Capítulo XXXVIII
Soy Una enfermera
Annie y Kate acababan de llegar al hogar de Pony, la rubia había quedado encantada con el paisaje invernal de aquellas montañas, las pequeñas casitas que lucían tan acogedoras y cálidas, los grandes pinos cargados de frutos secos y los animales que buscaban alimentos entre la nieve, los ciervos le habían llamado especial atención.
Lo que era el pequeño orfanato ahora lucía como una gran casa, las dos mujeres salieron al encuentro de sus queridas niñas, las únicas de todas las adoptadas que no las habían olvidado.
-¡Candy! ¡Annie!
-¡Señorita Pony! ¡Hermana María!
Se fundieron en un largo abrazo, Kate sentía un inmenso agradecimiento hacia esas dos damas que habían sido tan especiales y reconfortantes para su hermana mayor.
-¡Quería Verlas! –Dijo Kate- necesitaba verlas
-nosotras también, necesitábamos verlas y abrazarlas –decía la hermana- están tan guapas
-gracias
-Candy, luces un poco diferente, se te ve más jovial, más elegante
-debe ser que le asentó el compromiso con Terry –comenta la morena-
-¿Terry? –pregunta la Señorita Pony?
-perdón, lo siento Candy, siempre meto la pata
-No te preocupes Annie de todas formas iba a decírselos
-Cuéntanos hija ¿cómo es que ahora estás comprometida con ese joven tan guapo y fino?
-Es una historia un poco larga
-Entremos para que descansen y tomen un poco de chocolate caliente.
Las mujeres entran al interior de la enorme casa y ven lo bella que está, en la sala había dos columnas sobres las cuales descansaban unos jarrones tipo oriental. Los muebles eran sencillos pero bonitos con detalles florales, después de tomar asiento, la señorita Pony se retira para ir a pedir a las muchachas que ayudaban en la cocina que traigan una jarra de chocolate y galletas, las favoritas de Candy y Annie mientras las demás conversaban sobre los tres meses de gestación que llevaba el bebé de la morena.
Al regreso de la Señorita Pony volvieron a la conversación sobre el compromiso de Candy con el joven actor de Broadway sin omitir ningún detalle, Kate estaba empapada del asunto así que no le fue difícil fingir que era su hermana.
-¡Felicidades Hija! -le augura la hermana María. Al fin podrás estar a lado del hombre que siempre amaste.
-gracias
En ese momento entra Cristhine a la sala y ve a las mujeres, saluda y se disculpa por la intromisión pero al ver a la rubia recuerda la fotografía que le enseñó el detective unos dos meses atrás.
-¡Dios! Es ella –dice la muchacha- es la chica que están buscando
-¿Cómo que es ella? ¿De que hablas Cristhine? –Pregunta la señorita Pony-
-La chica de la foto, la hija desaparecida del hombre rico que dijo el detective que estuvo aquí. Me enseñó la fotografía y yo memoricé su rostro, es ella.
-Cristhine ¿estás segura? –Pregunta la religiosa-
-Sí, segura, no podría olvidar ese rostro tan bonito, además era rubia y de ojos verdes tal como ella
Kate se queda paralizada, era como si todo se le viniera encima, todo se volvió negro y sintió un vahído tan fuerte que cayó sobre el mueble pero no perdió la conciencia.
-¡Candy! ¡Candy! ¿Estás bien? –Pregunta Annie-
-Sí Annie, solo fue un mareo
-Es ella, la hija del conde, a la que secuestraron –vuelve a insistir la muchacha- el hombre me dio su teléfono para que lo llamara en caso de llegar a verla, voy ahora mismo.
-No, Cristhine por favor no lo hagas todavía –pide la hermana- tenemos que hablar primero con Candy.
La señorita Pony y la hermana maría se ponen a contar a Kate y a Annie toda la historia del hombre que estuvo buscando a Candy así como las señas que había dado, las fechas de su nacimiento concordaban a la fecha en la que fueron recibidas ambas en el orfanato, también que el hombre era una de las personas más importantes de Europa con titulo nobiliario.
-¡Candy! ¿Te imaginas? Hija de unos Condes, cuando se entere Elisa, la señora Elroy y todos los que te humillaron amiga, se volverán locos de la vergüenza. –Dice contentísima Annie-
-Candy, sabemos que te ha tomado por sorpresa todo esto, hasta ayer pensaste que eras hija de unos campesinos o de alguien que no tuvo otro remedio que dejarte con nosotros y hoy descubres que eres hija de unos nobles de Inglaterra, eso es nuevo para ti, ahora tienes una familia que te ha estado buscando por muchos años, es hora de que regreses a tu seno. –Le dice Pony-
-Hija, has sido tan buena que Dios te ha premiado –afirma la hermana María-
-¿qué vas hacer Candy? –Pregunta la morena-
-Nada por ahora. ¿Annie te puedo pedir un favor?
-Dime Candy
-Hemos olvidado llamar a casa para informar que llegamos sin ninguna novedad ¿podrías llamarles?
-Está bien
Annie se levanta y se disponía ir hasta el vestíbulo donde estaba el teléfono pero antes de que llegara a la puerta Candy le aconsejó:
-No digas nada de lo que te has enterado hoy por favor, no todavía
-Está bien como quieras Candy
Annie se retira y las tres se quedan solas en la sala por lo que Kate aprovecha para hablarles rápidamente.
-Esto no me sorprende tanto porque ya lo sabía, les ruego que por favor no se lo digan a Annie, tengo que hablar más tarde a solas con ustedes es sobre algo muy grave
-Candy no nos asustes
-No las quiero asustar, pero es sumamente delicado lo que tengo que decirles que no lo puede saber nadie, ni siquiera Annie.
-Está bien hija pero acláranos algo ¿tiene que ver con tu verdadera familia?
-Sí, tiene que ver con eso
Annie entra y ellas se quedan en silencio.
-Ya les dije que estábamos bien, se quedaron tranquilos
-¡Que bueno!
Candy y Henry van en un carruaje, el hombre de ojos azules quería darle una sorpresa a la rubia, hizo que se vistiera adecuadamente para montar a caballo. Después de pocos minutos se encontraban en un amplio campo, bajaron y caminaron un poco hasta un establo donde habían muchos animales entre ellos un hermoso caballo de origen Alemán, un Hannover.
