Capítulo XXXVI
"Ser madre"
Se despertó sobresaltado. Había soñado de nuevo con Elsa. Luego, con su hijo Henry y su mujer. Todos habían sido pesadillas, unas más terribles que otras.
Su respiración y el palpitar de su corazón estaban acelerados. Se levantó con muchísimo cuidado de la cama, en la que Regina dormía plácidamente, con Henry incrustado en su pecho. El pequeño de dos años, parecía reconocer a la perfección a su verdadera madre.
Era una figura tierna y conmovedora, pero a la vez hiriente. ¿En qué momento de aquella aventura habrían concebido a Henry? Tal vez desde la primera noche que estuvieron juntos. Luego, habían sido inseparables.
Regina y él tenían mucha química, no solo emotiva, sino obviamente sexual. Muchas imágenes de aquellos días se agolparon en su mente. Los bailes eróticos de Regina, sus constantes juegos. La dominación que él había ejercido sobre ella. En fin, que su relación de dos semanas, había sido tan intensa en todo sentido, que era increíble que no hubiese rendido otros frutos.
Recordó varios de sus encuentros sexuales más intensos, más audaces; los infinitamente tiernos, y los apasionadamente violentos. Tal cual fue aquel día, cercano a la despedida.
Regina y Graham se encontraban allí, uno al lado del otro, en las camas de sol viendo el atardecer. Se tomaban de la mano, casi rozando la suave y caliente arena caribeña. El cuerpo de la morena, hermosamente dorado por el sol, era la distracción de su amante, durante la puesta de sol.
Sintió cómo soltaba su mano, y se levantaba, dejando ver su escultural silueta. La luz del día, ya naranja y roja, casi terminaba. Se alejó unos pasos, y se volteó para mirarlo, extendiendo su mano
- ¡Vente! – le dijo de forma incitante – Quiero disfrutar de ésta puesta de sol, desde el agua… – Lo miraba con picardía – De eso… Mientras hacemos el amor…
Caminó dejándolo atrás. Él se levantó como movido por una inminente urgencia, que también era el no querer perderla de vista.
El agua estaba divinamente tibia, y el oleaje era casi imperceptible, pese a la hora; esas playas tenían esa característica particular. Se la encontró de frente, y ella saltó sobre él, dentro del agua, colgándose de su cuello
- Esposo… ¿Preparado? – le dijo con cara y sonrisa perversa
- ¡Wow! – se dio cuenta de que Regina tenía, en una de sus manos, la parte inferior del traje de baño – ¡Regina! ¡Aquí hay niños!
- ¡No! Ya se van con sus padres… ¡Mira!... Además, los que aún están jugando cerca de la orilla, están a considerable distancia… Y cada vez está más obscuro… ¡No seas cobarde! – tocó el miembro de su hombre, que estaba erecto por su causa – Cobarde y falso… Porque estás tan excitado como yo…
Él le sonrió entre resignado y complacido. Todo lo que hacía en ese momento Regina, conseguía cautivarlo y sorprenderlo; y a la vez todo se sentía tan natural, como si de una relación consolidada, y no casual, se tratase.
Recordó que le hizo el amor sin importar nada de lo que creía que le importaba. La tomó de forma suave y con énfasis, así, en ese atardecer bajo el agua. La puesta de sol más inolvidable hasta entonces. ¿Qué hace a un hombre olvidar todo lo que lo define? Una mujer, tal vez.
Se dio una ducha, tratando de hacer la menor cantidad de ruido posible. De igual forma se vistió, y recogió todo lo que no usarían. Regina y Henry se parecían, en lo del sueño pesado; su mujer sólo dormía así, cuando estaba en paz y segura a su lado. Eso ya lo sabía.
Tomó su celular, y observó un mensaje de David, que envió entrada la noche. Si conocía bien a su compañero, y así era, el mensaje tendría un tono de circunstancia, algo que no le gustó.
David: Graham… Tenemos que hablar. Por favor sal a la sala cuando veas éste mensaje.
¿Acaso David había dormido allí? O lo conocía tanto como para saber, que cuando estaba con Regina, el mundo estorbaba hasta el día siguiente. En todo caso, Graham no aguantó ni medio segundo la duda, y salió de la habitación trancando la puerta, dejando a su mujer y a su hijo, profundamente dormidos.
Cuando llegó a la sala, David estaba en una silla del comedor, sentado tomando café. No había indicios de Mary Margaret, situación que lo tenía bastante confundido, y que había logrado alarmarlo.
- ¡David! ¡Buen día! – le dijo, posterior a que aclarara la garganta, en un tono adecuado, para no despertar a las mujeres y a los niños
- ¡Buen día Graham! – se volteó a saludarlo, pero su cara reflejaba preocupación y cansancio – Pero… no sé si sean buenos… – Lo invitaba a sentarse, mientras iba a la cocina, por más café y pan tostado
- ¿Pasó algo? ¿Mary está bien o está molesta por algo? – pensó que tal vez sería por la visita inesperada – Si es por nosotros, ya hoy nos vamos... Dile que disculpe el mal rato… – Estaba apenado, de ver a su amigo en esa situación
- ¡Por favor! ¡Claro que no! – lo miró con pesar – No es eso… Ella está más que complacida de que estén aquí. Por ella, los dejaría viviendo en esa habitación…
- ¿Neal está bien? – no quería aceptar que tenía sospechas de la causa del humor de su compañero
- ¡Si Graham! – lo miró directo a los ojos, al colocar la taza frente a él – Debemos ir ya mismo a la comisaría… Hay un nuevo indicio sobre el asesino… – dudaba al hablar – Y es delicado de tratar…
- ¿Qué pasa David? – ya la cosa no pintaba mal, sino peor – No te andes con rodeos y dime qué está pasando ¿Qué averiguaron? ¿Es sobre la mujer que encontramos el otro día?
