N/A: perdon por el retraso, odio usar esta escusa pero los problemas de la vida real se interponen en los planes que uno hace e impiden que se puedan cumplir los deseos, perdon nuevamente capitulo cortisimo, pero quería darles algo por lo menos, trataré de actualizar lo más pronto que pueda, mil gracias a todos por seguir leyendo. que tengan un lindo día..Lou

La historia es mia y solo por diversión, todo lo original es de EL James.


-¿Dónde está Christian? – con un tono autoritario escupiendo veneno en cada silaba

-Buenos días para Ud. también Sra. Lincoln – dijo seriamente.

-No tengo tiempo para tus juegos niñita, ¿donde está Christian? – entrando al salón y recorriendo la mirada,

-Me temo que está ocupado, si quiere le puedo entregar un recado de su parte.

-Ja, ja, ja, no me hagas reír – dijo con ironía - Christian jamás está ocupado para mí – y camino hacía su estudio, pero no pudo avanzar porque Anastasia se le puso enfrente.

-Me temo Sra. que no puedo dejar que avance – Elena hizo una mueca irónica y la miro despectivamente de arriba abajo.

-Tú, mocosa, no tienes autoridad, ni derecho a impedirme el paso – dijo entre dientes mirándola con odio – yo he estado en esta casa más veces de las que puedes contar, así que quítate de mi camino, antes de que lo haga yo misma.

Anastasia se acerco dos pasos más a ella y entorno los ojos – Oblígame

Cuando Elena iba a replicar escucharon una voz al pie de la escalera.

-Elena... ¿qué haces aquí? – su voz fue autoritaria, ambas voltearon a verlo

-Vine a verte por supuesto – luego ella volvió a mirar a Ana con odio – y esta que no me deja pasar.

-Esta tiene nombre – dijo Ana mirándola fijo

-¿Qué quieres Elena?, estoy ocupado…

-Necesito hablar contigo, es muy urgente – levanto la mirada hacia él, internamente gritaba de rabia.

-Tendrá que ser en otro momento

Elena enderezó su cuerpo y su mirada se volvió glacial – tendrá que ser ahora – dijo dominante – puedes decirle a tu amiguita que se ubique y se retire, esta conversación no la compete.

-No te atrevas a hablarle así – dijo Christian entre dientes y bajando las escaleras.

-No te preocupes Christian – dijo Ana mirándola – no quiero estar tampoco en el mismo espacio físico que esta… Sra.… estaré en la biblioteca – y sin mirar atrás se perdió en los pasillos camino a la biblioteca, aunque parecía que se iba tranquila, después tendría una conversación con él.

-¿Qué mierda te sucede Elena? – Levantando la voz – ¿Cómo te atreves a venir a mi casa y tratar así a Anastasia? – casi gritando.

-¿Qué te sucede a ti? – Elena también levantando la voz - ¿estás loco para aparecer en la prensa con una sumisa y encima presentarla como tu novia?, ¿acaso perdiste la razón?

-¡Eso no es asunto tuyo! – Enderezándose - ¡Anastasia no es mi sumisa y lo que yo haga con mi vida es mi problema no el tuyo!

-¡PERO ESTAS COMETIENDO UN ERROR! – ya gritando - ¡TU NO TIENES NOVIA, TU TIENES SUMISAS, TU NO TIENES RELACIONES TIENES CONTRATOS,ESTAS TIRANDO POR LA BORDA TODO LO QUE TE ENSEÑE!

-¡LO QUE YO HAGA O DEJE DE HACER, A TI NO TE IMPORTA, SI VINISTE A MI CASA A RECLAMARME ALGO QUE NO ES ASUNTO TUYO TE PUEDES MARCHAR EN ESTE MOMENTO! – dijo respirando agitado y mirando con odio a Elena, esta puso una cara de sorpresa pero rápidamente cambio a una expresión neutra.

-¿y qué es lo que pretendes al jugar a los noviecitos con esa? Dime Christian.

