Buenas! Lo sé, he tardado una vida y lo siento mucho T_T Intentaré volver al ritmo normal pero es que siendo vacaciones es más difícil el hecho de sentarme a escribir... XD Pero que conste que ya llevo tres páginas del siguiente, que iban a ser de este pero estaba quedando largo, así que con suerte el próximo llega pronto :D

En fin, como siempre, por partes:

Guest: tranquil que la cosa avanzará, en este capítulo ya pasan cosas que indican otras XD Pacienciaaaa... que todo rápido sólo hace que sea peor muchas veces :)

MarieShir: Esa canción es demasiado épica y vi que quedaba como muy bien para ese momento, era inevitable el ponerla :D

leylay: Emma no presenta a la hermana a Ruby más que nada porque Jenn vive fuera XD En el siguiente capítulo lo estoy explicando mejor jajajaja Y lo de Regina indecisa se queda corto jajajaja Estoy siendo un poco cruel... lo sé u.u Pero yo estoy como tú, me da rabia que Regina siga tan de tranquis, tengo que castigarla más XD

gencastrom09: Oh, Emma sí que lo notó, créeme, en el siguiente se dice bien jajaja

MaraB3: Uno sí uno no comentado es gracioso X'D Me alegra que ambos te gustaran y no sée... que Ruby lo supiera ¿habría cambiado algo? Yo creo que no pero que lo quisiera saber era inevitable :) Y sí... voto una piscina en cada hogar jajajaja

Nach: Yo la comprendo porque la escribo y aún así la odio un poco, es gracioso. Yo intentaré que el final no sea cruel, no mucho, lo intentaré, en realidad el final hace siglos que está pensando y... no sé XD Puede que me matéis un par de capítulos antes de terminar :D

aquarius7: yo también quiero ir donde ellas, que es la leche y hace siglos que no voy... XD Yo sin azúcar ya voy hiperactiva y feliz jajajaja y de aquí al final será un poco montaña rusa pero intentaré ser buena, en serio :')

begobeni12: Si precisamente por eso permito que Emma se quede en plan pausa y Regina se haga la loca XD Porque Emma esperará lo que haga falta hasta que no pueda y Regina si puede alargará la espera porque sabe que "puede". Pero poco a poco avanzan las dos ^^ Me alegra que fuera del nivel de siempre :)

Y ya sí, allá va el capítulo ^^


Capítulo 37

―¿No te metes?

Sonríe mientras se sienta en el borde de la piscina, metiendo las piernas en el agua y limitándose a mirarla, a ver como nada, con gracia, como su dorado cabello casi parece una estela que deja por donde pasa, le gusta como la mira a cada rato y como se acerca hasta ella. Y Emma nada sin despegar los ojos de ella, puede ver bajo el agua esa sonrisa socarrona que adora.

Se planta ante ella. Sus manos en sus piernas, las nota subir hasta apoyarse en su muslo sin dejar de mirarla.

―Te he hecho una pregunta.

Sonríe de medio lado y alza una ceja divertida al notar su cuerpo contra sus piernas. Le retira el cabello del rostro con cuidado. No quiere perderse sus ojos porque quiere perderse en ellos. Le gusta su verde, le gusta la forma en que mira. Sin miedos, pura verdad, son... Sus ojos son lo que ella nunca será.

―Lo sé. Te he escuchado.

Nota como Emma recuesta su mejilla en cuento roza su mejilla y como sonríe levemente, casi como si no quisiera y no pudiera evitarlo.

―¿No vas a meterte? ¿En serio?

―Prefiero mirarte.

Y ahí viene su sonrisa pícara, esa que la derrite, que la deja fuera de juego. Entonces sus manos se apoyan a cada lado de su cintura y se impulsa para salir del agua tirándose encima suyo. Ríe al notar todo su peso sobre ella, ríe al notar sus labios en su cuello y gime al notar sus dientes mordiendo suavemente antes de que le susurre en el oído.

―Interesante. Yo prefiero besarte.

Se muerde el labio al notar sus dedos trepar por su pierna. Su cuerpo empapado contra su piel le recuerda a aquel día que apareció bajo la lluvia.

―Pues hazlo.

