Restregué levemente mis ojos con la parte trasera de mi mano ya que sentía un leve ardor en ellos. Supuse que debía tenerlos rojos, pero no tenía un espejo a mano para confirmarlo. Me acomodé mejor mi abrigo y continué dibujando en mi cuaderno de diseños.

Estaba creando un nuevo traje para μ's, uno que representara lo que éramos ahora. Ya no éramos aquellas chicas School Idols que ganaron el Love Live. Éramos nueve chicas diferentes, con sus vivencias, con sus sueños muy diferentes a los que teníamos en la preparatoria.

El sonido del monitor cardiaco era el único dentro de la habitación, junto con el rasgar de la punta de mi lápiz. Me mordí el labio mientras borraba una línea que había dibujado mal cuando bostecé de sorpresa. Era pasada la media noche, tenía un poco de sueño, y la única luz en la habitación era la luz que entraba por la ventana, la luz de la luna llena. Yo estaba sentada en un pequeño sillón que me habían facilitado las enfermeras del hospital. Tenía mis piernas dobladas y el gran cuaderno sobre ellas.

Suspiré y comencé a rellenar con el lápiz una zona del dibujo. Umi emitió un ligero sonido con su boca, que llamó mi atención. Tenía sus labios medio abiertos y parecía susurrar algo. Estaba dormida de lado, dándome la espalda.

Me levanté un poco para mirarla mejor. Su cabello se movía levemente con el viento que entraba por la ventana medio abierta que habíamos dejado en la tarde. En su mano izquierda sostenía el dije del colgante que llevaba aún en el cuello, que le habíamos obsequiado todas.

Coloqué el cuaderno en la mesa de noche y me levanté sin hacer ruido. Tomé la sábana blanca que estaba sobre su cintura y la subí hasta sus hombros, sin despertarla. Le acaricié la mejilla suavemente.

–No quiero practicar con el arco mamá… quiero bailar con Kotori…

Sonreí. No sabía que estaba soñando, pero me agradó ver que estaba en sus sueños. Me agaché levemente y le besé la frente. No pude evitar recordar todo lo que dos años atrás había sucedido.

Había entrado corriendo detrás de la camilla, mientras los enfermeros y el doctor Ibayashi trataban de estabilizar los signos vitales de Umi. Había sufrido el infarto en la arena del Tokyo Dome durante el torneo de Kendo y había muerto en mis brazos. El doctor había logrado revivirla usando RCP (Resucitación Cardiopulmonar) pero su estado estaba muy deteriorado. Temían que sufriera otro infarto.

No me dejaron entrar. Una enfermera me detuvo en la puerta de emergencias. Yo suplicaba para que me dejara continuar, pero ella no lo permitía. Al final, sin fuerzas, dejé de luchar y caí de rodillas al suelo. Ella me ayudó a llegar a una silla y ahí me quedé, simplemente esperando. Llamé a la mamá de Umi y le dije todo lo que había sucedido.

Unos quince minutos después, el doctor Ibayashi salió con cara de preocupación. Me miró a mí, preguntando por los padres de Umi.

–Minami-san, ¿Dónde están los padres de la chica?

–Aún no llegan doctor.

–Necesito de una autorización. Tenemos que operar de emergencia si queremos salvarle la vida. Necesitamos de esa autorización.

–Yo… yo lo autorizo doctor. Sálvele la vida a Umi-chan.

–Tu autorización no me sirve Minami. Deben ser ellos.

–Pero doctor… yo no quiero que Umi-chan muera. Por favor… por favor opérela…

Él me miró y acarició mi cabeza. Sacó un documento y me dio un lápiz, me sonrió y me dijo al oído, "firma, firma por ella".

Umi emitió un pequeño quejido. Me acerqué a ella otra vez y la miré. No se había despertado, pero el monitor sonaba algo acelerado. Me mordí el labio y le volví a acariciar la mejilla. Eso pareció calmarla, porque el tono de los latidos del corazón volvió a sonar normal.

Suspiré con tristeza. Me arrodillé al lado de la cama y le tomé la mano que tenía sobre su cuerpo. ¿Cuántas veces hice esto dos años atrás?

–Minami-san, deberías ir a descansar. Sonoda-san no va a despertar pronto.

–No pienso irme hasta que ella vuelva a abrir los ojos. No pienso moverme de aquí.

Umi volvió a murmurar algo, en un susurro. Presioné un poco su mano y le di un beso en ella. Me puse de pie y volví a sentarme en el sillón. Me acomodé el abrigo, y comencé a dibujar nuevamente. Varias veces, sentí como perdía la noción, dejándome llevar por el sueño.

