Todos dormían pacíficamente durante esa templada madrugada. Las olas que chocaban contra las rocas, contra la isla, lo hacían pacíficamente mientras el ferry atracaba. Por la cubierta del barco, el joven miró los edificios de batalla con mucha atención.

Pacientemente esperó para bajar, y, al estar lejos del muelle, caminó lentamente por el lugar como si nunca lo hubiera visto. Se escuchó su cansado bostezo, y siguió con su caminata como si nada. Decidido, se hizo paso hacia el lugar donde sabía que ellos estaban. Si se pudiera ver en un espejo, vería su traviesa sonrisa.

Eileen abrazaba durante su sueño a Brandon. Tantos meses sin verlo le provocó aquella imperiosa necesidad de abrazarlo siempre que dormían. Algunas semanas desde su reto a Lucy habían pasado: la chica se dedicó a retar ocasionalmente y con mucha tranquilidad las instalaciones de batalla, barajeando también sus ocupaciones como ama de casa y ayudante extra en la Pirámide de Batalla. En mitad de su sueño, un misterioso e insistente golpeteo en la ventana de la habitación en que dormía le despertó. Extrañada, y molesta por ser despertada, frunció el ceño, y luego bostezó.
-¿Qué es ese ruido? –preguntó Brandon, despertando también; Eileen comenzó a preocuparse cuando escuchó que los golpeteos se hacían más fuertes
-No tengo idea… -el sonido pronto paró, pero esto le hizo preocuparse más
-Iré a ver –a punto de levantarse, Eileen le sostuvo del brazo con toda la fuerza que tenía
-No vayas –pidió, con ojos llorosos -¿Qué tal si es un monstruo?
-¿Monstruo? –su indescifrable expresión se decantaba más por una infantil ingenuidad
-¿Qué tal si son los Mr. Mime asesinos del espacio exterior?, ¿qué tal si te convierten en uno de esos algodones de azúcar o te lanzan sus pasteles corrosivos?, ¿Qué tal sí…?
-¿Qué tal si me abren la puerta? –sugirió la voz de afuera -Me estoy congelando

La voz se escuchaba algo grave. Eileen se quedó quieta, asustada, mientras la expresión de ingenuidad de Brandon desaparecía y le daba paso a la incertidumbre. Él recordaba esa voz de alguna parte.

Se levantó, y con cautela se acercó a la ventana. Jaló el cordón de las persianas mientras Eileen abrazaba su almohada. La joven entrenadora miró la cara de Brandon atentamente, y apretó su suave almohada al verlo fruncir el ceño.
-Caramba, ¿vas a abrir o no? ¡Me estoy congelando aquí afuera, hermano! –gritó aquella voz masculina, demandante y molesta -¡Leaf! ¡Leaf, dile que abra!

El berrinche y el sobrenombre hicieron que Eileen saltara de la cama. Se paró al lado de Brandon, tomándolo del brazo con fuerza y, en vez de sorprenderse, su rostro comunicó un sentimiento de molestia al ver a la persona que estaba afuera.

Pegando su rostro al cristal, Red les miró con insistencia. Dio pequeños toques al vidrio, esperando a que le dijeran algo. Su nueva gorra era completamente roja, a excepción de la frente de ésta, que estaba en blanco. A modo de prendedor, en la parte superior izquierda de esa parte blanca, el Símbolo de la Habilidad le adornaba. Sobre su camiseta negra llevaba una chaqueta roja con mangas cortas y collar blanco. Dio leves puñetazos a la ventana, como si quisiera apresurarles.

La ventana corrediza era lo suficientemente grande como para permitirle entrar por ahí. Brandon quitó el seguro de ésta. Red se apuró a deslizar la ventana y, con gran agilidad e impulso, entró por la ventana. Escuchó detrás de sí la ventana cerrándose, y tembló por el frío que había estado sintiendo hasta hace unos segundos. Miró a sus lados, como explorando, y luego a su hermana y al novio de ésta, quienes le miraban penetrantemente.
-¿Les gusta mi gorra? ¡Un clásico del '96! –comentó orgulloso, pero ellos seguían sin cambiar sus expresiones –Ah, ya entiendo… están molestos porque acabo de terminar con sus momentos de pareja

La gorra de Red no amortiguó el dolor que le provocó el fuerte coscorrón de Eileen. La chica mantuvo su puño sobre la cabeza de Red, mientras Brandon esbozaba una sonrisa nerviosa. Ella quitó su mano, y siguió viendo a Red con enojo.
-¿Podrías decirme por qué estás aquí? –le preguntó con voz molesta –Según tú, ibas a estar ocupado en la Liga Pokémon
-Bueno, la temporada fue algo escasa de visitantes y muy aburrida, así que decidimos terminarla antes y… ¡aquí me tienes! –sobó su cabeza, con una lagrimita que se le escapaba por el dolor –Aunque estoy aquí porque, según me dijo mamá, te habías estado sintiendo mal
-Eso fue sólo una vez –se apresuró a contestar, defensivamente
-Estoy aquí para ver cómo estás –volteó a ver a Brandon; la mirada de Red incomodó al adulto –Te dije que era demasiado joven para ser tío, pero ahora que lo seré, tienes que permitirme ser el tío cool

Red volvió a sentir el golpe de Eileen sobre su cabeza. El sobresalto y el dolor le hicieron lanzar un alarido. La mirada de Eileen era inexplicablemente furiosa y le hizo encogerse de miedo.
-¡No estoy embarazada, tonto! –le gritó, y salió de la habitación dando fuertes pisotones; Brandon seguía con esa sonrisa nerviosa
-¿Qué cosa le pasa? –preguntó, sobando el chichón en su cabeza
-Está… está algo vulnerable –respondió Brandon por lo bajo
-Ah… -susurró Red, enterado de la situación y un poco meditativo -¿Cómo vulnerable?, ¿Comió algo que le hizo daño?

