Mente rota, alma quebrada

La primera prueba

Dumbledore empezó a preocuparse cuando Harry no apareció para desayunar, las defensas le informaron que estaba en los aposentos de Severus… y mucho más inquietante era el hecho de que también Lupin y Longbottom estaban allí. Debía de haber ocurrido algo muy grave si les había dado acceso justo a esos dos que le inspiraban particular antipatía.

Sin perder un segundo marchó a toda prisa a los subsuelos, no se demoró en golpear, eliminó las barreras de la puerta con un movimiento de la mano y entró.

Harry yacía inconsciente en el sofá, Longbottom estaba sentado en el suelo a su lado y los profesores, en sillas, muy próximos.

—¡¿Qué es lo que ha ocurrido y por qué no se me informó de inmediato?! —demandó.

—Encontré a Potter inconsciente en el pasillo hace menos de dos horas. —mintió Severus con soltura— Consideré llevarlo al ala hospitalaria pero juzgué más sensato no perder tanto tiempo, lo traje aquí y usé varios encantamientos diagnósticos, confirmé lo que sospechaba, no hay daño físico detectable, se trata de un problema mental…

—¿Y cómo es que Remus y Neville también están aquí?

—Cuando Neville se levantó y no vio a Harry en su cama fue a buscarme. —contestó Remus— Yo tengo el mapa de los merodeadores, lo ubicamos aquí en los aposentos de Severus y vinimos de inmediato hace un rato.

—Ya veo… —dijo Dumbledore y prefirió no insistir con más preguntas había una cuestión mucho más urgente que era preciso solucionar. —Tenemos que hacer algo, Severus, Harry debe presentarse dentro de una hora para recibir las instrucciones detalladas sobre la primera prueba.

—No sé cual puede haber sido la causa de la inconsciencia. —dijo Severus con tono neutro— Pero no creo que sea conveniente forzarlo a reaccionar, podría ser contraproducente.

—Tendremos que correr ese riesgo. —dijo el director, se aproximó al sofá y alzó la varita.

—¡No! —protestó Neville poniéndose de pie de un salto e interponiéndose, un brillo feroz se le había encendido en los ojos— ¡El profesor Snape cree que podría hacerle mucho daño! ¡Ud. no puede hacer algo así!

Remus se le acercó y le puso una mano sobre el hombro, pero era un gesto para apoyarlo, no para hacerlo callar.

Dumbledore sonrió apaciguadoramente. —Es muy bueno que te preocupes así por tu amigo, Neville. Pero esto es algo que debe hacerse… si la reacción fuera adversa podemos ponerlo a dormir nuevamente.

Neville no se movió de su posición y Severus creyó percibir un ligero temblor de las piedras del suelo. Le dirigió una mirada de advertencia a Lupin. Lupin entendió y atrajo a Neville hacia sí.

—Muy bien, mi muchacho. —aprobó Dumbledore sonriendo y luego procedió a usar un Enervate sobre Harry.

Harry dejó oír un gemido, pero no se despertó. Dumbledore frunció el ceño, era preciso que Harry se presentara para la primera prueba. Si no, todos pensarían que se había acobardado y el mundo mágico perdería la fe en el héroe y salvador.

—Quizá sea mejor dejarlo descansar. —dijo con fingido tono de comprensión— Su salud es más importante que el torneo, por la espada de Godric.

Harry abrió los ojos. Muy oscuros, el verde lucía casi negro. Sufrió una especie de convulsión y se puso de lado gimiente y jadeante, el rostro cobró un brillo sudoroso en segundos. Neville soltó un grito furioso, se desprendió de Remus, volvió a arrodillarse junto al sofá y empezó a acariciar la espalda de Harry para calmarlo. Severus se aproximó también y le hizo beber un par de pociones. Remus observaba todo en silencio, estaba haciendo un inmenso esfuerzo para no atacar al director que trataba a Harry con tan poca consideración.

Poco a poco Harry fue tomando mayor consciencia. La cabeza le dolía terriblemente, el encantamiento que Dumbledore le había puesto a Gabriel había interferido con la integración por eso el proceso había resultado tan traumático. Apretó los ojos durante varios segundos tratando de sobreponerse a la agonía del sufrimiento. Dumbledore iba a tener que pagar por eso, él se ocuparía de que así fuera.

—¿Harry… mi muchacho? —tanteó Dumbledore con tono de compresión y un brillo inocente en la mirada.

