Capitulo #38: Aclarando Dudas
(Isabella)
Marcus había desaparecido desde hace rato.
No me había dado cuenta por que todo el tiempo había estado con la policía, rindiendo mi declaración y después llegó Edward a mi lado y nos abrazamos fuerte con nuestra hija entre nosotros, no deseaba alejarme ni un momento de ese calor y esa protección que tenía entre sus brazos.
Edward y yo ya nos íbamos cuando por casualidad había escuchado decir a los paramédicos que el ninguno de los heridos había sobrevivido, la unidad de forenses acababa de llegar… Vladimir había muerto victima del balazo que Jacob le había dado, directo a la yugular. Nunca le desee algún mal a alguien. Pero realmente me relajaba y era un gran alivio el hecho que ese hombre no existía mas para provocar daño.
Marcus debía estar destrozado. Lo busque por la playa, abarrotada de policías e investigadores, además de toda mi familia; un hombre como él no podía pasar de desapercibido así como así. Pero Marcus no aparecía.
Cuando desperté, lo primero que hice fue levantarme a toda prisa e ir a ver el cunero de mi hija… estaba ocupado por un hermoso angelito… di gracias a Dios por que por primera vez en días, pude respirar tranquila, sabiendo que mi hija estaba ahí, a mi lado…
Sentí a Edward abrazándome de la cintura y recargue mi cabeza en su pecho.
-La pesadilla se ha acabado Bella –murmuró, y luego me dio un beso en la cabeza.
-Si amor –susurré –al fin terminó.
Renessme dormía apaciblemente en su cuna y ya no había mas nada que pudiera perturbar su seguridad y ni su bienestar. Nada ni nadie volvería a separarnos, jamás.
Leah, su tía, aquella que la cuidó tanto durante esta temporada difícil, estaba de regreso en casa de Charlie. Justo cuando los policías estaban recogiendo los cadáveres de Jacob y de Vladimir para llevarlos al las instalaciones de lo forense, apareció ella; caminaba tranquilamente por la playa con la mirada perdida y en su rostro había un mueca de pura tristeza… por lo menos hasta que nos vimos y corrí a abrazarla. Cuando le pregunte como era que había salido de aquel lugar tan espantoso, sólo me contesto que uno de los matones le había abierto la puerta de la habitación en la que la tenían y luego se fue.
-Ni siquiera lo vi –aseguró.
Edward yo regresamos a la cama y dormimos un rato más, pues aun era de madrugada. Despertamos por lo menos hasta después de las 08:30 de la mañana, pero seguimos en la cama junto a nuestra hija, jugando con ella y escuchando como se reía… era como si esas risas tan llenas de felicidad fueran una cura para todo el tormento que habíamos pasado.
Inevitablemente llego la hora obligada de levantarnos. Entre Edward y yo bañamos a nuestra hija y luego nos arreglamos nosotros, dejábamos a la bebé con el otro mientras uno se arreglaba y así Renessme no se quedo solita ni un momento. Bajamos las escaleras con nuestra hija en brazos y llegamos a la cocina.
Esme nos sonrió contenta, pues hoy tendríamos que hacer uso del comedor para el desayuno. Emmet y Rosalie estaban en casa con el pequeño Mathew, Alice también estaba aquí y seguro Jasper no tardaba en llegar. Hoy desayunaríamos como la familia que éramos.
Me dispuse a ayudarle a Esme con la preparación del desayuno mientras Edward y Emmet cuidaban de los pequeños de la casa sin dejar de conversar. Emmet hacia bromas tontas acerca de mí como heroína yendo a rescatar a Renessme… el único que faltaba era el jefe de la familia.
-Esme, ¿Dónde esta Carlisle? –preguntó Rose.
-Él se encuentra un poco indispuesto ahora Rose.
-¿Se siente mal?
-Un poco –admitió Esme –él también conocía a Vladimir desde hace varios años, yo conocía a los hermanos desde la cuna, fuimos amigos de la infancia y Carlisle los conoció en la preparatoria –contó con tristeza. –De alguna manera la muerte de ese hombre también ha afectado a Carlisle. Además con todo lo que ha pasado, me temo que esta un poco deprimido.