- ¡Aurora Philips! – atinó a decir en tono robótico
- ¿Qué? ¿Qué pasa con Aurora Philips? – quedó en shock, sin pronunciar palabra, regresando la taza de café a su sitio original – ¡No! – se llevó la mano a la frente. Su cara era de terror y desconcierto – ¡No puede ser David! – un escalofrío infernal lo recorrió, de pies a cabeza
- Eso es lo que hay que averiguar… ¡Porque es así! – lo miró con decisión, y preocupación – No creo que… No… No creo que puedas salir fácilmente de ésta…
- ¿Qué quieres decir? – estaba consternado. Sus dos exnovias, más importantes, Elsa y Aurora, estaban muertas. Y Regina estaba bajo la misma amenaza. Sólo en eso podía pensar
- ¡No te hagas el inocente Graham! No dejes que el hecho de éstas muertes nuble tu juicio. De tres de las víctimas, tú eres el único hilo conductor… ¡y lo sabes! – le hablaba desde su amistad, sincera
- ¡No! Es que… es evidente que es por mi causa… ¡Regina está en peligro! – se levantó de golpe – Hasta la mujer, médico forense…
- ¡Cálmate Graham! – colocó la mano izquierda, en el hombro derecho de su compañero, invitándolo a sentarse – Tenemos un poco de tiempo, para llegar y preparar bien cómo vamos a hacer las cosas…
- ¿A qué te refieres? – estaba perdido en éstos momentos. Sólo conseguí pensar en Aurora, en Elsa y en Regina, su mujer. Muchas imágenes se agolpaban en su mente – ¿No creerás que…?
- Lo sabes Graham, ¡lo sabes! Te van a dejar bajo arresto, mientras no comprueben nada más… Eres el principal imputado. Hay que ver cómo vamos a manejar lo de Regina, porque si lo informamos, ella no podrá tomar el caso, no podrá ayudarnos…
- ¡Pero ella está en peligro! – estaba alterado, pero susurraba – ¡Mi hijo David! – lágrimas de frustración salían de sus ojos – ¿Qué demonios está pasando, David?
Su compañero dejó que se calmara, mientras trataban de comer algo. En silencio, uno al lado del otro, con pensamientos totalmente diferentes sobre lo que estaba sucediendo, y comunes sobre lo que pasaría.
- ¡Regina! – dijo Graham, de repente
- ¡Tranquilo! ¿Qué sucede? – trataba de ayudar
- ¡Necesitará protección! – habló decidido
- Con lo de su caso, aún podemos ofrecerle algo de vigilancia… Y a la chica… – hablaba de Emma
- ¡Lo sé! Pero, lo que no sé, es si será suficiente… – tenía la cara de haber visto un espanto. Tomó su teléfono y lo contempló dudoso
- ¿Qué pasa? – no estaba entendiendo nada – ¡Será suficiente! Pondremos buenos elementos allí…
- ¡No lo sé! ¡Ya no sé nada! – se paró de repente de la mesa – Necesitamos garantizar… No importa lo que me pase, pero a éstas alturas, no puedo darme el lujo de que algo le suceda a Regina… No por mi causa…
Discó el número de "Regina", el que tomó de la tarjeta especial en su monedero, cuando la creía al borde de la muerte. Luego de unos segundos, devolvió la llamada una voz femenina, algo ronca
- ¡Regina! – dijo con seguridad
- ¿Si? – la mujer no sonaba para nada extrañada o sorprendida
- Imagino que sabes en qué dirección estamos…
- ¡Si!
- Necesita transporte… En cualquier momento estará lista – hablaba en tono de piloto automático
- ¡Entiendo!
- Máxima protección para Regina y Emma, más de lo habitual… Cuando busque a Emma, que vayan a la casa de ésta, y se queden allí. También tendré policías asignados…
- ¡Entiendo!
- ¡Ok!... se quedó fracciones de segundo en silencio. Del otro lado era igual, o peor – ¡Ok! – colgó.
David estaba absolutamente extrañado de la situación
- ¡¿Qué demonios ha sido eso?! – le hablaba con énfasis. Necesitaba respuestas. Graham no estaba en posición de ser misterioso, por lo menos no con él
- Es largo de contar… – estaba agotado, como si el peso de muchos días sin dormir, le hubiesen caído encima, justo en ese instante – Es un servicio de seguridad privada que contrató Regina, desde antes del incidente que la dejó hospitalizada. Responden al nombre del contratante… ¡No sé! Tú sabes que, de ese tipo de soluciones, hay una cantidad ilimitada de posibilidades… – trataba de desmerecer lo raro que era el asunto – Fue desde que descubrió la conexión con las tarjetas…
- ¡Ella lo sabe! ¿Lo sabe de cierto? – estaba intrigado – No es tonta David… Y desde su óptica, ha manejado toda la información del caso…
- Una óptica para la cual eres el principal sospechoso…
- ¡Lo sé!... ¡Vamos! – se dirigió al cuarto.