—¡Andá a cagar, viejo! —bramó Harry. Severus lo hizo callar acercándole otra poción a los labios. El remedio debía de ser un analgésico porque sintió que poco a poco el dolor insoportable iba cediendo. Aprovechó para sondear a los que lo rodeaban

Dumbledore volaba de rabia. Neville alternaba, entre preocupado y divertido. Severus se mostraba impasible como siempre, pero por dentro estaba tensionado y ansioso, preocupado por la incertidumbre y muy enojado también. Remus era el que peor estaba, el lobo quería aflorar ávido para proteger y defender lo suyo, contenerse le estaba costando horrores, la emoción era tan intensa que resultaba lesiva para la mente de Harry.

—Por favor… —susurró Harry y se aferró a la manga de Severus con todas sus fuerzas.

Severus vaciló un segundo pero de inmediato comprendió lo que pasaba. Se inclinó y le colocó las manos en las sienes, las miradas de ambos se encontraron y Severus lo rodeó con sus propios escudos de Oclumencia. Harry sintió alivio de inmediato y su cuerpo se distendió segundos después.

—Severus, ¿qué pasó? —inquirió Dumbledore.

Severus iba a contestar pero Harry se le adelantó.

—¿¡Pero es que no me oíste antes?! ¡Rajá de acá viejo y dejame de joder!

—Harry, muchacho… —la voz del director sonaba preocupada pero Harry sabía que más que nada estaba furioso.

—Mirá, viejo… —retomó Harry con tono exhausto— En este momento tengo un dolor de cabeza espantoso… dejá de pedir explicaciones, hasta más tarde al menos… y por el torneo de mierda no te preocupes… allí voy a estar.

—Muy bien… —concedió Dumbledore a disgusto— Pero después vamos a tener que hablar, jovencito… sobre respetar a los mayores y sobre refinar el lenguaje.

—No veo que llegue la hora… —susurró Harry sarcástico.

—Remus, Neville, vengan conmigo. Dejemos a Harry tranquilo para que se recupere.

A los dos les hubiera gustado quedarse pero no pusieron objeciones para que Dumbledore se fuera cuanto antes. Neville se despidió de Harry con un breve abrazo. —Nos vemos más tarde, hermano. —musitó.

—¿Estás bien? —preguntó Severus cuando quedaron solos— No tenés mucho tiempo para recuperarte.

—Fresco y lozano como una lechuga. —respondió Harry con humor— El dolor de cabeza ya casi desapareció y hasta es posible que pueda sentarme.

—No es momento para bromas. —lo reconvino Severus.

—¿Te quedan algunas otras pociones? —preguntó Harry.

—Algunas… pero no por ahora… dentro de un rato quizá. —contestó Severus e hizo una pausa, luego prosiguió: —¿Estás en condiciones de explicarme qué fue lo que pasó? ¿Sos Harry o Gabriel?

—Ambos. Nos integramos. Yo… en realidad no yo… el Harry de hasta ayer ya no quería irse a dormir y estar lejos de las cosas cuando pasaban… quería poder ayudar a los otros campeones… y le propuso la integración a Gabriel y Gabriel aceptó… y se integraron en este nuevo Harry, la unión conformada por el Harry de ayer y Gabriel, yo soy este nuevo Harry.

Suspiró.

—La cosa no habría sido tan traumática sin esa maldita corona helada de Dumbledore, al puto hechizo no le gustó nada la integración… pero ya está… puedo asegurarte que ya me siento más fuerte y más seguro… como si hasta ayer hubiese estado despierto a medias… como si estuviera acá por primera vez… y en cierta forma es así, hasta ayer yo, como soy ahora, no existía.

Por un lado, Severus se sentía muy contento y orgulloso, Harry había dado un gran paso, la integración con Gabriel era algo para celebrar. Pero por otro lado, había cuestiones que lo preocupaban. ¿Cómo sería el nuevo equilibrio entre los alter? ¿Y qué pasaría con Dumbledore? ¿Se daría cuenta?

Pero esas inquietudes se disiparon bastante al verle la expresión a Harry, mucho más viva ahora y más contenta.

—Muy bien. —declaró y se encaminó al gabinete de pociones— Tenemos muy pocos minutos para ponerte en pie y listo para enfrentar a un dragón.

Harry sonrió divertido.

oOo

—Ah… Harry, ¡por fin! —exclamó Bagman aliviado.

Se había retrasado unos minutos y los otros campeones ya estaban en la carpa.

—Bien, ya que estamos todos, procederemos a impartir las instrucciones para la prueba.

