Cap 38

Sus ojos se abrieron con evidente pereza, sin mover ninguna parte de su cuerpo se fijó en su alrededor encontrándose en la misma habitación rodeado por el sonido de una pantalla brillante que flotaba estática en el aire pero recostado sobre la cama y cubierto con una suave y cálida manta. Lo dejo de lado sintiendo el dolor de su cuerpo que le parecía haber sido pisoteado por un troll o tal vez por una manada de centauros, no estaba seguro pero el cansancio casi lo obliga a volver a cerrar sus parpados y dejar que las tinieblas lo lleven a un lugar más apacible.

-Al fin despiertas –. Dijo Samantha con evidente alivio mientras le sonreía.

Se encontraba sentada a su lado recargando su espalda en la cabecera y sosteniendo un bote de helado de chocolate. James la observo en silencio y sonrió levemente antes de sentarse trabajosamente mientras los ojos de esta se mantenían en la película de animación que mostraba la pantalla, o al menos eso trataba de aparentar ya que realmente lo vigilaba.

-¿Qué hora es? –. Dijo el cobrizo con voz áspera.

-Pasa de medio día... ¿quieres almorzar algo?

-No realmente –. Paso sus manos por su cabello alborotándolos un poco –Aunque no rechazaría helado.

Samantha volteo a verlo y le sonrió extendiéndole la cuchara y el bote, su amigo estaba a punto de tomarlo cuando esta se los alejo –Lastima, papá dice que no debemos comer helado si tenemos el estómago vacío.

James hizo un puchero –Esta bien...

-Ava –. En cuanto el nombre fue dicho hubo un clac junto a la rubia que le sonrió abiertamente a su elfa, la misma que la había cuidado desde antes de que naciera y la que se negó a marcharse con su ama cuando esta dejo a su esposo.

-Dígame, señorita Samantha.

-Un almuerzo generoso para Siri, por favor.

-En un instante –. La elfa hizo una reverencia y desapareció.

Por su parte, James miro a su alrededor de nuevo y confuso susurro –¿Cómo llegue hasta la cama?

-Te cargue.

La rotunda respuesta de su amiga lo hizo mirarla con sorpresa y algo de culpabilidad, ella aún no se encontraba completamente restablecida para esa clase de esfuerzos y cuando la iba a regañar por ello, esta rio –Con magia, tonto. ¿Cómo creías?

James rio negando ignorando la aparición de Ava que le trajo una charola llena de delicias y que con amabilidad deposito sobre sus piernas para luego desaparecer en cuanto obtuvo las miradas agradecidas de los jóvenes.

-¿Funciono? –. Susurro el chico mirando la comida como si no pudiera elegir con que empezar aunque realmente estaba preocupado.

Sam asintió mirando a la pantalla –Eso creo aunque no lo sabremos con seguridad hasta que se los pongan –. Su amigo asintió y solo tomo una salchicha asada a la que le desapareció la mitad de un mordisco –Supongo que en la cena navideña de esta noche podremos verlo.

-Así es...

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Rose soltó un suspiro mirando hacia el lago tras la madriguera, sus manos se aferraban a un viejo libro roído por el paso del tiempo y del uso constante. Uno de los viejos libros muggles de su abuelo de poemas famosos recolectados en la historia, la mayoría de amor o desamor que con el paso de los años comprendió en especial, había uno que aunque tratara de no hacerlo siempre llevaba su mente hacia el recuerdo de su corto pero dulce amor de James.

Todo lo que de vos quisiera
es tan poco en el fondo
porque en el fondo es todo

como un perro que pasa, una colina,
esas cosas de nada, cotidianas,
espiga y cabellera y dos terrones,
el olor de tu cuerpo,
lo que decís de cualquier cosa,
conmigo o contra mía,

todo eso es tan poco
yo lo quiero de vos porque te quiero.

Que mires más allá de mí,
que me ames con violenta prescindencia
del mañana, que el grito
de tu entrega se estrelle
en la cara de un jefe de oficina,

y que el placer que juntos inventamos
sea otro signo de la libertad.

"Poeta: Julio Cortazar"

Sin problemas podía recitarlo de memoria y así lo hizo mientras sus ojos se mantenían fijos en los reflejos del agua, una sonrisa llena de ternura nostálgica se asomó en su rostro. Todos sus preciados momentos fueron revividos en su interior a la vez que su corazón saltaba exigiendo algo que su mente trataba de no comprender aunque sabía lo que era.

Negó sonriendo mientras bajaba la mirada –Él es feliz ahora… –. Susurro para sí misma pero a la vez su mente le respondió.

