-Yo en tu lugar me lo pensaría dos veces antes de volver a hablar.-le amenazó Miss Fortune, apuntándole con sus dos armas desde la balaustrada, con Rafen, Katarina y Lilith tras ella.-¿Qué significa esto, Raekt?
Tan pronto como sacó a Descarga y Pavor, tanto los hombres de Raekt, como los ursine, como los trolls, se detuvieron al instante, dándole tiempo a los hombres y mujeres de Fortune que se encontraban en el bar a reorganizarse de espaldas a la barra, en el otro extremo de la taberna.
Eran inteligentes. O bien conocían, o bien habían oído de su fama. Sabían perfectamente que si ella se lo propusiera, podría matarlos a todos allí mismo.
-¡¿Qué hacéis?! ¡Venga, cobardes, atacad!-les ordenó Raekt.
-No son cobardes, cielo. Son listos. Al menos, más que tú.
Aquel gruñido animal de respuesta reverberó por toda la taberna.
-Saben que podrían morir aquí, pero también que soy justa. ¿He matado a decenas de hombres en habitaciones y cubiertas como esta yo sola? Sí. Pero no disfruto de las matanzas indiscriminadas. Siempre les he dado una oportunidad primero. Si no la toman, no puede culparseme por matarlos a todos. Ahora, aquí su jefe eres tú. Así que, ¿qué va a ser?
-El pelaje de mis ursine es muy grueso, y la piel de un troll es prácticamente como una armadura de acero solar. No podrás matarlos a todos ellos, y menos antes de recargar.
-Quizás.-repasó con la mirada a todos sus objetivos.-Quizás no. Pero si puedo matarte a ti. Última oportunidad, Raekt. Si no es por tu gente, al menos, hazlo por ti.
El freljordano ni siquiera dudó.
-Que te...
Un disparo. El sonido de un rebote metálico.
-... jodan.
Raekt sostenía el brazo en alto, escudando su rostro con el guantelete en su brazo. Un agujero de bala humeaba en la columna de madera junto a él.
Miss Fortune solo alzó una ceja, pese a estar a punto de soltar un improperio. ¿Cómo sombras podía reaccionar tan rápido?
Otros tres disparos. Raekt volvió a desviarlos con sus antebrazos. Miss Fortune bajó las armas un momento. Pero solo un momento. Entonces, repasó con la mirada a la banda de Raekt, que parecía envalentonada con la demostración de destreza de su líder. Cambió de objetivo.
En el momento que comenzó a disparar de nuevo, Raekt comenzó a cargar contra ellos. Katarina y Lilith se pusieron en guardia pensando que trataría de subir por las escaleras, pero aquel no era su objetivo. En realidad, apuntaba a la columna de madera que sostenía la parte delantera de la balaustrada.
Partiéndola en dos de un golpe.
Cuando notó como la plataforma se hundía, Miss Fortune solo tuvo un momento para pensar. Y tuvo claro que hacer. Simplemente, se giró, y empujó a Rafen al interior del despacho.
Lilith y ella cayeron con la balaustrada. Katarina desapareció en un chispazo de luz.
La cazarrecompensas no necesitó que el polvo se depositase para saber que se le habían clavado varias astillas, y cosas más grandes que eso. Ni tampoco para vislumbrar la sombra que se aproximaba, y estuvo a punto de aplastar su esternón con aquella enorme bota de no haber rodado a tiempo.
Ahora, para lo que sí hubiera necesitado que el polvo se depositase, fue para encontrar sus malditas armas.
No hubo ocasión. Esta vez, no pudo esquivar la mano metálica que cubrió su rostro, y la alzó en alto, amenazando con aplastar su cráneo.
-Podría hacer esto rápido para ti, Fortune.-dijo ignorando sus patadas como si no las sintiera.-Pero me has roto el corazón.
Fortune sentía la la punta metálica de aquellos dedos rasgando su pelo, su piel, y luego su carne. También la presión que poco a poco iba incrementándose, amenazando con aplastar su cráneo. Pudo escuchar como empezaba a crujir, y como su cerebro se notaba más apretado de lo habitual.
Sus pataletas se volvieron más débiles. Los intentos de sus manos por deshacer el agarre de Raekt cesaron. Pronto, sus piernas pasaron de golpear a Raekt, a removerse presas del pánico, a colgar inútilmente. Para, finalmente, temblar junto a los dedos de sus manos con espasmos involuntarios, producto del intenso dolor, acompañados de un débil pero prolongado gemido, que luchaba por convertirse en un grito de tormento.
