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Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer
EL SENTIDO DE MI VIDA
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Outtake : Adoración
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-Un, dó, té, cuato, shin-co, shheeei… - El silencio entre nosotros se hizo por un par de segundos y ya sabía la razón. A la princesa que llevaba al lado, de la mano, le encantaba llamar mi atención, y ese día había encontrado la forma idónea de lograrlo, aunque, tampoco era muy difícil que lo consiguiera.
La miré mientras seguíamos caminando. Tenía una expresión en aquellos ojos enormes que le llenaban toda la cara, de lo más pilla que existía, mirándome entre sus pestañas. Sonreí involuntariamente al ver como ella misma intentaba reprimir una risa, frunciendo los labios.
-¿Qué hemos dicho, Beth? - Le pregunté poniéndome un poco más serio.
-Seeei, seeei, papi. - Y por fin la "s" fue pronunciada con éxito. -Seeeeei,… - Ahora se había quedado estancada en el seis. Volví a mirarla. Ella me miraba con súplica para que le ayudara a seguir.
-Siete, princesa. - Le ayudé sonriéndole.
-¡Siete! Sí, papi. Sieeeete, oo-ooshho. - Reí entre dientes al escuchar cómo pronunciaba el número ocho, ya que no era capaz de pronunciar la "ch" aun. - Nueeeeeeeeeve, y ¡ ¡ ¡dié! ! ! - Exclamó dejando escapar risas alegres al final, mientras saltaba, haciéndome feliz a mi por ello en el acto.
Escucharla reír era en una de mis aficiones favoritas, así que hacerle cosquillas, hacer el payaso o incluso someterme a situaciones de lo más vergonzosas, se había convertido en mi pan de cada día.
Estaba encantado con mi nueva princesa, tenía que admitirlo. Tener dos princesas en casa era simplemente el paraíso.
Estábamos caminando por una de las calles del centro, en dirección al trabajo de Bella.
Mi preciosa americana había tenido que dejar de trabajar con Evelyn desde hacía ya tres años y medio, pues Lucía había decidido llevarla a los Estados Unidos, y ahora trabajaba en la tienda de moda que había montado mi hermana hacía un par de años, como encargada. No era su sueño, pero no había mucho donde escoger tampoco.
-P… - La escuché decir. - Papá. - Reí sin poder evitarlo. Beth tenía la mirada fija en el cartel de una pastelería, que justamente anunciaba lo que era.
-No, Beth, no pone papá…
-Shíííí… papá, papá, papi, papá. - Comenzó a canturrear, insistiendo en que ponía eso. No pude contenerme más, la alcé en brazos entre risas, escuchando el grito encantador que había escapado de sus labios al pillarla desprevenida, y otra vez sus risas cuando escondí mis labios en su cuello suave y comencé a hacerle cosquillas.
-Eres un dulce bichito. - Le dije acomodándola entre mis brazos y colocándole bien el abrigo que llevaba y su gorrito de lana.
-¡Pincesa! - Exclamó con gran coraje, otra vez más no pude evitar reprimir mi risa.
-Si, mi amor, eres una dulce princesa. - Me encantaba que me lo reclamara. - como mamá.
-¡Io má! - Y sus celos ya ni que decir tenía que me divertían muchísimo y me satisfacían en demasía. Yo era su hombre preferido en el mundo, y me lo hacía saber de esa forma.
-Las dos, cariño. - Miré su rostro de nuevo y me fijé particularmente en su ceño fruncido.
-¡No! ¡io má! - Y mirando aquellos ojos achocolatados tan parecidos a los de su madre, tuve que darme por vencido.
-Si, Beth, tú más. - ¿Cómo una niña tan pequeña podía tener ese coraje? Debía haberlo heredado de su madre, quien cuando lo sacaba, lo sacaba de verdad.
-Ma… - Una vez más. - ¡Maaa-má. Mamá, mami, mamá!- volvió a canturrear. Le di un beso en la sien.
-Ahí no pone mamá, pone Málaga, princesa. - Dije fijándome en el cartel que había llamado su atención.
-¡Mamá, mamá! - Insistía. Era uno de los anuncios de una agencia de viajes que dejaba ver desde la calle una oferta a una excursión hasta Málaga. ¡Por Dios! , ¿como había visto esa M desde ésta distancia? Reí ante su insistencia, pues últimamente, desde que había aprendido esas dos consonantes todo era Pápa y Mamá.
-Ya llegamos dónde está mamá, y la tía Alice. ¿Quieres ver también a la tía Alice?
