Capítulo 37: El tiempo se ha acabado


Patrick Nottingham felicitó a la buscadora de Slytherin, Alyssa Ogden, por su gran actuación en el juego, y luego se fue con sus compañeros, intercambiando sonrisas amargas por el resultado del partido. Al mismo tiempo, de las tribunas se escuchaban vítores y festejos por parte de la casa ganadora.

A pesar de haber tenido un excelente desempeño en el encuentro, llegando a estar ciento sesenta a veinte antes de la atrapada de la snitch, Hufflepuff no había podido quedarse con el partido y la copa. Viendo que no había forma de revertir el marcador, Alyssa atrapó la snitch en cuanto tuvo la oportunidad, salvando la dignidad de la casa Slytherin ante un desempeño pobre del resto del equipo.

Sin embargo, el resultado final obtenido por las serpientes –ciento setenta puntos- significaba una sola cosa: a pesar de haber ganado el partido, la copa se había quedado en Gryffindor, que venía con una abultada diferencia de tantos. Por ello, ahora los gritos ensordecedores y los festejos no venían de las casas que habían jugado, sino de alumnos vestidos de escarlata y dorado.

Patrick se detuvo camino a los vestuarios al ver que dos alumnos de Gryffindor se separaban de la multitud enardecida, y se dirigían hacia él. Uno de ellos era uno de sus mejores amigos, el bateador Lane, y el otro era uno de los cazadores del equipo, de los mejores que se habían visto en años.

- Lane, Potter. –los saludó, todavía algo alicaído por el resultado. Habían estado cerca de ganar la copa, pero en el momento crucial se les había escapado. Ahora le quedaba sólo un año para darse la revancha y quedarse con la copa, acontecimiento que se le había resistido desde que se había vuelto capitán de Hufflepuff.

- Te debo una, Patrick. ¡Gracias por la copa! –fue lo primero que le dijo Lane, sonriéndole ampliamente y pasándole un brazo por los hombros. Lo quitó inmediatamente al recibir un codo en sus costillas.

- No me obligues a reacomodarte la cara. –le advirtió el otro, aunque una sonrisa asomaba en su rostro a pesar de la burla.

- Está bien, está bien. –contestó el otro, mientras se rodeaba la zona golpeada con su brazo en un ademán protector. – De todas formas, ni te molestes en mi regalo de cumpleaños. Esto me alcanza y me sobra. –agregó, sabiendo lo que se vendría.

Teniendo una contextura física y reflejos similares, no tuvo problema en detener el puño de Nottingham que se dirigía hacia su cara. James, por su parte, estaba contento de que el fornido alumno descargara su tensión en Lane antes de hablar con él.

Era Gryffindor pero no idiota, que quedara claro.

Luego de un breve y poco serio forcejeo, Lane y Nottingham se separaron, aunque el bateador de Gryffindor aún le sonreía burlonamente.

- ¿Y tú que querías, Potter? –le preguntó Patrick, ahora con la respiración un poco agitada.

- Yo sólo vine a decirte que te perdono.

El otro alumno lo miró confundido.

- ¿Perdonarme? ¿Por qué?

- Por el asesinato de mi Nimbus. –respondió James con seriedad, y Patrick soltó una carcajada. - ¡Estoy hablando en serio! –exclamó James, indignado. Cuando el otro se calmó lo suficiente para poder escucharlo, siguió hablando. – Pensaba hacer que mi padre te enviara a Azkaban por asesinato premeditado, pero te perdono por haber hecho que Slytherin se quedara sin la copa.

Patrick rió un rato más y luego asintió.

- Gracias, Potter.

- De nada. –le sonrió James a su vez. – Ahora discúlpenme, pero tengo que ir a buscar a mi hermano.

- Es de Slytherin, ¿no? –preguntó Patrick.

James hizo un ademán afirmativo con su cabeza, mientras daba unos pasos hacia atrás, alejándose para volver al castillo.

- Sí. Lo voy a hacer llorar. Nos vemos.

