Capítulo 32
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El sol golpeaba con suavidad esa mañana y rebotaba, con una luminosidad que parecía envuelta en neblina, sobre la humedad en las plantas. Yugao y Hanare recibían los rayos de frente y sus cabellos se mecían suavemente en el viento. El rostro de Hanare había perdido el día anterior el gesto ausente y sus ojos habían recuperado la astucia que a veces brillaba escondida.
Pakura inhaló la frescura y, luego de asegurarse que Yakumo recibiera una cantidad agradable de sol, aseguró la silla de ruedas. Se sentó en el suelo y observó el jardín de los Akimichi en silencio.
—¿Han habido noticias?
Miró a Yugao y asintió. —Zetsu, Sora, Kurotsuchi y Kimimaro salieron esta mañana.
—¿Qué haces tú aquí?
—Aún hay bastantes heridos, alguien debe quedarse a defender.
Yugao le dedicó un corto vistazo a Yakumo y luego volvió la mirada al frente. —¿Hay alguna tarea en especial para mí?
Hanare las miró entonces, interesada en el tema. Yakumo se mantenía seria y con la mirada al frente.
—Parece que quieren que te mantengas aquí una vez estés recuperada, pero a Hanare la necesitan en el templo…
La muchacha se levantó de su silla entonces y Pakura levantó una mano, obligándola a detenerse.
—Una vez te recuperes —añadió.
Una pequeña sonrisa se formó en su rostro y volvió a la silla. —Me siento bien.
—Eso no lo decides tú, pero me alegra… así que por favor no se apresuren y sanen sus heridas.
Yugao asintió sin mirarla y Hanare recargó la cabeza en su mano, mirando el césped en completo silencio.
Pakura miró por el rabillo del ojo a Yakumo, que ni siquiera se inmutó y siguió tan inmóvil como los últimos días.
~oOo~
—Te estaba buscando, Sasuke-kun —saludó Orochimaru, con una sonrisa.
Sasuke omitió el gesto de desagrado, pero Naruto no pudo evitar rodar la mirada e imitar el comentario con voz ridícula; Orochimaru miró divertido al rubio.
—Naruto-kun.
Luego de que fuera dolorosamente obvio que no era requerida su presencia, Naruto se alejó, dedicándole un vistazo a Orochimaru, y murmurando que no quería hacer esperar a Jiraiya.
—Entonces ya están al tanto —confirmó, mirando a Sasuke. —Ven conmigo.
—Tsunade nos mandó llamar —recordó, haciéndose a un lado en un intento por pasarle de largo, pero el brazo del hombre se extendió y le bloqueó el paso.
Miró las vendas en completo silencio y luego a Orochimaru.
—Necesito que me cuentes acerca de tu visita a los mundos de Shukaku y Futakuchi-onna.
—Ya les dije todo lo que sé.
—¿Estás seguro que no olvidas algún pequeño detalle?
Lo miró en silencio, recordando las advertencias de su madre y los ojos sangrantes. —Sí.
Dio unos pasos hacia el costado, para evitar rosar el brazo de Orochimaru, y caminó, siguiendo los pasos de Naruto, que no había dudado en perderse. Estaba a punto de acelerar su andar, cuando una extraña rigidez le aquejó, impidiéndole moverse un centímetro más.
A su espalda resonó la voz burlona de Orochimaru.
—Ya empezó tu entrenamiento, ¿a dónde crees que vas?
Miró por el rabillo del ojo y de pronto su cuerpo se liberaba de aquella restricción invisible. Cayó al suelo y se levantó de inmediato, manteniendo siempre la mirada sobre Orochimaru, que no dejaba de sonreír y se acercaba lentamente.
—Te voy a enseñar a explotar tus habilidades. Debo enseñarte en horas lo que lleva años… prepárate, no tenemos tiempo.
Hinata tragó saliva y asintió, obligada por la agresiva mirada de Tsunade.
Naruto elevó un puño en el aire, emocionado por el teatro de Jiraiya.
Sasuke se llevó una mano a la cintura, mirando a Orochimaru.
~oOo~
Hana cayó al suelo, exhausta; estaba tan agitada que temía no poder recuperar el aliento y sus pulmones casi parecían arder.
—De pie.
Se limpió el sudor de la frente y cayó de nuevo al suelo tras intentar levantarse. —Rin-san...
—Lo siento, Hana, pero si puedes hablar, puedes levantarte.
Ya había aprendido a canalizar la energía, ahora debía aprender a dirigirla y trabajar con ella y los hermanos Haimaru.
—Vamos —le animó, chocando las palmas. —Eres una Inuzuka, esto no es nada para ti.
—¿Cuánto tiempo nos queda exactamente?
—Quizá un día.
Resoplando, imitó la posición de Rin, aunque sus piernas temblaran y amenazaran con ceder en cualquier momento. Levantó las manos y vio los moratones que había en sus antebrazos.
—Cuando yo te diga, arrojas el shuriken a aquel árbol —miró a Hana, que asintió una sola vez. —¡Ya!
Una silueta femenina desapareció del sitio en el que acababa de aterrizar y el shuriken lanzado por Rin pareció chocar con el viento y caer al suelo, el de Hana siguió una lamentable trayectoria y se perdió dentro de un arbusto.
