Todo lo que reconozcáis (y más) pertenece a J.K. Rowling. El resto ya es cosa de mi imaginación.
Recordad que podéis pasaros por el blog del fic, al cual podéis echarle un vistazo en siemprequidditchfanfic . blogspot . com . es/ (quitando los espacios) o buscando el link en mi perfil.
38. Paseo europeo
"…y los New York Minotaurs, como ya se ha mencionado anteriormente, no opusieron mucha resistencia. No pudieron hacer nada para detener el imparable ataque de los Segadors, encabezado por Silvia Campabadal (confirmando que la cazadora ha vuelto tan en forma de sus vacaciones como estaba al final de la temporada pasada), y su ataque se desmoronó ante el poderío defensivo de los barceloneses. La superioridad local fue abrumadora en todo momento, evidenciando la diferencia de nivel entre el campeón norteamericano y el campeón de Europa. Puede que sea debido a la falta de ritmo de competición (los Minotaurs solo llevan diez días de pretemporada y este era su segundo partido amistoso), pero lo cierto es que de los jugadores estadounidenses solo el cazador Bruce Vaisey (quien de hecho, ni siquiera es americano, sino de Inglaterra) mostró algunos destellos de calidad a lo largo del partido, dando la cara y siendo el máximo goleador de su equipo. Vaisey (al que entrevistamos en la edición de ayer) tiene apenas veintiún años, y sería buena idea mantener un ojo sobre su trayectoria, ya que tiene pinta de que puede llevarle por caminos interesantes…"
Bruce leyó la sección deportiva del periódico local mientras viajaban hacia Francia: solo había tenido que usar un simple hechizo de traducción, y se entretuvo en las largas esperas enorgulleciéndose en silencio de que, aunque el equipo hubiera hecho un partido desastroso, al menos el periódico hablaba bien de él.
Usaron la red Flu, y tuvieron que hacer escala en París, donde les recibió el ya habitual comité de diez personas. Quiberon, el hogar de su próximo rival, los Quiberon Quafflepunchers, era un pueblo demasiado pequeño como para que se alojaran allí, así que en París se metieron en las chimeneas de nuevo para ir hacia Nantes, la mayor ciudad cercana y donde les esperaba su hotel.
En esa ocasión también estaban cerca de la costa, así que durante los tres días en Francia, mientras no estaban entrenando, siendo entrevistados por los periodistas, guiados en rutas turísticas alrededor de Nantes y Quiberon, tomando algo en un bar o preparando el partido contra los Quafflepunchers, se escapaban a nadar un rato en la playa más cercana. Estaban en la costa atlántica, por lo que el agua era mucho más fría y las corrientes más fuertes de lo que habían sido en Barcelona, pero el cambio era agradable (y las olas, mucho más divertidas de saltar para los que como Robert, Alex y Austin, disfrutaban haciendo locuras en el mar).
El partido de ese viernes fue el debut de Austin como guardián, quien se pasó el rato entre el anuncio de los jugadores titulares y el comienzo del partido en un extraño estado mezcla de éxtasis, pánico y nervios incontrolables. Se pasó más minutos de lo normal encerrado en el baño (lo que causó unas cuantas risitas del resto y comentarios burlones), hasta que Robert le sacó prácticamente a rastras, le llevó hasta su lugar en la fila y le puso la escoba en la mano.
En cambio, Gina no jugó, y a Bruce le tocó formar el trío de cazadores con Jeannette y Fiona. Hacía mucho que no jugaba con las dos chicas, y necesitó la primera hora del partido para habituarse de nuevo al estilo de juego de Jeannette, que era el más diferente del equipo. Jeannette no era mala (al menos, no en absoluto para los estándares norteamericanos), pero los demás eran sensiblemente mejores, y ella había estado a un nivel similar al de Brian la temporada pasada. Ese era el segundo partido que jugaba y parecía seguir en la misma línea, que aunque habría sido suficiente para ganar la mayoría de partidos de la Liga estadounidense sin problemas, en Europa tenían bastantes más dificultades.
No dieron la sorpresa y los Quiberon Quafflepunchers ganaron, aunque lo cierto fue que lo hicieron por una ventaja menor de la que se habían esperado: apenas setenta puntos. Nadie atrapó la snitch en las cuatro horas, y mientras que Bruce y Fiona hicieron bastante buen papel, también pudieron comprobar cómo se desenvolvía Austin en un partido real: lo hizo bastante bien, pese a su pánico inicial y a los nervios durante los primeros minutos; hasta realizó un puñado de paradas bastante sobresalientes. No daba la misma seguridad que Jason (siempre que Jason estaba bien, era como tener un muro), pero Bruce tuvo que aceptar a regañadientes que era un mejor competidor por la defensa de los aros que Amanda. Quería mucho más a Amanda que a Austin, pero como jugador imparcial que quería lo mejor para su equipo, había que admitir que Austin era un mejor guardián.
Tras Francia, fue el turno de parar en Italia. Su destino final era Venecia, pero tuvieron que pasar por Roma para la bienvenida protocolaria, saludar a su recepción de diez personas y recorrer brevemente el edificio, antes de llegar a la ciudad de los canales.
Lo cierto fue que disfrutaron con la visita turística por Venecia a lo grande: su guía era un italiano cincuentón, con una barriga enorme e hinchada como un globo, y un sentido del humor y una gracia casi tan grandes como su conocimiento sobre la ciudad y las anécdotas de lo que había sucedido allí a lo largo de la historia. También pasaron largos ratos navegando por los canales en las góndolas, comportándose como fascinados y absolutamente normales turistas muggles, aunque mientras estuvieron en el país dedicaron el resto de los descansos a escaparse hasta Roma y visitar algunos de los lugares y obras más emblemáticos.
Por lo demás, siguieron con su rutina de entrenamientos, reportajes y entrevistas y estudio del rival. Los Maschere di Venezia eran probablemente el contrincante más débil de toda su gira (aunque se disputaban el puesto con los rusos), pero aún y así, seguía siendo un equipo que arrasaría en la liga estadounidense. Los periodistas italianos fueron los más insistentes de los que se habían encontrado hasta el momento, y quisieron entrevistas profundas y personales con todos los jugadores, y Bruce tuvo que contenerse en varias ocasiones con la periodista que le había tocado (quien le recordaba escalofriantemente a Melissa Cooper), que insistía en saber detalles sobre su vida privada.
En el partido de ese doce de agosto debutaron las dos últimas integrantes del equipo, Alex y Erika. Mientras que Alex se pasó la hora previa al partido exultante, alegre y parlanchina, Erika se mostró aún más hosca de lo habitual. Elizabeth la apartó durante unos minutos, para hablar con ella en privado y darle algunos consejos, y después volvió con el grupo y les susurró:
—Es tan solo una niña y está nerviosa, la pobre. No la presionéis mucho. Esto es un debut mucho más grande de lo que nunca se había esperado.
Alex iba a contar con la compañía de Bruce y Gina en el trío de cazadores, y a Bruce le alegró. Alex era increíblemente rápida en los entrenamientos, pero todavía no la había visto en un partido real, al menos con los Minotaurs, y quería experimentar de primera mano cómo se comportaba sobre el campo.
La primera parte del partido estuvo decantada claramente para los italianos. A pesar de que Bruce se esforzaba todo lo que podía, la superioridad local era clara, y hasta que no pasaron casi dos horas no pudo empezar a leer con facilidad sus movimientos. Además, aunque Alex no lo estaba haciendo mal, era tal vez demasiado rápida para su propio bien: con una escoba tan difícil de controlar, eso no le ayudaba, y muchas veces se pasaba de largo al ir a buscar una quaffle o lanzaba demasiado tarde. Era buena y apuntaba maneras de ser todavía mejor, pero necesitaba práctica… U otra escoba.
Mientras, Erika revoloteaba por encima de todo, ajena a gran parte del juego, aunque a medida que avanzaba el tiempo protagonizó algunos amagos bastante buenos. En uno de ellos hasta consiguió que el buscador italiano se estrellara contra el lateral de las gradas, ganándose los abucheos del público y la felicitación de Donald.
