De nuevo sin comentarios, ¡lo que sigue!


Capítulo 38: El laberinto.

-Adiós Arashi –dijo Mitsuko.

-Sólo…otra cosa…no lastimes a Brago… -le pidió la peli-rosa.

-Ya veré si no lo destruyo antes, tengo unos nuevos conjuros y creo que será mejor utilizar uno de ellos en ti.

-¡Gigarado seofuzunen!

Arashi se colocó enfrente del ataque, esperando a recibirlo y regresar al mundo mamodo…

-Lo siento amigos, pero ya lo decidí…no puedo soportar más esto…Brago…

No ocurrió nada…Brago había llegado a tiempo, quitó a Arashi del camino y él fue el que recibió el conjuro.

-¡Brago! –gritó Arashi sorprendida.

Brago resultó severamente dañado, por un lado aparecieron Cymbeline y Adrián.

Aunque antes ya se había mencionado que Ariasu no tenía gran fuerza del corazón, el conjuro de Mitsuko era poderoso.

-¡¿Qué han hecho? –preguntó la peli-rosa llorando.

-¡¿Qué has hecho tú? –le reclamó la castaña.

-¡¿Cómo se te ocurre algo como eso? –gritó su compañero.

-No tengo nada que hacer en este mundo…no entiendo por qué fui enviada a esta batalla…no quiero sufrir.

Brago se levantó y colocó su mano en el hombro de Arashi.

-Arashi…todos de alguna manera tenemos que sufrir, esta vida no es perfecta y cometemos errores que pueden ser horribles…Arashi…perdóname…no era mi intención hacerte enojar…sólo estaba de muy malhumor…no tienes por qué irte ahora.

-Brago…

-¡Seo fuz!

El ataque fue hacia Brago, que volvió a recibirlo.

-¡Por si no sabían, yo sigo aquí! –gritó Mitsuko.

-Mitsuko, ya basta, por favor…estás hiriendo a Brago –le dijo la peli-rosa.

-Esa es mi intención.

-Pues entonces…enfréntate a mí.

-No desperdiciaré mi tiempo contigo –le respondió Mitsuko.

-¡Seo fuz!

-¡Aion Gurabirei!

El ataque se detuvo, Brago estaba muy lastimado, con dificultad se podía mantener en pie, Arashi se puso delante de él.

-¿Q-Qué haces? –le preguntó el mamodo.

-Ya lo dije, esta es mi batalla, ¡Adrián!

-Sí –respondió el chico abriendo el libro.

Brago iba a hacer a un lado a Arashi, pero Cymbeline lo detuvo.

-Brago, no lo hagas, si te vuelven a atacar o si contrarrestamos con otro conjuro, te van a lastimar demasiado, déjaselo a ellos…

-Está bien… -contestó sosteniéndose un brazo.

-¡Gigano fuzaz!gritó Ariasu.

-¡Gir Collapsus!

Los dos ataques desaparecieron. Ambas parejas de humano y mamodo continuaron atacando durante un pequeño lapso de tiempo.

-¡Seo fuz!

-¡Oruga fiz!

Cymbeline se estaba desesperando y lo reflejaba con una cara de frustración y enojo. Brago la notó y colocó sus manos al frente.

-Hazlo.

-¿Estás seguro? –preguntó la castaña.

-Sí, sólo hazlo –volvió a decir el mamodo oscuro,

-¡Dioga Gurabidon!

Adrián captó el mensaje.

-¡So collap!

-¿Qué? ¿Dos contra uno? Eso no me parece justo –dijo Mitsuko sarcásticamente-. Bueno, ya que.

-¡Shel faz! ¡Shel faz!

Los conjuros de Brago y Arashi desaparecieron.

-¡¿QUÉ? –exclamaron los cuatro.

-Imposible, ¿cómo pudo romper estos ataques como si nada? –Cymbeline tenía los ojos muy abiertos.

Todos estaban sorprendidos, Mitsuko mostró una pequeña sonrisa que mostraba satisfacción.

-Vaya, ¿por qué tan atónitos? También he ganado nuevos poderes y los he incrementado.

-Cymbeline, acábala con un Riner Reisu –le dijo su mamodo.

-De acuerdo.

-No lo permitiremos, ustedes me están y me han sido un estorbo, a ver cómo se las ingenian para salir de esto –respondió Ariasu.

