Capítulo 36: responsabilidades
«El destino es el que baraja las cartas, pero nosotros somos los que jugamos».
—William Shakespeare, escritor.
Levi no la había visto venir, demasiado ocupado tratando de tomar la decisión más adecuada. Erwin yacía moribundo a un costado de Armin, solo un cambiador de formas y un suero en su poder.
La desesperación de Eren y Mikasa era notable, ambos peleaban con fuerza inexistente y la chica lo tenía aprisionado tratando de darle vida al chico rubio, que no era que Levi lo quisiera muerto, pero una cosa era lo que quería hacer y otra cosa era lo que debía y, en este tipo de situaciones: el deber mandaba.
—¡No te metas en el camino! —gritaba uno de los tantos soldados de Klaus, un mocoso que no llevaba más de un año en la legión.
La postura de Mikasa se volvió aún más feroz y no dudó en dirigir sus cuchillas al soldado que, de no ser por Hange, estaría ya en el suelo escupiendo sangre.
Hange que llegó justo en el momento indicado para detener todo.
—¡PARA! —gritó Eren desesperado a Mikasa, Levi estaba agotado de tanto asesinar titanes y aún más cuando, empinado en el suelo, el peso de Hange cayó en conjunto con el de Mikasa para luego arrastrarla lejos de él con una fuerza que le desconocía ahora.
—¡Hange! —gritó preocupado mirando a la mujer.
Apurado, Levi abrió la caja y armó la jeringa con rapidez mirando a Erwin en el suelo respirar pausadamente.
—¡Ahhh! —gritó desesperada Mikasa, echa furia por lo que iba a hacer.
—¡Mikasa! —gritaba Hange de vuelta— ¡Todavía necesitamos a Erwin! ¡La legión está casi sin soldados y si el comandante también muere la humanidad perderá a su ícono! ¡No podemos permitir que la esperanza desaparezca dentro de las murallas!
—¡Pero Armin también puede hacerlo! —sollozaba histérica.
—¡Sí, él es excepcional!, pero la batalla aún no ha terminado, todavía necesitamos la experiencia y liderazgo de Erwin —trataba la capitana de hacerse entender, su cuerpo ya agotado de pelear con Mikasa, Levi lo podía ver, sus ojos habían adquirido un semblante más nostálgico y sus heridas eran notorias ahora que Levi la podía ver—. También tengo a personas que me gustaría traer de vuelta, cientos de ellas…
» Desde que me uní a la legión no tuve ninguna otra opción que decir adiós, lo comprendes, ¿cierto? No importa a quién conozcas un día, en algún momento les tendrás que decir adiós. Pero no lo acepto, no quiero aceptarlo y duele… duele mucho...
Levi escuchó atentamente cada desgarradora palabra que Hange estaba diciendo, absorbido totalmente por el momento, palabras que le cayeron una detrás de otras.
¿Siempre decir adiós? ¿Siempre quedarte solo? ¿Qué siempre se destroce tu corazón una y otra vez sin pausa?
Si ya iba a sufrir por estar con vida en este mundo, si ya iba a llorar, maldecir y morir un poco cada día por las personas que perdía, ¿entonces para qué renunciar a ellas?
Pese a que lo dijo en su momento, él tomó la decisión en base a lo que había vivido en estas últimas veinticuatro horas, Erwin quien aún era incapaz de renunciar a su sueño, Erwin quien ya había aceptado su muerte, Erwin quien ya no podía seguir con vida por razones que Levi sabía eran personales. No había caso que el rubio comandante dejara a Harry solo si se enteraba de la verdad y Harry era lo único que él tenía hasta estos momentos.
Él escogió ser egoísta.
Escogió a Harry.
Levi, sin siquiera pensarlo, dio la orden para mover a Armin a otro edificio, alejados de ellos para que no ocurriera un inconveniente y solo con el traidor de Hoover como su snack de mediodía.
La ahora comandante y el capitán que había tomado la decisión veían a lo lejos todo desenvolverse mientras que admiraban ya la piel pálida y sepulcral de Erwin.
—¿Dónde está Connie? —preguntó Levi a Hange cuando todo pasó.
Él, Hange y el soldado de Klaus estaban parados allí mirando cómo los mocosos cuidaban que la forma titán de Armin no causara más estragos.
—Se fue a buscar a Harry, era el único completamente intacto. Levi, hay algo r...
—Hablaremos de eso después —cortó el otro hombre mirando de reojo al soldado que, de pie, aún no comprendía el por qué de su decisión.
—Está bien.
—¿Por qué se separaron?
—Nos atacó el titán de cuatro patas —dijo agotada— y Harry huyó con Reiner, no sé si para protegerlo o no… Fue todo muy rápido y raro.
—Espera —habló medio alarmado—, ¿se fue? ¿Y solo Connie fue a por él?
—Era el único sano y con algo de gas. Se está demorando eso sí. ¿Te queda algo de gas en tus..?
Hange no alcanzó a terminar de hablar cuando los gritos medio histéricos del soldado se escucharon.
—¡CAPITÁN LEVI, CAPITANA HANGE!
—¡Connie! —gritó Jean desde abajo claramente aliviado. Levi se puso de pie de inmediato y se asomó por el techo para mirar lo que sucedía.
Allí abajo, Harry arrastraba sin un atisbo de piedad el cuerpo vaporoso de Reiner, el otro hombre estaba cansado y tenía una herida en la mejilla que antes no existía, era evidente que había peleado con el titán.