-Este animal me costó una fortuna, puedes montarlo cuando quieras, hice que te prepararan una pista de gran dimensión, mandé a traer arena blanda de España para eso y también hice poner 15 obstáculos.
-No entiendo
-Es para que te prepares para la competición de salto de obstáculos en Francia
-No, no, yo no me voy a subir a ese animal
-¿por qué?
-porque yo no soy tan buena montando a caballo y peor para dar saltos
-Pero si eres una excelente amazona
-No soy amazona, soy enfermera y no me voy a subir a ese semental
-¡Kate! Tú querías competir en primavera
-Ni loca me subo a ese animal, se lo ve nervioso, la última vez que monté uno estuvo a punto de lanzarme por los aires de no haber sido por Terry no sé que habría pasado.
-¡Terry! Otra vez ese
-Ese como tú le dices es mi novio y vamos a casarnos
-ya no lo menciones que me crispas los nervios
-entonces no me exijas que suba a uno de esos
-¿por qué? Es un inofensivo animal
-Entonces móntalo tú
-Está bien, lo haré, te demostraré mis dotes de buen jinete, no por algo gané 4 años consecutivos sin ninguna penalización.
El hombre sube ágilmente al caballo y de un momento a otro está recorriendo la pista, Candy lo ve arrimaba a una cerca, ya no intenta escapar porque a todos lados que ve hay gente de Henry observándola.
El hombre salta un muro de 1 metro y medio y después salta un oxer vertical de casi dos pero al tratar de saltar uno de más de 2 metros el caballo se rehúsa, la trata de obligar al animal a saltar pero este se va para atrás haciéndolo caer.
Candy y los trabajadores del establo corren al ver lo ocurrido y el hombre estaba conciente pero con un fuerte dolor en el brazo.
La rubia se acerca y al revisarlo se percata que se trataba de una luxación en el hombro izquierdo.
-Tenemos que llevarte a un médico pronto, te has desviado el hombro.
-Me duele mucho
-Es lógico, un hueso fuera de lugar duele mucho, yo me encargaré de inmovilizarte el brazo hasta que llegue el doctor. Por favor –ahora dirigiéndose a los empleados- manden a buscar al médico.
Nadie hacía nada porque no entendían el Inglés, Candy mira a Henry y el entiende por lo que les pide que busquen uno.
-Menos mal que hablas el español
-no puedo moverme
-No seas un niño, yo voy ayudarte –le dice Candy-
En la noche el médico había aplicado un calmante y le había dado la receta a la enfermera.
-hizo un buen trabajo
-gracias, soy enfermera titulada
-pues señor, no va a tener de que preocuparse, no solo tiene a su lado la novia más bonita de la región sino a la mejor enfermera para cuidarlo.
-No soy su novia
-Sí, es mi novia doctor no le haga caso
Annie se había dormido y Kate se levanta y se dirige a la salita donde la estaban esperando las dos mujeres que se hallaban intrigadas por lo que tenía que contarles la joven mujer.
-Al fin llegas –le dice la de más edad-
-Es que Annie no se dormía rápido
-Ahora cuéntanos ¿cómo es eso de que ya sabías de tus padres?
-Voy a empezar desde el principio y con la verdad, mi verdadero nombre es Kate Buttman condesa de Arden hija de los condes de Gerald y hermana de Sofía o como ustedes la conocen Candice White.
-¿qué dices Candy?
-No soy Candy, he tomado su lugar porque ella, la verdadera ha sido secuestrada.
Las mujeres se quedan atónitas mientras ella les explica como ocurrieron los hechos y después de la larga narración, les cuenta como secuestraron a Candy y los planes que tienen para recuperarla.
-Entonces tú no eres nuestra niña
-No, perdónenme por mentirles, pero una vez que empecé ya no pude detenerme. No quise preocupar a nadie, en parte es mi culpa que ese malvado de Henry la haya confundido conmigo.
-¡Dios mío! ¿Cómo estará nuestra niña?
-Lo único que puedo decirles para tranquilizarlas es que Henry no la lastimara, lo conozco perfectamente, cuando se de cuenta de que cometió un error y que no fue a mi a la que secuestró la dejará ir y vendrá a buscarme.
-¿qué hacemos entonces?
-Esperar, tener paciencia, ya contratamos a un detective para que busque a Henry
-Esto nos angustia mucho
-por favor guarden el secreto, no se lo digan a nadie, Anthony está delicado de salud y si se entera de que mi hermana está secuestrada no querrá operarse hasta que ella aparezca, Annie también podría preocuparse demasiado y eso la afectaría en su estado, no hay porque alarmarlos tanto, sé que pronto la tendremos de regreso, es cuestión de tiempo.
-Esto es increíble
-Lo sé, yo tampoco lo creí al principio
Elisa estaba cenando junto a su esposo con una cara de muy pocos amigos cuando Stuart le dijo algo que la amargó mucho más.
-¡Querida! Tengo que informarte que en un par de semanas más, tendremos audiencia para finiquitar lo de nuestro divorcio, cabe mencionar que además de acuerdo al contrato prenupcial que firmaste no tendrás ni un céntimo de mi fortuna ya que nos casamos con cláusula de matrimonio por bienes separados.
-¿Estás jugando conmigo?
-No ¿acaso no recuerdas los papeles que firmamos? Mi madre me dio esa sugerencia y aunque en ese momento no lo tomé en serio seguí su consejo, claro pensando en luego anular dicha cláusula, menos mal que no lo hice.
-¿no pensarás dejarme en la calle?
-tu tienes tu propia fortuna, el dinero que me dieron como dote lo deposité en tu cuenta bancaria, así que no te debo nada.
-pero eso no me alcanzará
-si simplificas tu vida, sí
-tú sabes perfectamente que mi nivel de vida exige más que unos cuantos dólares en el banco
-lo siento pero no me pidas nada porque si sigues exigiendo más de lo que mereces me veré en la penosa obligación de remover el caso de adulterio, recuerda que fue un escándalo.
