movimientos… la magia estaba en todas partes. Cuando les era arrebatada tan súbitamente, se daban cuenta que una gran parte de ellos estaba perdida. Ya no tenían la magia que los hacía sentir vivos e invencibles. Necesitarían luchar para respirar solos y ya no tendrían esa sensación de seguridad en sus latidos.

El sentimiento de perder la magia de esa manera era comparable al de morir. Estaban desnudos, vulnerables, y tendrían que ajustar su cuerpo a funcionar si la ayuda de su magia.

Esta habilidad lo hacía sentir como un dios, sin embargo había dos desventajas en este poder.

Por un lado, sus víctimas no morirían por la pérdida de su magia. Aunque sí les sería difícil atravesar su etapa indefensa y aprender a vivir sin su magia, no los mataría. Pero si Cygnus en verdad quería matarlos, podía hacerlo con facilidad. Mientras la víctima se encogía sobre sí misma, Cygnus podía apuntarla con su varita sin ser detenido.

Luego, y la más trágica de las desventajas, era que no era permanente. Regulus recuperaría el control de su magia cuando Cygnus ya no pudiera controlar su núcleo.

Cygnus gruñó al pensar en eso, parándose sobre la varita de Regulus y partiéndola por la mitad en su frenesí lujurioso. El hombre en el suelo alzó la cabeza rápidamente y miró su varita por detrás de los mechones de su pelo negro.. Sus ojos opacos se abrieron bien grande y gimió por el dolor y el horro. La patética criatura se meció hacia adelante y hacia atrás, negando con la cabeza.

Dentro de su mente, Cygnus se mantuvo bien atento a la reacción de Izar. El chico mantenía sus emociones extrañamente aplacadas.

Y aún así…

Sí, allí estaba.

Un atisbo de fascinación, de shock y admiración.

Una vez fuiste el Maestro de la Magia…ahora, en todo mi derecho, te lo he quitado. Para probar que dominaba sobre Izar, Cygnus agitó su varita y dejó a Regulus inconsciente con un golpe invisible en la cabeza. El hombre cayó y golpeó su cabeza contra el suelo de piedra. Un charco brillante de sangre carmesí se formó bajo el cráneo de Regulus, confiriéndole un halo de perfección. Finalmente Izar reaccionó al ataque de su padre enviando una explosión de Magia Oscura por su mente.

Cygnus estudió la táctica y absorbió la explosión de magia, usándola para fortalecerse.

"Corre Sirius," susurró una voz femenina a su espalda.

Cygnus volteó justo a tiempo para ver un hechizo rozarle la nariz. Miró al último Black con las cejas alzadas. "Si," dijo Cygnus, "Corre cuando aún puedes."

El tonto tenía un escudo de cuerpo completo a su alrededor, probablemente lo bastante fuerte para reflejar cualquier maldición. Como el idiota que era, Sirius probablemente creía que podía protegerlo contra lo que sea que Cygnus había hecho a su hermano.

Inclinado en su practicada posición de Auror, Sirius se detuvo frente a la tiesa figura de su hermano menor. Su expresión fría y resuelta, pero Cygnus podía ver la duda y la reticencia detrás de esos ojos grises. Parecía que el padre estaba más dispuesto a atacar a su hijo que el tío a su sobrino.

"¿Vas a atacarme tío Sirius?" preguntó Cygnus con vos inocente. Podía sentir cómo Izar se removía inquieto detrás de su escudo mental.

"No dejes que juegue contigo, Sirius. Ya no es Izar," volvió a hablar la mujer.

Cygnus giró la cabeza. "Silencio Sangresucia." Siseó.

Y esa orden cortante pareció ser todo lo que Sirius necesitaba para atacar. Pero Cygnus estaba listo. En cuanto la maldición salió de la varita de Sirius, Cygnus estiró su brazo y bloqueó el núcleo del hombre. Justo como su hermano, Sirius cayó al piso, su rostro pálido tornándose de un alarmante azul y verde. Cygnus no dejaba de admirarse. Lo empujó a través de la habitación y contra las escalinatas de piedra. Sin su magia, le sería muy difícil sobrevivir el impacto. Y como para probar su suposición se oyó el repugnante pero agradable sonido de huesos al romperse.