-¡Argh!
Raekt se retorció de dolor, dejando caer a Fortune. Tres dagas se habían clavado en su espalda, atravesando su blanca capa, teniéndola de rojo.
Katarina le observaba atenta, aliviada al ver que Fortune todavía se movía después de que Raekt la dejara caer. Pero la pelea no iba bien. Casi ninguno de los suyos presentes había traído armas por considerarlo un lugar seguro. Y aunque Sarah había conseguido derribar a cuatro ursine y dos trolls, con tres certeros tiros a través de los ojos, aún había más entrando a través de la abarrotada puerta.
Lo único que podía hacer era agarrar a Fortune, y teletransportarse a otra parte para reagruparse. Aunque jamás había usado su shunpo para transportar a nadie más que ella misma. Pero bueno. De algo había que morir.
Estaba lista para saltar a través de él, en cuanto se alejase lo suficiente de su amiga. No se molestó en lanzarle más dagas, porque sabía que las desviaría como las balas. Pero justo antes de despegar del suelo, lo inesperado sucedió de nuevo.
-¡Ragnar!
Aquella voz terminó de espabilar a Miss Fortune, que comenzó a arrastrarse entre la madera hacia una de sus armas.
-¡Raekt Ragnar!
¿Qué demonios estaba haciendo Hallr?
-¡Yo soy a quien buscas!
*Piltover. El día en que se conocieron.*
Miss Fortune seguía al bárbaro por aquellos oxidados callejones. Ninguno de los dos conocía la zona, pero el freljordano parecía buen rastreador.
La pelirroja andaba pendiente de evitar tocar aquel líquido verde que goteaba sobre ellos. Temía que le saliera otro brazo si lo hacia. Casi se choca de bruces contra la espalda del bárbaro cuando este se detuvo de pronto.
-Sangre.-dijo agachándose.-Debe ser del mago.
-Genial. Está muerto. ¿Podemos irnos ya?
-No. Las huellas que prosiguen son de zapatillas como las suyas. No las de una bestia, como las marcadas aquí.
Miss Fortune estaba bastante segura de que esa no era la huella de un lobo normal.
-El lobo fue en otra dirección. Debió usar su magia para eludirlo. Vamos.
-Geeeenial...-Fortune rodó los ojos, pero todavía cargando con el rifle hextech que había cogido de entre los muertos.
Por fortuna, no tuvieron que ir muy lejos. Solo doblaron la esquina de un estrecho corredor metálico, y allí lo encontraron. Sosteniendo sus propias entrañas como podía, tirado en el suelo, con la espalda contra la pared, con una vitalidad en sus ojos impropia de alguien tan anciano y en su estado. El bárbaro le levantó la barbilla con el filo de su hacha.
Miss Fortune no prestaba atención a lo que se decían. Se distrajo por el resplandor verde a su espalda. ¿Otra gotera?
No. Era algo peor.
Algo mucho, mucho peor.
El rubio ya estaba alzando el hacha sobre su cabeza cuando Fortune le tiró al suelo lanzándose sobre él.
-¡Mujer, ¿qué crees que estás...?!
No tuvo tiempo de protestar. Warwick ya había saltado por encima de ellos, y derrapado con el destrozado cuerpo del mago entre sus fauces, que aún gritaba de dolor.
Miss Fortune no podía creérselo. No sabía donde terminaba la carne y donde empezaba el metal. De hecho, parecía fundido a la misma. Desde luego no era una persona, pero tampoco un animal que ella jamás hubiera visto.
-¡Maldita sea!
El bárbaro se la quitó de encima de un empujón.
-¡Eh! ¿Qué haces?
-¡Esa cosa no va a arrebatarme mi venganza!
"Esa cosa" aún parecía entretenida devorando el cuerpo, así que no les había notado. Bien. Ahora solo faltaba que detuviera al bárbaro que iba hacia ella hacha en mano.
-¿Qué haces?-la cazarrecompensas se interpuso en su camino.-Ya tienes lo que querías, está muerto. Ahora, larguémonos, o te destrozará.
-¡No me da miedo morir una muerte de guerrero!
Miss Fortune no se creía que fuera a tener que jugar la baza de la víctima indefensa.
-¡Pero yo si lo tengo!