—¡Reiner!
—¡¿Hay alguien herido?!
Levi bajó del techo tras asegurar las guías y caminó en dirección a Harry. El hombre había dejado a Reiner de espalda en el edificio, Connie hablaba a mil por hora con el resto de su escuadrón y de reojo, él pudo ver que Eren y Mikasa aún no se despegaban de Armin.
—¿Y el comandante? —fue lo primero que preguntó el de ojos verdes.
—Muerto.
Ambos se miraron largo y tendido, Harry suspiró entre aliviado y entristecido, era claro que él nunca confió en Erwin, Levi no sabía por qué, ambos nunca habían hablado mucho sobre el tema, pero ya poco importaba.
—Entiendo. Dame un segundo.
Harry buscó entre sus ropas y alzó la pistola para lanzar una bengala de distintivo color púrpura, Hange bajó de inmediato sorprendida por el inusual color y procedió a mirar cómo esta se alzaba por los aires.
—¿Qué es esa señal? —preguntó la mujer dudosa, pero postura firme.
—De reagrupación —contestó agotado Harry. Pronto, el cielo se tiñó de cuatro bengalas púrpuras como respuesta—. Mi escuadrón vendrá con los sobrevivientes que quedan.
—Primero tenemos que asesinar a Reiner —dijo Hange ya sacando las espadas.
—Tenemos que hablar —espetó cansino el otro hombre. Levi miraba todo pasar demasiado rápido y él estaba demasiado agotado mentalmente como para seguir las ideas locas de ambos—, es urgente.
—Urgente es asesinar a este cambiaformas, no sabemos si aún existen más dentro de nuestras murallas, no sabemos si el enemigo vendrá a buscarlo y...
—No vendrán más, no por ahora —cortó el mago, su cuerpo tenso y tono de voz algo irritable—. Es obvio que el ataque para secuestrar a Eren no funcionó y ambos se fueron heridos. No. No volverán y necesitamos hablar urgente, antes de que él —dijo Harry apuntando a Reiner con el dedo— se recupere y nos haga todo esto más difícil.
—Jean —cortó Levi a ambos cansado ya de tanta verborrea—, estás a cargo. No dejes que nada le pase a Armin, no dejes que nadie asesine a Reiner a menos que sea necesario, solo allí tienes permiso para matarlo. Connie, tú cumple con las órdenes si Jean está incapacitado. Vamos a hablar de una jodida vez.
Los ojos de Levi miraron a lo lejos, en la misma calle, cómo unos pocos soldados llegaban lentamente, algunos en caballos, otros apoyándose los unos a los otros, pero poco a poco los vestigios de la legión aparecían lentamente por calles aledañas.
—No tenemos tiempo que perder —murmuró Levi.
Los tres buscaron la casa lo más estable y cercana posible, solo necesitaban un poco de privacidad y Levi no quería alejarse mucho de su escuadrón, ni Hange tampoco. Tenían suerte que, al estar cerca de la muralla, las casas resultaron menos dañadas, solo algunos vidrios rotos y paredes trizadas, pero nada más.
—Entren —ordenó Levi frunciendo el ceño ante el polvo acumulado y la suciedad, pero ahora no era tiempo para ser quisquilloso.
La silla que estaba en el suelo, llena de telarañas y tierra, la alzó para sacudirla un poco y sentarse. Harry se sentó en otra sin siquiera batir un ojo y Hange se quedó de pie cerca de la ventana frunciendo el ceño y cruzando los brazos, cada vez más irritada.
—¿Han pensado a quién heredarle esa maldición? —preguntó Harry de la nada.
—¡No hay nadie a quien heredarle nada! ¡El último suero se lo dieron a Armin! —gritó desesperada la mujer, aún irritada por la elección de Levi.
Él, por otra parte, miró furioso al mago porque sabía qué era lo que estaba implicando.
—No —espetó mirando al mago—, no te atrevas.
—Sé la cadena de comandancia. Es Hange, luego otra persona, pero nunca tú, Levi.
—¿Y qué? ¿Me vas a decir que el maldito problema por el cual hemos dejado de hablar ya no es importante de un día para otro? ¿Qué es esa mierda que estas escupiendo aquí? ¡No me vengas conque ahora te arrepientes!
—¡Por supuesto que no!, pero tampoco soy un idiota como para pensar que esta maldita guera terminará ahora. Tú más que nadie sabe que no confio ni confiaré nunca en alguien como Smith. Demasiado sabiondo, demasiado egoísta, demasiado centrado en su propia visión de lo que es correcto y lo que no. Tienen suerte que su búsqueda de respuestas se haya acercado tanto a lo que ustedes querían en un comienzo. Conozco a las personas como él, Levi, y no me arriesgaré nuevamente porque le tenías respeto.
—¡Tch! —su grito de desesperación salió de sus labios antes de que lo pudiera controlar—. Escúchame bien, idiota, no tomé esa mierda de decisión solo para que tú ahora decidas compartir tu vida con medio mundo. ¡LAS COSAS NO HAN CAMBIADO! —en un ataque de ira, Levi golpeó la mesa a muño cerrado, levantando polvo y haciendo que el sonido resonara por las paredes.
—Levi —dijo Harry seriamente, los ojos del otro hombre perdieron cualquier brillo de inocencia, delante de él había otro soldado más, uno que tomaba decisiones difíciles, que sabía lo que significaba abandonar esperanzas, personas y sueños—: nunca, nunca te pondría en riesgo. No a ti, no a mi familia, no por todo lo que he luchado hasta ahora. Confia en mí.