º º º

Camille suspiró frustrada al ver que su tetera no se movía por la mesa como debería luego de haber intentado realizarle un encantamiento locomotor. La de Tom lo hacía mucho mejor, pero el chico se había acostumbrado tanto a hacer los hechizos que no podía encontrar el defecto en lo que hacía Camille. Estaban en el Gran Salón, practicando juntos para los inminentes exámenes de fin de curso.

- Mmm… creo que estás moviendo mal el brazo. –le dijo Tom, aunque su tono de voz era dubitativo y no parecía estar seguro de sí mismo en absoluto. – O tal vez la tetera no te entiende.

Camille sonrió ante el comentario.

- El brazo está bien. Estás haciendo algunos movimientos de más en el medio. –los interrumpió una tercera persona. Los dos que estaban sentados levantaron la vista. Era Sue, y parecía algo incómoda de estar allí. - Y el golpe es más seco. –agregó, como si no pudiera resistirse. Ante la mirada sorprendida de Camille, que no tenía idea de qué estaba haciendo la otra chica allí, y la sonriente de Tom, que sí sabía, volvió a hablar. – Vi que estaban practicando y pensé que… podría ayudarlos. Si quieren. –finalizó, algo insegura.

Hubo un momento de tenso silencio en el que ambas chicas intercambiaron miradas, una expectante y la otra evaluadora. Tom cruzó los dedos debajo de la mesa. Finalmente, Camille sonrió y Tom se relajó en su asiento.

- ¡Clago! Muchas gacias.

Sue comenzó a explicarle a Camille los movimientos correctos, y luego observó cómo los hacía por su cuenta. Esta vez, si bien no fue una ejecución impecable como la de la alumna de Gryffindor, la tetera le obedeció más y dio un par de vueltas según sus indicaciones. Mientras Camille festejaba, Sue desvió la vista un instante hacia Tom. El chico le hizo un gesto de aprobación casi imperceptible con la cabeza y le sonrió.

Siguieron practicando a lo largo del día. Para cuando terminaron, habían pasado varias horas desde que habían comenzado. Tom y Sue retornaron a la Sala Común de Gryffindor, mientras que Camille se dirigió hacia la de Hufflepuff.

- ¿No estuvo tan mal, no? -comentó Tom, luego de recorrer algunos pasillos en silencio.

Sue no contestó por unos segundos, resistiéndose a aceptar la derrota. De todas formas, Tom ya sabía la respuesta, y sonrió anticipando el momento en que la escuchara.

- No estuvo tan mal.

- Oh, vamos, Sue. Acepta que te cae bien.

- No me cae bien.

- Bueno, que no te cae mal. –repuso Tom.

- No.

- Sue.

- ¿Si lo acepto te callas?

- Sí. Lo prometo.

- No me cae mal.

- ¡Lo sabía! –exclamó él, triunfante.

- Tom, lo prometiste.

- Está bien, me callo. –pasaron unos segundos en silencio y luego agregó, en voz baja. - Pero lo sabía.

La mirada que le dirigió Sue le hizo callarse finalmente.

º º º

Los alumnos de Gryffindor desviaron la atención de lo que fuera que estuvieran haciendo cuando vieron que el Jefe de dicha casa, el Profesor Longbottom, entraba por el retrato de la Dama Gorda. Les dirigió una sonrisa en general, y luego pasó la vista por los presentes, al parecer buscando a alguien. Finalmente encontró a quien necesitaba.

- Señorita Abercrombie, ¿podría venir conmigo, por favor?

La chica se paralizó un instante, pero luego se levantó y se dirigió hacia el profesor, ante las miradas intrigadas de Rose y Anne. Neville le hizo señas de que lo siguiera, y se dirigió a su despacho, lugar que no utilizaba seguido al pasar la mayor parte de su tiempo en los invernaderos.

Si bien la falta de elementos decorativos denotaba el desuso de la habitación, la misma estaba ampliamente iluminada y una débil pero fresca brisa de verano se colaba por las ventanas abiertas.

El profesor se sentó detrás del escritorio y le indicó a Joss que se sentara en una de las desiguales sillas que tenía delante. Mientras le dirigía una mirada seria, Neville apoyó los brazos en la superficie y entrecruzó sus dedos.

- ¿Sabes por qué te llamé, Jessica?