Eso pareció funcionar. Cuando la miró, ella se esforzó por parecer lo más asustada posible. Que tampoco era difícil, dada la situación.
-Por favor...-le suplicó fingiendo estar a punto de ponerse a llorar.
Cuando iba a contestarle, era tarde. La bestia ya había reparado en su presencia. Y ahora, gruñía avanzando lentamente en su dirección.
-Mierda.-dijo Miss Fortune, antes de apuntar, y disparar.
-¿Quién demonios eres tú, muchacho?-le preguntó Raekt a Hallr.
-¿Tan pronto has olvidado mi rostro, Raekt? ¿Tan pronto has olvidado a los que traicionaste?
Podían verse los cadáveres de los freljordanos que hacían guardia en la puerta justo tras Hallr y Fegora. Los cuales mantenían los puños prietos alrededor del mango de sus hachas, y su furiosa mirada clavada en Raekt.
-Hallr Orekson.-dijo Raekt, con una sonrisa de reconocimiento.-¿Qué te trae por aquí, muchacho?
-Venganza.
-Llegas un poco tarde para eso.-le respondió el caudillo vikingo.-Ahora me pillas en mal momento. Si lo que quieres es un duelo de sangre, estoy dispuesto a aceptar. Pero una vez haya dispuesto de esta zorra.
Señaló a Fortune, que permanecía sentada contra la pared sobre la que antes estaba la balaustrada, con Lilith atendiendo a sus heridas, pero manteniendo su mirada sobre Hallr, y negando con la cabeza. El rubio se limitó a sonreír y guiñarle un ojo.
-Me temo que eso no va a ser posible, porque mi venganza ya ha empezado.
-¿A que te refieres, guaperas?-inquirió Raekt.
-Me refiero a todos tus hombres asesinados los últimos días, a tu almacén del muelle, y a... bueno.-señaló a Fortune con el hacha.-A estarme tirando a tu prometida a tus espaldas.
-... ¿Qué?
Miss Fortune no seguía su plan. Había conseguido que la lucha se detuviera, pero nada más. Y ahora estaba provocando a Raekt, que inexplicablemente, no había atacado aún.
-No fue ningún plan de los señores piratas con los que te reuniste.-dejó caer su hacha al suelo, y caminó hasta el centro de la habitación, donde los freljordanos y los miembros de la banda de Miss Fortune habían formado un círculo desigual.-Fue mi plan.
-¡¿Cómo sabes lo de la reunión?!-gruñó Raekt, entrando al círculo con él.
-Porque me lo contó ella.-dijo señalando a Fortune.-Después de contarle nuestra historia, tuvo la oportunidad de catar a un hombre mucho mejor que tú, y me dio muchos detalles de tus planes. ¿Cierto, mi flor de fuego?
Miss Fortune no estaba segura de cual era su plan, pero decidió seguirle la corriente. Se limitó a sonreír, y lanzarle un beso.
Raekt estaba perplejo. Engañado por una fulana, y un apuñala espaldas.
-¡Matadlo! ¡Matadlos a todos!-gritó, pero nadie hizo caso.-¡A que estáis esperando!
-A que nosotros decidamos por ellos.-le respondió Hallr, cruzado de brazos.-Ya saben que no eres ni el más valiente, ni el más listo de la ciudad. Así que te desafío a un duelo de sangre. Si gano yo, tu banda y la Bilgewater freljordana serán míos.
-¿Y cuando mueras qué?-gruñó Raekt con ira apenas contenida, no queriendo mostrarse débil ante sus apenas leales seguidores.
-Tendrás mi muerte.
Raekt escupió al suelo.
-Me parece bien.
El jefe vikingo dejó caer su capa al suelo, con las dagas aún clavadas, y se quitó el casco. Solo se dejó puestos los guanteletes, mientras el gentío en la taberna formaba un círculo más compacto alrededor de ambos, con gente de la calle empezando a sumárseles, queriendo ver que sucedía.
-¿Qué hace ese maldito idiota?-protestó Fortune, después de un escupitajo de sangre.-Le va a matar.
-Ya, bueno.-Lilith le limpió la comisura de los labios.-Ahora mismo estoy más preocupada por evitar tu muerte. Tienes suerte de que no te reventara el cráneo.
-No fue suerte.-comentó Katarina, apareciendo a su lado.-Él lo quiso así.
-Haz algo y detenle, maldita sea.-le ordenó Miss Fortune.
La noxiana negó con la cabeza.