«Confía en mí, confía en mí, es lo mismo que ha venido repitiendo el muy bastardo desde que me dijo la verdad», se quejó para sí mismo Levi. Desde que le dijo la verdad, Harry se lo había repetido una y otra vez, y quizás por primera vez ahora Levi comprendía por qué se lo repetía tanto.
Muy dentro de sí, él no confiaba en Harry, no hasta ahora que había arrastrado a Reiner sin miramientos hacia él, no hasta que ahora, después de semanas sin hablar, de meses discutiendo, Harry ahora quería decirle la verdad al comandante de la legión.
—De qué diablos están hablando —la voz enojada y ronca de Hange sorprendió a Levi, por un momento se había olvidado que ella estaba allí—: quiero respuestas, ahora.
Levi masculló por lo bajo, cruzo sus piernas y brazos en una pose claramente enojada y miró a Harry con furia por querer ponerse en ese peligro.
—No soy de aquí —habló Harry si pausa—, vengo de fuera de las murallas.
La mirada de traición y temor de Hange no se hizo de esperar.
—Habla, ahora. Y no creas que me he olvidado de ti, Levi, porque es claro que tú sabías esto y me estoy preguntando seriamente si tu lealtad no se ha ido a otra parte.
Harry habló con palabras concisas y una historia editada, Levi nunca lo interrumpió, escuchando las semiverdades que Harry escupía con sus labios perfectamente atractivos y cómo respondía cada pregunta que Hange le hacía.
¿Cómo llegaste aquí? ¿Cómo conseguiste tu identidad? ¿Cómo lograste engañar a la PM? ¿De dónde sacaste dinero? ¿Por qué estás aquí? ¿Por qué no dijiste nada? ¿Qué es lo que sabes? ¿Qué es lo que averiguaste?
Una detras de otra, sin pausa, sin darle tiempo para penasr mucho en sus respuestas, aunque no parecía como si Harry estuviera nervioso.
—Se lo dije a Levi cuando le dije la verdad y te lo diré a ti —terminó por hablar, su vista aguda, sus palabras cortantes y su postura relajada pese a que era obvio que hablaba enserio—: si quisiera haberme ido, lo hubiera hecho apenas llegué, pero no soy de los que soportan injusticias y siempre he querido ayudar cuando puedo, de la manera más segura para mí y mi familia.
—¿Sabías que los titanes eran humanos desde que los viste? —preguntó Hange seria, su rostro miraba cualquier señal corporal que Harry podía dejar en evidencia, pero Levi tenía los ojos puestos en ella, en sus señales, en cómo sus ojos se endurecían con algunas respuestas, cómo se relajaban ante otras, cómo esos engranajes silenciosos giraban en la cabeza de Hange Zöe para dar con la solución más acertada.
—Tuve mis sosprechas desde un inicio. No hay algo así como criaturas similares a otras, sino que hay razas que se mezclan. Para que un titán luzca como un humano, primero debió haber sido formado a partir de uno. Como explicarte… Es como la mula: ellas nacen, crecen y se mueren, su nacimiento se produce por la cruza de dos especies distintas, una yegua y un burro. Tiene cualidades de ambas especies, pero no es ninguna de ambas, ¿no se si me doy a entender? —intentaba explicar Harry incómodo con sus palabras.
—Te entendí perfectamente —contestó la comandante mirándo a Harry seriamente—, pero algo me dice que no es por esto que me has dicho la verdad, ¿no es así? —dijo enarcando una ceja.
Harry negó con la cabeza y Levi se tensó a su lado.
—He estado haciendo experimentos, algunos han resultado más fructíferos que otros, pero además de eso, quiero pasarte esto —y casi como Kenny antes de su muerte, Harry sacó entre su uniforme una caja idéntica a la de Levi.
—¿Es eso...?
—El suero. Cuando rescatamos a Eren, encontré un maletín con dos cajas.
—¿Y la segunda? —preguntó de inmediato Hange.
—Me la quedaré. Tengo experimentos que hacer.
—¿Cómo qué? —intervino esta vez Levi mirándolo fijamente—. Son propiedad de la legión.
—Porque estoy trabajando en un método para curar o detener a los titanes. Parte importante de por qué estamos en este problema es porque humanos se pueden transformar en titanes, ¿qué tipo de gen lo hace? ¿Por qué el organismo reacciona de esa manera ante este líquido? Si somos capaces de detener esa cadena, como una vacuna, entonces nunca tendríamos problemas porque otras personas no podrían transformarse nunca en titanes, estaríamos matando o modificando lo que sea que produzca el cambio y esta civilización estará a salvo.
La caja estaba claramente en el lado de Hange quien no se acercó a tomarla, sino que miró a Harry seriamente, sus ojos brillaron con algo que Levi sabía reconocer muy bien: esperanza.
—¿Y has conseguido algo?
—Sí —admitió con sus mejillas sonrojadas—, le dije a Levi algo de esto… Logré identificar los componentes, pero aún no sé cómo comenzar a modificar el suero, no soy médico y todo lo que he aprendido hasta ahora ha sido a la fuerza.
Hange lo miró con tal intensidad que hizo a Levi inquieto en su silla, luego sus ojos marrones pasaron a él lo que provocó que se pusiera en alerta pese a no dar ningún indicio a nivel corporal.
—Quería preguntarlo casi desde el comienzo —comenzó la mujer—, pero ¿Qué pasa entre ustedes?