El adulto miró hacia el suelo, visiblemente incómodo. Se rascó la nuca, queriendo apaciguar el nervio, mientras Red miraba esperando una respuesta.
-Vulnerable… -repitió el hombre, sin más

Unas pisadas se escucharon encaminándose hacia la habitación. Pronto Dan apareció, en su forma humana y usando sólo unos bóxers de color azul cielo. Red miró extrañado al curioso muchacho rubio que lo veía con mucha atención y admiración. Los rojos ojos del chico eran inocentes, y le miraban fijamente, brillando. Red dio un paso hacia atrás, y Dan, uno hacia enfrente, acorralándolo. El chico de Kanto se sintió incómodo.
-Y tú… ¿quién eres? –preguntó Red, con la espalda contra la ventana
-¡Me llamo Dan, y soy un pokémon de Eileen! –gritó, contento; Red le miró confundido
-O-okay… -tartamudeó; miró a Brandon, algo asustado –Hermano, ¿desde cuándo se meten locos a tu casa?
-Dan, ¿serías tan amable de mostrarle? –al escucharlo, el pokémon asintió

Dan retrocedió. Cerró sus ojos y comenzó a brillar con cegadora luz. Al terminarse tal iluminación, Red vio frente a él a un extraño pokémon de color blanco y azul, con vivaces ojos rojos. El chico se sobresaltó cuando el pokémon se acercó para olisquearle.
-¡Mucho gusto, Redford! –saludó el pokémon con telepatía
-¿Eh? –gritó el entrenador -¿Dónde está el otro chico?
-Frente a ti –dijo Dan -¡Soy un Latios!

Red volteó a ver a Brandon, quien solemnemente asintió. No le quedó más que aceptar que, en efecto, Latios y Dan eran el mismo. Con una nerviosa sonrisa, y mirando nuevamente a Dan, Red asintió concordantemente.

Algunas horas después, la luz del sol bañó árboles, edificios y demás. Muchos entrenadores y visitantes ya estaban dando paseos entre puestos de comida y edificios de batalla. Red estaba sentado a la mesa con Eileen y Brandon, alardeando sobre cómo siempre derrotaba a Lance en las prácticas que tenía con los miembros de la Elite Four.
-Red, tu historia es muy interesante –le interrumpió su hermana –Pero Tucker participará en el torneo de hoy y quisiera conseguir ese símbolo

Eileen y Brandon se levantaron, mientras Red dejaba caer sus brazos y su cabeza sobre la mesa, como si estuviera cansado. Levantó un poco la cabeza para ver a Brandon acomodándose la pequeña mochila negra en su cinturón, mientras escuchaba a su hermana alejarse. El joven hizo una mueca de aburrimiento y bostezó.
-¿También saldrás? –preguntó; miró a Brandon asentir
-Acompañaré a Eileen hasta el Domo de Batalla y después iré a ver a Noland para entregarle unas piedras evolutivas

Red gruñó por lo bajo, pero Brandon pareció no darle mucha importancia. El entrenador de Kanto se levantó también, y por segundos pareció meditar.
-Creí que ibas a quedarte, y pensé que podríamos hacer algo
-¿Cómo qué?
-Ver películas en la tele, contarnos cosas, entrenar a nuestros pokémon. No sé, cosas que hacen los amigos
-Me encantaría, pero tengo que revisar la cantidad de objetos que quedan disponibles en la Pirámide de Batalla, retirar las bayas en mal estado y tomar algún reto, si es que lo hay
-Ya veo… -pareció desanimado, dejando caer sus hombros –Bueno, te ayudaré un rato, ¿te parece?
-Si eso quieres… -miró de reojo al joven entrenador, frunciendo el ceño

Al volver con ellos, la joven miró el aburrido rostro de su hermano. Luego, su mirada se posó en el Frontier Brain, quien le sonrió. Él se ofreció a escoltarla, galantemente, mientras Eileen soltaba una risita, entrelazando su brazo con el de él. Mirándolos alejarse, Red hizo una mueca.
-Empalagosos –dijo para sí mismo, tal vez avergonzado

La primera parada era el espectacular Domo de Batalla. Red admiró, boquiabierto, la estructura. No lo recordaba tan imponente. Soltándose del brazo de Brandon, Eileen también miró el edificio, con la confianza suficiente.
-¿Qué pokémon usarás, Leaf? –preguntó el campeón de Kanto

El semblante de la chica se hizo serio. Pasó su mano por las cuatro pokébolas que tenía aseguradas en su cinturón de pokébolas.
-Aún no decido qué pokémon lucharán. Al principio quería darle una sorpresa a Tucker, así que tenía planeado enfrentarlo con pokémon que el también tiene… Ya que ambos coincidimos en entrenar un Salamence, y si estoy en lo correcto, un Charizard también, conseguí a un tercero. Pero ahora no sé si sea buena idea
-¿Y eso por qué? –volvió a cuestionar su hermano; ella se encogió de hombros
-Debería conocer muy bien las capacidades de esos pokémon, y sinceramente no quiero perder contra él
-Tucker conoce las debilidades de sus propios pokémon –respondió Brandon; los jóvenes le miraron atentos –Él los entrena a su gusto, y lo más importante para él es dar un espectáculo. A menos que lo enfrentes con las mismas estrategias que él usa, no tendrás problemas. Incluso, con los movimientos correctos, podrías derrotarlo con un solo ataque y con sólo un pokémon

