Una vez más...¡Hola a todos! Prometí que tardaría menos que para el anterior y aunque lo he hecho, aún así he tardado casi un mes. Tengo que ponerme más duramente con la historia. Quiero agradecer en esta ocasión a: Alexander Malfoy Black, LenashSkoll, FzMarcE09, santiago, Allie Danger, gustavil-007, jeimi, Pedro I y shmjuanmi. Me hace gracia como algunos me dicen que si Angelina era mala, si está muerta o no, o todo tipo de teorías... La verdad es que me alegro, significa que he conseguido crear algo de confusión e intriga. Espero responder muchas preguntas con este capítulo, pero estoy seguro de que no contestaré a todas así que como digo siempre, cualquier cosa que quieran decirme/preguntarme/criticarme, estoy disponible.

Hoy no me liaré mucho. Espero que les guste.

Capítulo 31: Sangre en vida

Tras atraversar su estómago, el cuerpo de Angelina perdió la rígidez y la sonrisa se borró de su rostro. Como si de una marioneta a la que le cortaran los hilos se tratara, el cuerpo de la chica se dobló y cayó sobre él. Sin un ápice de delicadeza, Hart empujó el cuerpo y extrajo la espada de su vientre, haciendo que el cuerpo cayese hacia atrás y se golpease contra el suelo.

"¡ES ELLA!"- Oyó como Hermione gritaba en su mente. El desahogo que le había supuesto clavar la espada en quien creía que era Voldemort burlándose de él, había provocado que bajase la tensión mental por un momento. Aún así, no prestó atención a la heredera, tenía mejores cosas que hacer.

Miró su espada, impoluta, y la mano con la que la empuñaba, manchada de sangre. Sintió más náusas, hasta casi vomitar, aunque se esforzó para no hacerlo. Se permitió inspirar profundamente antes de volver al fragor de la batalla. Extrañamente, sus enemigos le permitieron dicho respiro. Elevó la mirada al frente dispuesto a atravesar con su espada a alguien más cuando se encontró frente a frente con su eterna e inseparable maldición. Allí la tenía. A unos pocos metros. Su ansiada venganza. Borraría de inmediato aquella sonrisa que tenía dibujada Voldemort en su rostro. Escuchó toser y notó algo en las piernas, el falso cuerpo de Angelina había escupido sangre y lo había salpicado. Cabreado, dio una patada al cuerpo ya medio muerto y se apartó a un lado. ¿Por qué tendría Voldemort aquella maldita sonrisa?

Estaba rodeado por mortífagos y vampiros, pero su ejército de criaturas estaba bien entrenado y era capaz de aguantar. Sin esperar más, alzó la varita con su mano libre y lanzó un haz rojo hacia Voldemort, que detuvo sin problemas. Proyectó la espada con fuerza hacia el mago tenebroso, pero en lugar de ir contra él, se clavó en la tierra a un metro del mago, haciendo estallar una pared de fuego. Impidiendo que Voldemort pudiese verlo, comenzó a emitir maldiciones a discreción, una tras otra. No tenía ni idea de si alguna lo alcanzaría, pero no paró de conjurar hechizos de todo tipo. Cada cierto tiempo alguna maldición de Vodemort cruzaba la pared de fuego hacia él, pero la esquivaba sin problemas. Entonces experimentó uno de aquellos momentos en los que su cuerpo actuaba antes de que él lo ordenara. Notando un mal presentimiento, describió una espiral con la varita y creó a su alrededor una barrera de color amarillo eléctrico que frenó en seco la embestida que el rey Normand había iniciado contra él. Incluso así, el rey de los vampiros consiguió introducir su brazo y con unas uñas que parecían garras rasgó su ropa, aunque la piel de dragón impidió esta vez que sufriera una herida. Lanzó una maldición hacia la pared de fuego y otra hacia el vampiro cuando repentinamente hizo aparición junto a él un remolino azul. No tenía tiempo para obligar a Hermione a marcharse, sin embargo, parecía que la chica tampoco tenía tiempo para él. Nada más aparecer se arrodilló junto al falso cuerpo de quien había sido la compañera de ambos.

"¡Olvídala!- Exclamó él en su mente.- "Sólo es un engaño de Voldemort para distraernos"- Intentó explicar sin creerse que su amiga cayera en la trampa. Aunque se sentiría más cómodo sin la heredera de Ravenclaw cerca, sabía que Hermione tenía la suficiente habilidad como para echarle una mano. Pero arrodillada junto a un cadáver solo perdía el tiempo.

"¡¿Un engaño con el mismo vestido con el que enterramos a la verdadera Angelina?- Respondió la heredera mentalmente con una pregunta que no necesitaba respuesta.

Hart no comprendió las palabras de la chica hasta que pudo mirar de reojo a su amiga arrodillada junto a la falsa Angelina. Hermione estaba intentando que la chica bebiese algo. Sí, el cuerpo que veía llevaba el mismo vestido dorado y negro con el que habían enterrado a Angelina el día anterior, ya lo había visto. Ignorando el absurdo razonamiento de la chica continuó despidiendo maldiciones y hechizos protectores cuando era necesario. Extrañamente, no parecía que Voldemort estuviera empleándose al máximo, al menos no eran muchos los conjuros que le devolvían desde el otro lado de su pared de fuego.

Fue entonces cuando la realidad invadió su mente como un jarro de agua helada. Aquel vestido lo había encontrado Hermione en el armario de la Hufflepuff, en su dormitorio de la sala de los herederos. Aquel vestido era de Angelina, solo tenía uno y era absolutamente imposible que Lord Voldemort lo consiguiera para ponérselo a quien quiera que él pensaba que era aquella persona. Se quedó bloqueado, paralizado. Dejó de lanzar maldiciones y la pared de fuego que tenía frente a él se consumió hasta desaparecer. Volvió a ver a Voldemort. Estaba intacto, allí plantado, con la misma sonrisa que le había visto minutos antes. No quería mirar hacia Hermione, no podía mirar, no podía girar la cabeza y observar el cuerpo de Angelina. ¿Sería verdad? ¿Habría sido todo un macabro juego de Voldemort? ¿Habría estado todo planeado para que fuese él quien matase a Angelina? De repente, todo cobró sentido y dejó de tenerlo a la vez. Él había visto como la maldición asesina impactaba de lleno en el pecho de la chica y caía desplomada. Él había estado durante horas junto a su cuerpo sin vida. Él había organizado el funeral de Angelina. ¿Sería posible que nunca hubiera muerto? No podía ser, en un día una poción multijugos hubiera dejado de tener efecto y hubiera visto que no era Angelina quien tenía delante. Aquél cuerpo al que había estado llorando era el de su amiga. Estaba convencido de ello. Pero entonces, ¿por qué Hermione estaba arrodillada junto a aquel cuerpo? ¿Por qué no tenía sentido que el cuerpo al que había travesado con su espada tuviera aquel vestido? Tal vez Angelina nunca hubiera muerto, tal vez solo había visto lo que Voldemort había querido que viese. Quizás… Quizás el engaño de Voldemort fue la noche de la Madriguera y no era la que estaba viviendo.

Entonces bajó la mirada hacia la izquierda y lo vio. Hermione intentaba que la chica bebiese algún tipo de poción pero Angelina era incapaz de tragar, únicamente escupía sangre. Como si a él mismo lo acabaran de atravesar con su propia espada, sus fuerzas lo abandonaron. Su mano fue incapaz de sujetar la varita y ésta acabó en el suelo. Sus piernas le fallaron y cayó de rodillas, abatido. Con la misma rapidez con la que aquel poder lo había poseído lo había abandonado. Se sentía débil, frágil, se sentía roto. Sentía como aquella nube oscura que había envuelto su corazón y su mente se disipaba, dejándolo vacío.

- Veo que has comprendido lo que has hecho.- Dedujo Lord Voldemort con voz de superioridad a la vez que ampliaba la sonrisa de su rostro.- Es lo que les ocurre a los que creen que pueden enfrentarse a mí, que pierden… Lo pierden todo…- Sentenció disfrutando cada una de las palabras que pronunciaba mientras jugaba con su varita.- Y ahora perderás también la vida.- Anunció apuntándolo.- Avada Kedavra.- Un haz de luz verde salió inmediatamente de la varita del señor tenebroso hacia Hart. Éste no movió ni un músculo para evitarlo.

Sin embargo, Hermione sí reaccionó. Con una rapidez vertiginosa, hizo aparecer un espejo frente a Hart, un espejo que absorvió la maldición y la hizo rebotar un segundo después contra su creador. Voldemort detuvo su propio conjuro sin problemas y miró hacia la heredera. La chica esperó preparada para defenderse del mago tenebroso, pero el ataque nunca llegó. Lo que si llegó fue alguien por su espalda, y pillándola por sorpresa, la agarró. Quiso librarse pero entonces los brazos la apretaron más y más fuerte hasta pensar que le rompería las costillas. Aquella fuerza era sobrehumana. Sintió una opresión insoportable, lo único que pudo ver la chica era que quien fuera que la había apresado por su espalda tenía el cabello largo y rubio.

- Ahora ya no tienes a nadie que te defienda. ¡Avada Kedavra!- Volvió a conjurar Voldemort hacia el heredero de Griffindor. Como la vez anterior esta vez Hart tampoco reaccionó, su cuerpo estaba allí pero su mente estaba perdida.

