Disclaimer: Los personajes que se mencionan a lo largo de la historia, son de Stephenie Meyer. Yo solo estoy jugando con ellos.

Capítulo beteado por Sarai GN (LBM) y Yanina Barboza, Betas de Élite Fanfiction: www facebook com/ groups/ elite. fanfiction

Sarai, Yani muchas gracias por su ayuda!

Las invito al grupo: Erase una vez... Edward y Bella en Facebook


Las puertas corredizas de cristal de la clínica se abrieron, y la misma mujer que siempre ponía su mundo de cabeza, salió finalmente. Llevaba su ropa quirúrgica azul, que se aferraba a su asombroso cuerpo. Lujuria instantánea incendió sus entrañas, y mierda sí, que se jodieran las distancias, ella era exactamente lo que necesitaba y quería. Eso y que el hijo de puta de James desapareciera cuanto antes. Sacudiendo la cabeza guardó su gruñido para más tarde.

―¿De verdad quiero saber qué estás haciendo a esta hora de la madrugada aquí? ―murmuró su esposa. Su tono, aunque duro, al menos no estaba rayando en la cólera.

Edward levantó un paquete con comida que sostenía en sus manos, haciendo que ella elevara una delineada ceja oscura.

―Traje la cena. ―Abrió la bolsa mirando en el interior―. Hay costillas, hamburguesas, albóndigas con un poco de picante…

―¿Nada ligero por ser cena? ―Edward sonrió sacando una pequeña caja.

Voilà, papas con queso para nachos.

―Como enfermera, voy a tener que rechazar la cena. ―Apartando con cuidado un mechón de su rostro, le sonrió por primera vez en eones antes de dar un paso en su dirección y mirar dentro de la bolsa con comida―. Pero dado que ya terminó mi turno, y no soy más que un simple mortal hambriento, ¿me atrevo a preguntar si todavía estará caliente?

Él rodó un ancho hombro en un encogimiento perezoso, tratando de ser lo más casual que pudiera.

―No sé. ¿Crees que podemos comerla así? Te diría que fuéramos a casa de Emm, pero créeme, no quieres escuchar los maullidos que hace tu compañera.

―¿R-Rosalie? ―medio gimió, estremeciéndose y al parecer odiando la escena tanto como él.

―La misma. ―Bella bufó, mirando alternativamente de la comida a él―. ¿Entonces qué sugieres?

―¿Qué estás tramando, Edward?

―Cenar ―aseguró frunciendo el ceño, intentando parecer lo más ofendido posible. Ella entrecerró los ojos, indicios de furia llameando en sus orbes, haciéndolo sudar pese a lo frío de la noche.

―Bien, sígueme. ―Lo sorprendió al quitar la alarma de su vehículo―. Creo que en casa tenemos un microondas, estoy segura de que puede servir para algo.

Sarcasmo. Mejor que rechazo a cualquier hora del día. Edward sonrió, podía con eso.

O~O~O~O

Su corazón era tan tonto.

Bella suspiró mientras miraba por el retrovisor, comprobando que Edward iba detrás de ella y su corazón de nuevo palpitó con… ¿para qué ahondar en ello? El caso era que tenía un corazón. La joven supuso que cuando estabas en la profesión médica, tener un corazón siempre era algo bueno. La sensibilidad le ayudaba a relacionarse con los pacientes. Aunque también hacía que se involucrara demasiado y le doliera mucho más cuando lo peor pasaba.

Sin embargo, no cambiaría por nada su capacidad de compenetrarse con sus pacientes. La hacía una condenada buena enfermera, y le daba la fuerza para ir a trabajar todos los días en lugar de sentarse en su casa esperando a que Edward volviera, sabría el cielo con qué humor. Dios, ¿estaba haciéndolo de nuevo, no? Sí, sabía que estaba perdiendo capacidad intelectual al insistir en toda esa mierda del pasado, pero también tenía años de infierno por revisar concienzudamente, y cada cosa por mínima que fuera, le traía recordatorios de que Edward podía ser el cielo y el infierno en un solo paquete. Finalmente llegaron a casa, y Bella tomó su bolso y su compostura de una vez por todas… La puerta de su lado se abrió, haciéndola dar un respingo al ver a Edward.

―Lamento asustarte ―dijo sonriendo de medio lado.

―Lo siento ―murmuró ruborizada, mirando hacia cualquier lado―. Tan solo no esperaba que… ya sabes.

―Que fuera un caballero, puedes decirlo, años siendo un completo idiota no se compensan con un pequeño gesto. ―La tensión pareció crecer entre ellos, Bella no quería más de eso, al menos no esta noche, por lo que suspiró.

―¿Entramos?

Fue así que minutos después estaban en el comedor, cenando lo que por alguna extraña razón era su comida favorita. ¿Cómo lo sabía Edward? Eso sería un misterio… como lo que estaba pensando en este momento. Se preguntó si seguiría enojado por ver a James caminando a su lado, nunca le había caído bien y en cuanto se encontraron en el estacionamiento, Bella pudo ver cómo una tormenta se levantaba en los ojos verdes de Edward. Era tan sexy. Ella siempre había amado su temperamento, porque parecía más en control de sí mismo que nunca. Ahora, él estaba curiosamente callado, observándola fijamente mientras comía, algo que la hubiera molestado si no tuviera tantísima hambre.