Grabando esas palabras en su mente, Eileen asintió. Pero seguía en duda sobre cómo enfrentarse al reluciente As del Domo de Batalla.
-Red, no le causes muchos problemas a Brandon, ¿entendido? –estaba seria, y su hermano asintió rápidamente; pareció relajar su expresión, y ondeó un adiós para ellos –Los veré después

Se quedaron de pie frente al edificio hasta que Eileen entró. Red dio unos pequeños saltos, como si fuera parte de un calentamiento para alguna actividad deportiva. Sin entender el comportamiento del muchacho, Brandon suspiró, derrotado, y caminó en dirección a la Fábrica de Batalla. Al verlo marcharse, Red le persiguió trotando.
-Oye, no los estoy molestando ¿verdad?
-¿Por qué lo preguntas?
-Bueno… Leaf está algo enojadita, y tú parece que intentas ignorarme –respondió, mirando hacia el suelo –Si los molesto, me puedo ir

Volteó a ver al cabizbajo muchacho. Red logró hacerlo sentir culpable.
-Viniste porque estabas preocupado. Si mi hermana se enterara que yo estoy enfermo, me pregunto si vendría a verme o no. Pero tú estás aquí por Eileen, y estoy seguro que ella lo aprecia en el fondo. Yo debería agradecértelo también

Red levantó la mirada, y sonrió. Quiso cambiar el tema rápidamente, y preguntó lo primero que le vino a la mente.
-Hermano, ¿de dónde sacaste todas esas piedras evolutivas?
-De un conocido que vive cerca de Mossdeep. Intercambiamos objetos cada que voy por esos rumbos
-¿Podrías apartarme una Piedra Trueno? –pidió; el Frontier Brain volteó a verlo –El Centro Comercial de Ciudad Celadon dejó de venderlas desde hace tiempo, y ahora son difíciles de conseguir en Kanto

Casi imperceptiblemente, asintió. La alegre sonrisa de Red, después de unos segundos, pareció una mueca maléfica.

Terminado el registro, Eileen entró rápidamente al cuarto de espera que se le había asignado. Lo primero que hizo fue revisar la información de los participantes. Su primer enfrentamiento sería contra un chico rubio que ahora se catalogaba como un "entrenador cool". El cabello rubio, peinado de forma que emulara a esa clase de entrenadores, le hacía ver un poco diferente. Pero esos impertinentes ojos azules y esa burlona sonrisa lo delataban. Sus sospechas quedaron resueltas al ver el nombre del entrenador. Apretó sus puños, furiosa. Faltaban algunos minutos para que empezara el torneo.

Sentado en uno de los sillones que había en la recepción de la Fábrica de Batalla, Noland esperaba, impacientemente, la llegada de Brandon. Su pie derecho golpeaba el suelo insistentemente, perdiendo poco a poco su paciencia. Al ver entrar a su compañero, Noland saltó del sillón, con una apariencia divertida.
-Estaba a punto de irme a trabajar –dijo, y dio una palmada al hombro de Brandon –Tuve un sueño en el que construía una edificación móvil, capaz de volar pese a su tamaño. Quiero ver si es posible realizarlo

Noland estaba encantado con su sueño. En sus ojos había un trazo de ilusión por hacerlo realidad. Pero Brandon permaneció incrédulo, mirándolo como si se tratara de un infante tonto. Red, por su parte, miraba a cada uno, pensando en si sería buena idea o no opinar también.
-Ese es el sueño más absurdo que me has contado –objetó, mirándolo con leve molestia
-Búrlate todo lo que quieras, pero los más grandes inventos y artes nacen siempre como una idea loca
-Si demuestras que es posible, me encargaré de financiar tu proyecto aunque me quede en la ruina
-¡Hecho!

Sellaron el pacto con un apretón de manos. Red permaneció callado, apretando un poco la piedra trueno que Brandon le había regalado.
-En ese caso, lo modelaré justo para ti –siguió hablando el joven inventor, soltando el agarre de su mano –Una Pirámide de Batalla móvil. Seguro que llamará la atención
-Seguro que será un fracaso –dijo Brandon, riendo por lo bajo

El Jefe de la Fábrica tomó nota de la presencia de Red. Volteó a verlo, con una sonrisa amplia, y también le dio una serie de palmadas sobre el hombro.
-Veo que el todopoderoso de Kanto ha vuelto, ¿vienes a tomar el reto de mi instalación?
-No, sólo vengo a acompañar a mi hermano –respondió rápidamente –Además, no quisiera humillarte como hice con la rubia impertinente
-Oye, oye, tranquilo –tomando control de la situación, Noland respondió calmado –Podrás haber sorprendido a todos con ese extraño pokémon, pero en ésta instalación hacemos las cosas diferente, ¿entendido?
-Tal vez después. Por ahora, pasaré tiempo de calidad con mi hermano tirando bayas podridas y… y… -se quedó pensando en su itinerario del día, pero nada más venía a su mente –Y haciendo otras cosas, sí
-Ah, cierto, antes que lo olvide –interrumpió Brandon, sacando de su pequeña mochila negra una pequeña bolsa que contenía las piedras evolutivas –Me dijiste que ésta vez no querías muchas, me pareció raro, pero al menos no tuve que intercambiar muchas cosas con mi amigo

Noland recibió la bolsa con las piedras que tanto quería. Estaba contento, por no decir más. Casi tan contento como Red con su piedra trueno y sus ansias por evolucionar a su pokémon.

Para Eileen, la batalla daría inicio. De sus tres pokémon, seleccionó dos para la primera ronda. Estudió con detenimiento al equipo de su rival, e intentó calmarse lo mejor que pudo mientras esperaba que el otro entrenador entrara a escena. No tuvo que esperar mucho.