Ella solo lo estaba confirmando, pero Harry no abrió la boca para contestar y Levi sintió el peso de la pregunta como si pesara más que un titán de diez metros. De reojo, él miró a Harry quien tenía su mirada centrada en la caja con el suero.
¿Qué eran? Levi volvió a mirar a Hange, vientre tenso, corazón acelerado, inquieto por primera vez desde que comenzó esta reunión y completamente fuera de sí por lo que iba a decir:
—Es mi pareja.
Cuando salieron de la casa, habría quizás una veintena de personas cerca, lo que quedaba de la excursión. A viva voz, Hange comenzó a hablar sobre los nuevos acontecimientos y cómo ahora estaban buscando otro soldado para heredar el titán acorazado.
Harry y Hange habían discutido por minutos a viva voz quién pensaban era la persona adecuada para comerse a Reiner, él era demasiado peligroso como para tenerlo como rehén y Harry se oponía directamente a ocupar a niños para cumplir ese rol, había soldados adultos y fieles a la causa como para sacrificar a otro adolecente que no viviría más de los treinta años y Harry se negaba a ser ese tipo de persona.
Hange, por otra parte, sabía que mientras más jóvenes eran, más moldeables serían. Levi quería mandar todo al demonio en ese preciso instante, demasiado agotado como para pensar mucho más, pero fue en ese momento que uno de los subordinados de Harry ofreció como prospecto. Ya los ánimos estaban revolucionados cuando lo que quedaba de la legión se enteró que había otro suero —Hange solo dijo que había uno más para asegurar que nadie se enterara e intentara robarse el segundo—. El cuerpo de Reiner ya estaba a punto de estar completamente recuperado, muy para el estrés de Connie quien le tuvo que cortar nuevamente toda su pierna, pero allí estaban en una encrucijada.
—Es lo mínimo que puedo hacer —murmuró el subordinado de Harry, su nuevo segundo al mando, cuando Hange, Harry y él estaban inquiriéndolo por sus razones—. Déjame hacerlo. —Dijo el hombre mirando a Harry suplicante.
Había tanto dolor en la mirada de Donatien y Levi estuvo a punto de pensar que Harry se negaría, pero no es como si hubiera un mejor candidato. Donatien estaba en la edad ideal (23-35 años), tenía un currículum intachable, seguía órdenes, era habilidoso y contaba con la confianza del mago en un cien por ciento.
—Lo siento —fue todo lo que pudo decir Harry antes de asentirle. Él suspiró de alivio y asintió en dirección a Hange.
Fue así como ahora, la isla de Paradis, contaba con cuatro titanes en su poder.
• ✧ •
Cuando Levi despertó nuevamente, su cama estaba vacía, las sábanas estaban frías y no había sonido en el baño. Se sentó en la cama de un momento para otro y suspiró recordando los eventos de las últimas semanas.
Desde que por fin pudieron retomar la Muralla de María completamente, habían estado de reunión en reunión. Hange no lo había dejado solo con Harry desde que se enteró de su relación y las cosas estaban algo tensas entre los pocos altos mandos de la legión, el motivo por el cual Harry le había contado todo a Hange —o parte relevante de la verdad— era porque él sabía que ella no abriría la boca para contar sus secretos a otros miembros de la milicia como lo hubiera hecho Erwin.
Harry no tenía problemas en ser de utilidad siempre y cuando él y sus seres queridos estuvieran seguros y, ahora, él estaba en esa petición tácita que había hecho Harry hace semanas.
Eso lo hacía sentirse especialmente feliz, no que se lo dijera al otro hombre en la cara y, pese a que se lo había dicho a Hange, Harry y él aún no se sentaban a conversar sobre su nueva y ambivalente relación.
Levi se levantó de la cama y procedió a iniciar su rutina, hoy tendría una reunión con Hange y los tipos del periódico y quería terminar lo más pronto posible. Hoy sería el día en que él hablaría con Harry, aunque fuese lo último que hiciera, aunque tuviera que golpear a Hange para hacerlo.
Quizás fue porque su rostro mostraba cuán determinado estaba, quizás algo en él ahora dejaba en evidencia que algo había cambiado, porque en el momento en que ambos estuvieron libres de los periodistas, fue que Hange lo invitó a almozar a un restaurante pequeño y alejado del caos de la ciudad.
—¿Te parece sensato? —preguntó la mujer sorbiendo de su trago completamente ida y sin siquiera darle espacio para hablar.
—Tú viste a Moblit morir —le contestó de vuelta—, ¿te pareció sensato pese a que no hiciste nada?
Sus palabras fueron una muestra de cuán decidido estaba: no, no era sensato enamorarse, no era sensato depender de otra persona, pero aún así todos lo hacían porque eso era lo que los hacía humanos, lo que los hacía seguir.
—No te voy a mentir —hablaba con un tono de voz amargo—, si hubiese sabido que eran pareja antes de que él se confesara no hubiera tenido problemas, pero su sola presencia es una amenaza. —Le susurró sin temor.
Levi la miró de reojo, semblante serio y mirada mortal. Harry tenía razón cuando le dijo hace meses sobre la virtud y debilidad del ser humano.
Un ser humano con miedo atacaba y los humanos temían a lo desconocido.
Que Harry mostrara una estadística impropia de vivir fuera de las murallas y llegar de alguna manera a Paradis era ya terrible, pero Hange iba más allá, si bien veía la ayuda que Harry les podía otorgar, también pensaba en cosas que eran fáciles de adivinar: ¿Y si Harry era parte del enemigo? ¿Y si era todo esto un plan?
