¡Hola a todos!
Como podrán adivinar, vamos llegando a la recta final, espero les gusten los últimos capítulos, y aprovechando de este espacio, estaba considerando el crear una secuela de esta historia, así que me gustaría saber de su opinión, por lo que espero sus comentarios.
¡Espero les guste el capítulo!
…
El caos había reinado durante las primeras horas después de la batalla. Los festejos de las tropas se extendieron hasta el día siguiente, había hombres danzando y bebiendo en todos los rincones disponibles, ajenos al ánimo lúgubre y agridulce de su nuevo señor.
Akiyama impuso el orden al día siguiente. Las tropas de los señores feudales humanos se retiraban con sus heridos, las tropas de los demás señores youkais de igual manera tomaban su camino hacía sus tierras. Las tropas del oeste comenzaron con la labor de reconstrucción, levantar escombros, reorganizar el lugar.
Estaba consciente que esas órdenes le pertenecían a Sesshomaru, ahora su igual, como señor del oeste, pero después de la victoria se encerró junto con Kagome en lo que quedaba de su vieja habitación. Miroku y un sanador se establecieron cerca de ellos para sanar las heridas de Kagome.
Múltiples golpes, un par de costillas rotas, una contusión en la cabeza, pero lo peor era el abuso que había sufrido. Después de una revisión completa, determinaron que aunque la violación había comenzado no se había completado, no del todo. El tenue aroma a semen que Sesshomaru había captado era el líquido preseminal que lanzaban los dragones para preparar a su pareja. Sus rituales de apareamiento eran de los mas salvajes, y estaba seguro que de haber consumado en su totalidad el acto, Kagome no estaría entre ellos en esos momentos.
Aunque eso no lo hacía menos grave.
Sesshomaru apenas había lanzado algunas palabras, no quería que nadie les molestase, mando traer a sus hijos, pero después de eso nada.
Necesitaba que saliera a dar la cara. Su pueblo lo necesitaba, acababa de tomar el poder, un poder que le había sido arrebatado, su padre nunca le traspaso el poder de manera legítima, por lo que tenía que demostrar que era bien ganado.
Llegó al ala oeste donde se encontraba Sesshomaru.
Un par de guardias se encontraban de pie fuera de la habitación, al verlo desistieron en intentar detenerle.
Abrió la puerta corrediza e inmediatamente el aroma a hierbas medicinales le lleno las fosas nasales. Su olfato no era tan bueno como el de los inus, y aún así el aroma le picaba la nariz, no podía imaginar cómo debería de estar afectando a Sesshomaru.
La habitación estaba medio iluminada, en medio del tatami se encontraba el futón matrimonial con Kagome en medio, pálida como la nieve, apenas respirando, apenas sobreviviendo.
Y en el fondo estaba sentado Sesshomaru, con una mirada hacia la nada. Sus heridas estaban ya terminando de sanar, incluida la que él le había hecho. Su cuerpo parecía estar en buenas condiciones, aunque no pudiera decir lo mismo de la mente o el espíritu del muchacho.
-No te mande llamar – dijo Sesshomaru finalmente después de unos segundos.
-No – acepto Akiyama – Pero necesitas escuchar lo que vengo a decir.
-No – dijo Sesshomaru – Lo que necesito es que Kagome se recupere.
-Tu pueblo te necesita – dijo Akiyama – Acabas de recuperar el poder, necesitas salir y hacer acto de presencia, hay multitud de asuntos pendientes, de solicitudes, audencias…
-No – volvió a decir Sesshomaru – Durante meses antepuse todo a Kagome, mi pueblo, mi venganza, la batalla, y este es el resultado.
-Es tu deber – dijo Akiyama – Dado que tu padre no esta aquí para decirte lo siguiente, yo lo diré en su lugar.
Sesshomaru le vio impaciente, su mirada denotaba cansancio y dolor. Aún así Akiyama siguió con su discurso.
-El deber de un líder es anteponer sus responsabilidades con su pueblo antes que las propias, ¿crees que cualquiera puede ser líder? Anteponer las responsabilidades no es algo que cualquiera pueda hacer, se requiere de una fuerza de voluntad de hierro, la voluntad que tuvo tu padre cuando tu madre falleció cuando tu eras apenas un cachorro de meses de nacido, el dolor de la pérdida le marco el alma, pero aún así tenía un deber contigo y con su pueblo, y tu debes hacer lo mismo, de lo contrario el sacrificio y dolor de Kagome habrá sido en vano.