Mientras Bagman parloteaba las explicaciones pertinentes, Harry aprovechó para estudiar a los otros contendientes. Fleur estaba sentada en un rincón en un banquito, no lucía ni la mitad de compuesta que otras veces, estaba pálida y sudorosa, parecía aterrorizada. Viktor se veía el doble de adusto de lo habitual y su mirada era sombría. Cedric era un manojo de nervios.

Harry estuvo tentado a tranquilizarlos asegurándoles que él iba a estar atento para ayudarlos si hacía falta. Después de todo, no había ninguna regla que prohibiera prestarle colaboración a otro de los campeones. No dijo nada, sin embargo, probablemente se sentirían insultados. Además, Harry no quería revelarle sus intenciones a Silas tan pronto. Silas lo mataría si supiera lo que estaba por hacer… ¿y en qué estaría el Slytherin? No había dicho nada…

Sy, ¿estás despierto?

No hubo respuesta. ¿Estaría bien? Harry se mordió el labio preocupado. Esperaba que sólo estuviera ignorándolo adrede. Aunque sabía que no podía ser así, Silas nunca lo abandonaría en una situación tan crítica… ¿Y si ya no podían comunicarse después de la integración? No, eso tampoco tenía mucho sentido…

Fue arrancado de sus pensamientos por la voz de Bagman que le tendía una bolsa para que secara el último dragón en miniatura que quedaba. Le había tocado el más difícil… mejor así.

¡Lástima este dolor de cabeza que se resiste a irse del todo! ¡Definitivamente voy a tener que hacer algo respecto a Dumbledore!

—Bien, entonces… tengo que irme ahora, me esperan en el palco de los jurados… señor Diggory, Ud. es el primero, se lo llamará dentro de unos minutos minutos. Buena suerte a todos. —se despidió Bagman y abandonó la carpa.

Cedric se ponía más nervioso a cada segundo, Harry se le aproximó y le apretó un hombro para darle ánimos, Cedric no pareció notarlo. Las miradas de Víktor y Harry se cruzaron, Harry creyó leer una pregunta muda en los ojos del búlgaro, respondió encogiendo ligeramente los hombros.

Cuando Cedric enfiló hasta la puerta y salió, Harry lo siguió y atisbó el exterior. Había una manga de unos diez metros entre la carpa y la arena propiamente dicha. La asistencia estalló en gritos y aclamaciones cuando vieron salir a Cedric. Harry se volvió hacia los otros dos: —Voy a acercarme para espiar. —anunció.

—Eso es contra las reglas. —protestó Fleur reprobadora.

Harry sonrió. —Oh, vamos… Yo sé que ustedes también quieren ver. Y nada de lo que veamos va a poder ayudarnos. Yo sólo quiero asegurarme de que a Cedric no le pase nada.

Fleur lo consideró un momento y asintió. Viktor no dijo nada pero los siguió. Los tres avanzaron por el túnel y se detuvieron a medio metro de la boca, desde allí tenían un buen panorama de la arena pero quedaban ocultos a los ojos del público. Justo en ese momento el Suizo de hocico mocho le lanzaba una llamarada a la espalda expuesta de Cedric. Harry susurró un encantamiento que pasó inadvertido por los gritos de las tribunas, Cedric fue impulsado diagonalmente hacia delante y el fuego pasó de largo apenas chamuscándole un poco la camisa.

—¡Eso sí que estuvo cerca! —sonó la voz mágicamente amplificada de Bagman— ¡Pero el campeón pudo esquivarlo a tiempo!

Para distraer al dragón y poder acercarse al huevo, Cedric conjuró una ilusión, un gran perro. Dio resultado al principio, pero el dragón no parecía del todo convencido y se resistía a alejarse del nido, la ilusión era incompleta… era visual y auditiva pero faltaba algo más. Harry se concentró una vez más y le agregó lo que faltaba, olor. La ilusión terminó engañando al dragón y Cedric tuvo la oportunidad de apoderarse del huevo y corrió luego a uno de los refugios laterales. Harry suspiró aliviado y Viktor le tironeó una manga, los tres volvieron a la carpa.

—¡Muy bien sin lugar a dudas! —resonó la voz de Bagman— Ahora los jurados procederemos a deliberar y a otorgar los puntajes.

Harry tomó asiento, cansado pero satisfecho.

Diez minutos más tarde le tocó el turno a Fleur. Ella se puso de pie decidida y salió altiva a la arena. Viktor y Harry cruzaron una mirada y de tácito acuerdo se pararon y volvieron de prisa a la boca del túnel.