Hana no pasó por alto una tercera estrella que se había clavado en el suelo, a una corta distancia de la que había arrojado Rin. No tuvo que buscar por demasiado tiempo, pronto se reveló ante ellas una delgada y alta mujer de cabellos rubios que hizo una respetuosa reverencia y saludó de manera seria y solemne.
Se perdió un poco de motivación al ver la facilidad con la que el ataque de su mentora había sido anulado y la indiferencia con la que habían tratado al suyo. ¿Cuántos años de experiencia tenían todas esas personas?
—Llegas justo a tiempo —saludó Rin, restándole importancia a la disculpa por la interrupción. —Estábamos entrenando.
Ante aquellas palabras, Hana se permitió volver al suelo, aunque esta vez de manera más controlada que la última. Los hermanos Haimaru no tardaron en saltar sobre ella, dándole lengüetazos, y Yugito le dedicó un vistazo, lo suficientemente corto para no parecer grosera.
—¿Recibió mi pergamino?
Rin asintió. —Estoy al tanto de todo… pero tengo las manos ocupadas.
—Puedo comenzar con los preparativos, pero necesitaré apoyo.
Hana se mantenía en silencio, intentando comprender aquella conversación que no estaba siendo cifrada a propósito.
—Hm… y tal parece que no podrán enviar refuerzos pronto —dijo Rin, cruzándose de brazos y mirando el suelo. —Tendré que apurarme con Hana y ayudarte.
Yugito estuvo a punto de pedirle que no actuara de manera irracional, pero la voz de Hana le interrumpió antes de que pudiera hacerlo.
—¿Qué? —preguntó, aún sin aliento. —¿De qué hablan?
—Tenemos que reforzar el sello —aclaró Rin. —No es tarea fácil y requiere demasiada energía y concentración.
—¿Puedo ayudar en ello?
Sonrió y negó una sola vez. —Tu tarea es proteger esta tumba.
—¿No es lo mismo?
—El sello abarca un área más restringida —explicó Yugito. —Aunque en nuestro caso es el objeto más grande.
—Tú deberás ayudarnos con la protección del perímetro.
—Empezaré con los preparativos —anunció Yugito, alejándose de ahí.
Rin la siguió unos momentos con la mirada y luego volvió su atención a Hana. Chocó sus palmas de nuevo y sonrió satisfecha al ver a la muchacha levantarse del suelo, sin decir palabra alguna y disimulando un gesto de cansancio.
—Supongo que no debo decírtelo, pero ahora tenemos menos tiempo.
Tragó saliva y asintió una sola vez.
~oOo~
Sai sonrió y miró a Shikamaru, que respiraba agitadamente en el suelo. —Estoy herido y no has podido tocarme.
—Gracias por resaltar lo obvio… —murmuró, ni siquiera podía cubrirse el rostro del sol.
En cualquier otra situación Sai se habría mantenido al margen, pero había escuchado sin querer una conversación entre Chouji y Shikamaru y un extraño sentimiento se había apoderado de su estómago. Incapaz de comprender sus sentimientos, solo dejaba que las palabras fluyeran de sus labios a placer.
—La mujer a la que piensas enfrentarte me dejó en este estado.
Cerró los ojos y resopló. —No pienso enfrentarme a ella.
—Pero ese será el resultado de tu intento por recuperar a tu amiga, te verás envuelto en una pelea y con suerte podrás vivir, pero probablemente te devore en un instante.
Bostezó, ignorando por completo y a propósito las palabras del muchacho.
—Tenemos días, aparentemente… no vamos a llegar a su nivel en uno o dos —dijo, más para sí mismo que para su acompañante.
—No… pero al menos podrán defenderse y nos quitarán una carga de encima.
—¿Qué hay de Ino?
—Yo no tengo esas respuestas.
Abrió los ojos entonces y primero miró al cielo, carente por completo de nubes que le brindaran cierta tranquilidad a su espíritu. Cuando sus ojos se encontraron con el rostro serio de Sai, asintió una sola vez y se puso, tambaleante, en pie.
~oOo~
La comida dispuesta frente a ella se había enfriado horas atrás y estaba consciente de que alguien se acercaba con paso tranquilo a su habitación. Miró por la ventana al brillo insoportable de la tarde y un pesado suspiro escapó de sus labios, justo antes de que la puerta se abriera y Pakura entrara en la habitación, cargando una bandeja.
La mujer se acercó a ella y cambió los alimentos sin pronunciar palabra alguna.
Sabía que estaba esperando pacientemente a que la mirara... pero no lo haría, no tenía la fuerza. Sus ojos siguieron mirando por la ventana, al jardín sobre el cual brillaba la luz del sol con tanta insistencia. Una solitaria lágrima escurrió por sus mejillas.
—¿Y Hanare?
Pakura no dijo una sola palabra y se alejó hacia la puerta.
—Pakura.
Se detuvo y se giró, mirándola en completo silencio. —¿Si?
—Te pregunté por Hanare…
—No creo que esa sea información que deba proporcionarte.
—¿Por qué actúas como si yo no fuera parte del templo?