Sesshomaru le vio sorprendido, el dolor era tan grande y abrumador que no pudo pensar en otra cosa que no fuera ese dolor lacerante marcando el alma de ambos. Kagome sufría en silencio, todo el tiempo, su cuerpo sanaba lentamente, el se encargaba de traspasar toda la energía que podía para ayudarle, pero aún así era lento el proceso. Su demonio interior aullaba en conflicto.
Cuando recién había terminado todo en su interior se desato una batalla de voluntades. Su instinto quería sostener a Kagome hasta que se curara, otra parte, la mas salvaje, quería yacer con ella para eliminar cualquier aroma de otro macho en ella, pero el mas sobrecogedor era la sensación de fracaso.
Nunca en su vida había fracasado en nada, no hasta antes de conocerle a ella. La eligió como su compañera consciente de su debilidad, creyó que el siendo un youkai de primer categoría podría protegerla de su propia debilidad. Su padre lo había hecho, el también podría.
Pero nada había resultado como quería. Estalló la guerra, le hizo viajar y le abandono cuando estaba embarazada, le hizo pasar hambre y frio, viajo con su familia como prófugos, se escondió en un templo, y ahora su amada esposa estaba postrada en la cama después de haber sido torturada, y violada.
No, el había fallado en lo mas importante. Falló como esposo, como pareja, como protector, como padre.
Obtuvo la victoria de su palacio, pero ahora esa victoria no significaba nada.
O no lo había hecho hasta que Akiyama le señaló algo que debió haber visto desde el principio.
Kagome se había sacrificado por el oeste, si él se negaba a regir las tierras, ese sacrificio, ese dolor habría sido en vano.
-Piensa en lo que te dije muchacho – dijo Akiyama – Hay una cena con los jefes de estado esta noche.
Akiyama salió de la habitación y Sesshomaru se quedo en silencio, mientras acariciaba con el pulgar la frente de su esposa.
…
Estaba preocupado. Le habían encerrado en cuanto todo terminó, por más que preguntaba nadie sabía decirle como estaba la señora del palacio. Esperaba que estuviera mejor, se había esforzado demasiado, le vio sobre pasar sus límites y ayudar a vencer a uno de los más grandes demonios de sus tiempos. Por unos instantes al verla así, le recordó a Kykio en sus viejos tiempos, cuando le había conocido.
Tan poderosa, tan desinteresada de su propio bien. Se sacrificaba por aquellos que requerían de su cuidado, era una buena miko, al final su único pecado había sido enamorarse de él, olvidar que su existencia se regía por el bien de los demás. Querer algo para ella misma.
Si él nunca la hubiese amado quizás estaría viva en alguna aldea, ayudando a los aldeanos.
Pero si no la hubiese amado tampoco existiría Taro, y no se arrepentía de la existencia de su hijo.
No, tenía que aceptar que la vida les había jugado una mala pasada. Kykio tuvo que morir en manos del hombre que alguna vez le había amado. Y era un dolor, una cicatriz que le acompañaría de por vida.
Había matado a la madre de su hijo.
No estaba seguro de cómo continuaría su vida. Su hijo finalmente estaba a salvo, con una familia.
Se puso de pie cuando escuchó pasos. Unos segundos después identificó el aroma de Akiyama acercándose por el pasillo.
Al llegar a su puerta le ordeno a los guardias que abrieran la puerta y les dejaran solos.
Inuyasha le vio confundido.
-Sesshomaru te necesita – dijo sin rodeos – La salud de Kagome no es buena, su salud mental no es estable, de ninguno de los dos.
-Soy un traidor – dijo Inuyasha sin comprender, ¿Cómo un traidor le ayudaría a su hermano?
-La historia oficial es que desde un principio trabajaste con nosotros, eras un espía, y tu misión era facilitar la victoria final de Sesshomaru, eres un héroe de guerra – dijo Akiyama.
-No – dijo Inuyasha sin dudarlo. Pagaría por lo que había hecho, no saldría impune de sus pecados y errores.
-Sesshomaru se encargará de tu castigo cuando este mejor, lo que menos necesita el oeste es a los hermanos Taisho peleados – dijo Akiyama dándole un cambio de ropas nuevas.
-¿El ya lo sabe? – preguntó Inuyasha desconfiado.
-No, confío en que se presentará en la cena de hoy, si no, tú tendrás que ejercer el papel de anfitrión, es tu deber ¿entendido?