Las últimas dos horas fueron más igualadas. En uno de los breves descansos, Bruce aprovechó para intercambiar impresiones con Gina y Alex, y con ayuda del entrenador consiguieron elaborar una simple maniobra para contrarrestar la jugada más habitual de los Maschere, y la que más daño les hacía. Los italianos no se esperaban tal reacción, y eso les sirvió a los Minotaurs para igualarles, y hasta sobrepasarles claramente al final. Por desgracia, en la primera mitad del partido les habían marcado demasiados goles, y su avalancha final no fue suficiente para ganar. Sin embargo, se quedaron a tan solo veinte puntos de ellos: era su mejor resultado hasta la fecha.
Su próximo rival eran los Heidelberg Harriers, en Alemania. Después de haberse acostumbrado al cálido clima del sur de Europa, Bruce se sintió algo desanimado al aparecer al otro lado de la chimenea en Berlín y descubrir el cielo encapotado. No llovió más de cinco horas en total en los tres días que estuvieron allí, pero tampoco vieron el sol mucho más rato.
La parte de la delegación alemana que se iba a quedar con ellos mientras durara su visita les llevó hasta la ciudad de Heidelberg. Tenía alrededor de ciento cincuenta mil habitantes, un palacio famoso y la universidad muggle más antigua del país, aparte del equipo de quidditch alemán con más trofeos internacionales. A diferencia de su guía italiano, el alemán no parecía tener sentido del humor alguno, y pronto a Bruce se le empezaron a mezclar en la cabeza las imágenes de todos los centros antiguos de las ciudades que habían visitado en las últimas semanas. Braga, Quiberon, Nantes, Barcelona, Venecia, Heidelberg y hasta Roma empezaban a parecerle todas iguales, a pesar de que mientras estaba en cada una de las ciudades le habían parecido completamente diferentes. Tanto viaje le estaba afectando.
Cuando el guía comentó por enésima vez en la última hora lo importante que había sido Heidelberg en la historia de Alemania a pesar de su reducida población y tamaño, Robert preguntó, cansado:
—Y si Heidelberg es tan pequeña, ¿por qué no nos quedamos en Frankfurt? He visto el mapa, y es más grande y está cerca. Además, lo conozco. Hacen buenas salchichas.
El guía le dirigió una mirada asesina con sus ojos claros, y le dijo con fría educación:
—Porque Frankfurt también es el hogar del histórico equipo rival de los Heidelberg Harriers. No vais a poner ni un pie allí.
La representante de los Heidelberg Harriers que les acompañaba asintió solemnemente.
Sobra decir que al día siguiente, tras acabar el entrenamiento, buena parte del equipo se escapó hasta Frankfurt para echarle un vistazo a la ciudad, y de paso cumplir las exigencias de Robert de comerse unas cuantas salchichas.
Cuando Bruce tenía un rato para descansar en la habitación, entre tanto viaje, entrenamientos, reportajes y demás, aprovechaba para escribirles a Theodore, Tracey y Lily (Jason también le escribía a Lily, pero nunca le dejaba ver sus cartas) y contarles todo lo que estaba descubriendo. Ellos tenían poco que contar; como mucho, que habían pasado parte de sus vacaciones en el sur de Irlanda, paseando por bosques y tomando el sol cuando decidía salir de entre las nubes. Pero su última carta sí que incluía novedades, ya que el último fin de semana se había celebrado finalmente la boda entre Blaise Zabini y Daphne Greengrass (y sí, se habían casado, por lo que Theodore había perdido la apuesta de que Zabini se fugaría antes del enlace), y los tres habían asistido, junto con el resto de Slytherin de su curso que quedaban vivos, gran parte de los dos o tres cursos inferiores y superiores, y algún que otro invitado de otra Casa que parecía perdido entre tanto verde y plata.
"…y estuvimos hablando un rato con la Greengrass menor." decía la que era claramente la letra de Tracey. Iba a tener que ser más específica, porque había cinco chicas Greengrass entre Daphne, su hermana y sus tres primas, y tres de ellas eran menores que Daphne (y eso sin contar al más pequeño de la familia, el chico Greengrass). Por suerte, Tracey también lo recordaba, y añadía: "No la más pequeña de todas, sino la hermana de Daphne, Astoria. ¿Saliste un tiempo con ella, verdad? Nos preguntó por ti. Se mostró bastante interesada en que estuvieras jugando en un equipo de quidditch de verdad. Nunca había hablado mucho con ella, y parece hasta simpática. Más que la estirada de Daphne, al menos. Incluso participó en nuestra apuesta sobre cuanto durarán su querida hermana y Zabini, y parece que ni siquiera ella le tiene en mucha estima, porque dijo que no más de un año (¡Ja! ¡Como yo!), y eso que la apuesta estuvo a punto de írsenos de las manos, porque Malfoy nos escuchó e insistió en participar (y ya sabes que Malfoy no es el dios de la discreción, precisamente)…"
La carta seguía hablando de la intervención de Malfoy y de los demás excompañeros de Hogwarts, gente a la que no veía y de la que no sabía nada desde hacía mucho tiempo. Le sorprendía que Tracey recordara que él hubiera salido con Astoria, pero probablemente era Lily la que se lo hubiera recordado. La verdad, él ya casi lo había olvidado. Había sido a principios de quinto año (el cuarto de ella), varios meses después de que lo suyo con Hestia acabara en desastre, y la última que hubo antes de Eve. De hecho, en aquel entonces ya sentía algo por Eve, aunque todavía estaba confuso y no era capaz de darle un nombre correcto a sus sentimientos. En cambio, Astoria Greengrass estaba casi siempre cerca de él, en su Sala Común, revoloteando por allí con el resto del clan Greengrass: esas chicas eran tan unidas como las gemelas Carrow, aunque por suerte eran más fáciles de diferenciar. Astoria tenía un año menos que él, pero era guapa, coqueta, decidida y suficientemente lista como para hacerse la tonta que necesita ayuda con los deberes por parte de un chico mayor a la perfección. Y entre unos sentimientos confusos y una chica guapa que le mandaba indirectas del tamaño de Hogwarts, el chico de quince años no había tenido muchas dudas.
Salieron unas cuantas veces a Hogsmeade y por los terrenos del Colegio, y poco más. Bruce había aprendido algo con Hestia sobre lo que era mejor hacer y no hacer, pero aún y así, no tenía mucho en común con Astoria. A ella le gustaba el quidditch, sí (y había sido una enorme mejoría con respecto a Hestia), pero se aburría cuando llevaban un rato hablando del tema; Astoria adoraba el arte, la música, el baile y demás cosas sofisticadas (como la gran mayoría de los Greengrass), y eso le aburría a él. Fue una grata sorpresa descubrir que no le tenía un asco u odio irracional a los muggles (ya que de hecho, decía que estaba completamente enamorada de grandes pintores muggles, la mayoría muertos y enterrados varios siglos atrás), pero no tenían mucho más de qué hablar o qué hacer, y por eso pasaban gran parte de su tiempo juntos besándose.
Duraron poco más de tres meses. De hecho, ella le dejó un par de días antes de irse a casa por las vacaciones de Navidad, diciéndole que había "perdido la ilusión", lo que justo coincidió con lo que había sido su ataque de acné más severo de toda su adolescencia, que duró desde principios de ese diciembre hasta finales de abril. Como Astoria ya había demostrado ser algo superficial, decidió ahorrarse la pregunta de si eso tenía algo que ver con su decisión. Tampoco le preocupó mucho la ruptura, y aunque dejaron de hablarse, Astoria no le miraba como si quisiera asesinarle cada vez que se cruzaban en los pasillos y en la Sala Común, y hasta se saludaban (eso también fue una mejora respecto a Hestia). De hecho, el haber salido con Astoria y no haber sentido nada más que simple excitación cuando estaba con ella (como si solo fuera una modelo como las de las revistas de los chicos del equipo), fue el desencadenante de que se diera cuenta de que lo que sentía por Eve era diferente.