De repente, Cygnus boqueó hacia adelante con un grito al sentir un golpe en su mente. Su visión se oscureció mientras era abrumado por la magia de Izar. La abrumadora presencia del chico se sentía como uñas rasguñando desesperadamente por control. Aún a pesar del dolor, Cygnus no podía evitar admirar la cantidad de magia que el chico poseía.

Por sólo unos segundos logró Izar recuperar el control. Sus dedos rasgaron la superficie tirando su varita al suelo con éxito. El chico intentaba pararse sobre ella como Cygnus había hecho con la de Regulus, pero Cygnus volvió a dominar una vez más.

En cuanto volvió a tomar al control de su nuevo cuerpo, Cygnus se dirigió hacia el Velo tambaleándose. No era capaz de volver a apartar al chico y por eso ahora luchaba constantemente. Su batalla mental sólo cesaría cuando se uniera con el resto de su alma. Con los ojos entrecerrados miró a la Sangresucia, provocándola a que lo detuviera. Por increíble que pareciera, ella estaba lejos de allí, inclinada al lado de Sirius controlando su pulso. Era como si descartase la amenaza que era su hijo y eligiera proteger a un jugador insignificante en este juego.

El Señor Oscuro estaba ausente también. Era como si los dos tuvieran su propia agenda…

Pero era imposible. Era su juego. Se sabía todas las reglas, no ellos. ¿Cómo se atrevían a creer que podían pasarle por encima?

Se acercó y rosó el rasgado Velo con los dedos. La cortina era de seda pura. Abrió la boca y gimió al sentir el espíritu dentro del Velo responder ante su proximidad. Una sensación de frio intenso subió por su brazo y hasta su pecho. Cygnus rió mientras su espíritu esa absorbido por su piel, en su cuerpo. Estaba vivo. Finalmente.

Izar pareció apartarse y Cygnus no le prestó atención. No pasaría mucho hasta que el chico se hubiera ido, hasta que dejara de existir. Aunque le sorprendía que Izar aún sobreviviera. Tendría que meditar en un lugar seguro y destruir el resto del espíritu de Izar.

Hasta entonces, tenía que encargarse de otras cosas.

Apartando su mano ahora ennegrecida del Velo miró a la Sangresucia. Estaba inclinada cerca de la figura de Sirius, mirando a Cygnus. Sus ojos sólo confirmaban lo que Cygnus había sospechado que tenía un truco bajo la manga. Parecía… expectante, esperanzada.

Llamó a su varita no verbalmente y la apuntó son ella. Disfrutaría jugando con ella después, pero justo ahora no era el momento. La ausencia y silencio del Señor Oscuro lo estaban afectando más de lo que habían imaginado.

Ella se levantó súbitamente. Su rostro empalideció aún mas, si eso era posible. "Eso no es posible…" susurró. Dio un paso hacia delante, pero Cygnus la dejó inconsciente con un Stupefy no verbal. Cygnus volteó ignorando su cuerpo tirado. Esto había sido demasiado sencillo. Claro que lo había ayudado que sus enemigos fueran seres queridos del cuerpo que ahora poseía. Pero también ayudó la habilidad de controlar núcleos mágicos.

"Sé que estás ahí," llamó Cygnus con valentía, buscando su siguiente fuente de entretenimiento.

Subió los escalones con lentitud, sentía al Señor Oscuro cerca. Podía encender el extremo de su varita y escrutar la oscuridad como un tonto, pero disfrutaba el juego del gato y el ratón. T el Señor Oscuro encontraría sin duda alguna sombras para ocultarse aún si Cygnus utilizaba el Lumos.

Sería patético de su parte negra que se le aceleraba el pulso. Era lo bastante astuto para reconocer un digno oponente. Pero vencer al Señor Oscuro sería igual de sencillo que con Regulus y los otros dos. Si podía identificar la zona vulnerable del aura del Señor Oscuro, podía sujetar su núcleo y dejarlo sin magia.

