CAPITULO TREINTA Y SIETE:

"No existe mayor enemigo, que el que no tiene nada que perder"

El sonido de las vainas de metal colisionando el grito de bravía y dolor de los soldados, el sonoro golpeteo de los cascos de los caballos, el estallido de las rocas sobre el suelo y estruendo de los relámpagos llenaban el campo de batalla.

Empapado y sintiendo como la fría lluvia invernal cubría por completo su cuerpo, Rusl continuaba habiéndose paso hasta la colosal criatura. Con agitada respiración blandía su espada contra el terrible enemigo, notando como las tropas del reino empezaban a ceder ante la fuerza del ejercito del norte. Parecía que todo había sido perdido, con la aparición de aquel monstruo, la moral de la armada había disminuido, creando una superior ventaja sobre ellos, sintiendo como la desesperación empezaba a llenar a su ser, el antiguo caballero no puedo evitar suplicar a las diosas por un milagro, algo que los ayudara en aquellas precarias condiciones.

Al otro lado del campo de batalla, Lana protegía a Ashei con sus hechizos, lanzando algunos encantamientos contra el oscuro escorpión, el cual se había dedicado a evadir los estoques de la militante, intentado apresarla con su mortales pinzas. Sabía que no podrían continuar combatiendo por mucho tiempo con aquel ser. Su magia era constantemente repelida, y la presencia del oscuro ente había creado un desfavorable balance en el lucha, asegurando con su presencia la victoria del reino enemigo.

Esquivando el mortal aguijón de la criatura, Ashei podía sentir como su reflejos se alentaba, marcando su cansancio. Con ágiles movimientos la militante embestía y arremetía contra las patas de la criatura intentando deshabilitarla, pero las estocadas de su arma parecían no hacer ningún daño al temible monstruo. Distraída por unos segundo, la joven fue impactada por una de las tenazas, sintiendo como su todo su cuerpo era golpeado por la brutal fuerza del arácnido. La doncella solo alcanzó a vocalizar su sorpresa y dolor, al ser arrojado por el escorpión.

Preocupada Lana, ante el grito de su compañera se distrajo lo suficiente para no contener con su magia el siguiente movimiento de la bestia, la cual arremetió con su aguijón contra la practicante, seguro de asesinar con su certero y mortal ataque a la maga. El tiempo se detuvo por milésimas para la joven hechicera, quien en un instintivo reflejo por protegerse a sí misma, cerró su ojos abrazando el poderoso libro contra su pecho.

- No lo permitiré, maldito insecto. – gritó el jubilado guerrero interponiendo su espada y desviando con ella, la agresión de la criatura sobre la joven.

Sorprendida y agradecida por las acciones del jubilado, la practicante solo pudo esbozar una suave sonrisa, mientras que con renovada firmeza, volvió a conjurar rápidamente un nuevo hechizo para hacer retroceder al monstruo.

Satisfecha Ashei no puedo evitar dejar salir un suspiro al notar como el antiguo guerrero había salvado a la silvina. Ignorando el dolor que se extendía por su cuerpo con cada uno de los movimientos de su caja, torácica. La doncella caballero, volvió tomar su fiel tizona y con renovado valor volvió a arremeter contra aquel ser, ayudando con su hoja a intentar derrotar al inmenso enemigo.

- Lana, no podemos continuar de esta manera… Ashei y yo nos encargaremos de esta cosa, tu regresa al palacio y Ayuda a Auru a mantener la ciudadela protegida. – expresó cansado el jubilado guerrero, creando en su mente una nueva estrategia.

- No puedo hacer eso, esta cosa los matara, es un ser de oscuridad pura, las simples armas no tiene efecto sobre el. – replicó la hechicera preocupada, al tiempo que creaba un gran escudo que encerraba al monstruoso escorpión, deteniéndolo por unos instantes.

- Que si serás terca, nuestras vidas no importan mientras salvemos al reino, regresa a la muralla y deja que los expertos nos encarguemos de estas cosas. – espetó molesta la militante, limpiando su rostro de lodo y sangre con sus empapado y sucio ropaje de su antebrazo.

Lana dudó por un instante sus acciones, una parte de ella sabía que debía acatar las ordenes y regresar a la ciudadela, proteger el palacio era su máxima prioridad, pero también conocía que si abandonaba en aquel momento a sus amigos, los estaba sentenciando a una muerte segura. Cualquiera de las dos opciones que tomara creaban un enorme sacrificio, el cual aun no estaba dispuesta hacer.

