Disclaimer: A huge thanks to thatwritr for her permission to do this translation. Y muchas gracias a Lilia por permitirme usar los capítulos ya traducidos, por ahora solo me adjudico el beteo.


Capítulo Treinta y ocho

—¿Tú y tu amiguita rompieron?

Tanto molesto y sorprendido, Edward levanta la mirada para encontrarse a los ojos azul celeste de Chip Clayton.

—¿Qué?

—Tu teléfono no está pegado a tu oreja últimamente, ni tampoco estás enviando mensajes de texto en los descansos.

Con una mirada feroz, Edward dice:

—No mando mensajes de texto todos los descansos.

—Patrañas. —Braxton se sienta en la mesa de cafetería con ellos. Los otros dos residentes tienen charolas con comida, pero Edward juega con un café para pretender—. Te decimos el Deditos Rápidos.

—Jódete —dice Edward casi alegremente. A pesar de que evita decir profanidades la mayor parte del tiempo, sabe que sus compañeros ven eso raro, así que intenta actualizar sus patrones de habla de vez en cuando. Braxton se ríe, de una manera juguetona, pero la sonrisa de Clayton es demasiado sospechosa. Pretenderá estar jugando, pero le gustaría si Edward sufriera en su vida personal. Así es de mezquino—. Su suegra está de visita y la mantiene ocupada —Edward explica. Pudo haber dicho que tenía compañía e ignorarlo, pero quiere decir algo.

—¿Su suegra? —Clayton brinca ante eso como Edward sabía que lo haría.

—Es una viuda, pendejo; su esposo murió el año pasado. Y somos solo amigos. Ya te dije.

Braxton bufa tratando de esconderlo comiendo de su pasta, pero no hace ningún otro comentario, cambiando el tema a uno que Edward escucha a medias, su mente en otro lugar. Finalmente es viernes y verá a Bella esta noche. Después de un minuto, se da cuenta que está moviendo su pierna en un gesto nervioso, justo como lo hace un humano.

En el camino de regreso al piso de neurología, Clayton logra alcanzarlo.

—¿Y cuánto tiempo ha pasado? —pregunta—. ¿Desde que murió su esposo?

—Te dije que un año. Cumplió un año este miércoles.

—Ah, entonces el aniversario ha pasado y el luto acaba. Puedes aventártele, hermano. —Edward le avienta una mirada feroz pero Clayton no se intimida. Sus ojos reflejan perspicacia. Toman las escaleras porque Clayton quiere presentarse como alguien saludable—. Es bonita —dice con voz pensativa. La había visto cuando ella y Alice habían venido el día que perdió su primer paciente—. Aunque las paralíticas no son para mí. Sería como tirarse un pez muerto.

Sin duda el otro hombre había contado con estar en un lugar público para su protección, pero olvidó que están en la semi-privacidad de la escalera y Edward lo tiene estrellado contra la pared de concreto, con el pasamanos blanco encajándose en su espalda, antes de que se dé cuenta de lo que está pasando. El rostro de Edward está enfrente del suyo y Clayton parece (por fin) entender… que Edward no es solo su rival intelectual, sino un depredador.Su cuerpo completo ha empezado a temblar y el sudor corre por su frente y labio superior. Edward lo sostiene suavemente, tratando de no causar marcas. Con intimidarlo es suficiente.

—Si vuelves a decir algo como eso otra vez, romperé tu cuello, cretino. —Edward lo avienta de nuevo de modo que pierde el equilibrio y tiene que sostenerse en el pasamanos para evitar caerse mientras Edward pasa por un lado, sube lo que queda de las escaleras y entra por la pesada puerta de emergencias.

Ignora a Clayton por el resto del día, aunque puede escuchar los pensamientos de enojo y miedo de los otros residentes. Por ahora, Clayton no puede decidir qué es lo que más siente cuando Edward se le acerca… humillación o terror sin nombre. En retrospectiva, Edward está un poco avergonzado. No debió haber perdido los estribos de esa manera… pero nadie tiene el derecho de insultar a Bella de esa manera mientras él esté lo suficientemente cerca para oírlo. Cuando termina su turno a las tres, huye del hospital con todo un fin de semana libre por delante. Ya ha salido de la ciudad hacia el norte antes de que la hora pico del tráfico de los viernes en la tarde lo alcance. Regresando al tiempo estándar, el sol se ha puesto antes de que llegue a Helen. Pasa por el refugio primero porque Esme llamó para pedírselo. Quiere que revise los puntos de Hannah y su brazo.