Sentí una cálida caricia y abrí los ojos. Un par de hermosos ojos color ámbar me miraban fijamente con una expresión entre triste y dulce a la vez.

– ¿Umi-chan? –dije aún adormilada.

– ¿Qué estás haciendo aún aquí, tonta?

Ella sonrió levemente. Estaba sentada y en su regazo tenía mi libro y mi lápiz. Me restregué los ojos y me acomodé mejor en el sillón. Ella suspiró.

– ¿Qué estás haciendo aún aquí, tontita?

–Umi-chan, ¿estás bien? –le pregunté ignorando su pregunta. Ella asintió.

–Un sonido me despertó –y levantó el cuaderno. Yo me mordí el labio. Por haberme quedado dormida, seguro se me había caído al suelo.

–Perdón Umi-chan, te desperté –ella negó.

–Tranquila Kotori.

Nos quedamos mirando en silencio durante lo que me pareció un largo minuto. Los labios de Umi se movían buscando como decir lo que quería decir. Yo sonreí un poco para darle confianza, cosa que hizo que se ruborizara.

– ¿Qué sucede Umi-chan?

–Kotori… no deberías estar aquí. Es tarde y deberías estar durmiendo en tu casa, con tu madre.

–Mi lugar es aquí Umi-chan, contigo –dije ampliando más mi sonrisa.

–Pero Kotori… estoy en el hospital. Los doctores y enfermeras están cuidando de mí. Estaré bien mientras esté aquí.

– ¿Acaso te molesta mi compañía Umi-chan?

No pude evitar sentirme triste y sé que mi rostro lo reflejó porque ella abrió los ojos con sorpresa y su labio inferior comenzó a temblar. Me mordí el labio y lancé un débil suspiro.

–Umi-chan, recuerdas todo lo que pasó hace dos años, ¿verdad?

–Cómo no voy a recordarlo Kotori –y se llevó la mano al pecho y bajó la mirada.

–Y recuerdas que yo estuve aquí hasta que te dieron de alta, ¿verdad?

–Claro que lo recuerdo Kotori. Te supliqué todos los días que te marcharas, que descansaras, pero no te moviste de mi lado. Día y noche, estuviste aquí, conmigo.

–Si lo recuerdas tan bien Umi-chan… ¿por qué me pides que me vaya?

–Porque no quiero que te pase lo de esa vez. Por eso quiero que descanses.

–Umi-chan…

Umi se mordió el labio y entrelazó sus manos bajando la mirada. Me sentí mal y lancé un leve suspiro apagado. Me acomodé mejor en el sillón, sentándome casi en el borde para estar más cerca de la cama y la miré fijamente.

–No quiero que vuelvas a adelgazar tanto por mi culpa, que vuelvas a perder fuerzas por mi culpa, que vuelvas a desmayarte por mi culpa…

– ¿Quién te lo dijo? –le pregunté nerviosa. Ella no me respondió en seguida, sino que suspiró y miró por la ventana.

Yo había pasado tres semanas en el hospital, al lado de Umi. No me había movido ni un solo día. Solo iba a mi casa a cambiarme de ropa, pero a los minutos, estaba a su lado. La primera semana, incluso no dormí ni un solo día, esperando que ella despertara de la cirugía de emergencia que le habían realizado.

Todo ese estrés, toda esa carga, le pasó factura a mi cuerpo. Adelgacé a un peso alarmante, y mi cuerpo empezó a enfermar, al punto que… cuando ya Umi estaba en su casa, llegué a desmayarme en tres ocasiones, sufriendo algunas lesiones.

Se lo había ocultado, porque el estado de ánimo de Umi era fatal. Ella estaba en un punto en donde todo su mundo, su futuro, sus sueños, se habían venido abajo.

Umi suspiró y se mojó los labios, que debían estar secos por la preocupación que tenía. Me miró, ya que yo seguía esperando una respuesta.

–Fue… el doctor Ibayashi quien me lo confesó, luego de que te marcharas a Francia. Él, estaba preocupado porque te habías ido un poco enferma.

–Umi-chan…

–Sé que no me lo dijiste para no poner más carga sobre mis hombros, pero cuando lo supe… me sentí mal, y ahora, viendo que no te has marchado hoy a descansar… de verdad Kotori…

–Umi-chan –suspiré y me senté en su cama–. Perdóname por no haberte dicho, pero, Umi-chan, fue un sacrificio que yo decidí tomar, para estar cuidándote, para estar pendiente de ti. Incluso –volví a suspirar y una lágrima bajó por mi mejilla–, cuando me fui a Francia… me fui sintiéndome completamente culpable por abandonarte.