"¡HARRY!"- Gritó desesperada Hermione en la mente vacía del chico. La heredera de Ravenclaw ya apenas podía respirar. En esta ocasión nadie apareció para salvar al chico, pero sí lo hizo el obsequio de Godric Griffindor, que como siempre, hizo aparecer un escudo a su alrededor que aunque estalló en mil pedazos, detuvo la maldición asesina. Aquel hecho irritó a Voldemort.

- Parece que siempre guardas un as en la manga.- Comentó Voldemort dando varios pasos hacia Hart sin querer que se notase su enfado por haber vuelto a fracasar.

A pocos metros de un Hart rendido, Hermione sentía que pronto perdería el conocimiento. Los brazos que la apretaban la hacían sentir que se rompería en dos. Se encontraba aturdida y tenía complicaciones para percibir correctamente lo que sucedía a su alrededor. Aún así, pudo ver como en los terrenos donde se encontraban comenzaban a aparecer magos y brujas que inmediatamente se enfrentaban a los mortífagos. Finalmente, la Orden del fénix había respondido a su llamada y había venido.

"¡Harry! ¡Sigue viva, Harry! ¡Sálvala! Por lo que más quieras…¡REACCIONA!"- Reintentó la heredera de Ravenclaw totalmente desesperada. Con asombro, pudo ver como el chico giraba la cabeza.

Aunque la llamada de Hermione lo había sacado de su ensimismamiento, lo que había llamado su atención era Angelina. La morena sufría pequeños espasmos y continuaba expulsando sangre por la boca, pero parecía emitir pequeños ruidos, como si quisiese decir algo. Fue entonces cuando Hart decidió entrar en la mente de la chica. Aún estando a punto de morir, notó como las barreras mentales seguían intactas, sin embargo, al volver a intentarlo, dichas barreras desaparecieron, como si Angelina lo invitase a entrar.

"Harry…"- Pronunció una voz que jamás creyó volver a escuchar. Solamente oyó su nombre, la chica no tenía fuerzas para comunicarse con él. Pero fue más que suficiente. Aquella voz… aquella voz cálida y cariñosa lo devolvió a la vida. Al contrario de lo que sintió cuando creyó haberla perdido para siempre, en esa ocasión la esperanza lo invadió. El vacío que sentía y que antes había sido absorvido por la oscuridad, fue ahora invadido por la luz. Donde antes solo había frialdad sintió calidez. En su corazón y sus recuerdos, donde solamente creía tener sufrimiento y dolor, sintió alegría y amor. Estaba allí, la posiblidad y la perspectiva de un futuro feliz seguía allí, seguía respirando, Angelina seguía viva.

- Pensándolo mejor, disfrutaré un poco más antes de matarte. ¡Crucio!- Sentenció Voldemort a poco más de un metro de distancia de él. Sin embargo, Hart no sintió solor alguno. En contra de lo que el señor tenebroso se había imaginado, Hart fue envuelto por una gran llamarada azul y desapareció. Pero lo hizo para volver a aparecer solamente dos metros a su izquierda, arrodillado junto al cuerpo de Angelina.

- No permitiré que te vayas…- Susurró Harry de manera que solo la morena pudiese escucharlo. Con delizadeza, acarició el cuello de la chica y la sangre de su boca desapareció momentáneamente. Si realmente conseguía cumplir su promesa, jamás se perdonaría aquello. La chica debía estar experiementando como el mismísimo infierno ardía en su interior. No entendía como era capaz de continuar con vida.

- Olvídalo, ella está muerta, tú la has matado…- Le recordó Voldemort soltando una carcajada que resonó una y otra vez en la mente de Harry.- Avada Kedavra- Volvió a intentarlo una vez más.

Prácticamente sin prestar atención, Hart desintegró la maldición. No podía ayudar a Angelina y combatir con Voldemort al mismo tiempo. Además Hermione estaba a pocos metros de él y también necesitaba que le dedicara unos segundos. Abrió la palma de su mano y creó una esfera de fuego. Esta vez el fuego que manipulaba era rojo, no disponía de las fuerzas ni de la concentración suficientes para recuperar su fuego negro. Sabía que no podía derrotar a Voldemort, ayudar a Hermione y salvar a Angelina, pero en aquel momento no necesitaba derrotarlo, solo quería tiempo. Se puso en pie y miró a Voldemort. Tenía que actuar rápido.

"¡Piensa!"- Se obligó a sí mismo. Con su mano derecha sujetaba la varita y con la izquierda la esfera de fuego. Entonces tuvo una idea, no era brillante pero le otorgaría unos minutos. Veía la mansión de Voldemort tras él y una rama seca cerca de sus pies. Tenía que ser extraordinariamente rápido. Bajo la mirada y comenzó a murmurar para sí mismo. Como había previsto, harto de esperar, Voldemort se dispuso a lanzarle otra maldición, y entonces lo hizo. Lanzó la esfera de fuego con toda la fuerza de la que disponía en ese momento. El mago tenebroso imaginó que iría dirigida a él y velozmente creó una pantalla dispuesto a devolverle el ataque. Se equivocó. El ataque de Hart pasó de largo y acabó impactando en el tercer piso de la mansión de Voldemort, provocando una explosión y haciéndola estallar en llamas. Contrariado, el mago tenebroso se giró un instante para obervar lo que había ocurrido. En aquel momento, Hart volvió a susurrar y la pequeña rama en la que se había fijado salió disparada hasta pegarse a uno de los pies de Voldemort. Éste no supo que había ocurrido hasta que comenzó a elevarse para finalmente desaparecer de allí. Lo había mandado a las montañas de Suiza donde se encontraba su castillo. La magia ancestral que protegía aquellas montañas impedía la aparición en ellas, a él le había llevado bastante tiempo conseguirlo, esperaba que a Voldemort le costase al menos diez minutos.

Entonces se giró y miró al rey Nordman, quien le dedicó una sádica sonrisa mientras parecía oler el aroma que desprendía el cuello de Hermione. A su vez la chica se encontraba a varios palmos sobre el suelo, con los brazos del vampiro rodeándola, la tez morada por la asfixia y los párpados caídos. A ella tampoco le quedaba mucho tiempo.

Entonces, lentamente, comenzó a caminar hacia el vampiro. Tiró la varita y mostró claramente las palmas de las manos queriendo dar a entender que no atacaría. Mientras caminaba, susurró algo en forma de siseo que el vampiro no logró a entender. Cuando llegó a menos de dos metros de él, se detuvo y se apartó la capucha, dejando ver la máscara roja de Griffindor con forma de león que cubría la mitad superior de su rostro.

- Presentándote así ante mí no conseguirás salvarla, pero sí que os mate a los dos.- Anunció el vampiro emitiendo una nueva sonrisa pero esta vez para mostrar sus afilados e interminables colmillos.

- No, no lo harás.- Negó tan tajantemente que llamó la atención de un Nordman que se detuvo en su intención por morder a la heredera.- La soltarás.- Afirmó tan rotunda como incoherentemente.

Aquella actitud intrigó tanto como divirtió al vampiro, que ignorando a la chica a la que asfixiaba, se centró en analizar a Hart. Y analizó exactamente la zona que Hart quería que analizara cuando dejó al descubierto su máscara, sus ojos. Sin embargo, no eran los suyos. Sus pupilas se habían dilatado hasta estirarse de manera antinatural, y el iris era ahora de color amarillo eléctrico. Una vez la mirada del vampiro se centró en los ojos del chico, ya no pudo apartarlos.- Harás lo que te ordene, y te ordeno soltar a la chica.- Dictaminó Hart manteniendo el contacto visual en todo momento, no tenía claro hasta que punto los vampiros eran vulnerables a la hipnosis que su serpiente poseía. Para su tranquilidad, el rey Nordman lo obedeció y drásticamente relajó sus brazos, provocando que su amiga cayera al suelo, liberada. Tras golpearse, Hermione comenzó a toser bruscamente hasta conseguir que el aire volviese a llegar a sus pulmones.

- Creí… Creí que no… vendrías…- Admitió sinceramente y aún sin aliento la chica. No obtuvo respuesta.

- Acércate.- Volvió a ordenar Hart al vampiro, que inmediatamente obedeció y caminó hacia él.- Detente.- Pronunció cuando se encontró aproximadamente a un metro de él. Estiró el brazo derecho esperando a que la espada que un rato antes había clavado en la tierra frente a Voldemort saliera volando hasta él. Sin embargo, tras unos eternos segundos, la espada continuaba sin llegar a su mano.

Hermione observaba atónita la escena, nunca había visto a Harry hacer aquello, y era inconsciente de que ella misma, tiempo atrás, había sido víctima de la hipnosis del heredero.

Aunque había querido evitarlo, tuvo que romper el contacto visual momentáneamente con el rey Nordman para girarse y ver que era lo que ocurría con su espada para que no fuese hacia él. Para su sorpresa, pudo ver como un vampiro de su propio ejército y que portaba la túnica que él mismo había diseñado para ellos, sujetaba su espada e impedía que volase hasta él.

- Podrás haber hecho un trato con mi reina, pero no permitiremos que asesines a otro rey.- Sentenció Abel Rumsfeld, el líder de su ejército de vampiros. Hart no disponía de tiempo para discutir con aquel vampiro, y ya había advertido de las consecuencias de una insubordinación.