Cerrando sus ojos ante la impotencia y sintiendo como el conjuro que había aplicado rápidamente se deterioraba, dejándole solo segundos para tomar resolución. La practicante deseo contar con la presencia de su maestra en aquellos momentos, para guiarla o simplemente todo sería mas sencillo si tuvieran entre sus filas al héroe legendario.

- El poder del libro es infinito y trascendental, por lo tanto el único limite que tienes, es el que tu misma te impongas. - recordó la joven las sabias palabras de su matriarca, sintiendo nuevamente confianza en ella misma, la practicante observo a sus aliados, quienes nuevamente batallaban contra aquella oscura criatura que se había liberado de su cautiverio.

Abriendo el sagrado tomó en una de las ancestrales y mas antiguas paginas, la silvina sabía que solo tendrían un oportunidad, era un hechizo prohibido, algo no había sido utilizado por milenios, pero si deseaba salvar a sus nuevos amigos y el reino, debía intentarlo, aunque tal vez por su imprudencia seria severamente castigada.

-Ashei, Rusl, necesito que lo distraigan por un instante.- Pidió la Pitonisa, con furor al tiempo que comenzaba con su invocación, disculpándose mentalmente con su maestra y las diosas.

Concentrando su mente, la nueva silvina empezó a conjurar las antiguas palabras en lenguaje muerto, haciendo grandes ademanes mientras un circulo de runas y símbolos se materializaba a su pies.

- Sombras que vagan la tierra, espíritus que no descansan, yo los invoco a recobrar su honor y defender el reino que los necesita, vengan a mi lado guerreros del pasado. -

Un fuerte rayo atravesó el suelo hacia el cielo, el sonoro resonar de su fuerza ensordeció el ambiente, al tiempo que cadavéricas figuras salían de la tierra, cargando sus espadas y armaduras oxidadas.

Ignorante de las acciones de la hechicera, el demoniaco arácnido embistió al jubilado aventándolo con unas de sus tenazas. Desorientado Rusl trató de interponer su espada ante la presencia del letal aguijón del escorpión que se dirigía hasta él en un mortal ataque, pero antes de que el ponzoñosa puya pudiera alcanzarlo, la punta de la articulación fue cortada por una antigua y filosa espada. Absortos la militante y el caballero no podía creer lo que veían sus ojos. Parado frente a ellos aún con partes de su antigua y oxidada armadura dorada, estaba el Stalfo del héroe del tiempo.

Con un experto movimiento, la invocada osamenta blandió su espada, cortando con ella una de las enormes pinzas del pandinus. Haciendo que el enorme escorpión dejara salir un fuerte chillido de dolor retrocediendo ante la inminente presencia de su oponente.

Azorada Ashei, solo contemplaba como el campo de batalla comenzaba a ser cubierto por las sobrenaturales apariciones, quienes liberaban sus pasados cuerpos de la húmeda tierra uniendo su aceros con el de la armada del reino, protegiendo a los soldados de Hyrule y confrontando al ejercito enemigo.

Sabiendo que no podía distraerse de su invocación, Lana continuaba expandiendo con su fuerza vital su conjuro. El cual solo podía ser solventarlo por algunos minutos, pero esperaba que fueran los suficientes para cambiar el panorama de la batalla. Concentrado todo su ser, la nueva pitonisa, cerró sus parpados dejando que su propias emociones y recuerdos la alimentaran fortaleciendo su magia.

Ruls incorporándose lentamente, solo podía observar como la invencible criatura que hace unos momentos habían enfrentado, empezaba a ser destrozada por los certeros ataques del Stalfo del paladín del tiempo. Un extraño sentimiento de nostalgia lleno su ser al ver el brillo dorado de aquella osamenta, recordándole por un unos instantes a su protegido al ver como usaba agiles, magistrales y únicos movimientos.

Aterrorizados por la presencia de las sobrenaturales criaturas, los soldados del ejercito del norte comenzaron romper sus filas e iniciar su huida del campo de batalla. El comandante Kratos al ver como el negro escorpión estaba siendo derrotado y ante el temor de las grotescas figuras que empezaban a surgir de la tierra, Alzó su montura ordenando a sus tropas a retirase.

Lana quien ya no soportaba un minuto más el mantener aquella invocación, sentía como su respiración se agitaba, y sus articulaciones temblaban. Apretó sus dientes, mantenido su máxima concentración sobre el conjuro, intentado prolongar el mayor periodo posible el hechizo.