-Qué bien, el otro conjuro –Mitsuko volvió a sonreír.

-¡Riner re…!

Pero antes de que Cymbeline terminara de recitar el conjuro…

-¡Paretus labetus!

Unas paredes se levantaron enfrente de los 4 y los rodearon, formando un tipo laberinto.

-Ahora vámonos de aquí –dijo Mitsuko.

-¡Zeofaz!

Mitsuko y Ariasu desaparecieron del lugar.

-¿Qué rayos? –preguntaba Brago.

-¿Qué se supone que es esto? –inquirió la peli-rosa.

Cymbeline caminó un poco y descubrió que había varios caminos para seguir.

-Un laberinto –respondió.

-¿Qué? –preguntó su amigo.

-Mitsuko creó un laberinto –volvió a decir.

-Eso quiere decir que… -Arashi comenzó a hablar.

-Estamos atrapados –terminó la frase Brago.

-Tal vez no –dijo Adrián.

-¿Por qué lo dices? –cuestionó su compañera.

-Podemos usar un conjuro para destruir los muros –murmuró Cymbeline.

-Utiliza un conjurocontestó su mamodo.

-Como sea. ¡Oruga Reisu!

El conjuro hizo un hoyo en las paredes.

-¿Eso es todo? –Arashi no lo creía.

-Que sencillo, vámonos ya –comentó Adrián.

Todos caminaron pero al momento en que iban a cruzar por el agujero, las paredes se volvieron a reconstruir.

-Mmm…sabía que esto tenía su chiste –se quejó la castaña.

-Deja lo intento –contestó el oji-azul-. ¡So collap!

Volvió a ocurrir lo mismo, los 4 siguieron recitando conjuros pero no lograban nada.

-Estoy harto –comentó el mamodo oscuro.

-Tendremos que seguir –contestó su compañera.

-Pues caminen ya –dijo Adrián.

-U.U –Arashi sólo se resignó.

Todos caminaron por su lado, hasta que llegaron y se toparon con más paredes, todos estaban separados.

-¡¿Dónde están todos? –gritó Cymbeline.

-¡ME PERDÍ! T.T –exclamó el oji-azul.

Brago y Arashi oyeron los gritos de Cymbeline y Adrián y llegaron hasta donde estaban ellos y se volvieron a juntar.

-Si seguimos así… -empezó el muchacho.

-Nos perderemos más de lo que estamos –finalizó la castaña.

-Piensen, tenemos que hacer algo –murmuró Arashi.

-Trata de crear un conjuro con gravedad, tal vez someta a las paredes y así podamos cruzar –dijo el mamodo oscuro.

-Pero ya lo hicimos –le contestó su compañera.

-No, sólo usaste los conjuros de ataque.

-Oh, pues hay que probar. ¡Aion Gurabirei!

El conjuro aplastó los muros, pero volvieron a aparecer.

-Uno más poderoso por favor –le dijo Adrián.

-A sus órdenes. ¬¬ -contestó Cymbeline.

-Perdón pero ustedes controlan la gravedad, nosotros la luz.

-¡Baberuga Gravidon!

¡Otra vez lo mismo! Las paredes superaron al conjuro.

-¡Qué bien! –exclamó Brago sarcásticamente.

Los 4 pasaron un tiempo recorriendo el laberinto pero a fin de cuentas llegaron a donde mismo.

El tiempo transcurrió y todos estaban hartos. Un foquito brilló sobre la cabeza de Arashi.

-¡Adrián! ¡Eres un tarado! –le gritó la peli-rosa.

-Que novedad. ¬¬ -murmuró la pareja del libro negro.

-¡¿Y ahora por qué? –reclamó el chico.

-¡Podemos salir de aquí usando el conjuro de Precencious! –le respondió su mamodo.

-O.O ¿Precencious? ¿Cuál rayos es ese?

-U.U ¡ADRIÁN!

-Aaaa…¡Precencious! –dijo recordándolo.

-¡¿Nos estás diciendo que pudimos haber salido de aquí hace horas? –exclamó la castaña.

-Prácticamente…¡sí! –respondió Arashi.

-¡Te voy a matar Adrián! –le dijo Cymbeline.

-¡No es mi culpa!

-¡¿Entonces de quién?

-¡Es de Arashi!

-¡¿Y ahora por qué mía? –reclamó la peli-rosa.