Todo podía terminar si Harry decía la verdad: que él era un mago.
«¿Y luego qué?», se preguntó Levi para sí mismo mientras bebía lentamente su propio trago y se rio internamente porque ahora él estaba haciendo la misma pregunta que Harry le hizo hace tiempo frente al cristal de Annie.
—No creas que no lo he pensado también, porque sería mentirte —admitió sin vergüenza—, pero lo conozco y tú lo conoces. Él es un idiota, pero es mi idiota.
Debió haber sido eso lo que hizo reír a Hange, la mujer golpeo la mesa ruidosamente, su risa estruendosa y falsa, lágrimas en sus ojos que él sabía muy bien no eran por lo que acababa de decir, sino por sus recuerdos.
—… Dices las cosas más locas —dijo entre respiros la mujer, aire entrando a sus pulmones en grandes bocanadas para luego dejar caerse estirando los brazos y su cuerpo superior en toda la mesa. Sin duda, era una vista penosa—. Por ti, lo haré por ti. Porque tú eres una de las pocas personas que merecen ser jodidamente feliz y él parece hacerte feliz. Sé feliz, Levi, sé feliz —sollozaba bocabajo en la mesa, sus manos temblando mientras enterraba sus uñas en la robusta madera.
Levi le acarició el cabello con suaves palmadas y la dejó sollozar en silencio. Sin duda esta sería otra de esas veces en que maldeciría al cielo preguntando por qué tenían que haber asesinado a Moblit.
• ✧ •
Harry rio feliz mientras era perseguido por Angus e Hisolda. El pequeño demonio había crecido un poco más, cada vez más cerca de su altura, pero eso no hacía que Angus dejara de ser un niño, uno empecinado en botarlo y así demostrar que él era el más fuerte de los dos.
Hisolda solo corría detrás de él porque lo encontraba gracioso y Harry sentía cómo poco a poco la tensión que había acumulado durante este último año se iba a medida que pasaban los días en la casona de los Kivi.
Rita estaba enorme y Gilbert parecía haber envejecido unos cuantos años debido a sus locuras, pero desde que había llegado hace una semana de vacaciones obligadas, todos parecían aceptar esta nueva calma con felicidad y tranquilidad.
—¡No importa cuán lejos corras, Harry! —chillaba Angus mientras jadeba al perseguirlo—, ¡te atraparé y ya verás!
—¡Súbeme a caballito! ¡A caballito, tío Harry! —gritaba feliz Hisolda.
Harry siguió corriendo por el jardín trasero y Rita los siguió mirando desde la terraza de verano con una taza de té en sus manos y riéndose suavemente ante sus tonteras mientras masajeaba su estómago lentamente.
Los primeros días fueron tensos para él, se despertaba en medio de la noche con pesadillas, Garrison seguía trayendo los cuerpos desde María y Shiganshina para darles una sepultura honrosa y él no podía hacer mucho más que navegar de reunión en reunión, luego vino la mesa pública de la milicia, la postura de la corona ante los últimos eventos y luego el descanso forzoso, tenían un mes de descanso todos los sobrevivientes de la misión, tiempo suficiente para traer los cuerpos de Shiganshina a Sina para darles una sepultura digna.
Hange estaba actuando desconfiada, Harry lo esperaba tras su decisión de contarle la verdad, pero le dolía saber que eso significaba no tener tiempo con Levi quien tampoco parecía querer alejarse de la mujer por el momento y él había decidido huir por unos días, huir a su familia, a la gente que lo amaba sin siquiera perdirle algo a cambio, quienes le abrían los brazos y lo entendían sin siquiera él decirles algo.
Sí… Los primeros días fueron terribles, pero ahora estaba mejor, más descansado, había dormido una noche entera, no tenía que cuidarse la espalda y no estaba Levi para tensarlo al más mínimo movimiento, aunque lo echara de menos como loco.
Estuvieron jugando por lo que parecieron horas bajo el cálido sol primaveral, la risa de Hisolda y Angus eran el bálsamo que Harry necesitaba para recordar por lo que estaba luchando, no había querido pisar suelo fuera de la casona y no lo haría hasta que fuera necesario.
Y al parecer no lo era.
—¡Harry! ¡Harry! ¡Tienes visita, Harry! ¡Baja a Angus de ese lugar! ¡¿Cómo lograste subirlo allí?! —gritó más desesperada Rita al ver cómo Angus estaba en lo más alto de una rama.
—Tranquila, mujer, no se caera, yo lo estoy vigilando.
—¡Angus! ¡Ustedes dos me quieren ver muerta, eso es lo que quieren!
Harry estaba entretenido jugando con los niños, demasiado absorto en su familia como para escuchar la voz que todas las noches anhelaba a su lado.
—Jo... Linda casa en el árbol.
Se dio vuelta rápidamente, tanto que le llegó a doler el cuello por su brusco movimiento y allí, a medio camino, Levi estaba con las manos en los bolsillos, ese traje negro que tanto le gustaba, ojeras menos profundas bajo sus ojos y allí. Levi estaba allí, frente a él y sin Hange a la vista.
—¡Harry! El capitán vino a verte, ¿por qué no bajas a Angus para que puedas hablar con él?