Nadie comento ya nada, pero noté que Edward se había puesto bastante serio a pesar de seguir jugando con nuestra hija. Me pregunte si acaso había tenido algún enfrentamiento con Carlisle.
Luego de un momento llegó Jasper y entre todos los saludos Esme se perdió, la descubrí al lado de Edward, parecía pedirle algo que lo tenia algo incomodo. Pero al final, como siempre, cedió a los deseos de su madre y se puso de pie. Dejo a la niña en brazos de Esme y fue escaleras arriba.
Después de un rato, habiendo pasado casi media hora, bajó… pero esta vez no venia sólo, Carlisle venia con él. Se unió al ambiente familiar reinante y también a las bromas.
Pasado el medio día Leah llamó a la casa para comunicarnos que el cadáver de Jake seria sepultado esa misma tarde a las seis.
-Está bien. Te aseguro que estaremos ahí –prometí.
-¿Estas segura Bella? –preguntó extrañada –después de todo si alguien le dio santo y seña de todo a Vladimir fue él.
Suspiré.
-Lo sé Leah, no soy ajena a eso. Créeme que cuando lo supe no podía ni siquiera creerlo, pero no quiero mas odio ni mas rencor en mi corazón, simplemente ya basta de todo eso, estoy cansada. Lo único que han hecho esos sentimientos en mi vida ha sido destruirla y ya no lo harán más. Tengo a mi hija conmigo y de alguna manera, quizás no seria así de no ser por Jacob.
-De acuerdo –contestó, pensativa.
Yo miraba a Edward quien me hacia señas extrañas, las fui uniendo todas y comprendí, lo que me llevo a preguntar:
-Leah ¿Necesitas ayuda en algo?
-Oh, no Bella.
-¿Segura? No importa lo que sea, puedo ayudarte.
-Tranquila –contestó ella –está todo bien, el seguro cubre los gastos del funeral. Ahora sólo estoy algo tensa por que Billy quiere que le haga un funeral digno a su hijo y Rechel lo apoya. No entienden que no estoy de ánimo para nada de eso. Además tampoco es como si el idiota de Black se lo mereciera.
-Todos merecemos un funeral digno Leah.
-¿Marcus se lo hizo a su hermano aun cuando secuestró y casi mató a su consentida? –preguntó.
-Eso es diferente. Además, no tengo noticias de Marcus desde lo de aquella noche –contesté.
-Oh Bella –murmuró al notar el tono triste de mi voz. –Entiéndelo, necesita tiempo, después de todo lo que sucedió.
-Lo sé Leah, pero necesito respuestas y esas respuestas sólo me las puede dar él.
-No te presiones Bella –me consoló –todo llegará cuando tenga que llegar.
Suspire…
El funeral no fue nada excepcional. No había mucha gente en él, al parecer, con el paso del tiempo, Jacob se había encargado de deshacerse de todos sus amigos; sólo estaba Leah –pero ella lo hacia por obligación, –Billy y las dos hermanas del difunto: Rachel y Rebeca.
Ambas lloraban como magdalenas y al mirar a Leah, lo hacían con rencor. Esa fue la razón por la que no me separe de mi hermana ni un sólo segundo, ella estaba sola en esto. Simplemente estábamos Sue y yo con ella, ya que Charlie se negó completamente a ir a algo relacionado con el hombre que se había encargado de destruirle la vida a sus hijas. Edward estaba conmigo, más que nada por el compromiso que habíamos adquirido con mi hermana, pero yo sabia perfectamente que si por él fuera ni siquiera hubiéramos puesto un pie en aquel lugar, al menos no en aquella situación.
Leah no derramó una sola lágrima en todo el funeral, ni siquiera miraba el ataúd. Tenia la mirada perdida, muy lejos del lugar en el que nos encontrábamos, y no estaba pensando precisamente en su difunto esposo… pensaba en algo que nada tenia que ver con lo sucedido.