David le dejó una nota a Mary, indicándole que, por motivos de trabajo, habían tenido que irse temprano. No era nada grave, y su esposa debía entenderlo así, para no transmitirle a Regina, ninguna mala impresión. Se le indicaba también, que la morena y el niño, tendrían transporte esperando, a la hora que lo necesitaran.
Por su parte, Graham tomó con cuidado su chaqueta, el cargador del celular, y las llaves de su camioneta. Se quedó unos segundos mirando la escena, que hace una hora le daba tanta paz. Besó a Henry en un bracito, a Regina en la frente, y huyó.
- ¿Y si finges que no la conoces? – su amigo ya no pensaba con claridad
- ¿No dormiste? ¿verdad? – lo miraba con cara de pocos amigos
- ¡No!
Cuando llegaron a la policía, ya Gold estaba allí, y se disponía a ir a la oficina del forense
- Graham… Pensé que estabas de permiso… – se dirigió a él, en tono de burla – ¡David! – hizo un gesto de saludo con la cabeza
- De vacaciones Jefe… Vacaciones atrasadas… pero decidí reincorporarme. Mi apartamento aún no está habitable – le dijo, realizando su mejor actuación, para disimular
- ¡Buen día Jefe! – David trataba de responder al escueto saludo de su superior
- ¡Seguro David te llamó! – estaba serio, como siempre – No puede vivir sin ti… Son un par de señoritas ustedes… – se reía de ellos
- ¡No jefe! – por un momento Graham se asustó – Pero la verdad, me hace falta trabajar
- ¿Si sólo fueron qué… cinco días? – era su objeto de burla
- ¡Pues si! – bajó la cabeza con paciencia
- ¡Vamos! Whale tiene los resultados de la identidad de la víctima que encontramos a los límites del estado… – retomó la seriedad del trabajo.
Los hombres lo siguieron. El forense ya estaba advertido de los acontecimientos, así que tendrían que disimular los tres, que era una noticia nueva.
- ¡Whale! ¿Qué sabes de JD? – se apostó en la silla frente al escritorio. Los otros dos hombres permanecían de pie a cada lado
- ¿Qué tal Jefe? ¡Graham! ¡David! – gestos de saludo. Su actuación era patética
- ¿Pasa algo Doc? – preguntó el superior, intuyendo una situación anormal
- ¿No dormiste bien? – David le hacía caras sutiles, y miradas de "sígueme la corriente"
- ¡Malísimo! Una hora a lo sumo… – respondió, captando el mensaje
- ¡Se te nota! – completó Graham, que apenas si hablaba, logrando disimular a la perfección
- Ok caballeros… Menos charla y más acción… ¿Qué sabes de la víctima? – estaba impaciente
- ¡Si señor! – se apresuró, siguiendo con su papel – Tendría treinta y dos años. Las pruebas indican que tendrá… Alrededor de dos años muerta, de ahí su avanzado estado de descomposición ¿El porqué de su lenta descomposición? Es obviamente porque fue embalsamada. Por eso a priori no estimamos con precisión…
- ¡Eso ya lo sabía! – estaba más exasperado – ¡Al grano! ¿Lograron identificarla?
- ¡Si Jefe!... Pero espérese, que hay más… – trataba de distraerlo de buscar los datos de la mujer – Murió por asfixia, fue embalsamada, y posteriormente degollada. Supongo que la mantuvieron en un ambiente adecuado, hasta que decidieron hacer el ritual…
- ¡No tiene sentido! – dijo Graham sin pensar
- ¡El homicidio, no tiene mucho sentido Humbert! – exclamó Gold, impaciente – ¡Nombre Whale! ¡El nombre! – le gritó
- ¡Aurora Philips! – reaccionó
- ¡Muy bien! Hay que dar parte a su familia, buscar sus registros… Supongo que no tendrá antecedentes, como las otras víctimas… – se percató de que David y Graham se miraban con cara de terror, pero era algo inusual – ¿Y ahora qué pasa? ¿Acaso han visto a un muerto? Y no me respondan que los que están aquí, en la morgue…
Observó cómo Graham buscaba con desesperación una silla, mientras que David se acercaba a éste, y le ayudaba, colocando una mano en su hombro
- ¿Te encuentras bien? – preguntó Whale, reaccionando a su papel, recordando por lo que había pasado Graham con lo de Elsa
- ¡Busca agua Whale! – David también estaba intentando hacer las cosas, de la mejor manera
- ¿Me pueden decir qué demonios está pasando aquí? – Gold estaba entre extrañado y molesto
- ¡Disculpe Señor! – dijo David, haciendo una pausa reglamentaria – Esa chicha… La conocíamos… De la secundaria…
- ¿Cómo? – Gold se volteó a mirar a Graham, pero éste sólo veía el piso. Por ende, buscó contacto visual con el rubio
- ¡Si jefe! Como lo escucha…
Se quedaron en silencio por unos segundos. Graham recibió el agua, e intentó beberla. Un nudo se le hizo en la garganta. Era revivir lo que había descubierto ésta mañana, pero ahora en la conciencia de que, era más que absurdo, sospechoso. También rememoraba lo de Elsa, y todo ese trauma, más el riesgo de Regina.