Inuyasha le vio serio por unos instantes. Como todos Akiyama confiaba poco en el, ¿Quién podría confiar en el sabiendo que había traicionado a su propio padre? No, esa desconfianza era algo que se había ganado.
Lo único que quedaba era recuperar la confianza de quienes lo permitieran. Podrían pasar años, pero el trabajaría, y quien sabe, quizás después de unos años podría levantar la cabeza orgulloso y decir que finalmente merecía su lugar en el oeste.
Miro de nuevo a Akiyama y asintió.
-Bien – dijo el demonio – Seguramente tendrás mucho que hacer, los pequeños llegarán hoy, no estoy seguro que tu hermano este en condiciones de hacerse cargo de ellos, tu tendrás que hacerte cargo de ellos durante un tiempo.
-¡Pero no se nada de niños! – dijo Inuyasha aterrado.
-Bueno, aprenderás –dijo Akiyama sonriendo levemente – Después de todo tengo entendido que uno de ellos tiene mas relación contigo que con Sesshomaru.
Después de eso el viejo demonio le dejo libre. Inuyasha le vio sorprendido, el viejo lo sabía. Quizás le estaba proporcionando una de las pocas oportunidades que tendría para poder estar con Taro.
En silencio comenzó a cambiarse con las nuevas ropas. Agradeció la oportunidad de poder estar con su hijo, de ahora en adelante tomaría las oportunidades y reorganizaría sus prioridades.
Taro y la familia eran primero.
…
Habían ganado. Obtuvo noticias apenas horas después de la batalla final, así que en cuanto lo supo organizó todo para que viajaran al palacio. Kagome no querría aplazar el encuentro con sus pequeños, eso lo sabía.
Cuando llegó el mensajero el ya tenía todo listo. Ayame estaba esperando por el con Hotaru de la mano. El llevaba a Hitomi en la espalda y Taro corría detrás de él emocionado.
Había sido difícil mantenerlos en paz. Hitomi lloró la gran parte del tiempo, y al principio Taro le hizo compañía un rato. Al final le hicieron ver que él era el hermano mayor, tenía que cuidar a Hitomi, y en su pequeña mente eso fue suficiente para dejar de llorar. Se puso de pie y tomó a su hermanita en brazos.
Kagome hubiera estado orgullosa.
Vamos, incluso el bloque de hielo estaría orgulloso.
El cuidar de los cachorros de Sesshomaru le había hecho pensar en los propios. Si bien adoptaría a Hotaru cuando Ayame fuera su pareja, tendrían cachorros propios. Quería tener una gran familia, y el pequeño Hotaru sería un gran hermano mayor, estaba seguro.
Lo primero era aceptarlo en el clan, darle su lugar, Ayame estaría satisfecha con esto, le cuidaría, entrenaría y criaría como su propio hijo, y después, podría encargarse de darle algunos hermanos a Hotaru. Sonrió con la idea de sus propios hijos.
Llegaron a terreno del oeste. Podía ver la destrucción que había dejado la batalla, había paredes destrozadas, edificios caídos, escombros en las calles. Las tropas de Sesshomaru estaban ya trabajando en la reconstrucción, pero incluso para un ejército tan bien entrenado sería tardado.
Caminaron a través de las puertas, esperaba el encontrar a Kagome de pie, con su traje de sacerdotisa, esperando por sus hijos, pero no había nadie, no Kagome, no Sesshomaru. En su lugar, en la entrada del palacio estaba Inuyasha, con un kimono formal y un gesto adusto, bastante incomodo de pie en la escalinata.
Algo había pasado, estaba seguro. Inuyasha no había aparecido en el mapa, no para las reuniones, no para los planes tácticos, para nada. Y ahora estaba de pie, en el lugar que debió de haber estado Sesshomaru, luciendo bastante incomodo.
-¿Qué haces aquí cara de perro? – preguntó Kouga molesto - ¿Dónde esta Sesshomaru?
Inuyasha le vio enfadado, y aunque su usual respuesta debió de ser algo ofensivo, su respuesta calmada y seria, le confirmo a Kouga que algo había pasado.
-Esta ocupado – dijo Inuyasha extendiendo los brazos para tener a Hitomi.
Ayame le vio sospechosa, Kagome debería de estar ahí, no Inuyasha.
-¿Crees que Sesshomaru o Kagome me dejarían venir por sus hijos si no estuvieran de acuerdo? – Preguntó Inuyasha impaciente – Tengo instrucciones de llevarlos enseguida a que los atiendan.