La furgoneta del refugio sigue estacionada al frente, así que Bella debe de seguir ahí. Hace que su estómago se voltee, lo que es evidentemente ridículo para un vampiro, pero aún sufre de ansiedad y puede detectar el aroma único de Bella en cuando Madison lo deja entrar. Bloquea los típicos tartamudeos mentales de la chica cuando lo ve y se dirige a la oficina de Bella. Madison no es mala, solo… tediosa.Odia escuchar sus pensamientos.

La puerta de Bella está abierta y puede oler el persistente aroma del té de menta marrueco en el aire al entrar. Como siempre pasa cuando está en su presencia, hay una comodidad de quietud mental. Escuchando a Edward entrar, Bella levanta la mirada. La lámpara en su escritorio resalta su cabello café y brilla en sus ojos, y cuando sonríe, su corazón muerto se alegra.

—Esme dijo que pasarías por aquí antes de ir a casa.

—Quiere que revise a Hannah.

Bella se hace para atrás para salir de su escritorio, dándole vuelta a la esquina para entrar al pasillo. En la escalera principal, grita.

—¡Esme! ¡Hannah! ¡El Dr. Masen está aquí! —Hay un elevador que instaló Esme, pero la mayoría de los residentes usan las escaleras—. ¿Cómo estuvo tu día? —Bella pregunta mientras esperan.

—Largo —admite, aunque no ha sido más largo de lo normal. Pero incluso los vampiros pueden sufrir de una perspectiva de desplazamiento hacia el rojo en la que los minutos se estiran como el universo que se expande. Puede escuchar pasos en las escaleras y la voz de Esme en alguna parte del piso superior, sus palabras claras mientras trata de animar a Hannah. La chica no quiere verlo, aparentemente.

Edward pasa los siguientes diez minutos revisando a la joven mujer en el pequeño consultorio del refugio. Está bien, considerando lo que ha sufriendo, pero hay una suavidad en su piel y en su cabello, y los pensamientos superficiales que capta en su cabeza le dicen el por qué no quería que la revisara alguien del refugio. Volteando, le dice a Esme y a Bella que salgan por un momento. Intercambian miradas la una con la otra, luego con Hannah. No es que no confíen en él, pero están preocupadas de que Hannah se vaya a sentir nerviosa sola con un hombre. Hannah, sin embargo, solo deja caer la mirada y asiente. Ella sabe que Edward se ha dado cuenta. Cuando Esme y Bella se van, no desperdicia palabras.

—¿Cuánto tienes?

—Casi tres meses. —Levanta la mirada, su rostro tenso con la anticipación de un regaño ante la estupidez de embarazarse de nuevo cuando sabe que ella y su esposo no pueden mantener a los primero s tres y tienen problemas maritales. Edward se pregunta si pensó que el estar embarazada la protegería de su esposo—. El doctor en la sala de emergencias dijo que la caída no lo lastimó —agrega, con la mano en su abdomen en un gesto protector universal para todas las mujeres embarazadas.

—Los bebés están mejor protegidos por el vientre de lo que creemos. ¿Ya tienes un doctor obstetra?

—Supongo que el mismo que asistió en el parto de los primeros tres, pero por ahora no tenemos seguro porque Brady no está trabajando.

La mira con cuidado.

—¿Tu esposo lo sabe?

—No.

—¿Quieres que lo sepa?

No responde inmediatamente y puede ver la indecisión en su mente. Finalmente, solo dice:

—Insistiría que regresara.

—La violencia doméstica es una ofensa criminal. Hay récord en el hospital de tus heridas y tu hija fue testigo de él golpeándote repetidamente. La ley estará de tu lado. —Sin embargo, Edward sabe que demasiados de estos casos no son tan simples, incluso si uno pensaría que deberían serlo. La víctima es culpada de su calidad de víctima, y si Edward ha visto dentro de muchas mentes como para saber que las relaciones como las de Hannah y Brady no están en blanco y negro, aún así no hay excuso para que alguien más fuerte golpeé a alguien más débil por otra razón que no sea defensa propia. Quisiera echarle la culpa de la violencia doméstica a la sociedad sin modales en la que está atrapado, pero sabe que no es así cada que ve a Esme. A pesar de eso, no aceptará la falta de control como una excusa para cometer violencia en contra de una mujer. El control es el dios de Edward.