Fleur había elegido uno de los pocos encantamientos que podían afectar a un dragón, un cántico para ponerlo a dormir. Y estaba obteniendo buen resultado porque el Irlandés verde se había quedado quieto, tambaleaba un poco y los ojos se le cerraban. El cántico también afectaba a los humanos, Harry y Viktor empezaron a sentir sueño. Por suerte Harry se dio cuenta a tiempo y murmuró un encantamiento silenciador alrededor de ellos.

La estrategia parecía haber sido efectiva pero Fleur cometió un error, echó a correr hacia el nido demasiado pronto. El dragón logró superar el encantamiento y se volvió a atacarla con un chorro de fuego. Harry actuó de inmediato conjurando un escudo que absorbió la mayor parte del daño, pero una lengua ígnea lateral le prendió fuego a la falda de Fleur. Ella no se detuvo a apagarla, agarró el huevo y partió disparada como una flecha hasta el refugio más próximo, recién entonces usó un Aguamenti para extinguir las llamas de la prenda.

—Harry, no quiero que me ayudes, quiero lograr esto por mis propios medios. —le dijo Viktor cuando volvieron a la carpa. Vos necesitás descansar y prepararte para tu propio dragón.

—Pero… —empezó a protestar Harry.

—No, sin peros. Somos amigos… o eso es lo que yo creo. Como amigo te lo pido… permitime que haga esto por mi cuenta. Confiá en mí.

Harry suspiró y se avino con renuencia. —Está bien, confío en vos… pero si llegaras a salir malherido…

—Ya lo sé, ya lo sé… me lo vas a recordar por el resto de mis días…

Los dos se echaron a reír.

A Viktor lo llamaron quince minutos más tarde. Para Harry fue muy difícil quedarse sentado escuchando los gritos de las tribunas, no sabía qué estaría haciendo Viktor pero al parecer no le estaba resultando tan fácil. Y los comentarios de Bagman eran muy vagos como para hacerse una idea. ¡Oh, Viktor, más te vale que salgas sin un rasguño! La espera se le hizo muy larga pero finalmente se oyeron los vítores de triunfo. Harry suspiró aliviado. ¡Bien por vos, Viktor!

Pasó otro cuarto de hora hasta que lo llamaron. Harry caminó determinado por el túnel hacia la arena. Ya tenía un plan perfectamente elaborado, su objetivo era conseguir el huevo… no iba a pelear contra el dragón.

—¡Accio Firebolt! —pronunció apenas salió.

oOo

Harry entró en la carpa de primeros auxilios rebosante de adrenalina y con el huevo dorado en las manos. Madame Pomfrey lo hizo tomar asiento en una cama para atenderle la herida en un hombro que le había provocado el dragón con la cola cuando había bajado en picada hacia el nido. En una cama de enfrente estaba sentado Cedric, tenía una quemadura menor en un brazo, Cedric lo saludó con la mano y Harry le sonrió en respuesta.

En ese momento irrumpió Hermione en la carpa seguida un poco más atrás por Neville y Ron.

—¡Harry estuviste brillante! —exclamó ella alborozada— ¡Increíble sin lugar a duda!

Ron se paró a un lado de ella. —Harry… quienquiera que haya sido que puso tu nombre en el Cáliz… creo… creo que fue una trampa para matarte.

—Así que finalmente te diste cuenta… —le dijo Harry mirándolo severo—…te tomaste tu tiempo…

Pero no pudo mantener la actitud de enojo. En realidad detestaba estar peleado con Ron. Suspiró profundamente y le sonrió. —Olvidémonos de todo… lo pasado, pisado.

—No… —dijo Ron acongojado— Realmente me porté como un imbécil… Perdón, Harry, lo siento mucho.

Harry se puso de pie, amplió la sonrisa y le dio un rápido abrazo. —Lo digo en serio Ron, ya está todo olvidado.

Ron dejó caer los hombros aliviado y Hermione rompió en lágrimas emocionadas. Neville le dio unas palmadas en la espalda. Por la expresión de Neville Harry pudo inferir que no estaba del todo conforme con el perdón otorgado a Ron. Pero, como Remus había señalado en su momento, Ron no había hecho nada imperdonable y Harry quería que volvieran a ser amigos.

Pareciera ser que tus sentimientos se van a imponer de ahora en más por encima de tu sed de equidad y justicia, murmuró Silas. No estoy seguro de que se trate de una mejora precisamente.

¡Silas!

¡No grites!, siseó Silas.

¿Estás bien? ¿No estás lastimado?

Un fuerte dolor de cabeza, nada más y ya se me está pasando. La integración fue traumática por culpa del encantamiento de Dumbledore. Incluso Demon se despertó, pero la puerta resistió.

Perdón, dijo Harry agachando un poco la cabeza.