Ayame le extendió a la bebe, esperando que llorara, pero al parecer, al regirse por el aroma de un familiar, Inuyasha como familiar mas directo, la pequeña hija de Kagome encontró sus brazos reconfortantes.
Taro le jaló la tela del pantalón de Inuyasha.
-¿Y mi mamá? – preguntó muy serio.
-Esta descansando – dijo Inuyasha agachándose a su altura – Puedo llevarte a que te bañes, y te cambies para verla.
Taro pareció sopesar la idea, y la encontró adecuada. Quería lucir bien para su mamá y su papá, por lo que decidió que darse un baño sería aceptable. Volteo a ver a quien estaba enfrente, lucía orejas, y tenía el cabello blanco y largo como su papá, su aroma sin embargo parecía mas familiar, y esto lo confundió. Desde que su mamá había "despertado" sus sentidos los aromas le confundían muchísimo, pero si no se equivocaba, Kouga le había dicho que debería confiar en sus instintos.
-¿Y tu quien eres? –preguntó curioso.
-Inuyasha soy tu…tío – dijo el hombre pareciendo nervioso, o ansioso.
-¿Y me vas a llevar con mis papás? – preguntó Taro – Porque Ayame me dijo que tenía que cuidar a mi hermanita y a donde va ella voy yo.
-Irás con tu hermanita – dijo Inuyasha enternecido. Le extendió la mano al pequeño, con el corazón en la mano, ansiando su contacto, aunque fuera un leve instante. El pequeño la tomo.
-Bien – dijo con una voz ronca, tratando de esconder su emoción en su voz – Un sirviente los instalará en sus habitaciones, habrá una cena de estado hoy.
Taro volteo la cabeza y vio se despidió con la mano de su amigo Hotaru. Camino de la mano junto a su tío, exploró lo que sería su hogar, parecía no estar completamente construido, había mucha gente entrando, saliendo y corriendo por los pasillos. Se preguntó si siempre sería tan caótico como en esos momentos.
-¿Mi papá está ocupado? – preguntó Taro.
-Después de una batalla siempre hay mucho que hacer, Sesshomaru como líder del oeste es quien tiene mas trabajo – dijo Inuyasha- Debes tener paciencia.
-De acuerdo – dijo Taro - ¿Y tú me vas a cuidar cuando mis papás no estén?
-Si tu papa me lo permite, sí, yo te cuidaré, tienes que creer que daría mi vida por ti, o por tu hermanita – dijo Inuyasha muy serio. Los demás desconfiarían de él, pero quería que su hijo, confiara en que el haría todo por él.
-De acuerdo tío – dijo Taro satisfecho y sonriendo.
Inuyasha sonrió, más feliz de lo que en mucho tiempo se sentía, llevaba de la mano a su hijo, por el momento formaba parte de su vida, lo cuidaría, y si la vida se lo permitía, le cuidaría por siempre.
…
Había una niebla cubriendo todo pensamiento, sabía que ella era quien se había encerrado en su interior, todo parecía tan lejano, el dolor, el sufrimiento, los recuerdos dolorosos, solo estaba ella, flotando agradablemente en esa bruma, lejos de todo.
Al principio se sentía bien, había sufrido tanto, y ahora no había nada desagradable. Sin embargo después comenzó a sentir algunas cosas que suponía estaban pasando en el exterior. Alguien estaba curando sus heridas, y sentía a Sesshomaru a través del lazo, de hecho sentía la energía que le estaba siendo transmitida con regularidad, podía sentir su cuerpo sanando de forma más rápida de lo que hubiera tardado normalmente.
Pero sobre todo sentía la angustia y desesperación de Sesshomaru, como algo muy dentro de si misma, algo que estaba ahí, pero era incapaz de hacer algo, sabía que su propio dolor, su propia angustia y desesperación serían mucho mas devastadoras que las de Sesshomaru. Era egoísta lo sabía, pero no era capaz de resolver sus asuntos, no aún.
Por las noches, Sesshomaru la envolvía en sus brazos, y era casi tan bueno como la bruma que la envolvía. Dulces palabras le eran susurradas al oído, toda la noche, algunas en un dialecto que no entendía, pero que llamaba a su alma a reunirse con la de él, a despertar y salir a su encuentro, otras veces, entendía por pedazos lo que le decía.