El caminar del muchacho era seguro, pero esto no le impresionó para nada. Si bien sus ropas y corte de cabello habían cambiado, para ella este entrenador seguía siendo el mismo Dominic. Suprimió las ganas que tenía de reventarle la cara por haber insultado a sus pokémon, pero el gran Arceus le había concedido la oportunidad de barrer el suelo con él en una batalla pokémon. Al verla en el otro extremo del campo de batalla, Dominic apartó de su vista unos mechones de cabello sueltos, y rió, como si estuviera provocándola aún más.

El presentador de batalla, vestido para la ocasión como todo un elegante maestro de ceremonias, avivaba con señas los gritos del público. Con firmeza, apretó su micrófono, y dio paso a la presentación de los entrenadores.
-Su tarjeta de presentación en el Domo de Batalla lo clasifica como un entrenador por encima de la media, pero, si ha llegado tan lejos en la serie de torneos, significa que no se le debe tomar a la ligera ¡Nuestro retador, Dominic, en el lado azul!

Los gritos de ánimo se escucharon por todo el lugar. Dominic saludaba a la audiencia, como si él fuera la verdadera superestrella. Eileen gruñó por lo bajo. Más que "vulnerable", se sentía como un Camerupt a punto de hacer el ataque Estallido.

El presentador hizo señas para que la gente bajara sus ánimos un poco y así continuar con su trabajo. Los gritos y porras bajaron de intensidad, pero, de alguna forma, seguían sonando estruendosos.
-¡La mejor candidata a ser campeona del Domo de Batalla! O al menos a llegar a la final. Con ataques fuertes y directos, ¡Eileen, en el lado rojo!

Las porras para la entrenadora se hicieron sonar también. Lo magnífico del Domo de Batalla era que, sin importar si eran conocidos o no, la gente siempre animaba a los entrenadores. Ni Dominic ni Eileen se dirigieron palabra alguna. Se reconocieron al verse como contrincantes en el cuarto de espera, y sabían que en esa batalla debían luchar como nunca.

En su mano, Dominic tenía una pokébola Premium con rocas preciosas incrustadas. Sin más, la lanzó al campo de batalla, liberando a su Absol. Eileen observó al pokémon de tipo siniestro frente a ella. Sabía, de alguna forma, que Dominic usaría ese como líder. Apretó la pokébola genérica en su mano, con la confianza en que él no fallaría.
-¡Kerry, puedes vencerlo!

Con la pokébola al frente, apuntó al campo de batalla. La luz de la pokébola liberó a un extraño pokémon armadura. El caparazón grisáceo relumbraba con las luces sobre él. Armaldo miró salvajemente a Absol.
-¡Kerry, Tijera X!

El primer ataque fue dirigido por Eileen. Kerry emitió un brillo verdoso de sus garras al cruzarlas. Corrió hacia Absol, y, descruzando sus afiladas garras, golpeó al pokémon rival. Absol se elevó unos cuantos metros, y al estar a punto de caer, Kerry le dio un remate con sus aún verdosas garras, azotándolo fuertemente contra el suelo. El desconocido ataque de tipo bicho tomó por sorpresa al riquillo. Absol, lentamente, se levantó, y gruñó con fiereza.
-¡Absol, Cola de Hierro!

Al tener cerca Kerry, Absol sólo tuvo que girarse velozmente. El golpe de la plateada cola de Absol movió e hizo tambalear a Kerry, quién tomó una posición para equilibrarse. Los entrenadores no se molestaron en hablarse, estaban comunicándose perfectamente con los movimientos de sus pokémon.
-¡Demolición!

Alzando sus garras, Kerry las dejó caer con fuerza contra Absol. Parecía que sería el golpe de gracia, pero, para sorpresa de Eileen, Absol detuvo el ataque con la cuchilla que tenía en la cabeza. Por más que Kerry intentó someterle, Absol usaba todo su poder en bloquear las garras del pokémon fósil. Aún más sorpresivo fue cuando el pokémon desastre rompió la concentración de Kerry, liberándose de su ataque Demolición. Su cuchilla rozó el pecho del Armaldo, creando unas cuantas chispas. Si se hubiera tratado de otro pokémon sin una armadura natural tan dura como la suya, le hubiera hecho un profundo corte.

Eileen gruñó y apretó los puños al ver esto. Dominic, por su parte, sonrió socarronamente. Había mejorado más que mucho.
-¡Absol, As Aéreo!

Impulsándose con sus patas traseras, su pokémon dio un alto salto. Su cuchilla brilló con luz blanca, dejando una estela del mismo color. Kerry miró con atención el salto del otro pokémon. Aunque fue cosa de segundos, logró analizarlo con suma velocidad. Justo como Eileen había hecho.
-¡No te muevas! –ordenó; Kerry asintió, lanzando un gruñido para mostrarse de acuerdo

El golpe de Absol fue por cosa de segundos, y logró hacer retroceder unos centímetros a Armaldo. Sin embargo, esos segundos fueron vitales para Kerry. Su contorno se iluminó con una luz azul, y dio un potente cabezazo a Absol, retirándolo de él hasta hacerlo salir del campo de batalla. Su delgado cuerpo rebotó sobre el suelo, y el pokémon siniestro lanzó un gruñido apagado. Armaldo jadeó pesadamente luego de esto, y la luz que lo rodeaba se apagó. Su ataque Superpoder lo había dejado agotadísimo.

Absol no pudo levantarse, y ese fue el fin de su participación. Cuando Dominic devolvió al malherido pokémon a su pokébola, el público vitoreaba a su valiente compañero. Por su parte, Eileen miraba a Kerry masticar la blanca y relajante hoja que en cuestión de segundos le hizo sentirse revitalizado.