No tenés que disculparte. Era algo que tenía que ocurrir tarde o temprano. Y Demon quedó contenido por suerte. No te preocupes. ¿Puedo presumir que completaste con éxito la primera prueba y que todos los otros campeones sobrevivieron?

, asintió Harry.

¡Felicitaciones!, dijo Silas sinceramente contento y orgulloso.

Gracias.

—¡Harry! —dijo Ron sacudiéndole ligeramente el brazo— ¿Estabas escuchando?

—¿Cómo? —respondió Harry parpadeando desconcertado y miró alrededor. Iban caminando de regreso a la arena. Hermione ya no estaba.

—Te estaba contando lo que hicieron los otros campeones. —dijo Ron— ¡Fue genial!

—Sí, ya me lo imagino… —dijo Harry sonriendo enigmático.

Neville se inclinó y le susurró al oído. —¿Estás bien, Gabe?

—Harry… sólo Harry de ahora en más.

Neville quedó boquiabierto y los ojos se le desorbitaron de asombro. Harry soltó una risita.

En ese momento anunciaron los puntajes que habían otorgado los jurados.

—¿¡Qué!? ¡¿Cuatro nada más?! —bramó Ron furioso— ¡El muy cretino! ¡A Krum le puso diez!

Harry sonrió restándole importancia a la cuestión, poco le importaban los puntos, pero lo ponía muy contento que Ron volviera defenderlo como antes. En ese momento se acercaron los mellizos y lo felicitaron abrazándolo.

—¡Estás en primer lugar empatado con Krum! ¡Grande, Harry!—exclamaron con entusiasmo.

—Gracias. ¿Y ustedes en dónde se habían metido? —preguntó Harry.

—Teníamos cierto asunto que atender… —dijo Fred con un guiño.

—Y a propósito… —dijo George— Todavía no lo completamos… nos vemos más tarde en la Torre, Harry. —los saludó y los dos se alejaron.

Los campeones fueron convocados a la carpa. Fleur y Cedric habían sufrido algunos rasguños menores y Viktor estaba bien. Le guiñó cómplice a Harry.

Crouch habló en voz alta. —La segunda prueba se llevará a cabo el 24 de febrero a las nueve de la mañana. El huevo que obtuvieron hoy es la única pista que se les proveerá, actúen con diligencia para desentrañar el secreto que guarda. Ya pueden retirarse.

Los contendientes intercambiaron miradas extrañadas y se encaminaron a la puerta. Apenas cruzó la salida, alguien lo agarró del brazo y lo tironeó hacia un lado. Era Rita Skeeter. Silas dejó oír un disgustado gruñido en su cabeza.

—¡Felicitaciones, Harry! Me pregunto si podríamos conversar un par de minutos… ¿Qué sentiste cuando enfrentaste al dragón? ¿Y cómo te sentís ahora? ¿Considerás que los puntajes otorgados fueron justos?

—Lo siento, —replicó Harry con una sonrisa filosa— pero le he concedido a Melissa Silverwood derechos exclusivos para todas mis entrevistas durante la duración del torneo. Ella me prometió que todos los reportajes serán serios, bien intencionados y ecuánimes.

Rita quedó anonadada con la boca abierta y los ojos grandes como platos. Harry sonrió satisfecho, pegó media vuelta y se puso en marcha hacia el castillo.

Se suponía que eso fuera una sorpresa, lo reconvino Silas enfatizando cada una de las sílabas.

¿¡Pero viste la cara que puso?!, rió Harry. ¡Valió la pena!

¿Sabés qué?..., dijo Silas con tono altivo y divertido, creo que tenés razón.

Harry seguía riéndose con ganas cuando ingresó al hall de entrada. De inmediato fue rodeado con gran algarabía por sus amigos y los Gryffindor. Todos querían abrazarlo y felicitarlo. Harry aceptó todo con paciencia aunque mucho le hubiese gustado irse a descansar, pero faltaba todavía mucho para eso, puesto que por supuesto iba a haber una gran celebración en la Torre.

Cuando el bullicioso grupo iba a acceder a la escalera se interpuso Dumbledore, los ojos le titilaban más que nunca.

—Harry, quisiera conversar unos minutos con vos. —dijo el director.

La alegría se le esfumó en un segundo. Trató de mantener una expresión lo más neutra posible, pero no lo logró, el fastidio era evidente en sus rasgos. Silas en su cabeza permaneció en silencio. Harry se disculpó con los del grupo, les aseguró que iría a la Torre lo más pronto posible y siguió a Dumbledore a su despacho.