Pero de todo eso hacía mucho tiempo. Habían pasado muchas cosas, y en esos momentos, Astoria Greengrass era tan desconocida para él como el resto de los antiguos compañeros que Tracey, Lily y Theodore le mencionaban.
Bruce no jugó contra los Heidelberg Harriers, y lo aceptó a regañadientes. Las rotaciones estaban siendo obligatorias y estrictamente controladas por el entrenador Johnson (hasta les mostró un gráfico y una tabla con los que había decidido cuántos y qué partidos jugaría cada uno), y el enfadarse por no jugar un partido no le iba a llevar a nada. Alex y Austin jugarían su segundo partido, lo que al menos significaba que Bruce podría sentarse con Jason y comentar el partido con él. Fiona y Gina fueron las otras cazadoras del equipo, así que Jeannette se sentó cerca de ellos, interviniendo en su charla de vez en cuando, y Erika se quedó más alejada, contemplando el partido en silencio sin apenas parpadear. Daba igual lo mucho que intentaran integrarla: la chica no se dejaba. Todos habían probado con charlas intrascendentes, con cumplidos y halagos, siendo graciosos, irónicos, incluso un poco bordes, y hasta hablándole de política, estudios o la situación de los muggles. Todo era inútil. Erika contestaba con monosílabos y sin demostrar el más mínimo interés, excepto con Elizabeth. A ella la escuchaba cuando hablaba de quidditch, y a veces hacía el esfuerzo de escuchar a Donald, pero poco más. Simplemente, parecía que no quería ser parte de ellos.
Iban perdiendo por casi doscientos puntos cuando estaban a punto de cumplirse las cuatro horas, y justo en ese momento Elizabeth les dio la mejor noticia en lo que llevaban de gira europea, atrapando la snitch. Habían perdido igualmente, sí, pero al menos, por fin habían hecho algún movimiento ganador.
De todos modos, debían recordar que lo importante no era ganar durante la gira, o eso les decía el entrenador Johnson. Lo importante era que los entrenamientos dieran resultados, y que fueran adaptándose al ritmo de competición y que los nuevos se integraran rápidamente, además de que podían aprender del estilo del quidditch europeo muchas cosas que les podrían servir en Estados Unidos. Tal vez, con eso de vuelta en casa podrían marcar la diferencia.
Otra cosa que Bruce hacía mientras descansaba era ir escribiendo todo lo que aprendía de quidditch con los equipos a los que se enfrentaban. Anotaba todo lo que recordaba, desde las indicaciones que hacían algunos jugadores, hasta jugadas que no había visto nunca y que tal vez podría intentar poner en práctica. Intentaba hacer dibujos lo más detallados posibles para poderse entender a sí mismo más adelante, y un día que Jeannette lo vio soltó una gran carcajada y se ofreció a rehacer algunos de los dibujos más horribles; su habilidad para dibujar no había mejorado con el paso de los años. Por suerte, Jeannette lo hacía de maravilla.
—Y por cierto, este cuaderno tuyo puede convertise en un tesoro—le comentó Jeannette, mientras redibujaba una jugada impactante de los Quiberon Quafflepunchers—. Espero que lo uses con el equipo y que podamos a aprender a hacer algo de esto.
—Y quién sabe, hasta podrías convertirlo en un libro—añadió Fiona, que en ese momento estaba en el salón del hotel cerca de ellos, jugando a las cartas con parte del equipo—. Pero cuando te retires, claro. Un buen jugador nunca revela sus trucos. Podrías llamarlo "Guía para ser el próximo extraordinario Bruce Británico Vaisey". Oh, y cuantos más títulos y premios ganes para poder ponerlo en el subtítulo, mejor. Se venderá más.
El próximo destino era Bulgaria, y su próximo rival era el equipo del que más se había hablado desde que había acabado el Mundial: los Vratsa Vultures habían llegado a la final de la LCQ, la Liga de Campeones de Quidditch, ese mismo mayo, y habían perdido frente a los Segadors de Barcelona por muy poco. Probablemente, esa derrota, unida a la derrota en la final del Mundial apenas dos meses después, había sido la razón por la que el buscador y capitán tanto de Bulgaria como de los Vratsa Vultures, Viktor Krum, hubiera decidido retirarse. Desde entonces, los Vultures andaban como locos buscando un buscador alrededor del mundo que estuviera a la altura, mientras que el seleccionador de Bulgaria simplemente se había sumido en la desesperación.
Creían que iban a alojarse en Sofía, la capital búlgara, porque les habían informado de que Vratsa era una ciudad pequeña, de solo ochenta mil habitantes. Sin embargo, su comité de bienvenida les hizo desplazarse hacia Vratsa, donde les esperaba su hotel. Lo bueno era que hacía buen tiempo, y por unos días podrían volver al agradable clima del sur. Además, a las afueras de la ciudad había un lago, en el cual podían bañarse y contemplar uno de los paisajes más bonitos del país. Enclavada entre montañas y un lago, Vratsa ofrecía una imagen bastante pintoresca.
La rutina de entrevistas, visitas, recorridos turísticos y demás empezaba a ser repetitiva, pero al menos se notaba que los entrenamientos iban mejorando. Ya estaban todos en un nivel de forma aceptable (al menos, les permitiría no desfallecer si un partido duraba un día), y estaban aprendiendo a manejar las escobas con confianza. Bruce, como el resto de sus compañeros, había notado que una vez que uno se adaptaba a ella, era impresionante; sin embargo, la adaptación llevaba más tiempo de lo normal. Ya que ellos habían tenido la suerte de usarlas más en partidos reales y tenían más experiencia, tal vez eso les daría ventaja sobre los otros equipos que también se hubieran decantado por la Saeta de Fuego VIII.
Mientras ellos estaban en Bulgaria, en Estados Unidos se estaba celebrando el sorteo de los enfrentamientos de Liga de esa temporada. Smith, que por primera vez desde que estaba en el cargo de director deportivo no podía asistir, estaba que se subía por las paredes de los nervios. Había enviado a otro empleado de los Minotaurs a acompañar al sorteo al presidente Aaron Williams, pero odiaba no estar allí. Había ordenado que le enviaran una carta con todo lo importante de inmediato, pero tardaría en llegar. Mientras tanto, los demás tendrían que aguantarle más ansioso de lo normal y con una sonrisa maníaca pintada en la cara.
La carta en cuestión llegó el domingo por la tarde con una lechuza, apenas unos minutos antes de que tuvieran que salir para el estadio para ir a jugar el partido. David Smith se negó a abrirla delante de los jugadores, y les dijo tajantemente que se enterarían tras el partido.
Bruce formó el trío de cazadores con Gina y Jeannette, y le dio seguridad que fueran Elizabeth y Jason quienes estuvieran a cargo de la snitch y de los aros. Pero era realista y sabía que no les iba a servir de mucho. Los Vratsa Vultures eran casi tan buenos como los Segadors de Barcelona (y según a quién le preguntaras, eran mejores), y tres de los siete jugadores que salieron al campo habían sido titulares en la final del Mundial, y eso que Viktor Krum no estaba. En su lugar, había una chica joven, que no aparentaba más de veinte años; Johnson les había dicho era la suplente de los Vultures, que aún no habían encontrado un sustituto adecuado para Krum.
Como era de esperar, los Vultures les arrasaron. Bruce intentó imitar sus movimientos, y hasta trató de reproducir algo de la final del Mundial, pero le faltaba práctica y no lo había ensayado en ningún momento ni con Gina ni con Jeannette. Algunas jugadas individuales le salieron bien y marcó algún gol (marcarle al guardián que había jugado la final del último Mundial era casi un trofeo en sí mismo), pero los cazadores rivales eran demasiado rápidos y estaban excelentemente compenetrados, por lo que desmontaban sus jugadas de equipo con facilidad. Pronto se vio que el que no estuviera Krum sobre el campo no iba a afectar mucho, porque la paliza fue enorme de todos modos.
