" Los prodigios no son comunes.
¿Sabes del golfista Tiger Woods? ¿O qué tal de Shaquille O'Neil?
Tiger ganó cientos de juegos por golpear la pelota muy lejos, así que extendieron los campos y añadieron regulaciones para mantenerlo adentro. Shaq, también. Él era tan fuerte, que el juego rudo se incrementó drásticamente para detenerlo con faltas, es por eso que hicieron la zona restrictiva, para que la ofensiva no se llenara de faltas.
En el mundo de los deportes, cuando un jugador es demasiado fuerte, a veces se cambian las reglas. No son comunes, pero existen. Son injustamente fuertes, como monstruos "
El ambiente estaba extrañamente expectante ese día. Incluso para Kai que, por la mañana, se encontraba recorriendo los pasillos del centro de rehabilitación. El juego sería al atardecer, por lo que todavía le quedaba mucho tiempo antes de tener que irse; y la principal razón de su presencia en el centro, era la llamada que Teppei le hubo hecho la noche anterior.
— ¡Llegaste! —Kiyoshi la recibió de pie, caminando de un lado para otro en la habitación. Ella frunció el ceño al verlo en esas condiciones, y más cuando el mayor se acercó para tomarla por los hombros—. No puedo más, Shibata, estoy muriendo de los nervios.
Kai se escurrió no tan disimuladamente de su agarre, observándolo aún extrañada. La habitación estaba limpia y ordenada, cosa rara, incluso faltaban cosas de Teppei que antes estaban ahí.
— ¿Todo en orden?
— ¡Por supuesto que no! —el castaño resopló, pasando una mano por su cabello—. Hoy me harán el último examen para darme de alta.
Uno, dos, tres segundos de silencio le tomó analizar aquella oración, y al cuarto, lo primero que atinó a hacer fue dar un sobresalto de felicidad.
— ¿¡De verdad!?
— ¡Sí!
— ¡Eso es maravilloso!
— ¡Lo sé!
Ambos se abrazaron casi sin darse cuenta y empezaron a saltar por toda la habitación, como dos tontos; y es que, ¿cómo no estar así de felices? Teppei llevaba mucho tiempo internado, Kai comprendía perfectamente su impaciencia por salir, ver a sus compañeros de nuevo y sobre todo, volver a jugar con ellos. Estaba más que feliz por su amigo.
—Espera, espera, ¿tienes algo que hacer hoy? Me gustaría que estuvieras presente en el examen —inquirió Kiyoshi mientras dejaban de celebrar, ganándose una mirada pensativa de la contraria.
—Si no es demasiado tarde, podría quedarme.
Kai apretaba los dientes, corriendo lo más rápido que podía (que no era mucho, de todos modos). El examen de Teppei se alargó unos minutos, por lo que ella llegó a darse cuenta de la hora que era apenas cuando su celular comenzó a sonar debido a la llamada de Kise.
Llegó a las afueras del estadio casi con un ataque de asma y sintiendo que de un segundo a otro se desmayaría. El rubio la esperaba, impaciente, con un gesto preocupado en sus facciones.
— ¡Kaicchi! ¡Estaba muy preocupado! ¿¡Dónde estabas!? —se acercó para ayudarla, colocándole una mano en la espalda. Shibata estaba inclinada, apoyando las manos sobre las rodillas y respirando agitadamente.
—Lo… siento —murmuró entre jadeos—, perdóname. Estuve… todo el día… en el centro.
Ryota sonrió imperceptiblemente, aunque una mueca casi decepcionada estaba en su rostro.
—A pesar de que sabías que veríamos juntos el juego —suspiró.
Shibata alzó la mirada al escuchar su tono de voz, y le dolió ver esa expresión de tristeza. Volvió a bajar la cara, esta vez más por vergüenza que otra cosa. Había sido su culpa, de todos modos. Kise tenía razón.
— ¿Dónde están los demás? —cuestionó al tiempo que inspiraba profundamente, para calmar los acelerados latidos de su corazón.