-tú no puedes hacerme esto
-lo que ansiabas era la separación, ya la tienes, antes deberías agradecerme por tramitar todo rápido, así podrás caer rendida en los brazos de tu amante.
Stuart se levanta y retira de la mesa sin despedirse siquiera, Elisa no acepta la idea de quedarse pobre y menos ahora que Adam la había rechazado.
-¿qué voy hacer? –se preguntaba-
Susana estaba muy contenta conversando con su madre sobre lo ocurrido en la tarde, aun no podía creer que su sueño se hiciera realidad.
-¡Mamá! soy tan feliz
-lo sé mi amor, yo también estoy contenta por ti
-Me dijo que me quería mamá
-yo lo sabía, su interés por ti era grande
-es que aun me parece que estoy soñando
-es real hija, ahora dime ¿dijo algo sobre la boda? ¿Cuándo se casan?
-¡Mamá! es muy pronto, recién acaba de decirme que me ama y tu ya estás pensando en la boda
-En estos tiempos no hay que dejar pasar mucho, sobre todo porque los hombres están escasos.
-El me ama, me lo dijo, ya no tengo miedo de que otra me lo quite
-hay muchas mujeres que no tienen escrúpulos y están siempre al acecho, debes cuidar a tu novio, es muy guapo hija, es una tentación para cualquier mujer.
Susana se queda pensando en esto mientras en el departamento de Adam, Rocío prepara una cena ligera cuando llega el médico.
-¡Rocío! Tengo mucha hambre ¿qué preparaste?
-Buenas Noches, ante todo
-Perdón, tienes razón no te he saludado hermanita
Después de darle un beso en la frente se recuesta en una mecedora cierra los ojos y recuerda el beso que le dio a Susana, una sonrisa se dibuja en su rostro y su hermana lo observa también sonriendo.
-por lo visto te fue bien con esa chica ¿verdad?
Adam abre los ojos y vuelve a sonreír para contestarle a su hermana.
-Sí, me fue increíble
-¿de veras? ¿Qué pasó?
-Salí con el propósito de encontrarme con alguien pero luego me di cuenta de que esa persona no me convenía, así que me fui de ahí a buscar a Susana y descubrí lo valiosa que es para mí. Nos besamos y fue maravilloso, fue el beso más tierno que he dado en mi vida.
-¡Ah! La chica de la que siempre hablas, la que tiene un problema en su pierna
-sí, se trata de ella
-Tengo que conocerla, darle mi aprobación
-pronto, pronto la conocerás
-¿estás enamorado de ella o solo te gusta?
-la amo, ahora estoy seguro
-¿qué antes dudabas?
-Sí, es que no quería fallar como médico
-¡Hummm....! Ya sé, lo que siempre repites: "No es correcto establecer una relación sentimental con uno de tus pacientes" "no es ético"
-¡Rocío!
-Eso siempre lo has repetido, ya vez lo que pasa por ser demasiado exigente contigo mismo, pero ya no importa, me alegro por ti, te deseo que seas feliz, aunque hubiera preferido a Candy como cuñada, pero que más da, con tal que estés contento.
-gracias
La luz en el cuarto de Henry era tenue, Candy estaba sentada en una silla velando los sueños del hombre pero a la vez recordando a su amado Terry.
-¿qué estarás haciendo? ¿Habrás dejado el teatro por buscarme? Terry mi amor ¿cuál habrá sido tu impresión al conocer a mi hermana? ¿No te habrás enamorado de ella, verdad? ¿Pensarás que es más guapa que yo? No, no, tú solo tienes ojos para mí, podrán venir mil Candis pero yo seré la única para ti.
Terry sí estaba pensando en ella, acostado en su cama después de un largo día, tocaba la armónica y miraba sus fotografías.
-¡Candy! ¡Te extraño! Ojalá pasé el tiempo rápido para volver a vernos, es un tormento estar tanto tiempo lejos de ti.
Al día siguiente en el hogar de Pony los pequeños se levantaron muy temprano a desayunar, solo las dos mujeres de ciudad seguían dormidas, Cristhine ya no insistía en llamar al detective porque la señorita Pony y la Hermana María le habían dicho que ya eso quedaba en manos de ellas.
Annie fue la primera en despertar acariciada por los débiles rayos solares que pasaban a través de la ventana. Enseguida volteó a ver a su compañera y sonrío al recordar su infancia juntas sin imaginar que la que estaba a su lado no era su querida amiga.
-¡Candy! ¡Candy! –la llama- ¡Despierta! Nos quedamos dormidas
-Annie, déjame dormir un ratito más
La morena se levanta de la cama y se dispone a cambiarse de ropa para salir hacia el comedor. Mientras tanto como de costumbre llegaba Tom con los cilindros de leche.
-¡Buen Día Tom!
-¡Buen Día!
-gracias por la leche
-no es nada. ¿Cierto que Candy y Annie están de visita?
-¿cómo sabes? ¿Quién te lo dijo?
-Un pajarito por ahí ¿puedo saludarlas?
-En este momento están durmiendo
Annie quien ya está lista sale y se encuentra con su viejo amigo y emocionada lo abraza.
-¡Tom!
-¡Annie! ¡Que gusto me da verte!
-a mi también
-¿y Candy? Seguramente durmiendo como siempre
-te equivocas, ya estoy despierta
Kate sale impecablemente vestida y todos la quedan mirando.
-¡Buen día!
-¡Candy! Hermanita –le dice Tom- deja darte un abrazo
Kate lo abraza y por lo que dice el diario supone que es Tom, a él también le debía mucho ya que si no fuera por que el escuchó el llanto de la pequeña Candy, ésta hubiera muerto congelada.
-Hola
-¿cómo has estado?
-bien Tom gracias
-cuando te veo me acuerdo mucho de las travesuras
-¿cómo está tu papá?
-Bien gracias
Las mujeres de edad suspiraron tranquilas, por un momento creyeron que se descubriría todo.
Candy se había despertado temprano y había preparado el desayuno para Henry, eran unos huevos estrellados y pan tostado con un vaso de leche con chocolate.
-¿Cómo está el enfermo?
-debes estar burlándote de mi
-¿por qué piensas eso?
