:) Y aquí tenéis el otro :)

23 i 24 de Julio


Por los años: la herencia Black

Capítulo 37: Vacaciones

Acababan de llegar en la playa y Asami ya estaba aborreciendo el lugar. Después de dejar sus cosas en las habitaciones que se habían repartido de la casa, bajaron todos a la playa. Akira, Chieko, Yoh, Ayako, Momo y Sora se metieron en seguida al agua jugando con todo lo que tuvieran. Asami se sentó en la arena vestida con una falda hasta las rodillas y un jersey de manga corta. Mamoru se sentó a su lado con una sonrisa y se quedó mirando a la chica.

— ¿Vas a pasarte todo el verano a mi lado? —preguntó Asami al cabo de un rato mirándolo.

— Bueno, esa era mi intención —se rió él.

— Puedo ser muy aburrida si quiero —suspiró ella mirando como Yoh tiraba agua a Akira que empezaba a perseguirlo por la arena.

— Tu madre ya me advirtió de ello —se rió él—. Pero aún así…

— Tu hermana quiere que vayas —suspiró Asami señalando con la cabeza hacia ellos.

— Lo que tu digas —Mamoru seguía mirándola a ella.

— Mírala —se rió la hija Kudo saludando con la mano a la pequeña que no dejaba de mirarlos.

Mamoru suspiró y los miró.

— ¿Qué quieres? —preguntó Mamoru sonriendo.

— Que vayas a divertirte —se rió Asami—. Yo me lo paso bien viéndoos a todos.

— Ni lo sueñes —se rió él.

— Como no te vayas con tu hermana te hago picadillo —susurró Asami mirándolo de reojo con voz amenazante.

El chico se levantó de golpe y se dirigió al agua sin quitarse la camiseta que llevaba encima.

— Será posible —suspiró Asami viendo como Ayako le hablaba.

La chica Kudo se puso la gorra a la cabeza y se cogió las rodillas con los brazos.

.

Se levantó. No había casi dormido, pero se había conseguido tranquilizar durante un rato. Salió de la habitación en silencio. Ayako y Chieko seguían durmiendo, aún estaba oscuro a fuera. Bajó las escaleras lentamente y entró al comedor.

— Tu tampoco puedes dormir —sonrió en un susurro al ver que Mamoru estaba sentado en la mesa delante del ordenador de Akira.

— Ya somos dos —sonrió él indicándole que se sentara a su lado. Ella lo hizo—. ¿Ocurre algo? —preguntó Mamoru levantándose y abrazándola con ternura por la espalda.

Asami negó con la cabeza.

— He conseguido dormir algo —respondió ella en un susurro.

— Oh, entonces ha ido bien venir, ¿no? —respondió Mamoru a tono de 'me debes una'.

— Gracias por la insistencia —respondió Asami sonriendo y cogiendo los brazos que la rodeaban.

Mamoru la besó a la cabeza.

— Tengo una idea —susurró el chico—. Vamos a vestirnos y a ver el amanecer en la playa.

Asami sonrió. Era increíble que fuera un chico con esas ideas en la cabeza, todos los chicos que había conocido siempre iban a frases pervertidas o a lugares donde hubiera juerga y chicas menando sus faldas extremamente cortas. Se levantó y se giró entre sus brazos.

— Me gusta tu idea —susurró.

— ¿A qué estamos esperando? —preguntó Mamoru.

— A que me sueltes para que pueda moverme —respondió ella sonriendo.

— ¿Tan pronto? —preguntó él.

Asami le besó en la mejilla y le devolvió el abrazo. Esa era una buena pregunta. La verdad es que no quería separarse de él. Ya había estado suficientemente lejos durante demasiado tiempo. Ella cerró los ojos mientras él la seguía manteniendo rodeada sin hacer ningún tipo de fuerza hacia ella.

— ¿Estás bien? —preguntó ella apartándose un poco para verle los ojos.

Él negó con la cabeza y sonrió.

— No quiero hacerte daño —susurró él poniendo su frente pegada a la de ella.

