DECLAIMER: Como saben ninguno de los personajes de el magnífico anime y manga Soredemo sekai wa utsukushi, me pertenece, pero la historia es totalmente mía, y cualquier tipo de plagio está prohibido.

********AMANE2306********

UN SUSPIRO DE LIBERTAD

CAPITULO 37

Pronostico del clima, una semana entera de lluvias y tormentas fuertes.

Pronostico sentimental, una semana entera de lágrimas, rabietas y desesperaciones fuertes.

Mire por milésima vez la puerta de nuestra habitación, Livi no había regresado desde el día en el que me entere de mi embarazo. "¿Había huido?" "¿No quería hijos?" "¡Genial! ¡Yo tampoco los quería aun!" pero ahí estaba yo sentada junto a la ventana mirando hacia la puerta esperándolo, mientras acariciaba mi vientre plano ya por costumbre.

Mis locas y adolescentes ganas de salir y brincar de lado en lado por el mundo como una maldita hippi adoradora de tofu se fueron al caño desde que mi neurótico me había abandonado para irse a quien sabe donde con quien sabe quién.

Las lagrimas llenaron mis ojos rojos de nuevo mientras levantaba mis piernas flacas y las abrazaba con mis brazos hundiendo mi cabeza en mis rodillas. Si, había bajado de peso considerablemente, no era mi culpa al 100%, "a Livi junior parecía no agradarle la comida de Neil, era caprichoso como su padre" ese pensamiento me entristeció aun mas.

Tome el celular que reposaba en una mesita al lado del sillón y volví a marcar el numero de Livi, obteniendo nuevamente la misma respuesta… "El numero al que intenta llamar…" "¡Maldita sea la contestadora!"

Recorrí la lista de contactos del celular, que realmente no eran muchos, de hecho, solo tenía a Livi, Kara, Neil, y Cass "Que vida social más mediocre… tu esposo, tu hermana, tu mayordomo y tu única amiga" suspire ante lo último, me detuve en el numero de Cass y pidiendo internamente que conteste la llame, pero sucedió lo mismo.

No quería pensar mal, realmente no quería hacerlo, pero ambos habían desaparecido por completo y Kara nee se había perdido dos días enteros en la que no la veía. Mi única compañía era Neil que me traía el alimento que Livi junior me obligaba a expulsar.

Aun no comprendía el porqué de mi estado actual, yo me había cuidado, había tomado las pastillas después de la enorme falsa alarma de embarazo de la última vez. Suspire mientras me levantaba del sillón con las pocas ganas que mi cuerpo depresivo me permitía. Camine hasta el velador y abrí el cajón, saque las pastillas anticonceptivas y las mire detenidamente, volví a mi asiento con ellas, tome mi celular y puse en el buscador "pastillas anticonceptivas" me aparecieron variadas imágenes, pero ninguna se parecía a la que yo tenía en mis manos, no quería pensar algo que no era, pero era muy tarde, las ideas se agolpaban en mi cabeza.

Me levante apretando las dichosas pastillas entre mis manos, casi corrí hasta el armario buscando alguna chaqueta que ponerme, me puse una abrigada color negro, mis pantalones de estar en casa del mismo color me dieron una apariencia un poco sport, metí las pastillas al bolsillo de la chaqueta y salí de mi habitación después de una semana.

-¿Nike sama? –La voz sorprendida de Neil me recordó que no estaba sola, y que tenia a mi guardián vigilándome y unos cuantos guardaespaldas rodeando la casa.

-¡Neil! Yo… yo necesito ir a mi antigua casa. –Le pedí, tratando de parecer firme.

Neil me miro con desconfianza, parecía que estaba en su naturaleza hacerlo. –Livius sama dijo que…

-Lo sé Neil, es solo que en mi casa están mis cosas de cuando era una bebé, y quisiera tenerlas aquí conmigo, tal vez mi bebé pueda usar algo de ello si es niña. –Dije acariciando mi vientre, al instante una mirada tranquila y algo apenada de Neil me indico que algo sabía.

-Está bien, pero debo decírselo a Livius sama. –Me indico sacando su celular.