Después del partido, David Smith accedió a mostrarles los resultados del sorteo de los enfrentamientos de la temporada. Los Rocky Ford Erumpents, octavos la temporada pasada, iban a ser su primer rival, seguidos de los Macon Mooncalfs, últimos. Era un comienzo asequible, pero el problema venía justo después: se iban a enfrentar a los Finches, los Rockets y los Giants (terceros, cuartos y sextos) en tres partidos consecutivos, y eso sin tener en cuenta que habría un partido del TIAQ por en medio. El temido partido contra los All-Stars sería en la novena jornada, entre unos muy asequibles Crabs y Bats, la undécima sería su jornada libre, y el último partido iba a ser contra los Tuba Mirages, quintos el año anterior. El partido más importante en el que ellos no participaban, el que enfrentaba a los All-Stars contra los Finches, iba a disputarse en la quinta fecha, el mismo día en que ellos jugaban un importante partido contra los Giants… Y aún no sabían qué opciones tenían en el TIAQ.
—Va a ser duro, chicos, no os miento, pero hemos tenido la mejor preparación en toda la historia del equipo, ¿lo recordáis?—trató de animarles Smith—Podemos con esto. Somos los Minotaurs, los actuales campeones. No podrán con nosotros tan fácilmente…
"…como los Vultures" oyó Bruce a Austin susurrar en un tono casi imperceptible, y tuvo que contenerse para no sonreír, porque Austin tenía razón. Alex, a su lado, se cubrió inmediatamente la boca, aunque los ojos le brillaban con diversión, y Jason, que también le había oído, le miró alzando las cejas disimuladamente, intentando ahogar también la sonrisa resignada.
Sí, bueno, los Vultures les habían dado una paliza. Pero para que les hubieran dado una paliza, habían tenido que jugar contra ellos, y eso ya era mucho más de lo que la mayoría de jugadores en Estados Unidos había hecho (o podía pensar en hacer) jamás.
Tras Bulgaria, fue el turno de Rusia. Ya era el séptimo país que visitaban, y el penúltimo de la lista; cuando jugaran ese partido, solo les quedaría el que era contra los Wigtown Wanderers, antes de volver a casa. "A casa", pensó Bruce con nostalgia. Estaba bien viajar y recorrer tantos lugares diferentes, pero hacerlo todo tan rápido, de forma que todas las ciudades se confundían en una, era mareante. La verdad era que echaba de menos su piso en Nueva York, los rascacielos infinitos y ver el mismo escenario tras las ventanas más de tres días seguidos.
Las relaciones internacionales entre Rusia y Estados Unidos eran algo tensas, tanto para los muggles como para los magos, pero su comité de bienvenida en Moscú fue tan educado como en cualquier otra ciudad de Europa.
Su rival ruso era un equipo de nombre impronunciable, algo que sonaba como un puñado de gruñidos juntos. El representante del equipo les explicó amablemente que la traducción significaba "Aplastacabezas". Iban a jugar contra los Aplastacabezas de Novosibirsk. Algo muy tranquilizante.
Novosibirsk era fría, y llovía ligeramente cuando salieron del edificio. La visita a los alrededores fue breve, y se refugiaron rápidamente en el hotel. Iban a tener que aguantar el agua en los entrenamientos, pero no tenían que estar bajo ella más tiempo del necesario.
Como tuvieron bastante tiempo libre en Rusia para no hacer nada (los periodistas locales tampoco mostraron mucho interés en ellos), Bruce se dedicó a ponerse al día con Amanda, resumiéndole qué tal estaba siendo su pretemporada. Ella le había escrito solo unos días antes, informándole de que aunque había dejado la gira con las Snitches de Alas Dobladas para incorporarse a su propia pretemporada, seguía yendo a todos los conciertos que podía, y que por lo visto, cada vez había más gente y era más impresionante.
Jason también recibió una carta interesante esos días (y para variar, no era de Lily): su primo Elliot le contaba que sus dos amigos, Nadia y Kevin, habían conseguido entrar ambos en los Omaha Bundimuns. Los Bundimuns habían sido los mejores de los tres equipos de novatos del año anterior, por lo que era una buena noticia para ambos chicos.
Y mientras tanto, Bruce seguía trabajando en su cuaderno, anotando más jugadas, técnicas y opiniones, y pidiéndole a Jeannette que dibujara aquellas cosas que eran demasiado complejas para él. Cuando tenía dudas de si algo no se entendía claramente (porque no confiaba en que si él mismo lo leía en un futuro, recordara exactamente qué había querido decir), le preguntaba a Luke o a Arnold, el marido de Jeannette, si lo comprendían, y hacía las pertinentes correcciones cuando la respuesta era un no. La verdad, Luke, Arnold y hasta la elfina Weena eran los que más estaban disfrutando del viaje: ellos no tenían que preocuparse por entrenar a diario, ni por estar perdiendo todos los partidos, ni tenían que estudiarse intensamente jugadores y equipos de los que no sabían nada y no volverían a saber, ni aguantar entrevistas de periodistas que a saber qué esperaban de ellos. Los tres se dedicaban a hacer turismo bien hecho (tanto Arnold como Luke se habían armado con una cámara de fotos muggle cada uno, y gastaban un carrete tras otro a una velocidad increíble), ver películas e investigar los alrededores. A Luke le habían comprado su primera varita justo al volver del Mundial, y aunque no le había prestado mucha atención a los libros escolares, estaba empezando a aprender algunos hechizos y encantamientos básicos con Arnold (aunque técnicamente, estaba prohibido), y cada vez estaba más deseoso de ir a Salem. A veces, a Bruce le recordaba a sí mismo. Él, y muchos niños de su edad, había estado esperando con ansias el día de ir por fin a Hogwarts. Solo que, a diferencia de muchos otros niños, él lo que quería era alejarse de casa.
Bruce le había cogido el gusto a estar con el cuaderno. Cuando no se le ocurría algo de los últimos partidos que anotar, intentaba recordar jugadas del Mundial, del TIAQ y hasta de otros equipos de la Liga. Había cosas simples, que cualquiera podría hacer con unas horas de práctica, y jugadas increíbles para las que se necesitaba la completa participación y coordinación de todo el equipo. Sería cumplir un sueño ser capaz de hacer todo eso, pero lo veía muy complicado: aquello era una recopilación de jugadas de todo el mundo, no algo que estuviera haciendo un único jugador. No podía pretender que una sola persona, ni siquiera él mismo, pudiera ser capaz de saber hacer todas aquellas jugadas increíbles. Sin embargo, podía soñar…
Y soñando, una idea empezó a rondar su mente. Tenía relación con lo que le había dicho el señor Higgins meses atrás, cuando fue a verle al partido contra los All-Stars: "Que la gente te conozca, Vaisey… Es básico que hablen de ti… Hazte una figura mundial, consigue que todo aficionado del quidditch sepa tu nombre…". Era complicado convertirse en alguien que todo el mundo conociera, más en un simple equipo de Estados Unidos. Por Merlín, si había jugado contra algunos de los mejores equipos de Europa, y ni siquiera conocía a todos los jugadores… Había que ser excepcionalmente bueno para que todos supieran quien era.
Pero había otra opción. Se había dado cuenta mientras escribía en el cuaderno. Era una tontería, en realidad, pero le había puesto a pensar. El Amago de Wronski, la Finta de Porskov, la Parkins Pincer, el Plumpton Pass… Esas jugadas, y muchas más, tenían algo en común: eran movimientos que en su día habían sido sorprendentes, y que habían sido bautizados con el nombre del jugador que lo había llevado a cabo por primera vez. El mismo Roderick Plumpton, por ejemplo, no había hecho nada relevante en su carrera, aparte de capturar esa snitch con el movimiento que llevaba su nombre una sola vez (y había muchos que seguían sosteniendo la teoría de que había sido sin querer, pero el nombre iba a quedar para siempre).