-te dije que era el mejor jinete y mira lo que pasó
-yo te dije que ese animal se veía muy nervioso
-debí confiar en tu intuición, conoces más de caballos que yo
-bien, aunque me sigas creyendo una loca, necesito que me digas como es Kate
-¿qué tratas de hacer?
-conocer mejor la personalidad de mi hermana, por lo poco que sé es una dama fina, le gustan los caballos, su comida favorita es el Friscassé de Champignone pero no sé más, háblame ¿qué cosas le gustan? ¿Dónde estudió? Todo lo que sepas.
-voy a seguir tu juego. Kate es amable, bondadosa, sociable, le gusta vestir bien, toca el piano maravillosamente, también es como una pluma bailando, sabe algunos idiomas menos el español, le gustan mucho las rosas rojas, cuando esta feliz le brillan los ojos y cuando está triste se le ponen opacos. Es amante de las obras de Shakespeare, le gusta leer, ir al teatro, es sumamente orgullosa y altanera cuando se lo propone pero me encanta cuando se comporta así porque me hace desearla más. Estudió en uno de los mejores colegios de Suiza hasta que a su mayoría de edad regresó a Londres junto a sus padres.
-¿qué te disgusta de ella?
-se lleva con la servidumbre
-ese no es motivo de disgusto
-ella tiene demasiada consideración con esa gente, debería conservar la distancia, nuestro rango, nuestra cuna nos pone sobre ellos, si les das demasiada confianza se pueden creer con derechos que no les corresponden
-yo no lo creo así, trabajar de sirviente es un trabajo honrado no es algo que avergüence, además la amistad entre nobles y personas sin cultura no me parece imposible. Apoyo esa idea de Kate y me doy cuenta que después de todo si nos parecemos en algo.
-ya me cansé de ese juego
-no es ningún juego, algún día te darás cuenta y espero que ese día llegue pronto. Ahora voy a aplicarte una inyección
-¿qué?
-no, no lo hagas, odio las agujas
-tengo que hacerlo, es para desinflamar y evitar el dolor
-no, no me la pongas, el doctor no se dará cuenta
-Soy una enfermera y mi deber es seguir con las indicaciones del doctor
-No
-Ya no te comportes como un chiquillo, ahora mismo te inyecto
Candy tomó el brazo derecho e introdujo la aguja en su piel, instintivamente Henry cerro los ojos y volteo la cara, en cuestión de segundos terminó el susto para el hombre de mirada azul.
-ya está
-¿Cómo? –Preguntó él- no sentí nada
-Soy buena colocando las inyecciones
-¿de verdad eres enfermera?
-Sí, estudié en la escuela de enfermería de Mary Jane cerca de Michigan.
Pasan algunos días desde que Kate y Annie se han ido al hogar de Pony y todo parece seguir su curso normal, Patricia se ha vuelto a encontrar con Matthew en el hospital, Margaret tiene un maestro particular que le imparte clases, Archie recibe en su oficina a su nueva secretaria, una muchacha muy guapa de unos 20 años, cabello negro azabache, largo y lacio, ojos grises y abundantes pestañas, era alta, de figura espigada y nariz respingada, su piel era blanca. Todos los hombres de negocios del edificio se habían quedado impactados ante tanta belleza, hasta el mismo Archie había quedado boquiabierto más que todo porque tenía un excelente currículo a pesar de su corta edad. Estar cerca de la joven le producía un poco de nerviosismo al hablar.
-¿Me podría sacar, sacar un informe? –Pregunta Archie-
-con todo gusto señor –contesta la chica, acariciando su larga cabellera-
Anthony iba continuamente al hospital para su revisión, la fecha de la operación ya había sido establecida por Adam, su corazón presentó notable mejoría, el ritmo cardiaco era normal que le extrañaba al médico que los estudios practicados anteriormente hubieran revelado algún problema.
Kate le había pedido un poco de tiempo a Annie antes de informar la verdad sobre el parentesco con los Buttman aduciendo que no quería nerviosismo en la familia y más ahora que Anthony estaba por operarse. Flammy peleaba más con el doctor Harris por las bromas que este le hacía y más que todo por las explosiones que causaba en el laboratorio. Neil se encontraba de vez en cuando con el detective para saber si había alguna noticia de Candy pero hasta ahora todo había resultado inútil. Candy trataba de ganarse la confianza de Henry como parte de su plan para escapar de ahí, obedecía a todo lo que pedía, lo cuidó muy bien durante el tiempo que estuvo convaleciente y hasta bromeó con él como lo hacía con sus queridísimos amigos.
Terry por su parte seguía actuando a la vez que mantenía una agitada vida social, compromisos, reuniones y fiestas a las que asistir ahora que era un Lord, su madre estaba encantadísima de tener a sus dos hombres juntos y trataba de sacar mayor provecho al tiempo que pasaba con ellos.
La primavera había traído de vuelta a Kate y a Annie a su casa, Archie había mandado a limpiar y arreglar la mansión de Chicago, todos se trasladarían a la ciudad para la operación de Anthony, la abuela Elroy no quería moverse de Lakewood pero aseguró que iría a visitar a su nieto predilecto a diario. Elisa ya se había presentado a la primera audiencia en el tribunal de la familia y había firmado la demanda de divorcio. Stuart estaba contentísimo de poder liberarse de semejante arpía. Adam y Susana estaban tan enamorados que no podían estar un solo día sin verse, Rocío conoció a su futura cuñada y ambas rieron cuando se aclaró el mal entendido cuando ella creyó que era la mujer con la que Adam salía.
A Annie se le empezaba a notar la barriga y Kate se encargaba de cuidar muy bien de ella y de Anthony, las preocupaciones de la rubia giraban en torno a esta y al joven Brown quien se notaba sumamente impaciente por la próxima operación.
-Candy –le dijo un día Adam- estás dejando de ejercer, porque no aprovechas que estás en Chicago para regresar al hospital, lo tienes muy abandonado, Albert te estaría regañando.
La rubia no sabía que contestar, ella no sabía nada de primeros auxilios y si se metía de cabeza en el hospital se podrían dar cuenta, pero era hábil así que utilizó a Annie y a Anthony de excusa.