- Y Godric Griffindor no permite que alguien que no sea uno de los suyos empuñe esa espada.- Informó Hart desconcertando al vampiro. Sin embargo cuando entendió a lo que se refería ya fue tarde. Primero fue una chispa la que saltó desde la espada y un instante después una columna de fuego engulló a Rumsfeld, que soltó la espada y salió corriendo y gritando despavoridamente hacia ningún lugar. El fuego lo convertiría en cenizas en unos segundos.

- ¡NO!- Gritó Hermione antes de que Hart pudiese volver a girarse. Cuando lo hizo, vio el rostro del rey Nordman a pocos centímetros de él, con expresión de sorpresa en su rostro.

Retrocedió un paso y descubrió el motivo. La punta de una afilada espada sobresalía por su pecho. Hermione había usado la espada de Rowena Ravenclaw para atacar al vampiro antes de que éste se abalanzase sobre él. Aún así, aquello no era suficiente para matarlo, pero sí para inmovilizarlo temporalmente. Estiró de nuevo su brazo y esta vez sí su espada llegó hasta él inmediatamente. Sin un segundo que perder, la empuñó con fuerza y segó la cabeza del rey Nordman en un movimiento limpio y seco. La cabeza cayó primero, y una vez Hermione extrajo su espada, también el cuerpo se desplomó sobre la tierra. La chica miró a Harry y un sentimiento de felicidad momentánea la invadió. Aunque continuasen apagados y tristes, los ojos del moreno volvían a ser verdes, y no podía recordar la última vez que trabajaron en equipo para conseguir algo como acababan de hacer.

- Encárgate de que no nos molesten, la lealtad de mis vampiros ya no es segura.- Pidió a Hermione para acto seguido dar media vuelta y correr junto a Angelina. La morena seguía con cara de sufrimiento y experimentando espamos incontrolados, aunque había dejado de vomitar sangre. Hart sentía como la Hufflepuff se esforzaba heroicamente para no perder el conocimiento y continuar viva. Una vez se encontró de nuevo arrodillado junto a la chica, abrió la palma de su mano derecha y creó en ella una pequeña llama que a los pocos segundos comenzó a teñirse de azul. La chica no podía hablar y Hart no sabía si lo escucharía, pero agarró delicadamente su cuello con su mano izquierda y la obligó a mirarlo.- Esto te dolerá, pero no hay otra manera…- Avisó el Griffindor siendo incluso él inconsciente del dolor que haría pasar a Angelina. Lentamente, acercó la palma de la mano en la que portaba la llama azul al vientre de la chica, exactamente al lugar donde le había clavado la espada. Reunió el valor necesario para hacerlo y volteó la mano. La chica hizo una mueca de dolor, pero nada comparado con lo que vendría a continuación. Harry apretó con fuerza sobre la herida de la chica y sin poder verlo pero sintiéndolo, expandió su fuego dentro del cuerpo de Angelina. Fue en aquel momento cuando el cuerpo de la morena se contrajo violentamente y soltó un grito desolador. Aquel horrible chillido de dolor perforó el corazón de Harry como si él también pudiese sentir el sufrimiento de la morena.

Harry mantuvo la intensidad de su fuego pero a los pocos segundos Angelina dejó de gritar, no porque no quisiese sino porque otro vómito de sangre se lo impidió. Tras aguantar medio minuto convertido en una eternidad, Harry hizo desaparecer su fuego del interior de la morena, quien consumida por el dolor, perdió finalmente la consciencia. Desesperado, Harry volvió a limpiar la sangre de la boca de la morena y comprobar su pulso. ¡No tenía! Nunca había puesto en práctica las cualidades del fuego azul más que para comprobar que era capaz de crearlo. ¿Y sí había acelerado la muerte de Angelina? No, no podía ser posible. En aquel momento, disponiendo de un respiro y habiendo observado lo que había ocurrido, Hermione llegó a su lado.

- Dame tus pendientes.- Pidió Harry cuando vio a Hermione a su lado. Aquella petición hubiera resultado extraña si ambos no supieran a que se refería el chico. La heredera quiso replicar pero el moreno la interrumpió incluso antes de que lo hicera.- No hay tiempo, no sé que hacer, necesito tus pendientes, por favor.- Le suplicó Harry desesperado. Aunque lo había intentado de buenas maneras, el chico se preparó para el caso en el que la castaña se negase a hacerlo. Haría lo que hiciera falta. Sin embargo, no fue necesario, consciente de que lo único que buscaba Harry era salvar a Angelina, Hermione se quitó los pendientes de Ravenclaw y se los entregó a su amigo. No le fue necesario enganchar los pendientes a sus orejas para que éstos comenzasen a ejercer su función, aún sujetándolos en su mano escuchó la voz de Ravenclaw. Ni tan siquiera hizo falta que formulara la pregunta, los pendientes sabían qué era lo que necesitaba.

"Tu sangre…"- Escuchó Harry en su cabeza.- "Tu sangre contiene sangre de unicornio, házsela beber y la mantendrás con vida."- Le indicó la voz de la fundadora de Hogwarts. ¿Cómo no había caído él antes en eso?- "Mientras lo haces, debes pronunciar la siguiente frase… Sanguinem dare me vita, ligat vita ad hoc corpus".- Completó la explicación Ravenclaw. Harry no perdió un segundo más en cuanto supo lo que debía hacer. Devolvió los pendientes a su amiga y con la misma mano empuñó su varita. Sin pararse a pensar lo que estaba a punto de hacer, llevó el extremo de la varita a su muñeca izquierda y, sin dudarlo, tocó la piel con ella. Hizo una mueca de dolor pero resistió mientras la varita cortaba su pie como si se tratase de mantequilla.

- No, Harr… Hart. No puedes hacerlo, morirás…- Le advirtió la castaña corrigiendo su nombre. Al recibir de nuevo los pendientes había descubierto lo que pretendía hacer el chico. Harry miró un momento a su amiga y seguidamente alargó el brazo izquierdo hasta colocar su muñeca sobre la boca de Angelina. Una gran cantidad de sangre brotaba de su mano y caía sobre el rostro de la morena.

- Prefiero morir viviendo hoy, a seguir viviendo la muerte mañana.- Reflexionó Harry lanzando una última mirada a Hermione.- Confío en ti para sacarla de aquí si las cosas no van bien.- Reconoció el chico que, sin esperar una respuesta, uso su mano derecha para obligar a la Hufflepuff a abrir la boca y a que la sangre que continuaba emanando de su muñeca entrara en ella.- Sanguinem dare me vita… ligat vita ad hoc corpus- Pronunció finalmente Harry concentrándose en repetirlo exactamente igual. En un primer momento no parecía haber ocurrido nada, sin embargo, de un momento a otro Harry sintió como sus fuerzas comenzaban a desfallecer. Sin saber cuanto debía aguantar ni cuanta sangre debía tragar Angelina, Harry se esforzó por mantenerse firme. La sangre parecía haber cobrado vida propia, y además de emitir un extraño brillo, se desplazaba sola hasta introducirse entre los labios de la chica. Harry la miró, no parecía reaccionar y cada segundo que pasaba se notaba más y más débil. No era únicamente sangre lo que parecía estar perdiendo, sentía una debilidad mágica que hacía mucho tiempo que no experimentaba. Parecía estar perdiendo su magia, su poder… Quiso mantener la concentración, pero su mente comenzó a divagar, a pensar si sería capaz de desaparecerse, o si sería capaz de realizar un sencillo hechizo protector en el caso de que alguien lo atacase, no lo tenía nada claro.

Entonces su subconsciente quiso parar, detener aquel ritual que tanto lo debilitaba, su subconsciente quería mantenerlo con vida. Pero esta vez si controló sus actos y continuó haciendo que Angelina bebiera su sangre. En cualquier caso, no estaba seguro de que sus brazos le respondieran, todas las fuerzas que le quedaban las reunía para mantener la consciencia. Sentía que no aguantaría mucho más.

Hermione seguía al lado de sus compañeros sin saber muy bien que hacer. Cada cierto tiempo conjuraba algún hechizo para protegerlos o para atacar a algún mortífago que pasase demasiado cerca de ellos. Podía observar como el rostro de Harry palidecía por segundos y como la mano que intentaba mantener sobre el rostro de Angelina cada vez temblaba más. En aquel momento Hermione sintió que algo se acercaba por su espalda y sin necesidad de girarse creó un escudo que detuvo el hechizo que le habían lanzado. Una vez giró la cabeza vio que el autor de aquel conjuro no era otro que el director de Hogwarts. En aquella situación preferiría verse contra Voldemort antes que contra Dumbledore. ¿Qué debía hacer?

- Sabes que es lo mejor, tú misma nos llamaste para que vinieramos.- Le recordó Dumbledore a la heredera.- Es mejor un hecho doloroso en el presente que un futuro plagado de dolor. Y sabes de lo que es capaz, ayúdame a evitar un desastre.- Argumentó el director varita en alza, intentando convencer a Hermione para que ésta no se interpusiera. La castaña miró a su amigo un momento y después volvió a mirar a Dumbledore.