"No me das miedo," Cygnus finalmente llegó a la parte superior y miró a su alrededor en la Cámara de la Muerte. El cierre total aún estaba en curso y seguramente aún faltaban unos minutos para que terminen.

"Y tú," le respondió una voz. "No eres digno de mi tiempo."

Cygnus volteó, sentía la magia en todos lados y la voz por cada rincón de la Cámara. Aunque era capáz de sentir la magia no podía detectar el punto débil en el núcleo del Señor Oscuro. La magia tenía que estar a su máxima potencia, tenía que estar siendo utilizada para que Cygnus pudiera encontrar su debilidad. De momento, mantenía un perfil bajo, aguardando.

"Aunque debo aplaudirte por tu intento de ganar la inmortalidad, me temo que entraste en el cuerpo y década equivocados. Este es mi territorio. Él es mí territorio," las palabras salieron siseadas y crueles, erizando los pequeños pelos de los brazos de Cygnus.

Apretó con fuerza su mandíbula y mantuvo su cuerpo posicionado y listo para atacar cuando el Señor Oscuro cargara. Estaba seguro de que cuando el Mestizo atacara, vendría rápido y sin aviso.

Se lamió el labio superior y sonrió sombríamente. "¿Posesivo hmm?"

La risa maliciosa pareció acariciar los pelos de su oreja. Cygnus volteó con su varita lista, pero no había nadie cerca. Rugió furioso. Nunca habían jugado con él ni ignorado de esta manera. "¿Sabes cuál es tu problema Cygnus?" inquirió el hombre, su voz venia justo de su hombro.

Cygnus no se molestó en voltear. Simplemente mantuvo sus instintos alerta, sintiendo la fuerte aura. Se enfocó en el pulso de la magia negra del Señor Oscuro, tratando de concentrarse en las ondas de poder. En cuanto liberó sus sentidos, fue consciente del aura a pocos metros de él. Cygnus obviamente no poseía la experiencia de Izar en su habilidad, pero lentamente la iba comprendiendo.

Y ahora que podía utilizar bien su sensibilidad a la magia, podía ver el aura del Señor Oscuro. Era un fino polvillo, como diamantes pulverizados bajo la luz del sol. En resumen, era hermosa.

"No…" murmuró Cygnus. Apartó la mirada tratando de que nos se notase lo que había descubierto. "Ilústrame." Apretó con fuerza su varita mientras apuntaba al aura buscando el punto vulnerable.

"La razón por la que no tendrás éxito es porque eres arrogante. Estas tan ciego por tu propio poder que no puedes ver lo que esta justo en frente de ti. Verás… ya sé tu próximo paso. Y he planeado el mío en función de este."

Súbitamente Cygnus estiró su brazo ignorando las palabras provocadoras. Aferró el núcleo del Señor Oscuro y apagó la magia por completo. Con una carcajada delirante, Cygnus arrojó al Señor Oscuro al otro lado de la Cámara con un movimiento de su varita. El ruido de un cuerpo golpeando contra el suelo le avisó a Cygnus que había ganado la primera abatida.

"Tus palabras son insignificantes," siseó Cygnus, sentía como si estuviera flotando en su victoria. Ya podía saborear la muerte del Señor Oscuro en su lengua.

Prendió su varita y avanzó. Alzó el punto de luz y finalmente pudo ver al Señor Oscuro. Al verlo dio un paso atrás en shock, al ver en qué se había convertido. No en un patético montón en el suelo como los otros sino en…en una….

¡Una criatura!

Lo había olvidado. Había…

Entonces se dio cuenta. ¡No había sabido! No se había detenido a pensar… y súbitamente, las palabras del hombre tuvieron sentido.

Cygnus estaba consciente de la complejidad del núcleo del Señor Oscuro ahora que sabía la verdad. Cuando aferró la mayor parte de la magia de Voldemort, había otra sección, una pieza más pequeña del núcleo mágico que estaba dedicada a la criatura del Mestizo. Si tan sólo pudiera cerrar esa parte del núcleo del hombre, Cygnus probablemente podría matar al Señor Oscuro.