— No vas a hacerme daño, casi lo tengo curado —se rió ella besándolo en los labios—. ¿Por qué deberías de creer eso? —Mamoru le acarició la espalda—. No debería de habértelo mostrado —se rió apartándose—. ¿No te estás preocupando demasiado?

— ¿Y tú muy poco? —preguntó Mamoru soltándola.

Ella tan solo sonrió y salió de la sala, dando pequeños saltos con las manos a su espalda. Subió a la habitación y sacó una falda larga y un jersey que le tapaba los hombros, pero sin cuello, de su maleta. Se cambió con rapidez, cogió su teléfono móvil del maletín, poniéndoselo en el bolsillo de la falda, y salió de allí. Al teléfono, le había quitado la tarjeta y había desconectado cualquier sensor de localización. Se encontró de cara a Mamoru que salía de su habitación. Se había puesto unos tejanos y una camisa. Sonrieron. Los demás seguían todos durmiendo. Bajaron las escaleras y Mamoru paró a Asami en la entrada, delante del espejo.

— Estás muy bonita —susurró cogiéndola de los hombros y mirándola a través del espejo—. Aunque lo estás te pongas lo que te pongas.

— Gracias, lo arreglaste —se rió Asami también mirándolo a través del espejo.

— Aunque… —Mamoru se apartó de ella. Se giró y cogió el sombrero de paja de Chieko que había aún colgado en el colgador. Se lo puso a la cabeza a la chica—. El conjunto queda hermoso —añadió Mamoru sonriendo.

Asami sonrió rodando los ojos. Dejó que Mamoru tirara de su mano hacia afuera.

— ¿Desde cuándo eres un experto en moda? —preguntó ella.

— Oh, ¿no te dije? —preguntó bajando las escaleras que les llevaban a la playa—. Esa es mi verdadera vocación. Lo de ser detective era una tapadera.

— Pues lo has hecho genial —sonrió ella mientras Mamoru la dejaba al medio de la arena, de espaldas al agua.

— ¿Verdad? —sonrió él—. Yo creía que era detective pero de verdad eso es un aburrimiento —sacó su teléfono móvil del bolsillo.

El viento aún bufaba con un poco de fuerza. Asami se agarró el sombrero para que no se le escapara.

— ¿Qué haces? —preguntó Asami arqueando una ceja.

— No tengo fotos tuyas desde que tenías 12 años —se quejó él—. Déjame hacerte una al lado del sol. Ni siquiera se va a ver bien —se rió.

— No me gusta que me hagan fotos, siempre quedo mal —se quejó la chica.

— Bueno, entonces no tienes nada de qué preocuparte si no se ven —sonrió Mamoru—. Aunque eso deberías de decírselo al fotógrafo que te hizo la sesión fotográfica quizás, porque estás diciendo que su trabajo ha sido de pena

— Volviendo al tema —sonrió Asami mirando por unos segundos al horizonte donde el naranja se estaba dejando ver por encima de las estrellas—. Sí es un aburrimiento, siempre resolviendo los casos. ¿Cuál ha sido tu caso más complicado?

— Ninguno de momento —se quejó él poniendo cara de fastidio—. En serio —sonrió viendo que Asami ponía sus manos en las caderas mirándolo con cara de no creérselo—. El más complicado hasta ahora sigue siendo el del río suicida.

— Oh —Asami cerró los ojos, recordaba ese caso y fue muy desagradable para los dos—. Entonces tienes un problema —dijo intentando borrar las imágenes de ese caso de su mente.

— Sí, lo sé —se rió él levantando el móvil dispuesto a hacerle una foto.

— ¿Y qué quieres que haga? —preguntó ella.

— Nada. Tan solo sonríe —respondió él.

Asami rodó los ojos, tenía a una actriz de modelo y no quería ni utilizarla. Sonrió mientras el viento le hacía volver a agarrar el sombrero de paja. Mamoru silbó.

— ¿Qué? —preguntó ella.

— Tienes razón, quedaste fatal —dijo Mamoru con un tono de mentira y poniendo cara de falsedad.

— Bórrala —se quejó Asami.