Harry miró a Rita y la vio sonreírle sabionda y Harry se sonrrojó sin saber dónde esconderse, pero en esta casa donde los niños mandaban y Harry podía considerarse uno más, Hisolda apareció entre los árboles con escarabajos en sus manos y miró seriamente a Levi.
—Tú no eres lindo —le dijo con su voz infantil, tono agudo y acusador. Harry escuchó cómo Rita se atragantó con su propia saliva y vio a Levi fruncir el ceño.
Él se carcajeó lo más fuerte que podía, una risa entre histérica y real porque era Hisolda quien podía ser tan honesta y terrible a su edad.
—¡Hisolda! ¡Disculpate con el capitán! —regañó Rita frustrada— ¡Y tú, para de reírte!
Angus bajaba poco a poco del árbol, atraído por el escándalo en el suelo y la risa de Harry.
—Tú niñata —oía farfullar bajo Harry a Levi, cosa que lo hizo reír más fuerte.
—Pero no importa —agregó como si nada Hisolda, como si no fuera la gran cosa decirle a un adulto que no era lindo como si fuera un insulto—, tío Harry es muy lindo, me gustan mucho sus ojos. Ves, así —y con la misma mano que tenía el escarabajo, Hisolda empujó a Levi quien se quejó por la suciedad hasta dejarlo bien a su lado—, ahora ambos son lindos juntos.
«Esta niña será mi muerte», exclamaba Harry en su cabeza, avergonzado y apenado por la encerrona que le hizo la más joven de los Kivi. La sonrisa de Hisolda no se hizo esperar y Angus fruncia el ceño desde la rama del árbol.
—Jo... Nada de mal —dijo Levi como si fuera poca cosa, sus mejillas de un color carmín y más cómodo de lo que Harry esperó verlo en esta situación. ¿No contaba esto como conocer a los padres de tu pareja?
—Vamos niños, es hora de dejarlos hablar. Vamos a buscar a Lisa para que nos dé postre.
—¡Postre! —gritaron ambos antes de correr detrás de la figura cada vez más lejana de Rita quien lo les dijo nada más.
Harry los vio partir con el corazón en su mano, los echaba de menos, aunque sabía que estaban allí, pero también nervioso por estar a solas por fin con Levi.
—Son buena gente —murmuró el otro hombre, su postura relajada, ojos fijos también en las figuras que se retiraban y completamente ido. Por un momento, Harry quiso saber qué era lo que él pensaba ahora.
—Lo son —fue lo que susurró como respuesta y miró a otro lado, aún incomodo con la situación.
¿Esto era? ¿De ahora en adelante así sería su vida? ¿Tener al hombre que amaba a unos pasos, pero no poder estar con él por cualquier estúpido motivo que lo impedía?
—¿Me muestras el lugar? Nunca he estado en una casa tan grande —preguntó incómodo el mayor y Harry lo miró. Tal vez sus primeras observaciones estaban mal hechas o no completamente adecuadas. Levi se veía más cansado ahora que lo volvía a mirar, su semblante no era tan pulcro y las ojeras bajo sus ojos aún no habían desaparecido.
—Claro —contestó por inercia.
Ambos caminaron lentamente por el terreno, hablando de cosas inanes y no realmente de lo que tenían que hablar; y si Harry aprovechó ese momento para tomar la mano de Levi, bueno… Él nunca había admitido que fuese un conquistador de primera.
Era un idiota enamorado de un extremo a otro.
• ✧ •
Gilbert y Rita miraron con parpadeos lánguidos y suspiros la escena desenvolverse ante sus ojos con dolorsa realización y aturdimiento: era como ver a dos bestias tratando de cortejarse la una a la otra.
—Es tan…
—Lo sé —respondía el otro resignado en una eterna conversación de lo que estaban observando.
—Me pregunto si se darán cuenta —suspiraba la mujer entre cansada y con una candidez propia de ella.
—Claro que no. Son tan torpes entre ellos que me sorprende que hayan durado tanto —agregó el otro sorbiendo té entre palabras y no dejando escapar ni una acción del ritual frente a ellos.
—Siempre pensé que capitán Levi era más… No sé, ¿salvaje? ¿Un demonio? ¿Apático?
—Humm... —tarareó el hombre—. Sé a dónde vas… Supongo que tienes razón. ¿Quién diría que podría ser tan...
—¿Tierno? ¿Considerado? ¿Galante? ¿Torpe? — Rita enumeraba los miles de sinónimos que pensaba de Levi.
—Sí —aceptó sécamente su pareja mirando cómo el capitán, pese a tener cara de pocos amigos, soportaba las incesantes preguntas de dos niños.
Harry se reía con ellos algunas veces, sentado en el pasto mirando atentamente cómo el hombre contestaría frunciendo el ceño o con una mirada neutral.
Algunas veces, cuando creía que nadie lo estaba mirando, pondría un semblante de completa adoración cuando Harry hacía algo estúpido o se reiría estruendosamente por algo que habían dicho, hecho o implicado.
Era doloroso de ver.
—Harry dice que no han hablado mucho —admitía triste Rita.
—Es raro, ¿no lo crees? Duermen juntos, cenan juntos, están todo el día juntos, ¿cómo pueden ser tan cobardes? Es increíblemente tonto, ambos son soldados, no saben si mañana regresarán vivos de una misión e incluso así son incapaces de hablar de sus sentimientos.
—No seas crítico… Creo que ese es parte del problema. Esas cosas, los titanes, es algo que pueden enfrentar porque no se sienten vulnerables, pero esto… Esto debe ser lo más aterrador que han hecho en su vida.