Joss negó con la cabeza, con algo de temor y aprehensión ante la respuesta que el profesor le podía llegar a dar. Finalmente, el hombre habló y confirmó sus sospechas.

- Has desaprobado todos los exámenes. No estás en condiciones de cursar tercer año con este nivel.

º º º

Rose colocó el corcho en el último vial de poción multijugos y sonrió satisfecha. Finalmente habían terminado de preparar la poción, y ahora sólo quedaban detalles finales sobre cómo llevar a cabo el plan.

Las cuestiones principales a resolver eran tres. En primer lugar, conseguir algo de Kurt Flint para que Albus se transformara en él. Por otro lado, debían averiguar en qué día se realizaría el compromiso con exactitud. Y finalmente, cómo ingresar a Ogden Palace sin que se descubriera la verdad.

Como habían supuesto que sería en vacaciones, Rose había acordado alternar entre su propia persona y la de Albus para no despertar la sospecha de sus padres al desaparecer por tanto tiempo de su presencia.

Rose colocó el vial junto al resto (había preparado varias dosis en caso de cualquier eventualidad) y se dirigió a Albus.

- Bueno, una parte menos. –el chico asintió, sentado sobre uno de los sillones que le había provisto la Sala Multipropósito. James le había develado cómo usarla luego de que Rose descubrió que Alyssa iba frecuentemente al baño del segundo piso, aunque no sabía para qué. – Ahora nos falta terminar con el resto.

- Ya estoy trabajando en eso. –repuso Albus. Rose le dirigió una mirada escéptica: el chico estaba con los pies cruzados y apoyados sobre una pequeña mesa que tenía delante. No tenía el aspecto de estar trabajando en absoluto.

- ¿Estás seguro?

- Rose, confía en mí. De hecho, creo que en cualquier momento…

Antes de que pudiera terminar la frase, se escuchó un "¡crac!" y un elfo apareció de la nada frente a ellos. Albus le sonrió inmediatamente, incorporándose y volviendo a apoyar sus pies en el suelo.

- ¡Kreacher! Justo estaba hablando de ti. ¿Cómo te fue?

- Muy bien, señor. –reportó el elfo, y luego extendió la mano hacia él, mostrándole lo que tenía en el puño. Era un pequeño mechón de pelo. Albus arrugó la cara en un gesto de repugnancia, pero de todas formas lo agarró.

- ¿Esa es tu forma de trabajar, Al? ¿Mandar a Kreacher? –le espetó Rose, algo indignada por los métodos del chico.

- ¡Kreacher dijo que no tenía problema! ¿O no, Kreacher? –se defendió.

- Por supuesto, señor. Kreacher no tiene problema alguno. –asintió el elfo. Albus le dirigió una sonrisa triunfante a Rose, aunque ésta le siguió dirigiendo una mirada ceñuda.

- ¿Sobre la fecha…? –le preguntó el Slytherin.

- Kreacher ha escuchado que será el primer domingo luego de que terminen las clases, señor. –le informó el elfo.

- Muchas gracias, Kreacher. Eres genial. –le sonrió Albus. – Ahora sólo nos queda ver cómo llegar a la casa de Ogden.

Se quedaron todos en silencio, incluido Kreacher, que aún no se había ido porque Albus podría llegar a necesitar algo más de él.

- Tal vez puedas pedirle ayuda. –dijo Rose en voz baja. Albus sonrió al ver a quién se estaba refiriendo.

- ¿A Kreacher, Rosie? ¿Esa es tu idea para solucionar problemas? –le devolvió en un tono similar al que ella había empleado antes, aunque luego asintió: era una buena idea. - ¿Crees que podrás ayudarnos, Kreacher? ¿A sacarnos de encima a Flint por unas horas y a llevarme y traerme de la casa de Ogden?

Kreacher sonrió y Albus detectó algo de malicia en sus ojos. Oh, sí, Kreacher era genial, pensó.

- Por supuesto, señor. Kreacher lo ayudará.

º º º

- ¿Y bien? –preguntó Ron impaciente, de pie entre Hermione y Harry. Ginny estaba al lado de su marido y no muy lejos se encontraban Draco y Astoria.