— No. Esta foto no la va a ver nadie, pero tampoco la voy a borrar —se rió él.

— Muéstramela —pidió ella.

— Ni hablar, será mi tesoro —respondió él.

— Muéstramela —volvió a repetir—. Si he quedado mal quiero que la borres.

— ¿Mal? —preguntó él apartándose porque ella se acercaba—. ¿Estás loca?

— Dame el teléfono —se quejó de nuevo Asami—. No me hagas perseguirte.

— No podrás alcanzarme —respondió él seguro mientras arqueaba una ceja.

Asami suspiró y se encogió de hombros, mientras Mamoru se apartaba más de ella. Se quitó el sombrero de Chieko y lo aguantó con su mano mientras empezaban a correr los dos.

— Muéstramelo, Mamoru —se quejó Asami.

— He dicho no —respondió él riendo parándose y escondiéndose el teléfono detrás de la espalda—. No seas tan quejica. Te prometo que quedó bien.

— Entonces no te dará vergüenza más que a mí a que me la muestres —se quejó ella parándose delante de él.

— Perdona, no voy a hacerlo mi teléfono es privado —respondió él.

Asami lo rodeó con los brazos para intentar coger el teléfono, pero él lo apartó de los dos con agilidad.

— Vas a enterarte —se quejó ella mientras él se giraba de espaldas a ella para asegurarse de que no lo alcanzaba.

Asami saltó un poco para intentar alcanzar el brazo del chico. En ese momento era cuando se había dado cuenta de lo musculado que estaba él. Ni siquiera ella podía hacerle doblar el brazo con facilidad. Mientras estaba intentando alcanzarlo, Mamoru se giró de golpe y la besó. Ella se apartó desconcertada. Mamoru le puso el teléfono a la nariz y sonrió.

— No habrás… —Asami agarró el teléfono de golpe y lo miró.

La última foto que se había hecho era mientras Mamoru la besaba. Él la rodeó por la espalda de nuevo.

— No te enfades, ahora seguro no podrás hacerte pasar por otra —se quejó él.

— Disculpa, soy actriz —respondió ella sonriendo mientras se enviaba la foto a su teléfono móvil. Como los modelos eran idénticos, existía una opción de pasar la fotografía sin tener que conectarlo, y ella no iba a perder la oportunidad—. Puedo hacer lo que quiera cuando quiera. Puedo pasar por muchos otros —añadió devolviéndole el teléfono.

— Yo no estaría tan convencido —se rió Mamoru.

Asami se rió también.

— Díselo a Takeshi cuando me hice pasar por Hiro —se rió—. Creyó realmente que su hermano se había vuelto loco.

— ¿Te hiciste pasar por Kuroba? —preguntó Mamoru soltándola—. Cuéntame eso, quiero reírme.

Asami sonrió acercándose más al agua. Se quitó los zapatos y los dejó en la arena, poniendo sus pies más cerca de las olas.

— Sí —respondió ella—. Hubo un asesinato. Ese fue mi caso más difícil. Tardé una semana entera en resolverlo —añadió girándose hacia él mientras notaba la arena mojada en sus pies—. Habían matado a uno de nuestros compañeros del teatro, y todos éramos sospechosos con 14 años.

Asami se giró y puso un pie en la ola que llegaba casi a ella. Se agarró con las manos la falda, no quería ensuciarla.

— Así que cuando descubrí al asesino, intenté acorralarlo, pero, casualmente él me acorraló a mí —añadió—. Porque también quería matarme a mí. Imagínate estar en una sala oscura, en donde se guardan los decorados.

Mamoru se sentó en la arena y cerró los ojos, mientras el sol ya se veía salir por el horizonte.

Flashback

Asami estaba sentada detrás de unas cajas que eran de la mitad de su altura. Se agarraba las rodillas. Era de noche y no se había acordado de decirle a nadie donde estaba. Giró la cabeza para ver algo, pero solo escuchaba las pisadas del profesor que se acercaba a ella. Observó a su alrededor. Decorados preparados para la función, apilados delante de ella. A su alrededor un montón de cajas. Por la izquierda un pasillo, por la derecha un pasillo de cajas. Optó por ir por las cajas.