Escucha su sonrisa décimas de segundo antes de que sus labios ataquen los suyos. Esta vez son los dientes de Emma los que muerden su labio mientras sus ojos se clavan en los suyos y enloquece al notar su lengua junto a la suya. La agarra por la cadera y la hace girar para terminar ella encima. No puede evitar mirarla antes incluso de ser capaz de volver a besarla y en esa distracción Emma ve su oportunidad. Se incorpora y hace que terminen en el agua.

Regina grita sorprendida mientras Emma estalla en risas. La ve reír ante ella y mientras se acerca y la hunde en el agua haciendo que ría más.

―¡Eres idiota!

―No he podido evitarlo.

Termina por reír ella también mientras empiezan a nadar en círculos la una alrededor de la otra, casi como si siguiesen una órbita, como si la otra, en ese momento, fuese el centro de sus vidas. Pero hay tanto en medio... Regina se acerca para besarla y Emma con una sonrisa triste se aleja y nadando hacia el borde sale del agua.

―¿En serio? ―No puede evitar el tono mordaz que sabe que a la rubia le hace sonreír―. ¿Me tiras para salir?

―Yo ya llevaba rato ―replica Emma divertida tumbándose en el suelo sobre su toalla―. Además... Me gustas mojada.

Alza las cejas y suspira resignada mientras también ella sale del agua. Camina hasta Emma y la rubia al verla sobre ella alza las cejas y la hace caer. Se tumba encima suyo y de nuevo sus labios van a su cuello.

―¿Qué tiene con mi cuello, Señorita Swan?

―Que adoro como gimes cuando lo muerdo.

―Idiota...

Un mordisco que hace que ese idiota se torne lo más sensual que sus labios han dicho y luego los suyos cubren los de ella. Un beso que es casi un roce, una caricia casi irreal y que consigue erizarle la piel. Entonces Emma susurra contra sus labios:

―Además, me gusta tu olor, podría quedarme horas escuchándote gemir y oliendo tu piel.

Regina traga saliva ante esas palabras, siempre lo hace, Emma hace que lo olvide todo, le acelera el corazón y la deja perdida en ella por eso se deja desnudar disfrutando de sus manos. Le gusta como sus manos rodean su nuca antes de deshacer el nudo de la parte de arriba de su bikini y se arquea para que le quite el de la espalda y a la vez quedar más cerca de ella y de sus labios, esos labios que sonríen pícaros antes de morderle la barbilla y descender hacia sus pechos.

Contiene la respiración al notar sus dientes atrapando uno de sus pezones mientras sus manos descienden por los costados hasta llegar a sus caderas y deshacer los nudos laterales de la parte baja del bikini. Sus manos, sólo con rozarla ya la llevan al paraíso, sólo con rozar su piel ya se pierde y su boca hace maravillas en sus pechos. Casi le sorprende que no note los latidos desenfrenados de su corazón o quizá si los nota. No le importa, todo cuanto le importa, ahora mismo, es sentirla.

Su lengua trepa por su pecho hasta volver a su cuello ese que la tienta para dejar su marca, pero se contiene y simplemente lo muerde con dulzura antes de ir a su oído y susurrarle mientras sus manos quitan esa parte inferior que la separa de ella.

―En serio, podría quedarme horas en tu cuello.

Con la respiración acelerada al notar sus dedos rozando su centro casi como de forma casual, de pasada, de ese modo que Emma siempre emplea para hacerla sufrir de gozo, sólo alcanza a susurrar con un hilo de voz:

―Hazlo...

Emma sonríe mientras sus manos siguen recorriendo su piel y contra sus labios murmura:

―Prefiero ahora besarte y hacerte mía, Regina.

Y ataca sus labios de nuevo. Un beso cargado de deseo en que sus lenguas casi parecen luchar por fundirse. Le gusta devorar sus labios, le gusta morderlos con cuidado, le gusta pasar su lengua por ellos, por esa cicatriz que adora, antes de perderla en su boca. Le gusta como Regina con su mano en su nuca la acerca más a ella, le gusta como enreda su otra mano en su cabello, casi como implorando que no se separe jamás y eso en el fondo le aterra pero en sus labios no siente miedo, es extraño. Besando sus labios, notando su aliento, en sus brazos... casi encuentra esperanza para que ese tiempo que le da sirva de algo.

―Regina...

―¿Sí?

Quiere decirle que quiere esperar pero que necesita alguna señal de que sirve para algo y está a punto de decirlo cuando una voz casi igual que la suya grita con desdén, asco y rabia:

―¡Por dios! ¡Buscaos un puto hotel!

