Mitsuhide aprecia la nueva apariencia de Izana. En realidad, luce muy distinto con su cabello pintado de negro. En realidad, lo tiene bastante largo. Aunque su mirada es siempre la misma. De no ser por la capucha de su capa, el flequillo y su parche, quizá lo hubiera descubierto antes. Izana suspira, mira con cierta decepción a Mitsuhide y le dice con una voz un tanto burlona: "Si ya sabes quién soy, ¿por qué no vienes a ayudarme?". Mitsuhide cierra la puerta y mientras lo cura, le pregunta un poco molesto: "¿Por qué vino? ¿Acaso no confía en nosotros, después de lo que pasó con Zen?". Izana le responde con serenidad: "Quiero hablar con ella". Mitsuhide se queda perplejo y le responde inquieto: "¿Acaso perdió la razón? No puede poner su vida en peligro por un capricho. Debe regresar de inmediato". Izana lo mira molesto y le dice: "El ser rey no me impide ser un prometido adecuado... ¿Qué clase de rey sería si no puedo proteger a mi futura esposa?". Mitsuhide guarda silencio y de la nada, se carcajea. Izana ha cambiado. Con una sonrisa entre labios, le dice: "Jamás pensé que dejará el palacio y se colara entre los miembros de la misión de rescate en secreto… Eso es algo que hubiera esperado de Zen". Izana le contesta con melancolía: "Por algo era mi hermano". Mitsuhide recuerda parte de los momentos que vio a Zen con Izana. Justo cuando comenzaba a sentirse triste, prefiero hacer una pregunta para deshacer la tensión. De la nada le preguntó: "¿Su madre sabe que está aquí?". Izana responde: "Sí. No estaría aquí de no ser por ella. Ella accedió cubrirme por unos meses, con tal de que trajera a Shirayuki de vuelta. Ella quiere tener nietos lo más pronto posible para poder jugar con ellos". Él termina con una risa entre labios. Mitsuhide admira el lado cálido que Izana había guardado por mucho tiempo; mientras termina de ponerle los vendajes. No puede evitar sentirse inquieto por tener la vida del rey a su cuidado, pero no tiene más remedio que apoyarlo ahora que lo entiende un poco más. Él siempre ha visto a Izana, como alguien distante, frío, racional y respetable; pero al ver esos cambios en el él, está más a gusto. En realidad, le alegra que tras la traición de Haki y la muerte de Zen, su corazón no se haya cerrado. Izana guarda silencio en lo que se pone sus prendas.
Justo cuando Mitsuhide se quedado más tranquilo, vuelve a preocuparse, cuando Kiki entra a la habitación y ella le dice: "Mitsuhide, ¿qué haces aquí?". Izana le responde: "Me ha descubierto". Mitsuhide los mira y les dice un poco enojado: "¿Kiki estaba al tanto?". Izana le responde: "Me atrapó hace unas semanas cuando me estaba tiñendo el cabello". Mitsuhide la mira con resentimiento: "¿Por qué no me lo dijiste?". Ella le responde: "Era divertido verte jugar al señor espía". Izana ríe. Kiki tiene razón. Siempre le resultaba divertido, evadir la vigilancia de Mitsuhide. Él solo refunfuña y Kiki se lo lleva de la habitación, para que Izana pueda descansar. Prometen que hablaran después. Al final de cabo, están por llegar al Reino de Yuen y deben planear el rescate de Shirayuki.
En la proa, Mitsuhide le comenta a Kiki lo mucho que Izana ha cambiado. Kiki está de acuerdo. Ella también se sorprendió al saber que había decidido formar parte de la misión de rescate. Aunque entiende que lo haya hecho en secreto. No deja de ser algo escandaloso que un rey se embarque en una misión de esa naturaleza.
En su habitación, Izana recuerda su conversación con Mitsuhide. Es cierto que él nunca se imaginó que estaría en esa situación. Jamás pensó que dejaría Clarines para rescatar a una mujer. Sin embargo, no tenía opción. Ya han pasado meses de que no sabe de ella y no ha recibido carta alguna. Si ella tuviese por medios para escribirle, ya lo hubiera hecho. El Reino de Yuen es como una jaula para los extranjeros. El idioma es tan diferente que no hay nadie con quien se pueda hablar. Sin emabrgo, no puede negar que es un país bastante interesante. En el fondo, le asusta que ella no quiera volver.
Si bien, no pone en tela de juicio sus sentimientos, ella aun no sabe cómo conciliar su vida científica con su futuro como la Reina de Clarines. Sabe que él ha contribuido a que aún esté confundido, por la velocidad con la cual ha llevado su relación. Por su ansiedad, la ha presionado a que tome decisiones, con tal de satisfacerlo. En ese sentido, lo mejor que puede hacer es enfrentarla en persona. Ha viajado todo el camino para decidir el futuro de su promesa. Si ella no quiere ser la Reina de Clarines, él debe dejarla irla. Les pidió a Mitsuhide y Kiki que hicieran el viaje, por ella no quería volver de inmediato, ellos se quedaran con ella. En un país tan distante es bueno que ella tenga personas en quienes pueda confiar.