Umi acarició mi mejilla y secó mis lágrimas. Esos bellos ojos me miraban tristes y preocupados.

–Perdón Kotori… yo solo… no quiero que te enfermes por mi culpa –Negué y pegué mi frente con la de ella.

–No lo haré Umi-chan, te lo prometo. Pero no vuelvas a pedirme que me vaya, que me aleje de ti.

Umi asintió, aunque pude ver que no lo hacía con sinceridad. Le tomé las manos, obligándola a mirarme a los ojos.

–Promételo sinceramente Umi-chan.

–Pero Kotori… tu carrera… tus sueños. Si te quedas a mi lado… no podrás seguir tu vida de diseñadora.

–Pero Umi-chan, aún no has entendido que tú eres mi vida en este momento. No me importa nada más que tú, que estés bien, que estés aquí conmigo, en este patético y cruel mundo.

Umi se sonrojo. A pesar de estar todo a oscuras, solo iluminado levemente por la luna, pude ver el lindo sonrojo en sus mejillas. Acaricié sus manos, suaves a pesar de su delgadez y les di un dulce beso que hizo que ella sonrojara más.

–Está bien Kotori… No volveré a pedirte nunca, nunca más, que te alejes de mi lado –la miré y sonrió–. Te lo prometo sinceramente.

Ambas reímos. Umi se recostó en mi hombro y cerró sus ojos. Yo besé su cabeza y me recosté en ella, aspirando su aroma. Ella se movió levemente, presionándose más a mí.

– ¿Tienes frío? –le pregunté. Ella asintió.

–Esta bata no cubre nada, es muy delgada y vieja.

– ¿Si quieres puedo ir con las enfermeras a pedirles algo para cubrirte? ¿O te doy mi abrigo?

–Mejor –dijo sonriendo– solo cierra la ventana. Tal vez es eso.

Me puse de pie y rodeé la cama. Maki había abierto la ventana durante la tarde, ya que tantas personas en la sala, había generado bastante calor. Pero ahora, que solo estábamos las dos, era tonto dejar que tanto frío entrara.

La cerré y me giré para mirar a Umi. Tenía su mano en el pecho, lo que hizo que me asustara.

–Umi-chan… ¿estás bien? –le pregunté bastante nerviosa. Ella levantó la mirada y se mordió el labio.

–Sentí un leve dolor… pero ya pasó.

– ¿Estás segura? Puedo ir a buscar a una enfermera, o al médico de guardia.

–Tranquila Kotori, tranquila. Estoy bien.

Sonrió para tratar de calmarme. Asentí, no muy convencida y regresé a su lado, sentándome en la cama. Ella me miró y sonrió.

–Tienes los ojos rojos Kotori. ¿Por qué no intentas dormir un rato? No creo que nadie se moleste si usas una de esas camas vacías.

–No Umi-chan, tranquila. Cuando venga tu mamá en la mañana, me iré a dormir a mi casa.

Umi se mordió el labio y asintió. Bajó la mirada al cuaderno que aún tenía sobre sus piernas. Lo tomó y comenzó a mirar el dibujo que estaba en la página.

– ¿Qué dibujabas Kotori? ¿Un nuevo vestido de alta costura?

Sus mejillas volvieron a sonrojarse al ver el dibujo. Era el traje que estaba haciendo para μ's, un traje parecido al de Kira Kira Sensation, pero con una variación en la falda, la parte alta y los colores. Pero lo que sé que la hizo sonrojarse, era el dibujo del cuerpo. Nunca dibujaba rostros, solo una cabeza donde dibujaba las cosas que llevaríamos, pero en esta ocasión, el dibujo era casi un retrato de Umi.

–Kotori… esto es…

–Un nuevo traje para μ's. Quiero hacer uno para nuestra próxima presentación. La primera que haremos, cuando las nueve volvamos a estar juntas. ¿Te gusta?

–Está… está… precioso.

–Gracias Umi-chan. Le estoy aplicando todas las técnicas que he aprendido. Será nuestro mejor traje.

–Y… –se mordió el labio, sonrojada–…y la chica, es Eli con el cabello suelto ¿verdad?

Me reí negándole levemente. Tomé el cuaderno y comencé a pasar las páginas. En todos los diseños de todos los trajes, el dibujo del cuerpo era el mismo. Cuando llegué a la primera hoja, el dibujo de solo un rostro apareció frente a ella.

–Mi modelo siempre has sido tu Umi-chan.

–Pero yo no tengo nada especial… mis medidas no son las de una modelo. Eli o Nozomi, incluso Maki o Hanayo tienen mejores medidas que yo.

–Pero yo no buscaba hacer ropa para modelos, sino para chicas así como tú.