- ¡Whale! – el hombre mayor se sentó – Búsqueme agua a mí también… – miraba al horizonte con cara de incredulidad – ¿Dime que no era tu novia, por favor?
Se hicieron unos segundos de silencio. Graham estaba experimentando lo que no había podido expresar en la mañana, ni de camino a la estación. David no quería hablar, se sentía absolutamente perdido sobre cómo enfrentar esa situación. Whale, se limitó a ver al afectado, con la misma cara que Gold le hablada, de espaldas a éste.
- ¡Vaya! – dijo el hombre, en tono robótico – ¡Eso sí que será un problema!
-xXx-
Cuando despertó, sus hermosos ojos marrones contemplaron a Henry. Era hermoso dormir con su hijo, así, abrazados. Se sentía protectora, necesitada, y amada a más no poder por esa hermosa criatura. Lo besó en la frente infantil, y le acarició los cabellos rubios obscuros.
También buscó con la mirada a Graham, recorriendo entera la habitación, pero no lo encontró. Se paró lentamente y con cuidado. Cargó a Henry, y lo acostó en el corral, para dejarlo despertarse por sí solo.
A lo lejos, escuchó al llanto de Neal. Ese bebé le parecía encantador. Le sacó una sonrisa maternal, mientras seguía contemplando la tranquilidad del suyo. Observó que todo estaba recogido, salvo por la ropa que ella se pondría, sus cosas de uso personal, y lo que cargaba puesto. También el bolso de Henry estaba en orden
- Mi detective ya me organizó todo… – se sonrió, mientras agarraba su cabello en un moño – ¡Vaya que es disciplinado! – se fue al baño riendo, recordando lo apasionado de la noche, y el perdón que él le había otorgado.
De igual forma, estaba consciente que Graham le había dado un ultimátum. Se daba esa cálida y merecida ducha, con ganas de estar lista para ver a Emma. Sentía ansiedad por saber cómo habían amanecido ella y su pequeña hermosura. Volvió a notar que, todo lo de Graham estaba guardado, y acomodado para salir
- Supongo que nos quedaremos en casa… – se dijo para sí, mientras terminaba de enjabonarse. Sintió cierta emoción por saber que "su casa", era la de Graham
- ¡Mami! – el bebé la llamaba desde su corral – ¡Mami! – empezaba a estar algo molesto
- ¡Ya voy mi amor! Mami está en la ducha… – salió mojada, se colocó la toalla y fue a por el niño.
Cuando lo vio, estaba de pie en el corralito, implorando salir, y que le hicieran un cambio de pañal. Regina lo sabía, así que no demoró en quitarle la ropita, asearlo en el lavamanos, para luego terminar de lavarlo en la ducha con ella. El pequeño Henry juagaba con el agua, y ella sonreía.
Pronto ambos estuvieron listos, vestidos, con todo a punto para salir, pero con hambre. Sabía de sobra que había para comer, porque se sentía el jaleo en la cocina, el rico olor incitante, aparte del llanto del pequeño Neal.
Graham debía estar afuera, charlando relajado con David, mientras ella estaba allí, sola, en casa de dos desconocidos. Bueno, considerando que había pasado la noche allí, tal vez estaba exagerando. Tomó a Henry, sus dos teléfonos, y se dirigió a la cocina.
Mary estaba sola, acomodando todo para desayunar, mientras le hablaba al pequeño Neal. Sólo dos puestos en la mesa, y ninguna señal de los hombres.
- ¡Regina! ¡Buen día! – la mujer era una melaza, llena de energía
- ¡Buen día! – Respondió con una sonrisa de cortesía
- ¡Henry! ¡Pero qué bello y bien portado! – se dirigió a ambos y los besó – ¿Ves Neal? ¡Así son los niños buenos!
Henry se quedó mirando a su madrina, como en un momento de secreta complicidad; como si no tuviese dos años, sino diez y le hubiesen pellizcado los cachetes. A Regina se le antojó hilarante.
- ¿Y los chicos? – dijo, disimulando su ansiedad por saber, y salir corriendo con su hombre
- ¡Se marcharon mientras dormíamos! ¿Puedes creerlo? – se sonrió – Bueno… asuntos de trabajo… Nada grave… – le mostró la nota.
A Regina la recorrió un escalofrío. Eso no era normal. Graham dijo que le faltaban algunos días con ella. Algo grave tenía que haber pasado para que, su hombre y protector, la hubiese dejado allí, sola con Henry y a la buena de Dios. Y ese "algo" en el trabajo, temía que fuese del caso que amenazaba su vida y su felicidad.
- Pero… Tú tranquila… Te puedes quedar cuanto gustes. Incluso puedes dormir aquí… – era amable al extremo, y sonaba sincera. La invitó a sentarse, con Henry en el regazo, mientras les servía de comer
- ¡Disculpa Mary! De verdad muchísimas gracias por tu hospitalidad… – la miraba con ternura – Pero no quiero abusar de ella… Además, tengo que ir a ver a mi… comadre… Ver cómo me voy, y todo eso…
- ¡No es ninguna molestia! – se sentó a su lado a comer – Además, en la nota dice que tienes transporte esperándote… Creo que es ese Mercedes negro que está allá afuera – le señaló la ventana.