-¿Cuándo vas a decir la verdad? –Preguntó otro día Annie- Ya quiero ver la cara de Elisa cuando se entere de que eres de descendencia británica.
-Después que Anthony se recupere –le respondió Kate-
Kate pasaba la mayor parte de su tiempo cuidando al rubio y en su corazón empezaba a nacer un nuevo sentimiento, muy diferente al que un día sintió por Henry. ¿Podría ser lástima? ¿Amor? ¿Agradecimiento por haber sido una de las personas que más amó a su hermana? No podía explicárselo pero tenía miedo de descubrirlo.
-Cuando ya pueda caminar –decía con optimismo Anthony- prometo que voy a montar a caballo y a pasear por todo Lakewood
-¿No sientes miedo, después de que fue por una caída que tienes este problema?
-No, me gustan los caballos y si caí fue por imprudencia mía más no del animal que en nada tuvo la culpa
-Me alegra que piense así Tony
El día de la cirugía ha llegado, el 15 de Marzo de 1921, la familia Andley está reunida en la capilla del hospital, Anthony acababa de entrar al quirófano, no había soltado la mano de Kate en ningún momento hasta que entró a la sala de operaciones. Elisa y los Legan también estaban presentes, al principio Adam se sintió incomodo con la presencia de la pelirroja pero supo reponerse enseguida y entró sereno a hacer su labor.
Durante 4 horas la familia estuvo sufriendo nerviosa hasta que salió el doctor exhausto pero con buena cara anunciando que todo había sido un éxito, habían logrado extirpar completo el tumor que se encontraba alojado en la tercera vértebra lumbar, ahora todo dependía del tiempo que dedicara a las terapias de recuperación, lo tendrían en observación durante las próximas 24 horas para ver como evolucionaba.
Al día siguiente Kate se encontraba sola en el despacho que era de su hermana observando el retrato de Albert.
-¿Con que tú eres Albert, el esposo de Candy? Ciertamente eras muy guapo, te pareces a Anthony un poco. ¡Anthony! –en un suspiro- ojalá te recuperes pronto.
Una de las enfermeras entra y le avisa que el rubio ya despertó, ella va hasta la habitación y encuentra a toda la familia reunida y riendo de alguna ocurrencia que acababa de decir el enfermo. Elisa como siempre mirando desde arriba a la que creía era Candy.
-¡Tony! ¿cómo te sientes?
-bien Candy, contigo cerca mucho mejor
La señora Elroy hizo una mueca de descontento al igual que Elisa cuando Anthony dijo esto pero nadie lo notó porque en ese instante entró el doctor Martín.
-Bueno, bueno, bueno, bueno –repitió- por favor si quieren visitar al paciente les ruego que no entren todos de golpe y solo unos pocos minutos porque Anthony necesita descansar, la cirugía fue un poco complicada.
-Esta bien –dijo Elisa mirando a Adam- vamos a salir, haremos lo que tú dices.
-Como Candy recién acaba de entrar –sugiere Archie- podría ser ella la que se quede con él estos minutos, mientras los demás vamos a tomar algo
-Yo estoy de acuerdo –dice Annie- Nosotros ya llevamos más de 10 minutos aquí y como dice Adam es mejor que descanse.
-Hijo más tarde, vendré a verte –le dice la señora Elroy- voy hacer unas compras y regreso
-Yo vuelvo mañana primo –dice Neil- dejé a Stuart solo y ya debe estar extrañándome sobre todo porque hay mucho trabajo
-Está bien Neil, entonces espero tu visita mañana
-Candy –se dirige Neil a Kate- hoy visito nuevamente al señor Boutchard ¿le llevo tus saludos?
-sí y no olvides lo que te dije
-lo tengo presente, bueno con el permiso de ustedes me retiro
-yo también –dice Elisa-
-Todos venimos luego Anthony –dice Archie-
Adam y los demás salen de la habitación y solo quedan Kate y el joven Brown.
-¿Dónde andabas? Cuando desperté lo primero que hice fue buscar tus ojos verdes pero no los encontré.
-Estaba en mi oficina
-Candy, cuando entré a la sala de operaciones, soñé contigo
-Tony yo quería decirte que estoy muy contenta de que hayas decidido operarte, a pesar de lo riesgoso que era
-tú sabes, que fue lo que me impulsó
-No me digas nada por favor, yo te aprecio mucho, eres muy especial para mi pero...
-¡Candy! –la interrumpe- tampoco me digas nada, sigamos como hasta ahora, somos amigos ¿verdad?
-Sí, Tony
-Mejor hagamos planes para cuando ya pueda dar un paso
Susana iba llegando al hospital cuando Elisa salía pero prefirió ignorarla, la pelirroja quiso decirle algo horrible para lastimarla por estarle robando el amor de Adam pero no pudo.
-Es mejor dejar que se confíe un poco –se dijo a si misma- antes de asestarle el golpe de gracia. Me las vas a pagar maldita coja.
Adam conversaba con un médico cuando Susana robó su atención.
-¡Mi amor! Viniste
-Sí y acabo de ver salir a Elisa Richardson ¡que mujer más altiva! Siempre que tropiezo con ella me mira mal, está vez fui yo la que ni la miró.
-bien hecho, esa mujer no se compara contigo mi amor, olvídala, vamos para que hagas tus ejercicios.
Adam se sentía mal, no le había contado que la mujer con la que estuvo saliendo era Eliza, era mejor que no lo supiera por ahora, pensó, ya después le contaría todo, ahora solo importaba su tratamiento.
Anthony continuaba bajo los efectos de la anestesia por lo que volvió a dormirse, Kate sale del cuarto y ve al médico con su novia.
-¡Candy! –dice Susana- ¡Cuánto tiempo sin vernos!
Kate sonríe y se fija en que la chica lleva una muleta por lo que asume que se trata de Susana Marlowe la mujer que salvó la vida del prometido de su hermana, pero para no cometer errores solo le devuelve el saludo.
-¿Cómo has estado?
-Bien ¿por qué no me has ido a visitar?
-disculpa es que yo...