Pero el núcleo era demasiado complejo para poder sujetarlo sin dejar ir la otra parte.

"¿Qué eres?" preguntó respirando agitadamente mientras miraba los colmillos y los ojos carmesí con pupilas divididas.

El pelo negro se apartó de su rostro cuando el hombre lo miró. Cygnus lo habría declarado vampiro si no fuera por la suave línea de escamas negras en el cuello del Señor Oscuro. Los vampiros también tenían colmillos rectos y una complexión cerosa, mientras que el mestizo tenía piel como de porcelana y colmillos curvados. Cygnus frunció el seño al ver las orejas levemente puntiagudas que emergían de la cabeza de pelo oscuro.

"¿Eres un…un híbrido?"

Voldemort tamborileó con sus largas uñas en el suelo, sonriendo sádicamente. "Algo así, pero no exactamente."

No tenía sentido. ¿Un par de orejas puntiagudas? A menos que el hombre no fuera un híbrido sino un—

Cygnus no tuvo oportunidad de seguir especulando en la criatura del Señor Oscuro porque el hombre súbitamente cargó a una velocidad que ningún ser humano podría seguir. El Señor Oscuro era similar a una serpiente, con la gracia y la brutalidad de su acometida. Cygnus no tuvo tiempo siquiera de alzar su varita, mucho menos pensar racionalmente al ser tacleado por la alta criatura.

Unos brazos fuertes y posesivos lo aferraron por la cintura causando que intentara zafarse del contacto físico. Gritó desesperado cuando los colmillos tocaron su cuello antes de enterrarse en su piel. Mientras sufría del lacerante e insoportable dolor, Cygnus se dio cuenta de que el Señor Oscuro lo había planeado todo el tiempo. Su plan era matar a Izar y devolverlo en su forma de muerto vivo. Sería imposible para Cygnus habitar un cuerpo sin el ADN correcto.

Sólo había pasado un día desde que se había vuelto mortal después de décadas de esperar en el otro lado del Velo.

Todo a manos de una patética criatura. ¡Una criatura! Una pobre excusa de un Señor Oscuro.

El hombre lo soltó y Cygnus cayó al suelo gritando, podía sentir el veneno viajando por su cuerpo.

Si iban a derrumbar sus planes de inmortalidad, entonces se llevaría al chico con él.

Miró sin ver al Señor Oscuro y retrajo su mente.

(Death of Today)

Izar se quedó rígido, increíblemente horrorizado.

El Señor Oscuro lo había transformado. Rechinó los dientes, incapaz de conjurar una opinión racional. La única cosa que le cruzaba en la mente era que sería inmortal y atorado como un chico de dieciséis por toda la eternidad. Claro que había crecido en el verano, pero aún no había madurado por completo.

Parecía un castigo apropiado del Señor Oscuro por el lapso de debilidad de Izar.

De pronto, su mente pareció oscurecer. Izar se puso alerta, sentía como si se estuviera contrayendo y sofocando. Sombras negras aparecieron en cada rincón de su mente y se juntaron en una gran nube frente a él. La nube se disolvió revelando a un hombre.

"Cygnus," dijo Izar con frialdad.

Cygnus, vestido completamente de negro, lo miró con un brillo vicioso en sus ojos oscuros. El hombre parecía en la década de sus treinta con pelo largo atado en la base de su cuello. Izar notó que tenía una mandíbula definida y prominente, especialmente cuando la estaba apretando con fuerza.

"Eres débil," susurró el hombre. "Siempre serás débil. Con tus atracciones, con tus sentimientos y tus preciosas emociones… no puedes esperar convertirte en alguien de importancia. Nunca."

Izar alzó la barbilla y le ofreció al hombre una sonrisa. "Y aún así todos esos lazos que formé fueron los que me salvaron el pellejo. ¿No es así?" Inclinó su cabeza hacia un lado y un mechón de pelo cayó sobre su rostro. "¿Y tu Cygnus? ¿Qué aprendiste de tu debilidad?"