"… él te ama a ti y solo a ti… lo sabes…"

No supo que pensar, que pretexto mencionar para convencerse a sí misma de que debía apartarse, solo apartarse y todo volvería a ser lo de siempre pero lo cierto es que su normalidad. Era amarse.

-¡Rosie! –. La voz de su madre la sobresalto y se giró hacia la lejana puerta de la madriguera donde la vio asomarse pero no estaba sola –¡Scorpius, está aquí!

El rubio le sonrió galantemente sosteniendo un paquete cuadrado entre sus manos, mirándola profundamente hasta hacerla estremecer pero no podía detener sus pasos. Se acercó y le sonrió a su madre aunque levemente forzada pero Hermione no dijo nada aunque lo vio, se apartó dándoles espacio.

-Hola Rosie.

-Hola Scorp… ¿Qué haces aquí? –. Pregunto directamente la pelirroja.

El rubio sonrió ladinamente y sorprendiendo a la joven, la abrazo con firmeza dejándola por varios momentos demasiado pegada a su cuerpo –Por ti… solo por ti…

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Albus soltó un suspiro con sus ojos clavados en el techo de su habitación, sus manos mantenían un libro sujeto sobre su abdomen mientras su cuerpo descansaba en su cama. Tenía más de una hora en aquella posición, solo mirando la blanca pintura sobre su cabeza mientras su sangre hervía silenciosamente con cada segundo que imaginaba a su hermano junto a Elena.

Sus padres habían mencionado que este se había quedado en casa de Samantha pero él no lo creía, aun cuando fue el patronus de su tío Víctor el que aviso de ello. Su hermano era un maldito manipulador mentiroso y la joven Krum era la cómplice más fiel que jamás hubiera conocido, sabía que pasara lo que pasara ella lo cubriría y sin duda decir que estaba a su lado era de lo más normal.

No. El cretino de su hermano debió haberse escabullido para pasar la noche junto a Elena; sus tripas se revolvieron solo de pensarlo, de imaginarlos juntos con sus cuerpos desnudos ocultos por la oscuridad. Sus labios se cerraron con firmeza con el simple recuerdo de la otra noche, cuando fue a visitar a su amiga a su habitación en la casa de Slytherin y para su desgracia la hallo entre los brazos de su hermano, se besaban con lentitud disfrutando el momento mientras el solo podía ver sintiendo que todo daba vueltas a la vez que parecía encontrarse dentro de agua y la presión aplastaba su cabeza sin piedad.

No pudo permanecer en el sitio o interrumpir, en aquel momento no era consiente de porque ver aquello le causaba tanto malestar, lo cubrió con la excusa barata de que todo era porque la veía como una hermana pero aquel acido en su interior le había gritado lo evidente aunque el no quiso verlo, así como deseo no haber visto escabullirse a su hermano de la casa verde a la mañana siguiente. Pero ahora todo era tan diferente, bueno, al menos sus pensamientos lo eran y se encontraba a punto de explotar.

De pronto, todo se detuvo hasta su respiración. A través de su puerta que había dejado entreabierta pudo escuchar un lejano crepitar de llamas y casi de inmediato la voz alegre por parte de su madre le dio a entender de quien se trataba; su mirada se alejó en un instante del techo para fijarse en lo poco que podía ver del pasillo y apretó su mandíbula en cuanto lo vio. Caminando con total tranquilidad, James avanzo por el pasillo de su hogar dirigiéndose a su habitación que se encontraba luego de la habitación de Albus. Atrás había quedado su vestimenta formal y ahora solo cargaba con su brazo su chaqueta aunque no portaba el jersey de antes que simplemente había olvidado en el hogar de su amiga pero esto fue algo que su hermano vio, y apretó los puños con todas sus fuerzas; se encontraba listo para saltar sobre el cuándo vio como el cobrizo sacaba un par de paquetes de sus bolsillos que le llamaron la atención y guardo silencio sin moverse ni un milímetro permitiéndole pasar.

-¡Sirius! Apresúrate y date una ducha… no queremos llegar tarde a la madriguera.

-¡Si, mamá! –. Respondió James, ya desde su habitación.

Suspiro lanzando sus prendas sobre su cama y camino hacia su escritorio aferrando en cada una de sus manos uno de los paquetes, habían sido maravillosamente envueltos por las manitas de Ava que como siempre se había esmerado lo más posible. El paquete más grande le provoca una sonrisa de solo imaginar la reacción de la receptora pero el segundo, aquella pequeña caja que sin problemas se mantenía sobre la palma de su mano y que con solo mirarla su semblante se ensombrecía.