Se estremeció por completo. Claro que ese era su transporte, es el que ella habría ubicado, pero lo había hecho Graham por ella. Ahora si pintaba mal el asunto, y lo sabía. Miró su celular disimuladamente, y no encontró mensajes de su pareja, ni llamadas perdidas. En cambio, en el otro, recibía confirmación del estatus del servicio.
Había perdido el apetito, pero se forzó a comer un poco, sobre todo para darle el ejemplo a Henry; lo cual no era tan difícil, puesto que el niño tenía excelente apetito.
Cuando ya estaba lista, y había ayudado a Mary a quedar desocupada, se despidió de ella, y con ayuda del portero, bajó sus bolsos, incluyendo las cosas de Graham y Henry, y por supuesto, cargando a su hijo.
El chofer del carro, abrió la maleta, y colocó en ella el bolso de los adultos, mientras que la pañalera, la dejó en el asiento del copiloto.
La rubia la esperaba de pie, al lado del carro, en la puerta por la que ella ingresaría al mismo. La abrió, y le indicó que pasara
- ¡Buen día! – le hizo un gesto con la cabeza, asintiendo
- ¡Buen día Sarah! – fue bastante neutral.
Se montó por la otra puerta, y le dio indicaciones al chofer de su destino inicial
- ¿Qué está pasando? – después de unos minutos andando, en total silencio, Regina preguntó, esperando lo peor
- ¡Solicitó máxima seguridad para Emma y para ti! – la miraba con gesto sobrado, y a la vez con deseo
- ¿Por qué? – estaba extrañada y molesta
- No dijo… – colocó cara de fastidio
- Di lo que sabes… – inquirió
- Aún nada… Pero lo sabré… – Su pose y su gesto, eran de mucho estilo
- Eso es lo que necesito "Dragón", de toda tu astucia… Me preocupa él, y que se haya ido así, sin más… – hablaba con decisión, mientras estaba pendiente de Henry
- ¡Entiendo! – guardó silencio unos segundos – Como tú digas, se hará Regina…
El resto del camino, los dos adultos estuvieron en silencio, salvo por la morena, que le respondía al niño según lo que le decía.
Llegando al lugar, a Regina se le pasó un poco la angustia por Graham, ayudada por la ansiedad que le causaba ver a Emma y a su nueva criatura.
- ¿Quieres que te acompañe, y me quede con el niño? – dijo la imponente rubia, en tono seco
- ¡No! – fue drástica – Sólo acompáñame… Y quiero seguir como hasta ahora, sin notar los escoltas… Tampoco quiero que Emma los vea, especialmente ella… No quiero causarle ansiedad, por cómo está actualmente
- ¡Como digas Regina! – se volteó y le hizo señas al chofer
Caminaron por los pasillos, tomaron el ascensor, y continuaron hasta llegar a la habitación, donde Sarah ya sabía que estaba Emma. Antes de abrir, su pecho la delataba, subía y bajaba con intensidad, y Henry pareció notarlo, porque se abrazó a ella y comenzó a sollozar.
Cuando entraron, en la habitación estaba Killiam, y la bebé en su cuna. Sarah permaneció afuera, al lado de la puerta, mientras entraba Regina
- ¡Buen día! – saludó el joven padre
- ¡Papá! – Henry se olvidó de su "madrina", para extenderle los brazos a Killiam
- ¡Buen día! ¡Felicitaciones! – lo saludó con felicidad real, mientras le entregaba a Henry, y soltaba la pañalera
- ¡Gracias Regina! – se le veía feliz – ¡Campeón! ¿Extrañaste a papá? – miraba a su hijo
- ¡Papá! ¡Si! – el niño jugaba con su rostro
- ¿Y Emma? – la buscaba por la habitación con la mirada, mientras observaba la cuna con curiosidad
- ¡Están haciéndole las curas! – dijo, mientras acercaba a Henry, para que conociera a su hermanita – Pero ya regresa… Está bien… ¡Mira Henry! Ella es Alice, tu hermanita… Shiii… No hagas ruido que está durmiendo – le susurró al infante – ¡Ven Regina! Conoce a tu nueva ahijada…
Regina estaba paralizada. Sentía una emoción gigantesca, comparable al momento en el que nació Henry, sólo que ésta vez, sí aceptaría ver a la criatura. Se acercó lentamente, mientras Killiam hablaba. No lo estaba escuchando, en su cabeza resonaba el llanto de Emma; ese llanto infantil sonoro que la llevó a encontrarla
- ¡Regina! ¡Despierta! – el hombre parecía divertido – ¿Qué te sucede?
- ¡Nada! – se detuvo en seco, a unos pasos de la cuna, sin mirar a la bebé – ¿Le tienes miedo a los bebés? Porque que recuerde… ¡No! – se sonreía – Conoce a mi princesa Alice… – la miró con dulzura.
Le devolvió la sonrisa a Killiam. Pasó por su lado, acarició a Henry en el proceso, y se detuvo frente a la cunita. Allí estaba la pequeña criatura, dormida, inmóvil, experimentando la vida. Era impactantemente hermosa, toda una rubia como su mamá. Su cabello, apenas una pelusa amarilla, casi blanca; vestida de color rosa, blanca, y con sus mejillas haciendo juego con la ropita.