Rita sintió la mirada pesada de su marido y le sonrió de reojo para luego seguir mirando a ambos hombres, pequeños toques en el codo o mano, sentados más cerca de lo habitual para ser solo amigos, miradas de anhelo mientras el otro no observaba, ajenos a los otros de otras personas.
—A veces me sorprendes… Se me había olvidado cuán intuitiva puedes ser.
Rita le sonrió y sobó su estómago al sentir la patada de su hijo.
La tarde se pasó con el matrimonio observando a lo lejos a la pareja bailar en el radar del otro y la cena se desenvolió en la misma dirección.
Harry y Levi se sentaron juntos, ambos en un estado de completa coordinación, Harry le serviría agua al hombre, Levi le serviría jugo a Harry; Harry le pasaría ensaladas con más carbohidratos, Levi le pondría carnes magras al plato de Harry intentando hacerlo comer más; Harry se comería los pimentones del plato de Levi, Levi regañaría a Harry cada vez que veía una zanahoria errante sin ser consumida.
Pan con mantequilla, rodajas de jamón y té en sincronía y cotideaneidad que gritaba comodidad por todas partes.
Quien quiera que los viera actuar así no tendrían ni la más mínima duda de que ambos estaban completa y absolutamente enamorados el uno del otro, pero esto era algo que ellos tenían que solucionar.
Era una lástima que Rita no tuviera la paciencia necesaria para este tipo de situaciones.
• ✧ •
Levi amaba a Harry.
Esa era la verdad más clara que podía aceptar, pero en la casona de los Kivi, Levi conoció a otro Harry.
A Harry le gustaba jugar con los niños, levantarse tarde por las mañanas, tomar largos baños o pasar la tarde nadando en el lago del patio trasero.
A este Harry le gustaba cocinar el postre para su familia, haría travesuras a la cabeza del hogar, sobaría el estómago de la mujer y pondría su oído en el bulto claramente tratando de escuchar algo sin importar cuán impropio podía ser de su parte hacerlo.
A este Harry le gustaba dar caminatas por la tarde, tomarle de la mano y susurrarle ideas que tenía para su futura casa, su hogar.
—¿Te gustaría, una casa que esté cerca de un lago o un río?
—Me gustaría que como mínimo tuviera dos pisos y un sótano, uno nunca sabe...
—Quiero poder respirar aire libre, me encanta el aroma a naturaleza.
—¿Te gustaría que fuera de ladrillo o madera?
—No me mientas, Levi, sé que te gustan los salones de baños, he visto cómo te demoras más en mi baño porque te gusta cuán espacioso es.
—¡Solo quieres la cocina grande porque te aprovechas que sé cocinar!
Este Harry tenía sueños, le sonreía inocente, sus ojos brillarían como nunca antes lo habían hecho y le susurraría secretos y verdades en la oscuridad de la noche o en la soledad de sus caminatas.
Levi amaba este Harry tanto que le dolía el pecho tratando de controlar sus palabras, se le revolvía el estómago, no podía dormir solo por querer mirarlo en la noche y no lo perdía de vista durante el día por temor a que se escapara de sus manos.
Levi amaba este Harry, uno más hogareño, uno al cual le había admitido que quería un baño enorme, una cama mullida y árboles en los cuales apoyarse en el patio y poder dormir una siesta despreocupadamente.
Este Harry con aroma a libertad.
—Sabes —le hablaba la mujer de la casona, redonda con el hijo del hombre a quien Harry llamaba hermano. Levi había visto cómo Harry acariciaría el bulto y le susurraría cosas al niño por nacer, claramente esperando ansioso la suma de la familia—, están viviendo en el pecado —regañó la mujer con el ceño fruncido mientras masticaba la tostada con mermelada y miel.
Completamente asqueroso, si le preguntaban a él.
Levi solo hizo un sonido de que estaba escuchando y siguió mirando cómo Harry jugaba con los niños en el patio, él y la señora Kivi estaban sentados como adultos bebiendo el té de la tarde mientras que el otro idiota se revolcaba en el suelo cual perro.
—Hemos sido muy pacientes —seguía hablando la mujer—, pero no me gusta que no hagas a Harry un hombre honesto. ¿Qué es esto de dormir por dormir? ¡Honestamente! Ustedes los soldados les falta un tornillo, pero eso no significa que tengan que hacerlo de esta manera. ¡Cuatro años! ¿No te parece mucho tiempo?
La mujer siguió hablando, pero Levi no dejó de mirar a Harry. Ya habían cumplido cuatro años de altibajos, cuatro años de estar juntos, de hacerlo todo al revés, cuatro años de que él había conocido a Harry y ahora por fin podía aceptar que no veía un día sin él.
—... Los jóvenes de ahora, es imposible hacerles comprender que...
—Tendría que ser esta semana, porque dentro de dos semanas más tendremos que volver a nuestras funciones —la cortó Levi sin pensar por un momento en lo que estaba diciendo, en las palabras que acaba de soltar su boca y de lo cálido que sintió al pensar en ese tipo de futuro.
Uno como ahora, con Harry despertando en las mañanas siempre a su lado, con Harry bañándose juntos, comiendo desayuno, paseando por las tardes, yendo de compras algunos días y hablando de las cosas más absurdas.
El sonido de algo romperse lo trajo de vuelta a la realidad y pestañeó mirando a la mujer sin saber qué decir.
—¡T-tú! —gritó la mujer apuntándolo con el dedo temblorosa.