¿Cómo lo sabia? Bueno, nadie sonríe en un funeral ¿O si?
Edward y yo llevamos a Sue y a mi hermana a la casa en donde nos recibió Charlie y Seth. Mi hermanastro hacia un par de días que comenzaba a andar con muletas y esperaba poder recuperarse lo suficiente para poder regresar a la universidad sin problemas.
-¿Dónde esta mi nieta? –fue lo primero que preguntó mi padre cuando llegamos.
Edward lo tranquilizó diciéndole que se había quedado con sus padres y no tardaríamos en regresar a casa. Pero para la serenidad de Charlie partimos pronto para regresar a la mansión, ya que había comenzado a tacharnos de irresponsables al dejar de nuevo a nuestra hija. Ni Edward y menos yo lo tomamos a mal, sabíamos que mi papá aun estaba un poco sensible por lo sucedido y lo único que deseaba era evitar mas tragedias, por lo que dejamos su casa y fuimos al encuentro con nuestra hija.
Íbamos de camino hacia allá, Edward conducía su volvo y se notaba muy pensativo. No lo interrumpí por que en aquellos momentos iba conduciendo, pero al llegar a casa no pude evitar preguntarle:
-Cariño –lo llamé antes de que se bajara del auto.
Él me miro y me sonrió.
-¿Si cielo?
-Te he notado bastante, no sé, ausente pero principalmente te noto disgustado ¿Pasa algo?
Edward suspiro y miró al frente.
-¿Notaste que Esme se acerco a mi cuando Jasper llegó? –asentí con la cabeza. –Me pidió que hablara con Carlisle, dijo que estaba muy afectado por algo que le dije antes.
-¿Lo hiciste? –pregunté sin desviar la mirada de su rostro.
-Si –contestó. –Hablamos de muchas cosas…y… le dije lo que pasó con Victoria –agachó la mirada, avergonzado.
Nadie mejor que yo sabía que, a pesar de que ya habían transcurrido muchos años, a mí amado esposo aun le costaba hablar de aquello que le había destruido.
-Oh… –murmuré sin saber realmente que decir.
Edward tenía las facciones duras, no demostraban emoción alguna. Después de un minuto frunció el ceño y se giro a verme.
-¿Esta bien que tu padre te pida perdón?
Suspiré.
-No lo sé, rompe todas las ideas de la jerarquía y todo eso… pero no creo que en realidad tenga algo de malo. No después de todo lo que sucedió en tu familia.
Volvió a suspirar.
-No tengo idea de como deba tomarlo, jamás pensé que algo como esto se diera entre Carlisle y yo, siempre fuimos tan unidos que… Bella, ahora no sé si puedo ser capaz de convivir con ellos, de mirarlos a los ojos sin recordar todo lo malo que pasó.
Edward estaba triste, apesadumbrado, realmente se encontraba muy desanimado. Levante mi mano y la puse encima de su muslo y lo presione levemente. Sólo quería que supiera que estaba ahí, con él y que no lo iba a dejar solo.
-Tranquilo amor –susurré, Edward me miró angustiado. –Necesitas tiempo, después de todo lo que ha sucedido las cosas no se van a solucionar así como así, de un día para otro. Hay muchas heridas que cerrar, muchas cosas por aclarar y tanto tú como tu familia tienen que volver a confiar. –Le acaricie la mejilla –Zafrina lo dijo, la confianza se pierde rápido, pero tarda mucho en volver a recuperarse.
Mi esposo sonrió, inspiro fuerte y recargó la cabeza en el respaldo de asiento.
-Supongo que es cierto. Hubo cosas que hicieron que mi familia perdiera la fe y la confianza en mí. Cuando intente recuperarla ya había hecho demasiado daño, y como ellos ya no confiaron en mi, yo tampoco confiaba en ellos. Eso estuvo mal.
-Tiempo Edward –le dije –sólo el tiempo puede solucionar esto.