— Sé que estás ahí Asami, sal de una vez —gritó la voz del hombre resonando por el lugar.

Asami tiró a cuatro patas por el lado de las cajas, hasta que tuvo que tumbarse para asegurarse de no ser vista. Se arrastró por el lugar. Se estaba entreteniendo demasiado para no ser vista, cuando el hombre avanzaba con más rapidez. De repente se paró. Delante de ella había un colgador con ruedas con un montón de vestidos esperando para ser reutilizados. Sonrió. Con un último esfuerzo se metió entre los vestidos poniendo su espalda contra la pared. Cerró los ojos e intentó calmar su respiración. Así no podría escucharla. Los pasos ahora ya estaban muy cerca de ella. Podía escuchar la respiración del hombre. Ella se aguantó la respiración, tapándose la boca y la nariz con una mano. Entre los vestidos vio el hombre girarse para seguirla buscando por otro lado. Asami se movió un poco, ahora era su oportunidad para salir de allí, con el pequeño espacio que había entre las cajas de cartón y la pared. Se metió hacia allí, pero no se acordaba de que las ruedas del colgador de hierro se movían aún. Hizo que el colgador topara con una de las cajas y se quedó parada. Por entre uno de los vestidos y la caja, pudo ver como el hombre se giraba de golpe. Se apresuró a meterse por el lugar, aunque eso significaría quedarse aún más acorralada. Se acordó de que un día, Hiro había desaparecido en ese lugar, siendo perseguido por ella, así que quizás podría hacer lo mismo que él. Vio como el colgador se apartaba y aparecía la cabeza del hombre por el pequeño lugar. Por suerte ella estaba muy delgada, pero el profesor de música parecía estar embarazado de 9 meses. Así que no pasaría sin apartar los pesados objetos. La cabeza del hombre desapareció. Asami se apresuró a seguir. De repente, la pared desapareció a su espalda y terminó tumbada al suelo. No se había quejado, aunque se había clavado un objeto en la espalda. Cuando se levantó miró a su espalda. Había un pasadizo pequeño. Miró al suelo, allí había un monóculo. Era lo que Hiro había perdido y no recordaba donde lo había puesto. Sonrió cogió el objeto y corrió por el oscuro pasillo. De repente paró. Estaba rodeada de paredes. Tocó a los lados. No había escapatoria posible mientras escuchaba al hombre tumbar las cajas al suelo, con enfado. Todo era cemento, no había nada que le abriera algún mecanismo o algo. Tocó delante. Era ropa. La pared era ropa. La empujó y salió. Se quedó parada viendo lo que delante de ella había. Estaban al tercer piso del instituto de Bellas Artes y acababa de salir al exterior. Se apartó, había una cornisa de un metro por el que ella podía pasar con tranquilidad, pero el viento le iba a dificultar el paso. Se apoyó con las manos a la pared y empezó a andar, en algún momento encontraría una ventana como en las películas. Llegó a la esquina y observó detrás de ella. La ciudad vista desde allí era bonita. Movió la cabeza para centrarse en lo que tenía que hacer. Miró a la esquina. Ahora si se sentía ser Hiro. La cornisa terminaba allí. Tendría que volar si quería llegar al suelo. Arqueó una ceja y se cruzó de brazos. Menudo día llevaba. Miró atrás, la cortina se apartaba para dejar pasar el profesor. Con agilidad se agarró de la cornisa y se quedó colgando de allí. Ahora estaba a menos distancia. Miró hacia sus pies. La distancia se recortaba más si debajo de ella había otra cornisa, aunque fuera más delgada que la otra. Puso sus manos más juntas a la pared y se dejó caer. Se agarró con una mano a la cornisa. Miró hacia arriba, el profesor la miraba. Ella sonrió. Se cogió con la otra mano y se subió. Con dificultad le cabían sus pies, pero consiguió ponerse de pie. Bajo la calle empezó a escuchar voces de asombro. Ahora ya la habían visto de abajo. Anduvo por el lugar hasta encontrar una pequeña ventana. Comprobó si estaba abierta, pero no. Siguió su camino hasta la siguiente ventana. Esa estaba abierta. Se metió a dentro. Buscó por el lugar. Era el vestuario de chicos. Sonrió. Se acercó a las taquillas de los gemelos y abrió la de Hiro. Por suerte aprendía rápido todo lo que le enseñaban, así que se acercó para maquillarse en uno de los tocadores que allí había. Susurró un par de maldiciones hacia lo desordenados que eran en ese vestuario. Y terminó acercándose a la puerta. Miró a su alrededor. Había uno de los sombreros que otro de sus compañeros llevaba en la obra. Se lo puso y recogió su pelo debajo de él. Salió por la puerta. Por suerte aún podía pasar por un chico. Apresuró el paso mirando hacia atrás, no podía descuidar sus espaldas. Cuando volvió la vista al frente se paró. El profesor estaba delante de ella.