Él podría hacer eso. Podría hacer una jugada nueva, algo inesperado, algo que llamara suficientemente la atención como para que el mundo se enfocara en él por un momento, y un movimiento en concreto pasara a llevar su nombre. Podría hacerlo. Y sería una maravillosa ayuda a sus aspiraciones.
Solo había un problema… Tenía que inventar un movimiento nuevo.
Eso le llevaría un tiempo.
Perdieron el partido contra los encantadores Aplastacabezas, quienes, en contra de lo que cabría esperar por su nombre, fueron bastante amables a pesar de hablar un inglés rudo, y apenas cometieron faltas durante las cuatro horas de partido. Tampoco fue una sorpresa que perdieran, ya que jugaron los tres novatos de los Minotaurs, y aún les faltaba un tiempo de adaptación. Además, tanto Bruce como Gina se quedaron en las gradas, por lo que la capacidad goleadora del equipo descendió notablemente. Aún y así, Austin lo hizo bastante bien, y Fiona fue la máxima anotadora de los Minotaurs.
Al acabar el partido, volvieron al hotel y se prepararon para marcharse de Rusia a la mañana siguiente. Próxima parada: Reino Unido.
Justo antes de meterse en la chimenea que les transportaría hasta Londres, Bruce respiró hondo unas cuantas veces. Quería pensar que todo saldría bien, pero su mente insistía en recordarle que iba a estar en el Ministerio, el lugar de trabajo de Eve, y hasta entonces habían tenido una visita guiada por todos los Ministerios que habían visitado. Existían posibilidades de que se la encontrara… Y aunque su corazón lo deseara con todas sus fuerzas sin que él pudiera hacer nada por impedírselo, sabía que no podía. No debía. Porque se lo había prometido a ella, y porque estaba tratando de olvidarla.
Jason, que era el único a quien le había contado sus preocupaciones últimamente, se dio cuenta de su tensión y le apretó el hombro amistosamente. Claro que Jason estaba amistoso: como ayudante del embajador de Estados Unidos, iban a encontrarse con Lily, y entre Jason y ella no había ningún problema. Normal que estuviera feliz.
Bruce entró en la chimenea justo después de Jason, y aguantó la secuencia de imágenes confusas, olores y sonidos propios del viaje a través de la red Flu durante unos minutos. Cuando aterrizó al otro lado, se apartó rápidamente de la chimenea, y dejó que un asistente le ayudara a sacudirse la ceniza de encima. Tuvo que esperar a que llegara el resto del equipo, y cuando estuvieron todos listos, Smith encabezó la expedición hasta la sala de espera.
Era fácil distinguir a su comité de bienvenida: era siempre el grupo más grande en las salas de espera de la red Flu, y hasta habían desarrollado un juego que consistía en intentar averiguar quién era quién. Los periodistas eran siempre los más fáciles (Alex podía presumir de tener un cien por cien de acierto en diferenciar al periodista de deportes del de internacional), al igual que el embajador estadounidense de turno, aunque el resto eran más difíciles de adivinar. Sorprendentemente, era Luke el que tenía más aciertos de todo el grupo.
Aunque en esa ocasión, Bruce jugaba con ventaja. Ahí estaba Lily, sonriente y mirando fijamente… a Jason, no a él. A un lado estaba el jefe de Lily, el embajador estadounidense, el rollizo Roy Walker. Al otro lado tenía sorpresivamente a Tracey (y ella sí le sonreía burlona y exclusivamente a él): Bruce sabía que se dedicaba en exclusiva a cubrir noticias internacionales desde abril, pero no tenía ni idea de que fuera a cubrir precisamente su noticia. Al otro periodista y a la fotógrafa no les conocía, ya que eran mucho mayores. La representante del país era reconocible por llevar una banderita del Reino Unido en la túnica, y el representante de los Wigtown Wanderers no era el señor Higgins, pero llevaba un pin del equipo en la solapa de la chaqueta. Al subdirector de Deportes y Juegos Mágicos tampoco le conocía, pero irradiaba una cierta aura de superioridad… a diferencia de los dos empleados del Departamento encargados de organizar el partido, jóvenes y que ya habían empezado a saludar al resto de componentes del equipo.
Mierda. Eso no se lo había esperado. Los organizadores del partido, quienes estarían con ellos durante toda su estancia en el país, eran Alicia Spinnet y Kevin Bundy. El hermano de Eve y su —creía que todavía— novia.
—¡Bruce, cuánto tiempo sin saber de ti!—Alicia fue la primera en llegar junto a él, con los ojos abiertos como platos, y hasta le abrazó brevemente—Supe que te habías ido a jugar a Nueva York, pero después desapareciste… Y ahora estás aquí para jugar contra los Wanderers. Qué vueltas da la vida, ¿verdad?
Recordaba a Alicia de Hogwarts, pero realmente la había conocido en casa de los Bundy. Ella y Kevin salían juntos mientras él estaba con Eve (aunque realmente, Kevin y Alicia no confirmaron que lo suyo era una relación estable hasta poco antes de que Bruce se marchara), y habían coincidido varias veces en la casa, sobre todo en las tardes lluviosas de verano o en los fríos días de invierno, en los que no había nada más que hacer que sentarse frente al fuego o pelearse con los juegos de mesa. Alicia, siendo tan intrusa como él en la familia, siempre había sido simpática con él, ignorando el hecho de que fuera un Slytherin. De hecho, ella había solido decir que lo que más le molestaba de él era que fuera seguidor del Puddlemere United, y no de las Avispas de Wimbourne.
—Ya lo creo, Alicia—Bruce le sonrió de vuelta—. ¿Qué tal te va todo?
—Pues ahora que por fin habéis llegado, de maravilla. El viaje desde Moscú es largo. Temíamos que alguno se hubiera perdido y tuviéramos que empezar a buscarle en chimeneas de toda Europa.
Bruce rio, y justo en ese momento, Kevin llegó hasta ellos. A diferencia de Alicia, no sonreía, pero le tendió una mano a Bruce y él la estrechó con firmeza.
—Vaisey—le saludó con cordialidad.
No sabía qué comportamiento esperar de Kevin. Desde el momento en el que se habían conocido, Kevin había sido bastante amable con él, sin descuidar su parte de hermano mayor, celoso y sobreprotector, pero como ambos eran fanáticos del quidditch (y Bruce siempre se cuidaba de mantenerse a una distancia razonable de Eve cuando su hermano estaba delante) siempre se habían llevado bien. Sin embargo… Eve y Kevin siempre habían estado muy unidos, y Bruce no sabía hasta qué punto le habría contado Eve de todo lo que había sucedido entre ellos, ni cómo eso habría influido en la opinión que Kevin tenía sobre él.
—Un placer verte de nuevo, Bundy—acabó respondiendo.
Kevin asintió brevemente con la cabeza, le susurró algo al oído a Alicia y se alejó para seguir saludando al resto del equipo. Alicia se giró hacia él, le sonrió brevemente y dijo:
—Bien, Bruce, tengo que saludar a tus otros compañeros. No te pierdas, en unos minutos partiremos.
Tracey se acercó rápidamente para ocupar el lugar de Alicia, y ella también le abrazó.
—"Jugador de quidditch internacional se encuentra con el hermano mayor de su exnovia después de dos años y evita ser asesinado como venganza"—fue lo primero que le dijo Tracey—. ¿Qué te parece como titular de mañana?
—Prematuro. Tengo que pasarme los próximos tres días cerca de él, y si está enfadado aún tiene muchas posibilidades para matarme.
—Oh, qué listo eres, Bruce Vaisey—suspiró Tracey dramáticamente—. Tendré que inventar un titular mejor.
—Eso espero, la verdad.
—Oye, que ya tengo suficiente con que Theodore lo critique todo—Tracey le pegó amistosamente en el brazo.
Se notaba que le había echado de menos aunque solo fuera un poco durante ese último mes, porque de lo contrario le habría pegado más fuerte.
—Te lo decimos para ayudarte a mejorar, Tracey.