Hannah no dice nada, pero puede leer sus dudas en cuanto a presentar cargos que no tiene qué. Se compadece de su esposo, pero también le tiene miedo, por lo menos cuando ha estado tomando. De ella salen las mismas dudas mentales que salían de Chip Clayton cada que Edward estaba a menos de un metro de él después del incidente en las escaleras. Si Hannah no es tan frágil emocionalmente como otras de las mujeres que viven aquí, aprendió a tener miedo de Brady. Su mente aún reproduce el momento en que medio aventó, medio empujó a su hija a la pared. Eso la atormentará por mucho tiempo. Edward espera lo suficiente.

—Te daré un récipe para las vitaminas prenatales —dice después de un momento de silencio—. Contactaré a tu obstetra anterior si me das el nombre. También, voy a meterte a un programa para dejar de fumar.

Ella se ve huraña ante esto.

—Fumé con los otros tres, y mi mamá fumó con nosotros. Estamos muy bien así.

—No eras mi paciente con los otros tres —dice duramente para interrumpirla. Está escribiendo la receta—. Dejarás de fumar. No es saludable. —Se muerde la lengua antes de que pueda agregar "y no es digno de una dama".

Sigue viéndolo con coraje, pero no lo contradice. Edward cree que si solo puede convencerla de no regresar con su esposo, estará bien. Hay un fuego dentro de ella, una fuerza que le recuerda a Esme incluso cuando en personalidad no se parece en nada a Esme.

Hablan un poco más, la convence de decirle a Esme la verdad de su condición, y a Bella también, luego sale a la sala a esperar. Echándole un vistazo a la lámpara de hierro en el techo, lucha para bloquear los pensamientos de los residentes del refugio a su alrededor. Hierven con dudas, ansiedades, miedos… tantos están perdidos. Lo deprime. Finalmente, Bella sale.

—Esme va a quedarse con Hannah un rato —dice. Se ve cansada. Ya son casi las siete.

—¿Ya comiste?

—A mediodía.

—Vamos por algo de cenar. —Aquí en el refugio no agrega "para ti". Parándose en frente de ella, le abre la puerta—. ¿Comida china para llevar?

Ella se ríe.

—¿Algo con vegetales, Dr. Masen? De hecho, Martha me dejó una tonelada de comida en la casa. No está de acuerdo con mi dieta de comida congelada tampoco.

Sigue su furgoneta de regreso a la casa de Rose y Emmett, luego le busca comida en el refrigerador, calentándola mientras ella se acomoda en la mesa. Le sirve una copa de vino aunque ella no la ha pedido, se la lleva, luego se sienta para verla comer cuando su cena está lista. Después de unas cuantas mordidas, Bella se detiene para mirarlo con ferocidad.

—¿Qué? —pregunta Edward.

—Me pones nerviosa, viéndome de esa manera. Por favor, no me digas que todavíacrees que es interesante verme comer.

—Pues sí.

—Incluso si, y tú lo admitiste, el olor y sabor de la comida humana es como "comer tierra".

—El ver no es comer. —No le dice que encuentra sensual el verla comer, sus labios envolviéndose alrededor del tenedor o su lengua pasando por sus labios o su garganta pasando la comida. Le da hambre de cosas que no tienen nada que ver con comida…

Y eso lo hace detenerse, recordando el comentario de Chip Clayton. Inmediatamente, lo borra de su mente, pero se pregunta si lo hace porque es insultante o porque no quiere pensar en lo que Bella puede y no puede hacer sexualmente. Es un tema que ha investigado y evitado al mismo tiempo, manteniéndolo firmemente a un nivel intelectual. Pudo haberle sacado la respuesta que quiere saber directamente a la cabeza de Mark en más de una ocasión, pero se ha rehusado firmemente a hacerlo. Cuando fantasea con tener sexo con ella (y lo hace), es la Bella joven en sus brazos. Pero cuando piensa en besarla, es su Bella de ahora. Trata de decirse que fantasea con la Bella joven porque es con la que ha tenido sesiones de besos subidas de tono y porque es de la que tiene material de fantasía listo… excepto que eso no explica por qué imagina que besa a la Bella de hoy.