Su sonrojo fue creciendo más y más. Coloqué el cuaderno sobre la mesa de noche y lancé un suspiro entrelazando mis manos. Umi desvió la mirada hacia la ventana.

–Me sentí feliz de verlas a todas de nuevo, incluidas Alisa y Yukiho.

–Todas están felices también de verte Umi-chan. Han estado preocupadas por ti.

–Me sorprendí –dijo regresando la mirada a mí– de ver lo que han crecido Yukiho y Alisa. Y también lo diferente que está Rin-chan. Parece otra persona.

–Nico no ha cambiado nada –le dije, riendo las dos–. Sigue del mismo tamaño. Y Eli está muy hermosa, a pesar de su pierna lastimada.

–Y… –se sonrojó otra vez. Me gustaba verla así–. ¿Y, de verdad son pareja ella y Nozomi-chan?

– ¿Sigues sin creerlo a pesar de verlas besándose y tomadas de la mano?

–Es que… es demasiado vergonzoso aceptarlo. Si hasta la declaración de Honoka me pareció increíble hace dos años.

–Pero es la verdad Umi-chan. Eli y Nozomi se confesaron su amor y pues… ya iba siendo hora. Desde la preparatoria se notaba lo de ellas.

Umi asintió, mordiendo su labio y apartando su mirada de la mía. Miré mi reloj, ya casi marcaba la una de la mañana. Me levanté, sorprendiéndola.

– ¿Kotori?

–Deberías volver a dormir Umi-chan. Mañana podemos seguir hablando.

–Kotori… hay algo que quiero decirte desde que despertaste… pero…

Comenzó a mover sus manos entre ellas, que había entrelazado sobre sus piernas. Ese gesto nervioso me hizo sentir preocupada. ¿Sería acaso algo malo?

– ¿Qué sucede Umi-chan?

Volví a sentarme a su lado. Ella evitaba mirarme a la cara.

–Kotori… ahora… tu… tu… –tartamudeaba nerviosa–…tuve un sueño. En él, aparecías tú, en mi casa.

– ¿Fue un sueño bonito? –y sonreí levemente. Ella suspiró.

–No sé… Mi madre quería que yo practicara al arco, pero… yo quería solo… bailar contigo.

– ¿Y qué queríamos bailar Umi-chan?

–No lo sé… nunca escuché la música, pero… pero…

– ¿Umi-chan?

–Es que es muy vergonzoso decirlo –y se tapó la cara. Me reí y le acaricié la cabeza.

–Si es difícil, no me lo cuentes y guárdalo aquí –y le toqué el centro del pecho, justo sobre la cicatriz. Ella me miró.

–Es que quiero que lo sepas. Pero me da mucha vergüenza…

Le volví a acariciar su cabello y ella se mordió el labio. Lanzó un fuerte suspiro que hizo que la maquina lanzara un pitido algo alto y su expresión se puso seria. La miré con temor.

–Umi-chan…

–Te lo diré –dijo más para ella que para mí. Me miró–. En mi sueño, tú y yo bailamos tomadas de la cintura lo que parecía un vals y al final… –su determinación desapareció y regresó su sonrojo. Aun así no se detuvo–…y al final, nos besamos.

Abrí los ojos con sorpresa mientras ella desviaba la mirada. Sonreí y le tomé las manos, llamando su atención.

– ¿Y fue un hermoso beso?

–Eh… creo que sí.

– ¿Y no te gustaría averiguarlo en la realidad? –le dije acariciando su mejilla. Pude notar como ella comenzaba a sudar y su sonrojo era mayor.

–Pero sería… mi primer beso. No sé… como se hace…

–Pues no creo que sea difícil, Umi-chan.

La distancia que separaba nuestros rostros se acortó en menos de un segundo. Unos temblorosos labios tocaron los míos y comenzamos a besarnos, torpemente. Era la culminación de mi mayor deseo, saber que Umi si correspondía a lo que yo sentía. Despacio nos separamos, sonrojadas las dos y bajamos la mirada. Sonreí y le besé la nariz.

– ¿Fue hermoso? –le pregunté. Ella me miró y asintió.

–Fue mágico… como en mi sueño.

–Umi-chan, y este beso… significa que tu…

Asintió otra vez y me abrazó. Mi corazón comenzó a latir a mil por hora, que si hubiera tenido el monitor cardiaco conectado a mi pecho, en este momento estaría haciendo el mayor escándalo de todos. Lancé un suspiro que me llenó el alma y aferré con más fuerza a Umi.

–Umi-chan… te lo diré una vez más, como lo hice hace dos años en esta misma habitación… Te amo, Umi-chan. Te amo con todo mí ser.