- ¡Emma! – atinó a decir, como un susurro, mientras las lágrimas caían sin control. Se llevó la mano a la boca. Y la otra la cruzó en su pecho
- ¡Verdad que es hermosa! – el hombre estaba maravillado – Tu hermanita campeón… Me tienes que ayudar a cuidarlas…
Regina no podía reaccionar. Estaba en shock con el parecido de la preciosa niña, y su madre. ¡Cuánto la amaba! ¡Cuánto las amaba! Por fin pudo moverse, y acariciarle una piernita y costado
- ¡Es hermosa Killiam! – se volteó a mirarlo, con lágrimas en sus ojos – ¡Los felicito! – siguió contemplando a la niña
- ¡Gracias Regina! – estaba satisfecho – ¿Y cómo se comportó este príncipe? – jugaba con el niño
- ¡Excelente! – seguía contemplando a la criatura, mientras lo veía también jugar con Henry – Él es un niño extremadamente inteligente… ¿Verdad mi amor?
- ¡Mami! – le dijo Henry – ¡Quiero agua! – Señaló un vaso en la mesita de noche
- ¡Vamos! Busquemos tu tetero… – se dirigió a la pañalera, que Regina había traído.
Cuando estaban en el proceso de tomar agua, la puerta se abrió, y un enfermero empujaba la silla de ruedas, donde una repuesta pero cansada Emma, era trasladada
- ¡Mamá! – gritó el niño con énfasis
- ¡Mi amor! – la rubia respondió al gesto. Su esposo le acercó al niño, y ésta lo abrazó y besó. Lo había extrañado
- ¡Emma! – Regina estaba feliz. Le brillaban los ojos al ver a la rubia sana y salva – ¡Felicidades! – se acercó a ella y le dio un beso en la frente; y con cuidado, la abrazó
- ¡Regina! – la chica empezó a llorar. Estaba feliz de tener ahí a su familia – ¿Ya la viste? ¿Verdad que es hermosa? ¡Una princesa!
- ¡Lo es! – la morena retomaba su llanto inicial – No te molestes Killiam… Pero es idéntica a Emma cuando estaba pequeña… ¡Idéntica! – hablaba con afán. Estaba realmente impactada
- ¡Ay! ¡Regina! – si físicamente se pudiese ver el amor en los ojos, Emma tendría corazones saliendo de ellos
- ¡Cierto! Que tú tenías… ¿Cuántos años? – le preguntó Killiam, disimulando; mientras ayudaba a colocar a Henry en el sofá, y a su mujer en la cama
- ¡Doce! Tenía doce años… Casi trece… Y Emma apenas cumplía dos meses… – lo decía con orgullo – Era una pequeña hermosa… Ahora es una mujer espectacular – esa última frase, la dijo con sentido de propiedad
- Regina me crio, siendo ella una niña también… – la miró con amor, luego a su marido, de forma particular – Por eso es mi familia… Y la amo…
Los tres evadieron miradas y hablaron de Henry, y de cómo tenía que cuidar a su hermanita. Cuando ésta se despertó, y empezó a llorar, la cara del niño era un poema. Se había asustado por el súbito y sonoro llanto de Alice, por tanto, él también rompió a llorar
- Vamos campeón… No te asustes… Es sólo tu hermanita, exigiendo alimentación – cargó nuevamente al niño, tratando de que tomara sus juguetes – ¿No quieres tu carrito? – le hablaba con dulzura – ¡Bueno! Vamos a dar un paseo, así dejamos a la madrina y a mamá, con sus cosas femeninas, para que alimenten a tu hermanita – lo miraba y las miraba. Salió al pasillo.
El hombre se retiró, y en seguida Regina acercó la cunita móvil a la cama. Estaba lela viendo a la mini Emma y sintiendo sus potentes pulmones en acción
- ¡Ya mi amor! ¡Ya! – la morena, tomó a la criatura con la misma delicadeza que lo hizo con su madre, sólo que ahora con más experiencia – Tus mamis están aquí…
Emma estaba embobada observando a Regina, y sus dotes de madre que siempre le fascinaron. La voz de la morena, parecía haber hechizado a la criatura, que ya no lloraba, sino que trataba de verla, con su precaria habilidad de recién nacida
- Reconoce tu voz… Y cuánto he llorado por ti, y te he extrañado estos meses… – se lo dijo, no como reproche, sino con una profunda felicidad de que ahora estuviese ahí
- ¡Emma! – cargaba a Alice. La miró con amor y ternura infinita – ¡Te amo!... ¡Las amo! Gracias a Dios que están bien… – se la colocó en los brazos, y la niña comenzó a llorar nuevamente
- ¡No Alice! Soy mamá bebé… – le hacía sonidos para calmarla, y la mecía ligeramente – ¿Ves? Hasta ella te ama, y queda hipnotizada contigo…
- ¡Gafa! Siente tu miedo… Sólo debes relajarte… Amamántala y verás cómo queda "hipnotizada contigo" … – rieron – ¿Acaso cómo hiciste con Henry? – la miraba con picardía
- ¡Regina! ¿Qué descaro? – mientras colocaba el pecho para que Alice se prendiera de él, miraba a la morena, con falso sentido de ofensa – A ver… déjame ver… Primero, éramos sólo tú y yo. Segundo, tenía a la madre y fuente de alimentación ahí. Y tercero, dar tetero es más fácil – volvieron a reír. Ya la niña comía en paz – ¡Auch!