Fue en ese momento en que Levi pensó en lo que había dicho y se dio cuenta cuán verdad quería que fuera, por mucho que hubiera hecho todo al revés, la mujer había estado asusándolo por días tratando de que le dijera algo similar a Harry, pero él había ido directamente al origen de su pequeña molestia por no tener ese tipo de futuro con Harry y en vez de hablar con él, se había ido de boca con la familia.
—¡GILBERT! ¡GILBERT! —gritó histérica la mujer.
Desde la casona, Levi escuchó cosas caer y los pasos desesperados no solo del hombre, sino de otras personas más. Harry llegó corriendo al lado de Rita tomándole la mano intentando calmarla y mirando desesperado a la mujer.
—¡¿Qué?! ¿Qué sucede? ¿Levi? ¿Pasó algo? ¿Te duele algo, Rita?
—¡Rita! ¿Qué pasa? ¿Qué pasa? ¿El bebé? ¿Te duele el estómago? —grito el esposo desde la escalera igual de histérico y Levi alzó la ceja a la mujer, ¿tanto escándalo por lo que acababa de decir?
—¡Hay que ir al centro! ¡Ya! ¡Llama a Annabeth, necesitamos trajes! ¡Y hablar con los Nox! ¡Las invitaciones! No hay mucho tiempo y...
—¡¿De qué demonios estás hablando, mujer?! —gritó Gilbert mientras seguía a la mujer quien se paró como pudo con su panza y se llevó a rastras a Gilbert mientras le seguía gritando instrucciones.
Harry se quedó allí de pie sin saber qué hacer, boqueando un poco intentando comprender qué había pasado, él tampoco entendía qué demonios había sucedido en ese corto período de tiempo y Levi suspiró resignado a que dentro de una semana él y Harry estarían casados.
Levi sonrió.
—¿Tú sabes qué fue lo que pasó? —preguntó curioso Harry mientras se sentaba en el puesto que la señora Kivi había dejado disponible.
Levi se encogió de hombros ante la duda y miró al otro hombre.
—Solo hace escándalo porque le dije que nos teníamos que casar en una semana —agregó como si estuviera hablando del clima—. Mujeres, ¿quién las entiende? —dijo encogiéndose de hombros y quitándole importancia a lo apretado de su estómago y a lo ansioso que estaba por una respuesta.
Harry lo miró fijo, casi sin parpadear y se quedó en silencio, los ojos se abrieron poco a poco cuando se dio cuenta que no era una broma y todo su rostro se puso rojo, sus ojos brillaron como dos gemas al sol, su labio inferior tembló y algo en él sencillamente parecía gritar felicidad inconcebible, Harry parecía vibrar en la silla y su sonrisa fue la más hermosa que Levi había visto hasta ahora.
Lo dejó sin palabras.
Levi amaba a este Harry, al que por primera vez en cuatro años lo había pillado por sorpresa.
—¿Enserio? —le susurró timorato en su pregunta, sus hombros más juntos, su expresión más suave, su voz más inocente.
—Enserio —le respondió estirando su mano, una que estaba bañada en sangre, que estaba callosa, que había pecado, una mano sucia que el otro aceptó sin siquiera quitarle la mirada ni dudar por un mísero momento.
Levi amaba a Harry, él realmente lo hacía y esta sensación que había querido ahogar se desbordaba por su pecho, no lo dejaba respirar y hacía también que temblara de emoción.
Levi lo amaba, lo amaba con todo lo poco que era y con todo lo poco que podía darle.
Notas
˚‧º·(˚ ˃̣̣̥⌓˂̣̣̥ )‧º·˚ Chicos... ¡se van a casar! Finally! Espero hayan disfrutado el capítulo, pasaron cosas súper importantes aquí. Levi tomó su decisión y no salvó la vida de Erwin, Harry le contó parte de la verdad Hange, Hange decidió aceptar a Harry porque hace feliz a Levi.
Y ahora estos dos idiotas que aún no han hablado nada se van a casar.
Feels, pure feels and fluff.
Espero les haya gustado el capítulo. Esperaré sus comentarios, me gustaría saber sus pensamientos, ¿es lo que estaban esperando? ¿Nada en lo absoluto? ¿Los tomé por sorpresa? Antes había mencionado que planeaba casarlos antes de la expedición, pero decidí hacerlo así, un poco más de slow burn para desesperarnos a todos.
Por otra parte, ¡me queda solo un capítulo! ¡Qué emoción! Con este capítulo rompo la barrera de las 200 000 palabras escritas. ¡200K! OMFG!
Comentarios anónimos que no he respondido porque se me olvidó:
Scarleth Cajina chapter 34 . Feb 11
No sé si llamas a esto desarrollo x'D. Es un poco de todo. Intenté pensar en una escena para que *hablaran*, pero ambos son más hombres de acción que otra cosa, así que no se sentarán a decirse cuánto se aman ni nada por el estilo, sino que esta fue la forma que Levi encontró para manifestar sus reales sentimientos sin tener que decirlos y Harry, quien tampoco le gusta sentirse vulnerable y prefiere este tipo de demostraciones: hechos concretos.
Levi nunca lo hubiera propuesto matrimonio si no lo amara de verdad y Harry nunca hubiera aceptado si realmente no amara a Levi.
¡Espero te haya gustado el capítulo!
Espero leerte en este y en el último episodio.
Thanks for reading, guys. Nos leemos en el siguiente capítulo.
-Derwyd