— ¿Qué haces aquí? —preguntó el hombre.

Asami evitó sonreír.

— Me olvidé una cosa señor —susurró fingiendo afonía.

— ¿Qué le ha pasado a tu voz? —preguntó el hombre—. Debes de cuidarla, te dije que no bebieras frío en invierno, mira lo que ha pasado.

— Mañana estaré bien —respondió ella.

— Está bien —susurró el hombre—. ¿Por casualidad viste a Kudo? —preguntó el hombre en un suspiro de fastidio.

— La creí ver por allí, iba con prisas. Parecía asustada —susurró ella—. Aunque no me ha dicho el porqué. Seguro se metió de nuevo de lleno en el caso.

El no estar cerca de Hiro nunca, no le daba la oportunidad para saber lo que decía en sus clases con sus profesores. Se acababa de dar cuenta que ni se había fijado bien en el comportamiento del chico.

— De acuerdo, vuelve pronto a casa y cuídate esa voz —ordenó el hombre—. Voy a buscar a Kudo para intentar que vuelva a casa.

— ¿Quiere que le ayude, señor? —preguntó ella hábilmente.

Seguro los gemelos preguntarían eso.

— No, no importa vete —sonrió él.

— Está bien, señor —sonrió Asami yéndose.

— Por cierto, Hiro —sonrió el hombre Asami se giró y se quedó parada, le estaba apuntando con un arma—. Buen intento.

Asami arqueó una ceja.

— ¿No fue suficientemente buena? —preguntó ella con su voz.

— Los gemelos están a tres pisos encima de ti querida —respondió él—. Están castigados a mi despacho, o te olvidaste de eso.

Asami sacó la lengua se pasaban cada día al despacho de algún profesor, pero nunca hasta tan tarde.

— Lo que usted quiera —respondió ella en un susurro.

— ¿Qué? —preguntó el hombre que no la había escuchado.

Asami levantó las manos al aire. Ahora si no podía huir a ningún sitio.

— ¡Hiro! —gritó Takeshi detrás de ella. Asami se giró para verlo. Aunque estuviera a oscuras, los gemelos nunca la confundirían con nadie. Lo había intentado un montón de veces y nunca había funcionado con ninguno de los dos—. ¿Qué está ocurriendo aquí? —preguntó mirando al profesor.

— Está intentando matarme, ¿no lo ves? —preguntó Asami con su voz señalando al hombre.

— ¿Quieres dejar de imitar la voz de Asami? Ahora mismo no tiene gracia —se quejó Takeshi mirándola de reojo.

Asami arqueó una ceja y se cruzó de brazos mientras Takeshi miró de nuevo al profesor que estaba alucinando.

— ¿Qué haces aquí? —preguntó el hombre—. Os encerré en mi despacho.

— Hiro se fue hace un rato, no somos tan buenos como nuestro padre, pero seguimos siendo tan ladrones como él —respondió Takeshi. Se miró a Asami, estaba esperando que su hermano hubiera dicho lo mismo que él. Asami seguía mirándolo en la misma posición. Tanto se parecían—. ¿Estás intentando algo con esa cara? —preguntó mirándola.