Se separa de Regina de inmediato y mira hacia la puerta para encontrarse a Jenn en bikini y con los brazos en jarra mientras las mira con las cejas alzadas.

―¿Jenn?

Emma mira a su hermana sin entender qué hace ahí y entonces nota a Regina bajo ella. Escucha como contiene la respiración y casi intuye como desearía ser capaz de desaparecer. Siente como la mira, siente el miedo en sus ojos y se siente morir. Está a punto de decir algo más, de decirle que no pasa nada pero Jennifer sigue hablando.

―No, Dios, no te jode. ―Sacude la cabeza y cierra los ojos soltando una maldición al escuchar a su hermana seguir hablando―. Tápala por dios.

Agarra la toalla que tienen al lado y cubre a Regina con ella evitando mirarla a los ojos. No quiere ver su miedo, no quiere ver ese miedo que casi le dice que no importa cuanto espere porque...

Sonríe con pesar y se levanta tendiendo su mano a Regina para que también lo haga. No le gusta como su mano tiembla al aferrar la suya. Pero igualmente se coloca delante de ella, escondiéndola, casi como un escudo inútil, de su hermana no porque sea un secreto si no porque Regina se empeña en serlo.

―¿Qué haces aquí?

Debe haber algo en su voz porque su hermana frunce el ceño y tras calmarse y suspirar dice sin más:

―Diecinueve de mayo, ¿recuerdas?

Cierra los ojos con fuerza. ¿Cómo lo había olvidado? Es el cumpleaños de su padre y sí, este año le tocaba venir a ella a casa para celebrarlo como siempre, como cada año. Siempre ha sido comer juntos los tres y luego hacer algo por la tarde y cenar juntos de nuevo. Es el día que se reúnen sí o sí, no importa nada más.

―Mierda...

Ve como Jenn sonríe de medio lado alzando las cejas en ese gesto suyo que siempre usa para casi decirle "la has vuelto a cagar". Pero por una vez no le importa porque nota la mano de Regina posarse en su cadera y como susurra con un hilo de voz:

―Emma...

Se vuelve para mirarla olvidándose de su hermana. Y casi se queda sin habla al verla. No parece ella, bueno sí, pero la versión más vulnerable que le ha visto jamás. Ni rastro de la Evil Queen, ni rastro de esa Regina que con sólo alzar una ceja puede detener un corazón, ahora sólo ve a una mujer un poco asustada, confusa, con rubor en las mejillas y que busca valor en sus ojos. Pero su valor también se ha ido, se lo ha llevado el miedo. Pero se repone, tiene que hacerlo.

Así que olvidando todo se acerca más a ella, rodea su rostro con sus manos y hace ese gesto que ya es de ellas: apoya su frente en la suya para mirarla a los ojos directamente y le susurra:

―Ve a mi cuarto a vestirte, tienes allí tu ropa. ―Un beso fugaz que parece calmarla y eso la alivia, le da esperanzas―. Tranquila, ve luego a la entrada.

Regina asiente y avanza hacia la puerta y cuando llega a la altura de Jennifer susurra un:

―Hola.

―Hola, Regina. ―Ve la sonrisa casi cruel de Jennifer y como aclara ante la angustia de Regina―. He escuchado como lo decía mi adorada hermana.

―¡Jenn!

Su hermana la mira altiva antes de mirar de nuevo a la morena.

―Lo siento, profesora. Súbete la toalla un poco que se te ve...

―Jennifer...

Se acerca a ella y la fulmina con la mirada mientras Regina se marcha y su hermana alza las manos en señal de paz. Suspira resignada. Detesta que todo el plan se haya fastidiado y Jennifer dejando su toalla en el suelo dice resuelta:

―Papá está a menos de una hora de llegar.

―No me jodas... ―un ruego inútil.

―No, la que jodía eras tú.

―Eres insufrible. ¿Cuándo has llegado?

Avanzan hacia la entrada, Emma aún un tanto descolocada y Jennifer disfrutando la situación.

―Hace un rato. He visto que no había nadie y he dicho voy a darme una baño con Emma.

―¿Cómo sabías que estaba aquí?

―Porque se oía la música y por eso tú no me oías a mí. Pero parece que era porque estabas demasiado ocupada tirándotela.

La fulmina con la mirada. Es uno de esos días en que la mataría y se quedaría tan a gusto.

―Siempre tan simpática.