Habían llamado a Jeremiah Swane para que analizara la nueva muestra de poción que Harry había conseguido. Esta vez habían decidido reunirse en Hogsmeade dado que también tenían que informarle al resto lo que habían descubierto sobre la farsa del Elixir, los avances con el mapa de Hogsmeade y la fecha de entrega de las Órdenes de Merlín. Estaban presentes, además de Jeremiah, su hermano menor Nicolas, Kingsley Shacklebolt, Ralph Velak y dos pelirrojos más: George y Bill Weasley.

Jeremiah no le contestó a Ron, sino que tomó el vial y lo levantó a la altura de sus ojos, al parecer, aún examinando su contenido. Luego de unos segundos de silencio, finalmente dio su conclusión.

- Este es uno de los venenos más potentes que jamás he visto. Y si no me equivoco, por los ingredientes que contiene, también uno de los más rápidos. Me pregunto incluso si un bezoar podría detenerlo.

- Oh, eso podemos averiguarlo. –acotó Draco, y se dirigió a Ron. – Weasley, prueba un poco: es por el bien de la investigación. Si te mueres será por una buena causa.

Antes de que Ron pudiera contestar de una forma poco amigable, como su expresión de enojo prometía, Harry habló primero.

- ¿Entonces planean envenenar a Llorch? –cuestionó el ex Jefe de Aurors en voz alta.

- No, a mí me parece que solamente quieren condimentar un poco su comida, Harry. –le contestó George, sonriente. Harry no pudo evitar devolverle el gesto.

- No tiene sentido. –intervino Ralph Velak.

- Quieren matar a Llorch, y acabamos de encontrar un veneno especialmente letal. Creo que tiene todo el sentido. –la contradijo Astoria.

Ralph Velak negó con la cabeza, pero fue Hermione la próxima que habló.

- Ralph tiene razón. No sería lógico. Envenenarlo, por más letal que fuera el veneno, podría verse como algo personal, o incluso un intento por ocupar su lugar. No quedaría claro el motivo de la muerte.

- Granger, el motivo de la muerte sería que alguien lo quiere muerto, no es muy complicado. –le respondió Draco.

- ¿Y qué ganarían con envenenarlo antes, durante o después de la entrega de las Órdenes de Merlín? -rebatió Hermione. – Nada. Si quieren hacerlo en un evento público, es porque desean que su asesinato tenga cierta carga simbólica. Un veneno no sirve para tal fin. Le quitaría toda la significación.

Pasaron unos instantes en que los presentes reflexionaron sobre lo que la mujer acababa de decir.

- ¿Estás segura de que no eres la quiere deshacerse de él? –le preguntó Draco, finalmente. – Te noto muy convencida.

- No seas idiota, Malfoy. –le espetó Hermione.

- No pidas cosas imposibles, amor. Él ya es así. –le dijo Ron a su esposa.

- Entonces… –interrumpió Harry nuevamente. -… si no es para asesinar a Llorch, ¿para qué quieren un veneno como ése?

Todos se quedaron en silencio, intentando dar con una posible respuesta a dicho interrogante. Sin embargo, llegó un momento en que se hizo evidente que nadie había podido resolver el enigma.

- ¿Por qué no pasamos a los demás temas pendientes y después volvemos sobre eso? –sugirió Jeremiah.

- Antes de pasar a otra cosa, ¿tú sabes la respuesta pero no la dices por miedo a morirte, o tampoco tienes idea? –le cuestionó Ron al ex Director del Departamento de Misterios.

- No tengo idea, Weasley. –le contestó el otro mago, de forma poco amigable. – Y en caso de que no pueda responder por esa razón, lo aclararé. Te agradecería que dejaras el tema de lado de una vez por todas.

Ron no siguió molestándolo, pero tampoco le contestó. A su lado, Hermione le dirigió una mirada de desaprobación que el pelirrojo ignoró completamente.

Harry les informó sobre la fecha de entrega de las Órdenes de Merlín, y les mostró los pergaminos que James le había entregado. No había llegado a completarlo totalmente, pero con Ron habían recorrido el resto de la ciudad para finalizar el trazado. Tardaron bastante tiempo en que el mapa tuviera cierto parecido con la calidad del que había hecho Camille.