-Ni lo intentes Neil, está apagado. –Conteste, el pareció turbarse y luego asintió. Listo, lo había confirmado, Neil si se comunicaba con Livi, solo a mi no me respondía las llamadas, quería llorar nuevamente, cielos que quería llorar, pero no lo haría.

-¿Entonces vamos? Solo será máximo una hora. –Dije terminando de bajar las escaleras.

Neil asintió acercándose a mí para ayudarme a bajar las escaleras. –Estoy bien, estoy embarazada no soy una invalida. –Refunfuñe, desde que me entere de la noticia sentía que Neil me trataba como si fuera cristal.

Neil no contesto y tampoco se alejo de mí, me ayudo a bajar los escalones aun con mis rabietas y me llevo hasta el auto abriendo un paraguas para que no me mojara en el proceso. Partimos de la casa seguido de dos autos mas, que seguramente serian de mis atormentados guardaespaldas.

Treinta minutos después ya me encontraba al frente de mi casa, pero Neil no me dejo bajar hasta qu -"así bautice a dos de mis callados guardaespaldas, hechos los hombres de negro, que nunca me decían sus nombres"- hubieran registrado la casa previamente.

Cuando quise entrar note a Neil siguiendo mis pasos sin perderme de vista. –Quisiera entrar sola. –Pedí mirando seriamente a Neil al que no pareció agradarle la idea, pero al ver lo firme que me había puesto acepto.

-No tardare. –Dije de forma escueta mientras caminaba con cuidado notando como mi antiguo hogar estaba lleno de polvo y de los resquicios del ataque de mi abuela, hubiera querido quedarme a contemplar mis viejos recuerdos pero tenía un plan que seguir.

Subí las escaleras y me interne en la habitación de Kara que quedaba al frente de la mía, su ventana daba al otro lado de la casa en donde se alzaba a poca distancia un departamentito. Abrí la ventana y saque casi medio cuerpo. –¡Hitomi! –Dije en voz un poco alta, pero no lo suficiente como para que Neil abajo me escuche.

Una cabeza castaña se asomo a la ventana con cara de sorpresa. –¡¿Nike?! ¿¡Por dios santo mujer donde te habías perdido!? –Parecía alegre de verme, sonreí un poco al ver una cara conocida.

-¿Como estas? –Le pregunte con amabilidad, a pesar de que no tenía tiempo que perder.

-¡Pues estas hablando frente a frente con una doctora! –Dijo con orgullo, me alegre por ella, aunque era mayor que yo con algunos años, siempre fue una buena amiga, además que era muy inteligente. –Y ni te imaginas… ¡estoy trabajando en uno de los hospitales Ifrikia! ¡¿Puedes creerlo?! Siempre fue mi sueño. –Sus ojos parecían brillar de la emoción. –¿Y tu como estas? Te ves… ¡terrible! –Sonreí, siempre tan sincera.

-Bueno, estuve un poco enferma. –Sonreí. –Pero realmente vine por un motivo, y me gustaría que me ayudes. –Le pedí, ella pareció entender y asintió más seria.

-¿Puedes mirar esto y decirme que es? –Le lance las pastillas y ella las atrapo al instante y las observo detenidamente.

-Pues por el frasco yo diría que son pastillas anticonceptivas, pero realmente no lo son… estas son vitaminas. ¿Quién te vendió esto? Puedes demandarlos sabes. –Me quede en blanco y tal vez físicamente también, porque escuche la voz de Hitomi llamarme.

-¿Estás bien? De pronto palideciste…

-Estoy bien. –Conteste escuetamente.

-No me digas que… ¡¿Estas embarazada?! –Hitomi parecía sorprendida.

Asentí mecánicamente. –Oh. -Contesto ella sin saber que mas decir.

-¿Nike sama? –La voz de Neil desde el saloncito me despertó del shock.

-Debo irme, me están esperando. –Le dije a Hitomi que parecía ahora tener cara de preocupación.

-¡Espera Nike! –Me llamo justo cuando me di la vuelta. –No sé nada de ustedes desde hace mucho, incluso Kara desapareció.

-Dame tu número. –Le pedí rápidamente, cuando sentí a Neil subir las escaleras, Hitomi vio la desesperación en mi voz así que rápidamente me dicto su número que yo anote velozmente en mi celular. –Te llamare. –Le dije mientras me despedía con la mano y cerraba las cortinas de la ventana justo cuando Neil ingresaba por la puerta.