Ella sigue viéndolo viéndola.

—Sabes —dice ella después de un momento—, si vas a verme comer, deberías dejarme verte comer.

Se sienta de golpe y sacude la cabeza.

—No quieres ver eso.

—¿Cómo lo sabes?

—Bella, es que… no. Es peligroso que encienda el lado depredador de mí en tu presencia.

La ceja de Bella se levanta.

—Es difícil mantener una amistad con alguien que insiste en esconder partes de él mismo.

—No estoy escondiendo nada. Te diré lo quieras saber, pero eso no es algo que quieras ver. No es seguro.

—Edward, Emmett es más honesto conmigo en cuanto los hábitos alimenticios de los vampiros de lo que tú lo eres. —Baja su tenedor y cruza las manos en frente de ella, inclinándose en la mesa—. Me sigues tratando como si crees que no puedo con ello, o que no lo entiendo. Puedo y lo entiendo.

Edward la observa detenidamente, sin poder hablar de repente. Pero no es la reprensión que le dio lo que ha robado su voz.

Su brazo izquierdo está sobre el derecho, su mano izquierda sobre su codo derecho. No hay ninguna banda dorada en su dedo izquierdo.

Toda su atención se ha enfocado en ese dedo sin amillo y sabe que ella se ha de dar cuenta de qué es lo que está viendo, pero no puede despegar la mirada. ¿Por cuánto tiempo ha estado sin su anillo de matrimonio? Ha estado con ella por dos horas, ¿y apenas se da cuenta? Aunque ha estado tan acostumbrado a verlo que dejó de notarlo… en parte fue a propósito. Sus ojos se deslizan hacia otro lado, deliberadamente enfocándose en otro lado.

Pero no lleva el anillo hoy, y en alguna parte dentro de él, una pared se derrumba y se hace polvo.

Está súbitamente aterrorizado. Y confundido porque está aterrorizado. E irritado consigo mismo porque está confundido. Todos estos sentimientos conflictivos se arremolinan en su pecho como en una lavadora.

No lleva su anillo. ¿Ahora qué se supone que debe hacer? Abre su boca, la cierra, abre su boca, la cierra. Sabe que debe verse como pez fuera del agua. Bella inclina la cabeza.

—¿Sí? —No responde.

La pared derrumbada no la estaba protegiendo a ella de él. Lo estaba protegiendo a él de ella. Ahora entiende eso. El amor es algo de miedo. Es más fácil si se ama a una distancia… mucho más después de haber estado solo por un siglo. Lo intentó antes, pero huyó cuando se volvió difícil. Se retiró del campo de batalla y la observó por una década sin que ella se diera cuenta, justo como lo hacía al verla dormir. Y a pesar de lo mucho que se ha dicho a sí mismo que su corazón sufría por ella, sabe que él queríaque fuera de esa manera.

Era más seguro… y no para ella.

Dejó que Mark se quedara con ella no porque pensó que sería racista luchar por ella, o porque Mark era mejor para ella con su amor humano y vida mortal. Oh, Edward era… y aún lo es… racista; intenta superarlo (y conocer a Mark lo ayudó mucho), pero sus pensamientos racistas persisten. Pero a pesar de eso, su racismo no es la razón realpor la que dejó que Mark se quedara con Bella. Aquí, ahora… con el anillo fuera y la pared derrumbada… no puede engañarse más. No la dejó hace diez años por el bien de ella, a pesar de lo que le dijo a su familia y lo que se dijo a sí mismo.

La dejó porque tenía miedo. El amor es un riesgo, y el tomar riesgos es difícil. El amor significa cortarse a sí mismo desde la garganta hasta la ingle para dejarla que lo vea, hablando figurativamente. No puede decirse a sí mismo que es un hombre noble, un caballero, pero es un cobarde, eso es lo que es. Bella tiene razón, se está escondiendo. Siempre lo ha estado haciendo. Sólo encontró excusas para justificar su propia cobardía.

Abruptamente, sus ojos se encuentran con los de ella. Bella parece estar dividida entre estar molesta o divertida y tal vez un poco preocupada.