-Que eso no es asunto tuyo ¡MALDITA SEA, LARGATE! – dijo primero entre dientes y luego gritando.

-Me voy a ir – dijo mirándolo con rabia – pero quiero que sepas algo primero, lo que sea que estás haciendo, es solo una etapa, esa – señalando hacia donde Anastasia se fue – no es más que una fotocopia del tipo al que estas habituado, y estoy segura de que no satisface tus necesidades primarias.

-No es de tu incumbencia – con rabia y rechinando, Elena lo estudio unos segundos y luego lanzo una carcajada falsa.

-¡Por favor!, ni siquiera le has contado quien eres en realidad ¿Verdad? – y movió la cabeza – te dejare que disfrutes de esta – haciendo un gesto con las manos – distracción que tienes, pero quiero que sepas que cuando te canses y descubras que necesitas tu estilo de vida, nuestro estilo de vida, ahí estaré.

-No te necesito Elena

-Oh, claro que sí, soy la única que te conoce de verdad, la única que sabes tus secretos, la única que sabe que te calma, tu única amiga y la única que en verdad se preocupa por ti, no seas iluso Christian, ¿crees que esa chiquilla realmente se interesa en ti?, está deslumbrada contigo y con tu porte, pero una vez que le cuentes quien eres en realidad y que te gusta saldrá corriendo.

-Lárgate – dijo señalado la puerta

-Tranquilo, me voy, pero ya lo sabes, lo único que es constante en tu vida soy yo Christian, ni tu propia madre te quiso, ¿porque te querría una que ni te conoce?- Christian abrió los ojos en sorpresa - , en cambio yo que si sé tus más sórdidos secretos siempre he estado a tu lado y siempre te he apoyado, y lo seguiré haciendo y esperaré a que entres en razón.

Y con esto giró y se dirigió a la puerta, cuando salió, Christian se sentó en el sillón y se tomo la cabeza con las manos, ¿será cierto lo que dice Elena?, ¿Ana huirá cuando sepa su verdadero yo?

Algo de lo que dijo si era una rotunda verdad, ni su madre biológica lo había querido y cuando ello, era apenas un niño, porque lo querría ahora una extraña que en verdad esta simplemente deslumbrada.

Elena salió echando chispas del departamento, no iba a permitir que Christian se escurriera en sus manos, haría todo lo que fuera necesario para retenerlo, por lo que empezó a idear un plan para ganar nuevamente terreno.

Habían pasado más de 40 minutos desde que Ana se encerró en la biblioteca, esperaba que una vez que esa odiosa mujer se marchara, Christian viniera a su búsqueda, pero hasta ahora no había sucedido eso, decidió ir ella misma a ver qué pasaba, cuando se dirigió al gran salón vio que estaba vacío, así que busco en la cocina, en la habitación, balcón y por último en su despacho vio que la puerta estaba entre abierta y cuando asomó la cabeza, ahí lo vio de espaldas mirando la ciudad.

-¿Puedo pasar? – dijo ella con voz suave, Christian suspiro sin voltear todavía, Ana espero unos segundos, por fin él se dio vuelta y le hizo una afirmación con la cabeza - ¿estás bien? – dijo ella entrando.

-Sí – fue todo lo que dijo, Ana espero unos segundos más, quería que las explicaciones nazcan de él, pero al darse cuenta que eso no sucedería decidió hablar.

-¿Qué sucedió hoy? – dijo con calma, caminando hasta estar frente al escritorio.

-¿A qué te refieres? – dijo él neutro, Ana rodo los ojos y él entorno la mirada.

-A la visita de esa mujer, a los gritos que se escucharon – Christian abrió mucho los ojos, ¿Ana había escuchado?

-¿Oíste nuestra conversación? – preguntó con un poco de temor.

-No la conversación en sí, sí a eso le puedes llamar conversación, se escucho que gritaban, ¿qué sucedió?