-¡Shííííí! ¡Y Úlia, y Queeer! - Exclamó sin dejar de moverse en mi regazo llegando ya a la puerta de la tienda, y por los movimientos tan insistentes que hacía, estaba seguro de que estaba luchando por zafarse de mis brazos. Así que la dejé en el suelo y en cuanto abrí la puerta de la boutique, la cual rezaba que ya estaba cerrada, comenzó a correr hasta Bella, quien estaba de espaldas hablando con un cliente bastante joven. - ¡Mamiiiiiiiiiii! - gritaba antes de llegar hasta mi otra princesa.
Bella se giró ipso-facto al escuchar la voz de nuestra hija antes incluso de que acabara la palabra, y una sonrisa complaciente se extendió por toda su cara, iluminándole los ojos. Abrió los brazos y la pequeña princesa, llegando con movimientos torpes, se lanzó a ellos.
Tuve la satisfacción de ver cómo a aquel imbécil se le agrandaban los ojos por la sorpresa. ¡Estúpido! ¿Pensaba que una mujer como Bella estaría sola? ¿Es que no se había fijado en su alianza?
-¡Beth, cariño! - Exclamó llenando su mejilla de besos. Yo sonreí mientras me seguía acercando. Desvió un segundo la mirada de la niña a mí, y me sonrió aun más satisfecha. Tenía claros signos de cansancio de haber estado todo el día trabajando, pero seguía estando tan preciosa como siempre.
-Hola, mi amor… - La saludé dejando un beso en sus labios. Cuando me separé pude ver en seguida su sonrojo y su expresión avergonzada.
-Hola… -Susurró, llevando la mirada de nuevo a nuestra hija. -Mira, ésta es las niña más bonita de aquí. - Se la presentó con su casi perfecto español al imbécil. - Se llama Elísabeth, aunque la llamamos Beth, ¿verdad, corazón?
-Shíííí, mamiii. - Canturreó mi pequeña abrazándose con más fuerza al cuello de Bella y dejando un fuerte beso en su mejilla; algo que hizo sonreír a mi esposa.
-Y yo soy Edward, su marido. - Dije con voz firme, extendiendo mi mano para estrecharla con la suya.
-Encantado. - Dijo él, haciendo una leve mueca inesperada por el "apretón" de manos en cuestión.
-Lo mismo digo… - Me obligué a contestar de manera educada, aunque imponiéndome. -¿Tardas mucho, cariño? - Pregunté mirando a Bella, quien tenía una ceja alzada, consciente, estaba seguro, de la tensión que había aparecido de un momento a otro.
-No… Solo estaba esperando a tu hermana. Xavier se ha enredado más de la cuenta. - Así que Xavier…
-¡ ¿ y Quer y Úlia? ! - Preguntó mi niña preciosa refiriéndose a sus dos primas.
-Están en su casa, mi amor. - Le explicó Bella, dejando un beso en su frente. Mi niña hizo un puchero.
-Io jugá con Quer y Úlia… - Suspiré. Mi hija tenía una habilidad sorprendente para manipularnos a todos con el poder de su mirada en cualquier momento.
-¡Pero si mañana vienes a casa, corazón! - Exclamó mi hermana acercándose hasta nosotros con una enorme sonrisa. Dejó sonoros besos en la mejilla de Beth y después otro en la mía, adueñándose de uno de mis brazos con los suyos.
-¡Shííííí! - Exclamó con una risotada Beth.
-¡Vas a ver a Papá Noel! - Seguía comentando mi hermana, provocando que la ilusión de Beth creciera al instante.
-¡Papi, papi! - Canturreaba mirándome con una sonrisa.
-Oh, no, cariño. Ya sabes… tu papi no tiene esa barrigota enorme, y viste de ese color rojo tan intenso… - Le expliqué a Beth. -Papá Noel es un señor muy bueno y con una larga barba blanca que te traerá muchísimos regalos, ¿te acuerdas?
-¡Shí, shí, shí! - Decía ella, saltando en el regazo de Bella. Un suspiro cansino se escuchó.
-Será mejor que me vaya. - dijo Xavier.
-Oh, Xavi… supongo que ya has conocido a mi hermano, está casado con Bella. - Se medio disculpó Alice.
-Sí, claro. - Dijo él enviándome una mirada cautelosa. - Lo dicho… Volveré cuando mi encargo esté listo. - Le dijo a Bella.
Beth estaba muy ocupada jugueteando con el cabello de su madre, así que permanecía al margen de la pequeña tensión que se había creado entre nosotros. Ese hombre no me gustaba en absoluto y esperaba que mi mirada le dejase claro que, si alguna vez había soñado tener a mi americana, podía irse bajando de la nube.
-Por supuesto. - Le contestó ella con una breve sonrisa, mirándome a mi después algo molesta mientras Beth, ahora, ya no solo jugueteaba con su cabello, sino que tatareaba alguna canción.
-Adiós. - Dijo él antes de salir de la tienda.