Cygnus rió burlonamente. "No tengo debilidades."

Izar alzó una ceja, para nada impresionado. "Exactamente."

El hombre abrió los ojos de una manera casi cómica antes de gritar de rabia y embestir. Su cuerpo ya no tenía una forma definida; era sólo una nube negra.

El pulso de Izar se aceleró mientras luchaba por recuperar el equilibrio y la fuerza. Enfrentaría a esta fuerza de frente justo domo había hecho en el sótano de Grimmauld Place. Al diablo con las consecuencias, saldría de esta victorioso. Ya se había avergonzado a sí mismo lo suficiente. No oiría el final de esto de Riddle.

Sólo que no tuvo oportunidad de enfrentar a la nube. Lily apareció por detrás de él en un vestido blanco corto. Su rostro frío y determinado mientras se colocaba frente a él. No dijo una palabra, sólo mantuvo la frente en alto hacia Cygnus con su cabello rojo flotando tras ella como una bandera. Carmesí.

Cygnus pareció dudar sólo por la sorpresa antes de colisionar con ella. Izar dio un paso hacia atrás y observó perplejo cómo ella se sacrificaba y luego… se disolvía. Su presencia brillante que había iluminado su oscura mente no estaba en ningún lado.

Izar enderezó los hombros y tragó saliva al ver que Cygnus continuaba en su dirección. Cualquier cosa que Lily intentó hacer no había funcionado. Estaba solo.

Se concentró, vaciando su mente y juntando la magia a su alrededor. Izar no tenía un plan de acción; ni siquiera sabía si podía defenderse.

En cuanto la nube fría lo tocó, el espíritu gritó como un poseso y se dispersó. Izar abrió los ojos bien grandes mirando con intriga cómo Cygnus parecía estar siendo expulsado de su cuerpo. La nube negra fue diseminándose por su mente, golpeando las puertas cerradas que Lily había sellado tras ella. Había una, sin embargo, que no había cerrado a tiempo. Izar se lanzó hacia adelante y la cerró de un portazo.

Y entonces… Cygnus desapareció.

Izar se quedó allí en su mente y luego cayo de rodillas.

Ella lo había planeado todo.

Se pasó los dedos por el pelo mientras miraba alrededor de su mente. Su reflejo le devolvió la mirada en las puertas transparentes del Departamento de Misterios. Lily había sabido que su sacrificio dejaría a Izar inmune al ataque de Cygnus. Si éste hubiese atacado antes, tal vez hubiera evitado que Voldemort tuviese que intervenir. Lamentablemente, no había sucedido así.

Recordaba lo que le había dicho, su confesión resonaba en sus oídos.

"El amor de una madre es el combustible que impulsa a un ser humano normal a hacer lo imposible."

Su voz parecía hacer eco en el vacío de su mente. Y súbitamente sintió como si hubiese perdido algo. Qué era, no sabía.

Izar estaba echado contra una de las puertas, sabía que tenía que pensar en el impacto de las acciones de su madre. Pero se dio cuenta de que este no era el mejor momento. Su cuerpo ya se estaba volviendo invisible y sus alrededores, borrosos.

Finalmente tenía el control de su cuerpo.

Izar cerró sus ojos, sólo para abrirlos y encontrarse echado en el frío y duro suelo de la Cámara de la Muerte. Se estremeció, se sentía enfermo por el veneno abriéndose paso por su cuerpo. Estaba cansado del dolor, del sufrimiento. Vería hacia atrás a los días en los que se sentía invencible.

Rechinó los dientes y descubrió a los ojos carmesí mirándolo.

"Bienvenido de vuelta, Señor Black," dijo Voldemort burlón.

"Te odio," dijo en un jadeo cerrando los ojos por el dolor. "Sabes que no quería ser un adolescente para siempre."

"Eso y todo y tu plan de acción parecía ir funcionando muy bien," señaló el hombre secamente. "Estabas de prisionero en tu propio cuerpo. Perdóname por salvar tu pellejo. Otra vez."