―¡Ni que fuera bonito verme follando con una tía! No sabes lo que es. Es como... uuggg...

Resopla y pone los ojos en blanco mientras se paran ante la puerta de entrada y le grita fuera de sí:

―No es verte es verme, idiota. ¡Oh, y sí lo sé! ¿O has olvidado el día que te vi con aquellos dos? ¡Porque yo no!

Jenn inclina la cabeza y dispuesta a hacérselo pasar mal pregunta de forma inocente:

―¿Que vez fue? ¿Aquí o en Londres?

―¡Eres insoportable!

Pero en el fondo le cuesta ocultar la sonrisa.


Entra en el cuarto de Emma y aún nota el corazón latiendo en su garganta. Suelta una maldición mientras se seca lo más rápido posible y se viste a toda prisa. Se viste tratando de calmar sus miedos y su corazón enloquecido. Entierra su rostro entre sus manos y casi que desearía no haber venido hoy a casa de ella.

Sólo lo sabía Emma. Sólo ella sabía cómo es en realidad y ahora lo sabe alguien más y da más miedo del que nunca pudo imaginar. Pero se recompone y en su mejor faceta de mentirosa de la vida va hacia la entrada.

Ve a Emma en la puerta secándose el cabello con la toalla y a Jennifer tan sólo en bikini. Dos cuerpos que conoce bastante bien, el de Emma podría dibujarlo sin mirarlo pero el Jennifer tiene algo diferente, no es Emma, es ella pero no lo es. Escucha a Emma quejarse de algo que ha dicho su hermana y como Jennifer la ignora a la perfección soltando comentarios mordaces. Termina de bajar las escaleras y con un hilo de voz anuncia:

―Emma... Creo que me voy ya.

Ve como las dos rubias se vuelven hacia ella y casi le cuesta no sorprenderse del gran parecido. De no ser por el cabello y porque conoce demasiado bien a Emma seguramente las podría confundir. Pero en realidad, mirando sus rostros, es fácil saber cuál es cuál. La dulce, la de la sonrisa cariñosa, es Emma.

―Sí, claro. ―Suena el móvil de Emma y ésta mirando la pantalla y haciendo un mohín le dice―: Un momento. ¿Papá?

Ve como Emma se marcha y casi le dan ganas de matarla y hacer que se quede a su lado pero lo único que puede hacer es volverse hacia su hermana cuando la escucha hablar:

―¿Y tu marido? ―No, no mataría a Emma, mataría a Jennifer y cree hacerlo con la mirada. Pero como a su hermana parece que sus miradas no le afectan porque sonríe de medio lado y añade burlona―: Tranquila, sólo bromeaba. Vaya, eres igual de simpática que aquel día.

Tiene algo similar a Emma pero es como si fuera la versión retorcida de ella. Por ello no le cuesta ser la Evil Queen que es con todos a pesar de parecer que es su rubia la que está ante ella.

―Tú tampoco eras la amabilidad personificada. Fuiste una estúpida.

Jennifer sonríe de medio lado y con los brazos cruzados y apoyada en la puerta le contesta resuelta:

―Ya, es mi rollo, ¿sabes? Emma la maja y yo la borde. ―Entonces su mirada pícara se torna desafiante y amenazadora―. También, ¿sabes qué?

―¿Qué? ―No puede evitar alzar una ceja irónica ante el tono de la rubia.

―Que Emma es la dulce y la buena y también la débil. No le hagas daño.

La Evil Queen se esfuma ante esas palabras y mira a Jennifer atónita y asustada:

―¿Qué...?

Pero Jenn no la deja terminar y tras resoplar dice:

―No soy idiota. Se te ve acojonada. No va a terminar bien esto así que lo menos que puedes hacer es no destrozarla. ―Regina quiere decir algo pero no puedo, menos después de escucharle decir con unos ojos verdes como los suyos lo que ya sabe―: No te la mereces, no ahora.

Podría tratar de negarlo pero es incapaz porque siempre lo ha sabido y siempre se lo ha dicho... Le ha dicho mil veces que no se la merece y en realidad ambas lo saben por mucho que traten de no decirlo, es la verdad. Emma se merece mucho más y viendo a Jennifer mirándola como la mira, con la mirada que Emma es incapaz de lanzarle, es menos capaz que nunca de negarlo.

―Lo sé... Pero...