—Tomá asiento, Gabriel. —dijo Dumbledore indicándole una silla al tiempo que se sentaba en su sillón.

—Creo que prefiero quedarme de pie. —replicó Harry con brusquedad.

—¿Podrías explicarme qué fue lo que pasó esta mañana?

Tenés que decirle algo, lo urgió Silas, o va a recurrir a métodos menos formales para sacarte la verdad. Decile que alguien te atacó en uno de los pasillos, que no viste quién había sido.

Harry se cruzó de brazos desafiante, pero le hizo caso a Silas y dijo lo que le había sugerido.

Dumbledore le sonrió levemente cuando concluyó la breve explicación. —Lamento sinceramente que muchos se hayan puesto en tu contra durante estas últimas semanas, pero tengo el presentimiento de que las cosas cambiarán después de tu heroico desempeño de hoy.

—¿Ya me puedo ir? —preguntó Harry impaciente.

—Sí. Hiciste todo muy bien. Estoy muy orgulloso de vos, Gabriel. Descansá tranquilo, mi muchacho.

Harry contuvo una exclamación y se desplomó al suelo, inconsciente.

oOo

La sala de las almas había cambiado después de la integración de Harry y Gabriel. Ahora sólo había tres puertas… pero no era lo único distinto. Un diván blanco con dos almohadones rojos se apoyaba sobre la pared donde había estado la puerta de Gabriel. A cada lado del diván había varios estantes con docenas de libros sobre Defensa.

Silas estaba sentado en el sofá cuando Dumbledore pronunció las palabras clave. Siseó con desagrado, se puso de pie de inmediato y se desplazó hasta el diván. La figura de Harry apareció sobre el sofá; profundamente dormido. Ya no se veía como el Harry de antes, tampoco como Gabriel. Era una conjunción de ambos. Más alto y musculoso que Harry y los cabellos negros mostraban ahora reflejos rojizos. Aparentemente la nueva personalidad, al igual que Harry antes, siempre dormiría cuando se replegara al interior.

La corona metálica, el hechizo de Dumbledore, persistía rodeándole la cabeza y parecía palpitar disgustada, sin lugar a dudas la integración la había fastidiado extremadamente. La voz de Dumbledore le llegó desde el exterior… lo estaba llamando. Silas cuadró los hombros, adoptó una expresión impasible y se decidió a salir, pero se tomó unos segundos, se acercó a Harry y le acarició la cabeza un par de veces antes de tomar el control.

oOo

Silas abrió los ojos e hizo un gran esfuerzo para evitar una mueca, la cabeza le dolía espantosamente. Dumbledore estaba de pie a su lado y le tendía una mano para ayudarlo a incorporarse. La aceptó y fue controlando los movimientos al máximo para no delatar su condición vulnerable. Una vez de pie se sacudió un poco las ropas, que estaban polvorientas después del enfrentamiento con el dragón. Oh, bueno, pensó resignado.

Fijó la mirada en el director. —¿Se le ofrecía algo? —preguntó formal pero sin disimular del todo su fastidio.

Dumbledore rió brevemente y se acarició la barba. —Gabriel no respeta a las figuras de autoridad. —comentó.

Es sólo a vos al que detesta, pensó Silas, pero contestó según correspondía hacerlo. —Confía férreamente en sus habilidades y en su propio buen juicio y no considera que sea necesario que lo guíen.

—Entiendo… ¿cuáles son tus sentimientos y reflexiones respecto del enfrentamiento de hoy?

—Ridículo… un despropósito descomunal. —respondió Silas— Podríamos haber resultado seriamente heridos… ¿y para qué? ¿Para ganar puntos en un estúpido torneo? Inaceptable.

—Pero Gabriel lo disfrutó…

—De eso no me caben dudas. —dijo Silas encogiéndose de hombros— Creo que ya debería irme o los otros empezarán a preocuparse.

—Quisiera compartir con vos otro recuerdo de los que he recolectado. —dijo Dumbledore y sonrió levemente. Se desplazó hasta el rincón donde estaba el pensieve. —Sólo nos tomará unos minutos.

Silas asintió muy a desgano y se le acercó.

—Recordarás, supongo, que dejamos la historia cuando el atractivo muggle, Tom Riddle padre, abandonó a su esposa, Merope, y retornó a la mansión familiar en Little Hangleton. Merope tuvo que arreglárselas sola en Londres.