-¡Porque se supone que tú debes recordar todos los conjuros que tienes!

-¡Tú eres el lector de mi libro, tú debes saber cuáles son!

A Brago le iba a explotar la venita de la cara.

-¡BASTA YA! ¡En vez de estar discutiendo por una tontería, utilicen ese famoso conjuro y salgamos de aquí!

-¡Aaa! ¡Está bien ya! ¡Precencious!

El libro que Adrián sostenía en sus manos comenzó a brillar, al igual que los ojos de Arashi, tornándose de un color rosa claro y esfumando un poco su pupila, se puso de pie y el libro brilló con más fuerza, empezó a caminar.

-Síganla –dijo el chico.

-¿Estás seguro de que nos llevará a la salida? –preguntó Cymbeline.

-Sí, este conjuro la guiará por el camino correcto.

-De acuerdo…

Brago, Cymbeline y Adrián siguieron a Arashi. El conjuro desgastaba mucho la energía del corazón y Adrián se estaba cansando.

-Más rápido, por favor Arashi.

Arashi siguió la orden, comenzó casi a correr al igual que los demás.

Eran demasiadas paredes rodeándolos, Cymbeline se sentía insegura sobre esto.

-Esto no va a funcionar, el conjuro no servirá. Es que, ¿cómo se supone que Arashi va a encontrar la salida?

Pero lo hicieron, Arashi se detuvo frente a dos paredes, una de su lado derecho y otra del lado izquierdo, afuera del laberinto, se veían los árboles, finalmente habían salido y llegado nuevamente al bosque.

El libro dorado dejó de brillar y los ojos de Arashi volvieron a la normalidad. Adrián estaba casi cayéndose del cansancio.

-Ya llegamos, déjenme descansar aquí.

-Vaya, no creía que esto iba a funcionar –se sinceró la castaña.

-Pues lo hizo –aclaró Brago.

Arashi estaba con la mirada media perdida, Brago se acercó a ella.

-¿Arashi?

-¿Qué? –preguntó ella.

-¿Estás bien?

-Sí, ¿por qué?

-Sólo pregunto.

-Es que…¿cuál se supone que es el plan de Mitsuko? ¿Para qué nos encerró? ¿Qué no nos iba a atacar o algo así?

-Es cierto, ¿para qué hizo todo eso? –preguntó también Adrián.

-Y hablando de Mitsuko, ¿en dónde está? – Cymbeline la buscó con la mirada.

Al decir esto, el laberinto desapareció detrás y Mitsuko apareció enfrente de ellos.

-De hecho sólo me quería entretener probando este conjuro, no planeé nada, pero ya que lo dices…

Ariasu apareció a su lado y el libro comenzó a brillar.

-Prepárense –habló el mamodo oscuro.

El libro de Brago también comenzó a brillar. A Adrián ya no le quedaban fuerzas y sólo abrió el libro como forma de aparentar que también iba a atacar. Ariasu estaba inmóvil, como si no fuera a hacer nada.

-Vamos, ¿por qué no atacas? –la castaña se estaba desesperando.

-¿Qué estás tramando Mitsuko? –se preguntaba Arashi.

-¿Qué es lo que esperas? –Brago también ansiaba pelear.

-No tengo fuerzas para decir otro conjuro, si ataca, Brago y Cymbeline se tendrán que encargar de ella –Adrián estaba realmente agotado.

-Ya me harté –habló la oji-verde-. ¡Gigano Reisu!

-¡Gigano fuzaz!

-Ariasu ha ganado más fuerza, antes no hubiera podido detener un Gigano Reisu con ese conjuro –pensaba la castaña-. Además…Brago todavía está lastimado.

-Déjate de tonterías ya Mitsuko –dijo el mamodo oscuro.

De nuevo todos quedaron inmóviles.

Mitsuko sonrió malévolamente, sabía que Arashi ya no podía atacar, que el lector del libro ya estaba cansado y decidió dirigir sus ataques a ella. Levantó su mano con dirección a Arashi y rápidamente Ariasu recitó el conjuro.

-¡Gigarado seofuzunen!

-Conozcan la nueva habilidad de mi conjuro –habló Mitsuko.

Pero al momento en que lanzó el conjuro, cambió de dirección hacia Brago, y Cymbeline no tuvo suficiente tiempo.