Los días pasaron, y las cosas fueron tomando su curso.
Yo volví a la empresa, Edward al hospital, y todo se fue acomodando como debía de ser. Hace casi una semana que habíamos vuelto a nuestro departamento junto con nuestra hija Renessme; ya con sus cuatro –casi cinco –meses de nacida, Renessme tenia ya la capacidad de dormir toda la noche. Eso era un gran alivio para mí y para Edward. Sobre todo cuando la pasión de Edward duraba gran parte de la noche.
Mi marido me ayudaba mucho con la niña, era un excelente padre; le preparaba el biberón –ya que con todos los sustos, peleas y los nervios a flor de piel, había dejado de producir la leche que tanto bien le hacia a mi hija. –En fin, él la alimentaba, cambiaba pañales, la bañaba. Con esa gran ayuda me daba tiempo de limpiar la casa, preparar la comida y trabajar un poco. Aunque recientemente Edward me había pedido que dejara el trabajo en la oficina, pues para su gusto trabajaba demasiado y debía descansar.
Le prometí que trataría de hacerlo, pero había ocasiones en las que no podía dejarlo de lado así como así.
Por otro lado, con el pasar del tiempo mi adorado amigo seguía sin aparecer. Así que un día me propuse encontrarlo a como fuera lugar y gracias al cielo lo encontré; estaba de regreso en Nueva Zelanda y según me había contado Dídima, el hombre se encontraba muy deprimido.
-Lamento no haberle contestado sus llamadas señorita, pero lord Marcus me tiene prohibido contestar las llamadas.
Me extrañé.
-¿Por qué?
-No lo sé señorita. Desde que volvió de su último viaje está tan cambiado, ya no es el hombre alegre y despreocupado que antes era, simplemente no lo reconozco –la mujer se escuchaba muy preocupada.
-Dios –murmuré preocupada. Él no era así –pero me dices que regresó a la mansión ¿Verdad? –indagué.
-Si.
-¿Desde entonces no ha vuelto a salir de viaje?
-No señorita Isabella. O por lo menos no con la frecuencia acostumbrada.
Dios, Marcus que es lo que te esta sucediendo –.
-Mire señora Isabella –continuó Dídima. –Sé que probablemente el asunto no me importa pero no entiendo que es lo que sucede, cuando ustedes se fueron de acá tenían planes de casamiento y vuelve mi amo y lo veo así tan cambiado y convertido en un hombre completamente irreconocible. Le exijo que me diga que fue lo que sucedió ¿Es acaso que le fue infiel? ¿O es que le ha arrebatado a su hija? ¡Usted no puede hacer eso, esa niña es hija del señor Marcus! –Dídima estaba muy exaltada.
Y realmente la entendía, después de todo ella amaba a ese hombre.
-Dídima, tranquilízate y escúchame bien lo que te digo –ordené. Tenia una idea en mente y esperaba que funcionara: –Dídima, metete en la cama de Marcus, sedúcelo. A estas alturas solamente tú puedes ser capaz de sacarlo del hoyo en el que se encuentra.
La mujer se quedo muda, de lo contrario no me explicaba el silencio sepulcral que se escuchaba del otro lado de la línea. Por un momento pensé que había colgado o que se había cortado la línea, pero la respiración incontrolada que Dídima comenzaba a tener me rebeló que ella seguía ahí.
-Dídima, te juro que te estoy diciendo la verdad. Sé que Marcus siente algo por ti, lo único que necesita es un pequeño empujoncito. Demuéstrale que lo amas.
Ella no dijo nada y poco después colgamos el teléfono y seguí con mi día, un poco mas tranquila pues por lo menos sabia que Marcus seguía con vida y si Dídima se decidía y hacia lo que le aconsejé estaría mucho mejor. Cuando llegue a casa y luego de que Edward y yo estábamos preparándonos para dormir le conté la conversación que había mantenido con el ama de llaves.
-Vaya consejos que das tu he –me reprochó sarcástico.
Me reí.