- Yo aparezco en cada uno de los ataques que se producen para ayudar a evitar desastres. No cargue sobre mí un peso que no me corresponde, director.- Pidió la heredera sujetando también la varita, que aunque no en alto como el director, sí preparada para defenderse.- Y cuando avisé a la Orden el desastre a evitar era su muerte, no dejarlo libre. Sé perfectamente de lo que es capaz, y dudo que alguien haya sufrido más que él con todo esto.- Defendió Hermione a su amigo. Había notado como algo había cambiado en Harry aquella noche, y no quería deshacerlo. Además, la opción que el director le proponía no le parecía mejor que permitir a Harry seguir actuando a antojo. Su amigo estaba dispuesto a dar su vida por salvar a Angelina… ¿Qué mago tenebroso, invadido por la oscuridad y deseoso de poder, haría algo así? La respuesta era clara, ninguno.

Mientras tanto, Harry seguía arrodillado y tambaleándose junto al cuerpo de la Hufflepuff, sin percatarse de lo que ocurría a su alrededor. No podía más, el conjuro que fuera que estuviese llevando a cabo lo había consumido. Había perdido la esperanza, Angelina no reaccionaba y él caería desplomado de un momento a otro. Puso el brazo derecho ante él para apoyarse mientras intentaba mantener el otro elevado sobre la chica. Los párpados le pesaban y sentía que no le quedaban fuerzas ni para respirar. Fue entonces cuando sus reservas llegaron a su fin y perdió el conocimiento, cayendo inevitablemente sobre el cuerpo de Angelina. Harry no había podido verlo, pero el pecho de la chica se elevaba y descendía lentamente.

- Siempre has sido razonable, te pido que no me obligues a hacerlo.- Le dirigió Dumbledore a la heredera una vez vio que Harry caía inconsciente. Aquella era su oportunidad, no dispondría de otra igual.

- Y yo a usted siempre lo he visto como alguien sabio.- Contrarrestó Hermione ahora sí elevando más la varita y originando ráfagas de viento aleatorias a su alrededor.- Pero ya veo que debe hacerse siempre su voluntad, sea porque realmente es lo correcto o porque usted obliga a que sea así.- La heredera de Ravenclaw era consciente de que Dumbledore sería capaz de atacarla con tal de atrapar a Harry, su amigo lo había demostrado en el valle de Godric. El director era capaz de muchas cosas para conseguir lo que en cada momento consideraba primordial. Y era obvio que en aquel instante, para él, atrapar a Harry era prioritario.- Nunca le atacaré director, pero no permitiré que se lo lleve…- Determinó Hermione, pero Dumbledore no esperó a terminar de escuchar lo que la chica decía para emitir un rayo azul hacia ella.

La heredera pudo detener el conjuro e inmediatamente después se rodeó de su elemento para poder proteger con él a Harry y Angelina. La castaña pudo detener un segundo y hasta un tercer intento de Dumbledore por apartarla de su camino, sin embargo, como había prometido, no lanzó ningún contraataque hacia el director. Entonces, acompañado por un trueno, otra figura apareció a la derecha de la heredera. Finalmente, Lord Voldemort había conseguido regresar y no parecía hacerlo de buen humor. El mago tenebroso comenzó a lanzar maldiciones hacia cualquier dirección en el mismo instante en el que apareció.

Consciente de que la situación acababa de complicarse considerablemente, Hermione aumentó el poder en torno a ella y corrió junto a los cuerpos de sus amigos.

"Voldemort ha vuelto, los vampiros han dejado de ser aliados y Harry ha caído"- Comunicó Hermione a Lupin. Éste debía tener encima la figurita que días antes le había entregado. Quedarse allí sería un suicidio, tenía que hacer que se fueran.- "Yo me retiro, que la Orden del Fénix haga lo mismo."- Indicó la heredera a la vez que agarraba los cuerpos de los otros dos herederos. Intensificó su poder y esperó un instante a que Lupin le contestase. -"¿Cómo que Harry ha caído?"- Escuchó Hermione como su antiguo profesor le preguntaba en su mente.- "Ya habrá tiempo para explicaciones, comunica la retirada."- Pidió la heredera de nuevo. Estando ahora segura de que Lupin la había oído, intensificó aún más su poder envolviendo también a sus amigos haciendo desaparecer a los tres.

- ¡Responderemos! ¡Ese bastardo me las pagará! ¡¿Cómo demonios ha entrado aquí?- Estalló en cólera Voldemort una vez todo hubo terminado. Nadie respondió.- ¡Que alguien me diga cómo!- Volvió a exigir tirando su silla a un lado.

- Mi señor…- Fue Rodolphus Lestrange quien pidió permiso para hablar. Con una mirada arrasadora, Voldemort se lo concedió.- Al venir, Hart trajo consigo a Bellatrix.- Informó temeroso de la reacción que pudiera provocar.

- ¿Y DÓNDE ESTÁ?- Rugió Voldemort exigiendo verla.

- Es…Está siendo tratada, Hart la ha dejado en un estado lamentable, es un milagro que siga viva.- Le comunicó Rodolphus, dubitativo por un momento.

- Me importa una mierda su estado.- Musitó el mago tenebroso.- Quiero verla. ¡Ya!- Ordenó provocando que varios mortífagos salieran inmediatamente de la sala donde se encontraban en busca de la mortífaga.- ¿Y qué ha sido del rey Nordman?- Quiso saber mirando a los presentes. Pasaron varios segundos hasta que alguien se atrevió a contestar.

- Hart lo decapitó, solo ha quedado su cuerpo, no hemos encontrado la cabeza.- Informó un mortífago de aspecto tosco llamado Jugson. Ante aquella revelación, Voldemort no reaccionó tan mal como anteriormente, sino que mantuvo silencio, analizando lo que suponía aquel hecho.

Ya sabía lo poderoso que podía llegar a ser aquel malnacido de Torprey Hart, lo había comprobado él mismo, pero aún así era sorprendente que hubiese matado al rey de los vampiros. Se había esforzado mucho por complacer y conseguir el apoyo del rey Nordman para que ahora estuviese muerto. Pero desde otra perspectiva la noticia no era la peor que pudiese recibir. Su muerte significaba el nombramiento como reina a la princesa Lynette, una mujer que, aunque centenaria, tenía aún un espíritu juvenil y caótico. Le sería muy sencillo manipularla para conseguir cuanto quisiera de su reino. Al final, que su discípulo hubiese sido convertido a un vampiro por la misma Lynette podría facilitarle las cosas.

Mientras los acontecimientos se sucedían en su mente, la puerta de la sala volvió a abrirse para dar paso a dos mortífagos, quienes traían a rastras un cuerpo irreconocible. Se acercaron al mago tenebroso y dejaron caer a la mortífaga, quien aunque intentó usar sus brazos para detener el golpe, no lo consiguió. No tenía pelo en la cabeza y toda su piel estaba achicharrada, y en algunas zonas aún emanaba algún hilo de sangre, muestra de que recientemente había recibido más torturas. Asímismo, se encontraba en un estado de semi inconsciencia y su piel se ceñía a sus huesos, mostrando una delgadez extrema.

- Parece que a nuestro amigo no le desagrada infringir dolor.- Valoró Lord Voldemort al observar el cuerpo que tenía frente a él. Difícilmente se podía reconocer en aquel trozo de carne quemada a la que un día fue Bellatrix Lestrange.- Dime Bella, ¿dónde has estado todo este tiempo?- Preguntó como quien lo hace a un viejo amigo. No obtuvo respuesta.- ¿Has traído tú a Hart hasta aquí?- Volvió a preguntar, con el mismo resultado.

- No tiene lengua, mi señor.- Explicó uno de los mortífagos que la había traído, contestando a la pregunta de Voldemort antes incluso de que la formulara.- Y es posible que tenga la mandíbula rota.- Completó sintiendo un horror que no quería mostrar. No sentía lástima alguna por Bellatrix, ya que ella tampoco la habría tenido por él si la situación fuera al contrario, pero ver de lo que era capaz de hacer el mago al que tenían en ese momento como enemigo era escalofriante.

- Entiendo… - Afirmó Voldemort dando un paso hacia la mortífaga para examinarla mejor. Era cierto, el estado de Bellatrix era absolutamente deplorable. Era obvio que Hart se había esforzado en torturarla hasta la saciedad, pero más esfuerzo había puesto aún en que la mortífaga no muriera. La había mantenido con vida voluntariamente para que ocurriese lo que estaba ocurriendo en aquel instante, que el miedo y el horror invadiese a sus mortífagos, y eso no lo podía permitir.- En ese caso, ya de poco nos sirve.- Sentenció el señor tenebroso sacando su varita con un sutil movimiento. Obviamente podría devolverle la lengua y sanarle la mandíbula, pero dudaba de que aún así pudiese conseguir cualquier información relevante procediente de aquel despojo humano.- Has sido una mortífaga leal, al menos hasta hoy. Y por esa razón tendrás el honor de morir a manos de Lord Voldemort...- Un estremecimiento recorrió la sala al escuchar su nombre y los planes que tenía. Nadie se atrevió a discutir su decisión. Bellatrix Lestrange escuchó lo que pensaba hacer el señor tenebroso e intentó con todas sus fuerzas reaccionar para impedirlo, pero su cuerpo no respondía, estaba atrapada en aquel, como el mismo Hart le había dicho hacía tiempo, saco de huesos y carne. No podía creer que después de todo su sufrimiento, después de todos sus sacrificios y después de toda su devoción y entrega por aquel mago, él se lo pagase así.- Avada Kedavra...