Jeremiah los tomó y los dejó suspendidos en el aire con un movimiento de su varita. Inmediatamente después, comenzó a realizar una serie de hechizos sobre los mismos. Frente a ellos, los diversos pergaminos comenzaron a unirse uno a uno, hasta formar un mapa de tamaño considerable que mostraba toda la ciudad. Los que mostraban los pasajes secretos no quedaron en un pergamino aparte, sino que se integraron al mismo, con un trazado en gris, que se veía por debajo del color negro del resto del mapa. Lo interesante es que se podía alternar, dejando negros los pasajes y gris la superficie.

Jeremiah siguió encantando el pergamino, y de repente, éste se llenó de infinitos puntos negros con pequeños rótulos debajo de cada uno. A pesar del tamaño del mapa, la enorme cantidad de personas lo hacía totalmente ilegible.

El mago lo miró ceñudo, al parecer, decidiendo qué hacer a continuación. Ante la mirada atenta de todos los presentes, hizo aparecer un pergamino y una pluma y se los entregó a Harry.

- ¿Podrías escribir ahí el nombre de todos los Aurors a tu cargo?

Entendiendo a dónde apuntaba Jeremiah, Harry tomó la pluma y comenzó a escribir nombre tras nombre de cada Auror del Ministerio. Una vez finalizado, le devolvió el pergamino. Jeremiah tomó la lista y la incluyó a un lado del mapa. Un movimiento de varita después, los nombres se habían vuelto de un color azul brillante. Al mismo tiempo, dos puntos en el mapa tomaron el mismo color, uno al lado del otro.

Sin poder evitarlo, Harry se acercó al mapa. Los rótulos rezaban: "Ethan Merrick" y "Charles Hawes". Eran dos Aurores.

- Podríamos marcar más nombres en el mapa. Los de todos nosotros, por ejemplo. –sugirió Hermione.

Jeremiah asintió y los nombres de todos los que participaban en las reuniones se plasmaron en el mapa, aunque, como era lógico, ningún punto se iluminó.

- Ron y yo hemos seguido a algunas personas que tenían actitudes sospechosas estos días. –comentó Harry, mientras hacía aparecer él mismo un nuevo pergamino. Acto seguido, escribió algunos nombres sobre él con la pluma que le había dado Jeremiah. – No son muchos nombres, pero supongo que podremos agregar más una vez que estemos ahí.

- Fue una muy buena idea resaltar nombres en el mapa. – comentó Hermione, mientras observaba como Merrick y Hawes caminaban por la calle principal de Hogsmeade. Jeramiah asintió aceptando el elogio, ante la mirada ceñuda de Ron. De repente, a éste se le iluminó el rostro.

- Yo tengo otra idea. –dijo, acercándose a donde estaba Jeremiah. Hizo aparecer una nueva palabra en el mapa, y la marcó en rojo: "Objetivo". Acto seguido, tocó a un punto al azar entre todas las personas de Hogsmeade.

Sucedieron dos cosas: por un lado, el punto se tornó rojo, y con un círculo alrededor. Por otro lado, los puntos que se encontraban a más de cierta distancia de él se volvieron casi invisibles, concentrando la atención en los nombres que se encontraban más cerca. Con otro movimiento de la varita, los que se encontraban a la misma distancia, pero detrás de edificios, también desaparecieron.

- ¡Solo quedaron los que están al alcance de lanzarle un hechizo! –dedujo Hermione. - ¡Eso fue brillante, Ron! –lo felicitó, sonriente.

A Ron se le pusieron las orejas levemente coloradas, pero aún así, le sonrió. Acto seguido, giró su cabeza para observar a Jeremiah Swane. Su sonrisa se transformó en un gesto de suficiencia y superioridad. El inefable suspiró algo exasperado.

Harry, que había observado todo el intercambio, se preguntó si le debía aclarar a Ron que, en su opinión, Jeremiah no parecía mostrar ni el menor interés en Hermione. Y se contestó que no. Observar a Ron así era muy divertido.

La reunión finalizó poco después. No había sucedido nada más que fuera relevante, salvo el ofrecimiento de George de crear algún medio de comunicación eficiente para conseguir coordinación durante el evento.