Abrió uno de los compartimentos de su escritorio y ahí metió los paquetes que acomodo con sumo cuidado, apretó los labios dándole una última mirada a la cajita y sin más lo cerró. Tomo su toalla y se introdujo en su baño personal donde enseguida comenzó a escucharse el ruido del agua corriendo.

Albus que se había mantenido observándolo desde las sombras entro en la habitación luego de un par de minutos suponiendo que su hermano ya se encontraba en la ducha. Con paso sigiloso se acercó hasta el escritorio de este y abrió el cajón de un tirón, su corazón y mente saltaron casi al instante en que sus ojos se posaron sobre la caja pequeña que tomo con su mano temblorosa mientras sus oídos se encontraban atentos a cualquier sonido proveniente del baño. Sin cuidado alguno destrozo el envoltorio descubriendo una caja de madera tallada que observo en silencio con el pulso acelerado, inhalo profundamente mientras sus dedos acariciaban la tapa y en un rápido movimiento la levanto dejando escapar en un sonoro resoplido todo el aire contenido en su cuerpo, su desorbitada mirada esmeralda se clavó en el bello anillo del interior que resplandeció haciéndolo sentir la magia contenida en el pero eso no le importo en lo más mínimo.

-No –. Susurro para sí mismo comenzando a temblar con impotencia mientras su cabeza imaginaba a Elena con el objeto en su dedo –No lo permitiré...

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Poco a poco la familia y amigos más cercanos comenzaron a arribar a la madriguera. Entre ellos apareció Alice que vestía un hermoso vestido hasta las rodillas en un tono claro que sobresalía bajo su chaqueta oscura, saludo a todos y por inercia miro a su alrededor fijándose en cada persona.

-Aún no está aquí –. Dijo Rose apareciendo tras ella haciéndola saltar por la sorpresa.

-N-no sé a quién te refieres –. Alice se giró para mirarla con una sonrisa nerviosa en su rostro.

La pelirroja rio por lo bajo –Claro... y por eso es que es la primera vez que te vistes tan linda para una reunión con la familia ¿no?

-Yo siempre me visto linda –. Refuto enseguida la castaña y se tomó un momento para mirar el hermoso vestido azul eléctrico hasta la rodilla de su amiga –Mejor dime ¿porque tu luces tan linda?

Rose se sonrojo levemente pero como buena Granger mantuvo su rostro en alto con orgullo y simpleza –Yo soy linda.

-Nunca dije que no pero ¿porque tanto énfasis en tu arreglo?... hasta te tomaste la molestia de domar tu melena de león –. Se burló Alice recibiendo enseguida un empujón por parte de su amiga que negó riendo.

-No sé... solo... –. Rose dejo escapar un suspiro. Realmente no sabía porque había decidido tomarse tantas molestias pero en el fondo sabía que era para que el la mirada.

Alice le tomo la mano sonriéndole con ternura –Te vez preciosa, sin duda no podrá evitar poner sus ojos en ti.

La pelirroja le sonrió agradeciéndole y la miro asintiendo –Yo tampoco duda de que se le caerá la baba... la coleta alta te queda de maravilla.

Alice negó con cierto desánimo –No sé...

-Ya verás que es así –. Afirmo la pelirroja haciéndola sonreir con un poco más de seguridad.

De pronto la sonrisa de Alice se esfumo –¿Que hace Scorpius aquí?

Rose volteo para mirar hacia el mismo lugar que su amiga donde se hallaba el rubio sonriendo con amabilidad hacia su abuelo mientras vestía un traje que lo hacía verse como un apuesto joven de sociedad.

Negó en silencio mirándolo con cierta incomodidad –No lo sé... se apareció aquí hace un rato y ya conoces a la abuela, lo invito.

Alice miro a su amiga con cierta tensión –No me siento cómoda con ello.

-Ya somos dos –. Agrego la pelirroja.

Las voces y exclamaciones de sorpresa las hicieron girarse hacia el otro del jardín. James había aparecido vistiendo un traje azul y camisa blanca que mantenía el cuello abierto, su cabello rojizo ondeaba a cada paso dado por el joven que sonreía abiertamente aceptando cada saludo por parte de su familia u otro; sosteniéndose de su brazo en apenas un ligero agarre se encontraba Samantha sonriendo abiertamente a la vez que su cabeza hacia un movimiento para mandar a su larga cabellera rubia hacia atrás de sus hombros donde acariciaba casi la mitad de su espalda, varios de los varones no pudieron evitar soltar un suspiro al ver su figura bien definida por un vestido rojo de seda que casi parecía ser un producto de lencería aun cuando le cubría los muslos casi por completo.