Suspiré satisfecho después de aquello y Bella bufó algo fastidiada. Alice salió con nosotros y esperamos a que cerrase la boutique para caminar hasta donde se encontraban aparcados los coches, deshaciendo el camino que había hecho con Beth, quien en los brazos de su madre intentaba cantar uno de los villancicos que le habían enseñado en la guardería.
La tensión entre mi esposa y yo era más que obvia, pero no estaba dispuesto a pedirle disculpas. ¡No me gustaba que ningún hombre se tomara la libertad de imaginarse al lado de ella, claro que no! Al menos Alice hizo el camino algo más llevadero, hablando de los platos que se servirían en su casa en Nochebuena y confirmándonos que esa noche Emmett se reuniría con nosotros junto con Rose.
La actitud de Bella al entrar en el vehículo, después de colocar a Beth en su sillita homologada, era claramente cerrada. ¡Dios! Y ya estaba comenzando a no estar tan seguro de haber hecho bien en comportarme de aquella manera. No… No… ¡Pero es que ese no tenía ningún derecho a estar flirteando con ella!
-¡Ashá Belén va na búa in in… iiiiiin iiiiiiiin! ¡endaba, endééé! - Ni los villancicos versionados por mi hija podían arrancarme una sonrisa. Como odiaba la tensión que nos envolvía…
Por fin pude aparcar en casa, y sin haberme dirigido ni una palabra, Bella salió del coche, cogiendo a la niña, quien seguía cantando ahora un villancico bastante inventado y sin ningún tipo de coherencia.
Entré en nuestra habitación, después de haber pasado varios minutos en el coche. No solía ser muy buena idea entrar cuando el ambiente entre ambos estaba tan caldeado… y escuché como Bella hablaba con Beth mientras le daba un baño. Me quité la chaqueta y me dirigí a donde estaban ellas justo en el momento en el que Bella la sacaba de su bañerita.
La cogí en brazos con su toalla escuchando como hacía el avión con los labios.
-¡Vión, vión, papi! - Reclamaba. Siempre que Bella me la pasaba con la toalla, yo la cogía y abrazado a ella corría por la habitación de Bella y mía hasta la suya, que se encontraba justo al lado. Y aunque no estaba con muchos ánimos, su entusiasmo me dio las ganas para ello.
Ella se carcajeaba con nuestro vuelo, soltando risotadas, hasta que aterrizó en su camita de princesa.
-¿Te ha gustado el vuelo, preciosa? - Le pregunté.
-¡Shííí!
-Hueles de maravilla. - Le dije sonriendo hundiendo mi nariz y mis labios en su barriguita para hacerle cosquillas. Ella reía sin parar, estirando de los mechones de mi cabello.
Me separé de ella para mirarla. ¡Dios! Qué preciosa era mi hija. Una sonrisa complaciente se dibujaba en su rostro, y sus mejillas estaban rojas, por no hablar de aquel brillo especial de sus ojazos marrones, tan achocolatados como los de Bella.
-¡Ota vé! -Pidió ella, sin parar de sonreír.
Sin pensarlo volví a inclinarme para volver a hacerle cosquillas y sentir sus manos en mi cabello, con sus gritos y sus risas; y cuando volví a notar que necesitaba descansar me separé de ella, dejando que me volviera a hechizar.
-Te adoro, princesa. - Le murmuré dejando un beso en su frente, antes de dirigirme a por sus cosas .
-¡Mamiiiiii, mamiiiiiiii! - La llamaba Beth.
-Está recogiendo tus cositas y duchándose, Beth. - Le aclaré. Hablar de ella creó un nudo en mi pecho. Dios, tenía que preguntarle qué le pasaba. Podía imaginarme a que se debía su reacción , ¡pero Dios! Odiaba que me hiciera éstas cosas. - Vamos abajo. - Le dije cogiéndola en brazos.
Me quedé con ella en el comedor, jugando un rato mientras Bella terminaba de ponerse cómoda.
Ella estaba jugando con sus Barbie, inventando diálogos y situaciones algo complejas para su edad. Cosas como éstas, me animaban a llevarla a hacerle algún tipo de test a Beth para saber si su coeficiente intelectual sobrepasaba al de la media de niños de su edad.
Era tan graciosa y avispada… y tan madura… Tenía dos añitos y ya destacaba en muchos aspectos, algo que me hacía sentir orgulloso, por supuesto.
Y al observarla tan frágil, jugando tan inocente con sus muñecas, tan dependiente aun de nosotros, no pude evitar imaginarla dentro de unos años más, cuando me pidiera los primeros permisos para salir sola, sin la compañía de Bella ni mía… Eso sería duro.
-¿Tienes, hambre, mi amor? - Preguntó Bella a la niña. La verdad es que estaba tan centrado en mi pequeña niña que ni siquiera me había percatado de que Bella ya estaba ahí.