-No seria lo más sensato. Los freljordanos se toman muy en serio estas cosas. Lo bueno es que si gana, lo más probable es que logres el control de casi un tercio de Bilgewater.
-Eso.-le dijo Lilith.-Ten más confianza en él. Yo creo que puede hacerlo.
-Entonces es que no sabes nada.-gruñó Fortune, hundiéndose en sus recuerdos.
-¡¿Para que llevas esa maldita hacha si no puedes usarla para abrir una jodida puerta?!
-¡Pues para abrir cabezas!
La cerradura voló de un disparo. Cuando atravesaron la puerta, no se molestaron en perder el tiempo bloqueando esa salida. Sabían que no serviría más que para retrasarlos a ellos.
Miss Fortune se había partido un tacón, así que ahora tenía que correr descalza sobre el empedrado suelo y las frías rejas. Solo se giró a disparar una vez, para que cuando la figura de lo que creía que era un hombre lobo tubiera una tubería de aire caliente sobre él, esta lo abrasara con un torrente de vapor.
-Allí veo nuestra salida.-señaló el bárbaro la cabina de transporte unida al otro extremo del cañón por un grueso cable metálico.
-Bien. Pero no hay forma de que lleguemos allí antes de que nos alcance.
Miss Fortune no necesitó girarse para confirmar que aquel ruido como de metal doblándose, era el lobo cerrando el escape de la tubería con sus propias zarpas.
-Yo si puedo.-dijo el freljordano.
Sin mediar palabra, el freljordano la cargó sobre el hombro como un saco de patatas. Miss Fortune no protestó ni por la acción, ni por la falta de galantería. Sabía que si había hecho eso, era porque el corría más rápido, y si la había cogido así, era porque tenía el mejor ángulo para disparar.
Si tan solo no se hubiera quedado sin balas en ese justo momento.
La adrenalina y el miedo pusieron el corazón de ambos a mil. Él por el esfuerzo de la carrera y la sensación del aliento de la bestia en la nuca, y ella por ver al lobo acercándose cada vez más, con sus zarpazos pasando a centímetros de su nariz, y arrancándole mechones de pelo.
De repente, se vio lanzada al interior de una cabina metálica. Alzó la cabeza para ver al freljordano sosteniendo las fauces de la bestia con el mango del hacha para impedir que entrara. Y también justo cuando vio la garra animal del monstruo alzarse, fue cuando localizó la palanca de movimiento.
-¡Argh!
Un salpicón de sangre, un estallido de dolor, y la puerta se selló automáticamente con el bárbaro cayendo de espaldas hacia dentro. Miss Fortune se asomó al cristal, para ver a la bestia cayendo por el barranco, y perdiéndose entre la dama gris, como la llamaban los locales. Con un poco de suerte, moriría en la caída.
No creía que hubiera esa suerte.
Entonces ella suspiró aliviada, y se dejó caer de rodillas al suelo. Solo volvió a preocuparse cuando se fijó en las marcas sanguinolentas en el bíceps del guaperas tarado.
-Estoy bien.-le contestó al verla gatear hasta él.-Es solo un rasguño.
-No es eso lo que me preocuparía de ser tú.-dijo arrancándose un trozo de la falda.-En un sitio así, puedes pillar una infección con solo mirar. Acércame el brazo.
Sin nada más a mano, Miss Fortune se dispuso a lamer los cortes del freljordano hasta que no quedó ninguna mancha de sangre superficial. La verdad es que tenía un sabor dulce, pese al regusto metálico.
Solo una vez vio las heridas lo suficientemente limpias, se dispuso a vendar la herida.
-Ya está. Debería aguantar, si he apretado bien.-se limpió la sangre de los labios con el dedo.-¿Porqué me miras así?
Sin mediar palabra, robó sus labios, y la sujetó contra el estrecho suelo.
Sus protestas se transformaron en gemidos al sentir sus lenguas chocando. Él apestaba a sudor. Aunque para ser justos, ella también lo hacia. Y quizás fuera la adrenalina de la lucha y el miedo a la muerte. Pero aquel momento no pudo parecerle ni más satisfactorio, ni más dulce.
Así que cerró las piernas alrededor de las caderas del bárbaro, y se dispuso a saborear tranquilamente la miel de los labios de su sorpresivo amante.
Los labios de Hallr estaban cubiertos en sangre. No estaba seguro de cuantos dientes había perdido. Pero no le preocupó. También había hecho perder algunos a Raekt.