-Dídima es una mujer muy bonita –le expliqué. –Es una mujer madura entrada en sus años, pero aun así es muy hermosa. Ella y Marcus ya habían tenido su pequeña historia, comenzó cuando se enteró que nos íbamos a casar.
-Así que el anciano se dio el lujo de ponerte el cuerno –se burló.
Lo mire entrecerrando los ojos.
-Nunca fue así. La intensión del presunto casamiento era darle una familia a Renessme. Y si así fuera en todo caso tú me ayudaste a que le regresara el favor.
Él sonrió con ganas sin una pisca de remordimiento, ya estando acostado en la cama con las piernas cruzadas y las manos detrás de la nuca, sosteniéndose la cabeza. Era la viva imagen de la despreocupación, además de verse endiabladamente sensual.
-El caso es, que estoy completamente segura que si alguien puede hacer algo por Marcus, esa es Dídima.
Edward sólo volvió a reír y cuando fui a la cama, el pijama no me duro mucho en el cuerpo.
No es como si lleváramos mucho tiempo de casados pero, ni el cuidado de Renessme ni todas las obligaciones que teníamos durante el día, habían disminuido la pasión existente entre los dos.
Esa mañana me había levantado con mucha energía. Aun cuando la noche anterior Edward se había mostrado prácticamente insaciable, y que me había dejado dormir hasta muy tarde, pareció que toda la actividad me habían renovado las energías para levantarme y prepararle un delicioso desayuno.
El mismo Edward se había mostrado sorprendido y poco faltó para que me hiciera el amor en la cocina.
Hoy iba a la oficina con Renessme, ya que Sue y Charlie se habían ido a un viaje vacacional –verdaderamente merecido.
Por mi no había problema alguno, entre menos tuviera que separarme de mi angelito mejor. Aunque Edward se había mostrado un poco reticente, no había quedado otro camino: Esme trabajaba en su empresa de decoraciones, Alice estaba ocupadísima en su boutique, Jasper en su consultorio y con mi cuñadito Emmet y su esposa de viaje en Inglaterra no nos dejaron ninguna otra opción.
Entre a la oficina con mi beba en su porta-bebé y me dirigí a la pequeña salita, la estaba colocando ahí, en medio y me disponía a quitar todo lo que pudiera significar un peligro para mi niña cuando escuche un voz detrás de mi.
-Te vez bastante mejorada –comentó.
Me gire asustada y sonreí al encontrar al desaparecido sinvergüenza; hacia sólo una semana desde que había hablado con Dídima y al parecer no me había equivocado. Me puse de pie y corrí a su lado para abrazarlo, él me recibió con gusto, presionándome contra su pecho con fuerza y besando mi cabeza.
-Te he extrañado mucho –reclamé.
-Yo también a ti mi niña –contestó con la voz ronca –pero no sabia si en realidad deseabas verme.
Me deshice delicadamente de su abrazo y le di un golpecito en el pecho.
-¿Cómo puedes siquiera dudarlo? –le dije fingiéndome enojada.
Él sonrió y me besó en la frente. Renessme comenzó otra vez con sus balbuceos ininteligibles llamando la atención de Marcus, y éste no se la negó. Fue hacia donde ella se encontraba y la tomo en brazos abrazándola fuertemente; la llenó de besos y de elogios, mi niña feliz como siempre, ella flojita y cooperando si se trataba de que la consintieran.
Deje a Marcus con la niña mientras yo revisaba lo que había que hacer por el día, platicamos un poco y me dijo que había decido comenzar una relación con Dídima; no entró mucho en detalles pero por lo menos parecía complacido y decidido a poner de su parte para que todo saliera bien. Al parecer la había traído a Washington y ella se había quedado en el hotel, mientras él venia a la empresa, ya que anoche no había dormido bien; claro que la sonrisa socarrona que traía en los labios me dijo que Dídima no sufría de insomnio precisamente. También me contó que había partido a Nueva Zelanda para colocar las cenizas de su hermano en la cripta de la familia y cuando quiso volver ya no se sintió capaz, por lo menos hasta que Dídima le recordara las razones por las que debía regresar ya que ahora que se había convertido en su pareja sabia que entre él y yo jamás hubo nada más allá de un cariño fraternal y le hizo entender que Renessme no llevaba ni una sola gota de su propia sangre.