El enojo inicial se había disipado en algún momento y dejaba paso a un vacío en su pecho que amenazaba con absorberla. La mirada de Pakura no se mostró sorprendida por sus palabras.
—Creí que no querías tener nada que ver —declaró, recordándole el berrinche con el que había agradecido la hospitalidad de los Akimichi.
Deslizó la puerta con suavidad y al salir de la habitación le dedicó un último vistazo. Yakumo negaba en esos momentos y volvía la mirada a la ventana.
—¿Estás consciente de lo avergonzada que estaría Guren de ti?
Los ojos relampaguearon entonces y, por un momento, Yakumo mostró más emoción que la desolación que le había acompañado desde su despertar.
—No digas ese nombre en vano —susurró, casi en un siseo.
—Por favor recupérate pronto, en unos días necesitaremos la cama.
La puerta se cerró y Yakumo cerró los ojos, inspirando profundo para contener el enojo que fulgió en su interior.
~oOo~
Fuu había llegado por la madrugada, luego de que Mei y Chojuro se excusaran para atender a Sakura, desde entonces que no les había vuelto a ver. Aquella muchacha parlanchina había relevado a su vez a Utakata, que tampoco había vuelto a mostrar su rostro por esos lados… y aunque resultara ridículo comenzaba a extrañarlo. Lo único que Gaara ansiaba más que volver a ser dueño de su cuerpo, saber qué había sido de sus hermanos y terminar con esa terrible pesadilla que le había estado atormentando los últimos días, era que Fuu guardara silencio.
Llevaba una hora hablando sin parar.
La cabeza comenzó a darle vueltas y su cuerpo tembló, levantó la mirada y notó que las cosas parecían brillar.
—¿Gaara?
—No es nada —aseguró, de inmediato, llevándose una mano a la cabeza.
—¿Seguro? —inquirió la muchacha, preocupada.
Asintió y le miró a los ojos unos momentos, aquello bastó para que el rostro de la muchacha se relajara ligeramente.
—Deberías dormir.
—No.
—¿Prefieres soportar la migraña y la fatiga?
No contestó, solo miró a un costado.
—En verdad puedes confiar en mí, somos bastante fuertes.
La miró de nuevo, de no haberse memorizado cada rincón de aquella habitación, habría echado un vistazo.
—Estás sola.
—Claro que no… Chomei está conmigo.
—¿Quién es Chomei? —preguntó, creyendo que había sido arrastrado a otra de esas conversaciones sin sentido.
—El bijuu al que resguardo.
La miró fijamente entonces. —Tu…
—Shukaku es más débil que Chomei y yo tengo años de entrenamiento… sin ofender.
Se frotó el rostro y un amago de sonrisa se dibujó en su rostro… aun así no podía ceder al cansancio.
—¿Qué tengo que hacer para que vayas a dormir? ¿Llamar a Tsunade para que te aplique un sedante?
Negó, aunque quería asentir. Por más que aseguraran que podría dormir sin que aquella cosa lo controlara, simplemente no podía confiar en ellos. Miró el gesto efusivo de la muchacha, que parecía seguir esperando una respuesta y volvió la mirada al suelo. Estaba cansado… no solo tenía sueño.
—¿Puedo hablar con mis hermanos de alguna manera?
—Te refieres… ¿a un teléfono?
Asintió.
—El mío no funciona aquí —murmuró. —Cuando venga alguien le preguntaré.
Aquella respuesta no lo tranquilizó.
—Ahora duerme.
—Aún no, por favor.
Miraron a la recién llegada, que tomó por sorpresa al pelirrojo, más no a Fuu, que le saludó con un fuerte abrazo que no fue correspondido con la misma energía, pero si con amabilidad. Se vieron envueltas en un monólogo que Gaara no escuchó y que se terminó con una suave interrupción por parte de la recién llegada, que despachó a la muchacha con amabilidad.
Al quedarse completamente solos, ella fue la primera en hablar, tras hacer una reverencia.
—Me llamo Hanare, estoy aquí para interrogar a Shukaku.
—¿Cómo harás eso? —preguntó, alejándose inconscientemente.
La mujer sonrió y cruzó la barrera que había mantenido a todos a salvo de él.
Instintivamente, Gaara se encogió sobre la cama y se pegó a la pared. —No se acerque, no es seguro.
—Descuida, tengo entrenamiento.
La sonrisa no logró tranquilizarlo, pero no tuvo otra opción al sentir el fuerte agarre sobre sus mejillas.
—Gaara-san… por favor míreme a los ojos.
Obedeció, casi a regañadientes. Notó la manera en que uno de los ojos comenzaba a moverse y pronto eso fue lo único que pudo ver; lentamente las paredes dejaron de parecer sólidas y pronto los alrededores parecieron convertirse en un humo que fue desapareciendo, dejando solo una habitación denotada por conceptos mentales.
Nada.
Miró alrededor, confundido, incapaz de recordar lo que había estado haciendo antes de aparecer en aquel eterno vacío. Miró la eternidad que se extendía frente a él y una voz asegurándole que todo estaría bien pareció susurrar dentro de su cabeza. Incómodo se frotó un hombro y miró hacia atrás… se sentía observado.