Puede que el caudillo pegara más fuerte, pero él se movía más rápido. Sabía que no podía ganarle a puños, así que se limitó a esquivarlo y cansarle. Solo un problema.
No podía esquivar todos los golpes.
Estaba claro quien aguantaba mejor la paliza. Y las cosas no pintaban bien para Miss Fortune y su banda. La mencionada se mordía el labio, apretando las cachas de las pistolas en sus manos con ansia. Si tan solo no tuviera la vista tan borrosa...
-Yo que tú no lo haría.-le dijo Katarina, que permanecía a su lado, pero de pie y cruzada de brazos, con la espalda apoyada en la pared, como si no le preocupara nada.-Si lo matas ahora, los freljordanos se lo tomarán como un insulto. Puede que nosotras escapemos, pero destrozarán todo y a todos en manzanas a la redonda. Créeme. Lo he visto ocurrir durante las campañas de pacificación bárbaras.
-Un día tienes que contarme esa historia.-le respondió la cazarrecompensas mientras seguía el dedo de Lilith con los ojos, como si tampoco se preocupara por Hallr.
-No creo que quieras escucharla. Me tiene a mi de cebo entre esclavos freljordanos, solo porque el alto mando tenía la esperanza de que el jefe de la tribu cogiera interés en mi tras liberarlos, y lo pudiera asesinar en su dormitorio.
-Suena divertido.
-Pesaba 300 kilos, y no de músculo.
-No he dicho para quien.
Aquella salpicadura la sacó de la conversación.
Aunque tuviera que limpiarse su sangre del rostro, Miss Fortune aún podía dislumbrar una sonrisa prepotente en el rostro de Hallr cada vez que buscaba provocar a Raekt.
-¿Ya estás tan viejo que no puedes tumbarme?
Con el gruñido de un oso enloquecido, Raekt se lanzó a por él. Una vez más, el rubio lo esquivó. Esta vez, logrando tirarlo al suelo con una patada al costado, que terminó de desequilibrar al vikingo.
Raekt se quedó tumbado de espaldas en el suelo, también demasiado castigado como para recuperarse de inmediato. Hallr fue lo bastante rápido y listo como para sentarse sobre su machacado estómago, y comenzar a asaltar su rostro con los puños.
Cada vez que Raekt usaba sus enguanteladas manos para protegerse el rostro, Hallr buscaba hundirle el esternón, y viceversa. Prosiguió con el duro castigo, con Raekt demasiado mareado como para responder adecuadamente.
Prosiguió hasta que le dolían las manos. Hasta que le sangraron los nudillos. Sus ojos estaban nublados de ira, odio, y el fuego de la venganza. Solo se detuvo cuando sintió una férreo y fuerte agarre apretando su antebrazo.
-Ya está. Ya has ganado.-le dijo Lilith, deteniendo un puñetazo de él a ella con el codo.-Ya no puede hacer nada.
Hallr dejó caer los brazos, y observó el destrozado cuerpo bajo él, con satisfacción. Ni de lejos tanta como la que esperaba, pero tendría que bastarle.
Rechazó a Lilith cuando se ofreció a ayudarle a levantarse, y una vez en pie, le dio la espalda al cuerpo y a la multitud, y enfocó sus amorotonados ojos en la borrosa figura de Miss Fortune, que igualmente luchaba por ponerse en pie, sin ayuda de Katarina.
Si pudiera ver mejor, habría notado la expresión de asombro en los ojos de su amada. También habría sabido a que venían los suspiros y expresiones de sorpresa de la multitud. Pero no. Su único aviso fue una sombra proyectada por la luz de la entrada cubriéndole desde atrás, y un intenso dolor de espalda.
Lo último que llegó a escuchar junto a los demás, fue un sonido que unas vértebras humanas jamás debían producir.
Miss Fortune no sintió tanto pavor al ver la posición antinatural que estaba tomando el fuerte cuello de toro de su amante, como asco y rabia al ver el plasma pringoso que este proyectó al ser separado de su cabeza por pura fuerza bruta.
Se sintió como una ilusión ver rodar aquellos mechones ensangrentados hasta sus pies.
-¡¿Alguien más?!-bramó el victorioso jefe vikingo.
Fegora no le hizo esperar.
Antes de que lo preguntéis, sí.
Aparte de a Malie y Hallr, tengo pensado matar a muuuucha gente.
*Risa maniática*