Tras un resplandor verde, el cuerpo de Bellatrix Lestrange cayó desplomado al suelo, por última vez. Ya no sufriría más, la mortífaga más fiel al señor tenebroso había muerto.

Hermione había regresado a Hogwarts. Tuvo que tomar una decisión rápida y la sala de los herederos era el sitio más seguro y confortable que se le ocurrió. La chica pensaba en cómo había cambiado la situación desde la última vez que estuvieron los tres allí. En la última ocasión las clases se habían terminado y se disponían a comenzar las vacaciones de Navidad. Y aunque la guerra era complicada, todo parecía augurar un final alentador. Ahora era diferente. Tanto Harry como Angelina se encontraban cada uno en su dormitorio, debatiéndose entre la vida y la muerte. Dumbledore los había descubierto e iba abiertamente a por Harry. Además, el Griffindor mostraba una actitud inestable e impredecible. Y en la guerra cada vez era más complicado vaticinar un ganador.

A pesar de todo, la buena noticia era que Angelina continuase con vida. Harry lo había conseguido. No sabía si se recuperaría ni cuando, pero seguía viva, y eso ya era una gran noticia. Les había hecho tomar varias pociones y les había dejado descansando. Aunque ya fuese lo menos importante, en solo unas horas todos los alumnos cogerían de nuevo el tren hacia Hogwarts y en un día darían comienzo las clases, y ella no tenía ni idea de lo que hacer. ¿Debía comportarse con naturalidad y volver a las clases? ¿O debía dedicarse exclusivamente a su labor de heredera? Ella aún tenía la opción de elegir, sin embargo Harry no la tenía. Él era buscado como Torprey Hart por el Ministerio y Voldemort, y buscado como Harry Potter por la Orden del fénix y Dumbledore. Aunque el primer reto de su amigo sería salir del trance en el que se encontraba.

Hermione había intentado detener el tiempo con el reloj de su amigo, pero como había supuesto antes de intentarlo, no pudo hacerlo. Solamente podía hacerlo Harry o la persona a la que él voluntariamente entregase el reloj, y a ella nunca se lo había dado. De esa manera, lo único que podía hacer era esperar. Y eso hacía, esperar. Se encontraba en la sala principal de los herederos, en su sillón, donde tantas horas había pasado en los últimos meses, que para ella había sido prácticamente un año. Ya había tenido tiempo de informar a Ron y Neville de lo ocurrido. Ellos eran los únicos que en aquel momento mantenían en secreto su identidad, al menos oficialmente, porque ella estaba segura de que Dumbledore también sospechaba de ellos. Por esa razón era inútil el riesgo de volver a Hogwarts por su cuenta y antes de lo previsto, solo debían esperar unas horas y volverían a la escuela en el tren, como cualquier alumno.

Sujetaba un libro abierto en sus manos, pero sus pensamientos ignoraban las técnicas para modificar la climatología que éste le mostraba. Pensaba en cómo se le podía haber escapado el control de la situación de aquella manera. Su cabeza le daba vueltas, demasiadas ideas y numerosos hechos se amontonaban en ella formando problemas a los que no encontraba solución. Debía descansar, hacía mucho tiempo que no dormía, pero cuando lo intentaba su mente también le negaba ese derecho. Poco a poco, su mente divagó cada vez más, perdiéndose en diferentes sentimientos, estrategias y recuerdos, hasta que cayó en los brazos de morfeo, sumida en el recuerdo de unas horas atrás, cuando había encontrado a Harry en el castillo de Suiza.

Aunque la fortaleza escondida en las montañas estaba protegida del frío y duro invierno que azotaba en el exterior, y aunque varias antorchas iluminaban el interior del castillo, el silencio y la tenebrosidad que se respiraba helaba la sangre. Tras lo ocurrido en el valle de Godric, Hermione probó en París y en la sala de los herederos de Hogwarts antes de ir a Suiza. Conocía las intenciones de su amigo de ir a por Voldemort él solo, y esperaba poder encontrarlo antes de que lo hiciera, ya que ella no tenía ni idea de donde iría Harry a buscar al mago oscuro. Caminaba a través del gran pasillo principal del castillo, buscando algún indicio de que el chico estuviera allí. Entonces un grito de dolor llegó hasta ella, sobresaltándola. Ignorando el sentido común que le decía que abandonara aquel lugar, decidió seguir avanzando y dirigirse a la entrada a las mazmorras. Vio que las antorchas a ambos lados de las escaleras que descendían también estaban encendidas, lo que significaba que alguien había pasado por allí recientemente. No era habitual que aquella zona estuviera iluminada. Alguien debía estar allí. De nuevo, llegó hasta ella un nuevo grito, éste más ahogado pero mucho más nítido que el anterior. Se acercaba al lugar de donde provenían los gritos y aunque intuía que era lo que encontraría, esperaba estar equivocada.

- Ya estás muerta…- Escuchó que decía la voz de ultratumba de Hart.- Pero antes de dejar este mundo me llevarás ante él.- Volvió a escuchar Hermione. El heredero hablaba en voz baja. El olor que le llegaba era nauseabundo, y cuando llegó a la celda en la que se encontraba Hart, tuvo que hacer un sobre esfuerzo para no vomitar. Sin embargo, el sonido de la arcada que sintió llamó la atención del chico.- Vaya, Hermione, que sorpresa verte…- Ironizó el chico sin tan siquiera girarse hacia la castaña. La heredera se sorprendió aún más de que Harry pronunciase su nombre delante de Bellatrix, o al menos, de lo que quedaba de ella. La chica sacó su varita dispuesta a borrar la memoria de la mortífaga.- No te molestes.- Rechazó Hart restándole importancia a la vez que daba una patada al cuerpo moribundo de Bellatrix y hacía que cayera hacia un lado. En aquel momento Hermione se detuvo a analizarla un instante y observó como el cuerpo de la Lestrange temblaba incontroladamente, incapaz de sostenerse ni tan siquiera arrodillada. Su aspecto era espeluznante, y además de su rostro consumido por el hambre, estaba bañado por una sangre reciente.- Es incapaz de hablar, moverse o incluso pensar. Es un desecho, basura…

- ¿Y entonces por qué continuas haciendo esto?- Preguntó Hermione aterrorizada por las palabras del heredero. Era inhumano tratar a cualquier persona de esa manera, y lo que más le preocupaba era ese tono de satisfacción o diversión que le escuchaba.- Termina ya, si es lo que quieres, mátala… Pero esto es demasiado cruel, demasiado…

- ¿De verdad me estás diciendo que mate a alguien, Hermione?- Preguntó Harry con una sarcástica y malévola sonrisa en el rostro. No esperó a que la chica respondiese.- Y no te preocupes, Bellatrix morirá esta noche, pero será Voldemort quien la mate, no yo.- Aseguró el chico creando aún más incertidumbre en la castaña. Percatándose de las ganas de su amiga por preguntar, continuó.- Tras horas y horas de "conversación pacífica" con mi amiga Bellatrix, conseguí saber donde se encuentra Voldemort.- Ironizó Harry lanzando una mirada de asco a la mortífaga.- Pero lo que nunca supe ni le he podido sacar es cómo entrar. No me sirve de nada saber a donde ir si no puedo ir. Pero eso se ha acabado.- Determinó acercándose ahora al cuerpo inútil de Bellatrix.- Y a ti te matará cuando te vea volver conmigo.- Afirmó dirigiéndose ahora directamente a la Lestrange. A Hermione aquella situación le ponía los pelos de punta.- Te matará porque aunque vea tu estado pensará que me has dicho su escondite y que lo has traicionado. Te matará porque el resto de mortífagos temblarán al ver como te he dejado, y él querrá demostrar que sigue teniendo el control de la situación.- Harry disfrutaba con cada palabra que le espetaba a la mortífaga. Se agachó hasta ponerse de cuclillas, a menos de un metro de distancia de ella.- Y aunque sé que no puedes ni entenderme porque tu mente debe ser un infierno, quiero decirte que te lo advertí. Me he vengado, tú mataste a la persona que yo más quería y yo ahora haré que la única persona a la que adoras y veneras te maté a ti. Pasarás la eternidad en el infierno arrepintiendote del día en el que decidiste joder a Harry Potter, del día en el que decidiste joderme a mí.- Sentenció Harry saboreando el placer de su venganza. Se estaba despidiendo, estaba seguro de que después de esa noche no volvería a ver a Bellatrix Lestrange, y pasara lo que pasara, él se sentiría un poco menos en deuda sabiendo que había vengado la muerte de su padrino.

- ¿Y cómo iras hasta Voldemort?- Quiso saber Hermione tanto para saberlo como para no seguir escuchando lo que Harry decía. Era capaz de sentir perfectamente el odio y la maldad en las palabras del moreno.