El ojo de Hanare no tardó en encontrarse con quién buscaba en realidad, el tanuki se encontraba restringido por los cinco lazos que representaban el sello que Hinata había aplicado y Orochimaru había reforzado. Sonrió, mirando la espalda fijamente, consciente de que su presencia no era un secreto, y extendió una mano frente a ella, aferrándose a la esencia de Shukaku y absorbiendo cuanto podía.
—Esto no se quedará así —resonó la voz iracunda del tanuki.
Hanare sonrió una última vez, pero no respondió, y volvió sobre sus pasos, dejando detrás el laberinto que ocultaba aquella terrible presencia. Su paso por la mente de Gaara fue apenas efímero, pero había sido suficiente para captar el mismo pensamiento y empaparse con un único sentimiento.
Kankuro… Temari.
Al encontrarse con el semblante perdido del muchacho, tuvo que esforzarse por no parecer triste, pero al soltarlo las pupilas se perdieron tras los párpados y la cabeza le golpeó suavemente la barbilla. Tomó al muchacho y lo recostó con cuidado, consciente de que lo último que había escuchado, probablemente sería lo mismo que escucharía de intentar volver a su mente.
Lo observó unos momentos y, luego de duda, estrechó con su mano la del muchacho.
—Todo estará bien —aseguró.
Al salir de la habitación, lo primero que vio fue el rostro curioso de Fuu, que casi le saltó encima y no tardó en agobiarla con un mar de preguntas.
—¡¿Pudiste averiguar algo?!
—Déjenlo hablar con sus hermanos —le pidió, antes de alejarse por el pasillo.
~oOo~
Aunque su gesto no cambiara, jamás había estado tan entretenida con algo, a pesar de lo aburrido que parecería su trabajo en esos momentos. Recargó la mejilla en el dorso de su mano, mientras la otra sostenía una figurilla que no se decidía por acomodar sobre el tablero que se extendía enfrente. El sonido de la puerta la distrajo y al levantar la mirada, se encontró con el rostro ligeramente sonriente de B.
—Creí que estarías entrenando al chico.
—Jiraiya le está explicando unas cosas antes de que intentemos hablar con Kurama.
Asintió y volvió la mirada al mapa que era objeto de su fascinación. Una lucecilla roja se movía sin rumbo aparente. Colocó la figurilla que sostenía en un punto específico y observó como esta se convertía en pequeños puntos de cristal que se esparcieron y removieron por el área tan pronto la lucecilla se acercó, obligando al punto rojo a moverse en dirección contraria.
Samui tomó otra figurilla y esperó.
—Creí que ya te ibas, ¿qué haces aquí?
—Futakuchi-onna se está comportando extraño… no ha saltado en ningún momento.
—Eso es raro… ¿qué vas a hacer?
—Tengo un portal que me llevará hasta las cataratas… pienso guiarla hasta allá.
La figurilla fue dispuesta y luego de unos segundos, se dividió en porciones más grandes que la anterior, que, de nuevo, obligaron a la luz a cambiar de rumbo.
—¿Qué harás cuando te encuentres con ella?
Samui no alejó la mirada del tablero y se encogió apenas de hombros. —No caerá por sí misma, tendré que pelear… ya veré.
La puerta se abrió de nuevo y Jiraiya le indicó a B que era momento de volver con Naruto. Se despidió de Samui con un gesto de la mano y a cambio recibió una sonrisa que no se formó por completo y murió pronto.
Los ojos azules miraron el mapa de nuevo.
~oOo~
Kin casi había estampado las palmas en la mesa al extender el pergamino para leerlo y mostrárselo a Utakata. Haku había recibido la información y contestado casi de manera inmediata, confirmando sus temores y teorías, pero dándoles el margen de tiempo exacto que tenían antes de que sucediera todo lo que Miroku, Hanabi y Shizune sabían o habían visto. Habían pasado unas cuantas horas desde la recepción de la información y ahora se encontraban rodeados de velas que habían muerto poco después del anochecer y miles de hojas y pergaminos desperdigados que habían sido leídos y releídos. Estrategias habían sido trazadas y lanzadas al olvido a una velocidad impresionante y los ánimos se iban volviendo cada vez más lúgubres.
El aire ahí dentro se había vuelto irrespirable gracias a la desesperación.
—Quizá necesitemos que Orochimaru-sama revise todo esto… no sé qué hacer —se sinceró Kin, mordiéndose una uña y con la mirada clavada en una hoja de papel que luego sería arrugada y arrojada el resto de ideas descartadas. —Con esas proporciones no sé qué hacer… incluso el Dios se verá afectado por la descarga…
—Eso nos da una oportunidad de revertir el daño, pero un margen de error muy estrecho —murmuró Utakata, buscando de entre todo el desastre un libro escrito por uno de los monjes fundadores.
—Sabemos que nos quedan cuatro días, encontraremos una solución —les animó Sai, que no llevaba mucho tiempo ahí dentro.
Shikamaru, que había observado todo eso en silencio, no tardó en notar que, hasta el momento, todas las estrategias habían sido ofensivas, relegando la defensa a un segundo plano. No entendía del todo la situación, pero, al igual que Utakata, creía que el enfoque no era el correcto.