―Mira, me da igual. Emma no es lo que era desde que tú llegaste. Nos odiamos, un poco, mucho, somos hermanas, pero eso no quita que me preocupe por ella, soy la mayor a fin de cuentas.

―Yo... ―No puede decir nada. No puede justificarse.

―Me da igual lo que sientas o lo que crees que puedes hacer sólo te digo que tengas cuidado porque es más débil de lo que parece. No la destroces.

―No quiero hacerlo.

Y es cierto, es de las cosas más ciertas que ha dicho en su vida. No quiere destrozarla sólo quiere quererla. Pero quererla y ser tan cobarde implica destrozarla.

―Ya. Pero intuyo que vas a hacerlo.

―¿Por qué...?

Pero en ese momento Emma retorna a la entrada y sonriente proclama:

―¡Lo siento, Regina! Mi padre es un poco pesado cuando quiere.

Se vuelve a mirarla, no puede evitar sonreír con cariño y casi dando las gracias por salvarla de su hermana. Esa hermana que la mira leyéndola a la perfección.

―Tranquila. Me voy ya.

―Lo siento.

―Ey, no pasa nada. ―Se acerca a ella y coloca una de sus manos en su mejilla. Adora su rostro y como siempre lo apoya en su palma en cuanto lo roza. Sí, podría perderse en ella incluso sin necesidad de tocarla―. Ha estado bien.

―Nos vemos mañana.

―Sí. Adiós.

Emma se acerca a darle uno de sus besos dulces, fugaces, que casi parecen roces, promesas de besos mejores y más intensos. Se lo devuelve con reparo y a la vez con ganas. De nuevo ese querer y no poder. Le sonríe con pesar y se marcha no sin antes escuchar un:

―Adiós, Señora Mills. ―Luego escucha unos pasos y como Emma le da un golpe a su hermana. Al cerrar la puerta le llega un grito furioso de Jennifer que le hace sonreír pese a todo―: ¡Qué no me des, gilipollas!


Le gusta escuchar a Emma hablando de su día con su familia. Se ríe al escucharla decir que acabó tirando a Jennifer a la piscina con su ropa de marca y como su padre la acabó tirando a ella también para lanzarse luego con ellas. Le sorprende escuchar eso de alguien que tiene una de las empresas más destacadas de su sector. Le sorprende ver las fotos en que Emma sale con su padre haciendo el idiota mientras Jennifer al fondo los mira con esa mirada que la atravesaba a ella ayer. Pero cuando los mira a ellos esa mirada es dulce pese a todo. Aún así le importa tan poco, ahora sólo le importa Emma y como explica su día emocionada, para ella cada día parece una aventura, una excusa más para reír y pasarlo bien.

No se parecen en nada. Es todo cuanto puede pensar. Que esa rubia sonriente y feliz con su familia es muy diferente a ella. Quizás eso es una de las cosas que le robó el sentido, que Emma es única, al menos para ella. Y entonces sus verdes ojos se clavan en ella y como siempre le roban el aliento.

―¿Tú qué hiciste?

―Nada, leer.

―Aburrida.

Alza las cejas pero al ver su rostro risueño termina por sonreír con dulzura mientras se levanta para recoger todo lo del desayuno. Deja todo en el fregadero y sonríe al notar sus brazos rodeando su cadera y como apoya su barbilla en su hombro para susurrarle al oído.

―Perdona a Jenn por lo de ayer. Es un poco gilipollas pero no lo hace con mala intención.

―Tranquila. ―Gira su rostro para mirar el suyo―. Es... peculiar.

―Dímelo a mí.

―Sois muy diferentes pero os parecéis más de lo que queréis y choca veros a una al lado de la otra.

―Imagino. ―Ve como hace un mohín y sin poder evitarlo roza su nariz con la suya en un gesto casi infantil que hace que Emma la mire con ternura, una ternura que la desarma y hace que sea consciente de ese gesto tan poco suyo―. Oye...

Le sorprende que Emma la haga girar para terminar encajonandola contra la encimera. Sus manos a cada lado de su cuerpo, su frente sobre la suya y sus ojos clavados en los suyos. De no ser por ese "oye", por ese tono de voz, se lanzaría a sus labios. Pero por ese "oye..." casi pregunta con miedo:

―¿Qué?

Emma suspira y su rostro desciende hacia su cuello, siempre termina ahí, sus labios siempre terminan en su cuello y casi que le viene bien para que no vea su rostro al escuchar:

―Hoy es el último día que vengo. La semana del ocho son los exámenes y Ruby y yo nos encerramos ya para estudiar.