Izar abrió los ojos y le gruñó. Decidió no comentar nada sobre el Horrocrux de Lily hasta que no fuese el momento. Así que sólo miró en su estado como drogado cómo el Señor Oscuro negaba fluidamente con la cabeza. La magia lo cubrió como una segunda piel mientras su disfraz volvía a su sitio. El Secretario Riddle volvía a la acción.

Una mano se acercó a su rostro y tocó su mejilla, acariciando la piel expuesta de su cuello. Izar no tenía la fuerza para apartarse.

"¿Mi Señor?" susurró una voz.

Riddle apartó su mano rápidamente y se puso de pie. El heredero Black volteó débilmente y logró ver a Lucius Malfoy parado en el marco de la puerta. El rubio tenía una mano sobre su antebrazo izquierdo, directamente sobre su Marca Tenebrosa. Voldemort debió haberlo llamado a través de ella.

Los ojos pálidos del hombre miraron a la figura de Izar en el piso. Los ojos de Lucius se abrieron sorprendidos justo antes de que Riddle se parase frente a él y le bloqueara la vista.

"Debo irme por unos días, Lucius." dijo Riddle. "¿Confío en que serás mis ojos y oídos?"

Izar se encogió en sí mismo, sentía cómo sus venas comenzaban a quemarle. No iba a gritar, había soportado cosas mucho más dolorosas en su vida. Así que se sentó para escuchar la respuesta de Lucius. Lo último que Izar quería era irse con el Señor Oscuro por una indefinida cantidad de tiempo, pero era de esperarse si querían mantenerlo en secreto. Izar había leído sobre la transformación de las criaturas. Eran dolorosas y un proceso muy largo del que recuperarse. Nadie podía ver su transformación.

"Pera la elección para el Ministro es—"balbuceó Lucius. El ruido de una túnica moviéndose indicaba que el rubio se había inclinado ante su amo. "Entiendo." Lucius cambió de dirección.

Izar se sentía tonto. Riddle tendría que quedarse aquí, listo para cuando Rufus Scrimgeour fuera elegido Ministro. En lugar de eso, estaría cuidando de Izar.

"Bien," dijo Riddle. "Debajo de nosotros hay tres figuras inconscientes. Asegúrate que vean a un Sanador y que no hablen. Lo más probable es que el padre del chico quiera buscarlo, vas a desalentar cualquier intento. Mi nombre y el de Izar no será mencionado en los eventos de hoy. Deben mantener esto para ellos mismos, pero si no lo hacen, haz lo que sea necesario para silenciarlos. Puedes asegurarles que el chico está bien de salud y sólo eso. ¿Esta claro, Lucius?"

Izar mostró los dientes y se arrojó al suelo otra vez. Quería arrastrarse hasta el borde para ver el movimiento en el pecho de Sirius y Regulus. Tenía que asegurarse que estuvieran bien. Pero su cuerpo simplemente no le dejaría hacer algo tan agotador.

Con los ojos húmedos y empañados pudo ver cómo Riddle volteaba para mirarlo sobre su hombro. Las luces volvieron a encenderse y el sonido distante de la voz del Ministro Fudge resonó por los parlantes. El cierre había terminado y Riddle desaparecería del Ministerio.

"Si, Amo. Entiendo."

"No me decepciones."

"Si, Mi Señor."

Izar se estaba alejando, forzando a su cuerpo a dejar de funcionar para poder soportar el dolor. De cierta forma fue consciente de su cuerpo ser levantado con facilidad y apoyado contra un pecho delgado. La tela suave de su capucha cubrió su rostro sumergiéndolo en la oscuridad.


Nota de Autora: ¿No que está bueno? Jiji. Perdón, es tarde y estoy algo drogada de tomar tanta Pepsi. Para aquellos que extrañan el Slash, sepan que con este final… los próximos capítulos están interesantes. A los que no les guste…tápense los ojos jeje.

Bueno, en cuanto a mi pregunta del capítulo anterior y para no moletar a nadie. Simplemente voy a decirles por un mensaje personal sólo a aquellos que les interese saber. Así que ya saben, díganme.

Gracias a los que siguen dejando Reviews. ¡Dejen dejen!