—¿Todas los sellos deben romperse? —se animó a preguntar.
Sai y Kin le miraron de inmediato, confundidos.
—Para que salga ese dios… —aclaró, incómodo, de no dolerle todo el cuerpo habría intentado llevarse la mano a la nuca. —Necesita las cinco llaves para poder salir, ¿verdad?
Sai asintió. —Sí.
—Entonces, ¿por qué no se concentran en defender solo una?
—Porque es demasiado arriesgado, podría salir de igual manera —contestó Utakata, sin mirarlo aún.
—Las probabilidades de tener éxito son de veinte por ciento… es mejor que cero.
Todos lo miraron, incluso Utakata. Sai apretó ligeramente los labios en un gesto que intentó ser una sonrisa y, aunque no era típico de él, habló al principio con timidez.
—La descarga de energía solo durará unos momentos, no toda la tormenta, y con cada descarga, la concentración irá disminuyendo... quizá esa sea energía dañina, pero en las últimas instancias supongo que debe haber alguien con la resistencia suficiente para poder recibir el golpe.
—Es un movimiento suicida —aseguró Utakata, juntando ligeramente las cejas.
—Lo es, si no utilizamos a las personas debidas... no conozco todos los detalles, pero creo que hay una gran posibilidad —aseguró, encogiéndose de hombros, más seguro de sus palabras al ser apoyado por Sai. —Se puede concentrar toda la energía en una de las llaves, protegerla por completo, y proteger el resto de las últimas descargas y luego reforzarlas.
—Se disminuyen los riesgos —coincidió Sai, sonriendo. —B, Fuu, Han y tú pueden quedar a cargo de las llaves que no protegeremos, Naruto-kun no estará listo para defender una llave por su cuenta.
—Él podría ayudarnos con la restauración —murmuró Kin, pensativa. —Supongo que podría funcionar, tenemos 24 horas antes del eclipse.
Se mantuvieron en silencio unos momentos y luego Utakata negó.
—Siempre dejamos un detalle fuera… no estamos considerando a Yuukimaru y en el peor de los casos, tendremos a Shukaku y a Futakuchi-onna encima también.
Kin estaba esperando que volviera a arrojar lejos algo, pero Utakata se contuvo, por alguna razón. Limitándose a cerrar los ojos y cruzarse de brazos, repasó aquella estrategia y algunas anteriores, buscando las maneras de mejorarla.
—Si recuperamos a Ino, podemos deshacernos de una amenaza más.
—Las posibilidades de recuperarla son casi nulas.
Miró a Utakata alarmado, le había dejado sin palabras aquel corto enunciado. El muchacho lo miró, intentando parecer comprensivo, no era la primera vez que alguien hacía ese comentario y aunque estaba cansado de explicar y temía que no fuera a ser la última vez, tenía la esperanza de que todo se solucionara y olvidar ese tema de una vez y por todas.
Kin se mantuvo al margen, al no ser la persona más comprensiva de ese grupo y Sai volvió a ser el centro de atención, ahorrándole a Utakata la frustración creada por años de impotencia.
—¿Chouji no te explicó?
Shikamaru lo miró, recordando las explicaciones evasivas de Chouji, pero el insistente deseo que tenía por librarla de la confusión que seguramente estaba viviendo. Quizá lo había malinterpretado a propósito. Negó una sola vez.
—Estoy seguro que Chojuro ya lo había mencionado, pero nunca hemos podido recuperar a las víctimas de esa desagradable mujer… —explicó. —Solo en dos ocasiones hemos recuperado a las víctimas de Yuukimaru y… bueno, no fueron humanos funcionales luego de eso… y tenemos entendido que hay un sobreviviente de Hone-onna, sin contar a Hanabi, que no ha despertado aún… pero son todos.
—Ino podría ser la excepción —aseguró, con una determinación que podría flaquear ante la idea de toda la información que desconocía.
—No podemos arriesgarnos —agregó Utakata. —No si quieres que tu amiga viva… solo puedes esperar que Futakuchi-onna la rechace y le deje con vida.
—Lo hemos intentado —aseguró Sai.
Los miró unos segundos, Sai le seguía mirando como si estuviera esperando que de pronto se pudiera hacer algo por aquella rubia. Utakata separó los labios y se quedó en silencio, para alejar la mirada luego y hacer un gesto de fastidio, encogiéndose de hombros, como si eso no le interesara en lo absoluto.
Carraspeó. —Entonces, es más fácil deshacerse de Yuukimaru, que de Futakuchi-onna.
—¡No! —aseguró Kin de inmediato, alarmada. —Es más fácil deshacernos de Futakuchi-onna, pero es más probable recuperar a las víctimas de Hone-onna o Yuukimaru.
—¿Por qué? —inquirió. —¿En qué se basan? ¿Qué han intentado?
—Nos basamos en los hechos —aseguró Utakata. —No has leído nada de lo que te dio Tsunade.
Miró hacia el exterior. —… no me han dado tiempo.