- Si después de esta noche yo no pudiera encargarme de Pettigrew, confío en que tú lo entregarás y demostrarás la incocencia de Sirius. Está en la celda diecisiete, dos más allá.- Le informó Harry sin contestar la pregunta de su amiga. Ésta asintió sin saber muy bien que decir y el heredero de Griffindor volvió a hablar.- ¿Recuerdas la batalla en el departamente de misterios?- Hermione volvió a asentir.- ¿Recuerdas que Voldemort se metió dentro de mí? ¿Recuerdas que es capaz de poseer cuerpos de otras personas e incluso de animales?- Hermione asintió de nuevo pero esta vez más lentamente, intentando adivinar donde quería llegar el chico.- Yo no puedo entrar en el refugio de Voldemort, pero ella sí que puede, y yo lo haré dentro de ella…- Desveló Harry para justo un instante después desvanecerse en una nebulosa casi transparente y rodear el castigado cuerpo de Bellatrix Lestrange. Mientras tanto, Hermione observó atónita como el chico llevaba a cabo el complicado procedimiento que acababa de revelarle. A los pocos segundos, el cuerpo de la mortífaga se irguió ayudándose de los brazos y con mucho esfuerzo. Sin saber como reaccionar y si aquello estaba dentro de lo planeado la heredera apuntó con su varita a Bellatrix.- ¿Sorprendida?- Preguntó una voz que hizo temblar descaradamente a Hermione.

La posesión, arrebatarle la libertad a otra persona y robarle su cuerpo, era una las ramas más oscuras de la magia. Y Harry lo había hecho sin contemplaciones y en tan solo en unos pocos segundos. Hermione miró el rostro desfigurado de la mortífaga sabiendo que debajo de lo que veía se encontraba su amigo, y aquel pensamiento le provocó que un escalofrío espeluznante le recorriera el cuerpo.

- Hermione.- Escuchó que la llamaba de repente una voz femenina proveniente de ningún lugar. Consciente de aquello no formaba parte del recuerdo su mente lo ignoró.

- No puedes ir tú solo, es un suicidio. Dime donde es y te acompañaré.- Se ofreció Hermione sin otra opción que superar el terror que le producía la escena.

- Hermione.- La volvió a llamar la misma voz de chica que tan familiar le resultaba y que no tenía ningún sentido escuchar en aquel recuerdo que su mente le mostraba en sueños.- Hermione.- Escuchó una vez más. Cada vez le resultaba más difícil vislumbrar la celda del castillo en el que se encontraba, y cada vez veía más lejos a Bellatrix. Todo se difuminaba y ella se alejaba más y más de aquel recuerdo.- Hermione…

Hermione abrió finalmente los ojos y lo que vio no hizo sino confundirla aún más, sin saber si continuaba soñando y aquello era una broma de su mente. Sorprendentemente se había quedado dormida en su sillón y en aquel momento frente a ella se encontraba Angelina, quien la miraba extrañada. La castaña estaba perpleja, o había estado durmiendo varios días o aquello era un milagro.

- Pero… ¿Qué…Qué haces aquí?- Inquirió Hermione sin saber que decir. Automáticamente, se levantó del sofá y se avalanzó sobre la morena para abrazarla.

- Eso mismo pensaba preguntarte yo a ti.- Contestó Angelina aún más confundida que su amiga.- Yo también me alegro de verte.- Comentó respondiendo al abrazo. Entonces Hermione se separó y se restregó los ojos para despertarse completamente y comprender que era lo que estaba sucediendo.- ¿Qué ha ocurrido?

- ¿No recuerdas nada?- Quiso saber la heredera de Ravenclaw. Entonces Angelina le explicó que lo único que recordaba era ser torturada por Voldemort tras ser capturada en la Madriguera y que inmediatamente después la única escena que recordaba era a Harry clavándole la espada en el estómago y arrodillarse junto a ella.- Pero…¿Y no recuerdas nada más?- Insistió Hermione.- Harry y yo vimos como Voldemort te mataba, incluso asistimos a tu entierro.- Le contó Hermione sin dar crédito a lo que escuchaba. Angelina guardó silencio y desvió la mirada, intentando asimilar lo que la castaña le contaba y al mismo tiempo intentando recordar. Aparte de las dos situaciones que había afirmado recordar, en su mente aparecían escenas que no conseguía poner en orden.

- No me acuerdo de nada de eso.- Respondió Angelina siendo sincera.- Pero cuando Voldemort intentaba sacarme información si recuerdo algo, me dijo que acabaría con Hart, que yo le serviría para destruir su mente.- En aquel momento Angelina no estaba segura si realmente no recordaba o si no quería hacerlo. Estaba segura de que si se esforzaba por recordar y ordenar su mente, lo conseguiría, pero lo poco que recordaba era sentir mucho dolor. No quería revivir todo lo que había tenido que pasar los últimos días, aunque tal vez no tuviera otra opción.- Afortunadamente no tuvo demasiado tiempo para torturarme, me dijo que nos veríamos en dos días y me obligó a tomar una poción. Después de eso mi siguiente recuerdo es con Harry, ¿Dónde está Harry, Hermione?- Preguntó la Hufflepuff intuyendo algo que deseaba que no fuera cierto.

- Puede ser que Voldemort nos hiciera creer que te mataba para después hacer que fuera Harry quien te matase realmente. Voldemort esperaba que al saber la verdad Harry no lo soportase y se rindiese.- Razonaba Hermione sin que Angelina tuviera claro si le hablaba a ella o a sí misma.- ¿Cómo no nos dimos cuenta? Tuvimos que haberlo sospechado…- Se lamentó la castaña recordando a Angelina sobre la cama del piso de París.- Pero, ¿cómo es posible que estés perfectamente? ¿Por qué no desapareciste cuando Harry estaba frente a ti dispuesto a atacarte?- Preguntaba sin parar Hermione, las preguntas se amontonaban en su mente intentando darle sentido a todo.

- No lo sé, Hermione. Necesito ver a Harry, ¿dónde está?- Volvió a preguntar Angelina perdiendo la paciencia. Su cabeza le dolía como nunca y todo le daba vueltas. Recuerdos, imágenes y sentimientos se mezclaban en su mente sin llegar a ninguna parte. A pesar de haber estado al borde de la muerte, haber sido torturada por Voldemort y que le hubieran clavado una espada en el estómago, se encontraba extrañamente bien. Le dolía la cabeza y tenía el cuerpo magullado, pero por dentro sentía una energía y vitalidad que nunca antes había sentido.

- Harry… Harry realizó un conjuro muy peligroso para salvarte la vida Angelina.- Le contó finalmente Hermione sin saber por donde empezar.- Él… es… está en coma.- Tartamudeó la chica pero teniendo finalmente el valor de decirlo.

- Pero… ¿Cómo que está en coma? ¿Y dónde está? Hay que llevarlo a San Mungo.- Soltó Angelina perdiendo los nervios y mirando a su alrededor, como si en cualquier momento pudiera encontrar a Harry.

- No, no podemos. Han ocurrido muchas cosas en estos días.- Se limitó a contestar Hermione, pero viendo como la morena exigía una respuesta más detallada continuó.- En el ataque a la Madriguera, Harry reaccionó muy mal cuando creyó verte morir. Perdió la razón, se convirtió de repente en todo lo que temíamos que se convirtiera.- Explicó la heredera intentando que Angelina la comprendiese.

- Por favor Hermione, ¿dónde está?- Repitió por enésima vez la Hufflepuff, cada vez estaba más desesperada. Su amiga simplemente le señaló las escaleras que daban paso al dormitorio de Harry. Nada más hacerlo, Angelina salió disparada hacia el dormitorio del chico, y Hermione tras ella. A ésta le sorprendió como la morena era capaz de correr y moverse tan rápidamente, teniendo en cuenta que debería haber pasado al menos una semana en cama. Al llegar Angelina vio el cuerpo de Harry sobre la cama en la que ella misma había dormido con él hacía escasas semanas. Se acercó a él y le tocó la frente, pero no tenía fiebre. Parecía estar simplemente durmiendo.- ¿Puedes terminar de contarme que fue lo que ocurrió?- Pidió Angelina algo más tranquila a la vez que cogía una silla cercana y se sentaba junto a la cama.

- Pues Harry se enfrentó a Dumbledore y Voldemort. Al primero lo venció y a Voldemort lo hizo huir. Tuvimos que intervenir para… bueno, para que Harry no cometiese una locura con Dumbledore.- Explicó Hermione evitando decir que el chico había intentado matar al director.- Se tomó muy mal que los chicos y yo nos interpusieramos entre él y Dumbledore. Repito que reaccionó terriblemente cuando te vio muerta.

- No voy a asustarme de lo que me puedas decir Hermione. Y presiento que hay cosas que te guardas.- Sospechó acertadamente la heredera de Hufflepuff. Hermione se tomó su tiempo, y tras suspirar mirando a su amigo inconsciente, continuó.

- Como ya te he dicho, perdió la razón. Alastor Moody fue el primero que llegó para defender a Dumbledore, y dio su vida por él.- Confesó la castaña de manera sutil.- Y a Carl Dorteu lo torturó de la manera más cruel que te puedas imaginar, tanto que incluso yo le pedí que acabara con él antes de seguir torturándolo. Y al hacerlo, me lanzó la imperius. Tan mal dejó a Dorteu que anoche cuando Harry atacó el cuartel de Voldemort ni siquiera apareció. Y no creo que lo haga en bastante tiempo. Por cierto, ¿cómo pudo Dorteu sorprenderte en la fiesta?- Preguntó Hermione tras contarle las barbaridades que había hecho su amigo.