Sabiendo que su invocadora no podría continuar sustentando su llamado el Stalfo del héroe del tiempo, arremetió con toda su fuerza contra la criatura cortando dos de sus largas extremidades, haciendo que la cabeza del escorpión golpeara contra el suelo, y utilizando uno de los movimientos que había enseñado al nuevo campeón de la diosa del valor, el decaído guerrero clavó su filosa espada sobre el exoesqueleto del cráneo del arácnido terminado con la vida este.

No pudiendo mantener por mas duración la magia, Lana cansada perdiendo sus fuerzas cayó al suelo sobre sus arrodillas, dando por terminado el conjuro, haciendo que poco a poco, el cadavérico ejercito desapareciera lentamente. Frustrada consigo mismo por su falta de fortaleza, la joven practicante apretó sus puños, sintiendo como una fuerte presencia se acercaba a ella.

Sorprendida la joven alzó la vista encontrado la osamenta del antiguo héroe frente a ella tendiéndole su mano en señal de ayuda. Guiada por su instinto, la pitonisa acepto el gesto del sobrenatural ser, siendo levantada con un solo movimiento, más para su sorpresa, frente a ella no se encontraba, la cadavérica figura, sino el espíritu completo del antiguo guerrero de las diosas.

- Gracias, por fin podre descansar en paz. – expresó con seriedad y un complacencia el alma del caído guerrero, ante su invocadora.

Sorprendida la pitonisa, intentó articular sus palabras que cruzaban su mente, sin poder realmente decir nada o que su corazón deseaba expresar, siendo solamente testigo de como el guerrero se desvaneció lentamente, obteniendo su alma su eterno descanso. Sin notar como una extraña mariposa de rojizas y plateadas tonalidades se materializaba acercándose hasta ella.

Confundía la practicante al notar la presencia del mágico insecto, la pitonisa sosteniendo entre sus manos observó con detenimiento la majestuosa lepidóptera, sintiendo como las lagrimas empezaban a llenar sus cristalinas pupilas, al tiempo que el dolor empezaba apoderarse de ella al caer en realización de lo que significaba la presencia de aquella mensajera.

El rugir de un cuerno de batalla, lleno el campo sorprendiendo a ambos ejércitos. Iracundo y reconociendo el sonar de aquella batalla, el comandante de Kolinguen intento frenar a sus tropas, las cuales habían sido rodeadas por al presencia de una nueva armada. Montado sobre un antiguo caballo de batalla, se encontraba el antiguo Llíder de las tropas del reino de Norte, Suheí. Seguido por una armada dispuesta a pelear por el reino de las diosas.

Sabiendo que sus siguientes acciones condenarían por completo a los hombres de las heladas tierras, el antiguo servidor de los monarcas de Hyrule alzó su espada indicando a sus tropas a continuar con su avance sellando con su acciones y presencia la victoria para el reino de las diosas.


*** En la cámara secreta ***


Vaatí disfrutaba de su victoria al haberse apoderado del poder de la diosa, por fin cumpliría con sus tan esperados, palanes. Liberaría su cuerpo del maldito sello de la espada y obtendría el poder absoluto.

No deseando darle tiempo al hechicero para continuar con sus planes, Cya utilizando su máximo poder invocó un par de conjuro lanzándolos contra el mago, quien al sentir el ataque sobre su persona, creo un escudo de viento protegiéndose.

Sabiendo que solo tendría poco tiempo, para poder actuar y romper la profecía de las diosas sobre la monarca, la docta silvina, cambio la forma de su báculo a una larga y ágil partisana. Utilizando el aura elemental del mismo hechicero en su contra invocando un poderoso rayo, que asestó contra el maestro del viento, derribándolo por un instante.

Molesto por el ataque de la silvina, Vaati se incorporo, llamando su poder con un simple ademan, arremetiendo contra la hechicera. Satisfecho al ver como su conjuro impactaba contra su contraria, el mago del viento se materializo atrás de la maga, dispuesto a eliminarla, mas para su sorpresa fue ver como su mano solo atravesaba una ilusión.

Cya quien había predicho hasta ese instante los movimientos de su enemigo, embistió con su arma nuevamente al mago, instándolo destruir, pero su ataque fue detenido por una poderosa ráfaga haciéndola perder la palestina de sus manos, Quedando a merced de su enemigo.

Sosteniendo una de las manos de la silvina, preparándose para asestar su golpe final, el terrible mago de los vientos disfrutaba de sus acciones hasta notar como una extraña mueca se apoderaba del rostro de la hechicera. Sin dudar ni un solo momento, Cya golpeo el pecho del invocador con la palma de su mano liberando un poderoso conjuro. Incrédulo al no percibir realmente ninguna acción de la magia sobre su cuerpo. El oscuro invocador asestó un conjuro contra la pitonisa aventándola contra el suelo.