Estábamos llevando una excelente conversación y muy tranquila, era como antes, cuando nuestra mayor preocupación era que nuestros clientes estuvieran satisfechos con lo que les habíamos ofrecido… sin embargo mis dudas no podían seguir así, sin ser resueltas.
¿En verdad conoció a mi mamá? ¿Por qué nunca me lo dijo? ¿Era cierto aquello de la famosa fortuna?, no es como si esto último me interesara, pero quería saber la razón por la que se calló todo aquello. Y lo que mas me importaba, quería descartar esa posibilidad que se había pintado en mi mente, aquella que me decía que todo aquello que alguna vez me proporcionó Marcus se debía al hecho de que compartíamos lazos mas cercanos de los que yo alguna vez creí.
-No quiero arruinarte la mañana –comencé mientras caminaba hacia donde él se encontraba con mi hija –al menos no tan temprano. Pero necesito respuestas.
Marcus no dijo nada, sólo asintió y suspiró resignado, como si fuera algo que hubiera estado esperando… pero también como si significara su sentencia de muerte.
Su sonrisa había desaparecido, no quería que fuera así pero lo necesitaba.
-Vladimir dijo algo relacionado con mi mamá, insinuó que yo podía ser tu hija.
-Tu y yo no llevamos la misma sangre –comenzó y esa simple frase me hizo respirar aliviada. –Pero si somos familia política.
-¿Cómo? –quise saber.
-Cuando yo tenía quince años, mi madre murió a causa de un paro cardiaco inminente –me contó con tristeza –Ella y Vladimir peleaban y él le dijo algo que la disgustó mucho… no se pudo hacer nada. Mi padre la amaba mucho y al morir ella, se deprimió y comenzó a beber incontrolablemente. Pero hubo una mujer que lo ayudó a seguir adelante y superar la muerte de mi madre. Su nombre era Mary. Era una mujer que trabajaba en nuestro hogar hacia ya muchos años, tenía una hija que era menor que yo por un par de años… y yo la quería.
Aun no entendía mucho, pero las cosas iban cobrando un poco de sentido.
-¿Sabes por que Vladimir hizo todo esto?
Marcus suspiró.
-Entre Vladimir y yo siempre existió una rivalidad que nunca llegue a comprender. Él siempre quería dar a demostrar que no sólo era mi hermano menor, si no también que aun siendo el menor era capaz de ganarme en todo. Competía conmigo a pesar de que nunca quise formar parte de aquello. ¡Éramos hermanos! ¡No había por qué competir! Pero él no pensaba lo mismo que yo. A Vladimir siempre le gustó que le reconocieran el esfuerzo y el trabajo hecho. Pero mi padre por alguna razón tuvo preferencia por su primogénito. Aunque yo no hiciera nada deliberadamente para agradarlo. Si Vladimir llegaba a casa con una cría de venado recién cazada y yo me encontraba en el salón principal leyendo, mi padre le regañaba por su inconciencia "¡No debes cazar en esta época del año! –Le gritaba – ¡Y mucho menos las crías! ¡Eres un inconsciente!" –imitó a su padre. –Todo el tiempo recordándole que debería tomar mi ejemplo. En cambio si yo llegaba a casa con una pieza de venado, me felicitaba por lo hecho y decía que yo era su orgullo. Eso lo único que hizo fue acrecentar el odio que mi hermano sentía hacia mi.
-¿Por qué Vladimir me odiaba a mi si yo nunca le cause ningún daño?