Sin esperar más tiempo, Dominic lanzó a su siguiente pokémon. Un animoso Ludicolo salió al campo de batalla, contoneándose con ritmo, haciendo gritar al público. Aunque al anterior pokémon lo había visto automáticamente como a un rival, Kerry se quedó mirando, divertido, el baile del Ludicolo. Movió sus garras, llevado por el innato ritmo del otro pokémon. Sin embargo, probó ser un error. Al verlo distraído, Ludicolo le empujó con sus enormes manos. El Armaldo de Eileen perdió el equilibrio y cayó de espaldas. Esto había sido el ataque Sorpresa de Ludicolo.

Con algo de esfuerzo, el pesado pokémon fósil se levantó. Ludicolo seguía bailando, pero ya no le parecía divertido.
-¡Tijera X!

Las garras de Armaldo tomaron el brillo verdoso. Cruzándolas, se acercó a Ludicolo y golpeó con toda la fuerza que tenía. Ludicolo lanzó un chillido cuando las pesadas garras de Kerry cayeron sobre él.
-¡Contraataque! –ordenó Dominic; Ludicolo adquirió una expresión maléfica

Su contorno brilló en naranja, y empujó con sus inmensas manos a Kerry. Una inusual fuerza hizo retroceder al Armaldo, volviendo a derribarlo. Ésta vez, parecía que no iba a levantarse, pues permaneció varios segundos sin moverse. Intentó levantarse, pero los picos de su espalda se habían enterrado en el suelo. Kerry estaba a punto de desvanecerse, pero su Tijera X también dañó, mucho, a Ludicolo.
-¡Ludicolo, Hidrobomba!

Al abrir la boca, un enorme chorro de agua emergió de Ludicolo. El agua a presión empujó al Armaldo, arrastrándolo más y más, hasta hacerlo llegar a los pies de su entrenadora. Unas gotas de agua salpicaron las piernas de Eileen, y dio un paso atrás, intentando mantenerse seca y lejos de la Hidrobomba del pokémon rival.

Cuando el chorro de agua cesó, la entrenadora pudo ver el resultado de esa batalla. Al ver su expresión de incredulidad, Dominic sonrió, burlonamente, mientras Eileen devolvía a su pokébola al debilitado Kerry. Estaba muy sorprendida por la habilidad del riquillo que hacía un año no sabía cómo comandar a unos pokémon.
-Es hora de que termine con esto de una vez… -se dijo, y, apuntando hacia el cielo su pokébola, llamó a su pokémon -¡George, sal ahora!

Sintió la pokébola abrirse en su mano, y un empujón de fuerza que la movió un poco. En segundos, su feroz Salamence sobrevolaba el área. Dominic miró al pokémon dragón. Su temple se desvaneció por segundos, pero volvió a su confiado perfil.
-¡Ventisca! –ordenó el entrenador

El pokémon planta y agua sopló, expulsando un viento frío que pronto arrastró también nieve y pedazos de hielo. Los copos blancos se pegaron en las rojas alas de George, el cual, al tenerlas inmóviles y congeladas comenzó a perder altura rápidamente. Dominic sonrió para sí mismo, mientras Eileen rechinaba los dientes. Estaba esperando a que el Salamence se azotara contra el suelo para dar el golpe final.

Sin embargo, el dragón logró aterrizar con seguridad. Sus alas seguían congeladas, lo cual le dio una esperanza al entrenador rival. George comenzó a extender sus alas heladas. Se escuchó un crujido cada que las extendía, hasta que el hielo en sus alas comenzó a caer al suelo. Gruñó, enojado, enseñando los colmillos de forma feroz a Ludicolo.
-¡Usa Vuelo!

Aleteando con fuerza, retomó al aire. Voló en círculos sobre Ludicolo, buscando un punto en el cual atacar. Dominic y su pokémon divisaron desde el suelo.
-¡Rayo Hielo! –ordenó, apuntando hacia el Salamence en el cielo

Ludicolo apuntó sus palmas hacia George, mientras una bola azulada y fría se formaba. Chilló, y de esa bola se desprendió un rayo blancuzco que se dirigía hacia el Salamence. George comenzó a moverse lejos, pero Ludicolo le seguía. Abriendo el hocico, utilizó su fuerte Lanzallamas para contrarrestar el efecto del Rayo Hielo. El fuego de su ataque evaporaba el rayo de Ludicolo.
-¡Golpéalo ya! –ordenó Eileen; George lanzó un ensordecedor rugido

Aunque el Rayo Hielo de Ludicolo seguía, Salamence hizo un doble esfuerzo, siguiendo con su defensivo Lanzallamas mientras caía en picada hacia Ludicolo. Con la proximidad, Ludicolo sintió más y más calor, además que su helado ataque se volvía inútil. Cuando George observó a Ludicolo parar su ataque, se enrolló como haría un Donphan o un Scolipede, se cubrió con sus alas, y aumentó su velocidad. Ludicolo intentó correr hacia otro lado, pero fue golpeado y empujado por lo que parecía una pelota azulada y roja. Ludicolo se azotó contra el suelo, rebotando un poco. Expectante, Dominic esperó a que su pokémon se levantara. Pero no lo hizo.

El público estalló en gritos, alentando a la entrenadora que ganó esa batalla y a su Salamence. George volvió hacia ella, dándole amigables lengüetazos en las mejillas, provocándole risas. Por su parte, Dominic admitió su derrota, asintiendo y regresando a su pokémon. Eileen le vio darse la vuelta para marcharse, y corrió hacia él. Tocó el hombro del entrenador cool, haciéndolo voltear. La expresión de Dominic parecía ser de vergüenza.
-Entonces así se usa un Salamence –soltó, y sonrió levemente –Supongo que debo disculparme contigo
-Lo más importante son tus pokémon. Si te soy sincera, hubiera preferido luchar contra tu Kabutops, ¿cómo lo conseguiste?