A Silas no se le había pasado por alto lo mucho que le gustaba a Dumbledore remarcar una y otra vez que el padre de Voldemort había sido muggle. Naturalmente que hubiera sido muy divertido observar la reacción de las cucarachas que seguían al Señor Oscuro si se enteraban de ese hecho puntual, pero Silas no alcanzaba a entender por qué Dumbledore se lo repetía a él. Dumbledore lo estaba mirando como si esperara que le hiciera algún comentario, pero Silas no tenía ningún interés en prolongar la conversación más de lo estrictamente necesario, permaneció en silencio. El director no lo tomó a mal y prosiguió.

—Sé que se encontraba en Londres porque pude reunir pruebas que lo confirmaron. Tuve la oportunidad de hablar con Caractacus Burke, del negocio Borgin & Burke, que fue donde fue a parar el relicario de Slytherin que Merope llevaba al cuello cuando la vimos en el recuerdo.

Dumbledore removió un poco la superficie del pensieve.

Una cara se elevó como un espectro de la superficie y el recuerdo de Burke habló: —Así es, adquirimos este relicario en circunstancias muy curiosas. Hace muchos años, alrededor de navidad, lo trajo una bruja que dijo necesitar venderlo con urgencia. Era evidente que le urgía obtener algo de dinero. Vestía harapos y estaba embarazada… un embarazo avanzado. Dijo que el relicario había pertenecido a Slytherin. No le creí, por supuesto, ese tipo de embustes son muy comunes en este ramo. Pero grande fue mi sorpresa, luego de hacer algunas pruebas, al descubrir que estaba diciendo la verdad. Una reliquia invaluable. Ella parecía no tener la menor idea de lo valioso que era. Se puso muy contenta cuando le ofrecí diez galeones a cambio. Sin dudas fue el mejor negocio que hice en mi vida.

Dumbledore removió una vez más la superficie y la imagen se hundió en el líquido brumoso. Miró a Silas. —Sabemos entonces que hacia el final de su embarazo, Merope estaba sola en Londres y desesperada por conseguir dinero, desesperada al punto de recurrir a desprenderse de su única posesión valiosa.

Gracias por la recapitulación, pensó Silas con irónico desdén. Dumbledore prosiguió.

—Según creo, estoy adivinando nuevamente, pero creo que estoy en lo correcto… ella no recurrió a la magia para salir del apuro porque había dejado de usarla desde que su marido la abandonó. Creo que ya no quería ser una bruja. También es posible que el shock emocional al ser desdeñada por su amado le haya drenado todos sus poderes. Sea como fuere, lo cierto es que Merope no recurrió a su varita para salvar su propia vida, como vas a ver a continuación.

Dudo mucho que tus especulaciones sean ciertas, viejo senil, pensó Silas, seguramente las razones fueron otras.

Dumbledore lo invitó a entrar en el pensieve para ser testigos de otra memoria, una del propio director en este caso. Ambos siguieron a un Dumbledore cincuenta y tantos años más joven, pero que tenía el mismo aire fastidiosamente arrogante. Iba en dirección al orfanato a recoger a un Tom Riddle de once años.

Silas estudió al chico con mucha atención cuando entraron a su cuarto. Parecía muy nervioso y tenía la mirada de alguien acosado. Lo irritó mucho la actitud pasivo‑agresiva que adoptó el Dumbledore de entonces durante la conversación que mantuvieron, ya lo estaba juzgando y reprobando desde el principio.

Silas sabía que ante una actitud como ésa, Tom respondería con miedo y odio, no eran precisamente sentimientos que uno quisiera despertar en un chico. Por suerte a Harry lo había ido a buscar Hagrid y no Dumbledore, de no haber sido así, quizá Harry Potter hubiese terminado tomando el mismo derrotero avieso de Tom Riddle.

Obviamente Tom había sido un chico que deseaba desesperadamente que alguien reconociera su valía porque hasta ese momento nadie creía que sirviera para nada ni que tuviera un gran futuro por delante. Silas notó lo contento que se puso cuando se enteró de que era un mago y de que lo iban a sacar de ese lugar que tanto odiaba. Era un chico traumado pero que habría podido recuperarse.

Pero Silas sabía que Tom no se recuperaría. La actitud suspicaz y denigratoria de Dumbledore no haría sino empeorar todo, lo haría sentir arrinconado y lo pondría a la defensiva. Era claro que a sus once años, Tom tenía serias dificultades para entablar relaciones sociales saludables, necesitaba cariño, consejo y guía y de esa forma podría haber sido rescatado… pero nada de eso le proporcionó Dumbledore, lo dejó que se las arreglara solo y Tom terminó hundiéndose irremediablemente.

Cuando salieron del pensieve, Dumbledore suspiró hondamente, como desolado de que Tom hubiese desperdiciado la oportunidad tan fabulosa que se le había brindado. Silas apretó los dientes muy disgustado.