Adolorida, Cya se incorporaba mientras que con satisfacción, limpiaba los rastro de sangre de su labios. Su trabajo ya estaba casi completo, podía sentir como su magia se ligaba al cuerpo del hechicero uniendo sus auras y enlazando su fuerza vital a la suya.

Impávido ante la batalla que estaba sucediendo a su alrededor el caballero de la trifuerza se acercó lentamente hasta donde yacía el cuerpo de su amada. Incrédulo el guerrero del valor no podía aceptar lo que contemplaban sus ojos, sintiendo como el miedo empezaba a inundar su ser, el paladín extendió su mano hasta que las puntas de sus dedos tocaron el pálido rostro de la doncella.

Aquel placido y relajado semblante que se encontraba cubierto por un frío manto. desesperado, el caballero llamó el nombre de su amada, ante la desprovista respuesta de su adorada, el guerrero levantó en sus brazos el cuerpo de su princesa sintiendo como la ansiedad y la angustia empezaban apoderarse lentamente de él.

Repitiendo una vez más sus acciones, el paladín volvió a pronunciar el nombre de la monarca sintiendo como su voz comenzaba a temblar con cada silaba. El silencio gobernó entre ambos amantes, mientras la inerte doncella yacía inmóvil en sus brazos.

Sintiendo como su corazón era destrozado y la angustia inundaba por completo su alma, el caballero volvió nuevamente a intentar despertarla tomando en su mano el rostro de su amada, notando por primera vez como aquella dulce calidez que siempre había rodeado a su doncella, abandonaba lentamente el cuerpo de la monarca, perdiendo el suave y dulce rosado color de sus mejillas y de sus labios.

Consumido por el dolor y la desesperanza, Link abrazó el cuerpo de su amada, hundiendo su rostro en su cuello. percibiendo como el dulce aroma de la doncella lo cubría. Creando dentro del él un terrible vacío en su pecho, al recordar cada caricia, cada imagen de su angelical rostro adornado por su afectuosa sonrisa, el brillante resplandor de sus pupilas azules ópalo, el delicado y suave timbre de su voz pronunciando su nombre. Consumiéndose por el dolor y el duelo, apreciando como su alma se extinguía a cada milésima y cada remembranza.

Sin poder continuar conteniendo el clavario que lo atormentaba Link volvió pronunciar el nombre de su amada, más sus labios incoherentes ante la pena y la desolación, solo dejaron salir un terrible alarido de agonía que cubrió por completo su voz, permitiendo a las cristalinas lagrimas correr por sus mejillas hasta caer el inerte semblante de su princesa.

Consumido por el desconsuelo y la pena, el protegido de la diosa del valor, cubrió con sus labios los de su adorada en un desesperado acto intentando de recuperar la mitad de su alma. Ante los fríos y irresponsivos labios de su adorada, dejando que la amargura y la desesperanza lo consumieran, el caballero de la trifuerza se hundía en su pena al sentir como la razón de su existencia, le había sido arrebatada.

Ante la negación de aquellos hechos, la furia comenzó a crecer dentro de él, extendiéndose por su cuerpo, nublando por completo el raciocinio y la cordura del guerrero. Impulsado por el deseo de la venganza y alimentado por la ira. El caballero de la trifuerza, acomodó con cariño el cuerpo de su amada cerca del pedestal, para incorporarse lentamente mostrando en sus ojos la cólera que lo consumía.

Tomando nuevamente con su mano la espada sagrada, el héroe llamó al espíritu de su acero. Fi sintiendo la necesidad de su amo se materializo a su lado, uniendo su voluntad a los deseos de su amo.

Espada y guerrero avanzaron contra su enemigo, la voluntad de ambos seres unidas bajo un solo pensamiento. Al tiempo que en la mano del héroe legendario resplandecían por completo los fragmentos de la Trifuerza.


Notas de autor: Hola a todos, hemos llegado ya casi al final de esta historia. Quiero agradecer a todos por sus comentarios, aunque se que muchos de ustedes me odian en este instante. Pero solo puedos decirles que no pierdan aún la fé en nuestro amado héroe.

La verdad he disfrutado hasta este momento el escribir esta maravillosa historia, y espero que continuen disfrutandola hasta su último punto.

Nuevamente gracias a todos por su apoyo y los espero en la siguiente actualizacion que será ya la batalla Final entre Vaati y Link.