-Susi, lo que pasa es que Candy ha estado ocupada cuidando de su amiga Annie que está embarazada y también a su primo Anthony
-Sí, ya me lo contaste, solo estaba molestando a Candy. Candy eres una excelente amiga, te felicito
-Gracias Susana –ahora ya convencida- me da gusto que estés aquí
-vine por mis terapias pero ya que nos hemos vuelto a ver quisiera contarte algo
-claro
-Adam y yo...
-Estamos juntos –completa Adam- ¿qué te parece Candy?
Kate trata de armar el rompecabezas, había leído en el diario que Susana estuvo enamorada de Terry y que Adam de Candy entonces se alegró de que esta pareja hubiera encontrado la felicidad.
-¡Maravilloso! ¡Felicidades! –les dice emocionada-
-Gracias Candy, te lo debo a ti –le dice Susana- porque gracias a ti conocí a Adam
-No, a mi no me lo agradezcan, mejor agradézcanle a dios por unirlos. Ustedes son personas buenas y han recibido su premio.
Cerca de ahí estaba Matthew conversando con Patricia quien lo miraba con mucha admiración.
-El doctor dice que con el tiempo dejaré de tener pesadillas
-Esa es una buena noticia
-Sí, el doctor me inspira confianza y me siento a gusto con él
Kate quien ya había terminado de hablar con Susana y Adam busca a Patricia y la encuentra hablando con el joven.
-¡Patty!
-¡Candy! –se asusta la muchacha de anteojos-
Patricia no sabe que Kate conoce a Matthew por eso teme que noté el parecido.
-Pero si eres tú –dice Kate- ¡Mat!
-¿cómo? –Pregunta la enfermera- ¿ustedes ya se conocen?
-Sí, nos conocimos en Londres ¿cómo has estado?
-Bien Mat ¿y tú?
-Bien Kate, gracias
-Mat ella no se llama Kate se llama...
-Mat –interrumpe la rubia- ahora que te veo, tengo que hablarte de algo muy urgente. Patty yo le aclaro lo de nombre no te preocupes, después te cuento todo, perdona que me lo lleve.
Kate lo hala del brazo y se lo lleva corriendo de ahí antes de que diga algo que pueda delatarla, Patricia se queda sorprendida y no entiende nada.
-¿qué pasa Kate? ¿qué tienes que decirme?
Kate no le dice nada hasta que llegan a la oficina de su hermana, una vez ahí después de tomar un poco de aire se sientan.
-¿qué pasa Kate?
-Te tengo que pedir un favor
-claro, dime
-No me vuelvas a llamar Kate, aquí todos me conocen como Candy
-No entiendo
-es una historia muy larga, pero como tú estas relacionado con todo esto tienes que saberlo.
Kate empieza a contarle lo de su hermana, toda la historia y el enredo en el que se haya metida, Matthew no puede creerlo, nunca hubiera imaginado que su amiga fuera idéntica a la prometida de Terruce Grandchester el hijo de su patrona.
-Ahora tú te estás haciendo pasar por la verdadera Candy
-Sí
-Y no quieres que le diga a nadie que te conocí como Kate, entiendo pero entonces ¿qué digo, cuando pregunten como nos conocimos?
-diremos que fue coincidencia en una cafetería que me acerqué a ti porque te pareces mucho a mi primo Stear.
-¡Otra vez Stear! Estoy pensando que tal vez hubo un error y no soy Matthew Higgins sino Aliestear Cornwell
-Con tantas cosas que han pasado podría ser una posibilidad, estuve viendo las fotos de la familia y en verdad que te le pareces.
-tengo que descubrirlo, tienes que ayudarme
-claro, pero ayúdame tu a mí
-Hagamos un trato entonces
-Sí
Quedaron en que no iban a revelar las dudas de Matthew y que él no diría quien era ella en realidad.
Luego van a buscar a Patricia para inventarle algo y no sospeche en nada, después de decirle algunas mentiras la enfermera queda convencida.
-Así fue como nos conocimos, no te dije nada porque no quería que sufrieras pensando en Stear
-Candy nunca me dijo nada, nunca me dijo que me parecía a tu novio porque no quería que pensara que estaba loca.
-él me contó de su hija perdida y yo creí que podía ayudarlo pero ya me contó que la pudo encontrar y yo de bruta no me acordé que la vi hace unos días que salí con Annie, no te contamos nada porque pensábamos que te pondrías nerviosa pero ahora que se que ya lo viste y que además lo estás conociendo no me preocupa más.
-Candy, eso era todo
-Sí
-gracias por preocuparte
-eres mi amiga, es natural que me preocupe, tu también lo harías ¿cierto?
-tienes razón
-Bueno yo los dejo para que sigan platicando, voy a ver a Anthony –le dice a Patty mientras le guiña un ojo-
Archie regresa a la oficina después de dejar a su esposa en la mansión y al abrir la puerta lo primero que ve es a esa escultural mujer sentada en un escritorio escribiendo a máquina.
-Señor Archibald, no pensé que llegaría usted tan temprano
-Es que.. hay mucho trabajo atrasado...y vine por eso
-¿cómo está su primo? ¿salió bien de la operación?
-Sí, muchas gracias
-¿desea que le prepare un café?
-no gracias
-Entonces déjeme darle los recados que dejaron los señores del banco
Annie estaba en casa tejiendo unos escarpines para su hija, soñaba con verla ya en su cunita, muy cerca de ella estaban los pequeños jugando con unos carritos de madera que les había regalado Patty.
Elisa había ido a Lakewood junto a la tía abuela y las dos empezaron a planear como hacer que Anthony vuelva a la luz pública.
-lo ideal sería hacer una fiesta, por todo lo alto y que salga en los periódicos.
-invitaremos solo a personas de nuestro circulo social, nada de proletariados, tal vez alguna jovencita de buena familia se enamore de mi Anthony
-ojalá para que así se olvide de la pueblerina de Candy
-ya lo creo, estoy pensando muy bien en como quitarle a Candy la herencia, ahora que Anthony está legalmente vivo y que pronto estará en perfecta condición física no hay motivo alguno para que ella continúe al frente de la fortuna.