Detrás de él saltó una rejilla de ventilación.

— En serio, ¿cómo narices te puedes llamar mi hermano? —preguntó Hiro saliendo de la rejilla.

— ¿Cuánto tiempo te va a costar bajar de ahí? —preguntó Asami.

— No creo que mucho, ¿por? —preguntó Hiro sonriendo.

— Porque tenemos que llevarlo a comisaría —respondió Asami—. Y necesitaré de vuestros músculos para arrastrarlo hasta allí.

— ¿Arrastrarme? —preguntó el profesor apuntando a la chica en la cabeza.

Asami bajó y volvió a levantarse habiendo esquivado el arma. Golpeó al hombre en la barriga con las manos y se giró encima suyo para golpearlo por detrás de las rodillas, el sombrero le cayó al suelo soltando su pelo. El hombre terminó soltando el arma y arrodillándose por el dolor. Asami agarró la pistola y lo apuntó.

— ¡¿Cómo?! —gritó Takeshi—. ¡Eres Asami!

Hiro terminó de bajar con agilidad y golpeó en la cabeza a su hermano.

— Pues claro que es ella —se quejó.

— Vamos a tener que empezar a darnos algún código de seguridad o algo —se quejó Takeshi susurrando.

Asami se escuró el cuello tosiendo.

— ¿Tan bien lo he hecho? —preguntó intentando imitar la voz de Hiro.

Takeshi la fulminó con la mirada.

Fin del Flashback

Mamoru la observó con atención mientras ella andaba de un lado al otro mojándose los pies.

— ¿Le dijiste tan bien lo he hecho? —preguntó Mamoru.

— De hecho le pregunté, so… I've done it well? —se rió Asami mientras Mamoru se echaba a reír.

— Es impresionante —sonrió él tumbándose en la arena y cerrando los ojos.

— Me pareció divertido —añadió Asami—. Nunca les había engañado hasta entonces. Luego, me enteré que Hiro también se había creído que Takeshi estaba con un doble suyo —sonrió sentándose al lado de Mamoru.

El sol ya había salido del todo y los iluminaba a los dos. Asami sacó su teléfono móvil mientras Mamoru sonreía con los ojos cerrados ante la idea de que los dos gemelos hubieran sido engañados por Asami. Ella le sacó una foto al chico y sonrió. Se tumbó a su lado.

— Dime —susurró Mamoru—. Los gemelos y Miyano, parecen conocerte mucho.

— Habíamos sido amigos desde hace mucho tiempo. Luego, estuvimos todos juntos en Estados Unidos —susurró Asami—. A todos nos perseguía ese hombre, o al menos a nuestros padres. Estuvimos durante un año y medio, todos juntos. Luego los gemelos volvieron, con mi hermano, yo decidí quedarme con Tetsuya y el resto: Odagiri Minami, Sakuraba Shouta, Matsuura Ryuuzaki, Wells Jack, Fellon Paul, Flint Francine, Bernard Claude, Hakuba Sara y Hanabi Ronald. Esos son los que quedan vivos de 42 alumnos.

— ¿Vivos? —preguntó Mamoru levantándose de golpe y viéndola.

— 3 murieron asesinadas en un incendio, 4 más saltaron de un puente suicidándose después de que Jun les chantajeara, 1 murió ahogado en un rio, otro intentó suicidarse saltando del instituto, del 4 piso, terminó tetrapléjico, pero se suicidó tirándose a una piscina y se ahogó. 2 más sufrieron un accidente de tráfico y curiosamente atropellaron a otro de su clase, iban borrachos. Otra chica sufrió quemaduras graves en una explosión de gas en su piso, murió al hospital dos semanas más tarde, después de que otro chico la ahogara con un cojín, ese murió en la cárcel se suicidó sabiendo lo que había hecho, según él bajo un estado de hipnosis. Un grupo al que le gustaba mucho el montañismo, de 7 personas, desapareció y aparecieron sus cadáveres durante los 3 siguientes meses, murieron de frío, calor, por golpes en la cabeza o en otros sitios mortales. Los 8 restantes fueron secuestrados en una especie de karaoke, del que curiosamente solo salió vivo Jun.