—¿De verdad quieres verme comer? —dice de golpe.

La otra ceja de Bella se levanta también.

—Dije que sí.

Edward se levanta. Es vacilante, no elegante.

—Ven afuera entonces.

Camina hasta la puerta principal y la escucha moviéndose detrás de él. Le abre la puerta y salen al porche. La casa de Emmett y Rose está separada de todo, y aunque no está al borde del Chattahoochee como la cabaña, hay áreas forestales alrededor. Aún no está seguro de esto, pero sabe que es algo que debe hacer. No puede ser real para ella… su ser entero… hasta que le muestre esta parte de él. Le ha mostrado otras cosas, por supuesto, pero son aspectos de ser un vampiro que se consideran deseables… su fuerza, su velocidad, su indestructibilidad. Pero el beber sangre… esa es la esencia pura del vampirismo… la parte fea… y la ha escondido. Aún más importante, el comer es un acto comunal para los humanos, y para los vampiros también. El rehusarse a comer con otro es rehusar compañía. El rehusar a ser hospitalarios. El rehusarse a ser abiertos con el otro.

—Espera aquí —dice, y corre a velocidad vampiro por el bosque. En la noche en lo oscuro, las criaturas que se esconden en el día salen. Su presa no tiene que ser grande… no una comida completa. Él y Emmett irán a cazar más tarde. Es sensible al aroma y sonidos de animales pequeños y tibios del bosque. No escogerá uno que sea lindo y tierno; eso sería buscar problemas. Se conforma con una zarigüeya. La mayoría de los humanos no los encuentran atractivos. Normalmente un animal tan pequeño no valdría su tiempo, pero ahora, está en el árbol en un momento para tomarlo de su cola desnuda. Sisea y se revuelca para liberarse. Casi se compadece de él, pero el depredador dentro de él está vivo ahora y quiere alimentarse.

Regresa a Bella en cuestión de segundos con la zarigüeya en las manos. Los ojos de Bella se posan en el animal y se llenan de tristeza, pero luego se deshace de su pena y asiente.

—No estaba jugando con la parte "insegura" de esto —le dice Edward, luego llama—. ¿Emmett? —Su voz no se levanta, pero sabe que Emmett lo escuchará. Incluso el siseo de la zarigüeya es más fuerte. Emmett llega a la puerta principal, abriéndola. La luz dorada del interior lo ilumina como a un ángel—. Bella quiere… necesita… ver. —Levanta la zarigüeya—. Pero… ¿por si acaso?

Entendiendo, Emmett solo asiente y baja las escaleras para pararse a un lado de Edward, no en el campo visual de Bella, pero donde pueda sostener a Edward si se necesita. Durante todo esto, los ojos de Edward no se han apartado de los de Bella. Ella espera con calma.

—Hazlo —dice ahora. Sus labios se tuercen—. No estoy segura de que eso te llenará, pero está bien.

—Es un bocadillo antes de la cena —dice Emmett, medio riéndose.

—No estoy segura de que igualaría una zarigüeya a galletas saldas y queso —responde Bella.

Y de repente, Edward se está riendo. La tensión se ha roto, pero compasión por la zarigüeya asustada lo hace regresar y termina su vida rápidamente, rompiéndole el cuello y acercándolo a su boca, encajándole los dientes.

Sabe mal. Sabe muy mal. Y si el animal tiene más de un par de tazas de sangre, estaría sorprendido, pero tiene hambre y lo vacía rápidamente para no tener que soportar por mucho el sabor… como solía tragarse las coles de bruselas que le daba su madre casi sin masticar. Bella lo observa sin titubear, sus ojos suaves y agradecidos. Entiendo lo que se le está otorgando... Cuando termina, casi escupe del asco, y se alegra de que estén afuera. Bella huele cien veces más dulce que la zarigüeya y es afortunado que la brisa nocturna. Su naturaleza depredadora no está completamente activada… normalmente come en el momento que asegura su presa y hay más persecución que alerte sus instintos… pero su sangre canta para él, y por un momento la quiere. Sus pupilas se dilatan y sus fosas nasales se ensanchan. Emmett lo toma de la parte superior del brazo; es sutil, pero Edward mueve la cabeza en agradecimiento. El toque de Emmett lo regresó a la tierra y su control regresa. Agachándose, Emmett le quita el cuerpo de la zarigüeya a Edward.