-Por que yo te quiero –explicó. –Así como alguna vez quise a tu madre. Y como yo la quería, Vladimir también la quería para él. Se burlaba de mí, pues él decía que nunca me atrevería a decírselo a mi padre, sólo por ser ella hija de una sirvienta. Lo único que hacia era desanimarme a confesar mis sentimientos mientras él trataba de cortejarla. Pero René lo rechazó y las cosas se complicaron cuando mi padre anunció que se casaría con Mary. Por alguna razón dejé que ese casamiento se llevara las posibilidades de confesarle mi amor a aquella muchacha. Vivieron algunos años juntos, hasta que mi padre murió. El ya era un hombre de edad avanzada, pero no dejo a su esposa ni a su hija desamparadas. Antes de morir dejo un testamento firmado en donde dividía sus pertenencias en partes iguales. Pero Vladimir nunca estuvo de acuerdo con eso y, aprovechándose de mi ausencia, anuló el testamento de mi padre alegando demencia y entonces, corrió a Mary y a su hija de la casa.
Fruncí el ceño, completamente confundida.
-Entonces, no entiendo ¿Eso que tiene que ver conmigo?
Marcus sonrió y toco levemente el asiento a su lado indicándome que me sentara. No me negué y fui a su lado, cuando me senté él me dio un beso en la frente. Cuando me volvió a mirar preguntó tiernamente:
-Bella, ¿Acaso no recuerdas como se llamaba tu abuela?
Entonces todo encajo para mí. La abuela Mary… era la misma mujer que se había convertido en la madrastra de Marcus años atrás.
-Pero mi mamá y mi abuela siempre vivieron Forks. Ella jamás me contó haber vivido en otra ciudad que no fuera esta –objeté.
-Años antes, cuando yo era sólo un niño, mis padres y yo nos mudamos a América por los negocios de mi padre. Fue entonces cuando nuestras vidas se cruzaron.
Mi amigo miro mi rostro y comprendió que todo había sido entrelazado en mi mente, entonces prosiguió.
-Yo ya conocía a Esme desde hace años, fuimos amigos de la infancia. Al casarse mi padre con Mary, René fue a parar a la misma preparatoria que Esme, la misma en donde conoció a Carlisle. Por mi parte puedo decir estaba profundamente enamorado de tu madre Bella. Cuando mi padre murió y ellas se fueron intenté confesarle el gran amor que tenia por ella, sin embargo René era una mujer hermosa y extrovertida. Ella ya había conocido a Charlie y estaba enamorada. No quise quedarme para ver el desenlace de las cosas, pero arregle todo lo relacionado con la herencia. Afortunada o desafortunadamente para mi Vladimir se había metido en cosas torcidas y fue a dar a la cárcel por varios años, entonces aproveche esa situación para quitarle sus derechos sobre la herencia de nuestro padre e intente regresarle todo a René y a Mary, sin embargo ellas no aceptaron nada. No insistí y luego de despedirme de Mary y disculparme por como las había tratado Vladimir me fui de regreso a mi ciudad natal. Tiempo después me enteré que René había dado a luz a una niña, niña que me encargue de cuidar a distancia cuando supe que la madre había fallecido. Me puse en contacto con tu abuela pero ella de nuevo me negó lo que le pertenecía por derecho y cuando ella murió, yo no quería quedarme con eso, entonces puse todo lo que le correspondía a nombre de aquella niña. Supongo que esa fue la gota que derramó el vaso para Vladimir y quiso tomar venganza por todo lo que, sin desearlo realmente, le hice.
Yo no sabía que pensar de todo lo que Marcus acababa de decirme, pero sin duda alguna era una gran historia y todo concordaba perfectamente con lo que ya sabía.
-Entonces ¿Quieres decir que entré a Auckland gracias a ti y no a mis habilidades?
Marcus se carcajeo.
-Claro que no linda. Ni siquiera era de mi conocimiento que ibas a ir a la misma universidad en la que yo ejercía de maestro. Créeme cuando te digo que fue una enorme sorpresa cuando te vi ahí. Y no te veías muy bien –me recordó, mirándome significativamente –probablemente no me habría acercado a ti si te hubiera encontrado bien, quizás habría continuado cuidándote de lejos. Pero siempre que te veía estabas sola, no sonreías… parecías, muerta en vida. No podía dejar así a la hija de mi gran amor.