-Nada importante – dijo soltando el aire que contenía y sentándose en su sillón, Ana seguía parada frente al escritorio.

-¿Nada importante? – Preguntó incrédula – Christian, se estaban gritando, cuando llegó fue muy desagradable y muy altanera, y evidentemente algo bastante importante fue lo que sucedió, si me retire, fue para aminorar el altercado, pero quiero saber, porque me habló como si ella fuera la dueña de este lugar – dijo señalando con las manos el espacio.

-Elena tiene la tendencia a sobrepasar en su instinto sobre protector, y esta fue una de esas veces

-¿Sobre protector?, no entiendo… - dijo cruzando los brazos.

Christian suspiró y se pasó la mano por el pelo – no pasa nada Anastasia, ella no nos volverá a molestar – dijo con un poco de irritación, Ana llevó hacia atrás su cabeza de la sorpresa, esperaba por lo menos una pequeña explicación sobre lo que sucedió.

-Ok – fue todo lo que dijo y salió del despacho, cuando estaba por bajar las escaleras sintió una mano fuerte asir su brazo.

-Ana, por favor, no armes un escándalo tú también – dijo Christian todavía un poco irritado, Ana abrió la boca incrédula, se removió para soltar su agarre.

-¿Que escándalo estoy armando yo se puede saber?, por si no te diste cuenta, no estoy gritando ni tampoco te dije más nada.

-Saliste molesta del despacho – dijo soltando su brazo.

-Te pregunté algo, solo dijiste evasivas y cuando te pido una explicación te molestas, que más te puedo decir que Ok.

-Hay cosas que no entiendes – dijo pasándose la mano por el cabello.

-Pues explícamelas – le dijo Ana con exasperación.

-No es tan sencillo Ana, cuando lo sepas probablemente no querrás más estar conmigo – dijo irritado.

Ana suspiró y se acercó un poco a él, le tomó una mano y se la llevó a los labios, Christian la miraba fascinado.

-Nada de lo que me digas, va a hacer que yo me aleje, puedes confiar en mí.

Él no dijo nada y solo la miró unos segundos, y después sin mediar palabra la levanto y la estampo contra la pared y la besó con fuerza, volcando todos sus miedos e inseguridades en ese beso, en un segundo Ana le respondió, y poco después Christian la condujo en brazos hasta su habitación para adorarla.

Ya no volvieron a tocar el tema Elena, pero para Christian, todavía resonaban con fuerza las palabras que ella le dijo, sobre todo la parte que en Ana se marcharía cuando supiera sus gustos, mientras ella dormía desparramada en la cama, sigilosamente se levantó y se dirigió a la puerta al final del pasillo, quitó la llave y la abrió ceremoniosamente, lo primero que inundó sus fosas nasales fue el característico olor a madera y citrus, cerró la puerta tras él y camino hasta el sillón que estaba en medio de la habitación, se sentó y miró la cama que se alzaba frente a él.

Empezó a recorrer la vista por ese lugar, antes de Ana, esto era todo lo que conocía, sus contratos se basaban en ordenes, reglas, castigos, placer y control, él siempre pensó que eso era lo único que lo satisfacería, era lo que Elena siempre le había dicho, pero ahora después de haber compartido tiempo con Ana, de haber hecho el amor con ella, sentía que lo que representaba esta habitación ya no era su fuente de placer, cierto, quería experimentar ciertas cosas con Ana, quería verla atada en la cruz o abierta para él en la cama, pero no quería látigos, no quería rudeza, no quería castigarla, quería hacerla disfrutar, su mirada fue hasta las paletas, palas y a los otros artilugios que causaran dolor, tomo nota mental de deshacerse de todo eso, observo un rato más la habitación, hasta que decidió volver junto a Ana, se levanto y cuando volteo se quedo petrificado en su lugar al descubrir la puerta abierta y a Ana parada en el umbral cubierta solo por una sabana mirándolo.