-¡Shí! - Exclamó mi pequeña.
Suspiré dejando que mi espalda descansara en el respaldo del sofá. Si ella iba a estar enfadada por aquella ridiculez, no sería yo el que fuera a disculparse. ¿No tenía yo derecho a caso a defender lo que era mío?
No era un tipo posesivo, o bueno, en algunas ocasiones podía serlo un poco, pero no podía evitarlo. Ella era mía. Y sí, disfrutaba paseando con ella de la mano, observando como algunos hombres la admiraban, pero después reparaban en mí…
Solíamos pasear muchísimo, tanto los dos a solas como con Beth, y siempre disfrutaba al darme cuenta de lo que mis dos princesas sentían por mí. Sabía que Bella no podía vivir sin mí, del mismo modo en que yo ya no podía vivir sin ella, igual que Beth; pero eso no quitaba que con sutileza recordara a algunos crédulos que ella no estaba libre, ¿no?
Además, ella desde que nos habíamos casado había cambiado un poco y se mostraba algo más posesiva conmigo también, y eso me encantaba y me divertía a partes iguales. Aun recordaba la primera vez que ella protagonizó una situación de ésas.
Estaba en la mesa de una cafetería solo, pues Bella se había disculpado para ir al baño. Me encontraba ojeando un mapa, ya que habíamos hecho un descanso en el camino para después seguir hasta Viveiro, en A Coruña, cuando una chica se sentó a mi lado para preguntarme si sabía qué carretera tenía que tomar para seguir hasta Avilés, en Oviedo.
Fui amable, y me ofrecí a buscar en mi mapa para ayudarla; esa había sido desde el principio mi única intención. Pero entonces, la chica, cuando obtuvo su respuesta, me preguntó que si era de León, porque nos habíamos detenido en esa cafetería, y desde ese momento las preguntas cada vez fueron más frecuentes y más extrañas, hasta que Bella llegó en el preciso momento en el que ella, con tono algo más sugerente que en sus otras preguntas, me cuestionaba si viajaba solo.
Mi preciosa esposa debió verlo todo de color rojo, pues su rostro no reflejaba en absoluto simpatía. Se inclinó para plantarme un beso en los labios algo exigente y, ¿por qué no decirlo? celosa, mientras entrelazaba mi mano izquierda con la suya dejando a la vista mi alianza.
Entendí el impulso de Bella como algo infantil que me divertía, pues nunca la había visto actuar así. Aquella chica se quedó blanca en el mismo momento en el que se dio cuenta de la situación y le faltó tiempo para despedirse y alejarse de nosotros, saliendo incluso del bar.
¡Dios! No podía reclamarme nada… ¡Claro que no!
-La cena está lista. - Anunció.
Pero si soñé que la cosa había pasado estaba equivocado, pues el silencio durante la hora de la cena seguía presente, excepto por mi pequeña niña que seguía con sus villancicos.
-¡Ae buiíto, ae buo ae…!
Estaba claro que el asunto le había afectado más de lo que debería, seguramente también estaría en esos días difíciles que tienen las mujeres. Con una paciencia enorme, la ayudé a recogerlo todo en silencio y después me llevé a la niña a su habitación para leerle un cuento antes de que se quedara dormida.
Beth antes incluso de que acabara el cuento comenzó a respirar profundamente, cerrando sus ojitos y dejando su boquita entreabierta. Sonreí antes de inclinarme para besar su frente y me dirigí al comedor, dónde sabía que estaría Bella viendo la televisión.
Efectivamente, ahí estaba ella. Sabía que debía estar agotada pues había pasado muchas horas en la tienda, pero no podía dejar pendiente el pequeño asunto de hoy.
-Estás cansada, ¿cierto? - Intenté empezar a darle conversación, pero ella solo se encogió de hombros y siguió mirando la televisión. - Bella… ¿estás enfadada? - Vaya pregunta…
Ella me miró de reojo, algo resentida y después suspiró subiendo los pies arriba del sofá para cruzarlos, quedando como un indio. -No entiendo lo que ha pasado en la tienda, Edward… ¿Qué te ha pasado? ¿Otra vez la vena celosa o qué? - Preguntó mirándome fijamente, con el ceño ligeramente fruncido y la decepción brillando en sus ojos.
-Bella… No estaba celoso, pero no puedes negar que a él le gustas, o al menos le gustabas hasta que le he dejado claro que tú estás conmigo. - Le aclaré. Ella soltó un "Já" bastante irónico
-¿Te vas a comportar siempre así? Sé que soy tuya, pero no puedes comportarte como un moro siempre que algún hombre me mire de manera diferente. - Continuó ella. Bufé por la nariz cuando escuché la palabra "moro" salir de sus labios.