—Están adentro, me quedé aquí esperándote —y esa respuesta la hizo sentir todavía peor, si era posible. Pero contrario al enojo que debería tener, el rubio simplemente estaba preocupado. Acarició su espalda suavemente y se inclinó un poco, hablándole bajito:
—. ¿Estás bien?
—Sí… sí —se incorporó, soltando un último suspiro. Ahí fue cuando se dio cuenta de que el uniforme de Ryota no estaba completo, por lo que frunció el ceño—. ¿Estuvieron entrenando hoy?
El rubio asintió.
—Vinimos después de la práctica —tomó la mano de Kai y comenzó a caminar hacia el estadio, desde el cual se podían escuchar gritos de euforia. La pelinegra se tensó, por lo que el modelo tomó su mano con un poco más de fuerza.
Entraron justo en el momento en el que Kuroko saltaba para alcanzar el balón, o al menos el intento de eso. Kise se detuvo para verlo a lo que la menor, asomándose por su costado para observar también, alzó una ceja con incredulidad.
—No es… ¿no es muy lento? —desvió su vista, para ver de reojo a Ryota, que estaba concentrado en la cancha. Su expresión ya había cambiado, y por un momento Kai pensó que quizá se trataba de algo más.
—Lo es, pero Kurokocchi tiene a Kagamicchi —tras decir aquello, y reanudar su marcha, ella pudo darse cuenta a duras penas del salto que Kagami dio para alcanzar al peli azul. Acto seguido: pasó el balón, tras lo cual Izuki se acercó a la cesta del equipo contrario.
No obstante, el marcador estaba a favor de too, y eso fue en lo que Kise se fijó, mientras caminaba por el pasillo superior del estadio: no llevaría a Kai a las gradas, donde todos estaban gritando. Soltó un suspiro resignado, deteniéndose en el punto que él consideraba más adecuado para ver el resto del juego.
—Otra vez llego tarde y de nuevo están perdiendo…
Estaba decepcionado, o al menos eso era lo que demostraba con su mueca.
Pero Kai ya no le estaba prestando atención, ni a él, ni al juego.
—Kise… —jaló un poco la manga de su camisa, señalando a su derecha—, ¿ese no es Midorima-san?
Ryota la observó a ella, un poco confundido, y luego se sobresaltó cuando volteó al lugar que la chica le señalaba. En efecto, esa cabellera verde era inconfundible… aunque llevara un par de feos lentes oscuros.
—Midorimacchi.
El peliverde volteó un poco la cara y se sobresaltó al ser descubierto. Una bolita sonriente y amarilla saltó de la caja que llevaba Shintaro en sus manos, balanceándose sobre el resorte.
— ¡Kise! —su ceño se frunció por sobre los lentes, al ver a la morena a su lado—, ¿Shibata? —y resopló, acomodándose los lentes sobre el puente de la nariz—. ¿Cómo supieron que era yo?
— ¿Qué? ¿Eres estúpido? Esos lentes de sol dan vergüenza —escupió Ryota, encogiéndose de hombros—. Por favor, quítatelos.
— ¿Cómo?
— ¿Qué hay con esa caja?
—Es el objeto de la suerte de hoy.
— ¿En serio? Le dijiste a todo el mundo que no querías venir a ver el juego, ¿pero aún así has venido? —se quejó el rubio, poniéndose una mano en jarra pues la otra aún sostenía la de Kai.
—No digas eso; solamente estaba por la zona —la voz de Midorima sonaba como un reproche, aunque más que nada, estaba tratanto de excusarse.
Kise no se lo creyó ni un poco.
—Tu casa queda muy lejos de aquí.
Kai se sintió sobrecogida por el ambiente tan familiar que rodeaba a los dos muchachos. Sabía que se conocían, desde luego, pero era la primera vez que estaba cerca cuando ambos se juntaban. Sonrió para sí por aquel sentimiento que jamás había tenido antes.
—Por cierto, ¿conoces a Kaicchi? —señaló al ver que Midorima ya no tenía nada más que decir, pues sabía que Kise había ganado el argumento.
Shintaro se aclaró la garganta antes de asentir:
—Takao casi la atropella una vez.