— ¿Él les mató? —preguntó Mamoru.

— Nadie lo va a saber jamás —respondió Asami cerrando los ojos—. Hace tiempo que dejé de preocuparme por la maldición de nuestra clase, que todos temían. Intenté decirles que no lo era, pero no me hacían caso. Conforme me iba poniendo más en contra de Hanabi, más me maltrataban en clase. Así que dejé de preocuparme e intenté que cada verano cuando venían Hiro y Takeshi pasármelo tan genial como podía para evitar derrumbarme el siguiente año. Evitaba al máximo a Jun y no me preocupaba por los casos que me rodeaban más cercanos. Intentaba evitarlo. Toda esa gente ha muerto por culpa de Jun, eso lo sé del cierto, pero al igual que mi padre no tenía pruebas en contra del suyo, yo no tengo pruebas en contra de él.

Asami lo miró. Mamoru estaba aún más preocupado.

— Dejemos de hablar de esto antes de que te eches a llorar por mi culpa —se rió ella incorporándose.

— Pero… —Mamoru no dejaba de mirarla con esa cara.

— Olvídalo —sonrió ella—. Jun está en la cárcel, no hay de qué preocuparse, ¿verdad? —preguntó ella sonriendo.

Se levantó y estiró sus brazos. Se giró a mirarlo. Le puso el sombrero de paja en la cabeza y se arrodilló delante de él.

— No, a ti no te queda tan bien —sonrió.

Mamoru la miró y suspiró.

— ¿Cómo que no? —le siguió el juego—. Me queda muy bien —se quejó—. Aunque no tanto como a ti.

Le puso de nuevo el sombrero encima de la cabeza y la tumbó con cuidado en la arena. Sonrieron los dos a la vez.

— Chieko nos va a reñir por ensuciarle el sombrero —susurró Asami.

— Me da igual, será más divertido así —se rió él besándola en los labios con ternura.

Ella le devolvió el beso mientras lo rodeaba con los brazos por el cuello. Podía pedir esa tranquilidad para siempre, pero sabía que no sería posible. De repente Mamoru tiró de ella y se tumbó hacia el otro lado.

— ¿Qué? —preguntó Asami que se había quedado encima de él.

— Me acabo de mojar todo —se quejó Mamoru arqueando una ceja.

Asami miró detrás de ella.

— Vaya, gracias —se rió.

Una ola más grande les había alcanzado, pero Mamoru hizo que no se mojara. Él la cogió e hizo que le mirara. Adoraba que se riera de esa manera, siempre terminaba sonriendo como si estuviera a punto de hacer alguna travesura. La tumbó en la arena con suavidad de nuevo y se quedó tumbado a su lado. Mirándola con ternura. Ella también le miró aún sonriendo. Parecía increíble. Habían llegado los dos al primer día de vacaciones y parecía un día tranquilo, cosa que nunca tenían ninguno de los dos. Asami se acercó un poco a él y le rodeó con los brazos, mientras él cerraba los ojos. Parecía como si estuvieran aún durmiendo en la casa. Estuvieron así hasta que una sombra se puso encima de ellos dos. Asami miró hacia arriba.

— Me has quitado el sombrero —se quejó Chieko poniendo sus manos al lado de su cintura.

— Creía que el experto en moda era él —se rió Asami señalando a Mamoru.

— Lo dudo —se rió Chieko mientras Mamoru abría los ojos.

— Disculpa —se quejó él—. Puedo oírte.

— Haz lo que quieras —rió ella—. ¿Queréis comer o ya estáis servidos?

Asami se incorporó fulminándola con la mirada, mientras ella se giraba para volver a dentro.

— ¿Has venido con el vestido para dormir? Que lujo —sonrió Asami.

— No debería de mirar, ¿verdad? —preguntó Mamoru incorporándose sin girar.

— Haced lo que os plazca —se quejó ella—. Apresuraros, en breve se levantaran todos.


Aquí otro :)

Próximo capítulo: 'Jack, el peor fan'