-¿Hablaba con alguien Nike sama? –Ahí estaba de nuevo, al parecer mi neurótico contagio un poco a Neil que me sobreprotegía peor que un perro guardián.

-Con nadie. –Conteste haciéndome la desentendida y alejándome de la ventana un poco para no levantar sospechas, pero antes de que pudiera pensar vi a Neil acercarse a la ventana y abrir las cortinas.

-¡AHHH! ¡PERVERTIDO! –Escuche el grito de Hitomi que no traía blusa, Neil enrojeció e intento cerrar las cortinas, vi como Hitomi me guiñaba un ojo justo antes de ello, sonreí un poco y salí de ahí dispuesta a irme, tenía muchas cosas en las que pensar y muchas personas a quien maldecir.

…*************….

Sentada nuevamente en aquel sillón mirando como zombi hacia la puerta, esperando, ideando toda una serie de escenas en donde veía ingresar a Livi y yo lo golpeaba con lo primero que tuviera al alcance por lo que estaba segura había hecho. Y por eso mismo a mi alrededor se encontraban estratégicamente puestas varias cosas que causarían mucho dolor, como aquel bate de beisbol que encontré en la sala de juegos, o el palo ese que se usa en el billar que Livi tiene en una de sus habitaciones muy al estilo de Cristian Grey.

"Ya verás cuando entres por esa puerta… te voy a golpear hasta cansarme… y luego voy a abusar de ti" definitivamente aquella última idea no iba a ser del desagrado de Livi, pero se valía fantasear un poco.

-¿¡Esto es lo que me estabas ocultando idiota!? ¿¡Que manipulaste mis pastillas!? ¡Maldito neurótico sinsentido! ¡Me embarazaste desgraciado! ¡Si no fuera porque también es mi hijo le pondría el nombre más ridículo de la tierra sola para vengarme de ti! –No podía evitar gruñir y alzar la voz todo lo que quisiera, porque después de todo estaba sola, había visto a Neil salir y dejarme como siempre encerrada, aunque realmente nunca se iba más de veinte minutos, al parecer cualquier cosa me podría pasar en ese tiempo "¡JA! ¡SOBREPROTECTORES DESGRACIADOS!"

Escuche pasos subiendo hacia mi habitación, lo bueno de estar sola en esa casa, era que podía saber exactamente cuando alguien venia a verme.

"Es Livi…" podía ser él, Neil se había ido hace poco así que solo podía ser Livi, mi corazón se acelero y empecé a recrear lo que diría nuevamente y como lo golpearía.

La puerta se abrió y yo me levante de mi silla enojada y estúpidamente feliz.

-Li… -Las palabras se atascaron en mi garganta, ahí frente a mi estaba la persona que menos esperaba y quería ver.

-¿Esperabas a mi hijo? –La voz que aunque era tranquila me causo escalofríos y me hizo retroceder un paso atrás, instintivamente lleve una mano a mi vientre. "Si… estúpida, delata tu estado por tu propia cuenta" mi subconsciente que hasta ahora se había mantenido en huelga de voz se hizo presente.

-Yo…

-No hace falta que digas nada. –Contesto el papá de Livi entrando a mi habitación y cerrando con llave a su entrada.

Tome mi celular a velocidad luz dispuesta a marcar el número de Neil para gritarle "¡AUXILIO! ¡MI SUEGRO ESTA AQUÍ!" o algo parecido, seguramente después de eso me ganaría mas su odio, pero que mas daba, era la esposa de un demonio y mi suegro era el diablo, ya debería estar acostumbrada.

Antes de que siquiera pudiera presionar el botón de llamar, sentí un empujón que me hizo tropezar con el sillón de atrás y resbalar torpemente contra la mesita tumbando en el proceso la lámpara de cristal, caí sobre el vidrio roto y me encogí protegiendo mi vientre.

-Que torpe eres. –Dijo él mientras apagaba mi celular y lo tiraba lejos, mirándome despectivamente parado a mi lado, como si no sintiera ni pizca de remordimiento por empujarme logrando que me cayera.