~oOo~
Observó a Sakura en silencio, mientras era transportada por Hanare y Chojuro a una de las habitaciones subterráneas. La oscuridad de aquellos pasillos apenas le permitía distinguir las siluetas, pero eso era suficiente para mantener la mirada clavada en su paciente, mientras su mente saltaba de recuerdos a pensamientos y caía irremediablemente en sus tribulaciones. Independientemente de la situación de Shion y de sus años de experiencia, no podía sacudirse de sus hombros la sensación desastrosa que le pesaba en la espalda.
—Sobre la piedra —indicó.
Asintieron, antes de dejar el cuerpo débil de Sakura donde les habían indicado, con mucho cuidado para no lastimarla más.
—Chojuro.
El muchacho, que se había mantenido en silencio durante el traslado, dio un paso al frente mientras el brillo de las antorchas se reflejaba en sus anteojos, ocultando la seguridad en sus pupilas. Mei no tuvo que dar orden alguna, las runas se extendieron por los muros, el techo y el suelo, formando un hexágono que encerró a la pelirroja con Sakura.
Hanare observó desde la puerta y se alejó luego de hacer una reverencia, montando guardia en el pasillo hasta ser requerida de nuevo.
—¿Mei-sama…?
—Tengo un mal presentimiento —declaró, sin despegar la mirada de Sakura. —Quiero que modifiques la barrera, para que las únicas personas que pueden cruzarla seamos los Sannin, Hanare y yo.
Asintió, mordiéndose un dedo para modificar las runas.
—Y llama a esos tres —pidió, recordando las palabras de Shizune.
~oOo~
La medianoche había llegado cuando al fin terminaron los entrenamientos, Sasuke estaba convencido que de no haber sido interrumpidos por la partida de una mujer rubia, la tortura habría seguido hasta la madrugada. Adoloridos y apenas capaces de mover sus cuerpos, se dirigieron al comedor aunque lo único que querían era tumbarse en la cama. Al entrar al amplio salón, les sorprendió encontrarse a Utakata ahí, con un par de muchachos morenos que no habían visto antes.
Eran demasiadas las caras nuevas y no sabían si debían sentirse seguros o preocuparse.
La conversación entre Utakata y los desconocidos continuó como si ellos no hubiesen llegado, pero notaron las miradas que les dedicaron al entrar y las que se posaban sobre ellos en momentos. Hinata y Sasuke se sentaron en receloso silencio hasta el final de la larga mesa luego de tomar sus alimentos de la barra, Naruto estaba demasiado confundido como para hablar de su entrenamiento en particular.
—¿Orochimaru se portó como un raro? —preguntó Naruto, sin levantar la mirada de su plato y masticando lentamente.
Hinata miró de inmediato a Sasuke.
—Supongo… no lo sé.
El rubio asintió una sola vez y no volvió a hablar, algo que no pasaron por alto los otros dos, que se miraron apenas por el rabillo del ojo, pero decidieron dejarle comer a gusto.
—... Kin ha estado recibiendo respuestas y enviando nuevas todo el día —explicó Utakata.
—Me sorprende que no nos estemos movilizando aún.
Omoi asintió, de acuerdo con la frustración de Karui.
—Necesitan administrar bien al personal, no sabemos cuánto tiempo tenemos, ni qué va a pasar y el templo no se puede quedar expuesto.
—¿En verdad creen que ese niño venga hacia acá? —preguntó Omoi, con gesto de preocupación. —Ya ha tardado demasiado ¿y sí ha ido a atacar a otro lado? Quizá Yugito y Rin-sama estén en peligro o…
Sus palabras fueron interrumpidas por un veloz codazo de Karui, que fingió demencia y siguió mirando a Utakata, que había enarcado ambas cejas y contenía una pequeña sonrisa burlona.
—Vendrá —aseguró. —Samui ha salido por Futakuchi-onna y Shukaku está aquí… según lo que sabemos, los necesitará.
Omoi dejó caer los hombros, mientras murmuraba una cadena desastrosa de acontecimientos, y miró hacia el otro lado de la mesa. Hinata bajó de inmediato la mirada hacia su plato y apresuró un bocado de arroz a su boca, consciente de que habían notado su atención. La vergüenza no le permitió levantar la mirada, pero el movimiento a su alrededor le indicó que ella no había sido la única en escuchar aquello.
Naruto se había levantado de la silla tan rápido, que era imposible creer que estuviera agotado, luego del entrenamiento al que le había sometido Jiraiya, y Sasuke le había seguido apenas, tomándolo del brazo de inmediato e impidiéndole cometer una imprudencia. Los ojos azules miraron de inmediato los negros y el gesto molesto se tranquilizó cuando la cabeza del muchacho se agitó apenas un par de veces, en una negativa.
Utakata desvió la mirada a su plato, pero su rostro no perdió un gesto que demostró su inconformismo.
—Iré… a ver a Hanabi y luego a dormir —anunció Hinata, luego de carraspear y tomar su plato vacío, con la intensión de relajar las cosas.
Los pasos resonaron en la estancia, cortando el pesado silencio que se había apoderado del comedor. Cuando la puerta se cerró, Naruto ya había vuelto a sentarse y removía su comida sin mirar a Sasuke, pero se notaba aún su malhumor.