Lily también llegó junto a ellos y le abrazó con fuerza. Jason iba tras ella, y parecía que quería preguntarle algo, pero justo en ese momento el subdirector del Departamento de Deportes y Juegos Mágicos empezó a hablar para darles la bienvenida, y tuvieron que permanecer en silencio.
Unos cuantos minutos más tarde, salían de las oficinas de la red Flu, siendo guiados por el subdirector en una visita por el Ministerio.
Bruce se había vestido con una sudadera con capucha especialmente para la ocasión, por si tenía que ocultarse rápidamente. Sin embargo, le parecía una tapadera muy pobre, así que cuando llegaron a la planta y a los pasillos de la zona en los que trabajaba Eve, Bruce agarró el brazo de Lily y le susurró:
—Lily, no puedo ver a Eve.
Lily le miró a los ojos durante unos segundos, y después asintió. Aceleró un poco el paso para acercarse al subdirector, y en un momento en el que el hombre se quedó callado, Lily dijo disimuladamente:
—Uno de los jugadores necesita que le enseñen dónde hay un lavabo. Yo me encargo, os alcanzamos en la siguiente sección.
El subdirector se detuvo, forzando al resto del grupo a hacer lo mismo, justo frente a las puertas que daban acceso a las oficinas del Wizengamot.
—De acuerdo, Moon, pero deja que escuche al menos qué es el Wizengamot—respondió el hombre.
—En realidad, ya lo sabe porque…—intentó rebatir Lily, pero el subdirector empezó a hablar y Lily tuvo que volver junto a Bruce.
Tuvieron que esperar de pie frente a las puertas a que el subdirector contara una historia sobre los orígenes del Wizengamot y su evolución, historia que parecía haber memorizado. Mientras tanto, había gente entrando y saliendo regularmente de las oficinas, y en lo único que Bruce podía pensar era que esperaba que ninguna fuera Eve. No podría soportar ver su cara de sorpresa, dolor y acusación… Y cuando parecía que por fin el subdirector iba a acabar de hablar, de pronto señaló hacia sus espaldas y dijo:
—Y mirad, aquí viene uno de nuestros escuadrones de Accidentes Mágicos; les podéis distinguir por el llamativo color de sus túnicas. Se dedican a…
A Bruce no le interesaba escuchar a qué se dedicaba el escuadrón de Accidentes Mágicos (básicamente, porque existían esos escuadrones en todo el mundo y en todos lados se dedicaban a lo mismo), pero dejó de interesarle en absoluto cuando se fijó en las caras de los miembros del escuadrón: la mayoría tenían aspecto sorprendido, pero la más joven le miraba fijamente con estupor. Era Vicky Frobisher.
Genial. Primero el hermano y la cuñada de Eve, y ahora su mejor amiga. Suerte que al menos no iba a jugar contra Ginny Weasley y sus Arpías de Holyhead.
—¿Vaisey?—le llamó Frobisher, pasando a su lado y deteniéndose a un metro de él.
—Frobisher—le saludó él con un cabeceo.
No había tenido tiempo ni de subirse la capucha. Vaya maestro del escondite estaba hecho.
El subdirector pareció decidir en ese momento que ya era suficiente y que podían entrar en las oficinas del Wizengamot, y le hizo un gesto a Lily antes de abrir las puertas. Vicky Frobisher también hizo un gesto, pero a sus compañeros del escuadrón, indicándoles que luego les alcanzaría.
—¿Qué haces aquí, Vaisey?—le preguntó Frobisher.
Para su sorpresa, no le habló con tono cortante, sino solo con asombro.
—Acabo de llegar con el resto de mi equipo. Jugamos el sábado contra los…
—… contra los Wanderers, lo sé. Leo el periódico. Pero, ¿qué haces aquí, en el Ministerio?
—Al parecer, los jugadores de quidditch somos unos visitantes tan distinguidos que tienen que hacernos un recorrido turístico por todos los Ministerios a los que llegamos—respondió Bruce, encogiéndose de hombros—. Incluso si somos jugadores de un equipo tan desconocido como el mío.
—Ah. ¿Y no les sigues?
—No creo que sea buena idea.
Bruce señaló ligeramente con la cabeza las letras que indicaban que estaban frente a las oficinas del Wizengamot, y Frobisher pareció entenderle rápidamente, porque la comprensión se dibujó súbitamente en su cara.
—Oh, claro.
Si con Kevin Bundy dudaba de lo que sabía o no, con Vicky Frobisher no tenía ninguna duda. Debía saber hasta el más mínimo detalle, así que no le extrañó que comprendiera rápido que no quería arriesgarse a encontrarse con Eve.
—Además, tengo algo de enchufe—añadió Bruce, intentando salir de una situación que se había vuelto algo extraña, y se giró hacia Lily—. Ella está dentro del comité de bienvenida, así que puedo saltarme alguna parte de la visita.
Vicky pareció darse cuenta de que Lily estaba allí en ese preciso momento, y se apresuró a saludarla con una inclinación de cabeza. Y de pronto, pareció darse cuenta de que estaba hablando con el exnovio de su mejor amiga, con el que nunca había cruzado más de dos frases estando a solas. No tenían mucho más que decirse.
—Bueno, Vaisey, suerte con ese partido. Tengo trabajo que hacer.
—Gracias, Frobisher. Que vaya todo bien.
Frobisher asintió, y echó a andar hacia el fondo del pasillo. Sin embargo, no hubo dado ni tres pasos antes de volver atrás rápidamente y agarrar a Bruce por el antebrazo, tomándole por sorpresa y obligándole a mirarle a los ojos.
—Vaisey…—empezó a decir Vicky, con tono nervioso, pero sin titubear—Que quede claro que sigo pensando que eres un idiota arrogante, pero… No eres el peor idiota que he conocido.
Viniendo de Vicky, eso podía considerarse casi un halago.
—Gracias—dijo Bruce con toda la sinceridad de la que fue capaz.
Frobisher le soltó el brazo y se alejó definitivamente por el pasillo, y Bruce se giró hacia Lily, que había observado la escena con curiosidad.
Así que para caerle un poco mejor a Vicky Frobisher lo único que tenía que haber hecho era alejarse de ella. Ya podría haberlo sabido antes.
Bruce y Lily no fueron en busca de ningún lavabo, sino que fueron directamente a otro lugar del Ministerio por el que aún no habían pasado y esperaron allí. Lily aprovechó para ponerle al día de las últimas novedades, además de repetirle las situaciones más graciosas de la boda de Greengrass y Zabini, lo que acompañó imitando algunas de las caras de la gente que intervino. No se encontraron con nadie más conocido (o al menos, nadie le prestó atención) y un rato más tarde el resto del grupo llegó hasta ellos, y continuaron el recorrido.
Wigtown era pequeño. Más bien, diminuto. Era un pueblo de alrededor de mil habitantes, y de hecho, no estaba en Inglaterra, sino en Escocia, cerca de la frontera y lo más al sur y al oeste posible. La ciudad mayor y más cercana era Glasgow, y fue allí a donde se dirigieron tras visitar en apenas una hora la iglesia, el viejo castillo y las librerías de segunda mano de Wigtown. Bruce ya conocía Glasgow, y aunque Lily ya habían abandonado el grupo junto al embajador y al subdirector, Tracey sí que seguía con ellos, y Bruce pudo entretenerse hablando con ella disimuladamente mientras el resto de empleados del Ministerio guiaban la visita por la ciudad.
—Y ya que estoy yo al mando de una parte de esto, intentaré que hablen bien de vosotros en El Profeta—comentó Tracey, burlona.
De hecho, Tracey se encargó de parte de las entrevistas al día siguiente, así que acabó entrevistándole a él. Fue de las cosas más raras que había hecho en su vida: nunca había visto a Tracey trabajando, y mucho menos trabajando con él de entrevistado. Además, Tracey ya se sabía la gran mayoría de respuestas a lo que le preguntaba, por lo que en las ocasiones en las que la respuesta que Tracey imaginaba coincidía exactamente con lo que Bruce decía, ambos se echaban a reír a carcajadas, llamando bastante la atención. Cuando el otro periodista refunfuñó, Tracey se puso seria e instó a Bruce a ser más profesional.