-¿Moro? - Pregunté un poco cabreado. -¡Bella por Dios! Te aseguro que no estarías conmigo si me comportara como un moro. ¡Esa gente arrebata la libertad a sus mujeres! ¿Cómo puedes compararme con alguien así? - Ella agachó la mirada antes de volver a mirarme, aminorando la determinación inicial que marcaba su mirada.
-Bueno, quizás me he pasado… ¡Pero eso no quita que montes siempre tu numerito de macho! - Exclamó.
-Eres mía… - Susurré entre dientes tajante, inclinándome hacia ella.
-Lo sé… - Susurró, - lo único que quiero que comprendas es que no puedes comportarte así siempre que algún hombre parezca interesado en mí…
-No puedes pedirme que me quede de brazos cruzados si estoy presente en una situación así.
-Puedo cuidarme sola. - Repuso ella.
A éstas alturas mi paciencia estaba llegando a su límite. Bella podía ser muy terca, o es que quizás yo no lograba hacerle entender con mis palabras lo que sentía y lo que pretendía… Tampoco era tan descabellado; creo que cualquier hombre lo haría.
-No es cuestión de que puedas cuidarte o no sola, mi amor… - Susurré llevando mi mano a la suya y por fin estableciendo aquel contacto tan placentero que siempre sentía al acariciar su piel. - ¿Crees que no me siento orgulloso cuando voy por la calle paseando con mis dos princesas y los hombres me observan envidiándome?
-¿Entonces…? No lo comprendo… ¿A qué ha venido ese arranque en la tienda? - Puse los ojos en blanco.
-He visto en sus ojos sus esperanzas contigo… La simple idea de que otro hombre pueda creer que tiene la posibilidad de tenerte, aunque solo sea por un segundo… me mata. Por eso me he acercado, para dejarle claro quien era yo. - Murmuré acercándome un poco más a ella.
-Ay, Edward… Es que no me gusta cuando te pones así. - Me dijo. Yo sonreí dulcemente y me acerqué para besarla en la mejilla. Después me alejé solo lo suficiente para poder enfocar sus ojos.
-Te recuerdo que tú cuando me ves con alguna mujer te comportas igual… ¡o peor! - Exclamé riendo.
-¿Quééééé? ¿Yoooo? - Gritó, sorprendida. -¿Cuándo?
-La primera vez jamás se me olvidará. En un café cuando íbamos de camino a Viveiro. - Sus ojos se abrieron sorprendidos y un suave rubor adornó sus mejillas. - Y sin ir más lejos, la última vez fue hace poco en un parque, mientras tú columpiabas a Beth y yo compraba en un Kiosko. - Eso sí que la pilló desprevenida…
-Bueno…
-Y no te quedas quietecita, te apoderas de mis labios y yo encantado… - Susurré con una pequeña sonrisa acercándome más a ella.
-¿Qué yo quééé? - Exclamó ella de nuevo. -No soy tan mal educada…
-Lo eres… - Insistí yo.
-No lo soy… - Rebatió ella.
No pude soportar más la poca distancia que había impuesto entre nosotros, así que sin pensármelo más trabé mi boca en la suya, besándola urgentemente. Sus manos desde el primer momento se enredaron en mi cabello dando pequeños tirones.
-Mi mujer… -Susurré entre besos.
-Deja de utilizar ese posesivo. - Murmuró ella algo molesta, pero sin dejar de besarme.
-Mía… - Volví a decir, llevando una de mis manos a su cintura, consiguiendo que de un rápido movimiento quedara a horcajadas sobre mí.
-Edward… - Pronunció después de emitir un gritito ahogado por la sorpresa. Con facilidad me deshice de la camiseta de su pijama, dejándola expuesta.
-Dios… ¿cómo puedes ser tan hermosa? - Pregunté acercándome a sus pechos, saciándome de ellos.
Un gemido salió de sus labios y arqueó la espalda cuando tiré con mis dientes de uno de sus pezones. Sus manos tiraron de mi cabello y sus jadeos se hicieron más continuos.
-Edward… - Volvió a repetir ella, sin dejar de ofrecerme sus dos cumbres, pero esta vez se estrechó más a mi cuerpo, consiguiendo que nuestros sexos se rozaran en el acto y ambos gimiéramos.
-Mía, solo mía. - Erguí mi cabeza y ella se inclinó para besarme apasionadamente.
Pronto estábamos completamente desnudos. Yo seguía sentado y ella a horcajadas sobre mí, en el sofá. Sus dientes se estaban dedicando a dejar pequeños mordiscos en mi oreja, y seguían bajando hasta mi cuello, mientras yo masajeaba su centro.
-Bella… ¿te das cuenta de cómo tu cuerpo solo reacciona de esta manera si es conmigo? - Susurré en su oído. Ella se separó para mirarme a los ojos, elevando las cejas.