- La culpa fue mía.- Respondió escuetamente la chica mientras perdía la mirada en algún punto del suelo. Sentía que si ella hubiera estado más atenta nada de aquello hubiera pasado y Harry no hubiera sufrido aún más.- No le presté atención. Harry se había ido en un primer momento a por Pettigrew y después a Italia, pidiéndome que no lo acompañase. Tenía mi concentración puesta en sentir si estaba en problemas y desaparecer de allí si así fuera. Además mi collar no había parado de avisarme porque había muchos miembros de la Orden que al verme aparecer con Harry estaban deseando acercarse a mí para sacarme información.- Intentó explicarse Angelina, esta vez sí recordando perfectamente lo sucedido.- Y Ruacet fue muy listo, al menos más que yo. No me atacó directamente sino que echó algo en la bebida. Al hacerlo así digamos que desvió la atención de mi collar, aunque si hubiera estado atenta me hubiera percatado, estoy segura. La culpa fue solo mía.- Terminó la morena de la misma forma de la que había comenzado, además de con la mirada perdida.

- Es normal, no te culpes. Es imposible mantener la concentración en todo momento.- Intentó consolar Hermione viendo como aquello le afectaba a su amiga.- Y no te he terminado de contar todo lo que ocurrió. Como te puedes imaginar, toda la Orden junto con los aurores del ministerio rodearon a Harry una vez la batalla había acabado, pero afortunadamente, desapareció sin enfrentarse a ellos. Después de aquello, Harry voló a Brighton para hablar con tus tíos y comunicarles la noticia. Quiso hacerlo solo.- Reveló la heredera provocando que los ojos de la morena brillasen. Tuvo que esforzarse para evitar que las lágrimas comenzasen a emanar de ellos, porque sabía que una vez lo hiciesen, no podría parar. En aquel momento recordaba perfectamente el momento en el que le había pedido a Harry que si a ella le ocurriese algo se lo dijese él a sus tíos. Finalmente, aunque ella no hubiera muerto, él sí había cumplido su promesa.- Tras tu entierro.- Hermione esbozó una ligera sonrisa.- Es curioso decirle a una persona que has ido a su entierro. Bueno, tras tu entierro Harry fue al valle de Godric y todos lo seguimos. El problema fue que Dumbledore había descubierto ya que Harry era Hart y lo estaba esperando en su casa junto con la Orden. Fue una situación complicada. Harry nos atacó a todos e hizo creer al director que si quería capturarlo tendría que sacrificarnos a los demás. Sorprendentemente Dumbledore lo hizo, pero era una prueba de Harry y finalmente sí que pudo controlar su fuego para después desaparecer.- Continuó el relato Hermione intentando resumir todo lo que había ocurrido al mismo tiempo que intentaba no olvidarse de nada.- Por último, di con él en el castillo de Suiza, Harry había ido a por Bellatrix para poder encontrar a Voldemort. La verdad es que el estado de Bellatrix era lamentable. Harry consiguió entrar en la mansión de Voldemort dentro del cuerpo de la mortífaga, poseyéndola. La escena era aterradora, era magia muy oscura, pero lo logró. Harry sacó la idea de finales del curso pasado, cuando el mismo Voldemort lo poseyó durante… ¿Te pasa algo?- Se interrumpió a sí misma Hermione viendo como el rostro de Angelina palidecía repentinamente.

- Fue eso…- Afirmó Angelina recordando lo ocurrido e intrigando a su amiga. Cuando Hermione lo había nombrado el recuerdo había vuelto a su mente al instante.- Estaba en las mazmorras de la mansión de Voldemort cuando se empezaron a escuchar sus gritos, llamándolo.- Determinó Angelina ahora sí, segura de lo que decía.- Entonces Voldemort vino a buscarme y tras una cruciatus… hizo eso, se desvaneció y me poseyó. Por eso me cuesta tanto recordar lo que ocurrió después. Y estoy segura de que no fue una imperius.- Razonó Angelina ordenando sus recuerdos. La cabeza continuaba doliéndole considerablemente, pero valía la pena esforzarse para ordenar su mente.- ¿Qué fue lo que hizo Harry para salvarme?- Preguntó Angelina queriendo ahora apartar aquel recuerdo que había conseguido atraer a su mente.

- En un primer momento utilizó el fuego azul para sanarte el daño que te había causado también el fuego que cubría la espada. Pero el conjuro que utilizó después se llama sangre en vida.- Contestó Hermione, que ya se había informado todo lo que había podido sobre el asunto. Angelina la miró pidíendole más información.- Sangre en vida une el poder mágico de dos magos a través de la sangre, de forma que el dolor, las fuerzas o la mísmisima magia cambien de cuerpo. Esto básicamente implica que, aunque uno de los magos esté al borde de la muerte, si el otro está en buenas condiciones, se repartan esa vida de la que goza el segundo. Y eso fue lo que intentó y al parecer logró Harry. Cuando te hizo beber su sangre, él absorvió tu dolor y tu debilidad a la vez que te transmitía parte de su energía, de su fuerza y de su magia. Se podría decir que repartió su vida entre los dos.- Finalizó la explicación Hermione tan asustada por que su amigo sobreviviera como fascinada de que hubiese logrado hacer algo así. Y la sensación de la morena se acercaba mucho a la de su amiga, con la diferencia de la perplejidad y el sentimiento de culpabilidad que sentía por todo lo ocurrido. Angelina no respondió, sino que se giró hacia Harry. Apoyó los codos sobre sus rodillas y bajó la cabeza, abatida. Lo que Hermione le había dicho contestaba a sus preguntas y a por que se encontraba tan bien pese a haber estado a punto de morir. Harry poco menos que se había sacrificado para que ella viviera.- No te preocupes, verás como se recupera.- Intentó animar a su amiga Hermione.- Pero teniendo en cuenta lo que te conté antes comprenderás que no podemos ir a San Mungo. Aunque tampoco serviría de mucho…- Completó la heredera bajando en ese momento el tono de voz. Intuyó como Angelina afirmaba con la cabeza pero la chica no la miró.

- Me gustaría quedarme a solas con él, al menos un rato.- Pidió la morena con voz apagada.

- Está bien. Iré a preparar algo de comer.- Aceptó Hermione entendiendo a su amiga. Tras echar un último vistazo, la heredera de Ravenclaw se dio media vuelta y salió del dormitorio.

- Harry…- Se atrevió a llamarlo Angelina una vez ya su amiga los había dejado a solas. No recibió respuesta.- No me hagas esto, Harry.- Rogó la morena sollozando, sus manos agarraron con fuerza la mano izquierda del chico.- Yo tuve la culpa… fui débil… No merezco que des tu vida por mí.- Sentenció soltando su primera lágrima.- Despierta Harry… por favor.- Rogó de nuevo apretando desesperadamente la mano del chico. Continuaba sin recibir respuesta alguna.- Te amo Harry. Te amo… Necesito que lo sepas…- Se sinceró Angelina con el rostro bañado en lágrimas mientras veía la expresión en la cara del chico, quien parecía simplemente dormir.

Vagaba a través de la penumbra. Había perdido la noción del tiempo, no sabía cuanto llevaba atrapado en la oscuridad. ¿Habría muerto? ¿Sería aquello el infierno? ¿Estaría condenado a pasar allí la eternidad? No podía contestar a ninguna de aquellas preguntas. De pronto, vio unas rendijas de luz a cierta distancia frente a él. Se preguntó si debía dirigirse hacia la luz, tal vez hacerlo significaría definitivamente la muerte. Sin embargo, notó como una fuerza extraña se apoderaba de su cuerpo y lo obligaba a avanzar, tomando la decisión por él. No sabía sobre que caminaba, pero lo hacía. Todo estaba oscuro y cada vez se acercaba más a los pequeños hilos de luz. Poco a poco, comenzó a percibir más detalles. La luz que veía se filtraba a través de una puerta. Miró hacia atrás pero la oscuridad total le impedía distinguir nada, sin embargo volvió a mirar hacia delante y allí estaba, una puerta. Era lo único que veía. De nuevo siendo arrastrado elevó el brazo y agarró el pomo de la puerta. Sin idea alguna de lo que pudiera ocurrir, giró la mano y abrió la puerta. Una ola de luz lo invadió obligándolo a cerrar los ojos. Aún con los párpados cubriendo sus ojos, la claridad le dañaba.

Lentamente y con cuidado, fue abriendo los ojos. Todo comenzó a tomar forma a su alrededor. En un momento, toda su tensión y nerviosismo se esfumó, estaba en un lugar conocido, familiar… Estaba en su casa, en el valle de Godric. Ni una sola nube estorbaba en el cielo azul y un radiante sol brillaba en él, creando un día precioso. Su jardín estaba perfectamente cuidado y el muro que lo rodeaba había sido reconstruido manteniendo el modelo original. Mientras admiraba la paz y belleza que se respiraba a su alrededor observó como una lechuza se le acercaba. Una vez hubo llegado hasta él soltó lo que cargaba y el Profeta cayó directamente en sus manos. Se sorprendió de lo real que parecía todo. Sin saber qué hacer, sus manos actuaron solas desplegando el periódico. La portada estaba dedicada a un nuevo dragón que había sido descubierto por un investigador. Un poco más abajo leyó que la Ministra de Magia se reuniría con la directiva de Gringotts para negociar mejoras en las cuentas de los magos del Reino Unido. No veía por ninguna parte las habituales noticias sobre desapariciones y muertes que estaba acostumbrado a leer. Fue entonces cuando se percató de una noticia en la esquina inferior derecha: "El auror de élite, Harry Potter, compaginará esporádicamente su trabajo en el Ministerio con el de profesor de defensa personal en Hogwarts." No entendía nada de lo que estaba viviendo. Vio que en la página catorce se ampliaba la información pero su cuerpo no respondía a lo que él quería hacer. Sus manos volvieron a enrollar el periódico y llevó la mirada al frente al notar la aparición de una persona frente a la casa.