-tiene razón tía no lo había pensado
Henry estaba casi recuperado gracias a los cuidados de Candy, ahora debido a que tenía inmovilizado un brazo la enfermera le había dado de comer en la boca salvo los alimentos que si podía tomarlos con la otra mano. Cierto día le hizo comer una presa de pavo con su mano derecha que era la que si podía mover muy a pesar de que el se había resistido hacerlo, acostumbrado desde niño a comer solo con cubierto y a no ensuciarse las manos.
-¿qué diría mi mamá si me viera ahora? –le había dicho a Candy-
-que estás en una situación favorable, hay muchos heridos de guerra que perdieron algún miembro, lo tuyo es pasajero.
-Sin duda alguna eres mejor de lo que pensaba
-¿por qué?
-me enseñas muchas cosas
-¿buenas o malas?
-buenas, muy buenas, me estás educando ¿quieres moldearme a tu manera?
-no, cada persona tiene su propio estilo, personalidad, unos forjados por los avatares de la vida, otros por la educación, otros por la experiencia ¡que se yo! Por tantas cosas
-mi personalidad no es atrayente, al menos no lo es para ti ¿por qué te gusta Terruce Grandchester?
-Será porque el y yo nos parecemos
-¿en que?
-En muchas cosas, ambos nos sentíamos solos, éramos unos rebeldes, apasionados, soñadores, impulsivos y vivíamos pensando en los demás. Al principio el me mostró una máscara, quería disfrazarse de alguien quien no era pero yo le fui quitando ese disfraz y vi dentro de él a una persona maravillosa
-¿Ah sí?
-Sí
-¿y yo como soy?
-tu eres un ególatra, egoísta, orgulloso, altivo pero a veces puedes ser agradable, solo a veces.
-¡Hum! ¿Cómo te gustaría que fuera?
-Tal vez si fueras más humano, más bondadoso
-Es difícil para mí, he sido criado de esa manera, me han enseñado a comportarme así, es lo que creo, no puedo despertar un día y ver las cosas diferentes como las ves tú
- Estamos en una nueva era Henry, ya el tiempo de la esclavitud terminó, tus empleados te temen no te aprecian. Yo creo que si les dieras mejor trato ellos estarían contentos y trabajarían con más ganas.
-yo les doy un buen salario
-no basta con eso, debes aprender a mandar, eres autoritario no hay duda, pero a veces te crees un dios y eso no está bien, actúas como si lo mereces todo.
-¿y acaso no?
-¡No!
-¿cómo que no? La clase a la que pertenezco...
-La clase a la que perteneces –lo interrumpe Candy- es una clase opresora, que se aprovecha de los demás, que deben su posición y sus riquezas a la clase a la que pisotean
-Eres de temer. Tú también perteneces a esa clase opresora que pisotea a los demás.
-Yo no utilizo mis riquezas para satisfacer mis necesidades, yo me preocupo por cumplir el sueño de muchas personas, pienso en los demás tal como me han educado en el hogar de Pony, amando a dios y al prójimo.
-vuelves a la misma historia
-Soy Candy White Andley y soy enfermera de profesión, no es por jactarme pero el hospital que mandé construir y fundé es sin fines de lucro, exclusivamente para personas que lo necesitan. Si tu fundaras un organismo igual dudo mucho que te resignarías a perder parte de tu fortuna en algo como esto.
-Sin duda pensaría que se trata de un desperdicio, pero ahora creo que me estás lavando el cerebro, me haces sentir como el peor de los hombres.
-no lo digo para que te sientas mal, sino para abrirte los ojos, el dinero no hace a las personas. Me recuerdo unas palabras que dijo cierto emperador romano, el pidió que cuando muriera el médico que lo atendió ayudara a llevar en sus hombros el ataúd para que todos vieran que la ciencia por lo muy avanzada que estuviera no era capaz de vencer a la muerte, también pidió que regaran sus joyas y pertenencias a lo largo del camino para que todos supieran que lo que posees en vida no lo tendrás a tu muerte y por último que su mano estuviera guindando fuera del ataúd para que todos vieran que tal como viniste al mundo te irás sin nada, desnudo y desprovisto. No es un desperdicio ayudar a los que no tienen, al contrario estás anotando puntos, acumulando riquezas en el cielo ¿no te parece eso mayor riqueza que lo que posees ahora?
-ciertamente, olvidaba que hay un dios arriba en los cielos
-¡ves! Olvidabas lo más importante
-Ciertamente te necesito a mi lado para que me lo estés recordando a cada instante.
-No, así no tendría ningún sentido. Dios no quiere que lo recordemos solo cuando lo necesitamos sino siempre.
-Entonces así será, espero que el me tenga paciencia como tú
-él tiene más paciencia que yo te lo aseguro
Matthew seguía platicando con Patricia, ahora la conversación se trataba sobre los progresos estudiantiles de la pequeña Magy como cariñosamente la llamaba su padre.
-Es una niña muy inteligente y despierta
-Eso se nota a leguas, con un padre tan inteligente como no tendría que serlo
-te lo agradezco, bueno ya tengo que irme, me dio gusto saludarte, tal vez nos veamos pronto
-Sí Matthew, cuídate mucho y salúdame a tu hija
-claro
Kate vigilaba el sueño de Anthony y recordaba la primera vez que lo vio cuando entró a la casa de los Andley.
-En ese momento creí que estaba soñando, es como si te hubiera visto antes.
Adam entra y llama con una señal para no hacer ruido, ella sale y habla con él.
-Susana ya tiene que irse y pidió despedirse de ti ¿puedes ir a verla? Está en tu despacho.
-Claro, ya voy
Susana quería hablar en privado con ella para volver a agradecerle.
-¡Candy! Deja que te de un abrazo y un beso, no sabes lo feliz que me siento
-Yo también lo estoy, por los dos
-quiero que seas muy feliz con Terry, él y tú lo merecen, son mis amigos especiales.
-gracias, tú también eres importante para los dos
Archie seguía examinando unos papeles pero en momentos no podía dejar de mirar de reojo a su secretaria, ella sabía lo que estaba haciendo sentir a su jefe por eso cada vez actuaba con mayor audacia.
Annie seguía tejiendo y por ratos acariciaba el rostro de sus pequeños, veía el reloj, faltaban pocas horas para que su esposo llegara a casa, aun guardaba la misma emoción que sentía cuando recién casados, ella adoraba a su esposo, y siempre se lo recordaba.