-Soy consciente de eso desde la primera vez que nuestras manos se estrecharon… -Aclaró con dificultad, acercándose de nuevo para seguir besándome la mandíbula, el cuello, el pecho…
-Entonces siempre fuiste mía… - Una media sonrisa se dibujó en su cara cuando volvió a mirarme.
-Siempre… - Acabó aceptando, levantándose un poco, para rozar su entrada con mi miembro, insoportablemente erguido. - Pero tú también fuiste siempre mío. - Murmuró dejándose caer y engulléndome con aquella parte tan húmeda y cálida… tan mía. Los dos gemimos. - Como ahora.
Y no había mayor verdad que aquella. Los dos siempre nos habíamos pertenecido, desde el primer día.
Ella comenzó a moverse primero lentamente, ayudada por mis manos, para después llegar a un movimiento rápido, certero, circular, que me estaba volviendo loco. En todo el tiempo que llevábamos juntos jamás nos habíamos cansado de ésto… Y no pretendía alardear si aseguraba que cada vez era mejor… Las sensaciones, los sentimientos. Nosotros juntos…
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-¡Mi preciosa nieta! - Exclamó Charlie nada más salir por la puerta de llegadas del aeropuerto de Málaga.
Beth se puso roja como un tomate y se escondió entre los cabellos de Bella con una muy tímida sonrisa. Adoraba más aun a mi hija cuando se comportaba de esa manera tan tímida. Por lo que conocía a Bella, casi podía asegurar que mi preciosa esposa, a su edad, debía tener un comportamiento muy parecido al suyo.
-Es el abuelito, cariño ¿no piensas saludarlo? - Intentó persuadirla mi mujer.
-Cada día está más guapa. Es idéntica a ti, hija mía. - Continuó Renee, quien no dudo en estrechar a Beth y a Bella en un caluroso abrazo y después saludarme a mí.
Charlie se había quedado un paso atrás, llevando sus manos a su rostro y comenzando a fingir que hipaba desconsoladamente. Fue muy dulce observar como Beth abría sus ojos y su expresión cambiaba a una de pena.
-Güelo… - Lo llamó la niña, con su voz de seda, pero Charlie seguía con su papel de abuelo deprimido. - Buelo…
Noté como Bella le decía algo en el oído a Beth y mi hija asintió. Mi mujer la dejó en el suelo y con pequeños pasos se acercó hasta su abuelo, tirando de su pantalón cuando llegó a su lado.
-Güelo, güelo… - Seguía llamándolo con su vocecilla.
-¡Ah, mi pequeña nieta! - Exclamó un Charlie sonriente, cogiendo a la niña en brazos y alzándola para después besarla en su cuello. Beth en seguida se puso a reír a carcajadas, contagiándonos la risa de inmediato.
Era veinticuatro de diciembre, así que Charlie y Renee habían viajado a España para pasar la Navidad con nosotros y Año nuevo. Así que en cuanto los recogimos, volvimos a casa pues Bella iba a llevar un plato a casa de mi hermana, donde se iba a celebrar esa misma noche la Nochebuena.
-Papi… pone eto. - Me dijo extendiendo un cd-room que le habían regalado en la guardería antes de las vacaciones, lleno de villancicos.
También había traído a casa una figura de un árbol elaborada con plastilina, con sus adornos en todos los colores y rociado de purpurina de color plata; un dibujo coloreado con cera amarilla y salpicado con purpurina dorada; un angelito pintado también con ceras; y los tres reyes magos subidos en sus camellos, con Baltasar pintado de negro tizón.
Para tener tan solo dos añitos, no se salía cuando pintaba y su profesora siempre nos comentaba que Beth tenía una psicomotricidad muy desarrollada para su edad, así como una inteligencia sorprendente. ¿Cómo no iba a sentirme orgulloso de ella?
-¡Peo mía como beeeeeeebe lo peshhe en e iiiiiiiiiio…! - Canturreaba en el coche, de camino a casa de mi hermana.
Era una situación de lo más divertida. Beth cantaba los villancicos en español y mi suegro Charlie aunque intentaba seguirle el ritmo no lo conseguía.
Mi hija desde siempre había escuchado los dos idiomas, y los comprendía perfectamente, pero en la guardería a la que iba hablaban en español, hasta el año siguiente que la cambiásemos al colegio inglés. Eso sí, no tenía ningún problema en dirigirse a Charlie o Renee.
-¡Feliz Navidad! - Exclamó mi hermana saludando a mis suegros. - ¿Cómo estáis? Pasad por favor, dentro se está muy bien. ¿Cómo habéis hecho el viaje? - Ella cuando se lo proponía era una bomba de preguntas.
-¡Queeeeeeeeeer, Úliaaaaaa! - Exclamó Beth intentando salir de entre los brazos de Charlie, quien en seguida la dejó en el suelo.