-¡Usted…! –Estaba segura que lo iba a maldecir, no me importaba que fuera la encarnación del mal, pero vi caer sobre mi regazo un sobre amarillo.

Me levante con cuidado de no cortarme con el vidrio, y ya parada frente a mi malvado suegro abrí el sobre.

-Es un pasaje en avión a Canadá, tienes una casa a tu nombre allá, ahí está toda la información, además tienes una beca de estudio en la mejor universidad de ahí. –Mire los papeles estupefacta.

-¿Me quiere mandar lejos de Livi? –Pregunte de pronto.

-Además tienes una cuenta bancaria con el suficiente dinero para vivir cómodamente toda tu vida.

-¡ESCUCHEME! –Grite. –¡No me voy a ir! ¡Si su plan es que me aleje de Livi no lo hare! –Sentencie tirando los papeles al piso.

El sonrió, y por algún motivo aquello no me gusto nada.

-Créeme te querrás ir. –Dijo mirándome como si previera algo.

Después de eso camino con el mismo paso que demandaba respeto y salió de la habitación, sentí un bajón de presión que me mando nuevamente al suelo.

-Casi muero… -Susurre para mí misma acompasando mi respiración, hasta que me di cuenta que había vuelto a caer sobre el vidrio. –¡Genial! Neil me va a matar. –Me levante viendo que tenia uno que otro pequeño corte y uno que sangraba más que el otro en la pierna, fui directo al baño para desinfectar la herida y cubrirla con una venda para que a Neil no se le vaya el alma cuando me vea.

Salí de la habitación dispuesta a plantarme en mi sillón de ermitaña, pero lo vi, ahí parado en medio de nuestra habitación, estaba desalineado, ojeroso y parecía haber perdido peso al igual que yo, no pude golpearlo con el bate como habría querido.

-Porque… -Mi voz salió entrecortada mientras el llanto me invadía como si fuera una pequeña niña a la que le han perdido en el mercado. "¡Es traumático!"

Su mirada parecía cargar una culpa enorme "¡Me alegro!" –Me dejaste… ¡te fuiste! –Grite con renovadas fuerzas mientras me acercaba al bate esta vez dispuesta a cumplir mi venganza.

-Nike. –Se paro frente a mí reteniéndome con sus brazos y haciéndome perder en su aroma fresco y en su amplio y masculino pecho "¡Maldición!"

-Perdóname ángel. –Me pidió él, hundiendo su rostro en mi cuello y acariciando mis cabellos.

-¡¿Dónde estabas?! –Le exigí una respuesta.

El se separo de mí viéndome como si no lo hubiera hecho en muchos años. –Estaba en la oficina.

"¡Mentira!" "¡Miente!" –¿¡Y porque no regresabas a dormir!? ¡Sabía que me ibas a dejar sola en algún momento! ¡Pero lo sé todo! ¡Todo! –Su cara palideció y se alejo de mí como si le hubiera dicho que su empresa quedo en la quiebra y su padre se hubiera vuelto un humano decente.

-¡No pongas esa cara! ¡Tú me engañaste! ¡Porque no me dijiste algo como eso! Algo que me concierne! ¡Es mi cuerpo! ¡Tenía derecho a saberlo! –Su rostro era un poema de desconcierto.

-¿Quien te dijo? –Pregunto tornándose molesto.

-¡Yo lo averigüe sola! –Conteste cruzándome de brazos.

-¡Imposible! ¡Alguien debió decirte! ¿¡Fue tu hermana!? ¿¡O la bruja de Cassandra!? ¿¡Fue Bard!? ¿¡Quien fue maldita sea!? –Estaba furioso.

-¿¡Todos ellos lo sabían!? ¿¡Porque!? –Pregunto alterada ante sus gritos.

Pareció mirarme de una forma extraña.

-¿¡Como es que todos sabían de tus planes de cambiar mis pastillas anticonceptivas por suplementos!? ¡Ahora por tu culpa! ¡Por tu culpa! Alégrate porque no solo es tuyo, es mío y a pesar de todo lo quiero. –Digo acariciando mi vientre ante su rostro consternado.

-¡No tendrás ese bebé! –Aquello fue una puñalada en mi corazón, su mirada, esa azulada mirada me indicaba que no era una broma, estaba hablando en serio.

CONTINUARA…