Pasan los días y Anthony es dado de alta y llevado a la mansión de Chicago, la casa estaba llena de flores blancas y rojas que Kate había mandado a comprar en una florería cercana, esa tarde hicieron un almuerzo digno de un rey, comieron todos juntos y en la tarde fueron a conversar en la sala de música donde Annie los deleitó con una pieza delicada de Chopin.
-¡Maravilloso! ¡Maravilloso! Annie no hay duda que tienes un ángel para tocar el piano –dice Neil-
-Siempre tan delicada querida Annie –le dice Patricia-
-¿Por qué no tocas algo Candy? –sugiere Anthony, recordando como lo había hecho antes-
-No creo que Candy pueda superar a Annie, después de todo siempre ha sido una torpe –dice intencionadamente Elisa-
-También sé tocar el piano Elisa –le refuta- tal vez lo hayas olvidado
-Sí pero…
-Déjala Elisa que nos deleite con su arte –dice Stuart-
-Está bien que toque, seguramente será algo tan fácil que un niño de 7 años podría hacerlo mejor
Kate se sienta y empieza a tocar la parte más rápida del concierto número 3 de Rachmaninoff, tan espléndidamente que no solo superó a Annie sino que dejó más que sorprendido a todos en especial a Elisa quien pensó que quedaría en vergüenza, aún así cuando hubo terminado no pudo evitar criticarla a pesar de que no tenía por qué.
-¿Ahora también compones Candy? Es una pieza espantosa, nunca la había oído.
-Podría componer algo si me lo propusiera pero lamentablemente estás partituras las escribió Sergei Rachmaninoff, pero veo que no lo conoces en lo absoluto.
-¿No conoces a Rachmaninoff, Elisa? Pensábamos que eras muy culta –le dice maliciosamente Archie con una sonrisa-
-Es uno de los exponentes más grandes de la música contemporánea –dice Annie-
-lástima Elisa que no estés tan informada, una dama de la alta sociedad como tú, debería saber estas cosas. -dice Kate-
Elisa hervía de la rabia, la abuela Elroy estaba muda no sabía que Candy tuviera esos dotes, Adam se extrañó tanto pero no dijo nada.
-¿Cuándo aprendiste a tocar así Candy? La última vez aporreaste las teclas del piano del señor Jasón. –Dice Archie-
-Sí Candy ¿en qué momento aprendiste? –Pregunta Annie-
La rubia se puso pálida, ella recordaba que había leído en alguna parte del diario de Candy que ella tocaba el piano, pero nunca imaginó que tan mal.
-Fue en México queridos amigos –intervino Adam- aprendió allá solo que no quiso demostrarles lo bien que lo hacía para no destronar a Annie ¿verdad Candy?
-¡Ah! Con que era eso, no importa Candy, si tocas mejor que yo está bien, no soy celosa ni envidiosa como otras personas. –Mirando a Elisa-
-Candy quiere parecer una dama tocando el piano así y hablando como si fuera británica pero nunca lo logrará porque para ello uno tiene que ser de buena cuna, eso se lleva en la sangre.
-ciertamente la cigüeña debió equivocarse contigo querida Elisa a ti debió depositarte en la cuna de una serpiente, de un león o de un buitre porque tienes una lengua sumamente venenosa. ¡Oh por Dios! ¡Hasta esas bestias son mejores que tú!
-Siempre tan vulgar Candy
-Sí, es mejor serlo que parecerlo ¿no crees?
-eres una tonta, no sé cómo es que pudiste comprometerte con un hombre de alcurnia siendo como eres
-Perdón, ¿Cómo que comprometida? –Pregunta extrañado Anthony-
Claramente estaba, que Elisa lo había hecho a propósito para mortificar a Candy pero rápidamente intervinieron sus amigos antes de que se viera en un aprieto.
-Está hablando de Albert –dijo Archie- Elisa todavía no acepta que Candy es nuestra tía política- esto último añadiendo un poco de picardía-
-Yo no me refería a…
-Elisa ¿Por qué no tocas el piano? Trata de superar a Candy con tus dotes musicales –le dice su todavía esposo-
-Sí ¿Por qué no tocas algo para nosotros? –Solicita Annie-
-No, yo estoy un poco cansada
-Jajaja –rió Archie- Lo que pasa es que no puedes
-Lo único para lo que sirves es para salir a la calle a encontrarte con tus amantes –le dijo sin vergüenza Stuart-
-¡Por Dios! ¿Qué es esto? ¿Cómo pueden dañar la tarde de esta manera? ¿Han perdido la cordura acaso? –Cuestiona la abuela Elroy-
Elisa estaba avergonzada se había puesto toda roja y Adam mentalmente se lamentaba haber tenido que ver con esa mujer.
-¡Dios! Pensar que casi me convierto en uno de esos amantes que dijo Stuart –piensa-
-Será mejor que me marche, me retiro a Lakewood, esto es intolerable pero la culpa la tienes tú Candy, eres una mala influencia. –le dice mientras se levanta y se va-
-la acompaño tía –dice Elisa corriendo tras la señora-
-Yo también me marcho, gracias por la velada ha sido maravillosa –dice Stuart- que tengan buen día
Todos se quedan más tranquilos al no tener la presencia de Elisa y la abuela Elroy.
-¡Candy! Le ganamos a Elisa otra vez –dice Annie-
-Hace tiempo que quería verla así como ahora –dice Patty-
-Ella nunca se cansó de hacernos la vida de cuadritos –añade Annie-
-Pero esta vez le dimos una cucharada de su propio chocolate –dice Kate sonriendo-
-Lo que me pareció de mal gusto es que tratara de indisponerte diciendo que no eres una buena candidata para ningún caballero –Dice Anthony-
-Olvídalo Tony, Elisa es una resentida social –le dice la rubia-
-¡Candy! Ya tengo que irme podrías darme unos minutos quisiera decirte algo
-claro
Kate y Adam salen de la sala y en alguna parte del pasillo conversan en voz baja.
-¡Tú no eres Candy! ¿Quién eres?
Kate sintió como un frío helado recorría todo su cuerpo, se sentía perdida, alguien la había descubierto.