- Ja, ja, ja… ¡Aguanta cobarde! – se reía con malicia – Has aguantado peores cosas de mi parte… – Regina era una provocación ambulante
- ¡Pervertida! – Se reía ruborizada – Sabes que es diferente… – bajó la mirada, para concentrarse en su bebé – Bueno... era diferente – la miró con nostalgia
- ¡Oh Emma! – estaba conmovida con todo, con lo que había pasado con Graham, por lo de Henry. Ahora la rubia y su hermosa hija, ambas reclamando su amor – Yo las amo tanto… Tanto… – hizo un gesto con las manos de inmensidad, y se acercó a ellas.
Regina acarició la cabecita de Alice, y se aproximó a Emma. La tomó del rostro, y le dio un beso intenso en los labios. Parecía que ese beso duraba una eternidad. Fue profundo, pero totalmente tierno. Emma la llenaba de amor, y la diminuta rubia, tenía su corazón derretido.
Las horas pasaron, y Graham no daba señales de vida. Regina se distraía cada tanto con la joven y la bebé, y con Henry, que ahora estaba muy interesado en su hermanita. Regina dominaba a la perfección la maternidad. Cargar a Henry de un lado, que viera a Alice del otro, para que así Killiam pudiese ayudar a Emma a almorzar, y éste, hacer lo propio.
La rubia estaba encantada de tener a Regina allí, tanto que el dolor de la cirugía, y las incomodidades de la misma, se desvanecían. Nuevamente Killiam fue a pasear con Henry, mientras la morena arrullaba a Alice, y la rubia se disponía a tomar una siesta.
- ¿Te sucede algo? – preguntó, somnolienta
- ¿Qué?... ¡No, no! ¡Nada! – había salido de su estado de mutismo, y su cara se relajó
- Tienes mala cara Regina… ¿Henry te dio mala noche? – preguntó extrañada – ¿Dónde se quedaron?
- No… ¡Para nada! – suspiró, y se levantó para llevar a la bebé a la cuna – Lo que sucede es que nos quedamos donde unos amigos de Graham, y pues, aunque fueron muy amables, prefiero la privacidad… ¡Me conoces!
- ¡Umm! ¡Si, en realidad! – algo no le cuadraba – Por cierto… ¿Está todo bien con tu "caballero"? – fue ligeramente irónica – ¿Me odia tanto como para no venir?…
- ¡Cierra el pico Emma!… Sabes que no debes hablar, o tendrás cólicos… – la aniquiló con la mirada. Luego suspiró, se sentó nuevamente, y bajó la guardia – Todo con él es perfecto, y sabes de sobra eso…
- ¿Y por qué me parece que hay algo que no me dices? – la miraba con sospecha
- ¡No sé de qué estás hablando! – disimuló
- ¡Vamos Regina! – en realidad le preocupaba la morena, más que nada – ¿Por qué no está aquí?
- ¡Eso mismo me pregunto yo! – la miró asustada
- ¿De qué hablas? – Emma sabía perfectamente que se trataba de algo delicado
- ¡Te digo que no lo sé! No quiero mortificarme, o especular… Sólo sé que ésta mañana, él mismo llamó a Sarah, y se fue sin avisar… – miró su teléfono móvil – Esperaré que se comunique… Tal vez… Sólo es mucho trabajo, y ¡nada más! – bajó la mirada y se acomodó el cabello.
Emma no quiso ahondar más en el tema, porque sabía que Regina estaba mal de los nervios, y apenas recuperada. Además, había una gran posibilidad de que parte del misterio, radicara en su seguridad personal, y eso le crispaba los nervios. Debía pensar en su hija.
- Él nos ha estado cuidando… Sé… ahora entiendo… – bajó la vista, para luego encontrarse de nuevo con la de la morena – Que te ama lo suficiente como para poner a un lado su orgullo, y apoyar a tu familia
- Él es un hombre excepcional… Pero no es manejable… – ahora ella estaba triste – Ha demostrado que ama Emma, profundamente… Y yo… – se quedó en silencio
- ¿Y tú? – ahora ella buscaba el encuentro con la morena – Yo sé que tú lo amas… Me duele escucharlo de mi propia boca, no lo voy a negar… Pero no puedo tenerte sólo para mí… Y lo he aceptado – Observó a la apesadumbrada mujer, caminar hasta la cunita, y mirar a su hija – ¿Qué te pasa Regina? ¡Hay algo más! ¡te conozco!
Permanecieron unos segundos en silencio; la rubia esperaba una respuesta, sin presionar a la morena, y ésta, no sabía qué sentir
- ¡Quiero ser madre! – consiguió decir, casi murmurando
- ¿Qué? – pensó que no había oído bien
- ¡Que quiero ser madre Emma! – suspiró, y la miró con firmeza
- ¿A qué te refieres?... ¿Tú no puedes? – se sentía perdida
- ¿No puedo? – la mirada severa de Regina, penetraba los ojos verdes y azul de a rubia
- Bueno… Tú… Tú así lo habías decidido, por lo que te hizo creer tu madre, por tu compromiso con Jefferson… Por todo… – estaba asustada. Por alguna razón, la morena estaba perturbando su anterior felicidad
- ¡Lo sé! – se volteó. Ya no la miraba, sino que estaba de espaldas, mirando por la ventana – Pero he cambiado de parecer… Y, por sobre todas las cosas… ¡Quiero ser madre!
