Capítulo 34
La furia enaltece la venganza
Zenki se encontraba sentado debajo de un árbol pensando en la montaña rusa de sentimientos que estaba sufriendo, haces unos días se enteró que sería padre de nuevo pero el día anterior vivió en carne propia la pérdida de su hijo. Se sentía decepcionado por no haberla protegido cuando se dio cuenta de lo que su enemigo planeaba, la culpabilidad de no obligarla ese día de quedarse en la casa lo estaba matando por dentro. Si necesidad de alzar la cabeza para detectar quien se acercaba a él, concluyó enseguida de quien era por su aura.
-Lo siento por la perdida. ¿Cómo te sientes?- el joven de cabello azulado se colocó de cuclillas frente a él para poder verle la cara, lo que detectó era la reacción que esperaba de su amigo.
-Voy a matar a ese desgraciado. Lo destruiré con mis manos hasta que grite de agonía y me pida que lo mate. Le daré la peor muerte que nunca imaginó- sus ojos perdidos en algún punto del suelo, llenos de cólera se unían a un rostro serio y escalofriante.
-Vamos a encontrar ese maldito y lo acabaremos pero antes te pido que veas a Chiaki. Sayaka me dijo que no quiere comer nada, que lo único que hace es llorar y echarse la culpa. Sé que no es tu fuerte las emociones humanas pero ella te necesita ahora, solo tú puedes reanimarla.- él palmeó varias veces la rodilla de su compañero y luego se incorporó para irse. El pelirrojo respiró profundo levantándose para ir a ver a la miko.
Al entrar en la habitación, la encontró sentada acariciándose el vientre ya casi plano, sus lágrimas caían sin ningún impedimento en su cuello mojado, sus ojos hinchados, sus mejillas, labios y nariz enrojecidos le informaba que llevaba rato sollozando. Él se sentó a su lado rodeándola con sus brazos, empujando su cabeza para que descansara en su hombro. –Tenías razón Zenki…fui una estúpida-
-No Chiaki. El verdadero culpable fue ese desgraciado, solo hicimos lo que pensamos correcto-
-Pero…pero si yo no hubiera insistido tanto en ir, si me hubiese quedado aquí con Sayaka y los niños, si solo hubiera pensado en mi hijo, él…- el guerrero la besó en los labios con ternura para poder callar sus culpas.
-las cosas hubieran sido peor. Si te hubieras quedado, ese idiota vendría a buscarte y pudo matarlos a todos incluyendo a los niños. No te culpes por algo que no pudimos evitar, así tuvieras mil guardianes esto ocurriría. Lo que tenemos que hacer es eliminar al vampiro ese e intentar continuar con nuestras vidas juntos.- Chiaki se albergó en sus brazos mientras él besaba su frente y acariciaba su cabello.
-Te quiero-
-Y yo a ti. Ahora tienes que comer y reponerte. Tenemos una venganza pendiente.- ambos se dieron un beso rápido antes de incorporarse y salir de la habitación.
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-Chiaki no debes. Acabas de reponerte de un aborto- Kasue estaba parada frente a la puerta impidiendo que la sacerdotisa saliera de la casa.
-Debo ir Kasue. No me voy a quedas de brazos cruzados aquí cuando necesito eliminar a esa bestia- la paciencia se le estaba agotando y así tuviera que pasar por encima de sus amigas para llegar donde estaban los demás luchando, se las llevarían por el medio.
-Por favor entiende que es peligroso. Déjale el trabajo a los demás en especial a Zenki que seguramente lo destruirá- Sayaka estaba al lado de la cazadora impidiendo también que su amiga saliera en el estado que estaba.
-¡No! Debo vengar la muerte de mi hijo y así tenga que destruir el santuario para salir lo haré. Quítense de mi camino o no respondo- ahora si estaba furiosa.
-Muy bien te dejaremos ir pero yo te llevaré. En esas condiciones no puedes estar sola en la calle.- ya cuando iban a partir hacia el patio donde estaba la camioneta, una voz infantil las detuvo.
-¿Chiaki?- la pequeña niña estaba despierta parada cerca de la escalera frotándose los ojos por el sueño que tenía, era seguro que los gritos de las mujeres la habían despertado.
-Cariño que haces despierta. Ven, vamos a la cama- Chiaki la cargó llevándola de nuevo a su habitación compartida con su hermano que descansaba plácidamente en su futón. La miko se arrodilló para acostarla en su cama y luego la arropó colocando su apreciado tigre a su lado. –Debes dormir, mañana vamos temprano al pueblo para que conozcas el lugar-
-Chiaki ¿Vas a ir donde papá está peleando?-
-Si pequeña, debo ayudar a papá a destruir la cosa mala pero necesito que duermas para poder irme tranquila-
-Si…buenas noches Chiaki. Acaba con ese mostro-
-jajaja. Buenas noches mi princesa- la sacerdotisa la besó en la frente y después de cerciorarse que el niño dormía, salió de la habitación directo a la sala.
-Debemos irnos. Sayaka cuida a los niños por favor- la chica asintió varias veces mientras veía a su amiga subir a la camioneta y luego partir en dirección al bosque, tenía miedo de que algo malo le sucediera pero era peor si la dejaban encerrada en el templo, su deseo de vengarse solo se erradicaría si eliminaba por ella misma la bestia que le quitó a su bebé.
Al llegar, los vieron combatir con la bestia que ahora era un ser vivo de carne y hueso, su piel recubierta de un cuero negro por completo, de sus brazos salían unas cuchillas igual que de sus piernas. Su cabeza era de forma puntiaguda y en su cara solo albergaba una boca prominente llena de filosos colmillos, dos ojos minúsculos y la abertura donde estaría la nariz. De su espalda salían dos alas negras que le permitían volar o usarlas de escudo. Aunque todo el conjunto formaba un monstruo horroroso, la furia de Chiaki era más grande que su miedo.
Ella se bajó de la camioneta con rapidez avanzando con paso firme y empuñando en sus manos varios pergaminos, la joya de su brazalete resplandecía igual que su mirada enojada y seria. No paraba ante los reclamos de Kasue o su familia que le pedían que retrocediera, la hechicera tenía un solo objetivo y este estaba parado frente a todos. –Vaya, vaya, ¿que tenemos aquí? La descendiente de Ozuno- el vampiro no terminó su discurso sarcástico cuando una potente ráfaga de fuego proveniente de la mujer lo lanzó hacia la pared de la montaña.