-Hola, primita. - La saludó mi ahijada, quien con sus doce años ya parecía una mujercita.
-Hola, Beth. - La saludó Julia, dejando un sonoro beso en su mejilla.
-¿Ya no saludáis a vuestro tío favorito? - Les pregunté a ambas. Clare me sonrió abiertamente y se acercó a mi dejando un beso en mi mejilla.
Dios, cómo había cambiado Clare… ¿Cuánto tiempo hacía que ya no venía corriendo y saltaba sobre mí para darme un efusivo abrazo?
-¡Tío! - Exclamó la pequeña Julia saltando sobre mí y abrazándome, quien son solo cuatro años en muchas ocasiones me recordaba a Clare a su misma edad. - ¡Feliz Navidad! Mami ha preparado mucha comida, ¿quieres ver?
-¡Papi mío! - Exclamó mi pequeña princesa de morros, tirando de mi pantalón con el ceño muy fruncido. - ¡Uliaaa, papi míoooooooo!
-¡Cuanta belleza a tu alrededor! ¿Es que ninguna quiere acercarse a este viejo cascarrabias? - Preguntó mi suegro.
La actitud de Charlie con los niños era realmente entendible. Imaginaba que como nunca pudo haber gozado de Bella siendo niña, ahora descargaba toda esa frustración disfrutando con otros niños.
-¡Güelooooo…! - Correteó Beth hasta su regazo, seguida de Julia, quien no paraba de carcajearse.
Las chicas, incluida Rose y Esme, quienes llegaron un poco después más tarde con mi padre, Emmett y Kellan, se encerraron en la cocina Los hombres nos quedamos en el comedor charlando sobre temas actuales mientras vigilábamos a los niños. Aunque Clare muchas veces nos facilitaba el trabajo.
Un llanto muy conocido llegó hasta mis oídos y en seguida me envaré mirando en su dirección. Cuanto se trataba de Beth dejaba todo lo que estuviera haciendo, por muy importante que fuese.
-¡Kean oto! ¡Kean maoooo!- Sollozaba acercándose a mí, enseñándome con una mano el cuerpo de una de las muñecas de Julia, quien seguía a su prima detrás y con la otra la cabeza de la muñeca . - ¡Papiii, Kean maoooo! - Suspiré y la cogí en brazos, sentándola en una de mis rodillas, cogiendo las dos partes de la muñeca y llevando por un instante la mirada a Julia, quien miraba muy apenada a su Barbie.
-Tendremos que operarla. - Les informé a las dos. Beth me miró con sus ojos aun llenos de lágrimas.
-Este va a ser cómo su padre. Macho ibérico. - Comentó Emmett, provocando que pusiera los ojos en blanco.
-Deberías enseñarle a tu hijo a comportarse como un caballero desde pequeño. - Contesté algo burlón.
-¡Cabaeo! - Reí entre dientes, al escuchar el tonito de voz de mi hija, tan demandante como el que utilizaba su madre en algunas ocasiones.
-Y ahora… - Murmuré presionando la cabeza con el cuello de la muñeca, hasta que encajó correctamente. -¡Ya está lista! ¿Habéis visto?
-¡Qué fuerrrte! - Exclamó Julia arrancándome una risa.
-¡Beeeeeen, beeeeeeeen! - Celebraba mi pequeña.
Después de aquel pequeño mal trago que pasaron las dos pequeñas, Alice nos ordenó que podíamos sentarnos para empezar a servir la cena, que consistía en picoteo, con el cual ya no hacía falta ni cenar porque mi hermana era una exagerada… para después servir de primero sopa de mariscos, elaborada por Bella, y de segundo cochinillo asado.
A pesar de que estaba todo riquísimo, me encontraba llenísimo, así que opté por no probar el postre. No me apetecía en absoluto. Y después de la cena, cómo cada año, Papá Noel hacía su aparición estelar repartiendo regalos a diestro y siniestro. Hacía unos tres años que me había unido al grupo de los Papá Noel. Cada año nos turnábamos entre Jasper, Emmett y yo. Y ése año le había tocado a Emmett.
Había desaparecido con Rose y los niños no se habían dado cuenta. De pronto un "Jou, jou, jou" más exagerado que el de años anteriores se escuchó en la oscuridad del pasillo, antes de entrar al salón.
Beth abrió los ojos como platos, sonriendo entre asustada y emocionada y corrió hasta mí. Lo mismo hizo Julia con Jasper y Kellan con Rose, quien estratégicamente había hecho su aparición antes de Emmett.
-Papi… - Murmuró mi pequeña.
-Es solo Papá Noel, preciosa.