El resto de cosas fueron iguales que en el resto de países. Descansaban en el hotel, entrenaban en un estadio aleatorio y les hacían visitas guiadas por algunos lugares de interés. Sin embargo, lo más extraño para Bruce era que Alicia Spinnet y Kevin Bundy estuvieran siempre con ellos. La verdad, con Alicia no había ningún problema: ella se sentó un rato junto a él la primera noche, y él le habló de cómo le habían ido esos dos años en Nueva York, y ella le resumió qué tal le iba con el trabajo y en su relación con Kevin. Por lo visto, la señora Bundy ya empezaba a sugerirles planes de boda y que les dieran nietos pronto.
—Por Merlín, ¿me imaginas casada y con un bebé en brazos, Bruce?—se quejó Alicia, aunque de buen humor—Solo tengo veinticuatro años, por favor. Me queda toda una vida para eso.
—He oído que Zabini y una de las Greengrass se han casado hace poco, y ellos tienen veintidós—apuntó Bruce, solo para molestarla un poco.
—Sí, todo el mundo mágico se ha enterado de eso. Pero todo el mundo sabe que esos Slytherin siguen estando un poco mal de la cabeza… Sin querer ofender, Bruce.
—Tranquila, tienes toda la razón del mundo.
Se quedaron en silencio unos instantes, hasta que Alicia añadió, con tono titubeante:
—¿Sabes, Bruce…? Que no me oiga Kevin, pero creo que hiciste bien en marcharte… del Reino Unido, me refiero. En cuanto al otro tema, por lo que yo sé, creo que pudiste haber sido un poco más delicado... Pero si querías crecer como jugador de quidditch y acabar jugando en un equipo grande, creo que hiciste bien. Así como están las cosas por aquí, con los Slytherin y sobre todo con los sangrepura… No habrías tenido ni una oportunidad.
Con Kevin no habló hasta la noche siguiente, en la víspera del partido contra los Wanderers, a pesar de que en esos casi dos días no se habían separado más de un centenar de metros en ningún momento. Sin embargo, Kevin, Alicia y los otros dos acompañantes se habían pasado casi todo el rato con Smith y el resto de empleados del equipo, no con los jugadores, por lo que era comprensible que Bundy no se hubiera acercado a él. La verdad, Bruce tampoco estaba seguro de querer que lo hiciera. Era cierto que siempre se habían llevado relativamente bien, pero la última vez que se habían visto había sido antes de que él dejara a su adorada hermana pequeña para irse a jugar a quidditch al otro lado del océano. No sabía si podría tener una charla con él que no fuera, como mínimo, totalmente incómoda.
Pero esa noche Kevin se acercó a él mientras trabajaba solo en su cuaderno en el salón común del hotel, al lado de Jason, Austin, Alex, Robert y Fiona, que estaban jugando entusiastamente al póker (les había enseñado a jugar uno de sus acompañantes en Italia, y desde entonces no pasaban un día sin mínimo unas cuantas partidas). Kevin tomó asiento a su lado y carraspeó, antes de sacar disimuladamente la varita y murmurar "Muffliato" en dirección a sus compañeros de equipo. A continuación, Kevin se rascó el cuello y comentó:
—Por fin te he visto jugar a quidditch. Ya era hora.
Kevin había estado presente en los dos entrenamientos que habían hecho en territorio inglés, pero era verdad que antes no le había visto ni entrenar. Sí, habían volado juntos alguna que otra vez en el patio trasero de los Bundy, pero era tan pequeño y los setos tan bajos que no se podía hacer nada interesante.
—Sí, ya creía que nunca tendrías la oportunidad—fue lo único que se le ocurrió responder a Bruce.
No sabía qué más decirle. Por Merlín, hacía más de dos años que no hablaba con él, y no tenía ni idea de qué sabía ni qué pasaba por la mente de Kevin. Esas conversaciones no se le daban bien. Nunca sabía qué decir ni qué se esperaba de él.
Afortunadamente, recordó que Kevin tampoco era muy paciente ni muy hábil con los sentimientos. Kevin suspiró y le miró fijamente con esos ojos tan azules, idénticos a los de Eve, y dijo:
—Mira, Vaisey, quiero acabar rápido con esto… Eve me lo ha contado todo. Bueno, todo no, porque sabe ahorrarse los detalles. La cuestión es que cuando la dejaste de golpe en verano, hace dos años, quise matarte. Por imbécil. No tienes ni idea de lo mal que lo pasó, lo que le dolió y lo que le costó superarlo. Cuando apareciste en invierno e hiciste que Eve y Zacharias Smith rompieran (involuntariamente, por lo que me ha dicho Eve), tuve ganas de matarte y abrazarte a la vez. Abrazarte, porque por fin algo había convencido a Eve de que tenía que dejar a Smith de una vez; y matarte, porque el verte y que te volvieras a largar hizo que Eve volviera a deprimirse casi como la primera vez, y se encerró en su trabajo. Cuando volviste hace un par de meses y supe que te plantaste delante de Eve en el trabajo y cómo acabó la cosa, ya no pude decidir si quería matarte, odiarte, apreciarte o sentir lástima por ti. Por Merlín, lo haces todo tan complicado... Ya te imaginarás lo que me cuesta decir esto, pero no eres mal tipo, Vaisey. Entiendo que tengas ciertas ambiciones con el quidditch, y viéndote jugar un rato, lo entiendo mejor de lo que crees. Y también entiendo que quieras a mi hermana; yo llevo haciéndolo toda una vida, y sé lo imposible que es no quererla. Simplemente, quiero que dejes de hacerla sufrir.
Entendió el discurso de Kevin, porque incluso él había pensado eso sobre sí mismo en algunas ocasiones. Bruce solo asintió con la cabeza:
—Bundy… Eso es exactamente lo mismo que quiero yo. No quiero hacerle más daño por mi culpa.
—Lo sé. Me di cuenta en el Ministerio. Evitaste verla, como te pidió.
—Sí—Kevin se le quedó mirando sin decir nada, así que Bruce añadió—. ¿Qué es lo que quieres exactamente, Bundy?
—La verdad, no lo sé—admitió el joven—. Supongo que lo principal es que quiero decirte que me preocupo por Eve, y que no quiero que le causes más daño. Y que quedas advertido de que no voy a permitirte, nunca más, que le vuelvas a hacer daño, aunque sea lo último que haga… Pero tal vez, también quería ver de verdad con mis propios ojos si todo lo que dice Eve es cierto, comprobar que no miente y que tú sigues siendo tan transparente con tus sentimientos como el cristal. O incluso puede que solo necesitara decirte que lamento que toda esta mierda sea tan complicada, Vaisey.
Eso último no se lo esperaba de Bundy. Kevin hasta dibujó una media sonrisa, comprensivo, y Bruce se la devolvió, tratando de restarle importancia encogiéndose de hombros. Señaló disimuladamente a los chicos del equipo sentados a poca distancia de ellos, chillando completamente eufóricos por la partida que justo habían acabado, y aprovechó para hacer una analogía:
—Todos hacemos lo que podemos con las cartas que nos tocan en la partida.
—Y todos controlamos solo nuestras fichas del tablero—le siguió el juego Kevin, pasándose al ajedrez.
—Así como estaban las piezas, no me quedó más remedio que sacrificar a la reina.
—Para que el peón pudiera convertirse en rey—no era una comparación excesivamente adecuada, porque los peones se convertían en reinas, no reyes; pero Bruce lo agradeció, porque prefería imaginarse como rey que como reina—. Y por lo que he visto estos días, no te faltan muchos turnos para conseguirlo. ¿De qué quieres que hablemos antes, Vaisey? ¿De tu estilo de juego, de cómo los Wanderers os van a patear el culo, o de ese cuaderno tuyo que tiene una pinta de lo más interesante?