Era una chica joven y guapa, de cabello moreno con reflejos rojos. Le costó reconocer que se trataba de la hija de Alice. Era Emily, su prima, aunque parecía unos años mayor a como la recordaba. La chica abrió la verja y entró, sonriente.

- ¿Aún estás en pijama?- Le preguntó alegremente Emily aunque con tono recriminatorio.- Mi madre y Scott ya están prácticamente preparados, llegaremos tarde.- Informó llegando hasta él y dándole un cariñoso beso en la mejilla. Sin saber por qué, sus labios esbozaron una sonrisa.

- Harry…- Lo llamó desde el interior de la casa una voz que para él era angelical. Una voz que pensó nunca volvería a escuchar.- Ten cuidado, Ricky va para afuera y acabo de vestirlo, no dejes que se revuelque en la tierra.- Le pidió la voz de una Angelina a la que no veía.

- No te preocupes Angelina, yo me encargo.- Contestó su prima antes de que él hiciera o dijese nada.- ¡Ven con tu tía Emily!- Exclamó efusivamente la chica agachándose para coger en brazos a un niño de dos o tres años. Tenía el pelo corto y negro, más ordenado que el suyo, y la piel clara. Fueron sus ojos lo que le llamó la atención. Eran verdes, exactamente del mismo color que vería si se mirase él en un espejo.

- Papá…- Pronunció el niño mirando hacia él a la vez que sonreía.

- No, deja a papá que tiene que vestirse. Ven a jugar con la tía Emily.- Intervino la chica ya con el niño en brazos mientras entraba en la casa.

Su mente debía estar gastándole una broma. Estaba perdido, no sabía que pensar, que decir ni que hacer. Aunque estaba seguro de que si intentaba hacer algo no podría, no era él quien controlaba su cuerpo. Se giró automáticamente para entrar él también en la casa pero antes se detuvo un momento para leer una pequeña placa junto a la puerta. Lo que vió solo lo confundió aún más…

Residencia de los Potter

Harry James Potter

Annie Angelina Potter

Richard James Potter

No pudo entrar en la casa. La oscuridad volvió a rodearlo como si alguien hubiese estado esperando a que asimilara lo que veía para hacerlo regresar a la oscuridad absoluta. No sabía por qué, pero mientras su mente intentaba comprender lo que había visto, su cuerpo cada vez se encontraba mejor. Poco a poco su cuerpo se relajaba y la tranquilidad lo invadía. Tal vez fuera por escuchar una vez más la voz de Angelina o tal vez porque ya había muerto, pero sentía una paz que hacía mucho que no experimentaba.

- Tienes que comer algo.- Insistía una y otra vez Hermione sosteniendo una bandeja con comida. Mientras tanto Angelina seguía sentada junto a Harry. Ahora estaba sentada en la cama y envolvía con la luz que emitía su collar el cuerpo del chico. No se había apartado de él en horas pero aún no había dado señal alguna de que fuera a despertar. Esperó unos segundos más y detuvo la luz. No sabía si su luz sería capaz de sanarlo o hacerle sentir mejor, pero no perdía nada por intentarlo.

- Lo sé, y te agradezco que te preocupes por mí, pero no tengo hambre, de verdad.- Volvió a negar Angelina por enésima vez, con una paciencia infinita.

- El castillo vuelve estar lleno.- Comentó Hermione pareciendo que cambiaba de tema.- Y en un par de horas comenzarán las clases. Si prefieres quedarte aquí y no aparecer en público lo entiendo, pero deberías recuperar fuerzas. Dudo que puedas conjurar un protego sin desmayarte.

- Hablando de conjuros, ¿sabes donde está mi varita?- Preguntó Angelina esquivando el tema de la comida.

- Sí, la guardé cuando llegué aquí.- Afirmó la castaña buscando algo en un bolsillo oculto de su vestimenta de heredera.- Toma…- Ofreció la chica acercándole la varita a su amiga.

Angelina llevaba desde el mismo momento en el que se había despertado con intención de probar algo. Se sentía diferente. Notaba una fuerza en su interior que no había sentido nunca. Con cautela, agarró la varita y la examinó unos segundos mientras pensaba en un hechizo adecuado.

- Orchideus…- Murmuró suavemente la Hufflepuff. Sintió como una magia desconocida para ella fluía en su interior. En un primer momento apareció un ramo de flores desde la punta de la varita, pero un instante después, de ninguna parte comenzaron a caer flores o simplemente pétalos de flor por todo el dormitorio. Hermione miraba perpleja a la morena, quien seguía sujetando la varita mientras ingentes cantidades de flores llovían desde el techo formando un vistoso lecho floral sobre el suelo. Angelina tenía la seguridad de que podría continuar hasta prácticámente ser sepultados por las flores, pero bajó la varita y la peculiar lluvia primaveral cesó.

- Pero… ¿Cómo…- Titubeó Hermione sin encontrar explicación a lo que acababa de ver. Angelina debería estar agotada, exhausta, pero al contrario de lo que había supuesto, demostraba poseer una energía renovada y más intensa que nunca.

- Tengo una teoría…- Reveló Angelina mirando la varita para justo después guardarla en uno de sus bolsillos.- Pero esperaré a que Harry despierte para estar segura.- Determinó volviendo a girarse hacia el chico y agarrando de nuevo su mano.

- Eso me recuerda… Tú sí puedes detener el tiempo con el reloj de Harry. Él te lo ha dado en varias ocasiones.- Razonó Hermione recordando otra situación similar en la que también su amigo estuvo inconsciente y Angelina usó el reloj del moreno.- No sabemos el tiempo que… bueno, que tendremos que esperar hasta que despierte.- Comentó intentando ser optimista.- Creo que lo mejor sería que detengamos el tiempo y nos quedemos aquí hasta que lo haga. ¿Qué opinas?

- Sí, creo que es lo más sensato.- Confirmó la Hufflepuff mirando el reloj rojo que Harry llevaba en la misma mano que ella estaba agarrando en ese momento. Intentó soltar su mano derecha para girar la ruedecilla del reloj, pero en aquel momento la mano de Harry se movió, apretándole con fuerzas ambas manos e impidiéndoselo.

- An… Angy…- Pronunció de repente Harry sin aún haber abierto los ojos. Era un término medio entre una llamada y una pregunta para saber si la voz que llegaba hasta él era realmente la de Angelina.

- ¡Sí! ¿Harry, me oyes? ¡Soy yo!- Exclamó eufórica la morena inclinándose inmediatamente sobre el chico. Harry volvió a moverse y formó algunas muecas de incomodidad en el rostro antes de abrir levemente los párpados. Lo primero que vio Harry fue el alentador y maravilloso azul de unos ojos que lo miraban fijamente. Tardó varios segundos en volver a reaccionar.

- ¿E…Eres tú? ¿N… No… estoy soñando?- Preguntó incrédulo con la voz rota. Fue entonces cuando Angelina no aguantó un instante más y se avalanzó sobre Harry. Como si quisiese hacerlo todo a la vez, lo abrazó, lo besó en los labios, después en la mejilla y finalmente rompió en llanto.

- Ssssí… S…Soy yo… Harry…- Sollozó la chica apretándolo con más fuerza.- Gr…Gracias… N…o…sbs- Dijo ininteligiblemente la Hufflepuff, intentaba decir todo lo que se le pasaba por la cabeza, pero eran demasiadas cosas las que quería decirle a Harry y llorar no le ayudaba a conseguirlo.- Te amo…- Pudo pronunciar finalmente al oído del chico mientras continuaba llorando desconsoladamente.

Harry no pudo decir nada más. Él también se derrumbó. Ignorando la fortaleza que se había empeñado en mostrar al mundo, ignorando incluso la vergüenza, imitó a Angelina y comenzó a llorar desesperadamente. Reunió fuerzas y correpondió el abrazo. Las lágrimas emanaban de sus ojos como nunca antes lo habían hecho. Allí estaba, la chica de sus sueños, el amor de su vida, podía tocarla, podía escucharla, olerla, verla… Estaba con él. Nunca pensó que se pudiera llorar tanto de alegría, de felicidad, de júbilo…pero así era. Volvían a estar juntos. El sufrimiento había forjado un amor que no se destruiría jamás…

N/A: No debería decirlo pero... ¡me encanta la última frase! xD Debo decir que nos acercamos inevitablemente al final de esta historia, no sabría decir cuantos exactamente pero quedan muy pocos capítulos. De momento solo decir que espero que les haya gustado y hasta pronto!