—Yo me desharé de esto.

—Gracias.

Emmett se ha ido en un instante. Con las manos en los bolsillos, Edward se acerca a Bella. Ella le sonríe.

—Gracias. —Levanta su mano, la izquierda sin anillo. Edward la toma en su derecha y la aprieta con cuidado. Sigue teniendo miedo del futuro, pero su corazón se siente extrañamente lleno. Regresan adentro y hablan hasta tarde en la noche cuando Bella empieza a bostezar. Le desea buenas noches y se encuentra con Emmett al frente para la caza real. Corren a la cabaña donde se cambia la ropa, luego salen en busca de ciervos. Emmett no tiene hambre, pero Edward encuentra una cierva gorda, dulce gracias al alimento abundante del verano.

Edward se va a casa después de eso e intenta leer. No puede hacerlo. Intenta tocar el piano, pero se brinca notas. Nunca se brinca una sola nota. Se siente ansioso, alterado. Si fuera humano, lo llamaría adrenalina alta. Saliendo, corre. Y corre. Desafortunadamente, no puede cansarse, así que se rinde.

Ya ha llegado a la casa de Emmett y Rosalie de todas formas. Es temprano en la mañana, el cielo apenas está un tono más claro en el este con un poco de un poco de alba. Esta es la hora cuando todo duerme excepto los vampiros. Se escabulle hasta la puerta trasera donde está el cuarto de Bella. Las persianas están cerradas sobre la puerta deslizante de cristal, pero la ventana que tiene vista al patio trasero tiene las cortinas abiertas. Echa un vistazo, su visión apenas viendo su silueta bajo las sábanas. Está acostada bocarriba, con una mano sobre su cabeza, la otra a su lado sin moverse. Es la mano izquierda, la que no tiene anillo que la separe de él. La observa, preguntándose qué estará soñando, pero no puede ver si sus ojos se están moviendo bajo los párpados y considera abrir la puerta para meterse de contrabando.

Se detiene. No debería estar aquí para empezar. Esto es lo que hacía antes, observarla sin que lo supiera. Es escalofriante. Pero es seguro. Puede observar sin revelarse a sí mismo. Es hermosa, sus mejillas rojas por el calor de las sábanas. A pesar de estar acostada bocarriba, no ronca. Apoyando su cabeza en el marco de la ventana, deja que su mente vuele. Trata de imaginar cómo será la vida sin ese anillo. Sin barreras.

La ventana en el cuarto justo arriba se abre de golpe y, asustado, empieza a huir del lugar pero escucha una advertencia casi siseada.

—¡No te atrevas a escabullirte, Edward Anthony Masen!

Deteniéndose, levanta la mirada. Rose lo está viendo con furia. No habla en voz alta ya, pero puede escuchar sus pensamientos claramente: vete a casa o entra a la casa. Pensé que ya habías superado la fase de mirón.La ventana se cierra. No precisamente cerrada de golpe.

Regresa a la casa y vuelve a ver a través de la ventana de Bella, temiendo que el ruido la haya despertado, pero no se ha movido siquiera. Debe estar ya acostumbrada a Emmett y Rose.

Ir a casa o entrar. Ir a casa o entrar.

Una vida sin paredes entre ellos. O ventanas. El observar y SER observado también. El ser abierto. ¿Puede hacer eso después de cien años? Carlisle pudo. Jasper pudo.

Pero ellos son mejores hombres que él. Volteando, regresa al bosque, alcanzando sus límites en velocidad. Siente algo que se rompe dentro de él y le duele. Pero no es físico.

Ni siquiera llega a la mitad del camino a la cabaña cuando se detiene, con las manos en sus rodillas mientras solo respira, mirando el suelo forestal. Se siente cansado de una forma que no tiene nada que ver con su esfuerzo. ¿De qué está corriendo? Tuerce su cara y lloraría si pudiera. El llanto interior le deja solo un vacío enorme.

Regresando de nuevo, regresa corriendo. Esta vez, se detiene en el porche frontal de la casa, su mano en el tirador de la puerta. Le da vuelta.

La puerta está abierta.