Cuando la cueva finalmente quedó vacía, no había ningún rastro allí que delatara que se había llevado a cabo una reunión.

º º º

- No tolero estas nuevas barreras antiaparición. –comentó con desdén Draco, mientras se acomodaba en unos de los sillones de su sala de estar. El hecho de tener que recurrir a elfos domésticos para aparecerse en su propia casa le resultaba prácticamente humillante. No. El "prácticamente" estaba de más. Le resultaba totalmente humillante, denigrante y demás sinónimos que pudieran encontrarse.

- En unos días podrás levantarlas si quieres. –le contestó Harry, mientras se sentaba en un sillón individual no muy lejos de Draco.

- ¿A qué te refieres, Potter? ¿No habían dicho que eran necesarias?

Harry lo miró confundido.

- Sí, pero… -se detuvo a mitad de la contestación. – Ron, ¿no le dijiste nada?

El pelirrojo se puso las manos en los bolsillos de su túnica y se encogió de hombros, aún de pie.

- No encontré ningún motivo lo suficientemente bueno como para acortarle el sufrimiento.

- Estás siendo infantil. –lo acusó Hermione, y luego se dirigió a Draco. – Nos vamos a volver a nuestra casa. Con la ayuda del Profesor Lockhart, finalmente pudimos realizar el encantamiento Fidelius.

- ¿Lo dices en serio, Granger? –preguntó él, sin creerlo del todo. Ante el asentimiento de Hermione, cerró los ojos en una mueca de placer y se relajó su postura contra el respaldo del sillón. – Este momento será uno de los recuerdos más felices de mi vida. Sin ofender, Toria. –agregó luego, aunque no abrió los ojos.

Por el bien de su matrimonio, la mujer decidió ignorar el comentario.

- ¿Cuándo tienen pensado volver? –les preguntó Astoria.

- Pasado mañana. –Draco sonrió, como si lo que estaba diciendo Hermione fuera música para sus oídos. En cierta forma lo era. – Antes de que lleguen los chicos de Hogwarts.

Desde donde estaba sentado, Draco levantó su mano derecha y chasqueó los dedos. Instantes después, un elfo apareció a su lado y le hizo una reverencia. Hermione le dirigió una mirada desaprobatoria ante el modo en que lo había llamado.

- Trae algo para brindar. –le ordenó al elfo. Luego su boca se curvó ligeramente en una sonrisa de satisfacción. – Es una ocasión especial.

º º º

Alyssa estaba de pie en uno de los desiertos pasillos del castillo, con la vista perdida en el exterior, hacia los terrenos. Una cálida brisa entraba por la ventana, despeinándola ligeramente. Todos los alumnos estaban afuera, disfrutando del excelente tiempo del último día que pasarían en Hogwarts antes de las vacaciones. Incluso Potter la había invitado a jugar al Quidditch con su hermano. Aparentemente estaban festejando que habían reparado su escoba o algo así. Sin embargo, ni el prospecto de volar había conseguido levantar su ánimo, por lo que finalmente declinó la oferta.

Al haber caído el último día de clases entre semana, quedaban tan sólo días para el compromiso. El tiempo se había acabado. Y pensar que había estado tan segura de que encontraría una solución. Tal vez debería haber buscado un reemplazante, como había decidido con Scorpius en primero. O exterminar a Kurt Flint, como habían pensado recientemente.

O quizás debería comenzar a resignarse y a aceptar que en la vida no siempre uno consigue lo que quiere.

El ruido de otra persona aproximándose la distrajo por un instante de sus pensamientos. Su decisión de ignorarla cambió cuando cayó en la cuenta de que los pasos no siguieron, sino que se detuvieron a su lado. Desvió la mirada de los terrenos hacia el recién llegado.

Era Scorpius.

Intentó sonreírle pero los músculos de su rostro no parecieron querer obedecerle. Olvidándose por un momento de los dichos del chico sobre los elfos domésticos, Alyssa se enfocó en que en ese instante, lo único que necesitaba era a su amigo. En vez de intentar serenarse, hizo lo que sus instintos le dijeron.