— ¿¡Qué!? ¿¡Cómo no me enteré de eso!? —Ryota, sobresaltado, recriminó a la chica con la mirada, quien se encogió de hombros y suspió.
—Es una larga historia.
— ¡Kaicchi!
—Midorima-san, ¿cómo va el partido?
El rubio ahogó otra exclamación al ver que había sido ignorado tan olímpicamente, pero en seguida volvió a prestar atención al tirador de shuutoku.
—Nada especial. Es casi ridículo —tras decir eso, se quitó los lentes oscuros y los sustituyó por sus anteojos, ya que su disfraz no era necesario—. Al parecer, Aomine no está aquí, pero ellos apenas pueden mantener el ritmo.
— ¿Aominecchi no está? —Kise alzó ambas cejas, casi incrédulo. Pero inmediatamente volvió a sonreír—. Bueno, pero esos dos acaban de anotar; solo están empezando.
Mientras ambos hablaban, Kai volvió a concentrarse en el juego, observando con atención a los jugadores correr de acá para allá y cómo marcaban algunos puntos. Se dio cuenta bastante rápido de que Kagami estaba presente en la cancha, y no pudo evitar fruncir un poco el ceño en disgusto. Apretó la mano de Kise de forma inconsciente cuando escuchó en su conversación, vagamente, que nombraban a alguien llamado Momoi, justo en el segundo que se fijaba en la exuberante pelirrosa sentada en la banca de too.
—No solo es una entrenadora. Durante la secundaria, ella nos ayudó muchas veces —recordó Midorima—. En otras palabras, si ella es tu oponente, se convierte en algo excepcionalmente difícil de lidiar.
— ¿Momocchi? Ella conoce a Aominecchi desde que eran chicos, ¿cierto? —Shibata lo sintió tensarse cuando recordó algo, lo que la trajo de vuelta a su conversación—. ¿Acaso no le gustaba Kurokocchi? ¿Qué tal si no puede jugar seriamente contra él?
Midorima se quedó en silencio, viendo fijamente al rubio por unos segundos.
— ¿Eso es cierto?
— ¿¡Qué!? ¿¡No lo sabías!? ¡Era muy obvio, siempre estaba encima de Kurokocchi! —Kai ahogó una risa ante su reacción—. ¡Si no te diste cuenta después de ver todo eso, debes ser un mono!
— ¿¡Qué!? ¿¡A qué te refieres con que soy un mono!?
Shibata ya no se pudo aguantar y soltó una leve risita que poco a poco subió de volumen, hasta llamar la atención de los dos muchachos. Kise sonrió enternecido casi sin darse cuenta, causando que a Midorima resoplara, sintiéndose repentinamente incómodo.
Cuando ella finalmente dejó de reírse, se sonrojó un poco al darse cuenta que la atención había recaído sobre ella. Un poco agazapada, desvió la mirada antes de hablar:
—Creo que ella nunca desearía que Kuroko-san holgazaneara en un partido —comentó—. Si fuera mi caso, no perdería intencionalmente, aunque la persona que me guste estuviera en el equipo contrario.
— ¡Kaicchi! ¿¡Estás diciendo que me lo pondrías difícil si estuviera en el equipo contrario!?
Pero ella no respondió directamente, simplemente se encogió de hombros.
— ¡Kaicchi!
—Deja de gritar —refunfuñó.
Midorima se acomodó los anteojos y aclaró la garganta, atrayendo la atención de los otros dos.
—Te felicito, Shibata. Nunca había visto a Kise tan idiota por alguna de sus novias, pero tú lo has logrado.
Eso… ¿Era en serio? ¿O era sarcasmo? Kai sintió que se iba poniendo roja hasta la médula, mientras Ryota comenzaba a esbozar una sonrisa de esas que lo hacían brillar. Al final, cuando ya no soportó la presión que se auto-infundaba por la situación, explotó.
— ¡N-n-n-no es! —exclamó sin poder controlar el temblor de su voz—. ¡No somos novios!
Aún.
Concluyó, una pequeña pero poderosa vocecita en su mente.