Emma estaba en shock. Regina, actualmente, estaba casi segura que no podía concebir, por lo que su decisión de ser madre, sólo podía tener dos salidas; la artificial, o la natural, que ya existía, y se llamaba Henry. Y nada las preparaba para las consecuencias.
- ¡¿Se lo dijiste?! – preguntó con real pánico. No obtuvo respuesta – ¡O por Dios! – se llevó la mano a la boca, los sedantes le impedían sentir el dolor, que debía experimentar – ¡Se lo dijiste! – echó a llorar.
La morena se mantenía mirando a la nada, a través de la ventana. Sus lágrimas, ya eran de común aparición. Nunca había llorado tanto, desde que Emma se casó, como cuando encontró de nuevo a Graham, y se supo indefensa ante su amor. Todas sus malas decisiones, todo lo complejo de su vida, la estaba arrasando.
- ¡Vamos Emma! ¡No te hace bien llorar! – se dirigió a la chica. Trató de abrazarla, pero ésta la evitó
- ¡¿Por qué?! – la miraba con auténtico dolor, y reproche – Yo nunca te he negado a tu hijo… Tú me pediste ayuda, y yo te dije claramente las consecuencias… ¡Ahora no me puedes quitar a mi bebé! ¡Henry también es mío! – gritó la última frase, antes de desvanecerse en los brazos de la morena
- ¡Nunca! – la tomó del rostro – No quiero negarte lo que te mereces, lo que te has ganado… ¡Tú eres su madre! – le dolían sus propias palabras, eran demasiado duras y reales – ¡No sé por qué se lo dije! – lloró amargamente, sentada en la orilla de la cama, abrazando a la rubia.
Después de un par de minutos, casi media hora, para cuando Killiam regresó, ambas estaban calmadas; incluso Emma había logrado dormirse. La bebé estaba igual, y muy tranquila. La enfermera en turno entró, y se la llevó para cambiarla.
- ¿Y Graham? – le preguntó el hombre – El me escribió ayer, que Henry se estaba portando de maravilla…
- ¿Si? – se sorprendió del gesto de su prometido – ¡No sé por qué me sorprendo! – se sonrió para sí – Graham es un tipo como pocos… Como tú… – lo miró con afecto
- ¿Te estás ablandando Regina? – se reían – Llámalo… Me debe unas copas de celebración – le dedicó un guiño.
Se dirigió a buscar su teléfono. Lo revisó, pero aún no había señales de Graham. Ya no aguantaba más la zozobra
- Y deberías ir a almorzar Regina… Eres la única que no ha probado bocado – revisaba a Henry, que dormía en sofá, protegido por una almohada
- ¡Si! – respondió distraída, mientras repicaba a su número de seguridad.
Al instante le devolvieron la llamada
- ¿Si? – respondió la rubia
- ¿Las enfermeras están bajo vigilancia? – estaba preocupada
- ¡Si! En especial las que entren y salgan de esa habitación…
- ¡Tenemos que almorzar! – le habló seria
- ¡Si! – usaba ese tono sobrado, y robótico
- ¿Pasó algo? – estaba al borde de un ataque de nervios
- ¡Si!
- ¿Quieres dejar de decir sólo sí, e ir al grano! – sonaba exasperada. Murmuró para que no se notara en la habitación
- Lo van a dejar detenido…
- ¡¿Qué?! – se alarmó
- Justo ahora, está siendo detenido, por el homicidio de Elsa Arendelle y… una tal Aurora Philips – no le importaba en lo más mínimo lo que decía, pero sabía que afectaba a su jefe
- ¡¿Qué?! ¡No! – gritó. Se sintió mareada. Dejó caer el celular al suelo, tratando de sostenerse, y luego fue ella la que tocó el piso, desmayada.
-xXx-
Acudo a ti
Acudo a ti, desesperada y en penumbras
Despojada del más puro de los sentimientos
Atrapada en la más negra de las suertes.
Acudo a ti.
Lo he decidido, con la fuerza de los años
Con el empuje que logra el dolor.
Acudo a ti, ante este sueño desgarrador
Que consume mis entrañas, y me deja estéril
Ante lo invisible de mi ser, y mi por qué.
Acudo a ti.
Decide no apartarte
No me abandones
O no quedará nadie… que acuda a ti.
By: ElaQueen
oOo
He aquí otro capítulo de mi fanfic más amado. Me he retrasado un poco, lo sé… Pero es que la elaboración de la historia, así lo ha exigido… Eso, y las múltiples obligaciones laborales y en el hogar.
Gracias a todas por leerme, por el apoyo. Las de siempre, y las de ahora. Gracias por hacer favorita ésta historia.
Espero que les guste el poema que escribí, inspirado en éste y en el próximo capítulo. Es bastante simple, y de verso libre… No creo tener el talento, pero si tengo las ganas.
Recuerden que viene más romance, y más drama… Cortesía de Regina y Graham…
Espero sus comentarios, que tanto me agradan…
Saludos.