Dominic sonrió ampliamente.
-El dinero no puede comprar el cariño de los pokémon, pero sí fósiles inertes

Eileen extendió su mano hacia él. El chico rico entendió y, asintiendo, le dio un apretón de manos. Desde ese momento, entre ellos, no quedaría ningún rencor.

Para Red y Brandon, la batalla de práctica había terminado. Red miró con atención la pokébola en su mano, con el pokémon que justo había usado. Aclaró su garganta, y metió la pokébola a su bolsillo. Divisó frente a él, a Registeel. El cuerpo del pokémon de acero fue recorrido por electricidad, y, si fuera de otro tipo, hubiera temblado. Brandon devolvió a su pokémon, pensando en lo que había ocurrido en esa batalla.
-Elfman es fuerte, ¿eh? –preguntó Red, acercándose
-Demasiado
-Estuvimos a punto de derrotar a Registeel. Si no se hubiera quemado, lo habríamos logrado
-Ya tendrás otra oportunidad –estiró sus brazos, y Red le copió –Tenemos que ponernos a trabajar
-Después de ésta batalla de entrenamiento, ya no quiero hacer nada más –suspiró –Si Elfman tuviera más energía, seguiríamos, ¿verdad?
-Mañana, Red. Debemos dejar que nuestros pokémon descansen

Suspirando pesadamente, Red comenzó a seguirlo.

Eileen había regresado a su cuarto de espera. Se había tirado en el sofá, descansando la vista. Sentía su sangre bajar y una molestia punzante en el vientre.
-Maldición, tengo tanta hambre… -suspiró; miró hacia su mochila, con algo de pena –Las pastillas no me hacen efecto, así que tendré que aguantar el dolor

Tomó la mochila y rebuscó entre sus contenidos. Necesitaba encontrar ese suave paquetito morado antes de ir a la siguiente ronda. Un portazo, sin embargo, le asustó, y soltó la mochila, crispada.
-¡No puedo creer que hayas luchado contra ese Dominic! –la voz era de Tucker; con otro azote, la puerta fue cerrada –De verdad mejoró mucho, ¿no?
-Bastante… -respondió ella, nerviosa por la entrada del As del Domo –Ésta vez sí sabía lo que estaba haciendo
-Espero que continúes así de bien. Tú y yo debemos enfrentarnos en la final
-Tucker, estoy segura que puedo derrotarte con sólo un pokémon –confiada, miró fijamente al Frontier Brain –He visto a los pokémon que traes hoy. Metagross, Salamence y Swampert. Tengo al pokémon que vencerá a cualquiera de esos con el mínimo esfuerzo
-No estés tan segura que tu Salamence podrá él solo. Especialmente contra mi Swampert
-Ah, yo no estoy hablando de George –le respondió; Tucker frunció el ceño -¿Qué no revisas los datos del torneo?
-Ahh… no he revisado tus datos aún –dijo; se rió, casi de la nada –Pero iré a verlos ahora mismo en mi camerino. Te esperaré en la final

Tucker la dejó sola. Eileen suspiró y se hundió más en el sofá. Odiaba mucho esos días del mes.

Las siguientes batallas fueron aburridas para Eileen comparándolas con la de Dominic. Pero el reto que se había propuesto, vencer a Tucker con sólo un pokémon, debía cumplirlo, y le mantenía con la entereza necesaria. Eileen temblaba de emoción cada vez que se acercaban a la final.

Se quedó en el campo de batalla, esperando la llegada de Tucker al encuentro. Pese a sentir molestias en el vientre, y sentir un temblor recorrer sus piernas, permaneció tranquila. De repente, las luces se apagaron y el público gritó de emoción. Los reflectores encendieron sus blancas luces, moviéndose de un lado para otro, iluminando a la gente. Unos rugidos se escucharon, y unas espirales de fuego alumbraron. Las espirales envolvieron a los dos pokémon que las expulsaban, el Salamence y Charizard de Tucker. En el aire, los dos pokémon fueron captados por los reflectores. Estando en diferentes extremos, ambos lanzaron sus Lanzallamas, chocando, creando un largo camino de fuego. Una tercera luz se posó sobre un Metagross; el pokémon llevaba sobre sí, sentado cruzando las piernas, a Tucker. Las fanáticas del entrenador gritaron tan fuerte que Eileen tuvo que tapar sus orejas. Metagross iluminó su máscara plateada, la cual refulgía en una luz púrpura. Usando su ataque Psíquico, unas esferas moradas ascendieron hacia las llamas entrando por un extremo y saliendo por el otro con una flama dentro. Parecían globos de papel de seda, brillantes, volando hacia el público. Las incandescentes esferas se achicaban, consumándose dentro de ellas, también el fuego. Las luces de todo el edificio se encendieron, y los ataques de los pokémon pararon. Tucker bajó de su Metagross y saludó amistosamente hacia el público, el cual aumentaba los gritos de emoción. Sus pokémon se colocaron en su parte del campo de batalla, esperando pacientemente el momento de la batalla. El presentador se acercó a Tucker, ofreciéndole el micrófono.
-¡Saludos, queridos espectadores! –comenzó; las chicas entre el público gritaban su nombre –Espero de todo corazón que disfruten la siguiente batalla. La entrenadora frente a mi es una buena amiga que ha logrado llegar hasta aquí con todo su esfuerzo. ¡Lo menos que merece es una ronda de aplausos!

Las palmas chocaban enérgicamente, los ánimos hacia ella se hicieron llegar, incluso, de los pokémon de Tucker. El poder de convencimiento del As del Domo era impresionante.
-¡No quiero que perdamos más tiempo! ¡Que la batalla inicie!