Me reí.
-No sabes cuanto agradezco a la vida por haberte puesto en mi camino –dije abrazándolo.
Marcus me abrazó con fuerza y suspiró.
-Bella…
-Hum…
-Quiero que sepas que, si nunca te dije nada acerca de tu madre y todo lo que yo sé, no fue por que me quisiera quedar con lo que te corresponde –me erguí y lo mire a los ojos, esos ojos siempre tan sinceros. –Si no lo hice fue por que temía que no me fueras a creer o que pensaras que soy un psicópata.
Me carcajee.
-Pero Marcus, no necesitabas decirme eso para que yo crea que eres un psicópata… –él me miró frunciendo el ceño. –ya eres un Psicópata.
Él sonrió.
-Quizás tengas razón –concedió.
-No te preocupes –le dije mirándolo a los ojos –siempre supe que alguna razón de peso tuviste que haber tenido para mantenerte callado. Y está bien. De igual manera yo nunca busque obtener dinero por tener un amigo como tú.
-¿Ya se lo dijiste a Edward? –preguntó. Yo asentí con la cabeza – ¿Dijo algo al respecto?
-No, en eso momentos estábamos más preocupados por el resultado del chequeo medico que le hicieron a Renessme. Pero estoy segura que me apoyara en lo que sea que yo decida.
-Por lo que veo ya no tienes dudas –comentó.
-¿Por qué voy a tenerlas? –Inquirí. –Es el hombre que amo con todas mis fuerzas… no necesito nada más. Tampoco quiero intrigas ni dudas en nuestro matrimonio. Me ha demostrado ser todo lo que he deseado en mi vida.
Marcus sonrió y miró a Renessme.
-Tal parece que tu mami esta completamente convencida de tu papi –le dijo.
Sonreí. No tenia por que dudar.
Si, Edward había sido una criatura atormentada por las injusticias de la vida, lo único que había hecho al comportarse de aquella manera durante tanto tiempo era buscar la cura para todo el dolor que le habían hecho sentir. La cura y el escudo contra todo el dolor.
Quizás no lo había hecho de la manera correcta… pero ¡hey somos humanos!… Carlisle se equivoco al no escuchar lo que su hijo intentaba decirle a gritos, Esme lo hizo al pensar que todo pasaría, Emmet lo hizo al preocuparse más en proteger a Alice y no tenderle la mano a Edward, Rose al etiquetarlo y no darse la oportunidad de conocerlo, Jasper al intentar adivinar lo que Alice pensaba en lugar de ir a preguntárselo el mismo, Alice lo hizo al dejarse detener por sus miedos y no confesar lo que sentía. Y yo… yo me equivoque al no abrir bien los ojos y desperdiciar tantos años de mi vida en un hombre que no merecía mi amor.
¿Alguien nos va a juzgar por eso? ¡Maldición ya que mas da!... todos nos equivocamos, no somos perfectos y a eso venimos a este mundo, a equivocarnos para aprender de nuestro errores.
Si somos perfectos entonces ¿Qué demonios venimos a hacer en este mundo? Si no es para aprender a llegar a esa perfección.
Yo la buscaría, con Edward de mi lado.
Nuestros errores fueron muchos, si, y eso que aun no contábamos los que estábamos por vivir. ¿De que nos servía negarlos?… pero si de algo estoy segura, es que siempre hubo algo. Si, había algo que nos impulsaba a seguir a pesar de nuestras equivocaciones, algo que no podíamos ver, algo que resultaba ser una motivación invisible, tal vez le poníamos nombre o lo convertíamos en un objeto… pero ese algo era un impulso a seguir…
Edward y yo, siempre buscaríamos ese algo. Ese impulso, esa motivación para seguir y no darnos por vencidos… siempre iríamos en busca de Algo Más para seguir… siempre juntos… y sin importar lo que pase.