"Vuelve"
"Te necesito"
"Se que eres fuerte, regresa a mi"
"Tus hijos te necesitan"
"Juro protegerte"
Muchas veces era tentada a regresar, a despertar, pero le seguiría mas dolor, lo sabía, Sesshomaru le instaba a regresar, sabía que sus hijos le esperaban, Hitomi, Taro y de solo pensar en dejarlos le dolía el corazón. Necesitaba curarse para poder salir por ellos, por Sesshomaru, pero no sabía cómo hacerlo, ¿Cómo manejar un dolor tan grande que amenazaba con llenar todo con un vacío enorme?
Cuando el dolor amenazaba con salir a la superficie, la bruma la envolvía, y todo dejaba de importar una vez más. Las caricias de su esposo eran las que volvían a traerla casi a la superficie, solo las palabras que le susurraba le hacían querer salir de esa bruma y quedarse con él.
Pero aún no.
…
Sabía que Akiyama tenía razón, tenía que salir y hacer frente a su gente, planificar la reconstrucción del oeste, de su palacio y de su gobierno, lo que había querido desde que Ryokutsusei mató a su padre. Solo que ahora encontraba la tarea pesada, engorrosa, y sin sentido. Aún así su sentido del honor le hacía levantarse y pensar en sus responsabilidades.
Se pregunto cómo es que su padre había logrado volver a sus actividades después de la muerte de su madre. Siempre se enorgullecía de su habilidad para el manejo de sus emociones, de poder ver todo de manera fría y calculadora, pero en esos momentos no tenía ni idea de cómo enfrentar al mundo, no con Kagome en ese estado, no con ella luchando por sobrevivir a ese dolor que les estaba consumiendo a ambos.
Una vez acercándose la hora de la cena se preparó como si fuera a otra batalla más. Se dio un baño, y eligió un atuendo formal, se vio al espejo tratando de averiguar si su rostro indicaba algo de lo que estaba pensando o sintiendo.
Su hermano se acercaba, gruño sin poder evitarlo, le habían explicado la necesidad de tenerlo cerca, el oeste necesitaba un frente unido, pero eso no hacía el tolerarlo mas fácil. Por el su padre había muerto, por él Kagome estaba en ese estado, si la hubiera salvado antes, si él hubiera entendido los planes ocultos de su esposa…
Levantó la cabeza cuando pudo percibir el aroma de sus dos hijos combinados con el de Inuyasha.
Hitomi y Taro eran una esperanza que tenía para que Kagome lograra recuperarse. El guardia anunció la entrada de Inuyasha y el salió a recibirlos en la sala de estar de la habitación.
En cuanto se abrió la puerta, el pequeño Taro corrió a sus brazos, pudo ver la mueca de dolor de Inuyasha, pero en esos momentos no le importó.
Cargó al pequeño en brazos, aspirando su aroma, al mismo tiempo que Hitomi le era depositada en el otro brazo. Tenía a sus otras dos razones para salir y enfrentar al mundo entre sus brazos, y de pronto la energía le regreso al cuerpo.
Haría lo que fuera necesario para sanar a su esposa. El lazo que mantenían era fuerte, tendría que ser suficiente para sanarla, para comunicarse con ella cuando las palabras no llegaran a ella, se aseguraría de hacerle saber que estaría con ella todo el tiempo, aunque estuvieran en habitaciones separadas, el estaría ahí.
Levantó la vista y vio a Inuyasha tensó, esperando instrucciones.
Comprendía las palabras de Akiyama, pero eso no significaba que su hermano se quedara sin castigo, tenían cuentas pendientes, pero tendrían que ser aclaradas entre ellos.
-Kagome necesita descansar – dijo Sesshomaru sin ofrecer mas explicaciones – Lleva los niños a sus habitaciones, y dile a Ayame que cuide de ellos durante la cena.
-Puedo cuidarlos – se ofreció Inuyasha. Sesshomaru le vio de reojo. Entendía de alguna manera el dolor por el que pasó su hermano todos esos años, privado de su hijo, si le quitaran a Hitomi haría cualquier cosa por estar con ella, y aún así sus instintos no le permitían confiar en Inuyasha.
-Estarás presente en la cena – dijo Sesshomaru tajantemente – Ayame los cuidará.
Inuyasha asintió y salió de la habitación, tomando a sus hijos de las manos y le dejo terminar de arreglarse.
Era ya casi hora de la cena, volteo a ver a su mujer en la cama y se inclino hacía ella, le dio un dulce beso en su frente y susurró con total convicción.
"Volverás a mi, lo juro"