-¡Jou, jou, jou! -Volvió a exclamar Emmett con su voz distorsionada apareciendo en el comedor con una barba blanca larga, al igual que las cejas postizas que llevaba, una enorme barriga y un saco rojo de las mismas dimensiones colgando de su mano por su espalda. Me aguanté la risa.
-¡Pero mira quien es, mi amor! - Exclamó Bella a mi lado, tocándole la pieriecita a Beth.
-¡Noé!
-¡Feliz Navidad! - Volvió a hablar Emmett con su voz grave, acercándose primero hasta Julia, y poniendo el saco rojo en el suelo. - ¡Has sido muy buena este año, jou, jou, jou! -¿No estaba abusando del Jou, jou? - Julia lo miraba sin pestañear, cogiendo el regalo que Emmett, o mejor debía decir, Papá Noel le había extendido. - ¡A quien más tenemos aquí! - Exclamó dirigiéndose a mi hija.
Beth apuño la tela de mi pantalón con fuerza y se apretó más a mí, pero su sonrisa no cesaba tampoco. La ilusión de un niño no tenía precio y el estar presente en aquellos momentos tan inocentes y puros, del que solo un niño puede ser protagonista, me hacía sentir el padre más feliz del mundo. Pronto se puso entre Bella y yo.
-¡Beth, tu regalo de Navidad, jou, jou, jou! ¡También has sido muy buena! - Ella lo miró por un segundo anonadada y al siguiente soltó una gran carcajada cogiendo su regalo.
-¡Ju, ju, ju! - Intentó imitarlo. Todos comenzamos a reír por la simpatía de mi hija.
-¡Jou, jou, jou! - Exclamó de nuevo Emmett.
-¡Ju, ju, ju! - Exclamó Beth, esta vez llevando la mano hacia su barba con la clara intención de tirarle. Menos mal que Bella la detuvo antes de que llegara, pues no sé que habría pasado de haberse dado cuenta de quien era realmente Papá Noel.
-Creo que Beth cree que Papá Noel necesita un afeitado. - Comentó mi padre. Todos acabamos riendo.
Después de que Emmett le diera el regalo a su hijo, los niños emocionados comenzaron a jugar con sus juguetes y en cada una de las frases que salían de sus labios estaba la palabra "Papá Noel".
A Beth le faltó poco para quedarse dormida después de que su energía acabara decayendo irremediablemente. La cogí en brazos cuando nos despedimos de todos y me encaminé con ella hasta el coche seguido por Bella y mis suegros. Había sido una gran Nochebuena.
-Ha disfrutado como loca. - Susurró Bella feliz observando a Beth dormir.
-Y nosotros también viéndola… Es preciosa. - Contesté rodeando su cintura con mis brazos, consiguiendo que su espalda entrase en contacto con mi pecho. Ella dejó caer su cabeza en uno de mis hombros.
-Es nuestra. - Continuó mi esposa. Yo dejé un beso en su cuello, consiguiendo que suspirara y se diera la vuelta. -¿Crees que mañana se despierte muy pronto? - Me preguntó alzando una ceja sugestiva. Yo me hice el pensativo.
-Pues no sé… - Y la aferré más contra mí. -Pero mañana tus padres estarán por aquí… - Continué acercándome más a su rostro. - Y ya sabes cómo de bien se le dan a tu padre estar rodeado de niños… - Murmuré rozando sus labios. - Así que mañana nos toca descansar…
-Ajá… eso es lo que yo estaba pensando… ¿Vas a entregarme mi regalo Papá Noel? - Preguntó sin alejarse ni un centímetro, dejando un pequeño beso en mis labios. - Dejé escapar una risita baja.
-Te equivocas, princesa… Hasta el año que viene no me toca, así que esta noche… - Pero no pude acabar la frase, ya que me rendí al llamamiento de sus labios, que con entusiasmo comenzaron a acariciar los míos.
-¡Ju, ju, ju! - Nos separamos de repente, y Bella se giró, dejándome ver a Beth sentada y mirándonos con los ojos de par en par. -¡Ju, ju, ju! -Repetía con una enorme sonrisa. - Io papi ta noshe, ¡ju, ju, ju! -Miré a Bella, quien trataba de aguantarse la risa. Suspiré sonriendo. A Bella no podía negarle nada, pero a Beth menos.
Sin pensármelo dos veces la cogí en brazos y me dirigí con Bella hacía nuestra habitación para dormir. Dormir con mis dos princesas preferidas en la misma cama no tenía precio.
Las adoraba.
Aquí estoy con el primer Outtake de tres que son en total! Se llaman: Adoración, Negación y Dejando que emprenda el vuelo... Mañana subiré el segundo...
Espero que todas hayáis pasado unas felices navidades junto a vuestros seres queridos... :) Gracias por todos vuestros rr...
Un besazo... y hasta mañana chicas!