Devolvió el micrófono al presentador, el cual se alejó del campo de batalla. Acercándose hacia sus pokémon, les sonrió. Eileen suspiró, tocando las pokébolas en su cinturón, como hacía siempre,
-¡Prepárate! –anunció -¡Tu primer contendiente será Metagross!

El pokémon de acero se concentró y, con su fuerza psíquica, se hizo flotar a sí mismo al campo de batalla. Su armadura era brillante, lustrosa. Tucker se había pasado largo rato puliendo esa metálica superficie. Rápidamente, tomó la pokébola elegida, apuntando hacia Metagross. El rayo de luz liberó a un pokémon azul, con brazos fuertes y una enorme aleta en la cola. Golpeó el suelo con sus fuertes puños, imponiéndose frente a Metagross.
-Así que tu sorpresa era un Swampert –Tucker puso sus manos en su cadera, divisando al pokémon –Bueno, veremos qué tan fuerte es comparado con el mío –sonrió socarronamente –Claro, si es que soporta los ataques de Metagross
-Chris es capaz de vencer a Metagross y Swampert él solo –su pokémon gruñó, asintiendo -¡Destrocemos éste campo de batalla! ¡Chris, Terremoto!

El rugido de su pokémon acompañó el movimiento de sus pesados brazos al caer. Sus nudillos al golpear causaron una onda de choque que removió el suelo debajo de ellos, viajando hacia Metagross. Tucker se rió.
-¡Ahora, elévate!

Justo a tiempo, la energía psíquica de Metagross le hizo levantarse. El Terremoto de Chris fue inútil.
-Hubiera sido más sencillo si le hubieras dicho que usara Levitón –refunfuñó –Me hiciste perder un turno y eso me molesta
-¿Levitón? –preguntó -¿Es eso un movimiento?
-¿No lo conoces? Deberías actualizarte
-Primero te venceré –las fanáticas del hombre gritaron al escucharlo manejar la situación -¡Puño Meteoro!

Impulsado por su poder psíquico, Metagross se acercó a toda marcha hacia Chris. Su antebrazo derecho brilló, y en sus afiladas garras una luz amarilla apareció, formando un cometa con su estela. El puñetazo dio en el mentón del Swampert, haciéndolo volar hacia arriba. Aturdido, logró recobrarse en el aire.
-¡Cascada!

Recubriéndose de agua, Chris apuntó para caer encima de Metagross. Parecía una enorme gota de agua cayendo. Tucker sonrió con suficiencia.
-¡Psíquico!

Los ojos de Metagross brillaron con color púrpura. En el aire, Chris detuvo su caída. Estaba suspendido, a pocos metros de Metagross, sin poder moverse, oprimido por una fuerza invisible.
-¡Apriétalo, Metagross!

El pokémon de acero chilló, y la fuerza invisible rodeó el contorno de Chris con un tono fucsia. Seguido de esto, pareció absorber el agua que rodeaba al pokémon de Eileen. Unos espasmos recorrieron el cuerpo del Swampert, el cual comenzó a retorcerse de dolor frente a todos.
-¡Y ahora azótalo contra el suelo!

Haciendo caso, Metagross volvió a gruñir, y Chris cayó con velocidad hacia el suelo, abriendo una grieta y hundiéndose un poco.
-¡Metagross, Puño Meteoro otra vez!
-¡Chris, intenta hacerte a un lado!

Su Swampert escuchó a Metagross aproximarse. Se apoyó con sus fuertes brazos para levantarse. Estaba furioso, y quería darle su merecido al pokémon que le estaba quedando hacer mal frente a su entrenadora. Se concentró y, cuando Metagross estaba a punto de darle el golpe, saltó lo más que pudo.
-¡Bien hecho! –gritó eufórica, mientras Metagross parecía confundido -¡Haz que se entierre!

Unió sus dos manos mientras caía, y aporreó con toda su fuerza la superficie plana de Metagross. El golpe hizo que el pokémon psíquico perdiera la concentración. Chris se paró sobre Metagross, y volvió a impulsarse con sus patas traseras. Ahora su fuerza estaba alojada ahí. Al caer, la fuerza en sus patas hizo que Metagross enterrara sus enormes garras blancas. Chris dio otro salto, bajando de Metagross. Tucker perdió la calma.
-¡Ahora, intenta Terremoto una vez más!

Cerró los puños, y los azotó contra el suelo. Ésta vez el movimiento tectónico hizo mover el edificio entero. Las personas se abrazaban a lo que podía mientras duró la confusión. Eileen se tambaleó y los pokémon de Tucker levantaron el vuelo, Charizard cargando a su entrenador. El movimiento paró, y Chris se incorporó. Miró a Metagross y pareció soltar una risa nasal, burlándose del debilitado pokémon. Charizard descendió, bajando a un incrédulo Tucker.
-Mira eso… -murmuró –Parece ser que vas en serio con eso de vencerme con un solo pokémon. Y yo aquí subestimándote
-No debiste hacerlo –le respondió, mientras él hacía regresar a Metagross

Tucker chasqueó los dedos, y el presentador corrió hacia él con una pokébola sobre un cojín color vino. Tucker tomó la pokébola y puso la de Metagross en su lugar. El animador pronto corrió, alejándose.
-Metagross ya disminuyó la energía de tu Swampert. Veamos qué tanto soporta contra un verdadero campeón –lanzó la pokébola en su mano la cual, al estrellarse, liberó a su propio Swampert -¡Veamos quién tiene al mejor Swampert!