Karui imitó a Hinata luego de unos momentos, seguida de inmediato por Omoi. La excusa fue suficiente para cubrir las apariencias y casi parecieron niños chiquitos al empujarse para salir de ahí. Utakata miró entonces a los otros dos, que en esos momentos parecían conversar por medio de sus miradas; evitando rodar la mirada, se levantó tranquilamente y caminó hacia ellos, cargando consigo la bandeja sobre la que se mantenía una tetera y la taza de la que había estado bebiendo.
—Veo que aún tienen energía.
Sasuke se ahorró el comentario, pero Naruto no detuvo la mirada molesta.
—Y ustedes mucho tiempo libre.
Apretó los labios para que la sonrisa irónica no se colara a su rostro y los observó. Los entendía, por desgracia; dejó la taza sobre la mesa y se sentó.
—No realmente —murmuró, ofreciéndoles té. —Mei, Chojuro y yo somos los únicos estacionados aquí.
—¿Dónde están Gaara y Sakura? —preguntó Sasuke.
—¿Cómo está Gaara?
—Gaara está dormido, al fin… bajo custodia.
—¿Y Sakura-chan? —insistió el rubio.
—Mei está terminando de extraer las energías con las que le corrompieron.
—¿Aún? —preguntó Sasuke, desconfiado.
—¿Qué hay de Gaara? —interrumpió Naruto, golpeando la mesa con sus palmas y poniéndose en pie. —¡¿Por qué no lo ayudan a él?! ¡Se dan por vencidos sin siquiera intentarlo!
—Este es el único templo en pie y Mei es la última que queda a la cabeza… como dije antes, estamos administrando a las personas como podemos. Además tenemos que lidiar con los anfitriones y sacrificios.
—Hanabi ya no es un anfitrión —murmuró Naruto.
—¿Qué los tiene ocupados con Gaara? —preguntó Sasuke, captando las sutilezas que se le escapaban al rubio.
—En primer lugar, pensamos reprimir a Shukaku por completo, pero las únicas personas con experiencia en ello están muertas o perdidas, de momento.
—¿Y luego? —preguntó Naruto, que se mantenía de pie.
—Guren sería la encargada de llevar a cabo un exorcismo parcial, para deshacerse de la entidad que corrompió al bijuu; pero ahora que ha muerto, probablemente sea llevado a cabo por Rin-sama y Mei-sama. Fuu y B lo ayudarán a controlar a Shukaku. De cualquier otro modo, ese muchacho moriría.
Los muchachos no contestaron, pero sabía que tenía su atención.
—Quizá crean que este día se desperdició, pero se empezaron con preparativos, se realizaron búsquedas y se confirmaron teorías… además ustedes aprendieron nuevas cosas.
Naruto bajó la mirada entonces y volvió a sentarse, el cuerpo le pasaba de nuevo.
—De los cuatro templos funcionales, este es el encargado de mantener las estatuas y objetos en que han sido sellados demonios, yokai y yurei… supongo que por la situación ya lo saben: por más perfecto que un sello sea, este se desgasta y debilita, mantenerlo seguro implica un desgaste diario. En este templo, hay más de 200 entidades resguardadas, unas más fuertes que otras y todas quieren liberarse… sin Karin, Shion y Suigetsu, es más la energía que debemos invertir en los sellos. No me estoy excusando, pero espero comprendan eso.
Y sin más se levantó, dejando a los muchachos en silencio.
Sasuke miró entonces a Naruto, recordando lo que había escuchado por la tarde, mientras él y Orochimaru se trasladaban por el templo para seguir con el entrenamiento.
—Naruto…
Había mantenido el rostro escondido detrás de sus palmas luego de que Utakata saliera, así que separó los dedos para poder ver a través de ellos. Asintió.
—Olvídalo —murmuró, desviando la mirada y decidido a terminar su cena de un bocado.
Naruto miró a Sasuke fijamente, le conocía lo suficiente. —Teme…
—No es nada —insistió.
Se removió y volvió a esconder el rostro detrás de sus manos. —No soy el más listo de los dos… pero incluso yo entiendo que debemos contarnos todo.
Lo miró unos momentos. —… creo que Shizune murió en el exorcismo de Hanabi.
Estaba a punto de hablar, cuando una voz masculina cortó por completo el momento; ambos miraron a Orochimaru, que se encontraba de pie a la altura de la puerta y sonreía, con sus ojos clavados en el menor de los hermanos Uchiha.
Naruto hizo un gesto de desagrado. —Ya terminamos de entrenar por hoy…
Orochimaru sonrió aún más y se acercó un poco. —No estoy aquí por eso.
Sasuke le dedicó un vistazo antes de mirar al lado contrario.
—Necesito hablar con Mikoto, Sasuke-kun.
Naruto miró de inmediato a Sasuke, que no se inmutó y se mantuvo en silencio, fingiendo que no había escuchado. Orochimaru insistió.
—¿Qué se supone que haga con esa información? —preguntó, fastidiado. —¿Ponerla al teléfono?
—Por supuesto que no —aseguró, sin dejar de sonreír. —Solo ven conmigo, niño.
~oOo~
Luego de llegar a la habitación de Hanabi, Hinata se había quedado dormida en la silla que había dispuesto para poder platicar con ella en esos momentos.