—Sí, Tom Riddle estaba convencido de que era alguien muy especial. —dijo Dumbledore con tristeza. Evidentemente consideraba que eso era algo muy lamentable.

Pero nosotros somos especiales, viejo imbécil, pensó Silas. ¡Comparados con los muggles somos seres míticos! Tom tenía todo el derecho de sentirse especial. ¡Y vos lo condenaste de entrada por eso!

Silas apretó los puños. Realmente había muchas semejanzas entre la infancia de Tom Riddle y la de Harry Potter, semejanzas que lo hacían sentirse identificado con el chico que se transformaría en Voldemort.

—Confieso que por entonces me intrigó mucho. —continuó Dumbledore— Sabía que iba a tener que vigilarlo muy de cerca… por su bien y por el de los demás. Sus poderes, como pudiste observar, estaban muy desarrollados para un mago de tan corta edad y él era consciente de ello… lo que hacía sospechar un devenir ominoso.

Nada de ominoso había en eso, pero a vos no te gustaba. En realidad era un prodigio que podría haberse desarrollado para gran bien de todos si vos hubieras adoptado una actitud diametralmente opuesta a la que elegiste.

—Como pudiste observar, ya entonces usaba su magia en contra de otros, para asustar, castigar y controlar. La anécdota del conejo estrangulado y el episodio de los chicos en la cueva son muy sugestivos. "Puedo hacerlos sufrir si ése es mi deseo." —citó Dumbledore y volvió a suspirar.

Silas también suspiró, pero por razones totalmente distintas. En el ambiente hostil que le tocaba vivir era natural que la magia de Tom se desarrollara para intimidar y para lastimar incluso. Era su forma de defenderse.

—Ya hablaremos sobre todo esto más extensamente en otra oportunidad, pero hay dos aspectos de la escena que presenciamos sobre los que quisiera que reflexionaras atentamente, porque tienen capital importancia y están relacionados con cuestiones que discutiremos en reuniones futuras. Primero, Tom era autosuficiente, muy reservado y no tenía amigos. No quería que nadie lo acompañara a Diagon para comprar los útiles, quería hacer todo por su cuenta. Voldemort es igual, no tiene amigos, ni quiere tenerlos. El otro aspecto… espero no estar cansándote Silas… es que al joven Tom Riddle le encantaba coleccionar trofeos, acordate de la caja que tenía escondida en el armario. Los obtenía de sus víctimas, como souvenirs podríamos decir. Este detalle cobrará suma importancia más adelante.

Dumbledore le sonrió.

—Ahora será mejor que regreses a la Torre, deben de estar esperándote ansiosos para celebrar. Y aunque a vos no parece causarte gran impresión, lo cierto es que hoy Gabriel se desempeñó maravillosamente… y celebrarlo es lo que corresponde.

Silas asintió y se marchó. Realmente sentía lástima por Tom Riddle. Pero por supuesto eso no cambiaba nada, por más simpatía que pudiera inspirarle, por más justificaciones que pudieran aducirse, Voldemort seguía siendo una amenaza… eso seguía siendo igual.

En lugar de encaminarse hacia la Torre, bajó a los subsuelos, no estaba con ánimos para una fiesta. Al día siguiente iba a tener que dar explicaciones pero bueh… ya pensaría en algo.

—¿Silas? —dijo Severus cuando abrió la puerta. —¿Qué pasó?

—Tuve que salir… pero ahora no quiero hablar al respecto, dejémoslo para mañana. Necesito un lugar tranquilo para dormir. Estoy exhausto.

Fue hasta el sofá, se tiró encima y se quedó dormido al instante.

Severus frunció el ceño y fue a buscar una manta para taparlo. Se quedó un largo rato observándolo con preocupación. Las cosas se iban poniendo cada vez más peligrosas y amenazaban con escaparse de control en cualquier momento.

Todavía no sabían cómo hacer la transferencia del hechizo que Dumbledore le había puesto a Gabriel… o mejor dicho a Harry, porque Gabriel y Harry se habían integrado en un nuevo Harry, Gabriel como entidad separada ya no existía. Y tampoco habían descubierto quién había sido el que había puesto el nombre de Harry en el Cáliz. Y era cierto también que los mortífagos se habían vuelto más activos en los últimos meses. Las amenazas se multiplicaban.

Pero Severus estaba decidido a proteger a Harry cualesquiera fueran los peligros que se avecinaran y de una forma o de otra cumpliría su objetivo. Costara lo que costase.

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