El publicó vitoreó el nombre de Tucker. Aquellos con mantas y pancartas las movieron enérgicamente. Tucker y su Swampert se sentían bien entre todo ese alboroto.
-¡Le queda poco para caer, Swampert! ¡Híper rayo!

El Swampert de Tucker abrió el hocico, y ni bien lo hizo, un enorme rayo anaranjado fue disparado hacia Chris.
-¡Usa Protección!

Rápidamente, Chris cruzó sus brazos frente a su cabeza. Una esfera verdosa lo rodeó, y el rayo naranja chocó contra ésta capa. El ataque del Swampert de Tucker fue absorbido por la capa protectora, la cual cambió de color a naranja. Cuando el ataque se detuvo, Chris alzó la mirada, y su movimiento defensivo se desvaneció en el aire. El pokémon de Tucker jadeó, cansado por el ataque que usó.
-Está a nuestra merced, Chris ¡Ataca con Brazo Martillo!

Con su antebrazo derecho desprendiendo luz blanca, Chris corrió hacia el otro Swampert. Le asestó el golpe en la cabeza, derribando al pokémon de su especie. Azotándose, el Swampert de Tucker gruñó por lo bajo.
-¡Swampert, vamos! –animó a su pokémon, el cual comenzó a levantarse -¡Puño Hielo!

Los puños del Swampert de Tucker soltaron un aire frío. Su puño derecho se congeló rápidamente y, justo como había hecho Metagross, Swampert golpeó el mentón de Chris. Sin embargo, éste golpe sólo lo empujó un poco. Chris se reacomodó, enojado, y esperando la próxima orden.
-¡Aléjate un poco, Swampert! –gritó Tucker; su pokémon se paró cerca de él –Si derrotamos a este Swampert podremos luchar contra su Salamence o Armaldo y así tendremos las cosas más sencillas… -su pokémon asintió -¡Swampert, Hidrocañón!

Swampert se puso en cuatro patas, y sus ojos quedaron totalmente en blanco y su cuerpo se revistió de un color azul marino. Chris, por su parte, empezó a concentrarse para usar protección. El Swampert rival abrió el hocico y lanzó un chorro de agua aún más potente que una Hidrobomba. El pokémon fue empujado un poco por el poder de ese ataque.
-Devuélveselo –dijo Eileen; aunque su pokémon seguía teniendo la vista enfrente, estaba desconcertado -¡Manto Espejo!
-¡¿Qué cosa?! –gritó Tucker

Levantando los brazos frente a él, Chris creó una muralla rosada. El Hidrocañón chocó contra éste muro, y a Chris le costó trabajo mantenerse de pie, pues el ataque le hacía retroceder. El muro rosa absorbió el ataque del otro pokémon, el cual, cansado, jadeó y respiró con fuerza, manteniéndose en cuatro patas. Los ojos de Chris se quedaron en blanco, y el muro que él sostenía frente a él comenzó a moverse con mucha fuerza. Chris podía sentir ese temblor bajo sus palmas. El muro rosa se iluminó con luz blanca, y un rayo de ese mismo color fue lanzado hacia el otro Swampert, al mismo tiempo que Chris lanzaba un rugido. El rayo blanco engulló al otro Swampert, y un alarido proveniente de ese pokémon fue lo único que se escuchó. Tucker apretó los puños, sabiendo mejor que nadie el resultado de la batalla.

Después de la conmoción el humeante cuerpo de Swampert permaneció tirado. El público murmuró, incrédulos, pues era muy, muy difícil ver perder a Tucker. Suspirando, y admitiendo la derrota, Tucker comenzó a aplaudir al cansado Chris y a su tímida entrenadora. Pronto el público se unió a él, y el ánimo volvió al recinto. Red y Brandon llegaron justo para escuchar los aplausos, y se quedaron mirando hacia el campo de batalla.
-¡Ah, no me esperó! –gritó Red -¡Estoy seguro que tuvo una buena batalla! ¡Y no la vi!

Ambos se apoyaron en la baranda, y suspiraron.

El presentador llegó rápidamente con una pequeña caja de plástico transparente, la cual contenía el Símbolo de Táctica. Tucker la tomó, y le sonrió a la entrenadora. El presentador acercó el micrófono a ellos para que todos escucharan lo que hablaban.
-Bueno, lograste ganar con sólo un pokémon
-Sí, pero cometiste un grave error al usar esos dos ataques –le recriminó
-Hay algunos movimientos que no conozco, y aunque no me despistaron mucho, debo decir que parecían impresionantes y muy fuertes. ¿Tijera X?, ¿Brazo Martillo? ¿Dónde aprendiste eso?

Eileen sonrió.
-Aprendí del mejor maestro –dijo –De Red

Aún apoyados en la fría baranda, Brandon volteó a ver a Red. El joven tenía los ojos llorosos. Al verlo así, el Frontier Brain soltó una risita.
-¡Leaf! –gritó con fuerza, usando sus manos como un megáfono; la entrenadora volteó a todas partes al escucharlo -¡Buen trabajo!

Al localizarlo, Eileen sonrió ampliamente, alzando el pulgar hacia su hermano. Red hizo lo mismo. Tucker le hizo una señal al presentador, el cual asintió. Pronto, las luces en el domo se apagaron, y los reflectores buscaron a Red y a Eileen.
-¡Damas y caballeros! –comenzó Tucker -¡Yo, el As del Domo de Batalla, me complazco en anunciarles del gran enfrentamiento que se llevará a cabo mañana en éste lugar! –la gente murmuró, preguntándose de qué se trataba -¡El campeón de la Liga Pokémon de Kanto, Red, contra la vencedora del día de hoy, Eileen!

Al fondo se escucharon gritos de ánimo. Red y Eileen estaban completamente perplejos ante ese anuncio.