Aferrándose a la mano fría, se removía ligeramente y su rostro se contraía por gestos de incomodidad. Imágenes de seres extraños danzaban alrededor de ella, agobiándola; algunos tenían forma humana pero parecían estar devorando personas, otros eran bestias extrañas que desgarraban cuerpos sin piedad.
Hinata, no te culpo si nos tienes miedo…
Hanabi, con solo dos años, surcaba el viento en los brazos de su tío; las manitas pequeñas y rechonchas se abrían y cerraban, las piernitas pataleaban y no dejaba de carcajear.
… cuando un demonio posee por completo al humano, el alma se destruye…
Hanabi, con dieciséis años, estaba de pie frente a ella, su cuerpo extremadamente delgado y con aquella cabeza carente de la abundante cabellera, ahora solo poseía una lamentable capa de cabellos secos que parecían estar a punto de caer.
… pierde la vida…
Hanabi extendió la mano hacia ella. Hinata…
Abrió los ojos, luego de que su cuerpo se agitara y miró la habitación. El recuerdo de la voz de Suigetsu aún le hacía eco en la cabeza. Se limpió el sudor de la frente con desesperación, sin soltar con la otra mano la de Hanabi… de no ser por el frío que embargaba la habitación, no habría podido diferenciar aquello de sus sueños.
~oOo~
Sasuke estaba inconsciente en el centro de una habitación, rodeado por runas que le subían por los brazos, la espalda y el pecho, mientras Orochimaru mantenía su mano sobre su cabeza y los ojos cerrados.
Había intentado por más de una hora contactar con Mikoto, pero la conexión no podía establecerse por más que intentara.
—Mikoto —gruñó, con los labios tensos.
… Mikoto…
El eco las envolvió unos momentos.
Aquella sesión de tortura ya había durado más de lo que Mikoto había esperado y de lo que Futakuchi-onna podía soportar. El cabello rojo caía, cubriendo un rostro debilitado por las múltiples estocadas recibidas a lo largo de lo que le pareció una eternidad; en esos momentos respiraba de manera artificial, en un intento por evitar los gemidos doloridos que escapaban de sus labios en momentos.
Mikoto había recibido información, pero nada que pareciera ser de ayuda.
—Mikoto…
Miró en silencio a la pelirroja.
—Es un lindo nombre… hay un templo o algo así con ese nombre ¿no? —murmuró. —Creo que lo visité… soy relativamente joven, así que aún recuerdo…
Sin decir palabra alguna, volvió a levantar su brazo, pero no atravesó con la cuchilla a la mujer, que casi tembló, de no tener el cuerpo completamente lánguido.
—Apuñálame si quieres, ya te dije todo lo que sé —murmuró, sin poder levantar la cabeza. —… dime algo.
—¿Qué quieres que te diga? —cedió, no estaba aburrida ni cansada, realmente no podía sentir.
Los ojos oscuros de la mujer aparecieron entre el cabello y le miraron unos momentos, antes de que la cabeza volviera a caer.
—¿Tu deuda…?
Parpadeó, esperaba que ante su mutismo la mujer insistiera, pero parecía estar delirando por el dolor y siguió con una perorata que no tenía demasiado sentido.
—Nombres… ¿por qué tenemos nombre? —guardó silencio unos momentos y luego una carcajada, que consistía de solo aire, escapó de su garganta. —No olvides tu nombre… quizá algún día pueda salvarte.
—¿De qué hablas?
Los ojos oscuros la miraron entonces, el rostro lucía diferente, no había pisca de humanidad en él, pero si parecía brillar algo diferente. Mikoto lo habría identificado como esperanza, de poder recordar esa sensación.
—¿Quieres ser libre no? —preguntó, sin dejar de mirarla. —Quieres salir de aquí… todos queremos salir de aquí, a nadie le gusta este sitio.
Hubo una ligera pausa en la que la mujer apretó los dientes con fuerza.
—Pueden liberarte en el templo… pero necesitan tu nombre para ello. No lo olvides… si quieres salir, no lo olvides.
—No le debo a Izanami —se sinceró, soltando la cuchilla, que llenó el lugar de ruido al chocar contra el suelo.
Futakuchi-onna siguió el arma casi con desesperación y se relajó al notar que Mikoto no tenía intenciones de seguir jugando con ella. Miró las ataduras en sus muñecas y rio con desgano.
¿Cómo habían llegado a ese punto?
—No te creo —susurró, recargando su cabeza en la piedra.
Mikoto se alejó unos cuantos pasos y miró en la lejanía, consciente de que no habría manera de que esa mujer se liberara o alguien pudiese ayudarla. No apretó los puños, ni sintió impotencia; lo único que la movía era el recuerdo que había gravado en su memoria, del amor que había sentido en vida por sus hijos y su desesperación por ayudarlos.
Pero a pesar de todos sus intentos, esa mujer no le había dicho su nombre.
Dos cosas:
Les recuerdo (si ya habían leído esto la primera vez), la trama cambió ligeramente.
Por si hay dudas, modifiqué las habilidades de algunos personajes según mi conveniencia, y aunque intentaré mantenerlas apegadas a la idea general creada por Kishimoto, esto es fanfiction y si quiero que tengan alas, tendrán alas (es un ejemplo).
Viernes, 18 de enero de 2019