–Kotori… yo… yo también te amo. Lo sé desde hace dos años, pero… ahora, quiero que también lo sepas.

–Creo que Honoka-chan va a estar muy feliz cuando se lo digamos. Ya la viste en la mañana…

–Me da vergüenza decírselo –dijo, ocultando su rostro en mi pecho–. Pero ella debe saberlo, para que deje de preocuparse por ambas.

–Mañana podríamos decírselo. ¿Te parece? No quiero ocultarle otra cosa por dos años nuevamente –Umi asintió y nos comenzamos a reír a carcajadas.

La puerta se abrió y se encendieron las luces. Un doctor, que reconocí como el jefe de cardiología del hospital, y tres enfermeras, estaban parados en el umbral de la puerta. Me separé del abrazó de Umi y me puse de pie.

– ¿Doctor, qué sucede?

–Señorita Minami, voy a pedirle amablemente que abandone la habitación, por favor.

– ¿Por qué doctor? –preguntó Umi, mirando a todos los recién llegados. El doctor sonrió.

–Nos acaban de informar del hospital de Sagamihara, que tienen un corazón, al parecer, preliminarmente compatible con usted señorita Sonoda. Ya nos están enviando los datos y el corazón ya viene de camino hacia acá.

– ¿Qué? –dijimos las dos con sorpresa. El doctor asintió e ingresó junto a las enfermeras a la habitación.

–Sí. Así que necesitamos prepararla para cirugía. Por favor señorita Minami, abandone la habitación y espere en la sala de espera.

–Pero… Umi-chan –y la miré. Me destrozó ver las lágrimas que bajaban por sus mejillas.

–Kotori… yo no…

–Enfermeras por favor.

Dos de las enfermeras se acercaron a la cama de Umi, mientras la tercera se acercó a mí y me tomó del brazo para sacarme de la habitación.

–Enfermera… yo…

–Kotori no… no te vayas.

Umi agarró mi mano, evitando que yo caminara. Las lágrimas que caían por sus mejillas eran cada vez más.

–Señorita Sonoda, no podemos perder tiempo. El corazón llegará en unos minutos y usted debe estar preparada para la cirugía.

–Umi-chan… –me arrodillé frente a ella–. Todo va a salir bien. Es tu oportunidad de sanar.

–Tengo miedo Kotori. Tengo mucho miedo de no despertar.

–Pero Umi-chan… –miré al doctor que me miraba impaciente–. ¿Y el doctor Ibayashi?

–Ya se le hizo la llamada. Él viene para acá, porque es el encargado de la cirugía.

Umi presionó mi mano y colocó su cara contra ella. Me mordí el labio, y sentí las lágrimas salir de mis ojos y resbalar por mi rostro.

–Umi-chan…

–Kotori… de verdad, no quiero ir… tengo mucho miedo. Es una sensación… aquí –y se tocó el pecho. El doctor suspiró molesto.

–Señoritas por favor…

Miré a Umi. Su rostro de verdad estaba aterrado. Una de las enfermeras le quitó el colgante mientras la otra, desconectaba el monitor cardiaco y la bolsa de suero.

–Mi cadena…

Sentí un jalón de mi brazo derecho para ponerme de pie. Un enfermero había llegado y estaba obligándome a levantarme. Lo hice, tratando de zafarme, pero él era más fuerte.

–Umi-chan…

–Kotori

Hice mi mayor esfuerzo y me solté del agarre. Abracé con fuerza a Umi y la besé con todo mí ser. Ella me correspondió con mucho, mucho, mucho cariño. Nos separamos y la miré a los ojos, tomando sus mejillas.

–Umi… no tengas miedo… yo te estaré esperando afuera. ¿Está bien?

Ella no dijo nada, solo se mordió el labio. El enfermero volvió a tomar mi brazo pero me sacudí y comencé a caminar hacia la salida sola, seguida de él. Miré al doctor que anotaba unas cosas en el expediente de Umi. Suspiré.

–Doctor… por favor, cuídenla.

No dijo nada, simplemente asintió. El enfermero me acompañó hasta llevarme fuera del todo, a la sala principal. Mi corazón quería abandonar mi pecho. ¿Qué era esa sensación? ¿También era miedo? Mis manos se pusieron frías y mi boca seca. Solo una cosa pasó por mi cabeza en ese momento.

–Debo… debo llamar a las demás –y saqué mi móvil.


¿Cómo la dejas ahí Emilio? Jajaja... Aquí dejo un nuevo capitulo... espero les guste y lo comenten. ¿Qué pasará ahora?

Gracias una vez más por su apoyo.