Scorpius se sorprendió cuando la chica lo abrazó, pero de todas formas intentó reconfortarla. No tenía muy claro cómo hacerlo, pero hizo lo mismo que su madre solía hacer con él cuando era chico, cuando su padre no estaba presente como para recordarle que los Malfoy no lloraban.

Alyssa pensó en agradecerle por haberla encontrado, por soportar su horrendo estado de ánimo de las últimas semanas, pero lo único que salió de sus labios fue:

- No quiero volver a casa, Scor.

El pensó en ofrecerle que fuera a la suya, pero ambos sabían que no resolvería nada.

- Todavía estamos a tiempo de matar a Flint. –le contestó, intentando subirle los ánimos.

Alyssa sonrió levemente, y luego se separó. Miró a Scorpius pero su vista estaba borrosa. Necesitó llevarse las manos hacia sus mejillas para caer en la cuenta de que había estado llorando.

Scorpius se quedó con ella largo rato. A lo largo de las horas, el cielo se fue volviendo cada vez más oscuro y la luz del sol más débil. Eventualmente llegó el momento de ir al último banquete que se ofrecería en el Gran Salón, donde todas las decoraciones serían de color escarlata y dorado. Alyssa le dijo que se adelantara, que luego lo alcanzaría. Scorpius la obligó a prometerle que iría y que no se quedaría allí sola el resto de la noche.

Finalmente el chico se fue. Luego de unos segundos, cansada de estar de pie, Alyssa se dejó caer al suelo, apoyando su espalda contra la dura roca de las paredes de Hogwarts. El tiempo pareció detenerse a su alrededor. No se escuchaba ningún sonido. Un minuto, cinco, o tal vez treinta después, no estaba segura, escuchó el característico sonido de la aparición de un elfo. Abrió los ojos, aunque no recordaba haberlos cerrado, y los enfocó en la criatura que tenía delante.

Si bien le costó, esta vez pudo sonreírle.

- Dipsy. –la saludó.

- Buenas noches, señorita.

- Dime "Alyssa". –le pidió. Y luego señaló el espacio que tenía a su lado. – Siéntate conmigo un rato.

Dipsy abrió mucho los ojos, algo escandalizada.

- ¡Pero, señorita…!

- Es Alyssa. Y siéntate, Dipsy. Por favor. –agregó.

Tal vez fue el tono de voz o la expresión de su rostro la que la convenció, pero la elfina, lentamente, como si estuviera haciendo algo prohibido, se sentó al lado de Alyssa. Pasaron unos minutos en silencio, mientras Alyssa volvía a cerrar los ojos y a apoyar la cabeza contra la pared, y Dipsy le dirigía una mirada cargada de inquietud.

- Señorita Alyssa, Dipsy está preocupada por usted. ¿Puede Dipsy ayudarla en algo? –preguntó la elfina tímidamente.

Alyssa abrió lo ojos un instante y le sonrió. Acto seguido, suspiró con agotamiento y volvió a cerrarlos.

- Gracias, Dipsy, pero salvo que sepas como hacer para que pueda escaparme de un compromiso, entonces no puedes ayudarme.

- ¿Está usted hablando de un contrato mágico, señorita?

La chica asintió, pero no contestó verbalmente.

- Dipsy puede ayudarla, señorita, si usted se lo permite.

Esta vez, Alyssa abrió los ojos de par en par y fijó su atención en la elfina.

- ¿Lo estás diciendo en serio? –le preguntó, en una voz cargada de ansiedad.

Dipsy asintió enérgicamente.

- Por supuesto, señorita Alyssa. Dipsy puede ayudarla.

Si bien afuera había anochecido, una pequeña luz había surgido en el horizonte de Alyssa.


Chicos, les presento el anteúltimo capítulo de este fic :D

Quiero aprovechar para agradecerles a los que se animaron a comentar el capítulo anterior, y a los que fielmente me dicen qué opinan de cada uno.

Sólo resta el final, y el epílogo -que será un Señor Epílogo, les anticipo (no por largo sino por trascendente)-.

En este último paso antes del final, ¿cómo venimos? ¿Gusta?

-Si les da no se qué escribir qué les parece, esta es una excelente oportunidad para decir "Sí, sigue así" o "No, derrapaste" :D-