―¿Qué pasa? ―preguntó finalmente antes de atacar las papas con queso―. Parece que nunca antes me hubieras visto comer.

―Me gusta verte comer. ―Bella bufó.

―Sí, porque comer como desesperada es tan encantador. ―Él se echó a reír.

―Para mí lo es ―dijo antes de morder su hamburguesa.

Continuaron cenando en un silencio sorprendentemente cómodo, y cuando terminaron, Edward desapareció en el cuarto de baño. Regresó con una toallita húmeda y la dejó sin habla cuando muy tiernamente le limpió la boca, deslizándose suavemente a sus manos, atrapando cada pedacito de queso pegajoso y grasa de las papas fritas, recordándole como, aunque era difícil de imaginar que ese hombre, grande y normalmente malo, tenía este mismo gesto con los mellizos. La castaña desvió la mirada a sus anchos brazos, el suéter tenso en sus bíceps. Lo había visto haciendo ejercicio inclemente con aquellos brazos, pero también lo había visto acunar a sus bebés recién nacidos con cuidado. Su silencio y su mirada abstraída indicaban también que algo no estaba bien, y animada por el deseo de comprobar que él estaba cambiando, se atrevió a enfrentarlo.

―¿Qué ocurrió hoy? ―Él se tensó, antes de pararse abruptamente, no sin que antes pudiera ver cómo sus ojos se llenaron de sombras.

Edward era increíble en muchas cosas, como ser leal a su trabajo hasta el punto de psicosis, inteligente… y sexual para la distracción. Y cien mil cosas más que Bella había tenido que admitir que nadie más estaba cerca de ser. Pero tenía un serio defecto.

No podía manejar las emociones. En absoluto.

Él siempre había huido de cualquier cosa profunda… incluso si no podía moverse. Podía sentarse justo enfrente de ella y asentir e incluso hablar, pero cuando las emociones se volvían fuertes para él, las dejaría en el interior de su piel. ¿Y si intentabas obligarlo a enfrentarlas? Bien, eso no era posible. Nadie obligaba a Edward a hacer nada.

Y síp, seguro, había un montón de buenas razones para la forma como era. Su familia perdida en un trágico accidente, su novia con el mismo destino. Habiendo sido golpeado de esa manera toda su vida, podía comprenderlo. Pero fueran cuales fueran los factores de estrés, al final del día, Edward iba a huir de cualquier cosa que fuese demasiado complicada o requiriese algo de él. Bella lo observó fijamente mientras metía todas las cajas de comida en una bolsa antes de tirarlas en la basura, comenzando en su mente la cuenta regresiva en la que él daba por terminada la velada.

―Estoy… estoy yendo a terapia. ―Ella se quedó aturdida antes de aclararse la garganta.

―Oh, eso… eso es bueno, ¿cómo te está yendo? ―Él tragó saliva, su nuez de adán subiendo y bajando, y de repente supo que lo que sea que trataron hoy, definitivamente no fue su matrimonio, sino que estaba relacionado con su infernal pasado.

O~O~O~O

―Bien, a-apenas he comenzado.

Edward suspiró recordando cómo su vida se fue rápidamente por el fregadero. Junto con lo de sus padres y después con lo de Angela, su existencia se volvió miserable. Esa tarde le había confesado a Leah, la psicóloga que Emmett le recomendó y que también lo había atendido a él, cómo estaba atormentado por un montón de mierda. Le dijo entre otras cosas que estaba abatido además por haberse acostado rápidamente con la que hasta hacía poco consideraba una buena amiga, un soporte, y como si eso no fuera suficiente, el enorme peso en sus hombros de saber que sería padre. Uno malo, por cierto.

Leah le comentó que todo había pasado rápidamente sin darle tiempo a procesar nada, así que no le quedó más que su auto-odio y la ira, la que arremetió contra cualquier persona o cosa, sin importarle mucho lo que estaba pasando alrededor. Iban a trabajar con ello. Así que… de momento no quería hablar de eso con su esposa.

—Me alegra mucho, es un gran paso —lo confortó Bella, acariciando con suavidad su mano. Edward sonrió levemente ante su mirada, agradeciendo internamente que no hubiera nada de lástima. Odiaba la lástima, por eso nunca había hablado de su pasado con nadie—. También estoy contenta de que me buscaras esta noche y… compartieras esto conmigo —murmuró con voz suave, sus ojos oscuros brillantes y cálidos.

Entonces, la verdad de la situación entre ellos lo golpeó con tanta fuerza que casi se levanta de la silla. ¿Estaba enamorado de su esposa? La miró abrumado, ella le devolvió la mirada con una sincera y pequeña sonrisa, acariciando su mano.

Sí, lo estaba.

¿Y qué tan enfermo resultaba que apenas estuviera dándose cuenta de eso? Al mismo tiempo, la vergüenza se sintió como un peso en el centro de su pecho, porque ella quería mucho más que esas banalidades, ella quería que la amara, pero todavía no se sentía seguro con ese sentimiento. Mierda, solo esperaba que la paciencia de Bella soportara un poco más.


Hola chicas, pues bueno pasos cortos pero seguros, ¿me dicen que les parece? Como siempre, un placer leerlas!