Acabaron hablando de las tres cosas, por supuesto, hasta que se cumplió el toque de queda impuesto por el entrenador Johnson. Aunque por unas horas, fue como volver atrás en el tiempo. Hablar apasionadamente de quidditch con Kevin Bundy era una de esas cosas que, al parecer, seguirían siendo siempre iguales por muchos años que pasaran sin verse.
El día del partido contra los Wanderers Bruce y Jason despertaron gracias al insistente picoteo de una lechuza contra la ventana de la habitación que compartían. Medio dormido, Bruce se levantó mientras Jason daba media vuelta y refunfuñaba tapándose la cabeza con la almohada. Bruce abrió la ventana, dejando que la fresca brisa matinal se colara en la habitación junto con la lechuza, y tuvo que pelear con ella durante un par de minutos para conseguir desatar la carta y el periódico que llevaba en la pata. No tenía nada de comida que darle, por lo que el animal se conformó con picotearle los dedos y dejarle algunas heridas sangrantes antes de abandonar la habitación. Mascullando unas cuantas maldiciones sobre las lechuzas (y echando de menos el eficiente sistema de correo por red Flu americano), Bruce se sentó y procedió a echar un vistazo al correo.
Por un lado, era El Profeta; la carta era de Tracey. Decidió abrir primero la carta, ya que supuso que tenía que ver con algo publicado y debía leer de inmediato.
No se equivocó del todo: era algo que debía leer, pero no era urgente. La nota de Tracey era breve, y era casi una disculpa:
"Bruce,
Hoy se ha publicado en la sección de Deportes las entrevistas que os hicimos, incluyendo la tuya. Te lo adjunto para que le eches un vistazo. Ya sé que hablamos de muchas más cosas de las que salen ahí, y juro que hice todo lo posible para intentar que pusieran algo más (insistí sobre todo en tu entrevista, para qué mentir), pero no conseguí mucho. Los idiotas de los editores opinan que "el público general no estará interesado en saber más de un jugador local que no encontró sitio aquí". Imbéciles. Mi mayor logro fue que destacaran que eres Slytherin y que obtuviste el premio por Servicios Especiales al Colegio de Hogwarts por quedarte a luchar en la batalla de 1998 en el bando de los buenos, además de eso de equipo revelación, equipo ideal y esos premios vuestros. Aunque no os den mucha importancia, al menos te he hecho quedar bien.
Suerte con el partido. Intentad no dar pena.
Tracey"
Pasó páginas del periódico con rapidez hasta llegar a la sección de Deportes. La verdad era que había bastante entusiasmo por el partido, básicamente porque era el primer partido que se jugaba en el país desde el final de la temporada de Liga, y ya había pasado mucho tiempo de eso: todo el mundo estaba deseoso de volver a ver jugar al quidditch. En Deportes se pasaban varias páginas analizando cómo estaban las pretemporadas de los diferentes equipos, prestando especial atención a los Wanderers (y a las Arpías de Holyhead, vigentes campeonas de la Liga) y al final de la sección les dedicaban una doble página que titulaban "CONOCE AL RIVAL", bajo la que resumían los últimos años de historia de los Minotaurs, sus victorias en la Liga y en el TIAQ, su pretemporada por Europa y las entrevistas a algunos de los jugadores, entre los que se incluía Bruce. No podía quejarse: una doble página era lo que dedicaban en Estados Unidos a todo el quidditch. Tener todo ese espacio solo para ellos ya era una noticia fantástica. Como Tracey le había dicho, habían recortado drásticamente su entrevista, pero aún y así, era la que más ocupaba de todas; y a un lado, estaban destacados sus datos básicos y premios bajo su fotografía. Tracey había hecho todo lo que había podido, y era un buen trabajo.
—No sabía que habías estado en Slytherin, Vaisey—le dijo el representante de los Wigtown Wanderers que les acompañaba, George Summerby, poco más tarde, cuando se reunieron para ir a su entrenamiento matinal. Bruce vio El Profeta bajo su brazo—. Es decir, al oírte hablar me imaginé que habías estado en Hogwarts, pero no sabía… Ni mucho menos que te quedaste a luchar en la batalla. Caray, creía haber leído que todos los alumnos de Slytherin se marcharon.
—La mayoría lo hicieron—repuso Bruce con cautela.
Estaban rodeados del resto de compañeros y trabajadores del equipo, y aunque algunos hablaban casualmente entre ellos, otros les escuchaban disimuladamente con curiosidad. Bruce no solía hablar de su pasado, mucho menos de aquel año de Hogwarts.
—Puedo preguntar, si no es mucha indiscreción, ¿qué fue lo que te hizo quedarte?—le preguntó entonces Summerby, sus claros ojos azules revelando una genuina curiosidad.
—El corazón.
Era estrictamente cierto, aunque no fuera de la misma forma que Summerby lo debía imaginar. El hombre le sonrió paternalmente, le palmeó ligeramente la espalda y soltó algunas palabras de ánimo.
Sin embargo, esa breve charla le hizo darse cuenta a Bruce de algo: Summerby no había tenido ni idea de que él era un Slytherin, ni había dado a entender en ningún momento que tuviera más interés en él que en el resto de miembros del equipo. A Bruce no le costó imaginarse que, fuera cual fuera el plan del señor Higgins para que él pudiera acabar jugando en los Wanderers algún día, no lo había compartido con Summerby. Es más, probablemente no lo había compartido con nadie. Eso tenía pinta de ser bastante del estilo del señor Higgins.
Pero Bruce prefirió alejar eso de su mente un rato, y centrarse en el entrenamiento y en el partido que iban a jugar unas horas más tarde. Si tenía suerte, tal vez podría hablar luego con el señor Higgins.
—¿Te has dado cuenta de que parece que le estoy empezando a caer mejor a todo el mundo aquí, ahora que me he pasado dos años lejos?—le comentó Bruce a Jason unos minutos después, mientras se cambiaban en el vestuario—La amiga de Eve que me odiaba, su hermano, Alicia está más simpática… Incluso un señor aleatorio que probablemente es bastante anti-Slytherin.
—Eso es porque ahora no tienen que pasar tiempo contigo, y por eso se olvidan de lo insoportable que eres—bromeó Jason—, y solo ven las cosas buenas que has hecho.
—Pues tendré que pasar más tiempo fuera y hacer más cosas buenas—sonrió Bruce.
Y entonces cayó en la cuenta de que era precisamente eso lo que el señor Higgins quería que pasara.
¡Hola de nuevo!
Volvemos con más aventuras de Bruce y compañía alrededor de Europa: entrenando, jugando, haciendo turismo y encontrando otras cosas que hacer para pasar el rato... Hasta llegar a Reino Unido, donde reaparecen algunos conocidos. Y no son solo Lily, Tracey y Theodore, sino que Vicky, Kevin y hasta Alicia tienen sus momentos. Y por otra parte, asistimos a la narración por carta de parte de la boda de Daphne y Blaise. Un evento que no es importante para la historia de Bruce, pero que nos permite aprender algo más de su pasado (porque ya sabemos que Eve no fue la primera chica en la vida de Bruce, pero sí la más importante) y, a la vez, ir encajando algunos detalles del canon.
En otras cosas no relacionadas con el fic, tengo que decir que, por desgracia, no he tenido tiempo de escribir ni una sola palabra entre la publicación del anterior capítulo y este: mi vida ha cambiado mucho y muy rápido últimamente (para bien, no os preocupéis), pero apenas tengo tiempo libre, y menos para escribir. Haré lo que pueda, pero no puedo comprometerme a nada, de momento.
Y como siempre, muchas gracias por seguir leyendo. Gracias en especial a DaniMalei por su review, quien además me pidió un árbol genealógico de los Lane: si a alguien le interesa y se sigue haciendo un lío con quién es quién, podéis encontrarlo en una de las últimas entradas del blog.
Y ahora sí, ¡hasta la próxima!