-¡Dioga Gur…!

El conjuro los convirtió en estatuas de metal.

Interrumpo:

-¡Otra vez tú!

-¡Sí! Otra vez yo y recuerda que sólo eres un invitado en mi fic, sino ahorita estarías encerrado y atado en un clóset.

-Tú lo dijiste, tú me invitaste.

-¡Porque ya estaba harta de que me dieras lata y de me preguntaras si podías intervenir y ya lo hiciste!

-Bueno ya, dime, ¿para qué interrumpes?

-¡Para hacer una explicación!

-¡Explica pues!

-¡Es lo que he tratado de hacer pero tú no me dejas!

-…

-Está bien, como decía, se supone que Mitsuko los transformó en estatuas, pero aquí según este conjuro Cymbeline y Brago pueden ver perfectamente lo que está pasando y pensar, lo único que no pueden hacer es moverse o hablar, pero siguen viendo el espectáculo.

-¿Listo?

-¡Sí, ya!

-Continuamos.

-¡Cymbeline! –gritó el oji-azul.

-¡Brago! –exclamó también la peli-rosa.

-Vaya, vaya, ¿qué harán sin nadie que los defienda y sin conjuros? –se burló Mitsuko.

Y era cierto, ahora estaban indefensos.

-Me desharé de ti de una vez por todas –dijo la mamodo.

-Adrián, ponte detrás de mí –le ordenó su mamodo.

-¡¿Qué, se te salió un tornillo? No dejaré que te dañen.

-Entiende Adrián, un conjuro simple para mí te puede provocar incluso la muerte a ti, hazme caso y por una vez en tu vida no seas necio ni terco.

Adrián estaba inseguro, pero no tenía más remedio que acceder.

-Está bien –dijo colocándose detrás de ella.

-¡Gigano fuzaz!

Arashi fue herida, cayó al suelo pero se volvió a poner de pie.

-¡Seo fuz!

Arashi volvió a caer, con varias quemaduras.

-¡Gigarado seofuzunen!

Adrián pensó que también los convertiría en estatuas, pero lo único que pasó fue que Arashi volvió a recibir el conjuro y salió volando unos cuantos metros atrás, ya estaba demasiado herida.

-¿Qué rayos…? –se preguntaba el muchacho.

-¿Qué no prestaste atención a lo que dije? Este conjuro tiene dos habilidades y las dos me encantan, puedo preferir convertirlos en estatuas o simplemente usarlo como ataque, que bien ¿no? Terminaré con ustedes con otro igual –volvió a decir Mitsuko.

Arashi se volvió a poner de pie enfrente de Adrián.

-Arashi…

-Gracias por todo Adrián, nunca te olvidaré, sé que eras un poco tonto, sin ofenderte, pero eres una gran persona y el lector de mi libro y te quiero mucho, despídeme de los demás cuando todo acabe y vuelvan a la normalidad, muchas gracias de nuevo.

-No Arashi, ¡no Arashi! –gritó con lágrimas en los ojos.

-Adiós Adrián…

-Que conmovedor, Ariasu, acábalos ya –le ordenó su mamodo.

-Como quieras.

-¡No! ¡NO! ¡NO ACABARÁ AQUÍ! –gritó Adrián decidido.

-¡Gigarado seofuzunen!

Continuará…


-¡¿QUÉ? ¡¿ASÍ TERMINAS EL CAPÍTULO? ¡¿QUÉ ES LO QUE TE SUCEDE?

-Emm…lo quiero dejar en suspenso.

-¡ESO NO SE VALE!

-Claro que sí, es mi fic y yo hago lo que quiero con él.

-Eres una malvada.

-Ja ja, lo sé, tendrás que esperar hasta el próximo para ver lo que sucede.

-U.U Te odio.

-No, no es cierto.

-¡Ya lo sé! ¡¿Pero por qué me haces esto?

-Tranquilízate, no tendrás que esperar demasiado, vas a poder seguir interviniendo conmigo en el siguiente.

-Bueno ya que…

-Aquí despidiéndome.

-Sí, yo también, a casi lo olvidaba, soy otra vez Eric, el primo de la escritora malvada.

-¬.¬

-Ya está bien, no me hagas nada, me callo, ¡hasta luego!

-Ya por fin se fue. Sayonara y nos vemos en el próximo capítulo.