Los ojos de Alice la recorrieron tomándose su tiempo sintiendo como su corazón enloquecía mientras no podía evitar sonreir tontamente a la vez que se percataba de la falta de saliva en su boca. Lo mismo le ocurrió a James una vez que su mirada se posó sobre Rose y su cuerpo se tensó mientras su boca se abría ligeramente a la vez que dejaba de respirar.

-Se te va a caer la... –. Samantha guardo silencio al ver a Alice casi frente a ella y por inercia una brillante sonrisa se formó en su rostro a la vez que su cuerpo se estremecía y sus neuronas colisionaban entre ellas aturdiéndola aún más.

Rose rió por lo bajo al ver el rostro de la rubia y castaña que se miraban a los ojos ensombrecidos pero el aire se desvaneció de sus pulmones al ver a James casi frente a él, con su perfil imponente y una leve sonrisa picarona que solo lo hacía verse más encantador o al menos eso le pareció a ella que tembló aferrándose al agarre que mantenía con su amiga para evitar caer.

-Hola… –. Susurro James cuando al fin llegaron hasta ellas y aunque su cabeza parecía dirigirse a Alice, sus ojos lo traicionaban negándose a abandonar a la pelirroja.

-Me encantas... –. Soltó de la nada Alice dirigiéndose a Samantha que se sobresaltó mirándola al igual que Rose y James que sonrieron al escucharla, la pobre de inmediato se sonrojo completamente –D-digo... me refiero a de pie... sí, me encanta verte de pie.

Samantha le sonrió con elegancia guardando en su interior la carcajada que quería soltar –Gracias, a mí también me encanta verte en equidad de altura.

Todos rieron por lo bajo tratando de aligerar la tensión que los presionaba. James hizo un leve movimiento tratando de escapar lo más rápido posible del lugar pero al sentirlo Sam lo detuvo con su agarre mientras Rose solo podía mirarlo aunque deseara no hacerlo.

Samantha sonrió coquetamente y levanto su mano para acariciar la mejilla de la castaña que se sonrojo aún más –Me gusta cómo te ves con el cabello sujeto.

-Gr-gracias –. Alice la recorrió de arriba a abajo y no pudo evitar relamerse los labios frente a la rubia que sintió como si la golpeara una masa de aire caliente –Estas de infarto.

-E-es la dieta de enferma.

Al escuchar como la voz de su amiga temblaba, James rio por lo bajo pero luego volvió a concentrar su mirada en la pelirroja que tampoco le quitaba la vista de encima.

Samantha sonrió con malicia –Siri ¿no elogiaras a Rosie?... ambos sabemos que luce genial.

El cobrizo carraspeo sonoramente bajando la mirada por un instante pero luego miro a la pelirroja con decisión haciéndola saltar –Te vez hermosa... aunque siempre lo haces, hoy… simplemente no tengo palabras.

Rose se sonrojo hasta las orejas mientras sonreía rehuyéndole la mirada –Y tu...

-¡Potter! Que gusto verte vivo –. Scorpius apareció de la nada junto a la pelirroja y la tomo por la cintura acercándola más a su cuerpo sin importarle la incomodidad evidente en la mirada de esta.

James tenso su semblante sonriendo forzadamente –Gracias, Malfoy... veo que te han agregado a la familia.

-Por supuesto, siempre hemos sido cercanos pero apuesto que seremos más –. Scorpius lo miro con petulancia sin aflojar su agarre sobre la pelirroja que en silencio trato de apartarse.

Alice y Samantha dejaron de tontear entre ellas para observar la situación. James sonrió de medio lado mirando solo a Rose por un instante antes de encarar al rubio –Eso es bueno, espero que disfrutes de la fiesta.

-Así lo hare.

Los chicos se miraron fijamente unos instantes con evidente aversión entre ellos hasta que las voces que aumentaron de volumen en un instante los hicieron mirar la llegada del resto de la familia Potter.

Samantha jalo levemente a su amigo y con la mirada le indico que partieran, solo sonrieron hacia sus acompañantes continuando su andar ignorando como Scorpius sonreía triunfalmente hasta que Rose lo lanzo hacia un lado soltándose al fin.

Lo encaro golpeándolo en el pecho –Nunca... jamás vuelvas a hacer eso. Yo no te pertenezco, Scorpius, y será mejor que lo vayas teniendo claro o la próxima vez usare mi varita –. Furiosa, la pelirroja se dio la vuelta y se fue seguida por su amiga que no la imito hasta después de mirar de la peor manera posible al rubio.

Scorpius resoplo enojado mientras veía irse pero luego sonrió con malicia –Me encanta que te resistas, harás que sea mejor cuando te tome...