No quiere. No quiere tres semanas sin ella. No quiere ni un sólo día sin ella y aún así no hace nada por evitarlo. ¿Podría evitarlo acaso? Se muerde el labio con rabia y pregunta en un susurro:

―¿En serio?

―Sí...

―Es mucho tiempo, Emma...

Es una vida. ¿Tres semanas? Tres semanas duelen. Será un infierno verla por la universidad sin poder hacer nada, sin haber pasado toda la mañana a su lado. No quiere pero no puede hacer nada para evitarlo.

―Lo sé... ―Sus dientes en su cuello en uno de esos mordiscos que despiertan cada centímetro de su cuerpo―. Así que... ―Su lengua calma la cruel caricia anterior―. Tengo que asegurarme ahora mismo de que te acuerdes de mí.

De sus labios sale un gemino al notar su lengua ascender hasta su oreja y sus dientes mordiendo su lóbulo. Aún así, a pesar de notar sus manos trepando lentamente hacia sus pechos se esfuerza en sonar seductora al preguntarle:

―¿Y cómo vas a hacerlo?

Emma ríe flojo mientras sus labios se enredan con los suyos. Y sus manos bajan de nuevo a su cintura para terminar alzándola y sentándola en la encimera. Sus labios sólo se separan en el momento en que Emma, con esa sonrisa sensual y ese brillo en la mirada que lo detienen todo, le quita la camiseta y dice antes de volver a sus labios:

―Se me ocurren muchos modos...


Tres semanas sin Regina. Serán duras pero puede con ello. Las necesita en realidad. Necesita empezar a acostumbrarse a vivir sin ella, a no tenerla, porque cada vez siente más cerca que eso es lo que pasará. Siente que el tiempo que le da no sirve de nada. Su miedo sigue ahí, sus mentiras siguen ahí, Robin sigue ahí. De no ser por todas esas cosas que siguen ahí le joderían esas tres semanas pero ahora mismo son como un maldito oasis y eso la aterra.

Y... el tiempo se acaba, cada vez más. Por mucho que la ame, por mucho que pueda tirarse horas mirándola, por mucho que... El tiempo se acaba. Pesa demasiado, así que tres semanas son un buen plan, son un dejarlo todo reposar. Son tres semanas sin ella pero hablando por mail, alguna llamada suelta, puede con ello.

―¿Qué te pasa?

Aparta los ojos del libro que leía sin atender a una sola línea para mirar a su hermana.

―¿Qué?

Jenn alza las cejas mientras se apoya en el marco de la puerta. Le sorprende que aún siga en casa pero no dice nada y se limita a esperar que sea ella quien hable.

―Por dios, mira tu cara de alma en pena.

Podría decirle la verdad pero la verdad es dura, así que opta por lo más sencillo:

―Mañana empiezo a estudiar a tope.

―Vaya ganas... ―Algo en el tono de su hermana le dice que sabe que miente y ese es uno de los motivos que hacen que la odie un poco: la lee como nadie.

―Gracias por los ánimos. ―Replica irónica mientras fija la vista de nuevo en el libro.

―De nada. ―Pero Jennifer sigue en la puerta, sigue mirándola. Así que deja el libro a un lado y la mira a su vez, casi un "¿Qué coño quieres?", pero su hermana le sorprende preguntando―: ¿Vienes?

―¿A dónde?

―A verla.

El tono. Su mirada. Sabe perfectamente a quien se refiere, lo sabe, se refiere a ella. Suspira mientras se siente en la cama y se quita las gafas dejándolas encima del libro.

―Son las doce de la noche, el cementerio está cerrado.

Jenn sonríe de medio lado, desafiante:

―¿Y luego soy yo la pija? ¿No puedes saltar una estúpida valla?

Claro que puede y en el fondo tienes ganas. Quiere verla. Necesita verla. Así que se levanta y camina hacia su hermana.

―Vale. Vamos.

Jenn la sigue mientras van hacia el garaje.

―En el escarabajo.

Se detiene un segundo. Jennifer siempre ha odiado el escarabajo, siempre se reía de lo cutre que era según ella. Por eso le sorprende pero a la vez no puede negarse porque ir a verla es casi imposible hacerlo sin el que era su coche.

―Vale...

Continuará...